Hola a todo el mundo!
Vengo un poco tarde, pero aún es lunes, así que...
Espero que les guste el capítulo, nos leemos pronto.
Disfruten su lectura :D
Capítulo 33
No me pidas eso
Completamente abrumado caminó hacia la tienda en la que dormía. Allí estaba la armadura. Se acercó y dio una orden a la armadura, que todavía estaba abierta.
―Necesito saber lo que pasó, JARVIS.
La armadura se cerró y la luz azul de los ojos y del reactor se encendió. Una de las manos se extendió, la palma hacia arriba, y una pantalla apareció. Había una grabación desde la perspectiva de Tony; el genio siempre grababa todo.
Pudo observar que cuando Iron Man descendió se encontró con un grupo de hombres armados, comenzaron a disparar en su dirección. La imagen se enfocó en la mujer y el pequeño, al parecer trató de cubrirlos con el traje, la imagen se detuvo un momento y luego vio a Tony corriendo en dirección a la mujer; pudo ver como el moreno se llevaba una de las manos al costado y una mancha de sangre aparecía. La armadura voló sola hacia la zona en la que se él se encontraba y le ayudó a vencer a los terroristas, luego volvía a recoger a Tony. La grabación se detuvo.
― JARVIS, no debiste dejarlo solo.
―El Señor me dio una orden y no puedo negarme a sus órdenes, Capitán. Está en mi programación.
― ¿Cuál fue esa orden? ―Steve se temía las palabras que la I.A dijo a continuación.
―Ve con Steve, protégelo. Luego vuelves por mí. ―La voz de Tony se escuchó salir de la armadura.
Se volteó enojado. Enojado con los terroristas, con Rhodey por llamarlo, con Tony por dar esa orden, con JARVIS por cumplirla, pero sobre todo consigo mismo. Sabía que de no ser por él, nada de esto estaría pasando. Si no fuera por él el genio no estaría inconsciente en esa camilla improvisada en medio de la nada a la espera de recibir una buena atención. Si no fuera por él no estaría con el corazón apretado por la angustia que le producía no saber si Tony despertaría pronto.
Ansiaba ver esos ojos abiertos.
No había pasado ni media hora desde que pensó que perdía a Tony y ya no quería seguir esperando para verlo despierto otra vez. Se cambió el uniforme ensangrentado por una tenida que le habían entregado al llegar; pantalones de camuflaje, bototos color arena y una camiseta del mismo color. Se dio media vuelta y caminó a la salida.
―JARVIS, modo vigilante.
La armadura extendió sus brazos y el rubio salió de allí.
•••
Al llegar a la tienda donde se encontraba Tony, Steve pudo ver al Coronel hablando con uno de los médicos. Se acercó a la camilla donde el moreno dormía y vio su mano; la caja todavía estaba allí. La mano de Tony la tenía firmemente agarrada. Se sentó en la silla que estaba junto a él y se dispuso a esperar a que despertara. Necesitaba hablar de algo muy importante con él.
El doctor salió de la tienda y, desde el otro lado del lugar, el Coronel habló.
―Tony es muy imprudente, pero estará bien. El doctor dice que estará inconsciente un par de horas por la pérdida de sangre, pero en cuanto despierte podremos llevarlo de vuelta a Nueva York. No debe preocup-
― ¿Los encontramos? Necesito hablar con el líder de estos sujetos. ―Interrumpió mientras se ponía de pie.
Un tanto molesto por haber sido interrumpido, Rhodes le hizo un gesto para que lo siguiera fuera de la tienda. Antes de partir, Steve miró una vez más a Tony y acarició suavemente su mejilla sin que nadie lo notara.
―Los tenemos a todos encerrados en los camiones de traslado. Están listos para ser llevados a la base.
Steve asintió. Se llevó una mano cerca de la boca y habló por un comunicador.
―JARVIS te necesito aquí. Debemos recuperar esos planos.
Unos cuantos segundos más tarde la armadura apareció volando detrás de ellos y siguió el trayecto caminando junto a Steve.
•••
Al llegar a los camiones de transporte, JARVIS escaneó a todos y cada uno de los sujetos apresados. Los hombres murmuraban cosas en su idioma que no necesitaba saber para asegurar que eran insultos.
