Hello!

Me alegra tanto poder estar aquí hoy. Estuve tan enferma el fin de semana que pensé que no iba a sobrevivir... en fin, lo importante es que estoy aquí. Les tengo una sorpresa, pero lo diré al final.

Nos leemos en las notas finales.

Disfruten su lectura :D


Capítulo 32

Misiones


Llevaba meses juntando las cosas necesarias para hacer el viaje y aún le faltaba más o menos un cuarto de lo que había calculado. Caminó de vuelta de la tienda en dirección a su pequeño departamento con un par de bolsas en su mano izquierda y un paraguas en la otra. Si calculaba bien, y cuidaba lo que tenía, en más o menos un mes y medio podría partir a Siberia. Necesitaba gastar menos del poco dinero que tenía.

Caminó un par de metros más y escuchó un maullido lastimero salir de un callejón. Se detuvo y caminó hacia el constante quejido, se agachó junto a un pequeño gato de color negro que cojeaba; una de sus patas delanteras estaba lastimada. Sabía que no podía tener más gastos, pero el pequeño animal le recordaba tanto a sí mismo: solo, herido y sin nada que hacer en este mundo.

―Tienes suerte, pequeño. Eres como yo. ―Cambió el paraguas de mano y lo recogió. ―Los animales heridos debemos ayudarnos entre nosotros, ¿no es así? ―Lo llevó contra su pecho y salió del callejón.

El gato maulló y se restregó contra la calidez de su pecho; estaba mojado, frío, herido y asustado.

Lo llevó a su departamento e hizo el mejor esfuerzo en curarle la pata herida, luego lo secó cuidadosamente con una toalla y le dio un poco de leche tibia. Guardó las cosas que había comprado y se fue a la habitación para dormir, debía levantarse temprano para trabajar. Al rato después el gato llegó cojeando junto a su cama y maulló un par de veces, lo miró y lo levantó para ponerlo sobre el colchón. El gato se acomodó junto a él y lo miró con sus intensos ojos amarillos.

―Si supieras todo lo que he hecho, pequeño amigo… si lo supieras no te atreverías a quedarte conmigo.

El felino lo miró como si entendiera sus palabras y lamió su mejilla, luego se recostó y cayó dormido. Al menos ahora tengo a alguien, pensó antes de quedarse dormido también.

•+•+•

Llegaron a la base cinco minutos antes de lo esperado, se besaron una última vez antes de salir del quinjet y comenzar a actuar como si solo fueran amigos y no hubieran estado a punto de hacer el amor hace menos de una hora.

El Coronel James Rhodes los esperaba en la pista de aterrizaje, recibió a Tony con un abrazo y con un saludo militar a Steve.

―Capitán.

―Coronel. ―Steve levantó su mano a su frente también.

―Sí, sí, Steve, Rhodey, mucho gusto y blah, blah. Dejemos las formalidades aburridas de militares para otro día, tenemos un asunto importante que atender. ―Diciendo esto comenzó a caminar sin importarle si los otros le seguían.

Steve sonrió y negó con la cabeza, adoraba a ese hombre y sus comentarios irreverentes. Comenzó a caminar detrás de él en silencio.

Rhodes, en cambio, se adelantó y caminó a la par del moreno.

― ¿Qué hiciste con la chica?

― ¿Chica? ¿Qué chica? ―Lo miró extrañado.

―Creí que estabas con una chica.

―No, claro que no. Estaba a punto de meterme a la ducha, Steve me invitó a correr esta mañana y fuimos a Central Park, ―dijo distraído― estaba a punto de darme un baño cuando llamaste.

El Coronel hizo un sonido de comprensión.

―A todo esto, ¿qué hace él aquí? ―Apuntó hacia atrás con uno de sus dedos.

