Disclaimer: Pokémon y su trama no me pertenecen, son propiedad Game Freack y de la compañía Nintendo. La historia narrada aquí es completamente de mi autoría, cualquier parecido con otra historia es pura coincidencia.


Tercera Memoria
Modales para aves

*—*—*—

Ver a Red aburrido ya era una escena realmente normal, pues cuando lo estaba lo podrías ver vagar por ahí sin rumbo fijo, aceptando cualquier reto, comiendo en cualquier lugar o sencillamente sentado en las gradas del gimnasio de Ciudad Verde sin mucho ánimo.

Ahora mismo se encontraba en el gimnasio que milagrosamente estaba abierto, pues su líder disfrutaba más de los enfrentamientos en mitad de un viaje que los que debía hacer en su trabajo. Green se enfrentaba a un novato que creía que le ganaría sólo por su determinación y su asombroso Rattata.

Era claro que en menos de un minuto fue derrotado incluso cuando Green fue benévolo con el pobre –pero tonto– muchacho.

—Te recomiendo empezar con Ciudad Plateada —le dijo el castaño guardando a su Arcanine en la Pokéball— y dejar de último mi gimnasio.

—¿Usted va a estar aquí en ese entonces? —Preguntó el chico desconfiado sosteniendo a su Pokémon en brazos, mientras caminaba a la salida acompañado por Green que le puso su mano en el hombro como sí lo confortara.

—No prometo nada —dijo mientras lo empujaba fuera del gimnasio con el brazo que lo sostuvo del hombro; el muchacho dio tres zancadas antes de recuperar el equilibrio y girarse para mirar al líder de gimnasio—. Corre al centro Pokémon.

—Pero...

—Adiós —puso un cartel de «cerrado» en la puerta, se la cerró en la cara y con un suspiro cansado caminó dentro de su gimnasio nuevamente, mientras hablaba con arrogancia—. Novatos… —luego miró al azabache que estaba en las gradas— ¿y tú cuanto piensas quedarte?

—¿Cuándo piensas darme una batalla decente?

Green rodó los ojos, sabía que su amigo estaba ahí sólo porque estaba aburrido y el chico del Rattata no lo había entretenido en lo absoluto. —No ofrezco shows ni elijo los retadores, ¿crees que me divierto con esto? Que no se te olvide que eres tú el que me obliga a pasar por lo menos una semana al mes en el gimnasio.

—Y sigues sin hacer demasiado —con su ya conocido tono monótono que hacía denotar su aburrimiento.

Si bien Green era detestable, Red podía serlo mucho más, de eso el castaño se daba cuenta a diario, pues si él era arrogante y altivo, Red lo era a su manera en proporciones gigantescas comparadas a las suyas. Aún no entendía como se soportaban entre ellos.

—No eres quién para decirme eso, cuando pones a Lance a suplirte casi siempre —le dijo el castaño encogiéndose de hombros y acercándose a él hasta sentarse a su lado, luego se acomodó poniendo sus brazos en las gradas de atrás y recostándose mirando al techo—. Mi abuelo te necesita en el laboratorio mañana, con las aves legendarias.

—¿Para qué?

—Investigar —explicó el castaño antes de verlo con la seriedad que poco lo caracterizaba— y más te vale venir, ¿no? Espero que no nos dejes plantados como la última vez con Mewtwo.

—Sabías que no iba a ir.

—Lo que no sabía era que no asististe porque liberaste a Mewtwo —corrigió el chico de ojos verdes de mal humor—. Vas a ir esta vez, vendrá uno de los asistentes del profesor Serbal directamente de Sinnoh, ¿entendiste?

—¿Cuál de todos? —Red había empezado a escribir en su Pokégear, Green creería que lo estaba ignorando si no fuera porque estaba siquiera preguntando por información.

—Kōki Daidōji, no lo conociste pero fue con la campeona y su amigo al hospital a verte, así que como verás, no puedes faltar y ni se te ocurra liberarlos un día antes, desgraciado.

Red se quedó en silencio mientras seguía mirando su Pokégear, Green esperó alguna especie de respuesta que confirmara que lo había escuchado, o por lo menos alguna señal de que no liberaría a los Pokémon legendarios, pero solo pudo ver cómo hablaba por el Pokégear.

