Hola a todo el mundo, espero que hayan tenido un lindo fin de semana :)
Les traigo un desvarío de ideas que vinieron a mí en diversos momentos y que al principio no supe bien como unir; como siempre, mis ideas surgen en los momentos más inoportunos: la ducha, en la calle, haciendo ejercicio (sí, hago ejercicio ;) no se sorprendan), almorzando, leyendo…en fin, ya se imaginaran como es. El punto es que logré unirlo todo y al fin pude agregar una "escena" importante que no sabía cómo integrar dentro del fic…
Nos leemos en las notas finales.
Disfruten su lectura :D
Capítulo 25
Por aquí y por allá
El hecho de que el famoso súper héroe ícono de América tuviera, lo que parecía ser, un noviazgo con un hombre, había causado un revuelo entre los medios. Más que el hecho de saber que estaba saliendo con un hombre, lo que causaba curiosidad era saber de quien se trataba, saber quién era el afortunado. Todos los paparazzi se habían atrincherado en la entrada de la Torre Stark esperando a que el súper soldado saliera y así poder seguirlo hacia el lugar donde se encontraba clandestinamente con su desconocido novio.
No habían pasado ni siquiera diez horas, según los cálculos de JARVIS, después de que la noticia se hizo pública, cuando los molestos fotógrafos se habían apostado en la puerta del edificio. Por este motivo, obviamente, Steve no había podido salir a correr a la mañana siguiente y mucho menos había podido salir a trabajar como cada mañana. Llamó al gimnasio y le dijeron que se tomara el tiempo que necesitara en tanto que las cosas se calmaban un poco, que lo tomara como las vacaciones que nunca aceptaba, a lo que Steve estuvo aliviado y muy agradecido.
―Podríamos irnos un par de días a mi casa en Malibú, sabes. Hace mucho que está reconstruida y no he vivido allá por un tiempo. Sería una buena idea… al menos hasta que las cosas se calmen un poco por aquí. ¿No crees?
Tony estaba en la mesa de trabajo soldando unos circuitos de un prototipo para una de las armas de Black Widow y dijo esto sin mirar al rubio, por lo que al no escuchar respuesta levantó la cabeza.
― ¿Steve? ¿Estás escuchándome? ¿Cariño?
El soldado reaccionó al escuchar esa última palabra y apartó la mirada de la hoja en blanco de su cuaderno de dibujos. Lo miró e inclinó su cabeza casi imperceptiblemente hacia un lado, no había escuchado ni media palabra de lo que había dicho el moreno. Hizo una mueca y sonrió en disculpa.
―Te decía que tal vez deberíamos irnos unos días a mi casa en Malibú, al menos hasta que todo esto se calme. Si no te ven salir de la torre, es posible que se cansen y se vayan, y el asunto quede olvidado antes de una semana.
Asintió un par de veces, sopesando la idea, analizando los pro y los contra.
― ¿Qué excusa le daremos al equipo? No podemos solo desaparecer ambos al mismo tiempo sin que ellos sospechen algo.
―Oh, ellos. Estabas tan distraído esta mañana que no escuchaste lo que dijeron. ―Rió. ―Romanoff dijo que no quería estar atrapada en la torre por culpa de esos paparazzi y que no lo haría, por lo que se llevó a su novio y a su mejor amigo a quien sabe dónde, se llevó un quinjet, y dijo que no volverían a menos que pasara algo del nivel de los Chitauri. ―Ante la cara de incredulidad del rubio, rió un poco y volvió a hablar. ―Si no me crees, puedes preguntarle a JARVIS.
―El Señor Stark tiene razón, Capitán.
Se miraron a los ojos un momento; Tony sonreía y Steve aún no estaba seguro de que fuera una buena idea. Finalmente sonrió y asintió, aceptando.
