Hola a todo el mundo!

Saben, el otro día mientras escribía este capítulo me dí cuenta de que me tocaba actualizar hoy, 07 de Agosto, y resulta que subí el primer capítulo de Nuestra Historia el 08 de Agosto del 2016, por lo que mañana se cumple un año de este fic :) Pensé mucho en retrasar la subida de hoy y hacerlo mañana, pero como prometí hace tanto tiempo actualizar cada lunes... en fin, aquí estoy, casi un año después del primer capítulo y estoy muy feliz de haber llegado a este punto y sobre todo estoy feliz de que les siga gustando y sigan leyendo mis desvaríos ;D

Bien, ya dejo de retrasar las cosas... por el título podrán imaginarse lo que se viene, ya era hora de terminar con las vacaciones obligadas de este par.

Nos leemos en las notas finales.

Disfruten su lectura :D


Capítulo 27

De regreso en la torre


Con el pasar de las horas y la comodidad que les proporcionaba el calor del otro, se movieron dentro de la cama para acomodarse mejor. Al despertar, Steve se encontró a sí mismo de espaldas sobre el colchón y con el agradable calor que le proporcionaba el cuerpo de su novio sobre la mitad derecha de su pecho, abrazado a su abdomen; al mirar hacia abajo solo pudo ver su cabello, su cabeza estaba escondida bajo su barbilla y podía sentir la calidez de su respiración en el cuello.

Pensó en lo que había pasado el día anterior y decidió que no era algo que mereciera la pena. No podía permitir que una tontería los separara, mucho menos que volviera esos días que quedaban en algo extraño y lleno de tensión. Con la idea de terminar de arreglar las cosas comenzó a moverse suavemente para salir de la cama sin despertar al moreno. Al separarse de su cuerpo sintió un golpe frío donde antes solo había sentido calor. Tony, aún dormido, no quería soltarle y en un rápido movimiento reemplazó su cuerpo por una de las almohadas; el moreno se abrazó con fuerza a ella y frunció el ceño antes de encontrar la posición adecuada y aspirar profundamente la fragancia de la funda.

―Steve. ―Soltó en un suspiro.

Sonriendo, tuvo que luchar con las ganas de volver a la cama y reemplazar la almohada por su cuerpo, pero tenía un plan y debía apegarse a él. Recogió un pantalón deportivo del piso y se lo colocó una vez estuvo fuera de la habitación.

•••

El pasillo estaba oscuro y lo poco que veía parecía muy borroso. Caminó largo rato a través de él hasta que vio una figura conocida: Steve. Lo llamó y no recibió respuesta. Lo llamó una y otra vez hasta casi quedarse sin voz, pero el rubio parecía no escucharlo y seguía caminando rápidamente por el pasillo, a varios metros por delante de él. Desesperado y asustado, comenzó a correr detrás de su novio, pero Steve corrió más rápido que él. Todo lo que lo rodeaba se hizo más borroso y de pronto se percató de que lágrimas caían de sus ojos; estaba muy asustado. Corrió y corrió hasta que sus piernas ya no pudieron más y calló de rodillas en el oscuro pasillo. Solo. Completamente solo.

Se sentó sobresaltado en la cama y se encontró solo. Steve se había ido y la cama a su lado estaba fría. Con la respiración agitada abrazó la almohada del soldado y trató de calmarse. La puerta se abrió, sobresaltándole.

Steve entró por la puerta cargando una bandeja con el desayuno para ambos y con una gran sonrisa en el rostro que se borró al ver la expresión del moreno. Dejó la bandeja en el primer mueble que encontró y avanzó rápidamente a la cama para ver que le pasaba a su pareja.

No alcanzó a decir ni media palabra cuando tuvo a Tony abrazado a su pecho; lo sintió temblar. Lo único que pudo hacer fue aferrarlo a su pecho y acariciar su espalda con sus grandes y cálidas manos mientras susurraba un "Todo está bien" y besaba su cabeza.

Sus palabras y sus caricias parecieron ayudarle a calmarse y después de un rato por fin habló.

―Tuve una pesadilla. ―Su voz sonaba rota.

― ¿Quieres hablar sobre eso? ―Preguntó con cuidado, sin dejar de acariciar su espalda.

Dudó un momento, pero sabía que no podía quedarse con eso en su interior y debía confiar en Steve.