—Viridian, te necesito en cinco minutos en el gimnasio de ciudad Verde.

Green enarcó una ceja, ¿a quién había llamado Red? A muy pocas personas llamaba y si lo hacía eran personas del trabajo o familia (en otras palabras, Hanako y el Alto Mando). No escuchó lo que la persona contestaba al otro lado de la línea, solo un «debes saludar primero» y otro «no me vayas a colgar…» pero el campeón ya había cortado la conversación.

—¿Quién era? —Preguntó curioso.

—El encargado del bosque Viridian —dijo Red restándole importancia mientras guardaba el Pokégear y llamaba a Pika con una mano, el Pikachu dejó de jugar alegremente con el Eevee de Green y corrió a su lado.

—¿El que encargó Lance desde Johto?

—Sí. —Se levantó de su lugar ante la mirada perpleja de Green, porque le sorprendía que Red estuviese socializando con personas del trabajo, generalmente se limitaba a saber al menos sus nombres, no se molestaba en hacerles una llamada y menos en quedar con ellas.

Pero no pudo salir del gimnasio, pues iba a dar un paso y las puertas se abrieron de par en par, dejando ver una figura femenina que se acercaba a ellos, acompañada por un Blastoise. Los dos muchachos voltearon a ver a la recién llegada, sus tacones sonaban con cada paso que daba y lucía esa típica sonrisa pícara con mirada desinteresada que confundía a cualquiera. Era una muchacha preciosa cuya simple presencia imponía, y que al mismo tiempo hizo que ambos amigos arrugaran sus rostros en una mueca de desagrado.

—¿Qué haces aquí, Leaf? —Preguntó Green con los brazos cruzados.

—Es un lugar público, no se te olvide —le recordó sentándose entre los dos, obligando a Red a sentarse de nuevo con un jalón de su brazo—. ¿Cómo están, alguna novedad? —Ambos la miraron serios, decidiendo no decir nada para que le fuese más difícil de cambiar de tema. La castaña rodó los ojos—. Solo vine a visitarlos, ¿es eso un delito?

—Contigo se puede esperar cualquier cosa —repuso Green, que recibió una sonrisa pícara como respuesta.

La relación de Green y Leaf era muy complicada, demasiado como para que Red la entendiera, considerando que en su tiempo de ausencia ellos se habían encargado de cambiar por completo. Y aunque era entretenido verlos pelear y convivir, la verdad era que Red se hartaba de estar con ellos con sus estúpidas discusiones por nada.

Además, la relación de ambos era tan pero tan extraña que desistía de comprenderla y sencillamente la ignoraba, jamás se le dio bien las relaciones humanas.

—Hey, ¿a dónde vas? —Preguntó Green al verlo ponerse de pie y dirigirse a la salida.

—Lejos de ustedes. —Contestó sin siquiera verlos—. Son como una disfuncional pareja de esposos.

Green frunció el ceño y se preparó para gritarle que ni en sueños estaría emparentado con una chica tan «ruidosa», sin embargo, la hermana del campeón habló por él.

—Si somos disfuncionales es culpa de Green —explicó la muchacha con un tono que Green supo identificar como burla.

Bufando cansado, Red abrió la puerta y se fue, dejando a los dos castaños discutiendo, o bueno, una riendo y el otro siendo exasperado con facilidad. Ese par era más extraño que el trío de Hoenn.

—¡Red-san!

—¡Pika pi! —El único que contestó fue el Pikachu que salto a los brazos del rubio, Yellow le recibió con un abrazo.

—¡Pika! —Sonrió el muchacho al verlo, pero después de unos minutos, recordó la razón por la que estaba ahí. Miró a Red que se había detenido porque su Pokémon lo había hecho, el rubio lucía serio y ligeramente enojado, Pika bajó de sus brazos—. Red-san.

—¿Qué?

—Es dime —dijo el chico de ojos verdes acercándose a él—, por modales, "qué" es muy seco… pero no cambiemos de tema —negó rápidamente, ya estaba frente a él—. Cuando haces una llamada telefónica primero se saluda, luego preguntas por el estado de la persona, y ahí sí con amabilidad…

—Aja.

