¡Wow! La verdad no creí que fuese a gustar tanto el fic, pero me alegro que sea así~
Acá les dejo el capítulo dos desde el punto de vista de Viktor ;D

Y recuerden, si les gusta el fic dejen reviews, así sabré lo que les gusta y lo que no y podré mejorar la historia :D


Viktor tenía 17 años la primera vez vio a Yuuri Katsuki.

Viktor se había tenido que mudar a Hasetsu debido a que su padre era un hombre de negocios que había invertido en una cadena de tiendas departamentales en Japón, y como habían resultado ser un éxito, ahora residían allí porque le concedieron el cargo de director de una de las sucursales.

El muchacho al principio no estuvo muy de acuerdo con la idea, pues obviamente no quería dejar atrás a sus amistades y otros familiares, mucho menos tener que aprender otro idioma. Le rogó a sus padres que lo dejaran en Rusia con sus tíos y su primito hasta que cumpliera la mayoría de edad. No obstante, éstos pensaron que Viktor aún no era lo suficientemente maduro como para dejarlo sin supervisión, lo cual sólo se vio reforzado cuando le prometieron que le comprarían un perro si aceptaba ir con ellos a Japón, a lo que el peliplateado respondió gritando que sí.

A pesar de que Viktor creció como hijo único y era sumamente consentido, sus padres eran estrictos respecto al dinero. Aunque hubiesen amasado una fortuna, querían que su hijo fuese responsable, y si quería dinero para cosas que no fuesen de necesidad básica, lo tenía que ganar por sí mismo. Para el peliplateado eso nunca fue un problema, puesto que gracias a eso aprendió a hacer todo tipo de trabajos para sus vecinos y así ganar algunas monedas que gastaba en equipo para su pasatiempo favorito, el patinaje artístico, y ahora también hacía un presupuesto para gastarlo en juguetes destinados hacia su nueva mascota.

Así que, cuando Viktor se enteró que en el Ice Castle buscaban un instructor de patinaje de medio tiempo, supo que era su día de suerte y pidió el empleo.

La primera impresión que tuvo de sus alumnos fue... honestamente mala. Viktor ya estaba acostumbrando a que chicos y chicas flirtearan con él, y eso era algo que normalmente le parecía gracioso. Mas no lo fue ese día, no cuando intentaba dar una clase. Sus alumnas no paraban de reír y guiñarle un ojo, y eso comenzaba a exasperarlo. Era evidente que no tenían intenciones de aprender a patinar.

Entonces su vista recayó en el menor del grupo. Un pequeñín con mejillas rechonchas que lo miraba inquieto. Y cuando sus miradas por fin se cruzaron de manera directa, éste abrió completamente sus párpados, permitiéndole observar sus grande y bonitos ojos color 'leche con chocolate'. Viktor le sonrió para intentar tranquilizarlo. Pero lo que de verdad pareció tener ese efecto en él fue cuando la chica de al lado comenzó acariciar su espalda.

"M-me llamo Kat-Katsuki Yuuri...T-tengo 13 años..."

Oh. Un niño tímido. ¡Eso era adorable! Tomó nota mental para ser especialmente amable con él si no quería provocarle un ataque de nervios.

Conforme pasaba la clase Viktor intentó resolver todas las dudas que sus alumnos tuviesen y acomodar sus posturas durante los ejercicios, mas las chicas eran demasiado molestas y lo terminaban por distraer. Entonces se acordó de Yuuri. Seguro que el pobrecillo tendría problemas con algo pero era demasiado tímido como para preguntar.

Se sorprendió al ver que no era así.

Yuuri le explicaba a Yuuko la posición correcta de las piernas y brazos del ejercicio que hacían en ese momento, con lo que el peliplateado se dio cuenta que el menor no era gordito como pensaba. Pudo ver su estómago plano debajo de su chamarra cuando levantó los brazos. Incluso su coordinación era perfecta. Era evidente que el niño debía practicar algún otro deporte. Y por la gracia con la que se movía, debía de ser gimnasia o ballet.

Ya estando seguro que no debía preocuparse mucho por Yuuri, continuó instruyendo a los otros.