―Estaba solo. ―Respiró profundamente. ―Estaba solo en un largo pasillo. Estaba oscuro y todo se veía borroso, confuso. Caminé por lo que parecieron horas hasta que te encontré. ―Se aferró más a Steve para asegurarse de que realmente estaba ahí.

―Estoy aquí. ―Volvió a besar entre sus castaños cabellos.

―Te llamé y no respondiste. Caminaste lejos de mí y te seguí por tanto tiempo…―Un sollozo se escuchó. ― Te seguí hasta que te perdí de vista y ya no pude seguir avanzando. Me quedé solo y todo se volvió tan oscuro y…

El soldado lo apretó contra su pecho tan fuerte que casi lo dejó sin respiración.

―Estoy aquí, Tony. Estoy aquí y siempre estaré aquí para ti. Siempre estaré aquí, y cuando me llames siempre responderé. Lo juro.

Por primera vez en un largo rato Tony se apartó un poco de él y lo miró a los ojos, sus ojos llenos de miedo y lágrimas que se negaba a derramar.

―No estabas cuando desperté y creí que te habías ido.

―No me iré a ningún lado. Tendrás que soportarme por mucho tiempo, amor. No te desharás de mí tan fácilmente. ―Lo besó suave y lentamente en los labios, arrancando todo el miedo y todas las inseguridades de su mente.

Tony estaba tan perdido en ese beso que casi dejó pasar por alto el que Steve le dijera "amor", pero lo había escuchado y eso definitivamente le había removido algo en el pecho. Sonrió en el beso y correspondió con la misma calma y cariño que el rubio le daba.

Cuando por fin sus labios se separaron, se miraron largamente a los ojos y después de mucho pensarlo, Steve fue en busca del desayuno que había dejado sobre una cajonera. Volvió a la cama y, ambos sentados frente a frente, comieron en silencio, dedicándose miradas llenas de algo más que cariño. Miradas llenas de algo mucho más profundo que ninguno de los dos supo dimensionar en aquel momento.

•••

Se pasaron el resto de la mañana en la cama. Durmieron abrazados hasta que el estómago de Tony rugió de hambre y los despertó a ambos. Despertaron riendo, no como esa mañana, y se dieron cuenta de que ya eran las cuatro de la tarde. Habían dormido casi todo el día, por lo que decidieron que después de comer irían al pueblo que estaba a una hora de camino.

•••

Luego de la típica discusión consigo mismo del "¿qué me pongo?" de Tony, donde Steve tuvo que alejarlo del armario y sentarlo en la cama, rebuscar entre las ropas que el moreno había llevado y pasarle un par de prendas, ambos estuvieron listos para salir. Enfundados en camisas ligeras y pantalones cortos, ambos con lentes de sol y gorras con visera, se miraron el uno al otro y sonrieron. De pronto Steve lo miró con una ceja alzada.

―No podemos ir en el quinjet. ―Dijo con diversión.

―Iremos en uno de mis autos, vamos. ―Lo tomó de la mano y lo llevó escaleras abajo, hacia el taller.

―No sabía que tenías un taller aquí, no lo has usado.

―Estamos de vacaciones, cariño. Claro que no lo he usado. Ven, vamos. Elige un auto.

El rubio miró la colección de autos que había en el fondo del lugar y quedó boquiabierto. Nunca había visto una colección así. Los autos eran lujosos y claramente llamarían la atención en el lugar al que iban: un pequeño pueblo costero, sin grandes lujos ni nada parecido. Su ceño se frunció y se llevó una mano a la barbilla, pensando en cómo decirle a Tony que ir en uno de esos autos no era la mejor manera de pasar desapercibidos.

― ¿Qué pasa? Oh, ya sé. No pasaremos desapercibidos con ninguno de mis autos, lo sé. ―Sonrió socarronamente. ―Por eso pensé que tal vez podríamos ir en esto. ―Lo tomó de la mano nuevamente y lo llevó al final de la larga fila de automóviles de lujo.

Steve solo pudo sonreír cuando vio la motocicleta. Su motocicleta.

― ¿Cuándo…?

―Llegó aquí con nosotros. La traje en el quinjet sin que te dieras cuenta; después de todo, me gusta cuando salimos en ella.

En respuesta a sus palabras recibió un fugaz, pero efusivo beso. Luego de eso salieron a toda velocidad hacia la carretera.

•••

Dejaron la moto en un pequeño estacionamiento y, ajustándose las gorras y los anteojos de sol, caminaron tomados de la mano por el pueblo.

