Hola a todo el mundo!
He sobrevivido a la Universidad una vez más, pero mi cabeza me está matando.
Respecto al capítulo anterior quiero decir a todo aquel que pensó que la caja tiene un anillo... pos no. Es algo mucho más importante que un anillo. Piensen un poco más, estoy segura de que, en el fondo, lo saben. (La oferta sigue en pie; si adivinan tienen un adelanto de los próximos dos capítulos).
No sé si me odiarán o me amarán por este capítulo, pero sé que les va a gustar. Confíen en mi ;)
Disfruten su lectura :D
Capítulo 30
Algo llamado frustración
Tony se paseaba furioso por su taller esa mañana. Furioso consigo mismo y con el rubio súper soldado que tenía por novio. Era increíble que Steve lo hubiera rechazado. Otra vez. Era cierto que el virginal Capitán América podía estar asustado ante la idea de tener intimidad con alguien. Aún más con un hombre. Y a eso debía sumarle que no solo era un hombre, sino que era él, Tony Stark. El exmujeriego Tony Stark. El soldado tenía el todo el derecho a estar nervioso, pero no estaba seguro de poder aguantar otro rechazo como el de la noche anterior.
―Tal vez estoy apresurando las cosas. ―Murmuró.
Después de todo apenas llevaban dos meses saliendo, pero las ganas que tenía de estar con Steve lo estaban consumiendo lenta y dolorosamente.
•••
Al mismo tiempo, pero en otro lugar de la torre, Steve hacía girar una y otra vez la caja en sus manos, observándola con el ceño fruncido. No podía creer que no se había atrevido a entregársela. Iba a hacerlo durante la cena, pero algo le había impedido hacerlo; "tal vez es muy pronto para darle algo como esto", pensó mientras le daba otra vuelta más entre sus manos a la pequeña caja.
―Solo llevamos dos meses juntos, y esto es muy importante para mí…―suspiró. Tal vez no dárselo aún había sido lo mejor.
•••
No se habían visto en toda la mañana. Ni siquiera se habían visto al despertar, pues el soldado salió a correr dejando al genio dormido en su cama y al regresar esta estaba vacía y fría. Sin más que hacer, se metió a la ducha e inevitablemente recordó la situación de la noche anterior.
Era la primera vez que Tony pasaba la noche con él en su habitación; habían compartido su habitación en Malibú, pero había sido una única vez y esa no era su habitación, el resto de las noches las pasaron en la habitación principal, en la habitación de Tony. Incluso cuando volvieron a la torre, cada noche la habían pasado en la habitación del filántropo. Pero la noche pasada había sido diferente, había sido diferente en todo sentido.
El agua caliente lo golpeó con suavidad en la espalda mientras se enjabonaba y recordaba.
Había querido que el moreno continuara con sus besos y con sus caricias. Tony estaba un poco pasado de copas, pero sabía lo que estaba haciendo; sabía exactamente cómo y dónde poner sus manos. Cuando sintió el roce de su mano contra su miembro a través de la tela se asustó, pero también se excitó. Quería a Tony, lo quería de una forma en que nunca había querido a nadie, pero también quería estar con él. Quería compartir su cama en más de un sentido con él, pero tampoco quería que el moreno pensara mal de él, que pensara que se acostaba con alguien que apenas conocía. Pero eso no era del todo cierto, ellos se conocían desde hace años; eran amigos desde hace varios años y ahora que eran una pareja eso no debería ser un problema.
La verdad era que estaba asustado.
Estaba asustado porque las caricias de Tony le hacían hervir la sangre y le provocaban tantas cosas… la noche anterior había querido lanzarse sobre él y besarlo hasta el cansancio, acariciarlo hasta que sus dedos conocieran y reconocieran cada una de sus marcas: sus cicatrices, sus músculos, la textura de su piel y los lugares que le hacían gemir.
Sintió un tirón en su entrepierna y gimió lastimosamente.
Necesitaba saber lo que era estar con Tony. Necesitaba conocer todo eso, pero estaba asustado de lo que sería y no sería capaz de hacer. Tenía miedo de su fuerza y tenía miedo de hacer algo inadecuado. Tenía miedo de que la próxima vez fuera Tony quien lo rechazara.
Recordaba sus besos, sus profundos y hambrientos besos, y algo dentro de su cuerpo se removía… se removía directo a su entrepierna. Gimió profundamente cuando su mano fue a parar a su erección, apretando suavemente para calmar los pequeños espasmos de doloroso placer que el recuerdo del moreno traía consigo.
