Sorpresa, sorpresa!
He vuelto, aunque sé que ya ni siquiera me extrañan.
Ya no estoy segura de si no les gusta cómo va la historia, si los estoy aburriendo o si en verdad no tiene tiempo de leerme. No me gusta presionarlos a que dejen un review, pero es tan difícil encontrar ganas de escribir cuando no sé si les gusta o no, que… ya no sé.
En fin, les traigo una sorpresa. ¡EL MOMENTO QUE TANTO HEMOS ESPERADO!
Espero les guste ;)
Nos leemos en las notas finales.
Disfruten su lectura :D
Capítulo 34
Te deseo
Oficialmente ya estaba completamente recuperado.
Había ido a un odioso hospital para que un médico de verdad le sacara los puntos, porque "Debo aclarar, Señor, que haber aprobado un curso de anatomía en el MIT no le otorga el título de Doctor". Steve se había reído de él y su posterior discusión con su entrometida I.A. Ahora tenía dos bonitas cicatrices, una en el abdomen y otra en su espalda, que le recordaban su pequeño accidente en una zona de guerra. Yo y mis actos heroicos, pensó.
Steve le había acompañado y se había quedado con él. No porque el genio tuviera miedo de entrar solo y enfrentarse a un médico en la terrorífica habitación de color blanco y luces brillantes, sino para que no atacara al doctor con su parloteo científico y posibles insultos, y también para asegurarse de que no se escapara por la ventana.
―A veces actúas como un niño, Tony. ―Le había dicho el rubio cuando se negó rotundamente a ir al hospital. Luego le había besado tiernamente la frente y él había cedido porque ¿qué no haría por complacer al soldado que tanto adoraba? Nada, se dijo.
Se levantó la camiseta y se giró levemente para ver la cicatriz de su espada: era pequeña, redonda y de color rosa pálido. Según el doctor la herida había sido limpia y en poco tiempo ya casi no se notaría. Esperaba que tuviera razón. Pasó sus dedos por la cicatriz de su abdomen, por ahí había salido la bala; el proyectil entró por su espalda mientras corría hacia la mujer y su hijo, y había salido por adelante. Esta marca era un poco más grande y más oscura, y tenía algunas estrías que probablemente no desaparecerían.
Llevó una de sus manos a su pecho y sostuvo las placas de Steve por encima de la camiseta. Lo había hecho por él. Lo había hecho con el fin de protegerlo. Lo había hecho porque no sabía que haría sin ese hombre a su lado. Y volvería hacerlo las veces que fuera necesario.
Se bajó la camiseta, tomó una profunda respiración y salió de la habitación; su taller llevaba cerrado demasiado tiempo.
•••
Segundo piso, muchos ventanales, adoraba los ventanales, balcones gigantes con hermosas vistas al mar y la terraza del primer piso. Había hecho muchos avances para su casa soñada en una isla paradisiaca. Lo único que aún no tenía era la isla; necesitaba una isla relativamente pequeña, debía tener una selva de palmeras en el patio trasero, por lo que debía haber una distancia considerable entre las palmeras y la orilla del mar, pues la casa era bastante grande y aún no estaba lista. También debía tener mucho espacio del otro lado de la pequeña selva de palmeras para poder aterrizar un quinjet; esas cosas se habían convertido en el transporte perfecto.
Tenía una lista con más de mil islas inhabitadas y en venta en varios países, pero debía revisarlas una por una hasta dar con la indicada. Ese era un trabajo que no podía darle a JARVIS, ya que, por muy eficiente que fuese, no tenía esa visión perfecta que rondaba en su cabeza desde hace tantas semanas. Se cansó después de revisar y descartar las primeras ciento ochenta y tres islas y cerró la pantalla, guardando sus avances.
Justo en ese momento la puerta del taller se abrió y su soldado favorito entró caminando en su dirección.
―Llevas aquí mucho tiempo. ―Lo besó suavemente.