La mano izquierda de la armadura se levantó a la par de la derecha, que escaneaba a los sujetos, y apuntó uno de sus misiles de corto alcance a un hombre alto, relativamente joven y con el cuello cubierto de tatuajes.
―Entregue el dispositivo de memoria, señor. Esos planos no le pertenecen. ―Dijo la voz de JARVIS a través de la armadura. ―Capitán, este hombre tiene los planos en el colgante que trae en el cuello.
Steve se acercó al sujeto y sin ningún cuidado tiró de la cadena, quitándole la memoria USB. Le dirigió una mirada de profundo odio. Ese tipo era el culpable de que Tony tuviera que aparecer en el desierto y exponerse a toda esa situación. Le agarró con fuerza de lo que parecía ser una túnica con ambas manos, lo acercó a su rostro y susurró con voz peligrosa.
―Vas a decirme de donde sacaste estos planos ahora mismo. ―El hombre lo miró con algo parecido al miedo, pero mezclado con una mirada desafiante. ―No tengo tiempo para perderlo contigo. ―Lo soltó con rabia, empujándolo.
Detrás de ellos, el MARK 10 impedía al Coronel acercarse. Rhodes lo miraba con asombro; nunca creyó ver al Capitán América enojado y mucho menos por algo tan simple como unos planos robados. Lo que él no sabía es que Steve no lo hacía por los planos, lo hacía por Tony.
―Vámonos. ―Se dio media vuelta y caminó hacia las tiendas seguido de cerca por el MARK 10.
Quería volver pronto junto a Tony. No quería que el moreno se despertara solo en esa camilla, quería estar a su lado. Quería asegurarse de que estaba bien.
•••
Sentía todo el cuerpo entumecido. No podía mover los brazos ni las piernas, estaba sedado. Pudo notar un hormigueo en la punta de los dedos de sus pies y manos al intentar moverlos. Trató de abrir los ojos, pero sus párpados pesaban una tonelada; movió su mano derecha y sintió como algo la envolvió suavemente.
―Tony. ―La suave voz de Steve se coló por sus oídos. ― ¿Cómo te sientes?
Abrió los ojos lentamente, parpadeó un par de veces hasta que la luz dejó de molestar y su vista se enfocó en el rostro preocupado del soldado. Giró la cabeza en su dirección y le vio sentarse en una silla junto a la camilla.
―Es- estoy― movió los labios y la lengua en busca de saliva, tenía la boca seca.
Steve le soltó la mano y se alejó un par de segundos antes de volver con un vaso de agua y ayudarle a beber.
―Gracias. ―El rubio dejó el vaso a un lado y lo miró con los ojos llenos de preocupación, volviendo a tomar su mano. ―Estoy bien, Steve.
El semblante de Steve pasó de preocupado a uno mucho más serio.
―Si estás bien, vas a explicarme por qué hiciste algo tan estúpido como salir de la armadura en una zona de guerra. ―Dijo con voz dura. Tony se percató de que estaba enojado.
Miró hacia otro lado antes de contestar.
―Yo… tenía que protegerte. Tenía que proteger a esa mujer y a su hijo también, no podía hacer las dos cosas sin salir del traje.
La mano de Steve se alejó de la suya, rápidamente volteó para verle alejarse de la camilla. Su semblante cambió ligeramente a uno de pánico, no quería que Steve se fuera y lo dejara solo. No quería que se fuera enojado con él, no quería pelear por algo así. Le vio darse la vuelta y enfrentó su mirada. Steve le dirigió esa mirada desaprobatoria que le daba cada vez que hacía algo estúpido.
―Estabas herido, me trajiste al campamento sin decirme que lo estabas y te desplomaste en el suelo apenas la armadura se abrió. Estabas inconsciente antes de llegar al suelo, Tony. ―Su voz se suavizó. ― No sabes lo preocupado que estaba. ―Se acercó a él y puso una de sus manos junto a su cabeza, reclinándose sobre la camilla. ―Cuando te vi cubierto de sangre… Tony, creí que te perdería.
