Hola a todo el mundo!
Es un mes nuevo y ya pasaron dos semanas, así que hoy nos toca actualización de Nuestra Historia. Si les gustó el capítulo anterior, les prometo que este les va a encantar ;)
Nos leemos en las notas finales.
Disfruten su lectura :D
Capítulo 31
De parques y llamadas telefónicas
Despertar con la mitad del cuerpo cubierto por el calor y peso de un súper soldado no era lo que esperaba esa mañana, pero no era algo de lo que fuera a quejarse. Aunque lo cierto era que Steve pesaba más de lo que aparentaba. Se removió cuidadosamente para no despertarlo, pero el abrazo que el rubio mantenía sobre él se afianzó.
―Hola. ―Su voz sonaba ronca y adormilada.
Antes de poder contestar, el soldado lo soltó y se levantó de la cama con una energía que su voz no había demostrado dos segundos antes. Lo miró por un instante de arriba abajo, se mordió el labio inferior al verlo estirarse y contraer todos esos gigantes músculos, y se dio media vuelta en la cama para seguir durmiendo.
―Buenos días. ―Murmuró debajo de las sábanas.
Steve observó el bulto bajo las sábanas y las retiró de un rápido movimiento.
―Steeeeve. ―Se quejó el millonario envolviéndose en sí mismo. Dejando a la vista del rubio su ropa interior.
El soldado aguantó una risa al ver nuevamente el bóxer con su escudo en él y le dio una ligera nalgada a su novio.
―Levántate, vamos a correr. ―Sentenció.
La cara de pocos amigos que puso Tony no tenía precio. Su ceño fruncido, los labios ligeramente separados, la mandíbula duramente apretada; Steve llegó a la conclusión de que, posiblemente, le gruñiría o le ladraría. No lo hizo. Simplemente se volvió a recostar y lo ignoró.
Se acercó a uno de los cajones y sacó una tenida deportiva para su novio, un par de calcetines y buscó las zapatillas de correr. Una vez tuvo todo listo volvió a la cama y se sentó junto al genio, quien había estado atento a sus movimientos y no se había vuelto a dormir.
―Vamos, Tony. Nunca hemos salido a correr juntos y… ―El genio se removió ligeramente para escuchar mejor. ―Tal vez podemos… no lo sé, compartir la ducha más tarde. ―Dijo con un ligero sonrojo que el genio no pudo ver y el tono de voz más neutro que pudo lograr.
La idea se implantó en su cerebro y creció rápidamente, como un virus. No podía haber escuchado bien. Steve no podía estar proponiendo lo que él creía que estaba proponiendo. Era imposible que su virginal y anticuado novio estuviera sugiriendo compartir la ducha. Juntos. Desnudos. Desnudos juntos dentro de una ducha. Eso no estaba pasando.
No estaba seguro de por qué había sugerido eso, pero la noche anterior se había quedado con ganas de acompañar al moreno en la ducha. Después de todo ya compartían la cama, y la noche anterior lo había visto completamente desnudo; debía admitir que era algo que estaba deseando desde hace ya varias semanas. Era una buena idea y podía notar que Tony estaba considerándolo también.
―Iré. ―Dijo mientras se levantaba. ―Pero solo para que después no digas que soy un mal novio y no te acompaño a tus rutinas de ejercicio. ―Terminó dignamente después de subirse el pantalón de deporte, de espaldas a él para que no viera la expresión en su rostro y el ligero sonrojo en sus mejillas.
Lo vio vestirse y bajó a buscar ropa a su piso. Ahora que lo pensaba bien, era incómodo dormir en la misma habitación y tener que ir a su piso a buscar ropa, pero no dijo nada. No era el momento para eso.
•••
Apenas y podía dar un paso más. Sudaba copiosamente, sus pulmones estaban a punto de colapsar y su corazón amenazaba con salirse de su pecho por culpa del intenso ritmo que, inconscientemente, el rubio imponía y él trataba de seguir. Lo único bueno de ir un poco rezagado, y la mayor motivación para continuar corriendo, era que tenía la mejor vista de todo Central Park frente a sus ojos: Steve "el súper soldado con el mejor trasero" Rogers.
Pero como todo ser humano normal, sin súper suero ni nada parecido, Tony se cansó y comenzó a detenerse moviendo los brazos de forma muy poco elegante. Finalmente se detuvo y afirmó sus manos en sus rodillas, hizo un movimiento con la mano que indicaba claramente que ya no le importaba y ahí se quedó, tratando de recuperar el aire.
