Hola mundo!

Wow, había olvidado todo lo que pasa en este capítulo. Hay de todo un poco, pero lo más importante es que al fin Tony tiene lo que quiere, aunque no tal y como lo quiere… ya entenderán.

Espero que les guste, si es así pueden dejar un review ;)

Disfruten su lectura :D


Capítulo 39

La paz es efímera


Cuando una idea se le metía en la cabeza a Tony Stark era imposible sacarla de allí, esta comenzaba a echar raíces y no había vuelta atrás. Steve comprendió eso cuando Tony le propuso por tercera vez ese día continuar con lo que no habían podido terminar la noche anterior.

Tony se le acercaba en silencio, lo besaba, lo acariciaba y lo seducía lentamente hasta llevarlo a la primera superficie disponible; tomaba sus manos y le obligaba a tocarlo en aquel lugar que tanto deseaba acariciar. Como un inocente idiota enamorado, él se dejaba seducir y comenzaba a acariciarlo de manera ardiente, hasta dejarlos a ambos jadeantes y al moreno pidiendo por eso que tanto buscaba; era en esos instantes cuando un poco de sentido común entraba en su mente, abriéndose paso en la deliciosa tortura que Tony le estaba dando. Porque sí, obligarle a acariciarlo de esa forma, obligarle a escuchar sus jadeos, gemidos y súplicas por más, eran una tortura para él; saber que no podía hacerle el amor como quería era una tortura que se estaba volviendo peligrosamente adictiva. Para ambos. Pero si continuaba así, en algún momento dejaría de pensar coherentemente y se dejaría llevar; no podía dejar que eso pasara. Tenía que detenerlo. Tenía que detenerse.

―Tony, no me hagas esto. ―Susurró cuando el moreno se acercó con ese brillo en los ojos una cuarta vez. ―Sabes que no puedo hacerlo.

El nombrado lo ignoró y siguió acercándose.

―Quiero que lo hagas. ―Dijo en una especie de puchero típico de niño rico; mirándolo con esos enormes, brillantes y expresivos ojos color chocolate.

Steve vio que seguía acercándose y, como los cobardes, decidió escapar del taller para no sucumbir ante la tentación.

― Ahora dices que no, Capitán, pero tendrás que dar tu brazo a torcer en algún momento. ―Dio media vuelta y siguió con su revisión de islas. Ya lo volvería a intentar más tarde, en la cama.

•••

Su plan de seducir a Steve en la cama no funcionó. Había salido desnudo y acariciando su húmeda erección de la ducha para provocarlo, lo había besado, lo había tocado; había hecho de todo lo que se le había ocurrido, pero lo único que obtuvo fueron besos tranquilos y caricias tiernas, y un duro, pero cálido pectoral como almohada. Y un amargo sabor a derrota, también.

Tendría que pensar en un plan B y aplicarlo. Pronto.

•••

Las cosas no estaban funcionando en lo más mínimo. Tony hacía cada vez intentos más alejados de seducirlo, pero mucho más apasionados e intensos. Lo ignoraba por horas y horas, y, de pronto, estaba sentado sobre su regazo, restregando su trasero sobre sus pantalones; la sangre corría por su cuerpo y hacía crecer su miembro de inmediato ante sus acciones. Luego, su adorado novio se alejaba y lo dejaba frustrado, con ganas de acercarse a él, tomarlo por las caderas y hacerle todas esas cosas que deseaba, pero se contenía. Apenas.

Había decidido entrenar un poco con el arquero y así deshacerse de su frustración y toda esa energía extra que recorría sus venas, pero cuando todo terminó y fue a su piso, se lo encontró a él. Tony estaba desnudo en su cama, con uno de sus cuadernos de dibujos en las manos, hojeándolo distraídamente. Desde su posición tenía una privilegiada vista de su redondeado y atrayente trasero; no pudo evitar el tirón en su erección al verlo de esa forma. Hizo todo lo posible por ignorarlo y se metió al baño, llenó la tina y se metió en ella con el fin de estar un largo rato y relajarse.

Tenía los ojos cerrados, pero estaba atento a su entorno. Escuchó los pasos de Tony entrando al baño y lo sintió en el preciso instante en que se metió a la bañera con él; se sentó entre sus piernas y se apoyó en su pecho. Se quedaron así por un par de minutos hasta que las manos de Tony tomaron una de las suyas, dirigiéndola lentamente hacia su entrepierna. Rodeó con sus largos dedos el miembro del mecánico y comenzó un movimiento suave de arriba abajo. Sintió la sangre llenar la carne bajo sus dedos, lo sintió palpitar, caliente y duro; siguió acariciando con un poco más de fuerza ahora.