―Acabo de terminar. ―Se levantó y lo tomó de la mano. ―JARVIS cierra todo y asegúrate de que Dum-E no incendie el taller en mi ausencia.
Steve rió.
Caminaron hacia la salida del taller y subieron a la estancia para ver una película.
•••
Cuando el genio no puso objeción para salir del taller, Steve supo que algo había cambiado.
Habían pasado dos semanas desde su regreso a la torre y su preocupación por el moreno no había disminuido ni un poco hasta que el doctor dijo que ya estaba bien y le había sacado las suturas del cuerpo. Fue en ese preciso momento, cuando vio ambas cicatrices, en que soltó el aire que llevaba sosteniendo en su pecho desde que le vio caer fuera de la armadura cubierto de sangre. No se había dado cuenta de lo mucho que le había afectado ver al genio en aquella situación y, al parecer, Tony aprendió una lección de toda la experiencia, aunque no sabía bien qué lección era esa.
Durante esas dos semanas no le había dejado salir de su piso. Sabía que el filántropo salía de la habitación cuando él no estaba presente, pero se había asegurado de que no hiciera nada más que descansar. Lo que terminó con el genio metido en el taller más de doce horas seguidas luego de la visita al hospital y su tan esperada alta médica.
Ahora, viendo la película, se dio cuenta de un par de cosas: Tony estaba muy cansado y por eso no había objetado al salir del taller, también notó que, incluso dormido, se negaba a alejarse de él.
Una vez la película hubo terminado, el soldado se incorporó sin despertar a su novio y lo levantó en brazos para llevarlo a su habitación, escaleras arriba. Iban a mitad de camino cuando el genio se removió y soltó su típico reclamo.
―Ya te había dicho que no me cargues como una princesa, Steve. ―Sus ojos cerrados y su cara escondida en su hombro.
Steve sonrió.
―Y yo te dije que no es así. Te llevo como a un niño mimado, amor.
El moreno medio gruñó algo en su hombro que no entendió y se abrazó a su cuello sin volver a quejarse.
Al llegar a la habitación lo depositó en la cama y se acostó junto a él, listo para descansar. No tardó mucho en caer en un profundo sueño, liberando su cuerpo de la tensión producida por la constante preocupación, arrullado por la tranquila y constante respiración de un dormido Anthony.
•••
Abrió los ojos lentamente, no había mucha luz a su alrededor, debía ser muy temprano. Se movió con cuidado, buscando al hombre que descansaba a su lado; Tony se había separado de su cuerpo durante la noche y ahora dormía de espaldas, con los brazos estirados sobre la almohada, junto a su cabeza.
Lo observó por largo rato.
Delineó con su mirada la perfectamente recortada barba, la sutil línea que se perdía al llegar al marcado ángulo de su mandíbula, peligroso y afilado, perfecto. Siguió con su inspección hacia sus pómulos, sus cerrados ojos, bajando por su nariz hasta llegar a sus labios. Adoraba esos labios. Labios carnosos, labios capaces de demostrar todo tipo de sentimientos, dulces como las donas que al genio tanto le gustaban o amargos como el café que ingería sin parar; capaces de decir las cosas más hermosas que podía escuchar e incapaces de contener irreverencias que le hacían suspirar con cansancio y, a veces, reír en los momentos menos adecuados.
Bajó la vista por su garganta y se encontró con el pecho desnudo de su novio. Debió quitarse la camiseta en medio de la noche, pensó con una sonrisa en los labios. Pudo ver como subía y bajaba pausadamente. Observó el centro de su pecho, donde ahora reposaban sus placas de identificación, mismo lugar en que el reactor había estado, y pudo ver una fina y casi imperceptible cicatriz.
Se acercó un poco más.
Se maravilló con la tersura que mostraba su piel, con la ausencia de vellos en aquellos pectorales marcados por sus entrenamientos y sus interminables horas en el taller. Siguió su escrutinio descendiendo a su abdomen y llegó a la cicatriz estriada que interrumpía la continuidad de su perfecta piel bronceada. Acercó su mano y acarició con suavidad el contorno de la irregular marca, el abdomen del moreno se hundió levemente ante el toque.
