Disclaimer: Pokémon y su trama no me pertenecen, son propiedad Game Freack y de la compañía Nintendo. La historia completamente de mi autoría, cualquier parecido con otra historia es pura coincidencia.


Quiero agradecer a RougeElephant por permitirme usar el nombre de Aria de su fic "mi primer amigo", les recomiendo pasar a leer sus fics, son realmente preciosos. También, este capítulo va dedicado a ZardX, pues Zard me pidió que Lapras se llame Aria, sin ella no habría salido esta Memoria. ¡Gracias Zard! ¡Y gracias a todos por leer!


Octava Memoria
Aria
—*—*—*—

Era sorprendente la capacidad de convencimiento de Yellow, no cualquiera conseguía que Red pasara una de sus valiosas noches de sueño a la intemperie mirando estrellas. El chico rubio había invitado a su buen amigo a un show de estrellas, había llevado algunos aperitivos y Red se había encargado de encender una fogata y traer dos sacos de dormir que utilizaba seguido en sus viajes. Ambos estaban recostados en el césped al lado del lago observando el cielo con tranquilidad, Red parecía adormecido y Yellow lucía una sonrisa alegre.

—¿Cómo será ver las estrellas de cerca? —Preguntó de la nada.

—Doloroso. Son rocas enormes llenas de aire caliente, te rostizarías si no te quedas ciego primero —respondió Red con cruda sinceridad.

—No seas tan frío —le reprimió el chico sin perder su buen humor—. ¿Sabes? A pesar de estar en lugares diferentes, se ve el mismo cielo, desde aquí puedo ver a Aria. —Red le miró inquisitivamente, Yellow sólo sonrió— Aria es una estrella que solía ver desde casa, en Johto, era la que más brillaba de todas y la que estaba más apartada. Aquí la puedo distinguir muy bien, aunque ahora no está tan sola.

—¿Le diste nombre a una estrella? —Preguntó Red.

—Bueno, sí, como se le da a los Pokémon —se excusó sintiéndose un poco ridículo—. Aunque tú sólo le diste un nombre a Pika —comentó acariciando al Pikachu que estaba acurrucado a su lado.

—Es una roca, es ridículo ponerle un nombre a algo que no vive —declaró el campeón sin entender todavía las razones de su amigo.

Ese comentario, por alguna razón desconocida enojó a Yellow, que se levantó y le miró seriamente. —Las estrellas pueden estar vivas.

—Son rocas, minerales, Yellow. No viven. Aunque si quieres darle un nombre a un cuerpo celeste inerte que está a miles de kilómetros de aquí, no soy quién para juzgarte.

Red podía ser demasiado sincero cuando lo deseaba y mordaz, no siempre (sólo a menudo) lo hacía con intenciones de herir, pero ya era tan natural en él que podía ser cruel con sus palabras casi siempre. Yellow en cierta forma lo sabía, pero no pudo evitar sentirlo tan personal, sentía como si Red estuviese burlándose de lo que acababa de contarle. Eso definitivamente lo enojó.

—Red-san… ¡eres un tonto! —Gritó furioso mientras se levantaba y se marchaba a su casa corriendo.

Red no se inmutó demasiado, simplemente se levantó y observó cómo Yellow se iba corriendo, dejándolo solamente con la compañía de Pika en el lago. Se rascó la nuca un poco antes de suspirar aburrido.

—¿Y ahora qué hice?

Pika le miró reprobatoriamente y se limitó a decir: —Pika pi.

Muchas veces había escuchado ese tono del Pikachu durante el inicio de su viaje, diciendo las mismas palabras que le quedaban claras como el agua: idiota.

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Yellow no era alguien caprichoso, tampoco le gustaba armar drama y tenía un nivel de tolerancia bastante alto, pero cuando se involucraba algo que era demasiado importante para él en un insulto o de manera negativa, no hacía más que estallar. Por eso cuando conoció a Red le disgustó tanto, siendo los modales y la cortesía tan importantes para él. Por eso cuando habló mal de Aria (o mejor dicho, de una forma tan insensible) se enojó tanto que no pudo hacer nada más que salir corriendo del lugar.

