Hello!

Aquí les traigo la continuación de la mala situación que están viviendo los chicos en la helada Siberia, los problemas y otras cosas...

Ya saben que si les gusta pueden dejar un review.

Disfruten su lectura:D


Capítulo 41

De regreso


Los chicos caminaban lo más rápido que la nieve acumulada y la tormenta se los permitía, buscando alguna señal de sus compañeros, pero sin encontrar nada. Por el contrario, Tony aún estaba atrapado dentro de su armadura.

― ¿JARVIS? ―Preguntaba una y otra vez sin obtener respuesta. El sistema estaba dañado y seguramente tomaría un rato más antes de que su mayordomo pudiera volver a conectarse con el Mark 10.

El genio estaba cada segundo más desesperado. No le gustaba saberse atrapado dentro de su traje y tampoco le gustaba saber que su equipo, en especial Steve, estaban por ahí, perdidos en medio de la nada. Probablemente estaban heridos. Además, aquellos sujetos aun podían estar rondando.

Lo que el moreno no sabía era que aquella explosión había alcanzado también a los soldados de Hydra, por lo que no tendría que preocuparse por ellos.

•••

Cuando salió de la sorpresa escarbó un poco más en la nieve y logró ver el rostro pálido de Steve Rogers; los ojos cerrados, lleno de nieve hasta en las pestañas y con los labios amoratados. Se apresuró a quitar toda la nieve que lo cubría y verificar la gravedad de sus heridas. La más preocupante era la de costado derecho que, a pesar del frío, no dejaba de sangrar y parecía ser bastante grande y profunda.

Como pudo, cargando el peso muerto del hombre inconsciente, lo llevó a la parte trasera de la furgoneta y cerró las puertas con ambos dentro del vehículo. Lo primero que hizo fue atender la herida sangrante y detener la hemorragia, luego suturó de la mejor de las formas el gran corte, tapó con gasas y vendó todo alrededor de su abdomen. Decir que fue fácil sería una gran mentira, pero luego de una hora de arduo trabajo, al fin, había acabado. Terminó de quitarle el mojado uniforme y procedió a taparlo con las mantas y ropa que había llevado para que el rubio recuperara algo de temperatura corporal.

Rápidamente se pasó al asiento del conductor y apretó el acelerador a todo lo que daba para salir de allí y llevar a hombre a un lugar seguro y atender sus heridas como correspondía. No quería cargar con la muerte del que alguna vez fue su mejor amigo en la conciencia.

•••

La nevazón había disminuido y los espías pudieron reconocer la zona en la que estaban; estaban cerca de donde había sido la explosión.

― ¿Alguien me escucha? ―Habló Natasha por el comunicador, pero nada pasó. ―Sigamos adelante.

Caminaron un par de minutos más y escucharon a Tony maldecir a través del comunicador. La señal se había reestablecido.

―Estamos escuchándote maldecir, Stark. ―La voz burlona de Clint se hizo escuchar al interior de su armadura.

―Chicos, necesito ayuda. Mi traje tuvo un par de averías y no puedo moverme hasta que JARVIS se conecte otra vez. ―Dijo molesto y aliviado al mismo tiempo. ― ¿Steve está con ustedes?

Los tres dudaron un momento hasta que el doctor asintió, tenían que decirle que no lo habían visto.

―No está con nosotros. La onda expansiva de la explosión debió enviarlo lejos, pero lo encontraremos cuando JARVIS se conecte a tu traje. Él puede rastrearlo, ¿no es así? ―Trató de consolar el arquero.

Tony maldijo una vez más y comenzó a desesperarse.

Estimo unos dos minutos antes de reestablecer mis sistemas por completo, Señor. ―La voz de JARVIS interrumpió sus maldiciones internas.

Pasados los dos minutos en que Tony estaba cada vez más cerca de caer en desesperación, las luces se encendieron frente a sus ojos y pudo volver a mover sus extremidades poco a poco.

Sistemas conectados. ―Informó el mayordomo.

El genio se puso de pie y miró a su alrededor.

―JARVIS, muéstrame donde estoy. ―Un mapa apareció ante sus ojos. ― Dame nuestra última posición antes de la explosión respecto al quinjet y la ubicación actual de todo el equipo.

Señor, tengo dos ubicaciones del Capitán Rogers. Una de su escudo y otra de su casco. Ambas se encuentran en direcciones opuestas; el escudo está a unos setecientos treinta y dos metros de su posición actual en dirección al noroeste, la otra se encuentra aproximadamente a seiscientos quince metros al oeste. ―Informó diligentemente la I.A dejándose escuchar por todo el equipo.