Red le dio la espalda y caminó en dirección al centro Pokémon, Yellow se quedó con la palabra en la boca, mas se abstuvo de hacerle cualquier otro reclamo, de sobra se sabía que solo lo iba a ignorar.

—¿Para qué me llamabas? —Preguntó resignándose a tratar de enseñarle modales por ese día—. Sonaba urgente.

Mientras el muchacho hablaba, Red pasaba su ID de entrenador en el PC del centro Pokémon, buscando en una de sus cajas las tres Pokéballs que necesitaba en ese momento, una vez las encontró, tres Ultraballs salieron del PC, Yellow dejó de hablar en cuanto vio al azabache dejar el lugar sin decirle nada.

—¡Red-san! ¿Qué es lo que querías? —Preguntó el muchacho siguiéndolo, bien podría dejarlo solo y no ayudarle, pero Yellow no era así, a veces, ser tan benévolo era malo.

—Vamos.

Yellow se detuvo al darse cuenta que estaba en la salida de ciudad Verde, Red se dio cuenta que el chico no avanzaba más, pues Pika se detuvo mirando al rubio con curiosidad.

—No puedo salir del sector de Viridian —dijo el muchacho de ojos verdes con seriedad—. Es peligroso.

—¿Tienes cuatro años? —Preguntó Red.

—Tengo dieciséis —corrigió sin entender el significado de la pregunta.

Al ver la inocencia de Yellow ante su pregunta retórica, Red rodó los ojos suspirando. Sin decir una palabra más, cambió su rumbo hacia el bosque Viridian, Yellow le siguió sin más remedio, pues si algo había aprendido de Red en las pocas semanas que lo conoció, era que jamás daría una orden dos veces.

Era curioso, Yellow no comprendía por qué obedecía a Red, ni siquiera por qué se molestó en ir a ciudad Verde cuando se lo solicitó –ordenó– por el Pokégear, quizá, era por el extraña aura de liderazgo que poseía, porque a pesar de ser altivo, Yellow sentía un respeto por la presencia del azabache –además de curiosidad y desdén por su actitud tan extrañamente irrespetuosa, pero ese era otro tema–.

.-

—¡Son… son… hermosos! —Exclamó asombrado, observando a los Pokémon como si fuese un chiquillo curioso—. ¡Jamás vi unos Pokémon de este tamaño y color! ¿Dónde los conseguiste?

Ahí es cuando Red se cuestionaba sobre la vida social de Yellow, cualquiera que hubiese por lo menos ido a una calle o visitado un museo sabría una leyenda tan simple como la de las aves legendarias de Kanto, pero considerando que aparentemente ni siquiera sabía que él era el campeón… pues la respuesta era demasiado obvia. Pero dejando de lado todo tema que involucrara la deplorable vida social de Yellow, Red necesitaba un favor del joven guardabosque.

—Escucha bien porque no lo repetiré. —Yellow lo miró atento— Este es Articuno —señaló a la majestuosa ave de color azul que se removió indignado y furioso cuando su entrenador lo mencionó—, de naturaleza afable —siguió con el otro ave, la de color amarillo y plumas alborotadas—. Este es Zapdos, de naturaleza dócil —el Pokémon miró a Yellow y le graznó en la cara, ensuciándole el rostro—. Y ese Moltres —el último de todos, el de color fuego que se encontraba a unos metros de ellos, estaba durmiendo—, de naturaleza activa.

—Uh… —Yellow no sabía si reír, compadecerse o alejarse mientras reía nervioso, pues era más que obvio que los Pokémon no estaban actuando concorde a la que debería su personalidad, y aunque era curioso, lo que más le sorprendía era naturalidad con la que Red se tomaba todo y Pika lo imitaba, rascándose la oreja con una pata trasera—. Son… muy bellos, Red-san…

—Arréglalos. —Ordenó sin dejarle terminar, le entregó las Ultraballs— Quiero sus Naturalezas en orden para mañana.

—¿Cómo? —Se sorprendió ante la orden antes de alterarse—. ¡No puedo hacer eso!

