En este capítulo vemos el punto de vista de ambos ;D

Recuerden, si les gusta el fic, dejen reviews, así sabré lo que les gusta y lo que no y podré mejorar la historia :D


Yuuri tenía 14 años cuando recibió la primera 'mejor sorpresa de su vida' por parte de Viktor.

Era su cumpleaños. Uno de los pocos días del año que de verdad disfrutaba debido a que su madre le permitía comer todo el katsudon que quisiera, recibía regalos, y hasta Mari se comportaba como una buena hermana mayor y no lo molestaba durante el día.

Además del katsudon, también era parte de la tradición familiar invitar a su pequeña fiesta a sus dos únicos y mejores amigos, Yuuko y Takeshi. No obstante, por algún motivo que desconocía, ese año también Viktor se presentó. La castaña enseguida le confesaría que fue ella quien lo invitó.

"Yuuko, ¿por qué...?" Le susurró con preocupación mientras veían como el peliplateado era recibido por sus padres y su hermana, lo que lo hizo olvidarse por completo del medio plato de katsudon que tenía enfrente.

"¿Y por qué no?" La muchacha respondió sonriente, también en voz baja, a la vez que le daba un par de palmadas en la espalda para tranquilizarlo. "Viktor también es nuestro amigo."

"Es nuestro instructor de patinaje." Rectificó con gravedad, comenzando a ponerse verdaderamente nervioso. ¿Qué se suponía que haría un casi-adulto en una fiesta de cumpleaños de un chico de secundaria?

"Un instructor de patinaje al cual le caes muy bien y se sintió ofendido porque no le dijiste que era tu cumpleaños." Dijo Yuuko en tono acusatorio, pero en burla.

Yuuri frunció el ceño y estuvo por contestarle que eso no era cierto, que Viktor seguro tenía otras cosas mejores que hacer y que sólo se sintió obligado de venir porque su amiga tuvo la mala idea de implicarlo. Sin embargo, el mismo Viktor los interrumpió.

"¡Yuuri! ¡Feliz cumpleaños!" Se arrodilló a su lado y lo abrazó con efusividad, tanta que al moreno le faltó el aire por unos segundos. "Lamento si llegué un poco tarde. Mi madre no me dejaba salir hasta que terminara de limpiar mi habitación." Agregó con un bufido.

"O-oh...está bien." Escondiendo su rostro ruborizado en el cuello del mayor, regresó el abrazo, diciéndose a sí mismo que lo hacía por pura cordialidad. "Me alegro que hayas venido..." Murmuró aquello último de manera inconsciente, creyendo que lo había pensando. Para su suerte, sólo Viktor lo escuchó y respondió acariciando su cabello.

Estuvieron abrazados varios segundos hasta que Hiroko llamó su atención.

"Viktor-kun, ¿quieres un poco de katsudon, o ya cenaste?"

"¿Katsudon?" Repitió tras romper el abrazo y se sentarse al lado del cumpleañero.

"Es la comida favorita de Yuuri." Dijo la mujer señalando el plato con un gesto de su mano, y los ojos de Viktor brillaron.

"¡Por supuesto! ¡Si es la comida favorita de Yuuri debo probarlo!" Anunció animado. Y sus párpados se abrieron de más al recordar algo. "¡Pero primero debo darle a Yuuri su regalo!"

"¿Re-regalo?" Repitió incrédulo. Por estar discutiendo con Yuuko olvidó que había visto entrar al peliplateado cargando con cuidado una caja relativamente grande, la cual dejó en el suelo antes del abrazo.

Viktor giró su cintura para alcanzar la caja y la arrastró hacia Yuuri. Yuuko y Takeshi se acercaron enseguida a ver lo que había dentro.

Era una caja blanca con un sencillo moño azul, y la tapa... ¿tenía hoyos? Antes de poner sus manitas en ella, la caja se movió, haciendo que los chicos se sobresaltaran por miedo, mas Viktor sólo rió. Yuuri lo miró en busca de una explicación pero el ruso le hizo señales para animarlo a abrirla.