Aria no era solamente una estrella, era la estrella de su madre. Sólo recordaba pocas cosas de sus padres, con los años había empezado a olvidar el rostro de ambos, sus voces y finalmente, los momentos que pasaban, pero había pequeñas cosas que se mantenían frescas en la cabeza del muchacho. Un cumpleaños, una Navidad, un festival y alguna que otra salida al bosque; entre esas salidas se hallaba una noche bajo las estrellas, antes de la despedida definitiva de sus padres, donde su madre se despidió prometiéndole volver.

«—Aunque estemos en lugares separados, estamos contentados por el mismo cielo, Yellow —había dicho señalando las estrellas—, cada estrella es una persona viva o un mundo diferente, mientras ellas brillen, puedes estar segura que volveremos por ti. Aquella de allá, es Aria, la estrella guía de los Rangers. Ella nos guiará hasta ti.»

Recordaba esas palabras perfectamente y el sentimiento de alivio que las acompañaron. Era normal su disgusto, pero eso no evitaba que se sintiese terriblemente fatal por haber dejado a Red sólo la noche anterior.

—Debe estar furioso —susurró recostándose en la mesa del desayuno, donde Wilton leía apaciblemente el periódico.

—¿De quién hablas? —Preguntó el pescador a su sobrino al verlo tan deprimido.

—De Red —respondió suspirando mientras se sentaba correctamente y comía un poco de su desayuno, pero su humor no era el mejor, ni siquiera el cereal podía endulzarle el paladar— anoche discutimos… y fue por mi culpa.

—Bueno… —Wilton pensó un momento, Yellow normalmente no tenía problemas con nadie y si los tenía no se los comentaba a él, los resolvía sólo. Esa vez era una excepción grandísima que el hombre no podía desperdiciar— puedes disculparte.

Era un consejo obvio y algo tonto, pero Yellow no era de los que despreciaban la ayuda.

—Pero Red vive en pueblo Paleta —dijo inseguro.

—Puedes tomar a Doody —dijo Wilton sonriéndole—, ya eres lo suficientemente mayor como para poder salir tú sola de viaje, ¿no? Incluso si es sólo una ruta.

Yellow le sonrió agradecido a su tío, también algo avergonzado, hacía ya rato que no escuchaba a alguien referirse de él como un ella. Al menos ese problema estaba resuelto, lo siguiente era ver con qué palabras podría disculparse y cómo tomaría valor para cruzar la Ruta 1.

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—Es que eres tan insensible que es normal que todo el mundo se enoje contigo —puntualizó Leaf, con la misma cruel sinceridad que él tenía.

Red de verdad no comprendía por qué todo el mundo era tan complicado y en especial Yellow, si tan disgustado estaba por un comentario que había hecho lo más natural es que se lo hubiese dicho o sino, que lo hubiese golpeado corrigiéndolo. Pero es que Yellow era un chico tan extraño que había preferido salir corriendo mientras lo llamaba "tonto". En verdad, empezaba a cuestionarse sobre la edad de su amigo.

Ahora era claro que tenía que disculparse, si fuese con cualquier otra persona (como Leaf o Green, por ejemplo), simplemente lo dejaría pasar, las disculpas sobraban con él en cuanto a personas molestas se trataban. Pero con Yellow era muy diferente, discutir con Yellow y discutir con Green tenía un mundo de diferencia.

Debía disculparse e iba a hacerlo, pero el problema era el cómo.

¡Yellow era condenadamente difícil! No era un chico normal, eso Red ya lo sabía, pero era tan extraño que estaba seguro que era más sencillo encontrar a un Arceus Shiny en la Ruta 1 que alguien igual al rubio. Yellow era tan difícil que estaba seguro que tenía cuatro formas diferentes de disculparse y si se disculpaba de la forma equivocada se iba a enojar de nuevo.

Miró a Pika. Claro, para el Pikachu el chico no era tan complicado, solamente su entrenador era un idiota asocial.

