Hola a todo el mundo!
Espero que estos primeros días del año hayan sido buenos y que sigan así. Lo que es yo, aún me quedan unas dos semanas de clases, así que ahí voy…
En fin, aquí les dejo el primer capítulo de este nuevo año.
Nos leemos en las notas finales.
Disfruten su lectura :D
Capítulo 38
Como ladrones
Los pocos días que, se suponía, Clint Barton iba a quedarse en la torre se convirtieron rápidamente en semanas. Nadie sabía a ciencia cierta qué o quién lo había hecho quedarse, pero Tony maldecía cada vez que lo veía. Era bien sabido por todos los Vengadores que a Légolas le gustaba mucho más la estancia del piso común que la de su propio piso: televisor más grande, mejor audio, sofás más cómodos, y un sinfín de cosas más, entre ellas la cercanía de la cocina; cuando la comida de Steve estaba lista él era el primero en aparecer.
Steve ya se había resignado al hecho de tener a los chicos en la torre. Ciertamente Natasha y el Doctor pasaban más tiempo en el laboratorio, o eso era lo que todos pensaban, así que no tenían que preocuparse tanto por ellos. Pero con el arquero era otra historia.
En varias ocasiones, ahora que las lluvias se habían vuelto algo constante, Steve había ido a la cocina para tomar un poco de agua luego de un intenso entrenamiento en el gimnasio encontrándose casualmente allí con el mecánico; a veces se veía arrinconado contra el refrigerador, otras veces a si mismo arrinconando al genio contra la encimera o viceversa. Era en esas ocasiones, entre besos apasionados, caricias intensas y jadeos incesantes cuando se escuchaban los pasos del agente en su dirección y se veían obligados a alejarse el uno del otro y fingir hacer cualquier otra cosa.
El arquero pasaba por su lado sin darse cuenta de lo que había pasado en el lugar pocos segundos antes, se llevaba algo para comer y beber y, simplemente, les arruinaba el momento sin saberlo siquiera.
―Para ser uno de los mejores agentes de S.H.I.E.L.D no es muy observador, de ser así ya nos habría descubierto. ―Había mencionado Tony en alguna ocasión, mientras se besaban en la privacidad del taller. Steve había estado de acuerdo.
El agente no los descubriría, pero de todas formas decidieron irse con cuidado. Debían esconderse de él y su aguda mirada de halcón.
•••
El otoño estaba en su máxima expresión; lluvia torrencial y constante, hojas en todas las tonalidades desde el rojo hasta el amarillo, paraguas por todas partes y más de algún desafortunado hombre de negocios empapado por un taxi que pasaba a gran velocidad cerca de la acera. En fin, nada nuevo. El otoño en Nueva York era siempre igual.
La única diferencia este año era que Tony estaba más que feliz con su relación con Steve. Lo amaba y el rubio correspondía a su amor. Lo besaba y Steve lo besaba de vuelta. Hacían el amor y ambos disfrutaban. Todo era perfecto.
Incluso, ahora era más fácil salir a la calle sin ser reconocidos: gorros, bufandas, gruesos abrigos y uno de los autos menos ostentosos del millonario. El único detalle de salir a la calle era que, cada vez que lo hacían, los fotógrafos se las arreglaban para reconocer al héroe favorito de América y al día siguiente aparecían en las portadas de las revistas del corazón o en la prensa amarillista, la que ahora había sugerido que el novio del Capitán América se veía diferente y que al parecer lo había cambiado por otro desde la primera vez que los habían fotografiado.
Era ridículo, esos idiotas se habían atrevido a sugerir la increíble idea de "diversos amantes casuales" en uno de sus artículos. Trataban de dejar a Steve en una mala posición frente a los fanáticos y fieles creyentes de las buenas acciones del primer Vengador.
―Esto es absurdo. ―Dijo una noche en la cama de Steve con una Tablet en las manos. ―No me veo diferente desde esa primera foto. Y no me has cambiado por otro. ¿No lo harías o sí? ―Su voz sonó alterada en la última pregunta.
