Hola a todo el mudo!

Feliz Navidad mis lectores, besos y regalos para ustedes.

Este es mi regalo, espero que lo disfruten ;P

Nos vemos en las notas finales.

Disfruten su lectura :D


Capítulo 37

Desagradable sorpresa


Ambos habían estado flotando en medio de su fantasía de amor por horas y horas. Estaban tan felices de toda la situación, que se quedaron todo el día en la sala de estar, recostados en el sofá, abrazados, besándose de vez en cuando, compartiendo el calor del otro y disfrutando su presencia.

―Deberíamos salir a algún lado. ―Murmuró el moreno con la cabeza hundida en el pecho el su capitán. ― ¿No crees?

Steve se lo pensó un momento. No todos los días le dices a la persona que amas que lo amas y además recibes una respuesta recíproca. Era un motivo para celebrar y, además, le gustaba mucho salir con Tony.

―Sí, deberíamos. ―Dijo al tiempo que lo besaba suavemente en la sien.

•••

Se separaron un momento para ir cada uno a su habitación y cambiarse de ropa; jeans azules, zapatos café, camiseta blanca y chaqueta negra de cuero para Steve; pantalón negro, zapatillas de colores, camisa azul y un blazer gris oscuro para Tony. Nada muy elegante, pero siempre manteniendo cada uno su estilo único y especial.

Se armaron con un par de gorras con visera y lentes oscuros antes de salir.

•••

El brazo izquierdo de Steve rodeaba los hombros de Tony, quien tenía su mano izquierda entrelazada con la de su capitán, que caía sobre su pecho; su brazo derecho rodeaba la estrecha cintura del rubio mientras caminaban a la entrada del cine.

Era la primera vez que iban juntos al cine. Ver una película en la sala de estar o en su habitación no era lo mismo, aunque no podían negar que les encantaba la privacidad que les otorgaba la solitaria torre.

Tony, amo y señor de la tecnología, compró las entradas por internet para no correr el riesgo de ser reconocidos en la boletería. Compraron palomitas y gaseosas apenas levantando la mirada para no ser descubiertos por algún fan y entraron a la sala justo a tiempo para no perderse nada.

Se sentaron lo más cerca que los asientos lo permitían, el envase de palomitas sobre el regazo del genio, sus miradas fijas en la pantalla, sus manos juntas y sus dedos entrelazados; igual que cualquier otra pareja. No se quitaron las gorras hasta que las luces estuvieron por completo apagadas y disfrutaron de la película como todo el mundo. Disfrutaron la sensación de estar juntos, pero, sobre todo, disfrutaron la sensación de ser una pareja completamente normal por al menos un momento.

•••

Cuando salieron del cine ya había oscurecido, pero no por ello había menos personas en las calles. Salieron abrazados de la misma forma en que habían entrado un par de horas antes. Steve se sentía un poco tonto llevando lentes de sol en la noche, pero era una buena forma de no ser reconocido. Miró a su genio que sonreía mientras lo observaba.

― ¿Qué? ―Preguntó divertido.

―Te quiero. ―Sonrió. ―Te amo, Steve.

Las palabras del moreno salieron con tal soltura y naturalidad que le llegaron a lo más profundo de su pecho, calentando su alma. Sonrió también y aprovechando su posición lo atrajo hacia él con el brazo que rodeaba sus hombros y lo besó. Lo besó en medio de la noche, en medio de todas las personas que estaban a su alrededor sin preocuparse ni tensarse como lo habría hecho hace un par de semanas. Hace un par de semanas ni siquiera lo hubiera abrazado en medio de tanta gente, mucho menos lo hubiera besado.

Ese beso lo tomó por sorpresa, pero solo por un momento. Respondió al beso como siempre lo hacía, con cariño, con amor, con total entrega y devoción. Un sonido lo sacó de su ensoñación y de su beso perfecto en la brillante noche de Nueva York. Un sonido conocido. Un sonido odioso del que los fotógrafos aún no podían deshacerse. El maldito clic de una cámara. Un clic muy cerca de donde ellos se encontraban.

Se separó sin ganas de los labios de Steve y bajó la cabeza, ocultando su rostro. Se acercó al cuerpo de su novio, que lo miraba extrañado.

―Nos están fotografiando. ―Susurró.