Yuuri entonces la abrió despacio, sosteniendo el aliento, y la tapa salió volando de sus manos tras ver el contenido. Era un cachorro de poodle, igualito a Makkachin (quien ya era bastante grande al tener ya 8 meses de edad) pero más pequeño. Tenían el mismo color de pelaje y los mismos ojos amorosos.

Yuuri sonrió y sintió que se le hinchaba el pecho de la emoción. Tomó al cachorro entre sus brazos y éste, también feliz, comenzó a lamerle la cara. Estaba tan distraído con su nueva mascota que ni siquiera notó que Viktor y Yuuko le tomaban fotografías y expresaban lo adorables que se veían juntos.

Entonces algo de realidad golpeó su mente. ¿Sus padres le permitirían conservar al cachorro? No sabía mucho sobre dinero, pero estaba consciente de que a su familia no le sobraba y tener una boca más que alimentar podía ser contraproducente. Y como si su madre le hubiera leído el pensamiento, se acercó a acariciar al cachorrito con afecto.

"¡Es adorable, Yuu-chan! ¿Qué nombre vas a ponerle?"

"¡Es un niño!" Dijo Viktor para ayudarle a decidir un nombre de varón.

"¡Tienes que darle un nombre que suene macho y amenazante y a enseñarle a cazar gatos!" Sugirió Takeshi un poco en broma, pero Yuuko le dio un manotazo.

"¡Por supuesto que no!" Gritó la chica con molestia fingida, y después se volvió sonriente hacia el moreno. "No le hagas caso, Yuuri. Ponle el nombre que tú quieras. Estoy segura de que se te ocurrirá algo lindo."

"Umm... ¿Puedo pensar en un nombre más tarde?" Inquirió con timidez, dirigiéndose más a Viktor que a los otros. "Quisiera... darle un buen nombre..."

"Por supuesto, cariño. Tienes todo el tiempo del mundo." Le aseguró Hiroko acariciando su cabello negro antes de salir de comedor para ir a traerle un tazón de katsudon al peliplateado. Toshiya y Mari también se retiraron para continuar atendiendo a los clientes del área del bar.

"¿Te gustó mi regalo, Yuuri?" Preguntó Viktor, y por lo que el menor podía deducir de su rostro extremadamente animado, esperaba ansioso una respuesta positiva.

"Sí, m-me encanta. ¡Gra-gracias, Viktoru!" Contestó escondiendo su rostro ruborizado en el pelaje del cachorro, pero pudo ver que la sonrisa de Viktor se hacía más grande. Yuuri recordaba haberle comentado alguna vez que le gustaría tener un perro igual a Makkachin, pero se lo había dicho principalmente con intención de halago, no pensando realmente que alguna vez tendría uno. "No puedo creer que mis padres me hayan dejado quedármelo..." Agregó después con el ceño fruncido.

"¡Oh! Es que hablé con ellos primero." Viktor comenzó a explicar. "Les dije cuánto querías una mascota y les pedí permiso para conseguirte un poodle pequeño. También les ayudé a crear un presupuesto a largo plazo para su alimento y los gastos extras para su cuidado. Este chico no crecerá tanto como Makkachin, así que no consumirá mucha comida. Y yo ya me aseguré de llevarlo con un veterinario y darle sus primeras vacunas. Así que no tienes nada de qué preocuparte."

Yuuri parpadeó varias veces seguidas, no sabiendo qué contestar. Era primera vez que escuchaba a Viktor a hablar con 'lenguaje adulto' que no logró entender mucho. Sabía que el padre de éste era un empresario millonario, tal vez por eso sabía usar ese tipo de palabras raras.

"Uhm, gracias." Simplemente repitió y el peliplateado asintió todavía sonriendo.

"Ah. Debo ir a lavarme las manos. ¡Ya quiero probar ese katsudon!" Anunció después de acariciar al cachorro y levantarse del piso. El peliplateado ya había estado varias veces antes en la residencia Katsuki, así que no necesitó que alguien lo guiaran al cuarto de baño.

