Hola a todo el mundo!

Otra vez aquí, reportándome con un nuevo capítulo de Nuestra Historia para ustedes. Tuve un susto de muerte... ni ayer ni hoy me funcionaba la página de FF, no me quería cargar el archivo. Pero se arregló \(^-^)/

(Para quienes leen mi fic Siete años, esta semana subiré la última parte)

Espero les guste; ya saben que si les gusta pueden dejar un review xD

Nos vemos pronto :)

Disfruten su lectura :D


Capítulo 26

Por allá y por aquí


Cuando despertó a la mañana siguiente casi da un salto. Alguien acarició su nariz; estaba con alguien en la cama, pero rápidamente recordó que la noche anterior se había quedado en la habitación de Steve.

Al despertar, temprano como todas las mañanas, Steve se encontró con la agradable sorpresa de un cuerpo tibio abrazado a su costado. Abrió los ojos y vio el rostro tranquilo de su novio. Delineó con la mirada cada facción de su rostro, cada línea de expresión, sus cejas, su perfectamente recortada barba. Lo observó por tanto tiempo que se sintió capaz de decir de memoria donde estaba cada una de las pequeñas cicatrices que decoraban su rostro a causa de las batallas o las cortadas ocasionales al rasurarse; podía identificar esas cortadas por experiencia propia, eran más finas y precisas, casi invisibles.

No estaba seguro de lo que el hombre frente a él sentía, pero esperaba que fuera lo mismo que él sentía. Cada día que compartía con él, cada momento que estaban juntos, solo mirándose, podía notar como su cariño crecía. ¿Quería a Tony Stark? Claro que lo quería. Lo quiero, pensó con sorpresa. No le sorprendía quererlo, lo esperaba, de hecho. Lo que le sorprendía era la facilidad con la que lo había admitido, aunque solo lo había admitido para sí mismo.

Lo sintió moverse contra su cuerpo; tenso por un momento. Vio su ceño fruncirse y su nariz arrugarse. Acarició su nariz con la punta de la suya. Le vio abrir los ojos.

Ambos sonrieron. Se besaron castamente.

Steve evaluó si sería un buen momento para decirle un simple "te quiero", pero no quería presionarlo. Esas cosas tienen que darse con naturalidad, se dijo. Las mejores cosas salen sin planearse, recordó; ya se lo diría sin darse cuenta y todo sería perfecto. Perfecto como ese momento.

―No fuiste a correr. ―No era una pregunta.

―No. ―Negó con la cabeza. ―Tenía algo mejor que hacer.

―Oh. ―Le sonrió con coquetería. ―Y… ¿ese algo mejor que hacer tendrá que ver con el bombón que tienes en la cama?

Rodó sobre él y se sentó en su abdomen.

―Puede ser. ― Lo besó y se bajó de la cama. ―Vamos, hay que desayunar. Quiero bajar a la playa.

Lo miró con esos ojos azules y Tony se dio cuenta de que serían su perdición. No podía negarle nada a esos pozos de azul profundo. Se levantó de la cama y fue a su habitación para darse una ducha.

•••

Llevaba cinco días de viaje fuera del continente por una reunión de negocios con un importante socio japonés, por lo que no se había enterado de la noticia que estaba en boca de todos en su país; no había tiempo para distraerse con la prensa amarillista. Durante el viaje de vuelta a Estados Unidos se enteró del notición que el Capitán América protagonizaba. Un novio misterioso, pensó para sus adentros. Eso sí que no se lo esperaba. Al menos no del correcto Capitán Rogers.

Nada más bajar del avión privado en el aeropuerto se subió al auto y pidió al chofer que la llevara a la torre. Tal fue su sorpresa al ver a todos los periodistas que ni siquiera entró al edificio; pasó de largo.

Sacó su teléfono y llamó.

•••

― ¿Puedes decirme que harás con la mala fama que está adquiriendo el equipo por culpa de los chismes sobre Steve? ―Fue lo primero que escuchó al contestar la llamada.

Steve estaba en el agua y le vio hacer una seña con la mano; lo saludaba. Sonrió con un calor apoderándose de su pecho y saludó enérgicamente de vuelta.