"Si alguien aún no sabe cómo pasearse sobre el hielo puede pedir mi ayudar." Viktor se ofreció deliberadamente, ya habiendo previsto que las chicas se lanzaría sobre él, no obstante, se había dirigido más hacia Yuuri para que éste pudiese evitarse la pena de preguntar. Pero el niño se volvió hacia Yuuko con una sonrisa dócil y la chica lo tomó de las manos. Viktor entonces entendió que debían ser amigos, y sintió algo de alivio de saber que el niño tenía en quien apoyarse.

Sin embargo, minutos más tarde, vio como la castaña salía de la pista con algo de prisa, dejando al pequeñín solo junto a la valla de protección. Viktor mantuvo sus ojo en él por si resbalaba, pero parecía estar yendo despacio justo para no caer.

Yuuri, a pesar de ser el menor del grupo, parecía ser él único que se tomaba la clase en serio. Sin contar a su amiga Yuuko, pues ésta se notaba que ya sabía patinar y que seguramente sólo estaba allí para acompañarlo. Los otros chicos se deslizaban de cualquier manera o se empujaban, y las chicas reían, fingían no saber patinar, y lo señalaban con coquetería. Incluso una se lastimó así misma sólo por querer llamar su atención. Eso no era divertido.

Terminó de explicarle a una de sus alumnas cómo debía mantener el balance con sus brazos estirados, y entonces se excusó para ir con el moreno.

"¿Necesitas ayuda, Yuuri?"

Lo que no esperaba era que el menor se sobresaltara y lo mirara con terror. Después de eso se le doblaron las rodillas y por pura suerte logró atraparlo antes de que cayera. Viktor se quiso reír por la posición tan ridícula en la que quedaron, con él tomando al niño de la cintura como si fueran una pareja bailando. Y al tener su rostro infantil tan cerca del suyo pudo notar sus mejillas teñidas de rosa. ¡Qué lindo! Realmente era tímido.

"¡Wow! Lo siento. Fue mi culpa." Dijo tras reír y ponerlo en pie. "No debí hacerte perder la concentración." Quizás Yuuri era el tipo de persona que se sentía intimidado ante una autoridad y por eso no había querido pedir su ayuda. Por lo que decidió no esperar una respuesta y simplemente tomarlo de la mano y comenzar a deslizarse despacio. El menor, apenas pudiendo reaccionar, también movió las piernas. "¿Es tu primera vez patinando, cierto?" El niño miró hacia otro lado, pero asintió. "¡Pues lo estás haciendo muy bien, Yuuri! Déjame llevarte un poco más rápido para que tus piernas se terminen de acostumbrar al hielo."

Pudo notar que conforme se deslizaban el niño se relajaba cada vez más, pero abruptamente se tensó. Y eso le preocupó.

"¿Oh? ¿Sucede algo malo, Yuuri? ¿Te estoy llevando muy deprisa? Tranquilo. No te dejaré caer."

"Uh...No, no es eso..." Negó con la cabeza y estrechó su mano con fuerza. Viktor tomó eso como una buena señal.

"Está bien." Rápidamente buscó en su cerebro algo que le pudiese decir al niño para hacerle saber que eran iguales, que era tan humano como él y que podía pedirle ayuda cuando la necesitase. "Yo también estoy algo nervioso, ¿lo sabías?" Admitió en voz baja y posó un dedo entre sus labios, indicándole que se trataba de un secreto, pues realmente lo era.

"¿Eh?" Al escuchar aquello, el niño por fin se atrevió a mirarlo. "¿Po-por qué?"

"Porque ustedes son mi primera clase y quiero causarles una buena impresión como instructor." Pudo ver cómo Yuuri fruncía el ceño en confusión, como si no entendiera a qué se estaba refiriendo.

Eran raras las ocasiones en las que Viktor se sentía nervioso. Pero su amor al patinaje le hizo querer dar su mejor esfuerzo en su primer día como instructor... Aunque hasta ahora las cosas no iban saliendo muy bien.

Primero, por su culpa la clase había iniciado cinco minutos después porque intentaba dispersar sus nervios en el hielo (hasta que sintió las miradas curiosas de sus alumnos), segundo, no tenía ni la menor idea de dónde había dejado la lista con los nombres; tercero, sus alumnas no lo dejaban de acosar y eso era molesto. Y por último, lo peor de todo, es que un niño de 13 años se sentía intimidado por él sin ser esa su intención.