El rubio se tensó y agudizó sus sentidos. Se acercó un poco al oído del genio y le dijo "vamos", y lo instó a caminar en dirección a la motocicleta. Le ayudó a ponerse el casco sin ser visto, se subieron a la moto y se fueron a gran velocidad.

•••

― ¿Estás molesto? ―Preguntó una vez llegaron a la torre, recibiendo una mirada extrañada del soldado. ― ¿Por lo del fotógrafo?

Steve llevó sus grandes manos al rostro de Tony y lo acercó a su rostro juntando sus frentes. Respiró profundamente, absorbiendo todo el aroma de Tony; ese aroma tan suyo, esa mezcla de la costosa loción para después de afeitar, sus caros perfumes y ese olor a grasa de motor que ya tenía tan adherido en su piel. Ese aroma a masculinidad, ese aroma duro y suave que tanto le gustaba. Ese peculiar aroma a Tony. Negó con la cabeza y lo miró directo a los ojos.

―Me sorprendió, eso es todo. Había olvidado que esto aún es un secreto.

Aún.

Esa palabra rebotó una y otra vez en la cabeza del millonario.

― ¿Eso quiere decir que en algún momento dejará de ser un secreto? ―Preguntó llevando sus manos a las caderas de su novio, acariciando suavemente sin dobles intenciones.

― ¿Quieres mantenerlo en secreto para siempre? ―Respondió con otra pregunta, su tono preocupado, casi alarmado.

―Claro que no. Me encantaría gritárselo al mundo y escribirlo en el cielo. ―Su sonrisa brillante. ―Quiero que todo el mundo sepa que ya no estás disponible y que me amas tanto como yo a ti.

Nunca había escuchado a Tony tan feliz y eso lo hizo feliz a él también.

―Llegará el momento y todos lo sabrán. De momento podríamos ir a dormir, ha sido un día muy agotador.

Justo en ese momento las puertas del elevador se abrieron en el piso del soldado. Entraron en la estancia y caminaron en silencio a la habitación, se desnudaron sin quitarse los ojos de encima y se metieron en la cama con la simple idea de dormir. Y eso fue lo que hicieron. Se acomodaron uno junto al otro y Steve descansó su cabeza en el hombro de Tony, le gustaba hacer eso. El genio llevó su mano a la cabeza rubia del soldado y acarició su cabeza hasta que, sin darse cuenta, ambos cayeron dormidos en la tranquilidad que les proporcionaba la presencia y el calor del otro.

•••

Steve despertó en medio de la noche, estaba oscuro, pero la luz de la luna bañaba la mitad de la habitación permitiéndole ver sin necesidad de encender la luz. Tony dormía junto a él, sin saber que su compañero había despertado. Lo observó por un momento y con el sueño totalmente lejos de su cuerpo, decidió dibujar lo que sus ojos veían.

Se acercó a la orilla de la cama y abrió el cajón de su mesa de noche, sacó su cuaderno de dibujos y un carboncillo. La luz caía sobre el cuerpo de Tony dándole un perfecto matiz de luces y sombras, permitiéndole identificar completamente sus contornos; recostado sobre el lado derecho de su cuerpo, de espaldas a la luz de la luna, el brazo derecho bajo la almohada, el izquierdo posado suavemente sobre el colchón. Comenzó a dar forma a lo que veía; la sábana blanca de su cama le llegaba hasta el afilado contorno de su cadera, tapando lo justo y necesario. Tal vez algún día me atreva a dibujarlo completamente desnudo, pensó con una sonrisa.

Estaba sentado con las piernas cruzadas, completamente desnudo; la sábana lejos de su cuerpo. Su espalda recta y sus manos creando suaves trazos sobre el papel.

No supo cuánto tiempo llevaba dibujando, pero la luz de la luna ya había cambiado de posición; ahora podía ver otros contornos que no había visto al principio. Los ojos del genio seguían cerrados cuando terminó y firmó el dibujo, como siempre hacía: nombre, fecha y hora. Vio su teléfono. Cuatro de la mañana. Tenía tiempo para volver a dormir, por lo que escribió la hora en el papel y guardó todo de vuelta en el cajón antes de acercarse a su novio. Se acurrucó junto a él, besó su pecho y lo abrazó.

Tony se removió y murmuró su nombre sin despertar, abrazándose al cuerpo del soldado. Steve se cubrió con la sábana y al poco rato volvió a dormir.