—¿Por qué? —Preguntó Red enarcando una ceja mirándolo serio.

—¡No está bien! No puedo interferir en la personalidad de unos Pokémon, y menos de unos que no he visto nunca —explicó, luego lo observó—, además, ¡me los estás pidiendo para mañana y son tres!

—¿Y?

—No puedo hacerlo sola… —inmediatamente se corrigió— solamente en tan poco tiempo y sin saber qué hacer.

Red suspiró cansado, no estaba acostumbrado a ser cuestionado y menos a pedirle favores a nadie, y Yellow se lo estaba dejando difícil.

—Te pagaré —dijo restándole importancia buscando no sonar tan irritado como lo estaba—. Los quiero mañana a las nueve.

—No entiendo —dijo Yellow claramente confundido, cansado de rebatirle a Red sin entender lo que en realidad buscaba el chico—. ¿Por qué yo?

Y en ese instante Yellow habría deseado no haber hecho esta pregunta, pues Red lo miró fijamente a los ojos, como lo hacía siempre que buscaba intimidarlo –y lo lograba– antes de explicar con la tranquilidad asesina que lo caracterizaba, con ese tono que sonaba como si odiase hablar demasiado.

—Tienes algo que te conecta con los Pokémon —dijo monótonamente—, no sé qué es, pero pareces llevarte muy bien con Pika y entenderlo con tranquilidad, cuando a un extraño el máximo afecto que le puede dar es un Trueno.

Pika se estaba acurrucando a los pies de Yellow, el chico no entendió cómo un Pokémon tan adorable podía ser la explicación de que se llevaba bien con los Pokémon, la respuesta, claramente era otra, pero él se limitó a sonreír nervioso y retroceder. Red se acercó a él para mirarlo fijamente a los ojos, buscando algo que Yellow no entendió qué era, pero le mantuvo la mirada lo mejor que pudo, Pika los observaba a ambos –a Yellow, luego a Red, de nuevo a Yellow y así–. Al final, viendo que el chico de los ojos verdes parecía aguantar la respiración para no desviar la mirada –ni siquiera parpadeaba–, Red se alejó metiendo su mano derecha en su bolsillo.

—Necesito que arregles sus personalidades para mañana a las nueve, tengo una cita importante de trabajo.

—Eso sonó profesional… —opinó el rubio sin salir completamente del trance que le dejó atontado por la sorpresa y nerviosismo de tener una «guerra de miradas» con el entrenador de ojos rojos.

—Soy profesional —declaró el chico de gorra, Yellow no protestó.— Mañana hablaremos de tu pago —se dirigió a la salida del bosque, Pika lo acompañó.

—¡Espera! —Red se detuvo irritado.

—¿Qué? —Yellow le miró con reprobación, no estaba para eso ahora. Chasqueó la lengua— Dime.

Satisfecho, procedió a hablar. —¿Por qué están así? —Preguntó mirando a los Pokémon que estaban en sus manos.

El entrenador se encogió de hombros. —No lo sé, casi nunca los saco del PC así que no deberían haber tomado esas personalidades.

Yellow abrió la boca sorprendido, preguntándose si era una broma. —¡¿Nunca los sacaste del PC?

Casi nunca —corrigió.

—¡Con razón! —Exclamó el chico luciendo molesto—. Red-san, ¡los Pokémon necesitan cariño y amor! Necesitan sentirse seguros con su entrenador, sabiendo que los va a cuidar y que son importantes para él. Esto se aplica desde el más rudo Rydon hasta el más noble Caterpie.

Esa forma de hablar de Yellow hizo que algo dentro de sí se contrariara; cubrió su rostro con su gorra y sonrió levemente, pero Yellow no lo notó y si lo hubiese hecho, habría reconocido que esa sonrisa no era de nostalgia o alegría, era una amarga que simbolizaba ironía.

—Como sea —dijo mirándole retomando su compostura—. Después me preocuparé por mi relación con mis Pokémon, arréglalos para mañana y ya.