―Buenos días para ti también Pepper. Yo estoy bien, me alegra que lo preguntes. ―Dijo sarcástico.

―No cambies de tema, Tony. Dime de que se tratan todas esas tonterías que aparecen en la prensa rosa.

―No son tonterías. Steve tiene un novio misterioso. Eso es todo.

Una respiración entrecortada se escuchó.

―Esto no es bueno para la imagen del equipo y lo sabes. Tienes que hacer algo. Steve y tú son los líderes de los Vengadores, no puede ser que el Héroe de América esté en boca de todos porque se le ocurrió probar algo nuevo y ¿qué?... ¿acostarse con un hombre? Si quería experimentar bien podría haberlo hecho sin causar un escándalo; en privado. ―Dijo molesta y con un tono demasiado ácido a oídos del genio.

―Pepper, sabes que te quiero, pero no vas a hablar así de Steve. ―Dijo enojado y alzando la voz. ― Steve hizo nada malo y él no está experimentando algo nuevo, así-

― ¿Cómo lo sabes? No creo que te haya contado sobre sus aventuras. ―Su tono claramente burlón, provocándolo.

― ¡Claro que lo sé! Steve no saldría con alguien si no estuviera seguro de lo que está haciendo, si no quisiera a esa… persona. ― Su voz se fue apagando al darse cuenta de sus palabras. ¿Steve le quería? No se le había pasado esa idea por la cabeza hasta ese momento.

La risa de la pelirroja se escuchó.

―Así que tú eres el novio misterioso. ―Dijo divertida.

― ¿Qué?

―No me explico otra razón para que lo defiendas tanto.

Tony no sabía qué decir. Estaba ahogándose en sus pensamientos.

―Oh, vamos, Pepp. Steve y yo somos amigos, claro que me contó sobre su novio. ―Dijo autosuficiente.

―Pues dile que no fueron muy cuidadosos al salir a la calle. Hay fotos por todas partes. ―Dijo con reproche.

El moreno refunfuñó.

―No sé cuál es el problema. Si él quiere tener novio es su asunto, no tuyo ni de nadie. ―Vio al rubio acercarse. ― Buena charla, Señorita Potts. Ahora debo colgar.

Cortó la comunicación justo a tiempo. Steve se sentó a su lado y lo miró interrogante.

―Pepper llamó, ya lo sabe. No preguntes cómo― dijo al ver su boca abrirse―, solo lo sabe. Aunque no se lo confirmé, sé que lo sabe, pero no dirá nada. ―Sonrió para tranquilizarlo.

No muy convencido, el soldado se recostó en la manta por un rato antes de que Tony lo levantara y lo llevara de vuelta al agua para distraerlo con una pequeña carrera y unos cuantos besos.

•••

No había trabajado ni un segundo en los cuatro días que llevaban en Malibú. En cierto modo era relajante recostarse bajo el quitasol, respirar el aire salado del mar, convivir con su infantil novio que lo arrastraba una y otra vez al agua… podría acostumbrarse a eso. Vaya que podría acostumbrarse.

A lo que no podría acostumbrarse era a la constante amenaza en que se convertía la vista que tenía frente a él. Tenía que llevar su mente a las peores situaciones, a las peores experiencias y a las más horribles imágenes mentales que pudiera recrear para no espantar a Steve. Cada vez que lo veía salir del agua se preguntaba si el sujeto no era modelo de algún perfume o modelo de trajes de baño; era un sueño hecho realidad y eso le excitaba. Se había dado cuenta de ello la primera vez que bajaron juntos a la playa y ahora debía tener cuidado de no mirarlo demasiado si no quería tener una erección que de seguro lo avergonzaría y, de paso, asustaría al rubio. Si lo veía en una situación como aquella seguramente se sentiría ofendido y creería que él pretendía faltarle el respeto o alguna de esas ideas de los chicos de los años cuarenta, y eso es lo que menos quería. No quería incomodar a Steve, pero verlo con ese sensual caminar y ese despeinado y mojado cabello imposiblemente rubio…

Se volteó justo a tiempo sobre la manta y le dio la espalda a los cálidos rayos dorados y de paso a Steve, ocultando su semi erección y fingiendo tomar sol.