Miró una vez más su rostro, sus ojos seguían cerrados.
Volvió a tocar la piel del genio, esta vez con más confianza, acariciando la cicatriz y apreciando la diferencia de textura en comparación al resto de su piel. La cicatriz era suave y tersa al igual que su piel, pero en una forma totalmente diferente; no sentía el mismo calor proveniente de la rosada carne bajo sus dedos, no sentía la misma vida que en el resto de su piel. Esa marca le recordaría cada día de su vida lo que Tony había hecho por él y por esas personas, le recordaría que su novio es un héroe y es capaz de ponerse en peligro por salvarle a él; por salvar a un hombre que no corría los mismos peligros de morir ante un disparo gracias a un suero experimental que llenaba todas y cada una de las células de su cuerpo.
Inconscientemente comenzó a acariciar con la punta de sus dedos las hendiduras de sus abdominales, siguiendo las perfectas líneas hasta que apoyó la palma completa sobre los marcados músculos. Acariciando con suavidad y parsimonia cada palmo de piel a su alcance. Subió su mano un poco más y acarició el pectoral izquierdo, justo sobre su corazón. Sintió sus latidos rítmicos y constantes.
Se acercó aún más y besó el centro de su pecho, junto a las placas, sobre la imperceptible cicatriz del reactor. Luego su pectoral derecho, su mano seguía en el mismo lugar. Sintió los latidos aumentar, pero su respiración seguía normal. Besó una vez más, incorporándose sobre el genio para estar más cómodo y así alcanzar más de su piel. Los latidos aumentaron a medida que repartía besos sobre su pecho y subía por su cuello.
―No sabía que le gustaba despertar así a sus soldados, Capitán. ―Ronroneó seductoramente el genio con una voz profunda y ronca por el sueño y la excitación que comenzaba a sentir ente las caricias recibidas.
Llevó su mano a la afilada línea de su mandíbula y se acercó a su rostro.
―No eres un soldado, ―susurró sobre sus labios― eres mucho más que eso.
Acarició la nariz de Tony con la punta de la suya, tanteando el terreno, tentando al genio. Acercó sus labios a los de un ansioso hombre que esperaba con los suyos separados, como si esperara la caída de una gota de lluvia en el desierto. Sus ojos cerrados y sus labios abiertos, ansiosos, le hicieron sonreír. Acercó una vez más sus labios a los del genio y los rozó suavemente, apenas un contacto, y la boca contraria buscó la suya cuando se alejó.
Sin saber de qué rincón de su mente salió tal idea, sacó su lengua y la pasó por sus propios labios, humedeciéndolos, y luego dio una lenta lamida por los labios de su novio. Le escuchó gemir.
Jamás pensó que Steve lo despertaría de aquella forma tan sensual, y después esa lengua… esa lengua húmeda y caliente pasando sobre sus labios fue como la más ardiente de las caricias. Buscó los labios del rubio una vez más, ignorando el profundo gemido que había dejado salir, hasta que los encontró. Besó sus labios con lentitud. Atrapó el labio inferior de Steve entre los suyos, luego el superior, una y otra vez; sintió los labios del soldado atrapando los suyos de vuelta en una coordinación perfecta.
Los brazos del genio cayeron sobre sus hombros y sus antebrazos rodearon su nuca, acercándolo lo más que podía hacia él. Lo atraparon para no dejarlo ir.
Casi sin aliento y con ganas de explorar esa bronceada piel, dejó sus labios y besó su cuello. Besos húmedos y calientes que bajaban por su garganta a medida que los brazos del filántropo volvían a aflojarse y se dejaban caer sobre la almohada. Besó a conciencia su cuello y dejó un par de marcas en el proceso, escuchando los suaves suspiros del moreno. Bajó un poco más hasta alcanzar su clavícula y mordió sensualmente, arrancando un jadeo de sorpresa de los labios del moreno.