―Vino a ayudar, claro está. Es un soldado entrenado, muy bien entrenado por lo demás, ¿sí sabes que peleó en la segunda guerra, verdad? Incluso, creo que ganó. ―El otro lo miró irritado ante la forma en que habló, claro que lo sabía. ―Bien, pues como siempre quieres que esté bajo supervisión militar en una zona de guerra… lo traje para que sea mi niñera.

Steve, que había escuchado toda la conversación, rió ante sus últimas palabras.

― ¿No es así, Steve? ―Alzó un poco la voz.

―Yo creí que ya estabas lo suficientemente mayor para necesitar una niñera ―Alzó una ceja que ninguno de los dos pudo ver, pero que Tony pudo imaginar perfectamente por el tono de su voz. Ese gesto siempre acompañaba a esa voz socarrona.

Touché.

El millonario soltó una carcajada.

―Bien, ¿cuándo nos vamos? Supongo que el misil intersectado no está aquí y necesito verlo. ―Su voz cambió a una más seria y su rostro se ensombreció. ―También necesito la trayectoria de lanzamiento para poder encontrarlos, detenerlos y recuperar mis planos.

―No tenemos la trayectoria completa del misil, Tony. Cuando intentamos rastrearlo solo aparecía un área de lanzamiento general, una zona muy amplia, por eso sabemos que salió de Afganistán. No sabemos nada más.

―Esos imbéciles hijos de-

―Tony. ―Dijo Steve en tono de advertencia.

El moreno se volteó a verlo.

―Lenguaje.

― ¡Dioooos!, eres irritante. ―Se quejó y rodó los ojos. Steve le sonrió. ―Me robaron, Steve. ―Dijo con voz infantil, luego su voz se endureció. ―Están utilizando mis planos para lastimar personas inocentes, no se merecen nuestra consideración.

El Coronel observó con atención el intercambio, ligeramente interesado, pero decidió que era más importante el misil y detener a esos terroristas.

El resto del corto trayecto, Tony se la pasó refunfuñando en contra de los tipos que habían robado sus planos. Llegaron a una especie de sala de reuniones y comenzaron a planear qué hacer.

•••

Cuando salieron de la torre, Tony pensó que la situación se solucionaría rápidamente y que tal vez estarían en casa para la cena y podría terminar lo que había empezado con Steve más temprano, pero no. Se había equivocado terriblemente.

El plan fue, ya que no sabían la ubicación de los Diez Anillos versión 2.0, quedarse en un campamento de la Fuerza Aérea en las afueras de Afganistán y realizar misiones de reconocimiento para encontrarlos. ¿El problema? El problema fue que no tuvo la continuación que tanto quería con Steve, tuvieron que hacer una parada en la torre para buscar ropa para, al menos, una semana y no podría dormir con su súper soldado, pegados el uno al otro, en la misma cama, por todo el tiempo que durara la dichosa misión. Esta sería, sin lugar a dudas, la peor misión en la que hubiera estado.

Steve, por su parte, no se lo tomó tan mal. En cierta forma le molestaban las mismas cosas que al genio, pero le agradaba el hecho de tener una misión luego de tanto tiempo. Después de todo él era un hombre hecho, literalmente, para la acción. Aunque debía admitir que casi había cedido a la débil petición de Tony de desertar de la misión cuando pasaron por sus cosas a la torre.

―Tal vez deberíamos dejarle la misión a Rhodey y sus soldados. Ellos conocen el lugar y están totalmente cualificados para esto… así podríamos volver a lo que dejamos a medias esta mañana. ―Dijo con los brazos rodeando su cintura y depositando un beso en su cuello.

Casi se deja llevar por las tácticas del genio, pero sabía tan bien como el mismo Tony que no se sentiría tranquilo hasta solucionar la situación por sí mismo. Ninguno de los dos estaría tranquilo. Tony necesitaba recuperar o destruir esos planos con sus propias manos y él iba a ayudarle a hacerlo.