Acostumbrado a su dramatismo, Steve rodó los ojos y le quitó el aparato de las manos y se puso a mirar las fotografías. Lo pensó un momento y decidió que sí, se veía un tanto diferente.
―La verdad es que si te ves diferente, amor. Si te fijas bien, ―indicó la primera foto― en esta foto la ropa te queda un poco más suelta.
― ¡Fantástico! Primero ignoras mi pregunta y ahora me dices gordo. No estás haciendo méritos para que esta relación funcione. ―Dijo con tono ácido y claramente ofendido. Estaba enojado.
―Claro que nunca te cambiaría por nadie, Tony. Eres perfecto. Y no dije que estuviera gordo. ―Bufó. ―Has ganado masa muscular, a eso me refiero.
Y acto seguido se apoyó en su costado y comenzó a acariciar sus brazos, su pecho y sus marcados abdominales.
―Has estado haciendo mucho más ejercicio desde que estamos juntos, cariño.
Ni bien hubo terminado la frase ya tenía al mecánico encima haciendo maravillas con sus labios en los suyos.
―Así me gusta. ―Dijo entre besos.
Se estaba comportando como un idiota.
Se estaba comportando como una novia celosa; eso lo sabía porque lo había visto miles de veces en las constantes escenas de celos que le montaba Pepper. Pero tenía todo el derecho de comportarse como un novio celoso, tal vez con menos dramatismo, aunque él era dramático por naturaleza, lo llevaba en el apellido; Steve era alto, rubio, de ojos azules, guapo, tan sexy que se le encendía la sangre con solo mirarlo, además se veía tan joven… cualquiera con dos ojos medianamente buenos se daría cuenta de ello. ¡Qué va! Hasta un ciego se daría cuenta, pensó. En cambio él: más bajo, ojos castaños comunes, cabello también castaño común, mucho más mayor que Steve, con un pasado un tanto oscuro… podría perderlo si no lo cuidaba bien.
Eran tantas cosas… Tenía miedo. Estar enamorado era aterrador y ahora entendía por qué no se había enamorado antes.
Pero lo más importante es que lo habían abandonado y traicionado tantas veces en su vida que aún le costaba acostumbrarse a que alguien no lo hiciera. Sabía que Steve no lo cambiaría, que nunca lo traicionaría, y que si por algún motivo dejaba de quererlo se lo diría, no iría por ahí engañándolo con el primero que se le cruzara, pero el miedo siempre estaba presente. Por más que confiara en el amor de Steve, el miedo no se iba.
Decidido a olvidar su miedo por un rato, se dedicó a besar a su novio con pasión hasta la saciedad.
Esa noche no hicieron el amor, pero no lo necesitaban. Y Tony no estaba en condiciones de hacerlo una vez más ese día; estaba agotado.
•••
Últimamente, el mecánico había tomado por costumbre levantarse temprano; apenas Steve se iba a correr, cuando no llovía a cántaros, o después de hacer el amor al amanecer. No quería que los otros lo vieran saliendo del elevador o encontrarse con ellos en él, sería la peor forma de contarles a todos que estaban juntos. Ahora que dormía en el piso del rubio todos los días, era un riesgo que no estaba dispuesto a correr.
Aún recordaba la vez en que casi los descubren a ambos bajando de su habitación. Él iba en bóxer y camiseta sin mangas, con el sueño pegado en al cuerpo y el cansancio pintado en la cara; Steve bajaba radiante como cada mañana, como un maldito modelo de revista, con una sonrisa de comercial de pasta dental y el cabello húmedo y desordenado: eran la perfecta imagen de una pareja recién levantada. Lo que en realidad eran. Habían llegado al pie de la escalera y al entrar a la cocina estaban todos allí. Fingieron haberse encontrado en al pasillo, pero no era un riesgo que volverían a correr.
Al genio no le gustaba esconderse, pero era una situación momentánea; se prometía eso cada día desde hace semanas.