― ¡Bien, nos vamos de vacaciones! ―Se levantó y dejó todo tirado, dio media vuelta y caminó. ―Cuarenta y cinco minutos. Nos vamos en el quinjet. Lleva todo lo necesario para una semana, tal vez más… Ah, y también un traje de baño y lentes de sol. Pasaremos mucho tiempo en la playa.
El soldado lo miró con sorpresa ante la energía repentina que se había apoderado de su novio.
―J, la casa debe estar acondicionada y equipada antes de que lleguemos esta noche. Ya sabes que hacer.
Diciendo esto y sin esperar la respuesta de su I.A se fue escaleras arriba para subir a su habitación y prepararlo todo.
•••
Una vez todo estuvo listo y dispuesto para la partida, Tony se sentó y comenzó a dar indicaciones.
―JARVIS, activa el modo furtivo y los paneles. Haznos invisibles.
― ¿Qué paneles? ¿Son como los que tenía el helicarrier de S.H.I.E.L.D.?
El moreno le guiña un ojo y luego el quinjet se pone en marcha. Mientras despegan, Steve se sienta junto al piloto y mira a su alrededor. Sus ojos se posan sobre la calcomanía que dice "JARVIS es mi copiloto". Su movimiento es captado por el ojo analítico del genio.
―Sé que ahí dice que JARVIS es mi copiloto, pero por esta vez tendrás ese privilegio. No lo arruines o serás relevado. ―Advirtió con una sonrisa. ―JARVIS, esta vez serás nuestro DJ. Pon algo bueno, ya sabes, de mi biblioteca personal.
Una canción de AC-DC comenzó a sonar al interior de la cabina y emprendieron su viaje rumbo a Malibú.
•••
No había visto la mansión en mucho tiempo, específicamente desde el ataque del Mandarín. Nunca había viajado a Malibú para ver cómo iban los avances de la reconstrucción, solo envió los planos y pagó para que todo se hiciera tal y como él quería. No volvió por los recuerdos que el lugar le traía; los buenos recuerdos con Pepper que jamás se repetirían luego de su ruptura y los malos recuerdos del ataque; los recuerdos de su vulnerabilidad y del peligro que atraía hacia todo aquel que estuviera a su lado.
Las cosas habían cambiado en esos años. Las cosas habían cambiado en los últimos meses. Steve. Eso es lo que había cambiado. Cuando lo llevó a vivir a la torre, luego de un par de horas de haber tomado la decisión, creyó que las cosas no saldrían bien, que si él no lo sacaba a patadas del lugar, el soldado sería el que daría media vuelta y volvería a su solitario y pequeño departamento; le sorprendió que aquello no pasara. Más sorprendido estaba cuando se dio cuenta de que no podía dejar de mirarlo y comérselo con los ojos, y vaya que estaba sorprendido cuando su impulsivo beso fue respondido y más que bien recibido por el rubio. Todo en los últimos meses había sido un mar de altos y bajos en su vida, sobre todo altos. Le gustaba. Sobre todo le gustaba el rubio súper soldado que estaba en la habitación de al lado guardando sus cosas.
Toc, toc.
Miró hacia la puerta sin saber si estaba seguro de haber escuchado el sonido.
Toc, toc.
Sí, era real. Alguien había golpeado a la puerta. La perilla giró y la puerta se abrió lentamente. No podía despegar la vista de la puerta, la cabeza de Steve se asomó.
― ¿Te parece bien si pedimos comida? ―Dijo con una tímida sonrisa.
―Claro. ¿Qué te gustaría? ¿Italiana, china, japonesa… una pizza?
―Una pizza suena bien.
―JARVIS encárgate de eso.
―Como guste, Señor.
Se miraron un momento más y Tony pudo notar que algo no estaba del todo bien con su chico. Steve se sentía incómodo en esa mansión. Si bien se había acostumbrado un poco a los lujos que había en la torre, nada se comparaba a lo que había visto cuando entró a la mansión, mucho menos con lo que había en su habitación. Estaba incómodo y se le notaba en la cara.