Pero ignorante de los pensamientos del Pikachu, pudo imaginarse una forma de disculparse, una que traía por sellado que Yellow estaría tan complacido que terminaría siendo él el que se disculpara (cosa que no dudaba, Yellow tenía un corazón de algodón).

—Vamos, Pika —llamó al Pikachu mientras salía de la casa, dejando sola a Leaf que veía la televisión aburrida. Una vez fuera, sacó a Charizard y se subió a él, Pika se acomodó en la cabeza del Pokémon volador—. A pueblo Lavanda.

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—¡Nosotros podemos! —Exclamó Yellow parado firmemente frente a la pequeña línea que separaba ciudad Verde de la Ruta 1— O mejor volvemos mañana, quizá debería esperar… ¡no! Tiene que ser hoy.

Doody era el Doduo de Wilton, llevaba un buen tiempo con él y le ayudaba cuando patrullaba el bosque, el nombre lo había elegido Yellow y a sí mismo, el Pokémon tomaba al rubio por su entrenador, le quería como tal, por eso no lucía tan avergonzado como estaba al estar en mitad de calle de una enorme ciudad viendo cómo su entrenador se decidía entre salir o no de la ciudad.

—Oye niño, ¿puedo saber por qué estás armando tanto alboroto?

Yellow se quedó paralizado en su lugar, se giró inmediatamente preparado para disculparse avergonzado y luego volver a casa, pero se detuvo al ver a un muchacho alto, de cabello castaño y ojos verdes que le era muy familiar.

—Lo siento… ¿no es usted…?

Green se fijó bien en el rostro del chico y pareció suavizar un poco su mirada, es más, se acercó a él curioso. —¿No eres tú ese chico que le trajo el almuerzo a Red? Cómo te llamabas… Hmm… ¿Viridian?

—Yellow —respondió el chico sonriendo tímidamente.

—¡Ah, sí! Hay muchos rumores sobre ti —comentó Green sonriendo con suficiencia, como si acabase de encontrar algo nuevo y entretenido— ¿no te gustaría pasar a mi gimnasio? Hay algunas cosas de las que me gustaría hablar contigo.

No le dio tiempo a contestar, mientras hablaba le había rodeado con el brazo y lo empezaba a conducir hasta el gimnasio de ciudad Verde, Doody siguió a Yellow, quien sostenía sus riendas.

—¿Conmigo? —Preguntó confundido y sorprendido ante la declaración del líder del gimnasio.

—Así es, me gustaría confirmar algunos rumores.

—Eh… ¿rumores?

Aquello prometía ser muy divertido.

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Red había aterrizado en pueblo Lavanda, lugar tétrico al cual solamente podían ir algunas pocas personas y no perder los estribos por culpa de las muchas historias de terror que inspiraban el pueblo. A él en lo personal, hacía ya años que el pueblo dejaba de parecerle horrible, ahora simplemente era un lugar cualquiera al cuál podía acudir cuando desease asustar a alguien, por diversión y aburrimiento, principalmente.

Pero ese día no fue a visitar al señor Fuji, ni fue a aterrorizar a personas en la Torre Pokémon (cosa que le gustaba hacer seguido), sino que se fue directamente hasta una casa pequeña, no muy llamativa que tenía un letrero en frente.

Como siempre, entró como Pedro por su casa, si tocar ni avisar, simplemente abrió la puerta, encontrándose con un hombre bajo, de traje negro y gracioso porte.

—¡Hola! ¡Soy el inspector de Motes! ¿Quieres que evalúe los motes de tus Pokémon?

Red asintió limitándose a sacar a su equipo Pokémon frente al hombre, todos parecían emocionados con la idea, menos Charizard que prefirió quedarse atrás de todos, decidiendo que no quería un mote.

—Este es un Venusaur —empezó por el inicial tipo Planta—, su nombre será Saur.

—¿Saur? ¿No prefieres Hana[1]? —Preguntó el hombre haciendo una mueca de disgusto. Aquel nombre le parecía terriblemente simple.

—No. Es macho, sólo póngale el nombre —dijo el chico disgustado por tener que hablar demasiado.