―Steve.
Volvió a subir a su rostro y por primera vez esa mañana vio los hipnóticos ojos color caoba de su genio favorito. Sus ojos brillaban con algo especial, con algo profundo y oscuro. Pudo ver el deseo en el fondo de sus irises y en sus pupilas dilatadas.
Acarició con la palma de su mano el costado derecho de Tony arrancándole un ahogado gemido. Con la otra mano removió un poco las sábanas y, poniendo una de sus piernas entre las del genio, se posicionó sobre él.
Sintió el agradable peso de su Capitán favorito sobre el cuerpo y luego esos rosados labios volvieron a pasearse por su pecho desnudo. Eran besos húmedos y largos. Los labios de Steve, separados, alcanzaban su piel y se quedaban ahí, besando y lamiendo, enviando deliciosas descargas de placer a su columna. Se retorció con fuerza, temblando de pies a cabeza, cuando uno de sus pezones fue atrapado por los dedicados labios de su novio.
―Steve. ―Jadeó llevando una de sus manos al rubio cabello del soldado.
La lengua de Steve atacó con rudeza y lentitud el oscuro pezón oculto entre sus labios y la mano de Tony presionó aún más sobre su cabeza. La otra mano del millonario fue a parar a su ancha espalda, su ceño se frunció al sentir la tela de la camiseta. Jadeando por la estimulación recibida por los labios de su novio, llevó ambas manos a la camiseta y comenzó a tirarla hacia arriba para sacarla. Con mucho esfuerzo, finalmente la camiseta subió y el rubio tuvo que separarse del pecho del moreno para permitir que le quitara la prenda.
Tony aprovechó el momento para besarlo otra vez.
Se besaron largo tiempo mientras las manos traviesas e inquietas del moreno recorrían la ancha espalda de su súper novio. Sus manos bajaron lentamente por su columna hasta llegar al borde de sus pantalones, luego subieron a la misma velocidad, pero en una caricia un poco más ruda; sus uñas dejando finas marcas rojas que desaparecían de inmediato. El largo gemido que el soldado dejó salir, ahogado por sus besos, fue una de las cosas más sensuales que había escuchado; gimió también, por el puro placer de hacerlo y que su novio le escuchara.
Las manos de Steve no se quedaron quietas en ningún momento mientras su espalda era duramente acariciada; viajaron por los costados de Tony llegando a sus caderas y apretando con fuerza al sentir esas uñas recorrer su piel. Acalló un gruñido de protesta ante la fuerza de su agarre con sus besos. Apartó sus labios de los del genio y lo miró a los ojos, el deseo y la lujuria cada vez más presentes en su mirada. Aún con sus manos en el mismo lugar, Steve hizo un movimiento suave y profundo contra las caderas de Tony, presionando su erección contra la de su novio. Ambos soltaron un gemido largo y profundo.
Llevó sus manos a los hombros de Steve y lo empujó bruscamente sobre la cama, sin darle tiempo al rubio a pensar en la razón, se sentó sobre sus muslos, con sus erecciones tocándose. En un sensual movimiento de caderas logró la fricción que deseaba y un grave gemido volvió a brotar de la garganta de su sexy novio. Cerró los ojos, puso una de sus manos en el marcado y firme abdomen del soldado, dejó caer su cabeza hacia atrás y comenzó a moverse con lentitud y una calma que no sentía.
Los jadeos y gemidos de ambos inundaron la habitación. Sobre el pecho de Tony, el ligero golpeteo metálico entre ambas placas era apenas audible.
Tony podía sentir la contracción de los músculos de Steve bajo la palma de su mano. Las manos de este último, que se encontraban aferradas a las sábanas, a los costados de su cuerpo, viajaron a los muslos del moreno. Subieron poco a poco a sus caderas, intentando acelerar el condenadamente lento ritmo de Tony, pero este apartó sus grandes manos de allí y las llevó a su pecho, instándole a acariciar.
Lo consiguió.