―Debes ponerte más bloqueador si piensas tomar sol un rato más, Tony. No creo que quieras quemarte y no poder moverte. ―Steve sonaba preocupado y burlesco al mismo tiempo. Era una nueva faceta de él.

―Lo haré en unos minutos, Cap.

El soldado frunció el ceño ante la palabra "Cap", gruño algo por lo bajo y se alejó de él. Tony le vio tomar el bloqueador y en seguida le sintió sentarse sobre su trasero; estaba frío y mojado por su reciente visita al mar.

― ¿Qué demonios crees que estás haciendo? ―Se levantó ligeramente para quitárselo de encima.

―Cállate por un rato, quieres. ―Besó suavemente su nuca. ―Relájate y déjame ayudarte con esto.

Seguido a sus palabras, Steve vació parte del contenido de la botella sobre su espalda y comenzó a esparcir el cremoso líquido por toda la cálida y semibronceada piel. Sus movimientos calculados y precisos, como si ya lo hubiera hecho mil veces antes. Ni siquiera parecía nervioso. El genio lo maldijo por eso, él estaba al borde de un ataque de nervios. No podía controlar su cuerpo y su miembro se enterraba dolorosamente en la arena bajo él. Trató de concentrarse en otra cosa, pero las frías manos de su novio moviéndose por toda su espalda con suaves masajes le hacían imposible la tarea. No podía no pensar en esas manos y de repente dejó de intentarlo. Se dejó llevar por el delicioso masaje y comenzó a adormecerse.

Mientras acariciaba cuidadosamente la espalda del moreno, el soldado comenzó a pensar en la posición en que se encontraban y en lo apetitosa que se volvía esa piel con el bronceado que había adquirido en esos pocos días. De un momento a otro se imaginó besando y lamiendo esa espalda y… no solo la espalda, sino todo el cuerpo del hombre entre sus piernas.

La noche anterior había admitido ante sí mismo que quería a Tony, pero también se dio cuenta de que lo deseaba. Deseaba tanto a ese hombre; lo deseaba tanto que dolía. Sentía que si trataba de llevar su relación más allá de donde estaban ahora… no funcionaría. Después de todo en un par de ocasiones Tony lo había rechazado sutilmente cuando sus besos subían demasiado de intensidad; se lo quitaba de encima con cuidado y sin mencionar el asunto cambiaba de tema. Lo había hecho cuando se supo lo de su relación por la prensa, hace unos pocos días, y lo había hecho en una ocasión antes, en el taller.

Recordaba esa noche. Estaban recostados en el sillón rojo que tanto le gustaba y comenzaron a besarse, el filántropo se subió a su regazo y siguieron besándose por largo rato hasta que sus manos viajaron peligrosamente bajo la camiseta del moreno. Tony había gemido ante el toque de sus manos con su piel y un par de segundos después de separó de a poco de sus labios, apoyó la frente en su hombro y susurró algo en su oído: "Creo que ya es hora de ir a dormir, ¿no crees?". Recordaba sus palabras y la forma suave en que se había separado de él y sus manos habían abandonado la tibieza de su piel. Lo había rechazado. Tal vez no lo quería de la misma forma que él; tal vez no lo deseaba de esa forma.

Un gemido de Tony lo hizo volver de sus recuerdos.

El inocente masaje que su novio le estaba dando para esparcir el bloqueador solar lo estaba calentando más de la cuenta. Sentía esas manos subir y bajar, ir de un lado al otro, por sus hombros y parte de sus brazos; cuando esas manos llegaron a su espalda baja, justo en la zona lumbar, algo hizo corto circuito. Sintió una placentera corriente subir por su columna y la dejó escapar en forma de un gemido de placer. Las manos de Steve se concentraron en masajear esa zona y más gemidos quisieron escapar, pero los ahogó de la mejor forma que pudo en su garganta.

Quería escucharlo gemir otra vez. Masajeó lenta y cuidadosamente la zona, pero nada pasó. Se movió un poco para reacomodarse y un gemido se escuchó.