•••

Cuando despertó por la mañana, estiró su brazo buscando el calor del cuerpo del súper soldado, pero no lo encontró. Un aroma penetrante a café lo atrajo. Abrió un ojo, muy poco para que no le molestase la luz, y se dio cuenta de que estaba solo en la cama. Buscó un poco más allá y encontró una bandeja con comida. Abrió completamente los ojos y se levantó; una bandeja con desayuno lo esperaba. Había una nota en la almohada.

"Disfruta tu desayuno.

Volveré en unas horas.

Te amo."

Sonrió al leer la nota y se dio cuenta de que el café estaba caliente, su novio se había ido hace muy poco tiempo. Comió y bebió todo el contenido de la bandeja y se quedó ahí, esperaría al soldado para darse un agradable baño junto a él.

•••

El día pasó rápido después de la ducha. Decidieron salir a comer y no tuvieron ningún contratiempo: no fans, no fotógrafos ni algún malvado villano intergaláctico peleando por un croissant en la tienda de la esquina con una señora con el cabello mal tinturado. Todo pacífico. Parecía que todo iba a salir bien ese día y así fue.

Al llegar, por la noche, subieron a la habitación de Tony. Todavía no hablaban de aquella situación; parecían cómodos intercalando habitaciones según les resultara más conveniente. Entraron a la habitación y Steve se dejó caer de espaldas sobre la cama luego de sacarse la chaqueta. Tony lo observaba mientras se quitaba los anteojos de sol y la parte superior del traje, se acercó a la cama y Steve se levantó levemente para tomarlo por la corbata y tirar de él sobre sí mismo y besarle.

Se besaron por largo rato hasta que el rubio comenzó a quitarle la corbata y desabotonar su camisa.

―Me gusta cuando usas traje. Te ves… muy bien.

―Me veo mejor que solo "muy bien". ―Gruñó. ―Y, ¿sabes cómo me veo mejor? ―Le dedicó una sonrisa coqueta.

Se quitó la camisa y la corbata, arrojándolas al piso, y volvió a besarlo con profundidad, pero separándose rápidamente. Steve emitió un sonido de protesta y frunció el ceño.

―No ha respondido mi pregunta, soldado. ―Steve negó con la cabeza. Tony se acercó a su oído y susurró. ―Me veo mejor cuando estoy completamente desnudo.

El rubio sonrió y asintió.

―Tienes razón.

El genio se alejó de su novio y terminó de desvestirse, después le ayudó a Steve con la ropa que traía encima hasta quedar ambos completamente desnudos. Volvió a subirse a la cama y se recostó junto al súper soldado, frente a frente. Se acercaron poco a poco y se besaron con suavidad, profundizando el contacto poco a poco hasta que Steve tuvo el cuerpo de Tony sobre el suyo.

―Te amo, Steve. ―Dijo mientras se acomodaba entre las piernas del rubio.

Steve no pudo contestar, pues un gemido de sorpresa escapó de su garganta cuando su miembro fue aprisionado en la mano callosa del mecánico. Tony comenzó a masturbarlo lentamente y a repartir besos por todo su torso; metió la otra mano bajo las almohadas buscando algo. Encontró la pequeña botella que había escondido, alejó momentáneamente la mano de la erección de Steve y vació parte de su contenido en ella, cerró la botella y frotó sus manos para extender el viscoso líquido. El rubio le miraba sin comprender del todo lo que estaba haciendo hasta que volvió a sentir presión alrededor de su miembro, esta vez sintió el frío contacto de aquella sustancia que le permitió a Tony deslizar su mano por toda su longitud con más facilidad que antes.

Dio un pequeño respingo al sentir los resbalosos dedos de Tony ir mucho más abajo y presionar en su entrada, tal como lo había hecho el día anterior en la ducha. Sabía lo que haría con ese dedo y se dejó hacer porque le gustaba la sensación. El lento movimiento de la mano caliente y callosa de Tony sobre su miembro era tortuoso y no le llevaba a ningún lado; no podría alcanzar el placer que tanto ansiaba si no aceleraba el ritmo, pero el mecánico no parecía querer hacerlo.