El moreno vio como los ojos del otro se ponían brillantes y su ceño se fruncía en un gesto que denotaba tal sufrimiento y preocupación que le partió el alma. Steve se preocupaba por él y él lo único que hacía era ponerse en peligro; primero Nueva York, luego Malibú y el idiota de Killian, su tonta caída en el gimnasio, la armadura que le cayó encima y ahora esto. Steve tiene toda la razón en enojarse, pensó.
Lo miró por lo que pareció una eternidad. Haciendo su mayor esfuerzo levantó uno de sus brazos y acarició la mejilla del soldado. Lentamente, Steve descendió hasta que sus rostros estuvieron a un par de centímetros.
―Lo siento. En verdad lo siento, Steve, pero ya te he dicho que no te preocupes por mí.
Los labios del rubio descendieron los pocos centímetros que los separaban y lo besó profundamente.
―No me pidas eso, Tony. ―Dijo al separarse. ―Jamás dejaré de preocuparme por ti, ¿sabes por qué? ―El moreno negó suavemente con la cabeza. ―Porque te quiero, genio loco. Te quiero más de lo que podrías imaginar.
El corazón de Tony se aceleró por un par de segundos ante la intensidad en esas palabras. Ante la seguridad con la que hacía esa declaración, sin siquiera titubear.
De pronto se dio cuenta de que había algo en su mano izquierda. Apretó el objeto y lo levantó. Steve advirtió el movimiento y se alejó un poco. Le vio sonrojarse y alejar la mirada al ver la cajita azul que él sostenía curioso cerca de su rostro. Quería abrirla y ver el contenido, pero justo en ese momento escucharon la voz de Rhodey y el rubio terminó de alejarse de él, él solo atinó a esconder la mano bajo la sábana. Estaba seguro de que nadie debía ver la pequeña caja de terciopelo.
―Veo que ya estás despierto. ―Fue el saludo del Coronel.
―Vaya, pero si es mi Coronel favorito de toda la Fuerza Aérea.
El afroamericano le dedicó una mirada de reproche.
―Estoy seguro de que soy el único que conoces, pero en fin. Vamos a trasladarte a un hospital en Nueva York.
Antes de que Tony rezongara Steve se adelantó y respondió por él.
―A Tony no le gustan los hospitales, pero si está en condiciones podemos llevar a alguien que se haga cargo de él en la torre mientras se recupera.
El rubio lo conocía tan bien… Tony no estaba seguro de que pudiera querer más a alguien, pero Steve le demostraba lo contrario cada día y con cada acción. Creyó que su corazón explotaría por todo lo que ese hombre le hacía sentir. Se estaba enamorando de Steve y no iba a negarlo. La idea de enamorarse de él le gustaba y le llenaba el pecho. Estaba aterrado, sí, pero era una sensación que le llenaba de dicha y no iba a dejar que el miedo le impidiera seguir con lo que estaban construyendo.
Lo miró una vez más, Steve notó la adoración y el cariño en esa mirada que el genio le dedicaba y le sonrió cálidamente en respuesta, olvidando por un momento que había una tercera persona en la habitación.
El Coronel observó toda la situación y se dio cuenta de todo lo que pasaba frente a sus ojos.
―Capitán, quisiera hablar con Tony a solas un momento.
Tony iba a replicar, pero Steve asintió y le apretó el antebrazo levemente antes de levantarse de la silla y salir de la tienda médica.
Una vez seguro de que el Capitán estaba fuera del lugar se acercó a la camilla y se sentó a su lado. Observó como Tony seguía los pasos del soldado con una mirada soñadora. Cruzó los brazos y lo miró con un gesto de conocimiento.
―Vaya.
― ¿Qué? ―Le espetó de vuelta.
―Nunca creí que te vería de esa forma Tony. Sabía que admirabas al Capitán América desde que eras un niño, pero no creí que te vería a punto de suspirar mientras el hombre deja la habitación. ―Rió.
― ¿De qué crees que estás hablando? ―Su voz neutra, pero por dentro estaba temblando ante la posibilidad de ser descubierto.
―De que es obvio que te gusta Steve Rogers. Me atrevería a decir que te corresponde. ―De pronto sus ojos se abrieron ante la revelación. ―Todo ese revuelo del novio misterioso… eras tú. ¡Tú eres el novio misterioso del Capitán América!