—No están averiados, Red-san, son Pokémon —le reprendió el chico hablando lo suficientemente alto como para que pudiese escucharlo desde la lejanía a la que había llegado mientras hablaba. Suspiró y miró a los Pokémon. Zapdos eructó y escupió al piso, el chico miró al cielo—. Arceus, dame fuerzas.

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Ser tan puntual siempre tenía ventajas, aún faltaba dos horas para su reunión y eso significaba que tenía dos horas libres para visitar ciudad Plateada, Kōki estaba fascinado. Conocer lugares nuevos, aprender nuevas cosas, aquello era algo realmente excitante para él, por lo que no era extraño que estuviese sumamente interesado por el museo de ciudad Plateada.

Había visto tantas cosas que estaba seguro que Hikari terminaría encantada con todo lo que había aprendido, incluso Jun –que no era exactamente un entusiasta del conocimiento– podría interesarse por aquellos fósiles y piedras lunares.

Su recorrido por el museo fue corto, pues no había demasiadas cosas que ver, sin embargo lo poco que había lo había disfrutado con dicha. Salió faltando una hora para su reunión en el laboratorio del profesor Oak, por lo que aún podía entretenerse con una u otra cosa que hubiese por ahí, y su atención se centró en una de las casetas que conectaban una ciudad con una Ruta, parque, bosque u otro lugar.

—Disculpe —preguntó a la encargada de la caseta—. ¿Qué queda por allí?

—Oh, es ese el bosque Viridian —contestó la mujer con una formal sonrisa—. Es un lugar laberíntico, es recomendable prepararse para cualquier cosa si deseas entrar, aunque recientemente se han contratado encargados para ayudar a los entrenadores despistados a salir del bosque.

—Muchas gracias —dijo con una gran sonrisa.

El bosque Viridian, lo conocía de apenas oídas, pero sabía que ahí había gran variedad de Pokémon que antes no había visto, como un Rattata, Caterpie o Metapod. Se puso bien su mochila al hombro y con emoción entró al bosque, así podría agregar nuevas páginas a la Pokédex nacional.

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Kōki encontró lo que buscaba, pero no de la manera que deseaba. Sí, había Pidgeys, Caterpies, Metapods y Rattatas, todos en una suma descomunal, había tantos de solo ese tipo que terminó hartándose, como con los Zubats y los Tentacools; además, para rematar, ¡estaba andando en círculos! Juraba haber visto la misma roca diez veces en tres minutos de caminata. No sabía dónde estaba la salida y eso le preocupaba. Buscó al guardabosque del que le habló la mujer de la cabina, pero nada, ese guardabosque estaba perdido ¡y a buen momento!

Miró su Poké-reloj, ya iba cinco minutos tarde a su cita. Suspiró desesperado, al menos tenía comida en su mochila.

Y entonces deseó estar con Hikari y con Jun, la chica jamás se perdía en un lugar y Jun encontraba por casualidad la salida, ¿cómo lo lograban ese par? Incluso pasaron todo el monte Corona sin siquiera esforzarse por encontrar el camino correcto cuando muchos montañeros –y él mismo– habían pasado días, meses e incluso años buscando investigar toda la montaña.

Pero se detuvo al escuchar algo, un suave chillido, un sollozo de Pokémon o humano. Quizá, era el dichoso guardabosques, esperanzado, salió en su búsqueda, afinando el oído para saber dónde se encontraba, y una vez lo encontró, no pudo evitar sorprenderse y casi caerse al suelo por la escena.

Un chico rubio con sombrero de paja estaba rodeado por el trío de aves legendarias que debería investigar ese día, y los tres majestuosos Pokémon estaban… llorando.

—No te preocupes Zapdos, se nota que tienes una electrizante personalidad, ¿no es así chicos? —Para sorpresa de Kōki, los Pokémon legendarios que generalmente peleaban entre ellos y con el Pokémon mencionado, asintieron al mismo tiempo dándole apoyo con los ojos húmedos y abrazos fraternales con sus alas. El rubio sonrió acicalándole la cabeza al Pokémon.

Articuno balbuceó algunos graznidos que no tuvieron sentido alguno para Kōki, pero al parecer, el muchacho de sombrero de paja le entendió bien.