Steve acarició su pecho, pero pronto sus manos volvieron a bajar, aunque en esta ocasión con un destino un tanto diferente: la pretina de su pantalón. Llegó al elástico del pantalón deportivo y comenzó a bajarlo tentativamente. Tony sonrió. Se detuvo un momento y se inclinó hacia adelante; Steve pudo sentir las frías placas caer sobre su pecho. El filántropo habló sobre sus labios.
―Esta vez nadie nos interrumpirá, Steve. No sabes lo mucho que he deseado esto. ―Dijo con voz ronca. ―Es tu última oportunidad de arrepentirte.
No recibió respuesta. No con palabras.
Las manos de Steve se adentraron en los pantalones y en la ropa interior del moreno, acariciando, buscando. Una de sus manos rodeó la erección de Tony y este cerró los ojos para luego soltar un largo gemido de placer. El rubio se deleitó al ver su rostro contraído por el placer y disfrutó cada segundo al escuchar su gemido.
Se alejó de su novio por un momento. Rápidamente se quitó los pantalones y la ropa interior, haciendo lo mismo con el hombre recostado en la cama.
Ambos estaban desnudos. Igual que aquella vez en la ducha, recordó el millonario.
Steve se incorporó sobre sus codos para tener una mejor vista de su novio totalmente desnudo frente a sus ojos. Tony trajo de vuelta la imagen que su subconsciente había guardado de aquel día en la ducha de Steve; comparó su recuerdo y decidió que el presente le gustaba mucho más. Steve era un súper hombre en todo el sentido de la palabra y algo en su interior le dijo que las cosas no serían como había pensado.
―Ven. ―Le invitó extendiendo su mano.
Sin pensarlo, como siempre que Steve le llamaba, avanzó sobre la cama y volvió a sentarse en la misma posición de antes. Suspiró al sentir el contacto total de sus pieles desnudas. Miró al soldado a los ojos y se quedó en blanco, como si no supiera que hacer a continuación. El rubio se percató de esto y se sentó en la cama, con Tony en su regazo, y lo abrazó. Lo besó con ternura.
―Podemos…―Empezó a decir, pero un movimiento inesperado lo calló.
Las caderas de Tony se habían movido en automático y, gracias a la posición en la que se encontraban, la fricción fue aún más intensa y la sensación mucho más excitante.
La mano derecha del mecánico se perdió entre sus cuerpos y atrapó la erección de Steve entre sus dedos. El rubio jadeó. Acarició lentamente de arriba abajo arrancando gemidos ahogados de su soldado, que volvió a recostarse en la cama. Trató de envolver ambos miembros en su mano, pero no pudo.
Siempre pensó que su fama con las mujeres se debía a su dinero, por una parte, y su encanto y apariencia, por otra, pero ahora creía entender un poco mejor. Viendo su erección junto a la de Steve, inevitablemente hizo una comparación: Steve medía un par de centímetros más que él, no era la gran diferencia; pero, al mirar su propio miembro, se dio cuenta de que era un tanto más grueso que el del soldado de los años cuarenta. O yo estoy muy bien dotado, o el chico era realmente un chico cuando le inyectaron el suero, pensó. Con razón las mujeres dicen que el "tamaño" no importa, pensó ahora con diversión; ya sabía a qué se referían con la palabra "tamaño".
La mano de Steve encontró su camino hacia la erección de Tony sacándole un jadeo de sorpresa y haciéndole olvidar sus pensamientos. Ambos comenzaron a acariciar al otro con un ritmo similar, hasta que llegaron a una sincronía perfecta. Los gemidos de ambos se escuchaban por toda la habitación. Ambos, inconscientemente, movían sus caderas contra la mano del otro.
―Espera. ―Jadeó el moreno.
―Tony…
―Dame tu mano. ―Dijo al tiempo que tomaba su mano y entrelazaba sus dedos. La mirada confundida de Steve le hizo soltar una pequeña risa. ―Confía en mí, cariño.