"Ah...Umm... Pues... yo creo que eres genial..." Dijo Yuuri de pronto, y enseguida se tapó la boca con su mano libre e intentó esconder su mejillas encendidas.

Viktor se sobresaltó y abrió mucho los ojos. Nadie lo había llamado 'genial' antes. 'Guapo', 'atractivo', 'sensual' y parecidos era como la gente (ajena a su familia) solían referirse a él. Pero jamás 'genial', y menos con tanta sinceridad.

Oh. ¿Por qué su primito Yuri, que lo llamaba 'idiota' o 'anciano', no podía ser tan adorable y tierno como el Yuuri japonés?

"Awww, ¡gracias, Yuuri! ¡Eres adorable!" Rió complacido y feliz de que Yuuri realmente no le tuviese miedo, y se llevó una mano al bolsillo de su chamarra. Entonces se detuvo, y en consecuencia el menor también. Postró una rodilla en el hielo y sacó su celular antes de rodear al menor de los hombros y juntar sus mejillas para tomarse una selfie.

"Primera clase de patinaje con mi adorable alumno..." Dijo algo tiempo que tecleaba, hasta que se dio cuenta que aún no sabía usar el teclado de kanjis. "Umm... ¿tu nombre romanizado se escribe con dos 'u', cierto?" Yuuri asintió. "¡Bien! Listo." Guardó su celular y lo volvió a tomarlo de la mano. "¿Sabes? Allá en Rusia tengo un primo pequeño que se llama Yuri igual que tú, pero con una 'u', además de eso, su actitud es muy diferente a la tuya. Es todo un demonio." Rió. "Es una pena que no sea tan adorable y tierno como tú."

"A-ah...gracias, creo..." Por el rabillo del ojo pudo ver que Yuuri se ruborizaba nuevamente. ¡¿Cómo era posible ser tan adorable?!

Continuaron deslizándose sin hablar mucho, más que nada porque el peliplateado continuaba vigilando a sus otros alumnos por si hacían algo estúpido. Entonces se percató de las miradas llenas de envidia que tenían un par de chicas cernidas sobre Yuuri. Sabía que no podía amonestarlas solamente por mirar, por lo que sólo podía esperar que no fuesen tan tontas como para intentar molestar a un niño menor que ellas.

Al terminar la clase, Viktor se puso de rodillas para estar a la altura de Yuuri y acariciar su cabello negro.

"¡Bien hecho, Yuuri! Si sigues así, en pocas clases podré enseñarte a hacer saltos. ¿Eso te gustaría?" El menor lo miró con sorpresa, como si se sorprendiera por el halago y la sugerencia.

"Uhm... Su-suena bien..." Respondió después de unos segundos, esbozando una pequeña sonrisa tímida, y la sonrisa que ya adornaba la boca de Viktor se hizo más grande.

Luego de dos clases más, las cuales fueron prácticamente lo mismo; chicas flirteando con él o chicos que no quería seguir sus indicaciones, Viktor dio un suspiro de cansancio, pensando en que 'no había firmado para esto'.

Definitivamente Yuuri era su alumno favorito.

.

.

.

Viktor tenía 17 años el día que conoció al niño que dentro de 10 años sería su esposo. Y si alguien se lo hubiese dicho, seguro que no lo habría dudado.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Varias semanas después, un viernes por la tarde, Viktor paseaba alegremente por las calles con su nuevo cachorro.

Desde que era niño siempre había querido tener una mascota, pero por alguna razón sus padres jamás se lo habían permitido. Según ellos, él era demasiado inmaduro como para encargarse de otro ser vivo. Así que no dudó en ir a Japón cuando éstos lo chantajearon con que lo dejarían tener un perro si viajaba con ellos.

El cachorrito, del cual se enamoró a primera vista, se trataba de un poodle de la raza grande, aunque éste todavía era una miniatura por tener un par de meses de edad. Era tierno y amigable. Y su pelaje era tan esponjosito y marrón que a Viktor le recordaba a una taza de mocaccino, o quizás de capuchino. No estaba seguro de la diferencia de ambas bebidas. Así que, alardeando de su originalidad, juntó los nombres y lo llamó Makkachin, usando 'k' y quitando la 'o' para que sonase más japonés. Viktor estaba orgulloso de ese nombre, y le gustaba creer que a Makkachin también le gustaba.