—Hana le quedaría asombroso —trató de persuadir el inspector de motes, pero una mirada de Red bastó para convencerlo de limitarse a hacer su trabajo— ¡está bien, está bien! Saur será, pero insisto que Hana sería mejor.

Red rodó los ojos, aquello prometía ser más largo de lo que esperaba.

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—… y esa es la razón por la que estaba tratando te llegar a pueblo Paleta, pero… es la primera vez que salgo de la sección de Viridian —admitió Yellow con vergüenza.

Green acababa de escuchar toda la historia de Yellow mientras disfrutaba de un poco de café, había oído desde que conoció a Red hasta su situación actual y más de una vez necesitó dejar de tomar para evitar ahogarse de risa. Yellow era muy bueno relatando historias con detalles, además de que era muy sincero, aquello le agradaba a Green.

—Entonces quieres disculparte con ese egocéntrico —dijo Green al ver que el chico había terminado de relatar su historia. Yellow asintió y el castaño bufó—. Te daré un consejo Yellow: no le des jamás la razón a ese tonto.

Y aunque a Yellow no le gustaba cómo Green se refería de Red, con unas horas de charla se había acostumbrado, al parecer, así se trataban los amigos. —¿Por qué?

—Porque siempre tiene la razón —apuntó— y porque siempre tiene la razón cree que todo lo que hace está bien. Claramente fue un patán contigo y aunque fuese de ignorante no debe actuar así. Deja que él se disculpe.

—Pero… —Yellow lucía repentinamente preocupado y arrepentido— si aún no le enseño lo de disculparse…

Green parpadeó un par de veces. —¿Enseñarle?

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—Fat estará bien.

—No. Se llamará Lax.

El hombre pareció inconforme. —¿Piensa ponerle a todos sus Pokémon unas sílabas de su nombre real? ¡Pero sí eso no es ser creativo! ¡Fat será asombroso para este Snorlax!

Red se masajeó el puente de la nariz, debía tener paciencia y él no era muy paciente en cuanto de personas incompetentes y molestas se trataba.

—Se llama Lax.

El hombre suspiró resignado. —Como mande, ¿pero no está seguro de que...?

—No.

—¡Bueno, bueno! Pero no se enoje —exclamó el inspector mientras hacía su trabajo.

Sí Red no lo necesitara, la casa del hombre ya estaría hecha cenizas.

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Yellow no sabía cómo tomarse las carcajadas de Green, no se sentía tan indignado como debería no tampoco avergonzado, simplemente incrédulo ante la actitud del líder de gimnasio en cuanto le comentó cómo poco a poco estaba buscando reformar a Red.

—¿Qué es lo gracioso?

—¿Que qué es lo gracioso? —Preguntó Green calmándose un poco, para luego volver a estallar en risas— ¡Todo! ¡Un pequeño chico campesino está enseñándole a ese idiota lo que su madre no pudo!

—Oiga, eso fue ofensivo, Green-san —se quejó Yellow mostrándose un poco contrariado.

—Ay, lo siento —se disculpó limpiándose una lágrima que se había escapado entre las burlas— y no tienes que hablarme tan formal, con Green a secas está bien —pero luego lo pensó bien— o puedes llamarme Green-sama.

—Oh, de acuerdo Green —asintió Yellow sonriendo inocentemente, para decepción de Green—, entonces… ¿podría acompañarme hasta pueblo Paleta? Me sentiría más seguro si alguien tan fuerte como usted me acompaña.

Green sonrió arrogantemente, Yellow inconscientemente había elevado el (ya muy inflado) ego de Green, pero no se quedó a reprochar de ello, después de unos minutos de sonrisas y unos cuantos "ya sé que soy el más fuerte" se puso firme y respondió: —No.

La cara del rubio se descompuso a una de decepción. —¿Por qué?

—Porque debes esperar a que él se disculpe, además salió hoy y seguramente en su casa sólo la encontrarás a ella —dijo pronunciando lo último con algo de molestia.

Yellow se mostró curioso, algo interesado y sobre todo, por alguna razón, incómodo. —¿Quién es ella?