Era estúpido, pero se estaba escondiendo en su propia torre. Ahora, por las noches, bajaban pasada la media noche desde el taller, pasando por la estancia. A veces se quedaban entrenando en el gimnasio hasta tarde y terminaban besándose en el piso del lugar, pero se arriesgaban a ser descubiertos por alguno de los espías; tenían los peores horarios para entrenar.
Sabían que no tenían nada que temer, habían planeado contarles lo de su relación, pero también habían descubierto que la adrenalina que corría por sus cuerpos ante el temor a ser descubiertos hacía sus encuentros en la cama aún mejores y mucho más intensos. Por lo que decidieron, en un acuerdo silencioso, mantenerlo en secreto un tiempo más.
•••
― ¿Te parece si entrenamos un poco esta tarde? ―Preguntó la pelirroja a Steve un día durante el almuerzo. Él aceptó.
Tony ardía de rabia y celos cuando la pelirroja entrenaba con Steve. Si bien el rubio no hacía nada más que entrenar y la pelirroja nada más que entrenar también, no podía evitar que los celos corrieran por sus venas, quemando todo a su paso. La espía rusa era la mejor amiga de su novio, lo sabía, pero los celos eran incontrolables; estaba tan enamorado de ese hombre, con su torpeza, sus grandes habilidades de combate, su inteligencia, sus hermosos ojos azules y su sexy apariencia que... Ahora comprendía a Pepper en todas esas fiestas. Últimamente estaba comprendiendo mucho a Pepper y sus actitudes en el tiempo que estuvieron juntos. Tal vez debería hablar con ella y preguntarle cómo controlar esas emociones, de otra forma se transformaría en un celópata y Steve lo botaría para siempre.
•••
Entre un momento y otro, en los que tenían que esconderse para no ser descubiertos en una más que comprometedora situación, los días pasaron a gran velocidad. La prensa seguía arreglándoselas para fotografiarlos, pero nunca se veía con claridad la cara o algo que identificara a Tony como el novio misterioso.
El amor entre ellos era casi palpable, hacían el amor por las noches y a veces también por las mañanas. Su relación estaba en lo mejor de lo mejor. Se llevaban bien, entrenaban juntos, comían y dormían juntos, cada uno trabajaba en lo suyo: Steve en el gimnasio y Tony en el taller, compartían tiempo de calidad con el equipo y compartían el silencio del taller solo para estar en la compañía del otro. Todo era perfecto. Todo excepto una cosa que traía a Tony dando vueltas como loco por el taller esa mañana.
Le encantaba la relación física que tenía con Steve, pero había algo que lo tenía intranquilo. Era bien sabido que él era un playboy; jamás había mantenido una relación con un hombre antes, pero suponía que en algún momento Steve y él deberían cambiar papeles. Suponía que debería ser algo normal en una relación como la que ellos mantenían; en algún momento debía cederle el mando al Capitán, aunque en ningún momento se lo había negado. Steve simplemente nunca lo había tomado, ni siquiera lo había intentado.
En algún momento había pensado en sugerirlo; no podía negar que sentía un poco de mucha curiosidad por cómo sería tener a Steve dentro de su cuerpo, pero el anciano simplemente no mostraba interés en ello. El problema era que no podía pararse frente a él y tirarle la bomba como si le preguntara cuál cereal prefería para desayunar o qué color de calcetines prefería usar. Tenía que hacerlo con tacto, pero no encontraba el momento y él no era muy dado a tratar temas como aquel, o ningún otro, con tacto; era demasiado directo.
Si bien Steve se veía más que dispuesto a arrinconarlo contra la encimera de la cocina, su mesa de trabajo en el taller o inmovilizarlo en el piso del gimnasio para frotar su dura erección deliciosamente contra su trasero, no se había atrevido a llegar más allá. Incluso habían estado a punto de ser descubiertos por lo acaloradas y lujuriosas que se volvían esas situaciones, pero nunca pasaba nada más.