El clima del exterior era agradable, con las nubes tapando el sol de verano a ratos y el viento meciendo gentilmente sus mechones de plata. Makkachin olfateaba hacia todos lados, dando saltitos y ladrando cuando veía algún gato o a alguien comiendo. Viktor dejó de caminar un momento para ver y contestar los mensajes en sus redes sociales. Y se distrajo tanto que apenas si sintió cuando la correa se desprendió de sus dedos, y cuando quiso volver a tomarla, el cachorro ya había comenzado a correr en dirección hacia a un niño al cual tumbó al cemento y comenzó a lamer su rostro mientras movía la cola.

Al peliplateado se le heló la sangre y enseguida corrió en su auxilio, temiendo a que el niño hubiese resultado herido o comenzara a llorara. No obstante, sucedió junto lo contrario. Escuchó risas familiares, y parpadeó confundido. Entonces cargó a Makkachin, y debajo de él se encontraba un sonriente Yuuri sin lentes, que, al sentirse liberado, se sentó y se limpió la saliva con las mangas de su ropa.

"¡Yuuri!" Exclamó Viktor con sorpresa al ver que se trataba de él, y de alegría al saber que Makkachin no lo había hecho llorar.

"¿In-instructror?" Pudo ver las mejillas del menor súbitamente pintarse de rojo. Enseguida éste buscó sus lentes en el suelo y se los puso. Y tras cerciorarse que se trataba del peliplateado, bajó sus ojos chocolates al suelo.

Viktor frunció el ceño. A pesar de que se conocían ya desde hace semanas, no podía lograr que Yuuri lo mirase directo a sus ojos azules por más de un minuto. Eso lo frustraba.

"Oh, Yuuri, lo lamento tanto." Alargó una mano y el niño la aceptó todavía sin mirarlo. "Makkachin no debió haber hecho eso. ¡Makkachin malo!" El cachorro comenzó a gemir tras percibir a su humano molesto con él.

"¡O-oh! ¡No! ¡Por favor no lo regañes!" Exclamó Yuuri alzando mucho la voz, haciendo que el peliplateado se sobresaltara porque era la primera vez que lo oía gritar. Al darse cuenta de lo que hizo, se llevó las manos a la boca para continuar despacio, con miedo de haber hecho enfadar al mayor. "Q-quiero decir... Es-estoy bien. Makkachin no hizo...nada malo."

"¿Ah? Uhm... Creo que tienes razón, Yuuri. Lo siento." Sonrió y acarició al cachorro para que dejase de llorar. "A veces olvido que Makkachin es todavía un bebé y no sabe lo que hace." Tomó al cachorro por debajo de sus patas delanteras y lo puso frente al menor. "Pero aún así debe disculparse contigo por lo que te hizo. 'Lo siento'." Viktor dijo ésto último con voz chillona, fingiendo ser Makkachin, y Yuuri comenzó a reír tras recibir otro lengüetazo.

"Es-está bien. Te perdono, Makkachin." Dijo, y entonces levantó su mirada para sonreírle al mayor, lo que provocó que el corazón de Viktor latiese de felicidad, como si tuviese delante a otro cachorrito el cual también quería estrujar entre sus brazos.

"Yuuri, ¿estás seguro que estás bien? Tienes la cara roja y estás sudando mucho." Preguntó preocupado, posando una mano contra su frente para ver si no tenía fiebre. El niño logró aguantar un gritó de impresión y dio un paso hacia atrás mientras agitaba la cabeza y las manos en negación.

"¡E-estoy bien! Y-yo sólo...acabo de salir d-de...mi clase de... ballet." Cada vez fue bajando más su voz hasta convertirse en un murmullo, como si temiera a ser escuchado. Fue en ese momento en el que el peliplateado comprendió que, muy probablemente, otros niños le hacían burla a Yuuri por ser bailarín, lo cual podría explicar perfectamente su falta de confianza. "Estoy de camino a casa..." Agregó a la vez que parecía a punto de dar un paso para alejarse de allí con prisa, pero Viktor continuó hablando.