― ¡Cállate! No es necesario que grites. ―Dijo malhumorado. Había sido descubierto. ―Es un secreto. Te lo contaré porque no me queda de otra... ―Suspiró. ―Steve y yo estamos juntos.
Los ojos de Rhodey se abrieron a más no poder y se quedó en silencio esperando a que Tony le contara el resto, pero nada pasó. Le hizo un gesto para que continuara, pero el otro negó.
―No hay nada más que contar. Aún estamos aceptando la idea de estar juntos, sabes. Después de todo Steve viene del pasado y yo era un playboy, pero nunca estuve con un hombre, así que todo esto es nuevo para ambos. ―Se encogió ligeramente de hombros y siseó ante una puntada de dolor en el abdomen.
― ¿Lo quieres?
―Sí. ―Contestó sin dudarlo. ―Lo quiero más de lo que creí jamás querer a alguien, Rhodey. Tengo miedo de arruinarlo. No quiero que Steve se aleje de mí, lo que tenemos es diferente.
El Coronel entendió de inmediato lo que quiso decir. Lo veía en sus ojos. El Capitán era especial para Tony, era obvio para él, que lo conocía desde hace tantos años.
―El gran Anthony Edward Stark enamorado del Héroe favorito de América. ¿Quién lo diría? ―Se burló. ―No te preocupes, Tony. Todo saldrá bien entre ustedes. Ahora entiendo su forma de actuar con el líder de los terroristas, él también te quiere.
Le contó al moreno lo ocurrido antes y la forma en que Steve se comportó. No se sentía orgulloso de ser el causante de que Steve mostrara su lado más agresivo, pero de cierta forma eso le hacía sentir un calor especial en el pecho. Luego, el Coronel se despidió de su amigo y al salir del lugar y pasar junto al Capitán le dedicó unas palabras.
―Cuide bien de él, Capitán. Tony es una persona muy importante para mí también.
Steve quedó perplejo por un par de segundos, pero coincidió en que tenía razón, Tony era alguien muy importante y debía cuidarlo.
•••
Tony estaba enojado. Frustrado tal vez era una palabra que se adecuara mejor a su estado. Tenía la cajita azul en la mano. Aún la tenía en la mano. Cerrada. Se moría de ganas de abrir la caja y conocer su contenido, pero no había tenido oportunidad de hacerlo.
Primero la visita sorpresa de Rhodey, luego la entrada del médico para evaluar su estado y posteriormente el traslado a Nueva York. Mientras viajaba en el avión, todavía en la camilla, estuvo todo el tiempo acompañado por una enfermera y era monitoreado por un doctor cada hora, por lo que no tuvo oportunidad.
Al llegar a la torre la caja aún seguía fuertemente apretada en su mano. No recordaba cuando había sido la última vez que se había aferrado tanto tiempo a algo, pero estaba seguro de que valdría la pena. Aunque debía admitir que tenía miedo de abrirla y ver su contenido.
Todo el mundo sabía que Steven Grant Rogers era un hombre con arraigadas costumbres de los años cuarenta, por lo que temía que dentro de la caja hubiera un anillo. No porque no quisiera algo serio con el soldado, sino porque… no sabía exactamente el porqué, pero estaba un tanto ansioso. Era una sensación extraña.
Steve le llevó a su piso, ya que tenían acceso directo desde el ascensor, y lo llevó a su propia habitación. Una vez allí le ayudó a acomodarse en la cama y le cubrió con las mantas. Se sentó a su lado y pasó una mano por su frente, acomodando sus cabellos.
― ¿Vas a abrirla en algún momento? ―Acomodó su mano del otro lado de su torso y lo miró con cariño, ligeramente sonrojado. ―He estado buscando la oportunidad perfecta para darte esto desde hace un tiempo, pero ahora entiendo que no importa el momento, solo importa que lo tengas en tus manos.
Estaba nervioso, pero de todas formas se decidió a abrir la caja. Al ver su contenido se quedó sin palabras.
Sobre la blanca seda que decoraba el interior de la caja reposaban dos placas metálicas con la información de Steve: su nombre, su rango en el ejército, su número designado, su ciudad de origen. Dos placas unidas por esa cadena tan extraña, simple y resistente de acero inoxidable. Esas placas que significaban tanto para un soldado. Las placas de identificación en caso de que algo malo ocurriera.