Alejó su mano de la parte baja de su cuerpo y se negó a satisfacerse de esa forma. Cambió la temperatura del agua, dejó de pensar en la noche anterior y en cualquier acalorado momento que hubiera tenido con el millonario, que habían sido muchos, y terminó de ducharse con el agua casi tan fría como el hielo del que lo habían sacado hace ya varios años.
Al salir de la ducha se quedó tendido en su cama, desnudo, tratando de encontrar una forma de sobrevivir a los besos y caricias de Tony sin volverse loco en el intento.
•••
Necesitaba comer algo. Estaba hambriento, muy hambriento. No podía definir el objeto de su hambre, pero estaba más que convencido de que el hombre recostado despreocupadamente en el sofá de la estancia debería estar en el menú.
Steve no había bajado a verlo al taller en todo el día, no le había llevado comida, por lo que el hambre lo obligó a salir de su escondite y dar una vuelta por la cocina. Desde ahí podía ver perfectamente a su novio. El rubio no había bajado y no estaba seguro de querer saber la razón, pero estaba agradecido por ello; había estado fantaseando todo el día sobre cómo habría terminado la velada anterior si el anciano idiota no lo hubiera rechazado. De seguro habrían terminado enredados el uno con el otro entre las sábanas, gimiendo y jadeando, sudados de arriba abajo.
Se dio la vuelta y apoyó la espalda baja en el mesón. No podía seguir viendo a Steve mientras se imaginaba esas cosas.
Cerró los ojos y rememoró el momento exacto en que su mano rozó la tela del bóxer que el rubio traía la pasada noche, había sentido el calor que emanaba de aquel lugar. Estaban en la habitación de Steve y él estaba dispuesto a que su primera noche juntos fuera allí, entre sus sábanas, rodeado de sus cosas, rodeado de los residuos de su loción en el aire.
Recordó las manos de su capitán sobre su piel, acariciando su espalda, sus brazos, y sus labios igual de hambrientos que los suyos. Gimió y presionó la palma de su mano sobre su miembro que comenzaba a despertar dentro de sus pantalones. Rogaba porque Steve no lo hubiera escuchado desde el sofá, no sería bueno que lo descubriera con una erección en la cocina.
Respiró profundamente un par de veces y bebió un par de vasos de agua fría antes de salir dignamente de la cocina, con una semierección desaparecida casi en su totalidad, en dirección al lugar donde se encontraba su novio.
Steve había visto a Tony pasar a la cocina hace un par de minutos y estuvo observándolo disimuladamente detrás de su libro. Lo vio voltearse y fijó su vista en su espalda, lo escuchó gemir y mover uno de sus brazos hacia abajo; sus pupilas se dilataron y le pareció que la temperatura subía un par de grados en la habitación, lo cual era imposible estando en pleno otoño. Estaba seguro de que su novio estaba recordando la noche anterior y ver que el solo rememorarlo le arrancaba un gemido, le hizo acelerar su respiración.
Dejó de mirar a Tony y trató de concentrarse en el libro que tenía entre las manos, no quería tener que darse una ducha de agua fría otra vez, pero el genio tenía otra idea. Lo sintió acercarse al sofá y se reacomodó; se levantó un poco y lo observó.
Se sentó de espaldas a él y se acomodó entre sus piernas, con la espalda contra su pecho, el trasero directamente sobre su entrepierna y una de sus manos sobre su bien formado muslo, acariciándolo distraídamente. Tomó el libro de sus manos y le dio un vistazo antes de devolverlo.
― ¿Leerías para mí? ―Preguntó en voz baja.
―Por supuesto que sí, amor. ― Pasó ambas manos por sobre el pecho de Tony, acomodó el libro allí y comenzó a leer.
El millonario no era fanático de la historia post-guerra, pero entendía el hecho de que Steve quisiera ponerse al corriente sobre lo que había pasado en esos sesenta y cinco años que estuvo congelado. Le pidió que leyera porque le gustaba su voz y porque necesitaba sacarse esos nada castos pensamientos que había tenido todo el día de la cabeza, aun así no pudo evitar quedarse dormido por lo aburrido de la narración.
Steve estaba pendiente de Tony y se dio cuenta del momento exacto en que se quedó dormido sobre su pecho, pero no dejó de leer en voz alta hasta mucho tiempo después. Más tarde llevó al genio a su habitación y, más que nada por costumbre, se recostó a su lado pensando en qué hacer con sus deseos y sus miedos tontos hasta que se quedó dormido también.