Caminaban sin ser reconocidos y felices, en su propia burbuja.

Steve parecía un niño pequeño en medio de una feria, y al parecer lo era. Caminaba de un lugar a otro, mirando las chucherías y demás cosas. Se detuvo por mucho tiempo mirando unas camisetas con diseños de animales marinos y Tony solo podía sonreír ante la mirada de ilusión que veía en sus ojos azules.

― ¿Debería hacerte una prueba de carbono? ―Preguntó luego de pagar un par de camisetas para ambos y que, estaba seguro, se arrepentiría de usar.

El soldado lo miró sin entender.

―Solo quiero asegurarme de que tienes la edad que se supone que tienes. ―Rió. ―Tienes casi tres dígitos de edad, Steve, por el amor de Dios.

Steve sonrió algo avergonzado y se encogió de hombros.

―Bien, vamos.

Caminaban por la calle tomados de la mano sin poner atención al resto de los turistas que andaban por el lugar. Nadie los reconocía como integrantes de los Vengadores, ni como el millonario Tony Stark o el Héroe de América, Steve Rogers, y de cierta forma, se sentía bien no ser el centro de atención. Claro que sí llamaban un poco la atención al ser dos hombres altos, fuertes y atractivos, pero la mayoría de las personas parecían más preocupadas de las chucherías que comprarían para recordar el pueblo y sus bonitas vacaciones.

La noche cayó y ellos siguieron paseando hasta llegar a un muelle iluminado románticamente por farolas antiguas que le daban un toque especial al lugar. Allí encontraron una cafetería al aire libre y entraron.

Se sentaron en la mesa más alejada en la terraza y pidieron un par de batidos.

―Fue una buena idea venir. ―Soltó el moreno de repente.

Alargó una de sus manos sobre la mesa y entrelazó sus dedos con los de Steve. Llegó la mesera con los batidos y sintió a su novio tensarse ligeramente antes de relajarse entre sus dedos.

―Lo fue. ―Dijo una vez que la chica se retiró.

―Aún te pones tenso cuando alguien se acerca a nosotros. ―Su tono no era de reproche, solo era una observación.

Se mantuvo en silencio un momento antes de responder.

―Sabes que antes era diferente y yo…

―Aún no te acostumbras. Lo sé, cariño. Lo sé. ―Sonrió.

―No quiero que te molestes por eso y-

―No lo hago. Si te soy sincero esto también es difícil para mí. Sabes que es la primera vez que salgo con… un hombre, después de todo.

Steve apretó su mano, indicándole que entendía.

Bebieron sus batidos y hablaron de su tarde en el pueblo. Era casi de madrugada cuando comenzaron a caminar de vuelta al estacionamiento en busca de la motocicleta del rubio; el lugar estaba lejos.

―Me gusta este lugar. Deberíamos venir más seguido cuando estemos aquí de nuevo, ¿no crees, cariño?

Lo miró por un segundo y lo abrazó más a su costado.

―Siempre me dices así. ―Dijo sonriente.

― ¿Así… cómo?

― ¿No te has dado cuenta de que lo dices en voz alta? ―El moreno lo miró confundido. ―Casi siempre me dices "cariño" al final de una frase.

Tony se tensó por completo y su rostro, completamente rojo, se contrajo en una mueca extraña.

―No sabía que lo hacía. Si te molesta- empezó nervioso.

― ¡Claro que no me molesta! ―Se apresuró a interrumpirlo. ―Me gusta. ―Dijo en un susurro. ―Me gusta mucho cuando lo dices.

El cuerpo de Tony se relajó y soltó una carcajada de alivio. Siguieron caminando un rato en silencio.

―Tu nunca me llamas de ninguna forma. ―Dijo de pronto. ―Pero esta mañana me llamaste "amor".

Esta vez fue el turno de Steve de tensarse y ponerse completamente rojo de vergüenza.

―También me gusta. ―Se detuvo y se alzó para besarle en la mejilla.

Luego de esa conversación siguieron caminando hacia el estacionamiento en completo silencio, ambos pensando en lo que acababa de pasar. Sonriendo al pensar en lo mucho que querían al otro, pero sin atreverse aún a decirlo.

Llegaron casi al amanecer a la mansión y, en una silenciosa decisión, durmieron juntos en la habitación de Tony.