―Oh… estoy muy viejo para esto. ―Dijo entre jadeos.
Steve se percató en el momento preciso en que Tony dejó de correr al mismo ritmo tras él, comenzó a bajar la velocidad y se devolvió. Al verlo parado allí, doblado sobre sí mismo y sudando a mares, se sintió un poco culpable; a veces olvidaba que nadie podía seguir su ritmo. Se paró frente a él y lo observó cruzado de brazos, esperando a que su novio recuperara el aliento.
―Aún no te pongo en mi testamento, así que deja de mirarme mientras esperas mi muerte, Rogers. ―Dijo medio en broma y un tanto molesto de que el rubio lo viera en su peor momento.
Como no escuchó respuesta por parte del soldado, pero aún sentía su pesada mirada sobre él, levantó la cabeza y lo miró. Debió esperarlo. Steve tenía esa cara que decía "deja de hablar estupideces, Stark" y esa ceja alzada que lo hacía ver completamente incrédulo, harto de sus comentarios y esa sonrisa ladeada tan condenadamente sexy… ese maldito gesto multifuncional. No era justo que después de correr tanto aún se viera tan bien; ¡parecía que el sujeto ni siquiera sudaba! Si no lo hubiera visto sudar con sus castaños ojos en el gimnasio, en verdad lo creería de esa forma.
―Ahora deja de mirarme así, ―se levantó y enfrentó su mirada― a menos que quieras que te bese frente a todo el mundo.
Condenada sonrisa, pensó.
Steve lo miró extrañado. Tony comenzó a caminar y él solo atinó a seguirlo.
―Por si no te has dado cuenta, ese gesto que haces cada vez que digo a hago algo estúpido es molesto, es… irritante y es… endemoniadamente sexy. ―Terminó en voz baja.
Siguió caminando en dirección a un gran espacio verde y libre de personas, mientras Steve procesaba sus palabras y se sonrojaba. Nunca se había puesto a pensar en sus gestos y mucho menos en lo que producían en Tony. Sonrió y lo siguió un poco más hasta que el genio llegó al centro de aquel vacío espacio y se dejaba caer de espaldas, con ambos brazos abiertos.
Suspiró sonoramente. Steve se sentó a su lado, un metro más allá.
― ¿Estás bien? ―Soltó luego de un minuto de silencio.
―Viviré, sí. ―Su respiración más normal, pero aún alterada. ―Tu ritmo es implacable, cariño. Estaba dispuesto a seguirte un par de metros más para poder observar…― lo miró de arriba abajo, hizo un sonido de apreciación, se mordió el labio inferior y le guiñó un ojo―… te, pero estoy muy viejo para seguirte el paso.
―No estás viejo, Tony. ―Dijo ignorando el ligero sonrojo que cubría su rostro ante la anterior mirada de su novio. ―El problema es que a veces olvido que nadie puede seguir mi ritmo… aunque lo has hecho bastante bien. ―Le dedicó una sonrisa llena de cariño y orgullo.
Esa maldita sonrisa otra vez. Cada vez que Steve le sonreía así le daban ganas de abrazarlo contra su pecho y jamás dejarlo ir. Miró hacia el otro lado y se volteó en el pasto quedando sobre su abdomen. Respiró profundamente un par de veces y en un rápido movimiento se puso de pie y adoptó la posición de ataque.
―Vamos, anciano. Ahora me toca darte una paliza. ―Dio un par de pasos hacia atrás y lo miró desafiante desde su posición más alta. ―Dame lo mejor que tengas, guapo. ―Le guiñó coquetamente.
Sin dudarlo ni un segundo se levantó y se puso en posición de ataque también, sonriendo.
―Como usted diga, Señor Stark. Le daré lo mejor que tengo.
Sus palabras y el tono de su voz le calentaron la sangre, pero ahora tenía que concentrarse en ganar esa pelea, ya más tarde podría arreglar otro tipo de cuentas con el rubio… cuando compartieran esta tan anhelada ducha juntos.
Comenzaron con golpes suaves y casi al aire. Poco a poco los golpes buscaron el cuerpo del otro y, a medida que los minutos pasaban, la gente que pasaba a esa hora por aquel sendero del parque se detuvo a observar a dos de los Vengadores entrenar en una pelea cuerpo a cuerpo. Era realmente un buen espectáculo; uno que otro adolescente sacó su celular para grabar la situación.