Iba a matarlo. Juraba que iba a matarlo cuando se bajara de su trasero. ¿Cómo se le ocurre restregarse sobre mí de esa forma?, pensó a un paso del delirio. De pronto lo sintió moverse otra vez y sintió algo contra sus glúteos. No puede ser. No creía que fuera lo que creía que era. No podía ser. Definitivamente eso no podía ser la erección del virginal y correcto Steve Rogers; ese no podía ser el chico de costumbres anticuadas de los años cuarenta restregando deliciosamente su erección sobre su trasero. Y no podía ser que él estuviera disfrutándolo de esa forma.

Sintió el cuerpo de Tony tensarse debajo de él y se dio cuenta de que había estado frotándose sobre su indefenso cuerpo. Lo había puesto incómodo y esta vez el moreno no sabía cómo quitárselo de encima. No puedo creer que esté haciéndole algo así. No puedo aprovecharme de esta forma. Pensó culpable. Se levantó y se dio la vuelta para que, en caso de que el genio se volteara en su dirección, no viera su atrevida erección y se sintiera aún más incómodo.

―Ya estás listo. Ahora no que quemarás. ―Su voz tensa y sus palabras salían forzadas de sus labios. ―Volveré al agua un rato más.

Diciendo esto se fue y Tony suspiró aliviado. Había sentido tantas ganas de voltearse y besarlo, abrazarlo apretadamente contra su cuerpo y dejarle hacer lo que quisiera con él bajo el cálido sol de Malibú. Quería hacer el amor con Steve. Quería a Steve. Claro que lo quiero, se dijo, lo quiero y no quiero alejarlo. No puedo aprovecharme de él. Se golpeó mentalmente por pensar en querer aprovecharse de la situación y se concentró en dejar de pensar en el masaje y devolver la sangre de su cuerpo a circulación para pensar con el cerebro y no con otra parte de su anatomía.

El resto de la mañana en la playa fue tensa, distante. No hablaron del tema y de nada en realidad. Ambos estaban incómodos y perdidos en sus pensamientos; cada uno culpándose por querer aprovecharse del otro.

•-•-•

Clint adoraba a sus hijos y cada momento que pasaba en la granja lo dedicaba a ellos. Cuando los mayores estaban en la escuela él se dedicaba a jugar con el pequeño Nathaniel y a pasar tiempo con Laura. Bruce podía ver el amor que había entre ellos y el alivio de la mujer al verlo en casa, sano y salvo. Los admiraba y los envidiaba al mismo tiempo, él también quería algo así.

La taza de café fue suavemente sacada de sus manos. Miró hacia arriba y se encontró con los verdes ojos de su pelirroja favorita. Sonrió. Natasha lo besó en la mejilla y tiró de su mano para sacarlo de la casa. Afuera, en una mesa había una canasta, la tomó y siguió tirando de él hacia el bosque que limitaba el terreno de los Barton. Rato después de una cómoda y silenciosa caminata llegaron a un claro lleno de flores.

― ¿Vamos a tener un día de campo?

―Solos tú y yo. ―Dijo con coquetería.

Extendieron juntos un gran mantel de color naranja y se sentaron uno frente al otro, bajo la sombra de un árbol y observando la infinidad de colores frente a ellos.

Comieron unos sándwiches especiales que preparó la pelirroja y bebieron vino tinto. Igual que en las películas.

―Sabes, Bruce. ―Dijo de pronto, mirando más allá de las flores. ― Nunca había tenido una relación como esta. Esta paz, esta seguridad que siento cuando estoy contigo…

―Natasha-

―Sé lo que dirás. No puedo sentirme insegura a tu lado, aun sabiendo que en cualquier momento puede aparecer el otro sujeto… sé que nunca me harías daño y sé que me haces sentir muchas cosas que creí no ser capaz de sentir.

Lo miró a los ojos. Su mirada decía más que mil palabras. Su mirada intensa, pero a la vez suave, le decía lo que sentía.

―No puedo darte lo que ellos tienen. Jamás podré y lo sabes. No quiero arruinar tu vida, Natasha.

―No lo harás.