"¡Oh. Así que practicas ballet! ¡Eso es maravilloso!" Sonrió de manera genuina. Él nunca se atrevería a mentirle a Yuuri. Pudo ver como el niño se ruborizaba todavía más, quizás halagado. Dejó a Makkachin en el suelo y dio varias vueltas a la correa sobre su mano derecha para asegurarse que esta vez no escaparía. Entonces, con su izquierda, tomó la mano derecha de Yuuri y le dio un jalón gentil para que caminara a su lado. "¿Sabías que el ballet lo puedes poner en práctica junto con el patinaje? ¡Apuesto a que serías muy bueno haciendo giros!"

"Instructor...¿a-a dónde vamos?"

"¡Llámame Viktor! Ahora mismo no estamos en clases." Rió, pues le parecía adorable que Yuuri fuese tan formal incluso en su vida diaria. Su primo Yuri podría aprender tantas cosas de él... "Y te estoy acompañando a tu casa. ¿Vives en Yu-topia, cierto?" Yuuri abrió mucho los ojos con sorpresa, pero sólo se limitó a asentir. Viktor prosiguió a explicarse. "Mi padre estuvo allí hace unos días para una reunión de negocios, y me dijo que los dueños de ese lugar se apellidan 'Katsuki'. Até cabos e imaginé que serían tus padres."

"Sí... Es el onsen de mi familia..."

"¡Wow! Seguro que te dejan entrar a las aguas terminales cada vez que quieras. Qué envidia." Comentó juguetón y el niño rió.

Continuaron la conversando tomados de la mano, con Makkachin a su lado dando saltitos. Aunque era más bien Viktor el que guiaba los pasos y la conversación, contándole a Yuuri sobre lo que había desayunado, lo que había hecho en la escuela, lo que había comido, las cosas graciosas que Makkachin hacía, sobre un anime que estaba viendo, un manga que leía, incluso se quejó sobre una difícil tarea que tenía que entregar para el lunes pero que aún no empezaba a hacer por pereza. El menor contestaba con interjecciones como 'ah' u 'oh', pero se divertía con el simple hecho de escuchar su voz tan animada.

Y cuando llegaron a Yu-topia, Yuuri acarició a Makkachin y le plantó un beso en la frente como despedida.

"¡Oooh! ¡Yuuri! ¡Hazlo de nuevo!" Exclamó Viktor con ojos brillantes, apuntando su celular hacia ellos, pero el menor sintió vergüenza y negó con la cabeza. "Oww, pero Yuuri..." Gimió, pero el moreno no cedió. "¡Mmh! Está bien. Entonces sólo abrázalo." Pidió con una sonrisa en forma de corazón y esta vez Yuuri no pudo negarse.

Yuuri se arrodilló y abrazó a Makkachin, recibiendo varios lengüetazos felices antes de que el mayor pudiera encontrar el ángulo perfecto para la foto.

"¡Ooh, esto es tan adorable! ¡Gracias, Yuuri!" Le mostró la fotografía con su cara mostrando una emoción solamente equiparable a cuando miras una obra de arte. Yuuri no supo qué otra cosa hacer mas que mirarlo con confusión, sin entender porqué del alboroto y mucho menos el agradecimiento.

"Uhm...¿D-de nada? Y...uh...gracias por acompañarme a casa, Instru-"

"¡Ah-aaah!" Le amonestó el peliplateado con una sonrisa y un dedo levantado. "¿Qué te dije hace unos momentos?"

"Ah...Umm...Vi-Viktoru." Agachó la cabeza para que el mayor no pudiera ver su rostro completamente rojo.

Oh... Yuuri pronunciaba su nombre con acento japonés. El peliplateado no podía con tanta dulzura.

"¡Muy bien, Yuuri! ¡Aprendes rápido! ¡Eres un buen chico!" Llevó una mano hacia su melena negra y la acarició con afecto, justo como lo haría con el pelaje Makkachin, y en cuanto quitó la mano, el menor se apresuró en abrir la puerta.

Viktor esperó a que Yuuri entrara a casa mientras se despedía de él agitando una mano de manera infantil, y Yuuri hizo una reverencia respetuosa antes de cerrar la puerta.

Viktor se preguntó mentalmente si podría adoptar a Yuuri para que fuera su hermanito y llevarlo a casa con él.


Sugerencias, quejas, mentadas de madre, llamadas a la ONU, regalitos, confesiones de amor; dejen reviews.