―Tienes ese gesto otra vez.
Steve entró a la habitación, cerró la puerta tras su espalda y se apoyó en ella. No sabía que decir o donde mirar.
― ¿Qué gesto?
―Ese. ―Apuntó en su dirección. ―Algo te molesta y no me lo has dicho. Pareces incómodo. ―Observó.
Steve se quedó en silencio un momento, no sabía si decir de qué se trataba. Era una tontería que no valía la pena mencionar.
―Yo… me preocupa un poco lo de la prensa. Ya sabes.
Una mirada de sospecha se instaló en los profundos ojos color caoba del genio.
―No te creo ni media palabra, pero ya me lo dirás…―Sonrió y se dio media vuelta para seguir desempacando su ropa.
El rubio lo observó un rato moverse con soltura por la habitación hasta que el repartidor llegó y se ofreció a recibir las pizzas.
•••
Los días pasaban lentos y tranquilos. Ambos llegaron a un silencioso acuerdo de no hablar de los paparazzi, ni de las revistas o de los programas de chismes, por lo que la televisión estaba fuera de juego. La playa, en cambio, fue la mejor opción.
El primer día en Malibú, Steve se levantó temprano a fuerza de costumbre y salió a correr por la playa. Corrió, descalzo y sin camiseta, por aproximadamente una hora hasta que el sudor se hizo demasiado incómodo. Sudoroso y muy acalorado corrió en dirección a la playa y se lanzó a las refrescantes aguas color turquesa que no había podido dejar de mirar en su recorrido por la orilla. Nadó un poco hacia adentro y luego salió completamente refrescado.
Estaba asomado al balcón de su habitación para recibir el aire marino de su playa privada cuando lo vio. La imagen del rubio soldado usando solo un pantalón de deportes que se le pegaba a las piernas, la piel brillante por el reflejo del sol matutino y con el agua deslizándose desde sus cabellos en todas direcciones fue captada por los somnolientos ojos del genio. Se alejó del balcón y volvió a entrar a la habitación sin ser visto por el soldado. Bajó a la cocina por su primer café del día y se encontró con su novio entrando por el ventanal trasero.
― ¿Nadando antes del desayuno? ―Dijo sin voltear a verlo directamente.
Steve rió y se acercó a besarlo. El agua resbaló desde su cabello y calló, fría y fresca, sobre el cuello del genio, que se estremeció un poco.
―Ve a bañarte. Prepararé el desayuno.
Ante sus palabras solo recibió una mirada de incredulidad por parte del rubio. Nunca lo había visto preparar algo en la cocina que no fuera café, y eso era fácil, solo debía encender la cafetera.
―No me mires así. Puedo hacer un poco de beicon y servir un café, no es tan difícil. ―Se sintió ofendido y molesto.
―Señor, tal vez deba recordarle el último omelett que preparó. La cocina necesitó una remodelación después de eso. ―Intervino JARVIS, tan oportuno como siempre.
Fue imposible evitar una gran carcajada. Recibió una mirada llena de odio por parte de su novio, pero no le importó. Volvió a acerarse y lo besó fugazmente.
―Solo no quemes la cocina. Recuerda que estaremos aquí varios días.
•••
La noche llegó y Steve estaba un poco frustrado. No había forma en que Tony se metiera al agua con él, lo único que hacía era tomar sol y beber alguna gaseosa de las que había llevado en la hielera. Estaba ahí, tendido sobre la gran manta con los anteojos de sol y disfrutando de la tranquilidad de la playa; lejos de él. Ya lo solucionaría.
•-•-•
Un verde paraje recibió al silencioso quinjet. Lejos de ellos una bella y acogedora granja. Caminaron por un rato hasta llegar a la puerta, la mano de Natasha asiendo fuertemente la mano de Bruce, Clint abrió la puerta y entró. La casa parecía vacía.