Ahora que estaban por cumplir cuatro meses juntos quería que ese fuera su regalo: quería a Steve dentro de su cuerpo, haciéndole el amor con toda su pasión de súper soldado enamorado.
•••
Se besaban por el pasillo, de vuelta del gimnasio, sin importar si alguien los veía. Sus entrenamientos en el gimnasio siempre terminaban con una sesión de besos y ardientes caricias sobre la colchoneta, por lo que estaban más que presurosos para llegar a las escaleras y subir a la habitación de Tony; no había tiempo de llegar al elevador y bajar al piso del soldado.
Steve aprovechó su fuerza y, con Tony rodeando sus caderas con sus piernas y repartiendo besos y mordidas por todo su cuello, los subió a ambos a la habitación del moreno. Una vez arriba, casi a ciegas llegó al baño y se metió en la ducha abriendo la llave del agua fría. Se desnudaron el uno al otro con rapidez mientras se besaban con torpeza. Tony abrió un poco la llave del agua caliente para aclimatar la temperatura y volvió a besar con avidez esos labios dulces que tanto le gustaban. Se acariciaron con fuerza, la adrenalina por el ejercicio aun corriendo por sus venas, se besaron y mordieron mutuamente, hasta que Steve empujó a Tony contra la fría pared sacándole un jadeo de sorpresa.
Los besos no se hicieron esperar mucho. Los labios del rubio recorrieron su cuello y la parte superior de su pecho entre besos, lamidas y mordidas, que hacían gemir, jadear y suspirar de placer al mecánico. Una de sus manos bajó a la entrepierna de Tony, tomando su miembro erecto entre sus dedos y apretando con una mezcla de firmeza y suavidad. Tony gimió.
A Steve le gustaba escuchar los gemidos del moreno. Le gustaba saber que era él quien conseguía sacar de su garganta todos esos sonidos y deseaba hacerle el amor en ese preciso instante, pero había algo que se lo impedía. Seguía teniendo miedo de su fuerza. Recordaba que la primera vez que estuvieron juntos, a pesar de que Tony fue suave con él, había sentido un poco de dolor, que para él se sentía como una simple incomodidad; al tener una capacidad de sanar más rápido no sabía si el moreno lo había lastimado y en realidad no le importaba, pero con Tony era diferente. Tony era un hombre normal, en cambio, él era un hombre mejorado: tenía más resistencia, tenía también mucha más fuerza que la mayoría y eso le preocupaba. Si no era capaz de contenerse podría hacerle daño y, tomando en cuenta la forma en que perdía el control cuando lo tenía cerca, dudaba poder controlarse lo suficiente.
Volvió a apretar su mano alrededor de aquel miembro caliente y comenzó a masturbarlo mientras el agua tibia se llevaba lejos el sudor de sus cuerpos. Tony gemía cada vez más y eso le excitaba; sentía su propio miembro palpitar dolorosamente entre sus piernas.
―Espera. ―Logró decir entre jadeos. ―Espera. Detente.
Para demostrar que lo decía en serio, Tony detuvo el movimiento de la mano de su novio con la suya. Llevó sus brazos al cuello de Steve y lo aceró a él, lo besó con ansias, profundamente y luego se separó. Se movió un poco y alcanzó el jabón líquido que tanto habían utilizado estas últimas semanas y vertió un poco en la mano derecha de Steve.
―Tony, ¿qué-
―Shh. ―Lo silenció.
Sus labios alcanzaron los de Steve y lentamente dirigió su mano hacia el lugar que quería. La mano de Steve se quedó ahí, sin moverse cuando la suya lo soltó. Tony se molestó un poco, pero estaba decidido a hacerlo, así que usando su voz más ronca y seductora, totalmente excitada e incitadora, susurró sobre sus labios.
―Hazlo. ―Y volvió a besarlo.