―Quieres ir, Tony, y no seré yo quien te lo impida. ―Atrapó sus labios en lo que se convirtió en un profundo beso que los dejó sin aliento. Al separarse el moreno juntó sus frentes.

―Ahora creo que te quiero un poco más que antes. ―Abrió sus ojos y miró esos profundos pozos azules. ―No sé lo que me has hecho, amor, pero me gusta. ―Le dio un corto beso. ―Te quiero.

―También te quiero, Tony.

Sonrió al recordar su conversación. Miró al frente y vio a Tony concentrado en una pantalla llena de mapas y trayectorias de vuelo.

Un par de horas después aterrizaron en la base de la Fuerza Aérea. Tenían media hora antes de partir, por tierra, al campamento en el que se quedarían el tiempo que tardaran en encontrar los planos.

•••

Cuando vas a una misión en medio de la nada, en medio del desierto, lo normal es ir con al menos seis compañeros e idealmente ninguno de ellos debe ser tu novio. Menos aún deberías ir de misión con un solo compañero y que además resulte ser tu novio. Tony aprendió que tener a Steve cerca no solo era un seguro de vida, sino que también sería el boleto de ida a su primer ataque cardíaco desde que se deshizo del reactor, y esta vez sería fatal.

Steve se preocupaba mucho por su seguridad, pero no pensaba en las consecuencias que sus estúpidos actos heroicos traían consigo. Está bien, había salvado a un niño que no debía tener más de dos años de ser acribillado por un escuadrón enemigo, pero casi lo había matado del susto al ver como una lluvia de balas caía sobre ellos. Rápidamente sus instintos de Iron Man se pusieron en marcha y dejó fuera de combate a todo el batallón enemigo, pero el miedo seguía presente en su cuerpo y el ritmo de su respiración competía con el latir de su corazón.

Una vez estuvieron de vuelta en el campamento esperó a que el improvisado equipo médico le revisara y, cuando todos salieron y los dejaron solos, le echó en cara su imprudencia.

― ¿Se puede saber en qué demonios estabas pensando cuando te pusiste a tiro de todos esos soldados? ―Le espetó.―Yo te lo diré: en nada. Ni siquiera pensaste en… ―Se detuvo y gruñó de pura frustración. ―Me asustaste, Steve. Te vi bajo esa lluvia de balas y pensé que algo realmente malo podría pasarte.

Steve lo miró directo a los ojos en todo momento y se sintió culpable al ver el intenso brillo de preocupación en esos ojos color caoba que tanto le gustaban, al escuchar la profunda preocupación y miedo presentes en su voz. Tony apartó la mirada y él se acercó, alzó su barbilla con suavidad y lo besó profundamente. Lo besó para transmitirle la seguridad que necesitaba y para asegurarle que estaba ahí, con él, para mostrarle que no le había pasado nada malo, para demostrarle lo mucho que lo quería. Cuando se separó de sus labios buscó inmediatamente su mirada.

―Lo siento, Tony, en verdad lo siento. Yo… no lo pensé. Cuando vi a ese pequeño en medio de la nada solo quise protegerlo y olvidé que allí me convertiría en un blanco fácil. ―Sonrió levemente. ―Afortunadamente Iron Man estaba ahí para salvarme.

El genio lo miró con cierto enojo, pero luego rió.

―No estaré ahí todo el tiempo para salvar tu pellejo y más vale que lo sepas. Debes cuidarte porque hay algo que dejamos a medias y yo nunca dejo las cosas a medias. ―Alzó las cejas sugerente y le guiñó con coquetería. Steve se sonrojó un poco.

Se separaron y el moreno fue directo al camastro donde estaba el traje y el escudo para revisarlos. El escudo estaba en perfecto estado, como era de esperarse, pero el traje tenía unos cuantos rasguños allí donde las balas habían alcanzado el cuerpo de Steve. Lo miró por un segundo más antes de levantarse y caminar hacia la armadura bajo la atenta mirada del rubio soldado.