El genio emprendió vuelo en dirección a la señal más cercana que tenía de Steve mientras observaba el lugar.

―JARVIS lleva el quinjet a la posición actual de los otros.

La nave llegó casi de inmediato y rápidamente el equipo entró en ella. Los espías ayudaron al doctor a entrar y Natasha cubrió a su tembloroso novio con una manta.

―Stark, ¿dónde estás? ―Preguntó el arquero al sentarse en el asiento del piloto. ―Iremos a buscarte.

―No es necesario. Puedo volar ahora. JARVIS les mostrará mi posición. Tengo que encontrar a Steve.

Una pantalla apareció mostrando la localización de Iron Man y las dos señales del Capitán.

Cuando Tony llegó al lugar señalado solo encontró el casco de Steve. Lo apretó entre sus manos y dio la vuelta para volar al otro lugar que JARVIS le había indicado, pero el traje comenzó a fallar y a caer en pleno vuelo; había sufrido graves daños en la explosión.

―Iré al quinjet. Tenemos que ir por Steve. ―Volvió a repetir con la voz algo temblorosa a causa de la desesperación que comenzaba a apoderarse de él.

La mirada de Natasha se cruzó con la de su mejor amigo y supo lo que estaba pensando; nada bueno saldría de esa situación, y también que Tony parecía realmente preocupado por el soldado, lo que hizo a Natasha sonreír brevemente ante la gravedad de la situación.

•••

Cuando llevaba dos horas de camino escuchó quejidos que provenían de la parte trasera de la furgoneta. Paró en una orilla de la carretera y fue a ver qué sucedía. Steve temblaba y se retorcía; sudaba copiosamente por culpa de la fiebre. Era normal que tuviera fiebre, pero no era nada bueno en las condiciones en las que se encontraban. Se bajó del vehículo llenó un recipiente con nieve y humedeció ahí un trozo de tela para ponerlo en la frente del afiebrado hombre a su cuidado, luego volvió a su tarea de conducir para sacarlos a ambos de ahí.

Ahora que conocía el camino debería demorarse un poco menos. Aún tenía reservas de gasolina, por lo que no tendría que depender de una gasolinera, al menos hasta que sus reservas se agotaran. Debía darse prisa.

•••

―Tenemos que regresar. No podemos quedarnos aquí. ―Ordenó la pelirroja, pero fue ignorada.

―Lo que tenemos que hacer es traer a la legión de hierro para que registren toda la maldita zona de Siberia y encuentren a Steve. ―Reflexionó el genio con desesperación y casi a voz en grito.

―No podemos hacer eso sin meternos en problemas con el gobierno ruso y lo sabes. Solo teníamos permiso para hacer un reconocimiento del lugar e informar si había un asentamiento de Hydra antes de solicitar permiso para proceder. ―Espetó la espía. ―Y con la explosión que causaron esos sujetos ya estamos en problemas por contradecir sus condiciones para dejarnos entrar a su país.

Mientras el genio y la exasesina rusa discutían, el doctor Banner pensaba en qué podían hacer. Por un lado estaba la urgencia de Tony y de todo el equipo de encontrar a Steve; el hombre podía estar gravemente herido y aunque fuera un súper soldado, sus heridas podían impedir su supervivencia en climas tan hostiles. Era de suma importancia dar con su paradero pronto. Por otro lado, estaba Natasha. La mujer tenía razón respecto al gobierno ruso, ellos supondrían más de un problema ahora que habían estado en medio de la explosión. A ellos no les importaría si Hydra había provocado la explosión o no, el punto era que ellos habían prometido una misión de espionaje y reconocimiento, habían acordado no atacar hasta tener seguridad de la situación.

―JARVIS, necesitaremos ayuda para obtener el permiso del gobierno ruso. ―Dijo Clint en un susurro, al otro lado de la nave.

Así es, Señor Barton.

―Cuando volvamos a la torre sería bueno tener al amigo de Tony allí. Al Coronel Rhodes. ―Reflexionó. ―Y a cualquier otra persona que nos pueda ayudar a solucionar esto lo antes posible. ―Agregó.

Así lo haré, Señor Barton.

La nave estaba en silencio, excepto por la discusión que mantenían los miembros más orgullosos y conflictivos del equipo. De pronto la discusión pareció terminar.

―Nos vamos. ―La voz enojada de Tony se escuchó. ―La espía tiene razón. JARVIS necesito a Pepper y a Rhodey en la torre cuando lleguemos.

Estoy en ello, Señor.

Clint sonrió.

―También trae al amigo de Steve, él puede sernos de ayuda también.