― ¡Laura, amor!
Una mujer de cabellos oscuros y rostro simpático apareció detrás de una pared que separaba la sala de lo que parecía ser la cocina, cargaba un bebé en sus brazos. La mujer, Laura, se acercó a Clint y lo recibió con un beso y un abrazo. Natasha, que no había soltado su mano, le soltó, se acercó a la mujer y luego de un breve abrazo cogió al bebé entre sus brazos.
―No pensé que volverían tan pronto.
―Tampoco yo. ―Dijo el arquero. Miró a Banner y volvió a hablar. ―Laura, él es el Doctor Bruce Banner-
―Oh, el novio de Nat. ―Se acercó a él y lo abrazó cariñosamente.
Bruce los miraba sin comprender del todo qué era lo que pasaba frente a sus ojos.
―Claro, debí mencionarlo antes de venir. ―Natasha volvió a acercarse a él. ―Bruce, esta es la granja de los Barton. Ella es Laura, la esposa de Clint y este― dijo besando la mejilla del bebé― es el pequeño traidor, Nathaniel, el menor del clan Barton.
―Hola. ―Dijo algo dudoso.
― ¿Dónde están mis sobrinos?
―En la escuela.
―Claro, claro. Lo había olvidado.
Una mano amistosa cayó sobre su espalda.
―Lo pasará bien aquí, Doc. Este lugar es tranquilo y a los chicos les encantará verlo, la última vez preguntaron por usted.
―Es cierto. Ten. ―Le tendió al bebé y por un momento no supo que hacer. ―Voy a ayudar a Laura en la cocina.
El ambiente tan familiar y tranquilo le hizo sentir algo que hace mucho tiempo no sentía, y el bebé en sus brazos extendiendo sus manos en su dirección, sin miedo, reforzó esa sensación en su pecho. Ya no se sentía como un monstruo y eso comenzó con Natasha. Comenzó gracias a Natasha.
•-•-•
― ¡Steeeve! ―Gritó alargando su nombre en una clara queja.
Estaba tranquilo sobre la manta, tomando sol y disfrutando de la paz del lugar, cuando, de pronto, algo tapó el sol y un cuerpo firme, frío y mojado cayó sobre él. Steve, recién salido del mar, se recostó en toda su longitud sobre su cuerpo cálido por el sol. El contraste de temperaturas lo hizo temblar y gritar un reclamo. Abrió los ojos y vio el rostro de su soldado demasiado cerca. Steve se alzó con ayuda de sus brazos y se acomodó sentándose sobre su abdomen, mojándolo aún más con el agua fría.
―Ya estás mojado, así que no hay excusas para no venir al agua conmigo. ―Dijo triunfante, tomándolo por los hombros.
― ¿Te habían dicho que eres como un niño pequeño? Y yo que creía que yo era el infantil de la relación. ―Dijo fingiendo fastidio.
Su pregunta no obtuvo respuesta, en cambio, fue tomado por los antebrazos, la presión en su abdomen desapareció y en un segundo estuvo parado sobre sus pies.
―Vamos.
Steve le quitó los lentes de sol, tiró de él en dirección al agua y se adentró en ella sin soltarlo hasta que sus pies ya no tocaban el fondo. Fue una tarde estupenda y le gustó más de lo que hubiera querido admitir. Tener tiempo para disfrutar a solas con su Steve, sin preocuparse de que alguien descubriera lo que tenían, era algo que parecía demasiado bueno para ser cierto, pero lo era y él lo disfrutaría.
•+•+•
El mercado estaba lleno de gente que corría de un lado a otro. Todos querían terminar pronto sus compras, el frío era abrumador esa mañana. Su brazo izquierdo estaba demasiado helado y la piel a su alrededor comenzaba a doler, tenía que volver pronto a su pequeño departamento.