Los gemidos de Tony era lo único que se escuchaba, además del ligero chapoteo del agua a su alrededor.

Llevó su otra mano hacia arriba, recorriendo el torso trabajado de su amor hasta llegar a sus pequeños y duros pezones. Acarició con la palma abierta, arrancándole un grito de placentera agonía al moreno que lo hacía suspirar. Volvió a repetir la acción, luego apretó, torció y presionó hasta que Tony le rogó que se detuviera. No lo hizo. El movimiento en su miembro seguía y aumentaba de velocidad. Mordió el lóbulo de la oreja del mecánico suavemente. Tony dejó caer su cabeza con fuerza contra el hombro del rubio y sus jadeos, suspiros y gemidos llegaban directo en su oído. Steve aumentó la fuerza y la rapidez un poco más. En un momento, las sensaciones fueron tantas y tan abrumadoras que no pudo soportarlo. Tony alcanzó un duro y poderoso orgasmo que lo dejó sin energías.

Steve siguió con el roce arriba y abajo por un momento más antes de liberarlo por fin y limpiarlo de su propio semen con el agua tibia que los rodeaba.

Los labios del moreno buscaron los de su soldado y le dio un largo beso perezoso. Cuando se separaron, Tony ya un poco más repuesto de la oleada de placer recibida, el moreno se levantó del torso cálido que lo sostenía.

―Arriba. ―Susurró con la voz ronca.

El soldado obedeció sin saber qué tenía planeado el moreno.

Sin decir una sola palabra, Tony se sentó sobre sus talones y comenzó a besar lentamente las poderosas y largas piernas del súper soldado. Sus manos recorrieron la parte trasera de sus muslos hasta llegar a sus caderas; se sostuvo de allí para levantarse. Se arrodilló entre besos y caricias. Llegó con sus labios muy cerca de su entrepierna, besando la tersa piel sobre sus marcados músculos.

―Hay otra cosa que no hemos hecho. ―Susurró con la voz ronca, mirándolo directo a los ojos, los suyos oscuros, encendidos por el deseo, relamiéndose los labios por la anticipación.

El rubio no tuvo tiempo a pensar en qué no habían hecho cuando la boca del genio se acercó peligrosamente a la punta de su erección. Trató de alejarse, pero el moreno lo tenía firmemente agarrado por las caderas, impidiéndole tal acción.

Nunca había hecho algo parecido, pero creía haber recibido ese tipo de atención las veces suficientes como para poder hacerlo. Estaba casi seguro de ello y no se haría para atrás ahora que estaba, literalmente, tan cerca de hacerlo, sin importar la inexperiencia que tuviera.

Steve lo miraba con el rostro teñido de rojo, los labios separados y los ojos nublados por el deseo y la anticipación. Sabía lo que Tony estaba a punto de hacer, pero nada lo preparó para la sensación de su húmeda y cálida boca alrededor de la punta de su miembro. Era algo que nunca había sentido y que definitivamente querría volver a sentir en el futuro. Sintió la lengua del mecánico acariciar lentamente la hendidura en la punta de su glande y un temblor le recorrió de la cabeza a los pies; dejó escapar un suspiro pesado. La boca del moreno se abrió un poco más y pronto pudo sentir más de ese calor y humedad cubrir su dureza, su lengua acariciando lenta y tortuosamente a lo largo de su piel sensible.

Miró hacia arriba y se encontró con los ojos brillantes y oscuros de su soldado. Movió su cabeza adelante y atrás, abarcando un centímetro más cada vez que volvía a rodearlo con sus labios. Era una sensación extraña; nunca en su vida pensó tener la erección dura y palpitante de un hombre en su boca, mucho menos que ese hombre fuera el Capitán América. Asió firmemente a Steve de sus caderas impidiendo que se moviera a su antojo, no quería un accidente en que no pudiera controlar su reflejo nauseoso; hasta ahora lo había controlado bastante bien, pero si Steve empujaba muy profundo en su boca… no estaba seguro de querer que eso pasara.

La mano grande y fuerte del rubio bajó y se enredó en los cabellos de Tony. Acarició su cabeza y su nuca un par de veces y se quedó estática. No presionó ni lo alejó, solo se quedó ahí. Su mano se movía adelante y atrás con la cabeza de Tony, acompañándolo en cada movimiento. Las caricias rápidas se aceleraron aún más y una de las manos del mecánico acompañó a su boca en sus caricias.