•••

Las cuatro horas que tardarían en volver a Nueva York se hicieron eternas y tortuosas para el genio millonario. Cuando habían llegado al lugar donde debía estar Steve solo habían encontrado el escudo. Lo único que le quedaba de su novio luego de aquella misión era el escudo y un casco roto entre sus manos.

Estaba asustado y desesperado. Temía por la vida de Steve. Estando solo y a la intemperie tenía dos opciones: la primera era, si es que estaba consciente, preguntarse por qué no había ido a buscarlo de inmediato, hasta probablemente morir a causa de sus heridas o la inclemencia del frío; la segunda era que volviera a congelarse y lo perdiera para siempre en ese desierto blanco. No le gustaba ninguna de las dos opciones. Sus manos se aferraron con fuerza al casco hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Una mano se posó sobre la suya. Era Natasha.

―Lo encontraremos. ―La miró a los ojos y no vio rastros de enojo como el que había visto esa mañana. ―Steve es fuerte y sabe que iremos por él. Que irás por él.

Recibió la conciliadora caricia y la posterior sonrisa llena de confianza de la pelirroja con algo más de tranquilidad. Al menos algo bueno había salido de toda la situación: había convencido, sin siquiera intentarlo, a la exasesina rusa de que su amor por Steve era sincero. Sonrió de vuelta con tristeza y se levantó para caminar a la cabina y mirar por la ventana. Necesitaba estar en la torre lo más pronto posible. Necesitaba hacer algo.

•••

Sam Wilson cerró la puerta de su casa luego de su charla en el centro de ayuda para veteranos y no alcanzó a dejar las llaves en el gancho en la pared cuando su teléfono sonó. Se lo llevó rápidamente al oído sin notar que en la pantalla decía número privado.

―Sam Wilson. ―Contestó.

Joven Wilson, el Señor Stark necesita su ayuda. ―Fue el saludo que recibió.

Contrariado, podría jurar haber escuchado esa voz antes, respondió.

― ¿Le conozco?

Me disculpo por no presentarme apropiadamente. Habla usted con JARVIS, Inteligencia Artificial y mayordomo personal del Señor Anthony Edward Stark. ―Se presentó con algo parecido a orgullo de poder presumir su importante cargo.

―JARVIS…―Murmuró. ―Ya recuerdo. Eres la voz que me asustó cuando hablé con Steve hace un tiempo.

Está usted en lo correcto.

― ¿Tony Stark necesita mi ayuda? ―Preguntó, volviendo a lo importante de aquella llamada.

Efectivamente. Sus charlas en el centro para veteranos serán realizadas por otra persona hasta nuevo aviso, su vuelo con destino a la ciudad de Nueva York está programado para las once de la noche. Al llegar al aeropuerto lo estará esperando el jefe de seguridad del Señor Stark para llevarlo a la torre. Allí el Señor Stark le informará la situación. Hasta pronto, Joven Wilson. ―Terminó la conversación la I.A.

Sam se quedó con la boca abierta, bastante sorprendido por la conversación. Pero no lo pensó dos veces antes de subir a su habitación y sacar una maleta para posteriormente llenarla de ropa y otras cosas que podría necesitar. Si Tony Stark le pedía ayuda el asunto debía ser delicado y probablemente estaba relacionado con Steve.

Estaba bajando por las escaleras cuando su teléfono celular volvió a sonar, esta vez con un mensaje donde solo aparecía el nombre de un aeropuerto. Cerró con llave y un taxi ya lo esperaba para llevarlo.

•••

Tony se bajó rápidamente del quinjet y casi corrió a la estancia, donde ya se encontraban su exasistente y su mejor amigo esperándolos.

―Tony, ¿se puede saber qué pasó ahora para que me hicieras venir a Nueva York cuando bien sabes todo el trabajo que tengo en California? ―Se adelantó Pepper hacia él con el inicio de un regaño en los labios.

En ese preciso momento el elevador se abrió y de él salieron Sam Wilson y Happy. Ambos hombres se acercaron a los demás y Tony soltó un suspiro exasperado, se sacudió el cabello y, luego de dar un par de vueltas, se decidió a hablar.

―Steve está perdido en Siberia y necesito toda la ayuda posible para que el gobierno ruso me deje entrar con la Legión de Hierro a buscarlo. ―Soltó de golpe. Se dio media vuelta y entró a la cocina.

Todos los presentes que no estaban al tanto de la situación se quedaron con mil preguntas en la punta de la lengua, por lo que miraron a los otros tres Vengadores buscando una mejor explicación. Un rato después, cuando Tony se decidió a volver, la situación ya estaba aclarada y todas las preguntas tenían respuesta. Los miró a todos y Pepper corrió a abrazarlo mientras que los hombres recién llegados le dedicaron miradas de comprensión, excepto Happy, que no entendía el trasfondo de todo eso.

