Hola, mundo!

Hoy vengo con algo diferente. Para quienes esperaban leer un poco más de Stony, pos no. Hoy les traigo un poco de mi querido Bucky Barnes y su travesía hacia su importante misión. ¿Es necesario? Totalmente.

Léanlo, disfrútenlo, y esperen por la súper sorpresa que les tengo para Navidad. Porque sí, para quienes no lo han notado, dentro de dos lunes es 25 de diciembre y ese día nos toca actualización. También les tengo un OS de Navidad que publicaré el domingo 24, espérenlo.

Ahora sí, dejaré de molestar xD

PD: El glosario en rumano está al final.

Disfruten su lectura :D


Capítulo 36

Viaje de ida


No podía dejar al pequeño Stan solo, triste y abandonado en la aterradora oscuridad de su destartalado departamento en las afueras de Bucarest. Pero tampoco creía que fuera una buena idea llevarlo en ese viaje con él; el viaje sería muy largo, tal vez peligroso, y se adentraría cada vez más en lugares alejados, solitarios y fríos. Ni siquiera estaba seguro de que él fuera capaz de sobrevivir a tales condiciones, aunque depositaba sus esperanzas en los experimentos que Hydra hizo en él.

El pequeño gato negro había adquirido fuerzas y había crecido un poco en ese mes que llevaba viviendo con él; estaba seguro de que, de haberlo dejado solo en ese callejón aquella noche, el pobre estaría muerto.

Lo miró una vez más. El gato estaba sentado frente a él, lamiendo su recuperada pata delantera. Se veía tierno y tranquilo, pero no debía llevarlo, era peligroso para el felino. Aunque tampoco se decidía a dejarlo. No puedo, se decía una y otra vez, pero el pensamiento de no quiero dejarlo se hacía presente también y no estaba seguro de qué hacer. Ese animal se había convertido en su única compañía y no le gustaba la idea de volver a quedarse solo. No le gustaba la soledad.

Tal vez si lo llevaba todo el tiempo dentro de su chaqueta, cubierto de los fríos vientos y proporcionándole su propio calor corporal… sí, esa era una buena idea. Podría llevarlo y evitar que algo malo le pasara producto de las bajas temperaturas; así no estaría solo.

Con esa nueva idea en mente siguió empacando las pocas posesiones que tenía y la ropa que había adquirido para protegerse en su largo viaje. Tenía todas sus provisiones cargadas en la furgoneta, solo faltaba lo que tenía enfrente. Miró el departamento cuando llevó las cosas a la entrada; lo tenía pagado por un tiempo más y pensaba volver. Le gustaba su vida allí, ya se había acostumbrado a todo aquello, a ese inusual anonimato que le daba tanta seguridad. Además, ya nadie lo perseguía. Allí estaba seguro.

Esperó a que cayera la noche y en medio oscuridad que acompañaba a la madrugada tomó sus cosas, cargó la furgoneta y, con el gato recostado en el asiento del copiloto, comenzó lo que sería un largo y difícil viaje rumbo a Siberia.

•••

Nunca creyó que el viaje sería fácil. De hecho, sabía que sería incluso más difícil de lo que pudiera imaginar, pero tenía una misión concreta y él era el único capaz de llevarla a cabo. Él era el único que conocía el peligro que existía en ese desolado desierto blanco y era el único capaz de destruirlo, aunque eso le quitara un pedazo más de su destrozada alma.

Cruzar la frontera con Ucrania fue difícil, tuvo que esperar al momento adecuado y ocultarse de los guardias armados que estaban por todos lados; pero recorrer el país de un extremo a otro para llegar a la siguiente frontera fue un completo infierno, aburrido y desagradable.

Al llegar al país se encontró con personas que lo miraban de manera extraña, personas que sospechaban de él sin siquiera conocerlo. Debía ser algo propio de la población de aquel frío lugar, aun así no le gustaban las miradas que le dedicaban a cada paso que daba. Se detuvo en medio de un pequeño poblado, al terminar el segundo día de viaje, para llenar el estanque de gasolina y así poder continuar. Cruzó un par de palabras con el hombre que estaba a cargo y tuvo que soportar su escrutadora mirada por largo rato.

Es mejor que salgas de este lugar, muchacho. ―Dijo el hombre en su lengua; no le costó mucho entenderle, de alguna forma conocía el idioma. ―A los pobladores no le gustan los extraños. ―La forma en que dijo la palabra "extraños" no le gustó nada; lo dijo con desprecio, con sospecha y con el claro mensaje de "lárgate antes de que nadie vuelva a verte ni el polvo".

Asintió sin decir nada, pagó y se fue.

A lo largo del camino a través del pueblo fue observado por todos. Un escalofrío le recorrió la espalda en todo momento hasta que, por fin, abandonó el lugar con un suspiro de alivio y sin mirar atrás a esas desagradables personas.