Yuuri no entendía por qué Viktor siempre era tan amable con él. Podía entenderlo cuando estaban en clases, pues era su trabajo, pero no cuando se encontraban fuera de clases. No era raro toparse con él al salir de la escuela puesto que sus instituciones estaban cerca. Entonces el mayor se ofrecía a acompañarlo a casa para volverse a verse más tarde en la pista (si es que había clases de patinaje ese día). Otras veces se encontraba con Viktor cuando salía a hacerle recados a sus padres, entonces, entre los dos, se compraban varios tipos de caramelos para probarlos juntos y decidir cuál les gustaba más. Incluso unos pocos días atrás, después de su clase de ballet con Minako, el ruso le compartió de su helado de vainilla para que 'se refrescara'.

Yuuri era un chico común y corriente el cual estaba consciente de su gran falta de confianza en sí mismo y que tenía problemas para comunicarse con otros chicos. Apenas si tenía dos amigos y eso era porque Yuuko era una buena chica y le tenía paciencia, mientras que Takeshi, quien era obvio que estaba enamorado de ella y hacía todo lo que ésta le pidiera, pues... también se comportaba con un buen amigo, pero no podía evitar pensar que lo hacía por mera obligación.

Mientras que Viktor... Él era extraño. La primera impresión que tuvo de él fue la de un chico-casi-adulto genial que tenía al mundo bajo sus pies y que podía permitirse ser arrogante y pisar a quien quisiera si titubear; con un rostro tan angelical que podía conquistar a cualquier chica y tener muchas novias. Y con el dinero que sus padres tenían, éste podría ser un presumido que se lo gastara en ropa de moda y productos para el cabello.

Pero él no era así. En realidad, Viktor era justo lo contrario.

Es decir, por supuesto que era un chico genial y que estaba claro que también era popular y podía lograr que cualquiera cayera rendido a sus pies, pero aún así su actitud era... bastante infantil. Viktor era amable y sonriente, y a veces un poco tosco en sus comentarios, como un niño pequeño que no tiene un filtro moral; pero nunca los decía con la intención de lastimar. Yuuri nunca pensó que le fuera agradar tanto la actitud Viktor, y su enamoramiento platónico hacia él no hacía sino que aumentar con el tiempo. Sobretodo porque también le gustaban los dulces y era un amante de los perros.

Y por alguna razón, él parecía agradarle a Viktor... ¡Hasta le había regalado un hermoso poodle! ¿Pero por qué?... ¿Es que acaso eso significaba que... eran amigos?

"¿Ves, Yuuri? ¡Le agradas a Viktor!" Exclamó la castaña poniendo sus manos sobre el cachorro y Yuuri dejó que lo cargara. "¡Hasta te compró un perrito!"

"Y es de raza fina." Dijo Takeshi tras dar un silbido, impresionado. "Me pregunto cuánto le habrá costado."

"¡Takeshi! ¡Esas cosas no se preguntan!" Le amonestó Yuuko ahora más seria. "¡Un regalo es un regalo sin importar su precio!" Le regresó el cachorro y volvió a sentarse en su lugar en la mesa cuando escucharon los pasos del peliplateado de regreso seguidos de los de su madre.

"¡Vkusno!" Exclamó Viktor en su idioma natal tras probar el katsudon y Yuuri sonrió, ya sabiendo que esa palabra era el equivalente a 'delicioso' o algo parecido.

Yuuri creyó que las siguientes horas serían incomodas con Viktor presente, pero en realidad fue bastante divertido. Los cuatro hablaron sobre animes y series de televisión que veían y se quejaron de la escuela. Era como si el peliplateado fuese otro chico de su edad. Y el cachorrito, ya tomando confianza, se dedicó a olfatear la habitación y a quienes estaban dentro.

Tras ocultarse el sol, Yuuko y Takeshi fueron los primeros en marcharse, mas el peliplateado se quedó al menos una media hora más (pues al ser mayor podía llegar más tarde a casa) para quedarse a jugar con Yuuri y el pequeño poodle.