Terminó sus compras y caminó de vuelta al destartalado edificio. La pintura de las paredes de su departamento se caía a pedazos y algunas de las luces parpadeaban, la humedad en el cielo de la cocina y el óxido de las tuberías no era algo que le preocupara; nada en ese lugar le importaba realmente. Luego de escapar de Steve y su amigo, el exsoldado, había viajado al continente hasta llegar allí: Bucarest, Rumania. Estaba lejos y escondido. Pasaba lo más desapercibido posible, pero unas semanas después de asentarse en el lugar tuvo un sueño, más como un recuerdo: Siberia.
Ahí estaba la peor creación de Hydra. Había más seres como él, pero peor. Mucho peor. Debía ir allí y eliminarlos a todos. No quería volver a matar a nadie más, pero si alguien los encontraba y los despertaba, el caos se desataría y todo el mundo estaría perdido. Incuso él estaría perdido. Debía impedirlo, le debía eso a todas las personas a las que había lastimado y eliminado. Le debía eso al viejo Bucky.
Por ello comenzó a juntar dinero y provisiones. Era un viaje largo y arriesgado, el lugar era difícil de encontrar, perdido en el gran desierto blanco, lejos de todo; tardaría unos meses en juntar lo necesario y probablemente tendría que robar algún vehículo en algún lugar, para realizar el viaje, pero todo era por un bien mayor.
Entró a la cocina y comió algo antes de volver a salir. Debía trabajar para juntar lo que necesitaba.
•+•+•
Una mañana como cualquier otra. Steve preparaba un omelett mientras movía su cabeza al ritmo de la música que había puesto en la radio; milagrosamente había algo de tecnología normal en la mansión de Tony. Sacó el omelett de la sartén y lo puso en un plato, comenzó a preparar otro.
―Pareces la chica de la relación haciéndome el desayuno todos los días. ―Rió detrás de él.
Steve se volteó y lo miró con una ceja alzada y el ceño fruncido. Apagó el fuego y lo enfrentó, lo arrinconó contra la encimera poniendo ambos brazos junto a su cuerpo. Tony tuvo que alzar la cabeza para mirarlo a los ojos. Se apretó contra él, el moreno soltó un jadeo de sorpresa. Steve lo besó con fuerza y lo tomó de las caderas para sentarlo en la encimera de la cocina, inmediatamente Tony rodeó su cuerpo con las piernas y su cuello con los brazos, profundizando el beso. El soldado lo apretó más contra su cuerpo mientras lo besaba y lo dejaba sin aliento.
― ¿Quién parece― dijo entre besos ― la chica de la relación?
―Este… ―Estaba sin aliento. ―Creo que voy a retirar mis palabras.
―Buena idea. ―Le mordió ligeramente la barbilla, lo soltó y volvió a su anterior tarea.
Aun sin aliento, sentado sobre la encimera, Tony lo observó durante largo rato.
―Después de todo, ―dijo con socarronería― ambos podemos compartir el puesto.
Suspiró. Steve rió.
Se bajó de la encimera y sirvió el jugo de naranja y el café para desayunar.
•••
Un largo partido de tenis de playa los dejó agotados y sudorosos. Luego de refrescarse en el agua, ambos cayeron, uno junto al otro, de espaldas sobre la manta. Reían.
―Sabes… ―Giró su cabeza para mirarlo directamente. ―No tenemos ni una sola foto juntos. Las parejas se supone que hacen eso.
Steve puso cara pensativa antes de asentir.
―Tienes razón. Tal vez deberíamos-
Fue interrumpido por el teléfono de Tony frente a su rostro.
―Sonríe.
El moreno se apretó contra su costado, juntó sus rostros y sonrió hacia la cámara. Steve también sonrió y se tomaron la foto. Tony giró su cabeza y besó su mejilla para otra foto, pero antes de que pudiera sacarla, y justo a tiempo, Steve giró su rostro y juntó sus labios: la primera foto de ellos besándose, la primera de muchas que tomarían en esos días.