—Tú eres elegante Articuno, y muy magnífico, ¡no te preocupes porque el grosero de Red no se fije en ti! Es desconsiderado por naturaleza, es natural.

Al escuchar el nombre del campeón de Kanto, decidió intervenir, pues se dio cuenta que un extraño estaba en… lo que parecía ser una sesión de psicología con las aves legendarias.

—Eh… disculpen…

Todos voltearon a verlo inmediatamente, los Pokémon lucían entre a la defensiva y curiosos, mas el chico se levantó observándolo con tranquilidad.

—¿Quién eres…? —Se interrumpió a mitad de frase para corregirse nervioso y con una sonrisa torpe—. ¡Es decir! Soy Yellow of Viridian Grove, el guardabosque.

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Kōki Daidōji se estaba tardando demasiado. Green lucía realmente impaciente mientras que el profesor Oak estaba totalmente tranquilo, Dalia se encargaba de traerles unas bebidas cada veinte minutos que pasaban, pues sabía que su hermano menor cuando estaba disgustado o ansioso le daba demasiada sed, y Red… pues estaba ahí y eso era algo admirable de por sí, por lo menos había asistido.

—Es increíble… ¡miren cuanto llevamos esperando!

—No te alteres, Green —dijo el profesor con una sonrisa tranquila mientras bebía un poco de su limonada—. Habrá habido algún contratiempo.

—Podría haber llamado entonces.

Y aunque sería divertido pelear con Green y humillarlo frente a su abuelo y hermana, Red estaba demasiado ocupado pensando en sus Pokémon. Eran las diez y media y Yellow todavía no había aparecido. Quizá, era un contratiempo normal, o el chico no había logrado hacer nada y por vergüenza no se aparecía… pero también estaba la posibilidad de que los tres Pokémon lo hubiesen asesinado a sangre fría y que el chico de tan lento que era no había pensado en meterlos en sus Ultraballs sellando así su destino…

O quizá debería de dejar de ver novelas estúpidas con Leaf y su madre, que se le estaba contagiando su melodrama.

Pero fuese como fuera, Red debía ir a ver qué había ocurrido con Yellow, si sus Pokémon lo habían lastimado sería culpa suya y no le interesaba demasiado vivir en prisión.

—Me voy.

—¡¿A dónde crees que vas?! ¡Todavía no nos das las aves legendarias!

—Déjalo Green —dijo el profesor Oak—, volverá con las aves tarde o temprano.

Green enarcó una ceja. —¿Cómo lo sabes, abuelo?

—Hanako lo regañará si no lo hace —explicó el profesor riendo un poco para sí mismo, con algo de malicia. Dalia sonrió con amabilidad mientras Green negaba con la cabeza.

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De todos los escenarios posibles –y sádicos– que estaban en su mente, Red jamás esperó ver a Yellow con Kōki, el chico tomando nota mientras Yellow le interpretaba lo que decían las aves que estaban llorando dándose consuelo entre ellas o buscándolo en Yellow. La verdad, ni supo qué hacer, Pika estaba tan asombrado como él, pensó en tomarle una foto a la escena, pues a Green le encantaría ver eso, pero contando con que no tenía cámara y su Pokégear servía de todo menos para tomar fotos… pues solo le quedó interrumpir.

—Viridian, ¿qué significa todo esto?

Los dos chicos y los tres Pokémon voltearon a ver al recién llegado, fue Yellow el primero en hablar.

—Primero saluda, tenemos visita —le dijo con seriedad mientras señalaba a Kōki que le sonreía saludando con la mano.

—Buenos días, Daidōji. —Saludó por cortesía, al menos respetaba a ese chico. Luego, se fijó en las tres aves, que le miraban como si esperaran algo, ansiosas, deseosas… Yellow carraspeó un poco y Red entendió ligeramente el mensaje—. Buenos días —las saludó.

Inmediatamente los Pokémon lo observaron con los ojos brillosos, alegres y esperanzados. Red enarcó una ceja preguntándose una sola cosa: «¿Qué demonios le hizo Viridian a mis Pokémon?»

—¿No te llamabas Kōki? —Preguntó Yellow al muchacho de bufanda.