Sin percatarse de lo que pasaba a su alrededor, ambos siguieron peleando. El sudor comenzó a bajar por la frente del rubio y Tony, que ya estaba completamente sudado luego de correr, esquivó uno de sus golpes pasando por debajo de su brazo derecho, se sacó de un rápido movimiento la sudadera y la camiseta, y se secó el sudor de la cara, para seguir peleando.
El público del parque quedó asombrado al ver al famoso Tony Stark sin camiseta, pero guardaron silencio mientras observaba el siguiente movimiento.
Steve se volteó y vio a toda la gente que se había aglomerado tras ellos, pero no les dio importancia; estaban lejos y no podían oírles.
―Si estás tratando de distraerme, Stark, te aseguro que no funcionará. ―Su tono burlesco.
― ¡Ja! En tus sueños, querido. Como si necesitara de trucos sucios para ganarte en una pelea. ―Dijo con autosuficiencia.
Ambos sonrieron orgullosamente y retomaron posiciones.
El primer golpe de Tony fue directo a su abdomen. Casi certero, pues Steve retrocedió justo a tiempo y pudo escuchar el aire cortándose frente a él. Definitivamente el moreno se lo estaba tomando en serio, eso le gustó. Golpeó el brazo del genio con su antebrazo, quitándolo de en medio y dejando el camino libre para que su mano derecha, totalmente abierta, golpeara el centro del pecho el moreno. Ese golpe lo dejó sin aire por una fracción de segundo, pero, una vez recuperado, sonrió; Steve no estaba siendo blando con él y eso era lo que quería, quería una pelea en serio.
Un puñetazo en su rostro, una patada en dirección a su costado izquierdo que apenas y logró frenar con su brazo; Tony iba en serio y se estaba luciendo frente a él y ante la multitud. Después de todo, el millonario vivía para el público, aunque Steve no estaba seguro de que eso le gustara. Vio su oportunidad cuando Tony estuvo demasiado cerca, sus pies demasiado juntos, su respiración agitada, se agachó y de una simple patada barrió a su moreno favorito y lo envió directo al suelo.
Tony gruñó. Eso no se lo había esperado.
Un jadeo colectivo se escuchó a sus espaldas y al levantar la vista vio a Steve quitándose la camiseta sudada y lanzándola sobre la suya, que había quedado olvidada unos cuantos metros más allá. Se deleitó con la vista un momento y luego se levantó.
―Que te quede claro que esto no se va a quedar así, Capitán. ―Su voz desafiante, intensa. Su mirada fiera.
―Demuéstramelo. ―Lo incitó.
Avanzó un par de pasos y comenzó a golpearlo tal y como el rubio le había enseñado. Había aprendido mucho observándolo y mucho más en los entrenamientos que habían tenido en el gimnasio. Había aprendido sus movimientos y se había percatado de sus puntos muertos durante un ataque; incluso ya podía predecir algunos de ellos. Esos eran los beneficios de ser un genio.
Sonrió mientras dejaba que el puño de Steve llegara demasiado cerca de su cuerpo, lo tomó de la muñeca, giró sobre sí mismo y lo levantó por sobre su espalda, lanzándolo un par de metros más allá.
Una exclamación de sorpresa se escuchó, proveniente de la gente que los observaba.
Sintió la frescura del pasto en su espalda y ahí se quedó, con ambos brazos estirados y las piernas separadas, una rodilla en alto. De pronto y sin explicación alguna comenzó a reír a carcajadas. Tony caminó un par de pasos hacia él y se inclinó un poco mirándolo a la cara y con expresión de extrañeza. Cuando el rubio abrió los ojos vio a su novio de cabeza sobre él y sonrió.
―Te diste duro en la cabeza. ―Dijo negando y con un tono desaprobatorio. ―La próxima vez seré más suave contigo, cariño. ―Su tono burlón.
Poco a poco dejó de reír y lo miró directo a los ojos.
―Aprendiste a leer mis movimientos. Nadie había hecho eso antes.
Tony se puso a su lado y le ofreció una mano para levantarle. Una vez de pie lo miró con ese gesto prepotente de "soy Tony Stark, ¿qué esperabas?".
―He pasado las últimas semanas, sino es que meses, observándote, Steve. Era obvio que pasaría, pero no te preocupes, no contaré tus debilidades a nadie. ―Le guiñó y se volteó en busca de su ropa.