"Ya sé que nombre darle." Anunció el moreno con sus mejillas comenzando a colorarse a pesar de que intentó que no lo hicieran. Viktor dejó de prestarle atención al cachorro y se volvió hacia el menor con una sonrisa.

"¿Sí? ¿Y cómo vas a llamarlo?"

"Vi-Vicchan."

"¿Vicchan?" Repitió con un dedo en la barbilla, intentando reconocer si era una palabra en japonés, pero se rindió cuando nada se le vino a la mente. "¡Suena muy lindo! ¿Qué significa?"

"... Viktoru." Contestó llevándose las manos a la cara.

El peliplateado lo miró confundido durante unos segundos hasta que se percató que 'Vicchan' era una contracción de 'Viktor' y 'chan'.

"Awww, ¡Yuuri! ¡Le pusiste mi nombre! ¡Eso es adorable!" Viktor se abalanzó sobre él y lo abrazó con fuerza. "Me siento halagado, gracias." Lo escuchó decir casi un en susurro, no pudiendo ver la enorme sonrisa que adornaba su cara porque su propio rostro lo tenía hundido sobre el pecho del mayor. "¡Esto merece un selfie!"

Se separaron un momento en el que Viktor tomó al pequeño Vicchan y lo puso en su regazo, después rodeó los hombros del moreno con un brazo para usar el otro en apuntar la lente de su celular hacia ellos. Después de subir la fotografía a sus redes sociales, Yuuri pudo ver que Viktor utilizó los hashtags #mialumnofavorito #vicchan #dosviktor

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Viktor tenía 18 años cuando recibió la 'segunda mejor sorpresa de su vida' por parte de Yuuri. La primera fue cuando llamó 'Vicchan' a su cachorro poodle en su honor.

Viktor había regresado a Rusia durante un par de semanas por la época navideña. Además de que su cumpleaños era justo en Navidad, por lo que parte de su regalo fue una fiesta con los miembros de su familia. Ese tiempo lo dedicó en ponerse al tanto con sus tíos y primos y en molestar al pequeño Yuri.

"Déjame en paz, anciano. ¿No tienes nada mejor que hacer?" Se quejó Yuri Plisetsky, de 8 años, mientras intentaban desaderece de su abrazo de oso.

"¡Pero, Yura! ¡Tú eres mi primito favorito!"

"Soy tu único primo. Idiota." Logró zafarse de él y corrió al otro lado de la habitación, lejos del escritorio en donde se encontraba sentado, y le sacó la lengua.

"¿Qué hay de Georgi?"

"Georgi es raro. Él no cuenta."

"Owww, Yura. ¡Deberías ser más como Yuuri! Yuuri es adorable y tierno, y eso que es mayor que tú." Dijo cruzándose de brazos, haciendo pucheros, y el rubio alzó una ceja con incredulidad.

"¡No me compares con tu cerdito japonés! Ya tengo suficiente con ver las miles de fotos que subes de él. No sé cómo no le da vergüenza que lo fotografíes con lo gordo que está."

"¡Yuuri no está gordo! Sólo tiene mejillas redonditas." Contestó riendo. "En realidad, me atrevería a decir que él está más delgado que tú y hasta patina mejor que tú." Dijo aquello último con tono retador. Obviamente el moreno, al tener más años que el rubio y estudiar ballet, tenía más facilidad para el patinaje.

"¡Pu-pues no me importa!" Contestó el niño hinchando las mejillas para evitar gritar, no queriendo darle la satisfacción de verlo enojado. "¡Déjame en paz y mejor ve molestar a tu Yuuri!"

"Oooh, eso quisiera. Pero Yuuri no tiene celular." Suspiró con desgane. Por algún motivo que desconocía, a quien más extrañaba en Japón era a su alumno favorito.