―Lo encontraremos. Haré un par de llamadas y mañana a primera hora tendremos una reunión con el director del senado y los altos mandos ejecutivos y militares del país. No te preocupes, Tones. ―Le puso una mano sobre el hombro antes de sacar su teléfono celular del bolsillo y comenzar a llamar a todo aquel que le debía un favor.

Todos se quedaron en silencio por un momento hasta que la voz del Coronel se escuchó, le habían contestado. Poco después el silencio volvió a reinar cuando el afroamericano se adentró en la cocina para tener algo de privacidad y poder llevar mejor la conversación.

―Deberías ir a dormir un poco, Tony. Te hará bien descansar antes de hablar con personas tan importantes. ―Aconsejó la delgada pelirroja.

―No puedo. ¿Cómo se supone que duerma cuando Steve está perdido y probablemente mal herido en otro continente? No puedo hacerlo. Tengo que pensar en algo. Tengo- tengo…

Las manos de la mujer atraparon su rostro y lo obligó a mirarle a los ojos. Ojos azules. Unos ojos azules tan diferentes a los que el genio preferiría estar mirando justo en ese instante.

―Iremos a tu habitación, te darás una ducha y, luego de que cure todas esas heridas que tienes en la cara, vas a dormir. ―Sentenció.

Sería una buena idea que el Doctor Banner revise su hombro izquierdo, Señor. Creo que mis sensores detectaron un ligero desgarro en el tendón supraespinoso. ―Intervino JARVIS.

Rápidamente el doctor se acercó al filántropo y apretó su hombro, el genio soltó un quejido. Tony había estado tan preocupado por Steve que no se había percatado del dolor en su hombro antes de que Banner hiciera eso.

―Vayan arriba. Iré por unas cosas a mi laboratorio antes de atender a Tony. ―Dijo antes de desaparecer hacia el ascensor seguido de cerca por Natasha.

―Ya escuchaste al doctor, Tony. Vamos. ―Pepper lo tomó del brazo derecho y lo arrastró escaleras arriba.

Cuando casi todo el mundo había desaparecido, solo quedaban Sam, Clint y Happy en la estancia, los tres hombres se miraron un tanto confundidos hasta que Sam decidió hablar.

―Sam Wilson. ―Dijo extendiendo su mano hacia el arquero.

―Clint Barton. ―Le dio un apretón de manos. ― ¿Eres el amigo del Capitán, el de D.C?

―Así es.

―Bien. Prepárate para los gritos y las discusiones mañana a primera hora. ―Aconsejó. ― Stark no está en su mejor momento.

Diciendo eso se alejó hacia el elevador. Necesitaba una ducha caliente y algo de comida antes de ir a dormir. Mañana sería un día terrible.

Sin saber qué hacer y sin comprender del todo la situación aún, Happy se sentó en uno de los sofás de la estancia a esperar al Coronel o a Pepper, el que apareciera primero, para que le explicaran qué era lo que estaba pasando con Tony y el Capitán.

•••

El pelinegro condujo lo más rápido que la nieve se lo permitía y no paró en toda la noche más que para volver a humedecer el trozo de tela sobre la frente de Steve. Por la mañana tuvo que detenerse un momento para llenar el estanque de gasolina. En ese momento aprovechó de revisar el estado de su acompañante y dar de comer algo al pequeño Stan; Steve parecía igual que antes. Aún tenía una fiebre muy alta que se negaba a bajar y permanecía inconsciente, además se dio cuenta de que el rubio tenía inflamado el antebrazo izquierdo. Al tocar el lugar se dio cuenta que probablemente había una fractura; necesitaba un doctor para poder repararle el brazo antes de que el hueso comenzara a sanar y quedara mal posicionado de manera permanente.

Se sentó frente al volante y mientras conducía se dijo que en un par de días, si conducía sin parar, llegaría al último poblado que había visto y allí tenían lo que parecía ser un centro de atención médico. Iría hasta allá y pediría ayuda para el rubio.

•••

A la mañana siguiente Tony despertó desorientado, muy cansado y adolorido. La noche anterior se había dado una ducha de agua caliente que dejó al descubierto todas sus lesiones y relajó sus músculos tensos que comenzaron a protestar de inmediato por el sobreesfuerzo del día anterior. Había estado en medio de una explosión y había caído con fuerza en el suelo duro, era de esperarse que su cuerpo reclamara por todo aquel maltrato. Pero no se había percatado de lo adolorido que estaba en su momento, ya que estaba desesperado buscando a su novio.