•••
Se despertó desorientado, en medio de la oscuridad, abrazado a alguien. Ese alguien no podía ser otro más que Steve, pero eso que se presionaba contra su muslo no podía ser lo que creía que era. Se removió un poco y escuchó un suave gemido salir de la garganta del solado. Casi instantáneamente sintió como la sangre se acumulaba en la parte baja de su vientre y su miembro comenzaba a despertar. Volvió a moverse ligeramente, buscando alejarse del cuerpo cálido de Steve y así evitar la tentación, pero el rubio volvió a gemir cuando le rozó accidentalmente.
Afortunadamente y gracias a todas las fuerzas de la naturaleza, Steve se volteó hacia el otro lado y lo liberó de la tentación que era sentirlo tan cerca. Con mucho cuidado salió de la cama y de la habitación en dirección a la sala de estar, necesitaba un trago.
•••
Los días eran grises y la última semana no había parado de llover en Nueva York. Steve había cometido el error de ir a trabajar en la motocicleta y había tenido una discusión con Tony por esa razón. El primer día que se le ocurrió salir a recorrer las calles de Nueva York bajo la lluvia el genio lo encaró.
― ¡¿Se puede saber en qué demonios estabas pesando esta mañana cuando saliste en la moto en medio de la lluvia?! ―Le espetó en el mismo momento que se bajó del elevador en su piso, lo había estado esperando.
El rubio, mojado de la cabeza a los pies, lo miró con sorpresa y no atinó a responder.
―Yo te diré lo que estabas pensando, ¡en absolutamente nada! ―Le dio la espalda y comenzó a dar vueltas por la sala, el otro lo siguió un par de pasos para no perderlo de vista. ― ¿No pensaste que tal vez yo me preocuparía? He hecho muchas estupideces a lo largo de mi vida y sé reconocer una cuando la veo, Steve. No porque seas un súper soldado y hayas ganado la segunda guerra mundial significa que eres inmune a un accidente…
Estaba escuchándolo, pero de pronto se perdió en su postura y sus facciones y, simplemente, dejó de poner atención a sus palabras. El genio estaba parado frente a él con los brazos cruzados sobre el pecho, el ceño fruncido y los ojos fieros fijos en él mientras lo regañaba como a un niño pequeño que había estado jugando con fuego en la cocina. De pronto los brazos de Tony se movieron de su pecho, una de sus manos fue a dar a su rostro en un gesto cansado mientras seguía con su regaño y la otra solo dio algo parecido a un manotazo al aire. No pudo evitar acercarse y callarlo con un beso.
Su discurso sobre la irresponsabilidad que había tenido el soldado al andar en moto bajo la lluvia y su falta de consideración hacia él al preocuparlo de aquella forma fue cortado súbitamente con un apasionado beso que intentó no responder. Forcejeó con él, trató de alejarlo, pero sus manos fueron inmovilizadas; Steve atrapó sus muñecas con sus manos y rápidamente lo acorraló contra la pared más cercana, arrancándole un jadeo de sorpresa, y devoró su boca. El moreno no cedía, siguió forcejeando unos segundos más y trató de alejar su rostro de él, pero finalmente, luego de un minuto que pareció toda una vida, se dejó llevar y le devolvió el beso. Sus manos fueron liberadas y fueron a parar a las caderas del soldado, acercándolo a él, mientras que las manos del rubio fueron a parar a su cuello, inmovilizándolo y obligándolo a corresponder al beso con la misma intensidad y profundidad.
La ropa mojada de Steve, que tenía su cuerpo pegado al suyo, comenzó a mojar la suya y un escalofrío recorrió su cuerpo. Metió las manos dentro de su chaqueta y en un rápido movimiento se la quitó y la arrojó al suelo, donde cayó con un chapoteo, luego procedió a meter las manos bajo su camiseta, completamente adherida a sus marcados músculos, y la sacó por su cabeza para tirarla por ahí. Siguieron besándose y Steve, todavía cegado por la sensual imagen de un enojado Anthony Stark que lo regañaba, inconscientemente se presionó más contra su cadera, una y otra vez.
Un jadeo que terminó en un gemido le dijo al genio que era momento de detenerse y, con todo el dolor de su libido quemándole las venas, darle una lección al soldado; nadie rechazaba a Anthony Edward Stark, y menos en más de una ocasión. Se las arregló para encaminarlos a ambos, entre besos y caricias, hacia la habitación del rubio. Una vez allí, los dirigió a la puerta del baño, la abrió y empujó ligeramente a Steve dentro.