La camiseta y la sudadera estaban húmedas, por lo que se las echó al hombro y comenzó a caminar. Le tiró la camiseta sudada a Steve directo en la cara con una carcajada a punto de escapar de sus labios al ver la falsa expresión irritada del rubio. Caminó sin preocuparse si el otro lo seguía, sabía que lo haría, y salió del área verde donde habían entrenado. A medida que pasaba escuchó frases como "buena pelea" o "un espectáculo digno de verse" y cosas por el estilo, solo sonrió. Afortunadamente nadie se acercó a pedirle fotos, no estaba presentable para eso y tenía una imagen pública que cuidar.
Lo siguió entre la gente y se alegró de haber compartido ese momento con él. Estaban juntos en público, como amigos, pero estaban juntos y eso era lo importante. Le encantaría gritarle al mundo que estaban juntos, pero no estaba listo para algo tan grande y al parecer Tony tampoco lo estaba; podía percibir su incomodidad.
Se adelantó un poco y caminó junto a él en silencio en dirección a la torre.
•••
El viaje en el elevador fue silencioso también, cada uno estaba sumido en sus propios pensamientos. Steve pensaba en cuando sería el momento en que ambos se sentirían lo suficientemente seguros para hacer su relación pública, y no pensaba en decírselo al mundo, sino en contarlo a sus amigos, al equipo; hasta ahora el único que sabía de su relación era Sam, pensó. Mientras él pensaba en ello, el genio millonario pensaba en su tan anhelada ducha junto al soldado.
Había esperado meses a que algo así ocurriera entre ellos. Sí, es cierto que no quería abrumar al rubio anticuado que tenía por pareja con sus arranques de playboy, pero lo deseaba desde hace tanto tiempo… desde esos sueños húmedos en que ni siquiera sabía quién era el culpable de sus acaloradas fantasías. Lo había querido en su cama desde antes de saber que lo quería y ahora que estaba seguro de lo que sentía por él, no hallaba la hora de demostrárselo. Quería… no, necesitaba hacer el amor con Steve. Necesitaba demostrarle todo lo que era capaz de sentir por él y que el soldado se lo demostrara también. Este era el momento. El mismo Steve había propuesto lo de la ducha juntos.
Al llegar al piso del rubio el elevador se detuvo y abrió sus puertas. Salieron lentamente y, como si lo hubieran planeado, se acercaron buscando sus bocas desesperada y necesitadamente. El moreno tiró lejos la sudadera y la camiseta que traía al hombro y sacó de su camino la húmeda camiseta que Steve traía puesta. Se abrazaron y volvieron a besarse. Los brazos de Tony rodeaban la cintura del rubio, mientras este se aferraba a su rostro con ambas manos para evitar que se alejara y así profundizar el beso.
Inconscientemente caminaron en dirección a la habitación del rubio y se detuvieron justo en el centro. Se miraron a los ojos y sin decir una palabra siguieron avanzando hacia la cama. Steve se sentó en la cama y las manos del moreno lo empujaron por los hombros hasta recostarlo sobre el colchón. Lo miró desde su posición en la cama, Tony puso una de sus rodillas junto a su cuerpo y, con ambas manos sobre la cama, a ambos lados de su cabeza, comenzó a descender y se recostó sobre su trabajado torso; acarició la mejilla de Steve con su nariz y tentativamente buscó sus labios sin llegar a besarlo realmente.
Las manos de Steve viajaron por la espalda de Tony, acariciando, apretando, reconociendo su piel. Buscó los evasivos labios del hombre sobre él una y otra vez hasta que lo besó. Lo atrapó en un beso demandante y apasionado, buscando el dominio de las caricias. La lengua de Tony invadió su boca y pudo sentir su calor buscando la suya y sin poder resistirlo la atrapó entre sus labios y, en un movimiento instintivo, succionó. Un jadeo mezclado con un gemido escapó de la boca de su compañero y recibió un mordisco en el mentón, otro en la línea de su mandíbula, otro y otro más hasta sentir un cálido aliento en su oído, y un último mordisco en el lóbulo de su oreja que lo hizo temblar.
Giraron juntos hacia el centro de la cama, Tony aún sobre Steve, y siguieron besándose y acariciándose. De pronto se olvidaron de la ducha y de sus inquietudes y comenzaron a frotarse contra el otro en busca de algo. No sabían exactamente que buscaban, pero lo estaban encontrando. La mano derecha de Tony se aferró a sus cabellos y tiró de ellos obligándole a extender su cuello, sus labios besaban y mordían deseosos su piel expuesta. Steve dejó escapar múltiples jadeos y gemidos causados por la atención en su cuello y la deliciosa sensación de tener a Tony sobre él. Llevó sus manos a los glúteos de su novio e impuso un ritmo lento y profundo a sus caderas; pudo sentir algo duro contra su entrepierna y sonrió, moviendo sus caderas al mismo ritmo.