Al percatarse de que no abarcaría la totalidad de su longitud solo con su boca, Tony decidió utilizar su mano y aceleró aún más el ritmo al sentir un sabor algo amargo y salado. Steve estaba a punto de terminar, lo sabía, pero quiso alargar un poco más el momento presionando la base de su miembro con los dedos.

Steve siseó ante ese audaz movimiento.

La boca de Tony aceleró y la mano de Steve tiró de los castaños cabellos al sentir tan cerca su orgasmo, pero sin poder alcanzarlo por esa osada mano malvada que lo impedía.

―Tony. ―Rogó con la voz ronca y rota por el orgasmo dolorosamente contenido.

El genio lo ignoró por un momento y simplemente siguió dándole placer con su boca al tiempo que apartaba su mano de la base. Se percató del momento exacto en que el miembro dentro su boca se endurecía aún más y se liberaba de la presión ejercida por su culminación. No lo pensó demasiado y dejó que todo el amargo contenido llenara su boca y contra toda lógica lo tragó.

Steve, que había ahogado un grito de placer mordiendo uno de sus puños, lo observó y se sonrojó al percatarse de lo que el moreno había hecho. Lo instó a pararse frente a él y antes de poder decir nada los labios rojos y ultrajados de su novio lo silenciaron en un beso. Saboreó su propio semen en la boca de Tony y algo en su vientre se contrajo por el erótico sabor mezcla de saliva y semen, pero su miembro no reaccionó; era demasiado pronto luego de ese arrebatador orgasmo en la boca de su pareja.

El moreno lo atrajo hacia la ducha y abrió la llave dejando caer el agua tibia sobre sus cuerpos. Siguieron besándose por un rato y luego salieron en silencio hacia la habitación. Tony no sabía que decir y no quería arriesgarse a uno de los mini discursos de moral que pudiera tener Steve para él, aunque estaba seguro de que el Capitán Correcto no diría ni media palabra. Había hecho lo que había querido y lo había hecho bien; le había gustado tener el miembro de Steve en su boca y nada le quitaría esa satisfacción, por lo que, una vez en la habitación, se acostó en la cama y se abrazó a la espalda de su capitán.

•••

A la mañana siguiente el rubio lo había despertado con caricias suaves y castos besos por todo el pecho. Podía escuchar la lluvia caer sin tregua a través del gran ventanal de la habitación. Abrió los ojos y se encontró con esa mirada perdida por el deseo que Steve tenía cada vez que quería hacer el amor; había aprendido a identificarla. Pero no lo haría. Contra todos sus deseos de sentir el calor del interior del soldado alrededor de su duro falo, se negaba a hacerlo. Había tomado una decisión: si Steve se negaba a hacerle el amor, él también lo haría. Dos podían jugar ese juego. Podrían satisfacerse de otras formas, pero no volvería a hacerle el amor hasta que consiguiera lo que quería.

Se abrazó a su cuello y lo besó con profundidad. Steve se tendió de espaldas en la cama esperando que se pusiera sobre él e hicieran el amor por la mañana como otras veces. No esta vez, cariño, pensó. Pasó sobre su cuerpo y se sentó en la orilla de la cama.

―Tengo que ir al taller. ―Se inclinó hacia Steve, que lo miraba extrañado. ―Buenos días, amor. ―Lo besó y se levantó.

Steve le vio recoger sus cosas y meterse a la ducha. Pocos minutos después lo vio salir, ya vestido, para luego caminar fuera de la habitación sin siquiera mirarlo.

•••

Dos días habían pasado desde ese espectacular momento en la ducha y lo único que habían hecho en la cama era besarse y dedicarse caricias largas, tiernas y adormecedoras.

Steve no entendía nada, pero sospechaba que todo se debía a su negativa por hacerle el amor al moreno. En cambio, Tony estaba que se moría por la frustración sexual. Pero no cedería.

•••

―Deberíamos salir a celebrar esta noche. ―Dijo el moreno entrando en la biblioteca, interrumpiendo la lectura de su soldado del pasado.

― ¿No deberíamos celebrar mañana? ―Preguntó extrañado, bajando su libro.

―No. Tengo otros planes para mañana. ―Le dedicó una mirada apreciativa y una sonrisa seductora. ―Saldremos a las nueve. Cine. Hamburguesas. Tu motocicleta. Está todo planeado. Aunque tal vez no en ese orden. Primero las hamburguesas, luego el cine. Eso es.