Miró las placas por largo rato y luego las tocó suavemente, con la punta de los dedos, como si temiera que desaparecieran si lo hacía sin cuidado. Las tomó entre sus dedos y las sacó de la caja, tirando de la cadena y sosteniéndolas frente a él; entre él y el soldado.
Steve lo miraba atentamente, esperando su reacción.
―Son…
Asintió.
―Quiero que tú las tengas.
El moreno negó con la cabeza.
―No puedo aceptarlas. Me hago una idea de lo que significan para ti y no puedo permitir que te desprendas de ellas. ―Le acercó las placas para que las recibiera.
―Si sabes lo que significan, entenderás por qué quiero que las tengas. ―Las tomó y llevó la cadena sobre la cabeza del genio y las colocó alrededor de su cuello acomodándolas sobre su pecho.
―Yo… ―Boqueó buscando las palabras. ―Gracias.
El rubio se acercó a él y lo besó con cariño. Un beso corto, pero cargado de sentimientos.
•••
Los días pasaban rápidamente mientras el genio se recuperaba. Cada día se sentía mejor, sobre todo con los cuidados de su novio. Steve se la pasaba casi todo el tiempo con él y cuando no estaba cerca llevaba encima el teléfono celular que el genio le había dado cuando llegó a la torre para mantenerse en contacto y asegurarse que su novio estaba bien.
Tony ya se sentía completamente bien. Incluso se había levantado de la cama sin la ayuda del rubio en varias ocasiones y faltaban un par de días para que le sacaran los puntos del abdomen.
Estaba sentado en la cocina cuando recordó la conversación que habían tenido luego de que le pusiera las placas en el cuello, mismas que no se había quitado ni pensaba quitarse nunca más.
La imprudencia del genio siempre lo llevaba a un regaño, ya sea por parte de Pepper, Rhodey, Fury, y una larga lista que no deseaba rememorar. Ahora debía sumar a Steve a la lista, pero él tenía un lugar especial. Al rubio lo escuchaba y por él trataría de ser más prudente; no quería volver a ver esa mirada rota y llena de preocupación en él.
―No quiero que vuelvas a hacer algo como lo que hiciste en Afganistán, Tony. Y hablo en serio. ―Rodó los ojos, pero no respondió nada ante el inminente regaño. ―Sabes que puedo cuidarme perfectamente bien yo solo-
―No. Voy a decirte lo mismo que tú me dijiste allá en la base. No me pidas eso, Steve. Si yo no puedo evitar que te preocupes por mí, tú tampoco puedes hacerlo. Y no vas a evitar que intente protegerte. ―Lo miró fijamente. ―Si tengo la oportunidad de protegerte lo haré, y ¿sabes por qué? ―El rubio negó con una sonrisa bailando en sus labios. ―Porque te quiero, Steve. Porque te quiero y porque eres lo más importante que tengo.
El soldado sabía que expresar sentimientos no era algo que Tony hiciera con regularidad, de hecho, rehuía de ellos. Escucharle decir que era lo más importante para él le causó un agradable cosquilleo en el pecho. Ya sabía que estaba enamorándose de ese hombre y si volvía a escuchar palabras como aquellas… si volvía a escuchar cosas como esa terminaría de caer ante el hombre de brillante armadura.
Sin responder nada se acercó a él y simplemente lo besó.
Recordar ese beso le hacía suspirar. El soldado jamás le había dado un beso tan profundo y a la vez tan apasionado. No era un beso lujurioso o erótico, era un beso que le llegaba hasta el alma. No había otra forma de describirlo.
Apretó un poco el vaso de jugo que tenía en la mano y su teléfono vibró frente a él, trayéndolo de vuelta de su ensoñación. Era un mensaje de su adorado novio. Sería mejor que volviera a la cama. La última vez que Steve lo vio fuera de la cama sin su ayuda le dio un sermón sobre cuidar su salud, no ser imprudente y blah, blah, blah. Nada nuevo, pero prefería evitárselo, por lo que caminó lentamente a la habitación del rubio.
Lunes 30 de Octubre, 2017.