―Si no deja de mirarme así, Capitán, me veré obligado a tomar cartas en el asunto. ―Dijo risueño.

Steve sonrió ante sus palabras. Había algo que le gustaba, algo que le removía las entrañas, cuando Tony le llamaba Capitán. Era algo muy diferente a cuando le decía "Cap". Ese algo le hizo sonreír aún más y el solo pensar en qué cartas tomaría en el asunto… dejó de mirar a Tony de aquella forma, luego lo observó con curiosidad. Le vio sacar un pequeño artilugio parecido a un lápiz de uno de los antebrazos de la armadura.

―Sabía que necesitaría esto algún día. ―Se volteó hacia él. ―Conociéndote como te conozco, sabía que arruinarías el traje al primer uso, ― su voz con fingido reclamo― por lo que diseñé esto.

Tomo el aparato, juntó los bordes de uno de los cortes del traje de Steve y lo reparó con una luz azul que salió de la punta del artefacto. Decir que estaba sorprendido era poco, pero luego recordó que su novio era un genio y simplemente se preguntó cuándo dejaría de sorprenderse ante sus habilidades.

―Tu traje está hecho con una aleación de tela reforzada con metal y componentes biológicos de una planta que Banner trajo a la torre cuando vino a vivir con nosotros; el buen doctor creó una tela lo suficientemente elástica y resistente para que soportara los cambios del sujeto verde… El asunto es que tomé prestada la famosa tela mágica y la utilicé para mejorar tu traje. ―Steve lo miró muy interesado en su explicación, pero también algo perdido en el objetivo de contársela. ― Esta cosa―dijo moviendo el pequeño aparato― sirve para regenerar fibras vegetales, por lo que así puedo reparar estos pequeños cortes.

Le mostró a Steve como usarlo y se sorprendió aún más al notar que no quedaba rastro del corte anterior.

―Eso no significa que puedas ir por ahí como un mártir esperando que te disparen, esta cosa no funcionará eternamente. ―Le aseguró y casi ladró en su cara.

Era obvio para el soldado que Tony quería decirle que tuviera más cuidado y que no volviera a hacer lo que hizo, y él lo intentaría. No quería preocupar al moreno innecesariamente. Cuando el genio terminó de reparar su uniforme lo dejó sobre el camastro y salió del lugar, Steve tras él, para planear la próxima misión de reconocimiento con el Coronel Rhodes.

•+•+•

Habían pasado dos semanas desde que recogiera al pequeño gato negro de aquel sucio callejón y las cosas habían mejorado considerablemente. Ya estaba comenzando a creer que ese era un gato de la suerte, ya que, efectivamente, las cosas le estaban saliendo mejor que nunca.

Al día siguiente de recoger al felino se despertó con la extraña sensación de algo rasposo y húmedo en su mentón, cuando miró el reloj despertador para saber qué hora era se dio cuenta de que se había detenido en medio de la madrugada. Se levantó de un salto para vestirse, pensando en que llegaría tarde, y de pronto escuchó el ya tan acostumbrado sonido del despertador de su vecina de arriba; el mismo despertador que sonaba cada día tres minutos después que el suyo. Eso significaba que estaba a tiempo para todo. Acarició al gato murmurando un suave "eres un buen chico" y recibiendo los ronroneos del felino.

Desde esa mañana todo mejoró.

Uno de sus compañeros de trabajo tuvo que viajar de urgencia al otro lado del país por asuntos familiares y no volvería en varias semanas, así que le fue permitido tomar su turno, por lo que ahora recibiría el doble de sueldo. Si calculaba bien, con el dinero extra sería capaz de adelantar su viaje dos semanas, lo que significaba que tenía un mes completo para buscar un vehículo con el cual viajar.