Recordaba que Pepper le había hecho ponerse ropa limpia para dormir y que Banner le había obligado a ponerse un cabestrillo que inmovilizaba completamente su brazo para evitar que su tendón se dañara aún más y así se recuperara más rápido. Había recibido un par de pastillas y se las había tomado sin preguntar qué eran; seguramente le habían dado alguna pastilla para dormir junto a los analgésicos.

Se levantó con lentitud y una vez que su mente se aclaró salió de la cama.

―JARVIS, ¿qué hora es? ―Preguntó llevándose una mano a la cabeza.

Es casi medio día, Señor. El Coronel Rhodes lamenta informar que no ha sido posible obtener una reunión con los altos mandos del gobierno ni con los altos mandos militares tan pronto. Ha viajado a Washington para hablar en persona con quien sea necesario para apresurar las cosas. ―Informó la I.A.

―Gracias, J. ―Respondió sin ganas.

El genio estaba tan cansado que no quería levantarse, no cuando no había algo que pudiera hacer para recuperar a Steve. Quería levantarse y usar su propia armadura para buscar al soldado él mismo, pero tardaría mucho tiempo. Tiempo era lo que menos tenían.

De la nada una idea le vino a la mente y corrió escaleras abajo.

Cuando Tony llegó al pie de la escalera todos le miraron con algo extraño en la cara, una mezcla entre lástima, tristeza y culpa. Pero el moreno ignoró esas miradas y se adentró en la cocina por comida. Allí la pelirroja hablaba con alguien por teléfono, hablaba muy rápido y en ruso; parecía estar en medio de una discusión.

De pronto, mientras Tony se servía un café la espía rusa terminó la llamada con una maldición y un gruñido poco femenino.

―No he podido hacer nada por mi cuenta. Mis contactos no pueden dejarnos entrar sin que nos metan a la cárcel en el momento en que pisemos terreno ruso. Tendremos que esperar a Rhodes. ―Le dijo a Tony. ―Virginia está tratando de hacer algo también, pero dudo que tenga más éxito que yo.

El millonario tomó un trago de su café y la miró con una ceja alzada.

―No hay nada que Pepper no pueda hacer. Pero tengo mis propios planes. ―Diciendo esto desapareció de la cocina en dirección al taller.

•••

Llevaba horas metido en el taller tecleando lo más rápido que podía con una sola mano y aún no podía lograr su cometido. Cada vez que insertaba un comando saltaba un recuadro rojo en la pantalla que decía "Acceso Denegado". Estaba cansado y comenzaba a perder las esperanzas.

―Señor, la Señorita Potts dice que si no aparece en la cocina en dos minutos-

―Ya, ya. No me lo digas. Odio escuchar las amenazas de esa mujer. Es delgada, parece indefensa, pero es temible.

Frustrado y enojado subió las escaleras con pasos pesados.

Entró a la cocina y fue obligado a comer. Ninguno de los presentes tenía buenas noticias, por lo que apenas terminó de cenar subió a su habitación y trató de dormir.

•••

Una vez vio el poblado a través del parabrisas, James aceleró aún más la furgoneta y recorrió el lugar buscando el centro médico que había visto una semana antes. Entró pidiendo ayuda y, afortunadamente, ese era un pueblo más cálido que aquel que había encontrado en Ucrania. Sin mirarlo con sospechas, ni nada que se le pareciera, corrieron tras él con una camilla y le ayudaron a bajar a Steve de la furgoneta.

Las horas pasaron rápido hasta que un médico fue a hablar con él. Al parecer, Steve tenía una fractura menor en el antebrazo, tal como él había pensado, y ya le habían enyesado. También habían revisado la herida que él había suturado en el abdomen del soldado, y parecía ser que sanaría correctamente. Lo preocupante era la alta fiebre que atacaba su cuerpo y no quería bajar.

El profesional le sugirió ir a la cuidad más cercana, ya que en el centro no tenían lo necesario para darle una mejor atención. Ante esa sugerencia, el pelinegro decidió montarlo nuevamente en la parte trasera de la furgoneta y llevárselo. No tenía tiempo que perder y quería salir de Rusia lo más pronto posible. No confiaba en los rusos. Hydra tenía muchos escondites en Rusia y no iba a arriesgarse. Seguiría cuidando de Steve lo mejor que pudiera hasta poder pisar nuevamente su apartamento en las afueras de Bucarest. Ya vería más adelante qué hacer.

De momento, debía mantener al rubio con vida y volver a casa.


Lunes 19 de Febrero, 2018.