—Sí, pero Red-sempai llama a casi todo el mundo por su apellido —explicó el muchacho con una sonrisa.

—Oh, eso hace conmigo, pero a veces pienso que le habla al bosque y no a mí —dijo Yellow pensativo antes de reír en compañía del ayudante del profesor Rowan.

Red se preguntó si ellos aún recordaban que él estaba ahí mismo, pues hablaban con demasiada tranquilidad de su persona.

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Sobraba decir que Green estaba furioso por la tardanza de Kōki, lo suficiente como para hacer que dejara el laboratorio en un arranque de dignidad, el profesor Oak se disculpó por la actitud de su nieto y Dalia se encargó de servir bien a Kōki lo que quedaba de tarde; mientras, Red y Yellow se habían ido al lago, puesto que Yellow no podía ir a pueblo Paleta y Red no pensaba quedarse en mitad de una de esas aburridas investigaciones del profesor.

—Deberías prestarles más atención a tus Pokémon —le dijo el rubio mientras miraba el corcho que flotaba sobre el agua—. Son sensibles a todos los comportamientos de sus entrenadores.

—Lo sé.

Yellow le miró con una ceja enarcada. —¿Entonces por qué no lo haces?

Esperaba una respuesta evasiva, pero la que recibió le sorprendió demasiado. —Porque tengo 144 Pokémon en mi PC.

El chico abrió los ojos. —¿Por qué tantos?

—Para rellenar las Pokédex —explicó con simpleza mientras tomaba un sándwich.

Yellow se mostró más confundido aún, así que Red sacó de su mochila un viejo aparato rojo, con la pintura desgastada y algún otro que rallón, se lo extendió mirándolo con normalidad, masticando el sándwich. Para Yellow fue extraña la calma con la que Red estaba actuando, puesto que su «tranquilidad» siempre terminaba siendo indiferencia ante todo, mas ahora, parecía interesado en que recibiera la Pokédex y la viera, así que no pudo dejarlo con la mano extendida, la recibió.

—¿Qué es la Pokédex? —Preguntó Yellow mirando por fuera el aparato.

—Es una enciclopedia Pokémon, tiene datos de todos los Pokémon de Kanto —dijo mirando de nuevo al lago, con una mirada perdida—. Para completarla se necesita capturar cada Pokémon que está ahí.

Mientras hablaba, Yellow observaba con delicadeza la Pokédex, demasiado interesado en su funcionamiento. —¿Y desde cuando la tienes? Luce algo vieja…

—Desde los nueve —informó.

Entonces se sorprendió, deduciendo que Red tuviese diecisiete, serían nueve años con el aparato, sonrió un poco, al parecer, el chico le tenía un gran afecto. —Es lindo —opinó—. Aunque no es una excusa para dejar a tus Pokémon en el PC.

—¿Entonces los cuidarás tú? —Preguntó el muchacho rodando los ojos, como si pensara que la respuesta sería obvia.

—¿Por qué no? El bosque es lo suficientemente grande —dijo con una sonrisa entusiasta, sin entender el sarcasmo del azabache.

El campeón se quedó mirándolo unos minutos callado, Yellow le mantuvo la mirada con una sonrisa, pues por alguna razón, sabía que no le observaba de forma intimidante, sino curiosa, y claro que era curiosidad, Yellow era un chico realmente extraño, pues parecía como si fuese un pequeño niño que no conocía para nada la malicia del mundo.

El siguiente movimiento Yellow no se lo esperó, Red bajó la parte superior de su sombrero de paja cubriéndole toda la cara.

—¡Oye! —Se quejó quitándose el sombrero de su cabeza, pero cuando pudo ver, solo se encontró con Red recostado en el césped, con su gorra roja cubriendo su rostro y sus brazos detrás de su cabeza. Miró su regazo sintiendo algo en sus piernas, se encontró con tres plumas de brillantes colores, azul, amarillo y naranja; eran preciosas. —Red-san… ¿qué son…?

—Tu paga —dijo—, al parecer Articuno, Zapdos y Moltres te cogieron una especie de afecto, me dieron esto para pagarte. Buen trabajo, Viridian.