En cambio, Tony descendió sobre su torso y comenzó a besar, lamer y morder sus pezones. Los gemidos que salieron de su garganta eran lo único que se escuchaba en el silencio de la habitación. Llevó sus manos a los cabellos castaños y, como ya no podía soportar la sobreestimulación, tiró de ellos atrayéndolo hacia arriba. El pecho de Tony descansaba sobre los fornidos pectorales del soldado y sus labios fueron atrapados por la boca tan experta de Steve que mordió sus labios instándolo a abrirlos. Atrapó su lengua con hambre, su aliento chocando contra el del moreno mientras este seguía con el insoportablemente lento movimiento en su erección. Mientras sus dedos presionaban cada vez más en su entrada.

Un jadeo ahogado por los labios del mecánico salió de la boca de Steve cuando el primer dedo travieso entró en su cuerpo. Tony siguió besándolo e introdujo un segundo dedo pocos minutos después y un tercero un poco más tarde; los dedos entraban y salían de su cuerpo al mismo ritmo que la mano del moreno subía y bajaba por su dureza.

Sus labios ya no se movían, se había convertido en un ser jadeante que no hacía más que presionar sus manos en la espalda de su amado. El moreno, en comparación, estaba cada vez más excitado y entusiasmado con lo bien que estaban saliendo las cosas. Su erección dolía y se presionaba contra su estómago, rogando por el placer de estar en el interior de Steve.

―Tony. ―Rogaba el rubio entre jadeos y gemidos. ―Ya no puedo seguir así.

El rubio repetía su nombre una y otra vez con desesperación, rogando para que lo llevara a la cima de su placer como lo había hecho antes, pero Tony no iba a hacerlo. No aún. Se acercó a él y besó su frente perlada en sudor, bajó a la punta de su nariz, besó sus labios castamente y se acercó a su oído.

―Abre los ojos, Steve. ―Susurró. ―Mírame.

Hizo lo que pedía. Sus ojos suplicantes se cerraron un momento cuando los tres dedos fueros retirados de su interior.

―Mírame, Steve. Quiero ver esos hermosos ojos azules.

―Tony. ―Suplicó, su voz quebrada y su ceño ligeramente fruncido.

La mano libre del mecánico se dirigió a su propio falo y lo dirigió a la entrada de su novio.

―Relájate. ―Dijo al tiempo que presionaba.

Steve cerró los ojos al sentir la punta de su miembro abriéndose paso en su interior.

―Mírame. ―Le instó.

Los ojos de Steve volvieron a abrirse y ambos gimieron con fuerza cuando la punta entró de golpe traspasando su apretada entrada. Esta vez Steve giró su cabeza, se sentía extraño y avergonzado por la situación; no quería que Tony lo viera en ese momento en que se sentía tan sobrepasado por el placer y tan vulnerable al mismo tiempo.

Tony se apoyó con su mano libre en la cama mientras seguía presionando, avanzando con lentitud y sin detenerse. Las piernas de Steve rodeando inconscientemente sus caderas. Sus manos presionando con más fuerza en su espalda. Gimió de dolor por la presión de sus dedos en su carne.

Se detuvo cuando su miembro estuvo por completo dentro del cuerpo de Steve. En ningún momento dejó de mirar su rostro que se contraía por la incomodidad y el placer.

― ¿Estás bien? ―Sabía que no le había hecho daño, pero no pudo evitar preguntar.

La única respuesta que obtuvo fue el movimiento de caderas del rubio acompañado por la presión de sus piernas en sus glúteos, instándole a moverse.

Ciertamente se sentía incómodo por la nueva sensación que estaba experimentando en su interior, pero quería seguir. Cuando Tony se deslizó fuera de su cuerpo sintió el calor abrasador en toda la extensión de su canal y le gustó.

Los movimientos lentos y cadenciosos de Tony fueron aumentando la velocidad, pero algo le molestaba al genio: Steve no lo estaba mirando y quería que ese momento fuera especial. No le habría importado si fuera cualquier otra persona, pero era Steve. Limpió su mano llena de lubricante en la sábana y la llevó al cuello del rubio, con su dedo pulgar en índice en su mentón le obligó a mirarlo.

―Te amo y quiero verte, Steve. Abre los ojos. ―Los pozos azules se dejaron ver lentamente bajo sus párpados. ―Quiero ver tus ojos cuando llegues al orgasmo. ―Le vio sonrojarse y desviar la mirada. ―También quiero que me veas a los ojos cuando llegue al orgasmo.