La mano de Steve se movió automáticamente y replicó los movimientos que Tony había hecho tantas veces en su cuerpo. Acarició lentamente, esparciendo el resbaloso líquido en su hendidura y al posar sus dedos en su entrada la sintió suave, al tiempo que se contraía. Eso le gustó. No estaba seguro de lo que haría, pero estaba tan excitado que no se paró a pensarlo demasiado. Presionó con sus dedos y sintió la resistencia de un anillo de músculos vírgenes, presionó un par de veces más, cada vez con más fuerza, hasta que se abrió paso en el cuerpo de Tony. El moreno gimió roncamente sobre sus labios al sentirlo entrar.
Las caderas de Tony se movieron hacia atrás, buscando más contacto. Steve comprendió el mensaje y comenzó a mover su dedo en su interior. Los jadeos de Tony lo animaron a seguir con el movimiento y cuando escuchó un débil "otro", le hizo caso e introdujo un segundo dedo en su interior. Escuchó un quejido, pero no se detuvo. Cada vez que ingresaba en su cuerpo llegaba un poco más adentro; podía sentir la suavidad de su carne, el calor de su interior lo envolvía y las ganas de sentir todo eso rodeando su propio miembro lo consumía.
Sacó bruscamente los dedos de su interior y salió de la ducha con Tony abrazado a su cuello, con los pies a un par de centímetros del piso. Se dirigió a la cama y besó a Tony con pasión. Se perdió en su placer, acariciando su cuerpo por todas partes y recibiendo las ansiosas caricias de su novio. Estaba acomodado entre las piernas de Tony, listo para penetrarlo y hacer lo que tanto había deseado, lo que ambos deseaban, cuando un atisbo de cordura mezclado con algo de miedo aclaró su mente y recordó la razón de por qué no lo había hecho antes.
El moreno sintió los músculos de Steve tensarse bajo sus manos y abrió los ojos para saber qué pasaba. Para saber por qué se había detenido. Y vio la preocupación y la consternación en su rostro, en su ceño fruncido y en sus labios contraídos en una mueca.
― ¿Qué pasa, cariño? ¿Por qué te detienes?
―No puedo hacerlo.
Al ver la expresión en su rostro, toda su libido bajó de golpe. No comprendía la actitud del soldado en ese momento, pero lo haría cuando se explicara. Así que solo se limitó a atraerlo hacia sí y abrazarlo contra su pecho. Rato después de un potente silencio la voz de Steve se escuchó.
―Lo siento, Tony.
―No te disculpes. Explícamelo. ―Exigió con voz suave, pero firme.
―No puedo controlarme cuando estoy contigo, Tony. Te deseo demasiado y no quiero hacerte daño. ―Dijo al tiempo que se abrazaba más al pecho del moreno, escuchando el calmado latir de su corazón.
Tony se quedó en silencio sin saber que decir. Comprendía lo que Steve quería expresar; había considerado el hecho de hacer el amor con un súper soldado y sus posibles consecuencias para su cuerpo, pero también había considerado la diversión que eso podría traer consigo. Steve temía de su propia fuerza y Tony ansiaba sentirla, pero para ello debía hacer que el rubio confiara en su capacidad de controlarse. Ya más adelante le diría que deseaba esa fuerza a la que él tanto temía. Pero debía hacerlo rápido; faltaban cinco días para que cumplieran cuatro meses juntos y ese sería su regalo.
Era un reto.
A Anthony Edward Stark le encantaban los retos.
Siendo sincera, si yo fuera Tony también querría sentir al súper soldado sin inhibiciones, sin importar las consecuencias… ¿qué es un poco de cansancio y dolor en uno que otros muchos músculos comparado con el placer de estar con un súper soldado? Saben que tengo razón. Tal vez Tony lo averigüe en un futuro cercano ;) ¿ustedes que creen, esta escritora debería darle a Tony lo que quiere o no?
Ya saben que si les gustó pueden dejar un review y si no les gustó... pos no.
Nos leemos pronto.
Besos.
Bye :D
Lunes 08 de Enero, 2018.