•••

Llevaba ya cinco días de viaje y al fin había salido de los poblados, ahora se encontraba en una carretera totalmente vacía. Según lo que podía leer en los carteles a orillas de la carretera, faltaban unos ochenta kilómetros antes de encontrar una gasolinera y otros cien más antes de llegar al siguiente poblado. Saber aquello le dio cierto alivio; nunca le había gustado que lo miraran como si fuera uno de los malos, aunque en algún momento lo fue.

El viaje era pesado y ese sentimiento de rechazo que sentía en cada lugar le había pasado la cuenta; ya no era el hombre que no recordaba haber sido, pero el constante rechazo de la gente le hacía sentir un amargo nudo en la garganta y una dolorosa opresión en el pecho cubriéndolo con un manto de tristeza y desolación que no le agradaba. Estaba completamente agotado y a cada tramo que recorría el frío se hacía notar un poco más. Acarició al felino y se sobresaltó al sentir su baja temperatura.

―Ven aquí, amigo. ―Lo levantó con cuidado y lo metió dentro de su chaqueta. ―Aquí estarás mucho mejor.

El gato maulló y ronroneó un par de veces al sentir el calor que lo envolvía, luego se quedó muy quieto. Se había dormido.

Decidió que no era mala idea seguir el ejemplo del pequeño Stan y se paró a un lado de la carretera, apagó el motor, se acomodó a lo largo de ambos asientos y se quedó dormido pensando en su misión. Su horrible misión.

•••

Un brusco movimiento lo sacó de su profundo sueño. Se levantó con rapidez y miró en todas direcciones buscando la fuente de aquello; pudo observar, a lo lejos, un enorme camión cargado. Debió pasar a gran velocidad y muy cerca de su pequeña furgoneta para causar ese movimiento. Una vez que recuperó el aliento y su corazón comenzó a latir con normalidad pudo escuchar los maullidos de Stan amortiguados por su chaqueta, se apresuró a sacarlo y lo acarició intentando calmarlo; lo había aplastado entre la tela y su cuerpo al levantarse de forma tan rápida y sin pensar.

Miró a su alrededor y pudo notar la tenue luz del día. Vio la hora en el reloj que había llevado, eran las cinco de la mañana. Ya no valía la pena volver a dormir, por lo que se levantó, dio un poco de comida a Stan y continuó con su viaje en la misma dirección que había tomado el camión que lo había despertado.

Horas más tarde y sin haberse detenido ni una sola vez, llegó a la estación de gasolina, el gran camión que lo había pasado y despertado esa mañana iba saliendo del lugar.

•••

El viaje era largo, tedioso y muy silencioso. Stan dormía y no emitía ni un sonido más que un leve ronroneo que, más que escuchar, sentía reverberar sobre su pecho. No sabía que pasaba con las estaciones de radio de la zona, pero parecía que no había nada que escuchar más que la molesta estática, por lo que después de un par de fallidos intentos apagó el aparato y siguió con su camino.

Un par de horas pasaron desde que salió de la gasolinera cuando el maullido de un molesto y hambriento Stan rompió el monótono silencio que reinaba en la furgoneta. Se detuvo a un lado del camino y le sirvió un poco de leche y comida en el asiento del copiloto mientras él se dedicaba a revisar el estado de los neumáticos del vehículo y levantaba el capot para verificar que todo estuviera en su lugar y funcionando.

―Todo en orden, Stan. No parece haber ningún problema con nuestra furgoneta, si ya terminaste de comer puedes volver a tu refugio y seguiremos con el viaje.

El felino lo miró girando su cabeza hacia un lado y al otro, sin despegar sus ojos de él mientras hablaba, como si estuviera considerando sus palabras y maulló en respuesta. Maulló en lo que parecía ser aceptación, por lo que lo tomó con cuidado con su mano derecha y lo metió en su chaqueta; no le gustaba tomarlo con su fría mano izquierda. El animal sacó la cabeza por la abertura que dejaba el cierre y miró hacia adelante como si admirara el frío, blanco y constante paisaje que se presentaba ante ellos. Luego de un rato se refugió en el cálido pecho de su dueño y se quedó dormido.

Suspiró.

―Si sigo a este paso y sin contratiempos llegaré en una semana a la frontera. ―Pensó en voz alta.

•••

Jamás volvería a pensar en voz alta.

Nunca.

Rahat. ―Maldijo. ―Rahat, de o mie de ori rahat.

Mientras maldecía una y otra vez, el gato lo miraba con algo parecido a la confusión desde el piso a su lado. Hacía frío, pero el felino, tercamente, había decidido bajar del vehículo para ver que le pasaba a su humano. Al parecer nada bueno.

―No me mires así, Stan. Hace unos días estaba todo bien y ahora, justo cuando vamos a llegar a la frontera, se descompone este al naibii motor.

Giró exasperado y se desordenó los cabellos con la mano izquierda. Al sentir el frio metal en su piel se tranquilizó un poco; esa sensación tan extraña, pero a la vez tan conocida de ese brazo que no era suyo, y que al mismo tiempo sí lo era, le trajo de vuelta un poco de la cordura que necesitaba para pensar.