La mirada de Steve volvió a dirigirse a la de Tony. Sus caderas moviéndose inconscientemente al encuentro de las de su genio de ojos color caoba. El movimiento se sus caderas se acompasó y ambos alcanzaron un ritmo constante. De sus bocas escapaban gemidos, jadeos y el nombre del otro, al igual que uno que otro "te amo".

Tony aceleró el ritmo de su mano en la erección de Steve y este gimió con fuerza, llevando su cabeza hacia atrás y levantando sus caderas. Otro gemido ronco y profundo escapó de su garganta cuando la punta del miembro de Tony rozó su próstata.

Escuchar los gemidos y jadeos de Steve, además de ver su rostro contraído por el placer le hizo excitarse más y comenzó con un movimiento rápido, errático y mucho más rudo de lo que tenía pensado, pero no pudo detenerse. Lo deseaba como nunca había deseado a nadie, y lo amaba de igual forma. No podía detenerse ahora que ambos sentimientos convergían en el hombre bajo su cuerpo.

Las arremetidas se hicieron cada vez más duras y ambos sabían que estaban llegando al final. Con toda la fuerza que tenían intentaron mantener sus ojos abiertos, pero fue imposible. Sus ojos se cerraron y en un gemido ronco Steve se dejó ir, expulsando su semen caliente sobre la mano de Tony y sobre su propio estómago. El mecánico siguió empujando su falo palpitante y caliente en ese interior que presionaba a su alrededor dándole placer; su mano presionando aún la erección de Steve, sobreestimulándole y haciéndole temblar en inconstantes espasmos de placer. Casi un minuto después Tony se dejó llevar y liberó la presión de su cuerpo eyaculando en el interior de Steve con un largo gemido que murió en los labios de su adorado rubio, que se había levantado sobre uno de sus codos y sostenía su rostro con su mano fuerte y suave.

Se sacudió un par de veces más en su interior y, sin salir de su cuerpo, se dejó caer sobre el torso sudado de Steve. Se quedaron ahí por largo rato recuperando sus respiraciones.

El miembro otra vez flácido de Tony se deslizó fuera del cuerpo de Steve provocándole un gemido bajo. El moreno se recostó junto a Steve y lo besó perezosamente. Tomando su mano y entrelazando sus dedos las llevó hacia su pecho y ahí se quedó por largo rato.

No dijeron nada. Solo se miraban con ojos cansados.

No sabiendo cuanto tiempo había pasado, Steve, más recuperado, decidió que necesitaban una ducha. Se levantó sintiendo una ligera incomodidad y tensión en algunos músculos que no sabía que tenía, dio la vuelta a la cama y tomó a un casi dormido Tony entre sus brazos.

―Necesitamos una ducha. ―Explicó al ver su mirada de extrañeza.

Lo llevó al baño y comenzó a llenar la tina con agua caliente. Los metió a ambos en ella y se recostaron en la tina, Tony recostado en el pecho de Steve, entre sus piernas. Rato después, lavados y relajados, caminaron fuera del baño, secándose el uno al otro con un par de toallas blancas, en dirección a la cama.

Steve arrancó las sábanas, las tiró a un lado, dejando solo el edredón. Se acostaron y se taparon con él, y pronto se quedaron dormidos.

•••

Una enorme sonrisa parecía estar clavada en la cara de Tony a la mañana siguiente. Todo el mundo sabía que Tony Stark no era un hombre madrugador y que las mañanas definitivamente no eran lo suyo, pero algo recorriendo sus venas con ferocidad le hizo despertar. Se encontró solo en la cama, aunque al extender la mano supo que Steve no se había ido hace más de dos minutos: estaba caliente.

Se levantó y tomó lo primero que encontró, una camiseta negra sin mangas y un pantalón de deporte que tal vez necesitaba un lavado, pero no le importó y salió de la habitación. Aún tenía algo de sueño y entró bostezando a la cocina, se detuvo y, con los ojos cerrados, se estiró a placer.

―Tony Stark recién salido de la cama en toda su gloria y majestad, Señoras y Señores. ―Se burló una voz conocida a su lado.