Sin siquiera buscarlo, a la semana de la llegada del gato, caminaba por la calle cuando un papel voló directo hacia él. Le llamó la atención y lo levantó del suelo. Al leerlo se enteró de que una chatarrería subastaría unos autos viejos; si no los vendían los compactarían. Al día siguiente se presentó al lugar y compró por muy poco dinero una pequeña furgoneta blanca; el vehículo funcionaba, tenía todos los vidrios y los asientos en buen estado, por lo que hizo los papeles con su nuevo nombre falso. Así de simple había tachado una de las cosas más difíciles de su lista.

―Eres un felino de la suerte, pequeño Stan. ―Le dijo una noche mientras lo acariciaba, el felino ronroneaba recostado en su pecho. ― Desde que llegaste todo ha ido bien. ―Murmuró.

El gato siguió ronroneando y él siguió acariciándolo hasta que se quedó profundamente dormido.

•+•+•

Habían pasado casi dos semanas desde que llegaron a Afganistán. Habían recorrido al menos la mitad del país buscando a los malos de turno, pero nada. No había rastro de ellos, ni siquiera habían realizado otro ataque, por lo que el Satélite Stark no podía hacer nada más que flotar en el espacio.

Tony estaba enojado. Muy enojado. Y no precisamente por no haber encontrado a los malditos que le habían robado, no. Estaba enojado porque no había podido dormir en la misma cama que su soldado en todos estos días. Porque, por miedo a ser descubiertos, solo habían compartido un par de castos besos en la soledad de su tienda; escondidos como un par de ladrones. Admitía que tenía algo excitante estar escondiéndose de todo el mundo, pero ya se estaba cansando de todo eso.

Además, también estaba cansado de todo el asunto de los terroristas. Esos sujetos no aparecían por ningún lado y estaba cansado de buscarlos por todo el condenado país. Sí, era cierto que habían ayudado a mucha gente, pero no habían logrado su cometido. No habían obtenido ni una sola pista para encontrarlos y también estaba el hecho de que en dos días cumplía tres meses de noviazgo con Steve.

Estaba completamente desanimado. No podría celebrar con Steve como se debe. No en medio de ese horrible lugar.

•••

Cuando Tony tomó su traje para arreglarlo, hace casi dos semanas, sufrió un susto de muerte. Tal vez exageraba, pero la situación lo ameritaba. Dentro del traje, en un pequeño bolsillo que descubrió cuando se lo puso por primera vez, estaba la pequeña caja azul con el regalo, ese regalo que aún no tenía valor para entregarle a Tony. Lo había considerado en varias ocasiones, pero no encontraba el momento adecuado. Tenía que ser un momento especial para ambos, y también estaba el hecho de que no sabía si al moreno le gustaría su regalo.

Caminó en dirección a la tienda que compartía con Tony y unos cuantos soldados más y lo encontró sentado en su camastro.

―A veces creo que puedo ver los engranes girando en tu cabeza cuando piensas tanto. ―Mencionó, sorprendiendo al genio, mientras se sentaba frente a él. ― ¿En qué tanto piensas?

Tony sacudió la cabeza, negando.

―Nada. Bueno, la verdad es que pensaba en que ya serán tres meses. ―Lo miró. ―Tres meses y tendremos que pasar ese día encerrados aquí o en alguna misión suicida en medio de la nada… ―rió amargamente.

―Apuesto que ahora preferirías esa pizza y la película. ―Dijo con una sonrisa. ―Está bien, Tony. Sabes que no siempre estaremos en casa, tranquilos y fuera de peligro. Somos quienes somos y no podemos cambiarlo. Somos Vengadores.

El moreno lo miraba con devoción mientras escuchaba sus palabras. En el pasado Pepper lo habría matado por perderse una fecha importante como esa, pero debía recordar que esta relación que tenía con Steve no se parecía en nada a lo que alguna vez tuvo con ella. Y eso le encantaba. Ese hombre que lo traía dando vueltas a su alrededor con ojos de cachorro perdido era lo mejor que le había pasado; lo comprendía como nadie lo había hecho, le gustaba verlo trabajar, en una ocasión se lo había dicho, pero lo más importante era que lo quería tal como era. Pepper quiso cambiarlo, Steve jamás lo había intentado y estaba seguro de que nunca lo intentaría.