•••

Tony despertó con un escalofrío recorriéndole la espalda. Se apegó más al calor del cuerpo de Steve y abrió los ojos; estaba abrazándolo por la espalda y lo único que podía ver eran sus grandes y poderosos músculos relajados. Acarició con su nariz a lo largo del centro de su columna y pudo ver el increíble movimiento de esos enormes músculos mientras se contraían; besó entre sus omóplatos. Steve giró lentamente sobre su espalda y lo abrazó, cubriendo casi por completo su cuerpo con el suyo.

―Buenos días, amor. ―Dijo con la voz rasposa y profunda por el sueño.

―Buenos días, cariño.

Ambos sonrieron.

El rubio buscó sus labios con los ojos aún cerrados y terminó besando la punta de su nariz, a lo que Tony soltó una pequeña risa antes de ayudarle a encontrar sus labios y besarlo lentamente.

―Podría acostumbrarme a despertar así. ―Su voz soñolienta y su tono sincero.

La única respuesta que recibió fue un largo y lento beso cargado de sentimiento por parte del genio. Tony no podía estar más feliz ante sus palabras, lo único que quería era que esa relación funcionara y estuvieran juntos siempre; él también podría acostumbrarse a despertar así cada mañana. Vaya que sí podría acostumbrarme, pensó.

•••

Los días pasaron rápidos después de su salida al pueblo. Casi nunca se separaban, aún presente la pesadilla de Tony en la mente del soldado, por lo que disfrutaron al máximo su tiempo juntos; despertaban juntos, desayunaban juntos, nadaban juntos, veían películas y comían juntos. Había muy pocos momentos en que no estaban juntos; en la ducha, por ejemplo. Sin darse cuenta, ya habían pasado dos semanas en Malibú y, según JARVIS, los fotógrafos ya se habían ido de la entrada de la torre, por lo que esa tarde decidieron que, por mucho que les pesara, debían regresar a Nueva York.

Aprovecharon su último día en la playa besándose y nadando entre las olas, y por la tarde alistaron sus cosas para abandonar la mansión. Aprovecharían el anonimato que otorgaba la oscuridad de la noche para volver a la torre sin ser vistos.

Cuando subieron al quinjet estaban tan cansados por el largo día que habían tenido que, ni bien entraron a la nave, cayeron dormidos en sus asientos, por lo que JARVIS se encargó de llevarlos a la torre.

•••

Estaba tan cómodo en su asiento, profundamente dormido, cuando escuchó, muy a lo lejos, la elegante y pacífica voz de JARVIS.

Capitán Rogers, hemos llegado a la torre.

Abrió los ojos poco a poco y con pesadez, y se vio envuelto en penumbras. Trató de adecuar su visión y cuando por fin lo logró, una tenue luz azul se encendió y le permitió vislumbrar por completo el lugar. A su lado estaba Tony, completamente dormido en su asiento. No tuvo corazón para despertarlo, por lo que se acercó a él y suavemente tomó sus brazos para rodear con ellos su propio cuello, luego lo levantó y lo apegó a su cuerpo para llevarlo al interior de la torre.

Una corriente fría los envolvió cuando bajó de la nave y sintió el cuerpo del genio temblar entre sus brazos; Tony se abrazó más a él y escondió la cabeza en su cuello.

― ¿Estás cargándome como si fuera una princesa, Rogers? ―Su voz soñolienta y su tono algo molesto debido al sueño.

―Claro que no, ―murmuró cerca de su oído― estoy cargándote como si fueras un niño mimado. ―Sonrió.

Recibió un pequeño golpe en uno de sus hombros y un gruñido de disconformidad por parte del moreno.

―Ya te enseñaré quien es un niño mimado. ―Dijo en medio de un bostezo y volvió a acurrucarse contra el cuerpo del capitán.

Cuando llegó a la habitación, Tony se había vuelto a quedar dormido y lo acomodó en la cama para luego recostarse a su lado, abrazarlo y así poder dormir un par de horas más.

Sus vacaciones habían terminado, por fin estaban de regreso en la torre.


Espero que les haya gustado esta nueva actualización. Les tengo una sorpresa para la próxima, pero si les digo el título del próximo capítulo seguro se mueren antes de llegar a leerlo y ni siquiera he escrito más de media página, así que tendrán que esperar... pero estoy segura de que lo van a amar ;)

Si les gustó ya saben que pueden dejar un review, soy muy feliz al leerlos :)

Nos leemos pronto.

Besos.

Bye :D


Lunes 07 de Agosto, 2017.