Los ojos del mecánico se abrieron con pánico y rápidamente volteó a ver si sus oídos no le engañaban. Pero no, había escuchado bien. Clint Barton estaba sentado a la mesa con un tazón con cereales y leche, lleno hasta arriba, y una cuchara en la mano derecha. No era posible. Se supone que ellos volverían en caso de una crisis, no antes.

Una taza de café fue puesta en sus manos y un "buenos días" lo distrajo de su sorpresa. Steve tenía una expresión parecida a la que él debía tener en el rostro; no estaban felices con esa sorpresiva aparición. Se habían acostumbrado a vivir solos. Respondió el saludo de Steve y se sentó a la mesa, frente a Barton.

― ¿Hubo un ataque alienígena o algo parecido mientras dormía? ―Preguntó con tono áspero; Clint lo atribuyó a la temprana hora que era.

―No. Lo que pasa es que el Doctor tenía que volver a la torre y me preguntaron si quería volver. En realidad solo vine por un par de días; olvidé un par de cosas cuando me fui y vine por ellas.

La cara de desagrado se acentuó más en el genio. No le apetecía tener a la espía rusa dando vueltas a su alrededor; era demasiado lista como para no darse cuenta de la situación, más ahora que las cosas habían avanzado hasta el punto que lo habían hecho la noche anterior. No creía poder controlarse y estar más tiempo sin besar a su súper soldado. Ahora tendría que cuidar hasta de sus palabras. Puso cara de fastidio y una dona fue puesta frente a él.

Steve conocía cada una de sus caras, sus gestos y sus miradas; sabía que no estaba contento. Sabía que lo único que lo calmaría, además de un beso, sería una dulce dona glaseada de esas que tanto le gustaban, y en vista de que no podía besarlo… Le dedicó una sonrisa torcida y lo vio bufar antes de llevarse la dona a la boca y dar un gran mordisco. Tragó duro al ver todo el glaseado que quedó alrededor de su boca y se dio media vuelta para ir a su piso; quería eliminar ese glaseado con su lengua, pero no creía que fuera una buena idea. Necesitaba una ducha.

La cocina se quedó en silencio.

Como era de esperarse, Tony pensaba en la forma más inhumana de asesinar a su equipo por llegar de improviso e interrumpir su perfecta convivencia con el soldado mientras Clint comía su cereal como un cavernícola, atragantándose con la mezcla. Deseaba darse de golpes contra la pared.

•••

El día se había pasado rápido y a la hora de la cena se juntaron por primera vez en semanas todos los miembros de los Vengadores que vivían en ese planeta. Se pusieron al día con lo ocurrido en el otro continente y con la investigación de Banner, también Tony decidió contarles su pequeña incursión a Afganistán y tuvo que soportar las preguntas de todos; le gustó sentir la preocupación de su equipo por su salud, le gustaba saber que en verdad sus lazos se habían fortalecido. Todo gracias a Steve. Su Steve. No había besado a Steve en todo el día, apenas y lo había visto en la mañana. Necesitaba besarlo y acariciarlo.

La hora de la cena terminó y como los chicos habían llegado muy temprano en la mañana, además de los horarios alterados, y estaban muy cansados, cada uno partió rumbo a su piso. Tony sospechaba que la pareja espía-científico iría al mismo piso. Steve y Tony se quedaron solos en la cocina y cuando escucharon cerrarse las puertas del elevador se miraron por una fracción de segundo antes de besarse con todas las ansias que habían acumulado durante el día.

―Deberíamos ir a tu piso esta noche, si queremos mantener esto en secreto un poco más no deben verte bajar de mi habitación. ―Steve estuvo de acuerdo y caminaron en silencio al elevador.


Saben? Revisando este capítulo me doy cuenta de que siempre que describo a los chicos en público lo hago de tal forma que a los demás no les importa ver una pareja gay en la calle, de la mano o abrazados. Todos sabemos que en realidad no es así. Supongo que es tan grande mi deseo de que la gente deje de juzgar mal lo que considera diferente que escribo mi versión un poco más ideal del mundo real en mis fics. Espero que a nadie le moleste que lo haga, porque supongo que a todos nos gustaría ver que algún día lo que no es "normal" deje de ser mal visto y se considere "normal". Saben a lo que me refiero.

En fin, espero que les haya gustado.

Nos leemos pronto.

Besos.

Bye :D


Lunes 25 de Diciembre, 2017.