―Tony. ―Dejó salir en medio de un jadeo sin dejar de moverse.
El moreno mordió con fuerza uno de sus pectorales y luego depositó un beso sobre la marca de sus perfectos dientes. Sentía su miembro erecto y duro contra el de Steve y de pronto algo de cordura pareció emerger entre la nube de placer en la que se encontraba envuelto.
―Steve…― Se acercó a su rostro buscando su mirada.
Los labios de Steve le robaron un nuevo beso acalorado y profundo. Se separó con dificultad e intentó recordar lo que iba a decir, pero la deliciosa sensación de sentir a Steve duro y caliente contra él ganó y dio una embestida contra él haciéndole gemir profundamente. Debía concentrarse.
―Lo siento, Steve… no deberíamos-
―No. ―Lo calló con un beso.
Giró sobre él atrapándolo entre el colchón y el calor de su cuerpo, besándolo profundamente.
―No lo sientas. ―Jadeo las palabras contra su boca.
Acarició sus pectorales y llevó las manos al rostro de su soldado obligándole a mirarlo a los ojos. Pudo ver sus pupilas dilatadas, sus ojos encendidos, su mirada profunda como nunca antes.
―No quiero que te dejes llevar y luego te arrepientas. ―Al ver la mirada confundida del rubio continuó. ―Sé que en el pasado las cosas no se hacían igual que ahora y no quiero que…
Steve lo pensó un segundo y comprendió lo que el genio quería decir, pero no era así como él pensaba. Sí, era cierto que tenía muy arraigadas sus costumbres de los años cuarenta, pero con Tony era diferente. Había sido diferente desde el primer beso. Nunca había sentido algo tan correcto como querer estar con Tony, y quería estar con él en todos los sentidos. Le enternecía que se preocupara por él y sus principios, eso le hacía quererlo aún más, pero ya había esperado demasiado y quería continuar con lo que tantas veces habían iniciado.
―Te quiero, Tony. ―Lo miró con seguridad a los ojos. ―Y no me arrepentiré.
Antes de que pudiera responder algo los labios de Steve lo silenciaron y se dejó llevar, pero como su suerte no podía ser tan buena… justo ahora que tenía a su súper soldado listo y dispuesto sobre él, besándolo con pasión y necesidad, acariciándolo por todas partes y frotando su entrepierna contra la suya, su más brillante creación los interrumpió.
―Lamento interrumpir, pero hay una llamada urgente del Coronel Rhodes para usted, Señor. ―La voz de JARVIS sonaba casi arrepentida de haberlos interrumpido.
Steve sonrió con desgana y se alejó del cuerpo de Tony, levantándose de la cama. El moreno se apoyó sobre sus codos y lo miró atentamente; el rubio caminó en dirección al baño.
― ¿A dónde vas? Rhodey puede esperar.
Se volteó y le dedicó una mirada un tanto seria.
―Si JARVIS dice que la llamada es urgente debes atenderla. Te espero en la ducha, Tony. ―Le guiñó y cerró la puerta del baño tras de sí.
El millonario miró la puerta por un par de segundos y se dejó caer en la cama dejando salir un suspiro de frustración. Siempre había algo que los interrumpía: su conciencia, los principios de Steve y ahora Rhodey. Esperaba que luego de la llamada pudieran continuar en la ducha lo que dejaron a medias en la cama. Suspiró una vez más y rodó los ojos, hace un buen tiempo que no hablaba con Rhodey.
―Conecta la llamada y ponla en altavoz, J, pero sin video, no estoy presentable. ―Sonrió al pensar en la razón.
― ¿Tony?
―Más vale que sea tan urgente como dices, Rhodey, porque estaba en algo muy importante.
―Tony, lamento si te interrumpí mientras estás con una chica, ―el moreno rodó los ojos―pero creí que te interesaría saber esto. Interceptamos un misil proveniente de Afganistán en dirección a Irak.
― ¿Y eso que tiene que ver conmigo, por qué me interesaría?
―Lo revisamos y es una réplica del misil Jericó, Tony. Tiene algunas modificaciones, pero es el mismo. Creemos que podría tratarse de lo que quedó de los Diez Anillos o algunos imitadores, no estamos seguros. Lo cierto es-
―Que esos bastardos tienen mis planos y están replicando las armas que tanto luché por hacer desaparecer. ―Dijo con rabia, levantándose de la cama. ― Yo mismo me encargaré de destruir esos planos. Te veo en la base en una hora, Rhodey.