El rubio sonrió al escucharlo atropellar las últimas palabras.

•••

Steve nunca había visto a alguien comer tantas hamburguesas en tan poco tiempo. Ni siquiera él, que comía grandes cantidades debido a su condición metabólica, podría haber comido tanto.

―No lo digas. ―Escuchó decir a Tony. ―Happy y Pepper siempre me regañaban por comer tantas hamburguesas con queso y no soportaría que tú también lo hagas.

―Está bien. ―Rió.

Siguieron comiendo hasta que Tony miró su reloj y salió corriendo a pagar y volvió para arrastrarlo fuera de la hamburguesería.

―Vamos a llegar tarde. ―Lo apuró. Se puso el casco y luego subió tras él, abrazándose a su espalda.

•••

Al salir del cine Tony tenía el ceño fruncido.

―Nadie puede matar a tanta gente con un lápiz. ¡Un lápiz, Steve! ―Gritó en voz baja con frustración y una mueca de incredulidad. ―Ni siquiera era un bolígrafo, era un burdo lápiz de madera. ―Bufó exasperado.

Steve rió y lo besó para que olvidara su enojo con el protagonista de la película. Lo agarró por la cintura y lo acercó a su cuerpo, las manos de Tony también fueron a parar a su cintura. Se besaron por largo rato olvidando completamente que estaban en un lugar público y que alguien podría verlos. Se separaron lentamente, ambos con una sonrisa en el rostro, y volvieron a la torre.

•••

Entraron a oscuras a la habitación de Steve, besándose y desvistiéndose.

― ¿Vas a decirme por qué no quisiste salir hoy? ―Preguntó el rubio entre besos.

―Porque vamos a hacer el amor toda la noche, una y otra vez. ―Respondió, mordiendo el lóbulo de su oreja.

Steve sonrió y terminó de desvestirse. Tony lo empujó en la cama y le hizo el amor con sus manos, sus labios, lo acarició y se dejó acariciar. Se dejó besar, pero se negó a ir más allá.

―Tony, por favor. ―Pidió. Últimamente lo único que hacía era rogarle a Tony para que le hiciera el amor, pero el moreno se negaba. Y él lo necesitaba. ―Tony. ―Insistió.

El moreno se inclinó hacia el cajón de la mesa de noche y sacó el lubricante que había guardado esa misma tarde. Se lo mostró y sonrió de lado. Se sentó a horcajadas sobre él, dejando la erección de Steve entre sus glúteos. Se movió adelante y atrás, frotándose contra él, haciéndole gruñir y gemir.

―No funcionará esta vez, Steve. Quiero tenerte dentro de mí, quiero saber lo que se siente. Pareces disfrutarlo tanto… ―se movió una vez más y gimió― yo también quiero hacerlo.

―Tony, sabes que no quiero lastimarte. No puedo controlar mi fuerza-

―Por eso yo lo haré. ―Le interrumpió. Steve no entendió a qué se refería y los labios de Tony lo distrajeron de ello.

Mientras lo besaba, Tony tomó una de las manos de Steve y dejó caer el viscoso lubricante sobre sus dedos, luego lo instó a penetrar su cuerpo. El rubio lo hizo sin protestar; utilizó uno, dos, tres dedos, hasta que los jadeos del moreno entorpecieron sus besos y sus alientos se mezclaron. Sus dientes chocaron. Tony se sentó derecho nuevamente, tomó el lubricante y con su mano untó el erecto y duro miembro del soldado.

Steve lo observaba con los ojos nublados y el resto de sus sentidos agudizados.

Con su mano acercó lentamente la punta de aquella erección a su entrada y se penetró a sí mismo con lentitud. Sintió la presión, el dolor y la incomodidad, pero siguió adelante, abrazando la dura carne con su cuerpo. Cuando lo sintió en lo más profundo de su cuerpo gimió. Gimió de placer, de dolor, gimió por la victoria de haberse salido con la suya. Miró a Steve y vio la tensión en los músculos de su cuello.

―Relájate, cariño. ―Pasó una mano por sus pectorales.

Comenzó a moverse lentamente hacia adelante y atrás, tanteando el terreno; el miembro de Steve salía un par de centímetros y volvía a hundirse en su calor. Tomó las manos de Steve y las colocó en sus caderas, luego se levantó lentamente, con las rodillas firmemente hundidas en el colchón, alrededor de sus caderas, y volvió a bajar; gimió una vez más.