Llevó ambas manos de vuelta a sus erecciones, esta vez juntas, y las envolvió con sus manos entrelazadas. El contacto de ambos miembros fue extrañamente placentero. Sus erecciones estaban calientes y eran suaves al tacto. El moreno comenzó un nuevo ritmo, esta vez un poco más rápido, notando la diferencia de inmediato. Al mismo tiempo que sus manos rodeaban sus erecciones, Tony comenzó a entrar y salir de la pequeña prisión y generó aún más fricción que hizo gemir más profundo al soldado. La piel de sus erecciones subía y bajaba contra la otra, se rozaban deliciosamente, sus manos se apretaron al mismo tiempo y aceleraron el ritmo.
El sudor cubría el cuerpo de ambos.
Los gemidos aumentaron, los movimientos de sus caderas se hicieron más erráticos y desesperados, buscando más contacto de sus miembros. Sus manos aumentaron aún más la velocidad, sin separarse de la del otro.
―Steve. ―Gimió Tony, sabiendo lo que se avecinaba.
―Tony… Tony, yo…―No pudo terminar de hablar.
―Lo sé, cariño. ―Se interrumpió con un ronco gemido. ―Yo también.
No supo cómo, pero se inclinó una vez más sobre Steve, apoyando su mano izquierda junto a la cabeza del rubio. Las placas hicieron un sonido metálico al caer bruscamente sobre el pecho de Steve, que abrió con dificultad los ojos. Se miraron un momento antes de cerrar los ojos y dejarse llevar en un beso torpe, lleno de mordidas y jadeos en la boca del otro.
Conocía esa sensación en la parte baja de su vientre. Había comenzado con la sensación de que su erección crecía y se ponía aún más caliente, tan dura que dolía. Podía sentirlo en lo más profundo de su ser. Ya no aguantaría mucho más. Apretó aún más su mano y notó que Tony hacía lo mismo. Con un gemido casi animal que compartió con el moreno se dejó ir completamente, sintiendo como su interior se vaciaba poco a poco y una sensación de algo tibio cayendo en su abdomen y parte de su mano.
Había dejado los labios de Steve para poder soltar un último gemido. Escuchar a Steve gemir de esa forma le dio lo que faltaba para su liberación. Se dejó llevar por las sensaciones y sintió un viscoso líquido bajar por el dorso de su mano. Instó a Steve a seguir con un movimiento lento de sus manos un momento más y cuando ya ninguno de los dos tenía nada que liberar, se detuvieron, apartando sus manos lentamente.
Juntaron sus frentes. Sus respiraciones agitadas contra la boca del otro. Abrieron los ojos y una sonrisa iluminó sus rostros.
Sin pensarlo siquiera, Tony se dejó caer sobre el cuerpo de Steve, sintiendo de inmediato la tibieza y la viscosidad de su semen mezclado con el de su novio, pero no le importó. Escondió la cabeza en el cuello sudado del rubio y trató de recuperar su respiración. La mano de Steve fue a parar a su espalda, acariciando sin darse cuenta; él se abrazó lo mejor que pudo a su nueva fuente de calor.
―Tony…
―Mmm…
―Tony, yo… ―De pronto escuchó la respiración pausada del moreno contra su cuello. Se había quedado dormido por el cansancio. Suspiró. Él también estaba cansado. También estaba feliz, pero había algo… ya lo pensaría luego de dormir un poco.
Mmmmm…
Sí, ya lo sé. No es lo que esperaban. No crean que lo hago por venganza hacia mis queridos lectores por no comentar, sino que estaba planeado así desde un principio. ¿Recuerdan que hace como dos o tres capítulos les dije que este momento ya estaba escrito? … pos está listo desde entonces.
El próximo capítulo trae otra sorpresa aún mejor y sé que lo amarán. Tony lo amará, Steve lo amará, yo lo amé al escribirlo… mucho amor en el próximo capítulo ;)
No me odien :(
Nos leemos pronto.
Besos.
Bye :D
Lunes 13 de Noviembre, 2017.