La llamada se cortó y se llevó una mano a la barbilla, pensando. Entró al baño, se desnudó y abrió la puerta de vidrio de la ducha. Steve se volteó a verlo y de inmediato se dio cuenta de que algo malo había pasado. Buscó su mirada y al no encontrarla lo atrajo bajo el agua y juntó sus frentes.
― ¿Pasó algo malo? ―Dijo con suavidad.
Tony lo miró a los ojos, con el agua cayendo sobre ellos.
―No creí que la primera vez que compartiéramos la ducha fuera de esta forma, sabes. Esperaba algo más apasionado; tal vez empujarte contra los azulejos y comerte a besos…―Sonrió con tristeza y lo besó brevemente. Suspiró con pesar. ― ¿Recuerdas cuando te conté lo de Afganistán hace unos años? ―Steve asintió.― Bien, Rhodey me dijo que es probable que una versión 2.0 de los Diez Anillos tenga mis planos del misil Jericó, y quien sabe cuántos otros, y lo están usando para atacar.
La cabeza de Tony cayó con pesadez en el centro del pecho de Steve, este llevó una de sus manos a su nuca y acarició sus cabellos. De pronto volvió a escuchar la voz amortiguada del moreno.
―Dejé de producir armas para que cosas como esta no volvieran a pasar y resulta que ahora esos malditos bastardos están usando mis planos para seguir causando daño. Debo detenerlos.
Ignorando sus malas palabras, el rubio solo pudo intentar imaginar lo que Tony sentía. Sabía perfectamente lo mucho que le había afectado su secuestro en Afganistán y lo que pasó después, él mismo sabía de primera mano lo que las armas y las guerras traían consigo, pero él es un soldado, Tony seguía siendo un civil que solo quería hacer del mundo un lugar mejor. Notaba cuanto le afectaba y estaba seguro que la situación le hacía sentir culpable, porque, después de todo, se trataba de sus planos. Rodeó al genio con sus brazos y lo abrazó contra su pecho.
―Los detendrás, estoy seguro de que lo harás, amor. ―El moreno lo miró a los ojos al escuchar la confianza con la que sus palabras se escuchaban. ―Iré contigo.
Tony no sabía cuánto quería escuchar esas palabras hasta que salieron de los labios del rubio. Estaba esperando que lo dijera y, cuando lo hizo, algo se apretó en su corazón. Una sensación cálida. Steve no solo confiaba en él, sino que estaba dispuesto a acompañarlo y ayudarlo en lo que fuera. Sonrió y lo besó, abrazándose a su espalda.
El hecho de que sus cuerpos desnudos estuvieran en total contacto con ese abrazo pasó a segundo plano.
Terminaron de bañarse y salieron juntos a la habitación.
―Necesito ropa. ―Mencionó mientras el soldado se vestía.
Se acercó a uno de los cajones y sacó una camiseta, se la puso y se volteó con cara de fastidio.
―Esta cosa me queda enorme. ―Tomó un pantalón de deporte y se lo puso también. ―Y esto me aprieta. ―Rezongó tirando del elástico en sus caderas.
Ya vestido, Steve se acercó y lo acercó a su cuerpo tirando de la camiseta.
―Te ves bien. ―Lo besó. ―Te ves muy bien. ―Besó su mejilla.
―Claro. ―Rodó los ojos. ―Vamos, tengo que cambiarme. Sería sospechoso si aparezco en la base con tu ropa. Toma tu escudo, el traje nuevo está en el quinjet.
Caminó fuera de la habitación y el rubio lo siguió. Quince minutos después ambos salían de la torre en el quinjet en dirección a la base de la Fuerza Aérea en Washington DC.
Las cosas cada vez se ponen más calientes entre estos dos, pero como sieeeempre la autora es malvada y los detiene en lo mejor. Lo sé, me odian, pero me aman. Cosas de la vida. Ya se darán cuenta de que todo esto tiene un propósito, no estoy segura de cuál es, pero bueh... xD
Ya saben que si les gustó me pueden dejar un review y yo seré muy feliz, sonreiré como tonta cuando lo lea en mitad de una clase o cuando vaya en el metro, y la gente me mirará raro, pero valdrá la pena. Créanme :)
Nos leemos pronto.
Besos.
Bye :D
Lunes 02 de Octubre, 2017.