Estaba malditamente jodido.

Cada vez que veía esos ojos y esa sonrisa sentía algo que nunca creyó poder sentir. Poco a poco había comenzado a quererlo y ahora, poco a poco, podía notar como se enamoraba de ese hombre anticuado que le había dado tanto en tan poco tiempo.

Siguió mirándolo un momento más y se acercó a él para besarlo. Fue un beso lento y profundo, cargado de sentimientos y que demostraba todo lo que sentían por el otro.

― ¿Te he dicho lo mucho que te quiero?

― ¿Hoy? No. ―Respondió el rubio.

―Te quiero... ―Suspiró ― tanto.

El corazón del soldado se detuvo un segundo al escuchar esa palabra. No fue la palabra en sí, sino la forma en que la dijo, cargada de sentimientos, llena de cariño, casi con pasión. Se quedó sin palabras y lo besó otra vez. Cuando se separaron al fin pudo encontrar su voz.

―Te quiero, Tony. Te quiero.

Sonrieron y se separaron; Tony fue a revisar la armadura y Steve se recostó en su camastro, pensando.

― ¿Crees que haya otra misión pronto? ―Preguntó al genio.

Ni bien dijo esas palabras un soldado entró corriendo a buscarlos.

•••

Steve corrió desesperado dentro de la tienda con un inconsciente Tony entre sus brazos llamando un médico. Dejó al moreno en una camilla y rápidamente se acercaron un par de médicos a revisarlo. Steve estaba cubierto de sangre, pero no era su sangre, era la de Tony. Se dejó caer en un rincón con la mirada perdida, la misión pasó frente a sus ojos en cámara lenta otra vez mientras a su alrededor todo el mundo se movía rápidamente para salvarle la vida a Tony. Dejó de escuchar el ruido y trató de recordar en qué momento todo se fue a pique.

Corrieron tras el soldado en dirección a la tienda de Rhodey para conocer la situación.

Había habido un ataque en una zona poblada principalmente por mujeres, niños y ancianos. Era un grupo de terroristas que se había adueñado del pequeño poblado y estaban armados hasta los dientes con lo que parecía ser armamento de alta tecnología, por lo que era seguro que se trataba de ellos.

Trazaron un plan y salieron solo ellos dos, como siempre, para enfrentarlos. No podían permitir que los soldados se enfrentaran a ese tipo de tecnología, no estaban preparados para ello y terminarían muertos antes de llegar al lugar; ellos no podían permitir que eso pasara.

Al llegar al pueblo un silencio desolador era roto solo por el sollozo de algunas mujeres y el llanto de uno que otro niño a medida que se adentraban en él. Tony sobrevoló el pueblo.

―No veo nada extraño, parece que ya no están aquí. ―Informó por el comunicador.

―No te confíes, Tony, ―la voz de Rhodes se escuchó en la línea― no han salido de la zona.

Steve avanzó escondido entre los escombros y se adentró en una casa. Una mujer lo miró aterrorizada, encogida en un rincón. Puso el escudo en su espalda y alzó ambas manos para no asustarla más, se acercó de a poco y trató de comunicarse. Afortunadamente la mujer pareció entender y se acercó a él; tomó su mano y la sacó del lugar llevándola a un lugar seguro donde la recogerían los soldado de Rhodes.

Repitió el proceso en varias casas hasta que se encontró con sujetos armados frente a él.

―Los encontré. ―Dijo tranquilamente.

― ¿Dónde estás? ―La voz de Tony. Pocos segundos después habló otra vez. ―Ya te veo. No te muevas, son demasiados y están armados. Muy bien armados.