Steve estaba tenso. No quería moverse, pero al escuchar los gemidos de placer de Tony adquirió un poco de confianza. Se movió lentamente a su encuentro cuando el cuerpo del moreno bajaba y sintió como se hundía mucho más profundo en el apretado canal. El soldado jadeó.

Ambos gimieron y jadearon, gruñeron y se besaron al tiempo que se movían. Aumentaron la velocidad y Tony volvió a sentarse derecho sobre el falo caliente de Steve, sintiéndolo más profundo que antes, soltando un gutural bramido desde lo más profundo se su ser. La mano del soldado rodeó su erección y eso fue todo. Tony gimió roncamente en medio de un orgasmo que manchó el abdomen y el pecho de su capitán, llegando hasta su cuello; Steve sintió los espasmos apretando su miembro y dejó salir su caliente semilla en el interior del cuerpo de Tony, acompañada de un grito silencioso. Su cabeza hundida en la almohada, sus caderas levantadas y su miembro profundamente enterrado en el cálido interior de Tony.

Cuando se separaron, se abrazaron recuperando el aliento.

―No fue tan difícil convencerte. ―Se burló en medio de un jadeo.

El soldado asintió cansado y se hundió en el sueño.

•••

Steve abrió lentamente los ojos en medio de la oscuridad de la madrugada. Su cuerpo cubría al moreno, que estaba acostado sobre su abdomen, con ambos brazos bajo la almohada, abrazado a ella; una de sus piernas estaba entre las del moreno y su miembro descansaba entre esos redondos glúteos que tanto le gustaba mirar y tocar. Respiró su aroma y pudo identificar el olor a sexo aún impregnado en sus cabellos y en toda su piel.

Suspiró.

Quería repetir lo de hace algunas horas y viendo al moreno tan relajado decidió hacerlo.

Se separó lentamente, sin despertar al genio, y pasó una pierna a cada lado de sus muslos, atrapándolo contra el colchón. Buscó a tientas el lubricante y untó el frío líquido sobre su miembro semierecto, también un poco en la hendidura entre las nalgas de Tony y se acercó. Frotó su erección un par de veces en su entrada y poco a poco se hundió en ella.

El gemido de placer proveniente de Tony le hizo sonreír.

Despertar con Steve en su interior era algo que nunca pensó que pasaría. No iba a quejarse, claro está. Steve se movía lentamente sobre su espalda, profundizando lentamente su duro miembro en su interior. Podía sentir el calor de sus músculos a lo largo de su espalda y en lo más profundo de su cuerpo. Sus manos se agarraron firmemente a las sábanas y apretaron buscando algún soporte.

Levantó sus caderas un poco buscando un contacto más profundo y un gemido se le escapó cuando sintió la punta del miembro de Steve rozar su próstata; era fácil comprender por qué a Steve le gustaba tanto hacer el amor. Era una sensación de placer casi tan grande como llegar al clímax y tan tortuosa como no poder hacerlo; era un adictivo tormento. Lo sintió salir y volver a rozar su próstata al entrar. Gimió una y otra vez mientras escuchaba los gruñidos y jadeos del rubio junto a su oído.

Los brazos del soldado pasaron por debajo de los suyos y lo inmovilizó tomándolo firmemente por los hombros. Steve siguió con sus movimientos lentos y profundos, luchando contra todos sus instintos que le decían que debía acelerar el ritmo.

―Steve, más rápido. ―Logró pedir en medio de un gemido.

Sin escuchar su pedido, Steve siguió con sus lentas acometidas. El filántropo arqueó la espalda cuando el lento vaivén lo desesperó con un orgasmo tan poderoso de lo hizo sollozar contra la almohada. Mordía con fuerza la funda para no gritar de placer cuando sintió el cálido líquido liberarse en su interior y escuchó el ronco gemido de Steve en su oído.

Ambos jadeaban tratando de recuperarse; Steve aún dentro del cuerpo de Tony. Ni siquiera se habían movido.

―Buenos días. ―La voz ronca de Steve se escuchó.

―Muy buenos. ―Suspiró Tony con placer.

•••

La nube de placer en la que estaban envueltos se acabó cuando JARVIS les avisó que el equipo los esperaba con una muy mala actitud en la cocina del piso de arriba. Se dieron una rápida ducha y se vistieron para subir. Como no había buena vista del ascensor desde la cocina acordaron que Steve iría primero y Tony subiría a cambiarse de ropa a su habitación antes de bajar.

El soldado se encontró con la mala cara de Natasha, la sospechosa mirada de Clint y la resignada y algo culpable del Doctor Banner.