―Necesitas una quitarte esa ropa mojada, cariño. Date una ducha de agua caliente para quitarte el frío del cuerpo. ―Lo besó una última vez y cerró la puerta. ― ¡Que esta sea la última vez que sales en esa moto mientras llueve, ¿entendido?! ―Le gritó a través de la puerta y se alejó sin esperar respuesta.
El soldado se quedó con los ojos abiertos a más no poder y la boca entreabierta mirando la puerta. Luego de un minuto entero reaccionó y se quitó las zapatillas, los pantalones y el bóxer para, posteriormente, meterse en la ducha. No podía creer que Tony lo había detenido en lo mejor; le había encantado verlo en esa actitud de hombre responsable y un tanto dictador, al igual que cuando él se convertía en el Capitán América, dictando órdenes y regañando a medio mundo. Se había dejado llevar por la pasión en su mirada y la adrenalina que recorría su cuerpo después de hacer milagros en las transitadas calles sin chocar con nadie… no había podido evitarlo y ahora estaba excitado, congelado y confundido metiéndose bajo el chorro de agua caliente.
Negó con la cabeza y sonrió.
Al salir de la ducha se encontró con una cómoda tenida deportiva sobre la cama, se vistió y fue a la cocina para preparar algo de comer para su maravilloso novio.
Los otros días de esa semana aceptó usar uno de los autos del genio para ir a trabajar, aunque en más de una ocasión se vio tentado a usar su motocicleta solo para darse el gusto de verlo enojado otra vez y ver si esta vez la situación los llevaba a algo más.
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Steve iba a acabar con toda su fuerza de voluntad, estaba completamente seguro de ello. Luego de su estúpida idea de salir en moto bajo la lluvia y su posterior reprimenda que terminó en una acalorada sesión de besos, habían seguido jugando ese tira y afloja sin que ninguno de los dos quisiera dar el paso final.
No hablaban de ello, pero era obvio que había una extraña tensión sexual en el aire cada vez que estaban en la misma habitación, y el hecho de que fuera sábado, es decir, que Steve tenía el día libre, no ayudaba a que estuvieran menos tiempo encerrados en el mismo lugar.
Se había despertado solo, como cada mañana, en medio de su gran y cómoda cama; el rubio había ido a correr aprovechando que la lluvia de esa semana había cesado. Se levantó y se metió en la cocina para preparar algo de comer y sorprender a su pareja cuando volviera de hacer sus ejercicios matutinos. Decir que fracasó terriblemente era poco, por lo que guardó todo y se limitó a llamar por teléfono para pedir sushi.
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Luego del festín que se dieron con el sushi que el genio había pedido estuvieron toda la tarde recostados en el sofá de la sala mientras Steve le leía un libro al moreno, esta vez una novela policial que el mismo genio le recomendó. Al llegar la noche ninguno de los dos tenía ganas de dormir y quedarse en el sofá no era una opción, por lo que decidieron que ir al gimnasio y entrenar un poco era una excelente idea.
Ambos, ya vestidos con sus tenidas deportivas, se dedicaron a calentar un rato antes de entrenar.
―Espero que recuerdes lo que te enseñé. ―La burla impresa en cada sílaba.
― ¡Ja! ¿Lo que tú me enseñaste? Ya sabía lo que estaba haciendo mucho antes de que te descongelaran, anciano. ―Lo picó. ―Y no creas que porque ahora somos novios y te dije que te quiero voy a tener alguna consideración contigo.
El rubio dejó salir una carcajada y se acercó a él. Lo tomó por la cintura y lo apegó a su pecho.
―Yo tampoco tendré compasión contigo, cariño. ―Le guiño un ojo y lo besó fugazmente antes de soltarlo y ponerse en posición de defensa.
Lo miró con los ojos entrecerrados, una mirada llena de molestia; ese anciano anticuado estaba tratando de distraerlo con sus besos y sus ojos para obtener una ventaja. No iba a permitir que eso pasara, claro que no. Despejó su mente del beso que su novio acababa de darle y se puso en posición de ataque, no se dejaría ganar.
Tres horas después ambos estaban sentados en el piso, a pocos metros del otro, sudados, golpeados y muy, muy cansados. Este entrenamiento no había sido como los otros que habían tenido antes, en este entrenamiento ambos habían tenido ganas de golpear al otro y obligarlo a defenderse como era debido, sin contenerse; Tony quería liberar toda esa rabia que sentía por los rechazos de Steve, mientras que el soldado quería liberarse de toda esa frustración sexual que había acumulado a lo largo de esa eterna semana.