Desde que conoció a Yuuri y ver lo asustadizo que era no pudo sino que encariñarse con él y preocuparse por hacerlo sentir seguro. Siempre hacía todo lo que podía durante clases para animarlo a conversar con sus compañeros o que no se sintiera intimidado ante ellos cuando practicaban saltos. A veces resultaba de verdad frustrante cuando Yuuri no respondía como lo esperando, encerrándose más en sí mismo. Al menos Yuuko siempre estaba allí para amenizar las cosas.

El único lugar donde el moreno parecía en verdad sentirse cómodo era en su clase de ballet, con la instructora Minako. Lo sabía porque lo había visto bailar 'por accidente' una vez. Se había encontrado con el menor en la calle y decidió caminar a su lado hasta que llegaron al edificio. Necesitaba saber si Yuuri sufría alguna clase de acoso y por eso era tan tímido, así que fingió despedirse de él y a los pocos minutos entró y caminó despacio por los pasillos hasta que logró distinguir su cabello negro a través del pequeño cristal de una puerta.

Yuuri usaba un leotardo negro, con su cabello peinado hacia atrás y sin lentes. Eso lo hacía lucir mayor de lo de era, sobretodo porque desprendía tanta confianza que ni siquiera parecía ser el mismo niño tembloroso que tenía en su clase. Sus movimientos de brazos y piernas no eran tan toscos como cuando patinaba y sus giros eran constantes, sin tropezones. Y cuando Minako se acercó a acomodar sus piernas en la posición correcta no se tensó, de hecho, continuó relajado, como si nada lo hubiese distraído.

Viktor no pudo evitar sentir celos profesionales. ¿Cómo es que aquella mujer se las había arreglado para hacer sentir tan seguro a Yuuri? Al principio le pareció extraño, es decir, sabía que no tenía la misma experiencia como instructor que Minako, pero también sabía que Yuuri era el único de sus alumnos así de retraído. ¿Quizás... Yuuri tenía un crush hacia ella? Minako era una mujer bella para su edad, tenía sentido. Por un tiempo creyó que se trataba de eso hasta un día que se la encontró en Yu-topia y se enteró de que ésta era amiga cercana de la familia Katsuki; que conocía a Yuuri desde que estaba en pañales. Lo cual eso explicaba por qué Yuuri le tenía tanta confianza, era como una tía para él.

Yuuri tenía mucho potencial para hacer muchas cosas, pero su timidez ganaba la mayoría del tiempo. En verdad tenía que trabajar duro si quería ganarse su total confianza y poder hacerle saber lo mucho que creía en él. Pero por ahora, le resultaba realmente gratificante cuando el menor se atrevía a mirarlo a los ojos y sonreírle, lo que le provocaba en su pecho un calorcito agradable, como cuando Makkachin hacía algo adorable.

Yuri rodó sus ojos verdes al presenciar lo patético que se miraba su primo mayor suspirando como una colegiala deprimida.

"Eres un pedófilo." Dijo Mila entrando a la habitación tras haber escuchado un poco de su plática. Cargaba una laptop consigo y se sentó sobre la cama. Makkachin entró después de ella y corrió a lamer las manos de su dueño.

Mila Babicheva, de 16 años, era la prima con quien más conversaba por Internet desde que se mudó. Siendo que tenían pocos años de diferencia, se llevaban de maravilla.

"¿Qué?" Viktor a la pelirroja con extrañeza, no entendiendo lo que había dicho.

"Nada. Sólo no dejes que la policía se entere de las cosas que le haces al pobre niño japonés." Dijo riendo, sabiendo que su primo no era esa clase de chico, pero se divertía molestándolo. Viktor se levantó de la silla del escritorio para protestar.

"¡Mila! ¡No entiendo de lo que hablas!"

"Ay, Vitya. Y se supone que el adulto eres tú..." La muchacha se golpeó la frente con su palma abierta. "Ya, olvídalo. Lo decía en broma." Hizo un gesto con la misma mano para restarle importancia al asunto. "Acabo de bajar una película navideña sobre zombies asesinos, ¡¿quién quiere verla?!" Inquirió animada.