Lo besó suavemente y se quedaron en silencio. Las palabras "te quiero" dando vueltas en el aire entre ellos.

Esa noche Natasha entró a su habitación y se abrazó a su pecho sin despertarlo; los brazos del científico rodearon instintivamente su pequeño cuerpo. En ese momento, con ese sutil movimiento, supo que no quería alejarse de él. No lo dejaría alejarse. No permitiría que volviera a estar solo para no lastimar a los demás; juntos no lastimarían a nadie nunca más.

•-•-•

No había puesto la más mínima atención a la película, después de todo ya la había visto muchas veces. No estaban abrazados, estaban sentados uno junto al otro sin tocarse. Tensos. No habían hablado desde el incómodo momento con el bloqueador solar en la playa.

Steve había salido del agua y caminado directamente a la casa luego de recoger algunas cosas, Tony le ayudó y le siguió. Se encerraron en sus respectivas habitaciones para darse una ducha y bajaron a la cocina; cocinaron juntos, pero en silencio. Comieron y volvieron a encerrarse en sus habitaciones.

JARVIS se había encargado de revisar la lista de películas que Steve debía ver que Tony le había dado, la había seleccionado y los había convocado en la sala de estar de la primera planta.

Ahí estaban ahora, silenciosos, tensos e incómodos.

Ni bien la película hubo terminado, ambos salieron rápidamente del lugar y se encerraron para dormir.

Tony no podía dormir. Se daba vueltas hacia un lado y otro de la cama sin poder conciliar el sueño y pensando en lo sucedido esa tarde. No era la primera vez que la temperatura subía entre ellos; aunque sí era la primera vez que se ponían tan calientes al punto de que Steve tuviera una erección, erección que estuvo deliciosamente presionada sobre su trasero y él estuviera dolorosamente enterrado en la arena. Se sentía como un sueño. Más bien una pesadilla. Una pesadilla en la que no podía hacerle el amor al hombre que quería y deseaba por miedo a alejarlo de él. Se dio otra vuelta y se sentó en la cama. Ya no podía seguir así. No quería que el resto del tiempo en la playa estuviera lleno de tensión e incomodidad. Luchando con todas sus fuerzas contra su orgullo y su imposibilidad de pedir perdón se levantó de la cama y salió de la habitación para hablar con Steve.

Estaba acostado sobre la cama, pensando, de espaldas a la puerta cuando la sintió abrirse. No podía dormir y sabía que en algún momento Tony iría a reclamarle por lo de esa mañana. No se movió; fingió estar dormido. La puerta se cerró y escuchó los pasos del moreno avanzar en la oscuridad a través de la habitación. El edredón se levantó y el colchón se hundió junto a él. El cuerpo del genio se abrazó a su espalda; cada parte de su cuerpo perfectamente amoldado al suyo, las caderas de Tony pegadas a las suyas, sus muslos en íntimo contacto, sus pies buscando los suyos para entrelazarlos y su frente ligeramente apoyada en la mitad de su espalda desnuda. Los brazos del millonario rodearon su cintura y apegó su pecho, igualmente desnudo contra su espalda; un beso depositado entre sus omóplatos.

―Lo siento.

Le sorprendió escuchar ese susurro y más le sorprendió escuchar la voz débil y algo rota de su pareja.

―Yo soy quien debería decir que lo siente. Sé que te hice sentir incómodo, es algo que no debió pasar.

Tony negó con la cabeza contra su espalda.

―No. No fue así. Yo… ―Silencio. ― ¿Crees que podemos olvidar lo de esta mañana?

La mano derecha de Steve aferró la de Tony y a llevó a su pecho, sobre su corazón. Un silencioso acuerdo se estableció entre ellos de no hablar del tema, pero una pequeña herida se formó en ambos al creerse rechazados; Steve creyó haber cometido el más grande error cuando Tony le pidió olvidar lo ocurrido esa mañana y Tony sintiéndose completamente miserable al escuchar las palabras de Steve: "es algo que no debió pasar".

Se aferraron al calor del otro en ese abrazo y sin separarse ni moverse, se quedaron dormidos.


Lunes 24 de Julio, 2017.