Green miró firmemente a Yellow, antes de responder: —La chica más molestamente ruidosa de todo Kanto, una pesadilla, bipolar, con signos de yanderismo, irresponsable, odiosa…

—¿Eh?

—… es su hermana —simplificó Green suspirando— Leaf Tsukusama, la hermana de Red.

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—De acuerdo, ¿y cómo se llamará este? —Preguntó el inspector aburrido y sin la vitalidad del inicio— No, espere, déjeme adivinar: La… ¿o es mejor Pras?

Red frunció el ceño ante el sarcasmo del anciano, pero decidió dejarlo pasar, porque ese era el paso importante de toda esa operación.

—Aria.

El inspector le miró enarcando una ceja, como si no hubiese oído bien. —¿Disculpe?

—Su nombre es Aria —dijo Red, disgustado por tener que repetir dos veces lo mismo.

El inspector estaba anonadado, había escuchado bien, entonces, una pequeña chispa sé encendió en sus ojos y terminó agarrando al campeón de los hombros. —¿En serio Aria? ¿Me lo jura? ¡¿Totalmente seguro?!

Red tenía varios límites y ese día había rebasado uno o dos, pero el contacto físico definitivamente era el que rebosaba la copa. Agarró al hombre del cuello de su camisa, acercándolo a su rostro que se ensombreció. El inspector quedó a merced de los brillantes ojos color sangre.

—Un minuto para que haga su trabajo.

—P-pero si sabe que necesito cinco minutos como mínimo para...

—Ya van diez segundos.

Lo soltó con brusquedad y el inspector salió corriendo a cambiarle el nombre al Lapras que observaba la escena con una sonrisa nerviosa, Pika negó con la cabeza y los otros se limitaron a observar cómo el inspector de motes rompería su récord.

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Las cosas que Yellow escuchaba de Leaf no eran precisamente las mejores, si hubiese escuchado todo aquello de boca de Red, seguramente lo trataría de exagerado, pero era Green el que le narraba todas las atrocidades que la chica hizo y seguía haciendo.

—… ¡tuve que pagar ochenta Pokédolares para pagar la puerta de entrada y otros noventa en guardas para los días en los que estuvo sin ser reparada! Todo por esa maldita mujer… —Tomó un sorbo de su café disgustado, Yellow rió sin saber exactamente qué hacer ante tales declaraciones— Esa mujer siempre ha sido problemática, antes y ahora, sólo que antes era menos escandalosa. —Se rascó la cabeza— Que molestia.

—Entonces… Leaf no fue siempre tan molesta —dedujo Yellow tratando de mostrarle a Green que estaba escuchando.

—No —admitió el chico—, no era tan molesta antes. Era más bien como Red. Pocas palabras, seria, orgullosa, estaba siempre dos pasos delante de nosotros, sin estafas, sin robos, sin mi cuenta bancaria vacía… —suspiró— eran buenos tiempos.

—Entonces… ¿por qué cambio tanto?

Green desvío la mirada incómodo, susurrando algo como "¿qué se le va a hacer?" antes de mirar a Yellow con una expresión de cansancio y resignación. —Supongo que fue por mi culpa, yo la volví así de caprichosa y sé que dirás que entonces no debería quejarme… ¡¿pero cómo iba a saber yo que crearía a semejante monstruo?!

Yellow no juzgó a Green, solamente rió nervioso sudando una gota gorda. La conversación fue interrumpida repentinamente por un estruendo fuera del gimnasio, que parecía ser el brusco aterrizar de un Pokémon, un aterrizar que ambos chicos conocían muy bien.

—Ve con él, y recuerda, no te disculpes ¡será asombroso ver a Red Tsukusama disculparse! —Dijo al final con un toque de burla mientras se reía.

Yellow no contestó, solamente se escabulló silenciosamente fuera de la oficina de Green y fuera del gimnasio también, encontrándose con Red que recién guardaba a Charizard.