Tenía las herramientas necesarias para reparar en vehículo y de una forma que no quería conocer ni pensar en ello, tenía muchos conocimientos de mecánica que le serían muy útiles ahora y en un futuro, si es que volvía a ocurrir un imprevisto como este. Respiró hondamente, llenándose los pulmones con el aire gélido de aquella zona de Ucrania y se dirigió a la parte trasera de la furgoneta para sacar lo necesario y comenzar con las reparaciones antes de que la poca luz que le quedaba desapareciera y cayera la noche.

•••

Tras su primer gran percance, no había habido otros. Todo andaba sobre ruedas, literalmente hablando, y el pequeño Stan estaba en perfectas condiciones. El gato maullaba cuando tenía hambre y rascaba su pecho con suavidad e insistencia cuando necesitaba salir para hacer sus necesidades; el pelinegro no sabía cómo es que el gato sabía hacer eso ni cómo lo había aprendido, pero daba gracias a que lo hiciera y no tuviera que soportar ser su caja humana de arena personal.

Habían cruzado sin problemas la frontera de Ucrania con Rusia, fue mucho más fácil de lo que pensó, pero no iba a quejarse de su buena suerte. Recorrió muchos kilómetros y en cada gasolinera que encontró compró y guardó bidones con gasolina para la parte difícil de su viaje.

Sabía que, una vez adentrados en el inhóspito desierto blanco de Siberia, específicamente en el sector al que se dirigía, no habría gasolineras en kilómetros. Probablemente no habría gente, solo uno que otro poblador cuidando de sus animales o algo por el estilo. Debía prepararse para ese momento, guardar bien su reserva de gasolina y no malgastar sus provisiones, además de impedir que la leche de Stan se congelara. Había muchas cosas de qué preocuparse.

•••

Hacia un mes que había entrado en el territorio ruso, hace casi tres semanas había entrado en lo que se denominaba Siberia, pero era recién ahora, dos meses después de salir de su destartalado departamento en las afueras de Bucarest, que se adentraba en la verdadera Siberia. En la Siberia que se consideraba totalmente desierta e inexplorada debido a sus extremas condiciones, las cuales impedían a cualquiera vivir allí.

Tenía sus reservas de gasolina, comida para él y para el pequeño Stan, tenía al pequeño felino bien protegido y cálido al interior de las cuatro capas de ropa que portaba. No había visto un rebaño de ovejas en semanas y la última persona que vio había sido el pastor que las cuidaba. La molestia y el dolor que sentía a causa el frío en la zona de su cuerpo que estaba unida a la prótesis le ayudaba a mantener la conciencia y seguir adelante sin dormirse. Avanzaba lentamente por miedo a perderse en el blanco paisaje.

Odiaba lo que Hydra hizo con él. Odiaba en quien se había convertido y odiaba saber que había acabado con la vida de tantas personas, algunas las recordaba y otras no, pero en este momento no podía odiarlos con tanta intensidad. Gracias a lo que habían hecho con él podía, de alguna forma, saber el camino que debía seguir. No sabía el camino conscientemente, solo sabía que conocía el camino y lo seguía casi por puro instinto.

Avanzaba con tanta lentitud y el paisaje era tan desolado e igual a cada palmo, que parecía no avanzar nada. Su mente decía que sí, que estaba avanzando y que cada vez estaba más cerca de su objetivo. Decidió confiar en su instinto y seguir delante de la misma forma; lento, pero seguro.

•••

Sentía al felino revolverse dentro de su ropa, lo sentía temblar cada cierto tiempo. Temía por su vida. Ese animal se había convertido en su único amigo, en su familia y única compañía. No quería perderlo. No podría soportar perderlo a él también.

Cuando ya llevaba tres semanas recorriendo casi sin descanso el blanco desierto inexplorado, se encontró con lo que ya había perdido las esperanzas de encontrar: la entrada al bunker subterráneo de la base secreta de Hydra.

Sus ojos se abrieron con sorpresa y alegría al ver frente a él aquel lugar.

Nevaba afuera.

El lugar estaba cubierto por nieve, pero estaba allí. Había llegado. Frente a él se erguían las enormes puertas de hierro reforzado. Detuvo el motor de la furgoneta y con las armas que había preparado, una linterna y todo el valor que pudo reunir en su interior, se bajó y se encaminó hacia ellas dispuesto a todo.


Maldiciones en rumano:

- Rahat: mierda

- De o mie de ori rahat: mil veces mierda.

- Al naibii: maldito.

Usé Google Translator, así que no sé si está bien la gramática y todo eso, pero es lo que hay.

Okey.

Espero no haber dejado pasar faltas de ortografía, últimamente me ha pasado :(

Si les gustó pueden dejar un review. ¿Qué opinan de la misión de Bucky? ¿Recuerdan cuál es? Díganme que opinan y traten de adivinar como se conecta esto con nuestra pareja favorita, porque sí, se conecta... de alguna forma ;)

Nos leemos pronto.

Besos.

Bye :D


Lunes 11 de Diciembre, 2017.