"¡Yo!" Gritaron los chicos a la vez y enseguida se acomodaron junto a ella en la cama frente a la pantalla. Makkachin también se subió para acomodarse entre las piernas de Viktor.

Cuando cayó la noche y sus familiares comenzaron a marcharse, Viktor salió con sus viejos amigos a una discoteca por primera vez, con permiso de sus padres. Esa era la segunda parte de su regalo. Todo había resultado divertido y memorable, sobre todo porque esa noche la pasó con una chica mayor que se acercó a seducirlo.

Viktor no se sintió particularmente atraído hacia ella, pero ya estaba tan subido de copas que no le importó perder su virginidad con ella en un hotel barato. Al día siguiente no se arrepintió de ello, de hecho lo había disfrutado, pero no pudo evitar preguntarse que cómo sería hacerlo con otro hombre... De lo único de lo que quizás se arrepentía un poco fue de haberlo hecho con una desconocida y no con una persona que fuese su pareja. Pero tampoco era algo que le quitara el sueño.

Cuando Viktor regresó a Japón lo primero en lo que pensó fue en que quería ver a Yuuri, entonces recordó que éste y su familia se encontraban en las afueras de Hasetsu, también visitando a sus familiares, por lo que no pudo verlo hasta después de Año Nuevo, cuando reiniciaron las clases de patinaje.

"¡Yuuri!" Corrió para encontrarse con el menor nada más verlo atravesar la puerta del Ice Castle, y cuando estuvo los suficientemente cerca, lo atrapó entre sus brazos con fuerza. Debió admitir que se sorprendió un poco cuando el moreno correspondió el abrazo con el mismo entusiasmo. "¡Yuuri! ¡No sabes cuánto te extrañé!"

"Uhm...lo mismo digo..." Lo escuchó decir con voz temblorosa, y se hubiera molestado por eso sino fuera porque Yuuri pronto agregó. "Feliz cumpleaños." Oh. Su cumpleaños había sido hace dos semanas, pero aún así se encontró a sí mismo sonriendo y hasta pudo sentir sus mejillas arder porque Yuuri lo había recordado. "Te-tengo un regalo para ti." Dijo quebrando el abrazo, dejando ver su rostro también ruborizado.

Yuuri metió las manos en los bolsillos de su chamarra y buscó algo de manera un poco errática, con lo que Viktor se dio cuenta que sus nervios no eran por él sino porque temía que no le fuese a gustar su regalo. Cuando el moreno por fin lo encontró, vio que sostenía en una de sus manos un brazalete morado con dibujitos de poodles.

"A veces usas accesorios y...y creí que quizás te-te gustaría usar uno de estos y...¡Sé que no es mucho... y-y que no se compara con el que tú me diste, pero..."

"Yuuri, ¡me encanta!" Lo interrumpió antes de que terminara de balbucear. Detestaba cuando Yuuri se hacía menos a sí mismo, y no quiso que ese momento tan especial fuera ensuciado con sus palabras negativas, mas porque el regalo le parecía adorable. Tomó el brazalete y lo observó maravillado. Yuuri incluso había recordado su color favorito. "¡Mira! ¡Se parecen a Makkachin y a Vicchan!" Dijo refiriéndose a los dibujos, y pudo ver que el menor daba un suspiro de alivio para después sonreír también. "Yuuri. ¿Crees que puedas ayudarme a ponérmelo? Ya sabes que soy muy torpe y no creo poder hacerlo con una sola mano."

El moreno rió y asintió. Tomó el brazalete y lo abrió para engancharlo después en su muñeca izquierda. Y sin haberlo esperado, recibió otro abrazo del mayor, quien se había puesto de rodillas y juntado sus mejillas.

"Gracias, Yuuri. Este el mejor regalo de todos. Estoy ansioso por ver cuál será el del próximo año."


Sugerencias, quejas, mentadas de madre, regalitos, propuestas indecorosas, cartas de amor; dejen reviews.