―Estás consciente de que pagarían mucho dinero por estas fotos. ―Mencionó casualmente esa noche durante la cena.
El soldado lo miró duramente por un momento.
―No pongas esa cara. Sabes que tengo razón. Tu novio misterioso aún es la primicia de la semana, JARVIS me lo dijo.
―Bueno… han pasado solo tres días, Tony.
El moreno le dio la razón. Ese era un buen punto.
Luego de cenar vieron una película animada que el genio aseguró no podía no ver si quería seguir siendo su novio.
•-•-•
Las mañanas en la granja de los Barton eran un caos, con mayúsculas y signos de exclamación. Las mañanas nunca habían sido tan estresantes y a la vez tan tranquilas en su vida: Laura y Clint haciendo malabares en la cocina para preparar el desayuno para sus tres hijos y el almuerzo que los dos mayores debían llevar a la escuela, alimentar al bebé Barton era tarea fácil, era el que mejor se portaba. Los mayores eran un desastre, se caían de sueño sobre sus tostadas con mermelada y sus mochilas estaban tiradas sobre la mesa con los cuadernos afuera.
La cocina parecía un verdadero campo de batalla, pero, a las siete con quince minutos, todo terminó. Los niños salieron corriendo del baño luego de lavar sus dientes, cogieron sus mochilas, besaron a sus padres, a su hermanito, a su tía Nat y sorpresivamente también a él, levantaron sus bicicletas en la entrada y partieron rumbo a la escuela.
El ruido se acabó y cuando desaparecieron de la vista ellos entraron a la casa y se sentaron a la mesa de la cocina para comer su propio desayuno.
―Le dije que le gustaría estar aquí, Doc.
Y Clint tenía toda la razón. Todo ese caos y la batalla diaria en la cocina, todo ese ruido y desorden. Todo eso le encantaba.
•-•-•
Steve estaba cansado por toda la actividad en la playa y por la tarde se quedaron dentro de la mansión. Subieron a su habitación para ver una última película antes de dormir, cuando terminó y Tony estaba levantándose cuidadosamente de su lado para irse y dejarlo dormir, el rubio agarró su brazo y lo tiró suavemente de vuelta a la cama. El genio se recostó a su lado e inmediatamente el cuerpo del soldado giró y se acomodó a su lado, cabeza junto a la suya sobre la almohada, el cálido aliento golpeando suavemente su mejilla, su brazo por sobre su abdomen y una pierna entrelazada con las suyas; rodeó la espalda de su capitán con uno de sus brazos y el otro lo posó sobre el que atravesaba su abdomen.
La respiración pausada de Steve le indicó que dormía. Miró su pacífico rostro y sus tranquilas facciones, besó su frente y, rodeado por el cálido ambiente de Malibú, cerró los ojos para intentar dormir. Pensó en los últimos días y en lo que sentía por Steve, era obvio que su relación iba en serio. No se veía sin el soldado, pero no estaba seguro de lo que sentía por él; le gustaba, sí. Por supuesto que le gustaba. ¿Lo quiero? Fue su último pensamiento antes de caer dormido junto a un durmiente súper soldado. La pregunta aún sin respuesta en el fondo de su adormecido cerebro.
Por si alguien había pensado que luego de su participación en los capítulos 11 y 12 me había olvidado de él… pos no. Bucky siempre está en mi mente, o ¿será Sebastian Stan el que está siempre en mi mente? Como sea, Bucky es parte del fic y desde hace tiempo estaba buscando la forma de mostrar lo que fue de él luego de su encuentro con Steve y esta fue mi oportunidad. Ya sabrán más de él en el futuro.
Espero que les haya gustado este capítulo, lo escribí con mucho cariño :) Si les gustó ya saben cómo pueden hacérmelo saber xD
Nos leemos pronto.
Besos.
Bye :D
Lunes 10 de Julio, 2017.