Steve le hizo caso. Sabía que esos sujetos estaban bien armados. Esperó un momento y escuchó movimiento a unos metros a su derecha. Disparos. Muchos disparos. Escuchó un quejido de Tony a través del comunicador y luego vio la armadura volar frente a él, en dirección a los terroristas. Corrió tras él y juntos acabaron con todos ellos en lo que parecieron segundos.

La armadura voló otra vez la misma dirección de la cual la vio aparecer entre los escombros y salió con una mujer y un niño entre sus brazos. Recibió al niño y se retiraron en dirección al punto de encuentro fuera del pueblo. Una vez dejaron a las personas en buenas manos Tony se aferró a uno de los antebrazos de Steve y voló rápidamente de vuelta al campamento.

Una vez dentro de la tienda, la armadura se abrió y Tony se desplomó en el suelo.

― ¡Tony! ―Corrió junto a él y vio la sangre que brotaba de su abdomen.

No lo pensó dos veces, lo tomó entre sus brazos y corrió a la tienda médica en búsqueda de ayuda.

Sabía que algo había pasado en esos momentos en que le perdió de vista, pero no sabía qué. De pronto una mano se posó en su hombro y alzó la cabeza; el Coronel Rhodes.

― ¿Está herido, Capitán? ―Negó con la cabeza, el otro asintió. ―Tony estará bien. La bala atravesó la parte baja de su abdomen, del lado izquierdo. Afortunadamente no dañó ningún órgano, Tony es un bastardo con suerte. ―Sonrió conciliador.

Steve se levantó y se acercó a la camilla. Tony tenía un gran vendaje rodeando la parte baja de su abdomen, una gran mancha de sangre en un costado, estaba inconsciente. Una máquina controlaba sus signos vitales.

―Necesito saber qué pasó.

El soldado negó con la cabeza.

―No estoy seguro. Hubo un momento en que lo perdí de vista, escuché un quejido a través del comunicador y luego Iron Man voló frente a mí en dirección a los terroristas. Acabamos con ellos y voló de vuelta tras unos escombros, salió de allí con una mujer y un niño. Luego me trajo aquí y cuando salió de la armadura se desplomó en el suelo. ―Dijo con su voz más firme. De vuelta a ser un soldado.

El otro asintió. Hizo un saludo militar y se fue.

Se acercó nuevamente a la camilla y observó a su novio. Estaba bien. Estaba vivo. Estaba ahí, frente a él, respirando acompasadamente, pero nada de eso estaba bien. Ahora comprendía como se había sentido Tony cuando lo acribillaron en su primera misión. Sacó la pequeña caja de su traje y la puso en una de las manos de Tony.

Dio media vuelta y salió del lugar.


Pobre Tony, ahora que me doy cuenta siempre es él quien sale herido... Lo siento, Tony, te adoro, pero es necesario.

¡AHORA LAS SORPRESAS!

En primer lugar, decirles que ya tengo planificado más o menos hasta el capítulo 42 (los títulos en orden). En segundo lugar, ya tengo escrito hasta el capítulo 34 (está en corrección). Y por último, pero no menos importante, ya sé cuando se viene el capítulo que tanto han esperado... ya saben, ese donde por fin los dejo llegar al final (?)

Estimo que Nuestra Historia se extenderá como mínimo hasta los 45 capítulos y como máximo a 50, así que aún nos queda para rato.

Sí, creo que eso era todo.

Ya saben que si les gustó pueden dejar un review, y si quieren pueden pasarse por mis otras historias. Tengo empezados varios OS, pero aún están en progreso y quiero escribir uno de Halloween, pero no creo que sea de terror... no se me dan bien los misterios ni el terror. Al parecer leer al querido Tío Stephen King no me hace experta en terror :/ pos será.

Nos leemos pronto.

Besos.

Bye :D


Lunes 16 de Octubre, 2017.