Sin camiseta y con el sudor corriendo a chorros desde sus frentes, sus torsos, bajando por sus espaldas hasta perderse en el borde de sus pantalones, ambos se miraron fijamente. Se retaban una vez más a continuar, retaban al otro a atacar, pero ambos estaban más que exhaustos y con esa fiereza que los consumía completamente disminuida.
Steve se levantó y tomó un par de toallas y dos botellas de agua, le tendió una de cada una a su novio y se sentó a su lado mientras se secaba el sudor. Se bebió todo el contenido de la botella mirando como el moreno se secaba y dejaba a la vista algunos hematomas que ya se estaban formando. El genio lo atrapó en su inspección y se miró el torso, gruñó algo inentendible y bebió un trago de agua.
―No me mires así, he estado peor y ni siquiera me duelen. ―Se tocó las marcas para complementar sus palabras. ― ¿Lo ves?
Sonrió y, sin importar que aún estaba completamente sudado, lo besó. Fue un beso largo, profundo y salado. Al separarse ambos rieron.
―Eso fue asqueroso, Steve. ―Rió. ―No vuelvas a hacerlo.
Sin hacerle caso, el rubio volvió a acercarse para besarlo lentamente.
―Eres un idiota, ¿lo sabías? ―Dijo el moreno entre besos.
Steve lo ignoró, se paró y lo levantó en un solo movimiento hasta ponerlo sobre su hombro. Caminó hacia afuera del gimnasio en dirección a la habitación de Tony y se metió con él en la ducha. Vestidos como estaban abrieron la llave del agua fría y se besaron un rato antes de que Steve considerara prudente salir y esperar su turno afuera.
•••
Cuando salió de la ducha, casi media hora después, Steve ya estaba listo. De seguro se fue a su piso mientras estaba en la ducha, pensó el moreno. Salió tan solo con una toalla alrededor de la cadera y se acercó a una de las cajoneras buscando su ropa interior; Steve lo observaba desde la cama, vestido tan solo con un pantalón deportivo, con un cuaderno de dibujos en el regazo y un lápiz entre los dedos.
Encontró unos bóxer que Rhodey le había regalado, a modo de broma, azules y con el escudo del Capitán América en la parte de atrás. Sonrió y sin siquiera pensar en lo que estaba haciendo, olvidando que había alguien más en la habitación que no le quitaba el ojo de encima, soltó el frágil nudo de la toalla y la dejó caer a sus pies. Escuchó un pequeño jadeo de sorpresa a sus espaldas y recordó que el soldado estaba recostado en su cama.
Desde donde estaba recostado, Steve tenía una perfecta vista del moreno rebuscando en la ropa de uno de los cajones, pero quedó totalmente en blanco cuando vio caer lentamente la toalla de su cadera y llegar al piso. Jadeó. No podía creer que estaba viendo a Tony completamente desnudo, al menos por la espalda. Su miraba se deslizó a lo largo de la espalda del genio hasta llegar a su abultado trasero y se deleitó observándolo. Se había dado cuenta de que su novio tenía un buen trasero, vaya que lo había notado, pero verlo directamente era algo más. Se mordió el labio inferior al ver que Tony se agachaba un poco, dándole una mejor vista, mientras se ponía un bóxer. No podría seguir siendo un caballero si seguía mirando esos glúteos de esa forma; debía recordar que apenas llevaban dos meses juntos y no sería correcto hacer todas las cosas que había pensado y repensado en su mente en los últimos días. No aún.
Sin inmutarse, se vistió y cuando terminó de subirse el bóxer escuchó una carcajada.
No había podido evitarlo. El momento había terminado, daba gracias por eso, y ver su escudo en el trasero de su novio lo hizo reír. Tony no se tomó su risa demasiado bien y se volteó a verlo con el ceño fruncido. Dejó sus cosas de lado, en la mesita de noche, y estiró una de sus manos hacia su novio, invitándolo a acercarse.
―Ven. ―Susurró.
Casi como si estuviera hipnotizado, Tony caminó hacia la cama sin despegar la mirada de los ojos azules de su novio, gateó sobre la cama hacia él y lo besó. No fue un beso hambriento como los días anteriores, fue uno lento y suave. Se recostó sobre él y siguieron besándose un rato más antes de acomodarse para dormir.
―Me gusta. ―Acompañó sus palabras con un apretón en su trasero.
― ¿Debo suponer que hablas de mi ropa? ―Su voz adormilada, pero con ese tinte coqueto que le caracterizaba.
Steve solo rió y volvió a apretar ligeramente en respuesta.
Lunes 18 de Septiembre, 2017.