―Buenos días. ―Dijo, pero nadie contestó.

Se sentó a la mesa y cinco minutos más tarde Tony entró a la cocina.

―Buenos días, equipo. ―Saludó con jovialidad, pero su sonrisa se borró de inmediato al sentir el pesado ambiente.

― ¿Se puede saber qué significa esto? ―Espetó la pelirroja golpeando la mesa con una revista.

El color abandonó el rostro de la pareja cuando vieron la portada: ellos dos besándose. Era una foto de hace dos noches, cuando fueron al cine para la pre-celebración de sus cuatro meses juntos.

―No puedo creer que te hayas atrevido a corromper a Steve de esa forma. ―Le reclamó al genio. ―Steve es el héroe de América, el símbolo de la nación y todo lo que es correcto, y tú, el mujeriego más grande el país-

―No, el Capitán América es el símbolo de la nación y de todo lo que es correcto, y todo lo que quieras. Steve Rogers es un hombre que tiene todo el derecho a hacer lo que quiera, con quien quiera y cuando quiera.

―Pero no contigo.

― ¡¿Por qué no?! ―Espetó furioso.

―Porque no eres-

―Natasha. ―La interrumpió Steve, no quería que Tony escuchara lo que fuera que ella iba a decir. ―Tony tiene toda la razón. No puedo ser el Capitán América todo el tiempo. No lo soy. Tuve una segunda oportunidad y debo aprovecharla. Quiero aprovecharla.

―Steve, no lo entiendes. ―Comenzó con suavidad. ―Tony no es el hombre que se enamora de ti y con el que puedes ser feliz como en los cuentos. Con él no hay un "felices para siempre". Tony es un mujeriego incapaz de enamorarse y eso nunca va a cambiar. ―Dijo con voz dura. ― Solo está jugando contigo y cuando se canse de ti te va a dejar como siempre lo ha hecho. Lo conozco desde hace años, Steve. Las personas como él no cambian.

―Eso no es cierto. ―La voz de Tony se escuchó profunda, ronca, a causa de la rabia y el dolor que esas palabras le causaron. ―No sabes de lo que estás hablando. Y sé que no tengo que darte explicaciones, pero aunque no lo creas, aunque ninguno de ustedes lo crea, puedo cambiar. He cambiado.

―Eso dices ahora, pe-

―No. Sé que las cosas nunca funcionaron antes, pero era porque no había-

― ¿¡Qué!? ¿Vas a decir que no habías encontrado a la persona correcta? ―Se burló. ―Por favor, Stark. Sabes que las cosas no funcionaron con Virginia Potts y ella parecía ser la correcta.

Clint, que veía la forma en que la expresión del Capitán cambiaba, decidió intervenir.

―Nat. ―Puso su mano en el antebrazo de Natasha y ella se soltó y lo ignoró.

Tony se acercó a ella y la miró desde su altura, con los ojos encendidos por la rabia. Él creía que el equipo los apoyaría, no que le recriminarían de esa forma.

―Las cosas con Pepper no funcionaron porque ella no quería todo el paquete. No solo se estaba llevando a Tony Stark, el mujeriego, ―hizo aspavientos con sus manos― también se estaba llevando a Iron Man y ella no quería esa parte de mí. Ella quería cambiarme. ―Tomó una profunda respiración. ―Tienes razón en algo y Steve lo sabe. Nunca antes había amado a nadie, pero ahora sí lo hago y ni tú ni nadie tiene el derecho a meterse en esto. ―Tomó la mano de Steve. ―Esto solo nos concierne a nosotros y si no te gusta puedes-

Lamento interrumpir su discusión, Señor, ―la voz de JARVIS lo cortó a media frase―pero hay actividad sospechosa en el sur de Siberia. Parece ser el asentamiento de Hydra que buscábamos.

Clint suspiró de alivio. No quería escuchar el final de esa frase. Bruce se arregló los anteojos sobre el puente de su nariz, miró una vez más la foto de la portada de la revista y decidió que había amor en ese beso. Miró a Tony y cuando tuvo su atención le dedicó una sonrisa de apoyo.

―Ya escucharon. ―La voz del Capitán se escuchó. ― Cinco minutos, recojan sus cosas y nos vamos. Natasha, ―dijo antes de salir― no quiero que vuelvas a entrometerte en esto. ―Advirtió. ―No es tu asunto.

La pelirroja asintió mordiéndose la lengua para no volver a discutir y todos partieron a prepararse para la misión.


Lunes 22 de Enero, 2018.