Yellow sonrió un poco mirando la muchacho que fingía dormir. —Se dice, «gracias».

—Fue un trabajo, no un favor.

—Esto me lo regalaron Articuno, Zapdos y Moltres, no tú, Red-san —le repuso el chico.

Red bajo su gorra rodó los ojos, Yellow era tan molesto a veces, con sus leyes de amabilidad, modales y demás cosas inútiles que solo conseguían irritarlo y fastidiarlo, claro que no le costaba nada, pero aun así, lo veía ridículo.

—Como sea.

—Red-san…

Suspiró, bien podía irse de ahí, pero no lo hizo ni lo haría, hace mucho no sentía la paz que estaba sintiendo en ese momento, no era la paz que había en el monte Plateado –dudaba en mucho que lo que sentía en el monte Plateado era paz– ni en la liga o en todo Kanto, era la paz que sintió alguna vez en pueblo Paleta, con su madre esperándolo con la cena cada que terminaba de pasar la tarde con Green.

—Gracias —dijo secamente, mas no recibió respuesta, levantó la gorra un poco y se encontró con Yellow durmiendo a su lado, cómodo y en una posición muy extraña. Red miró a Pika que estaba acurrucado entre sus piernas.

Se sentó dejando su gorra a un lado y tomó la caña de pescar que el chico sostenía, parecía como si se hubiese desmayado [1]. Algo picó el anzuelo. Vaya que había olvidado lo relajante que era pescar.


ACTUALIZADO 14/06/2015


[1] Al usar el Viridian Mind con el trío legendario de aves tanto tiempo, Yellow quedó exhausta y terminó desmayándose de sueño.


Notas finales de capítulo: ¡No, no he desaparecido de nuevo, no aún! (?)
Lamento la tardanza, de verdad, hubo un ligero problema con mis clases así que tuve que darles prioridad durante alguna semanas (como se habrán dado cuenta), pero he vuelto con la Memoria que correspondía ^^

Antes que nada, quería agradecerles por aceptar de nuevo Memorias con tanto cariño como el que demostraron, me hace muy feliz que no hubiesen olvidado este fic y que ahora apoyen su edición, ¡muchísimas gracias a todos! En lo posible, estaré contestando todos sus Reviews *inserte aquí corazón que censura FF*.

Y sé que algunos habrán notado que he cambiado la Tercer Memoria por la Cuarta –o quizá no–, y esto se debe a que Yellow en la Tercer Memoria planeaba cómo ser un chico, pero ya que se ha cortado el cabello –muajajajaja (?)– no lo ví necesario.

¡Espero les haya gustado! Muchas gracias por leer y cualquier pregunta, crítica o comentario que tengan será bien recibido. A continuación contestaré los reviews de los Guest ^^

¡Nos leemos!


Aaaaal: ¡Me alegra que te haya gustado! Y lo has notado, estoy cambiando varios detalles de las demás Memorias, pues aún me decido que hacer con Lance XD como es campeón –ex-campeón– de la liga de Kanto y ahora Johto, me ha creado controversia, pero al final, creo que voy a dejarlo como Alto Mando de Kanto –ya que Hibiki le ganó y posteriormente le ganará Lyra/Kotone–. ¡Muchas gracias por leer y tomarte la molestia de dejar Review! Espero que te haya gustado esta Memoria. ¡Nos leemos!

Nade91: ¡Hola Nade! Sí, le corté el cabello a Yellow, y lo disfruté (?) Ok no XD. Pero sí era necesario para la coherencia de la historia, porque releí la Memoria y me pareció tonto que Red creyera en la palabra de un extraño así de la nada ^^U. Y este Red Tsukusama es un loquillo, lo sé (?), después de todo, este, con diferencia al de Fire Red (algún día haré algo con Fire) y Manga!Red es más serio y se aburre de ser amable, aunque ni lo intente XD ¡Me alegra que te haya gustado! Muchas gracias por el review, me hace muy feliz recibir un review tuyo en casi todas -por no decir todas- las historias que hago, ¡me alegra recibir siempre tu opinión! Nos leemos, y muchas gracias de nuevo, espero te haya gustado esta Memoria ^^