—¡Red-san! Yo…

Red levantó una mano indicándole que hiciera silencio y esperara. Sacó entonces a sus Pokémon, todos menos a Blastoise y Charizard a los que no les cambió el nombre, Charizard porque no quería y Blastoise porque quería llamarse Blasty y eso definitivamente no iba a pasar.

—Saur —dijo, Venusaur gruñó alegremente, sorprendiendo a Yellow, ¿les había puesto motes?— Lax —el Snorlax bostezó— Pika —aquel lo había dicho como si se hubiese visto forzado a hacerlo, y claro que había sido obligado, Pikachu a pesar de tener ya su mote había exigido una presentación como los otros. Yellow sonrió ante eso— y Aria.

La sonrisa de Yellow se borró al escuchar el nombre, miró al Lapras que le sonreía amablemente. Miró a Red incrédulo, buscando algún signo de que aquello fuese una broma, pero el campeón le miraba tranquilo y serio, como siempre. Red había llamado a su Lapras como su estrella.

Retuvo las lágrimas, no era de hombres ser tan sentimentales, pero sí lo abrazó fuertemente, sorprendiéndolo.

—Gracias, Red-san —susurró— y perdón por haberme enojado contigo.

Red se limitó a observarlo fijamente y después, resignado, le devolvió la muestra de afecto acariciándole en la cabeza como si de un Pikachu se tratara. —Discúlpame a mí.

Yellow se separó riendo. —Bueno, ¿quieres ver las estrellas esta noche? Prepararé sándwiches.

—Por mí está bien.

Red guardó a sus Pokémon en las Pokéballs y se retiraron juntos a bosque Viridian, donde pasarían el resto del día y parte de la noche en amenas charlas y una que otra pequeña discusión

.-

Green observaba toda la escena por una de las pantallas de las cámaras de seguridad, con los brazos cruzados, mirada meditabunda y algo contrariado. Eso había sido muy amable de parte de Red, demasiado como para dejarlo tranquilo.

—Yellow definitivamente es el chico más raro que he conocido en toda mi vida —se dijo a sí mismo— ¿cuántos años tendrá?

Porque muchas acciones del rubio eran tan extrañas que no lo hacían parecer un chico común, y el hecho de que pudiese con la actitud de Red lo volvía un alíen, algo más extraño que los mismísimos Pokémon. Suspiró. Tendría que vigilar al chico.

—Por cierto, ¿dónde está mi cartera…? —Se tocó los bolsillos, encontrando únicamente una nota.

«Querido Greeny, me fui a Johto de compras, te devolveré tu cartera por correo mañana. Muchos besos, Leaf.»

Aquella nota era símbolo de que la castaña había estado aburrida mucho tiempo. Arrugó la nota y la lanzó a la basura con ira.

—¡Maldita mujer ruidosa!


[1] Hana. Nombre femenino japonés que significa flor.


Notas finales de capítulo: ¡Hola a todos! Muchas gracias por leer, espero les haya gustado la Memoria :D

¡Green por fin conoce a Yellow! Y se dan los primeros pasos par que Yellow conozca a Leaf (que será un total caos, los que hayan leído el antiguo Memorias sabrán por qué). Por cierto, habrán visto el Omake, o el intento del Omake (XD), parece que les gustó (a los tres que comentaron, por cierto, Gracias Mic, Caco y prietar!), así que me gustaría saber si los demás también tienen cosas que preguntar a los protagonistas :D si quieren pueden retar y demás. ¡Y muchas gracias a todos los que están leyendo Memorias y me comentan! Sus comentarios me dan motivación para continuar, ¡gracias a todos!

Nos leemos en la próxima Memoria, ¡gracias por todo!


xXKushinaXx: ¡Hola Kushina! Hace tiempo no hablabamos XD Me alegra que Memorias te gusten y emocionen tanto, te aseguro que será épico cuando se entere de la verdad *guiño, guiño* ¡Nos leemos! ¡Gracias por comentar!

Aaaaal: ¡Hola Aaaal! ¡Gracias por tu apoyo! Descuida, a mí me pasó igual con Pokéspe, antes de saber que era un chico se volvió mi amor platónico D': De nuevo, muchas gracias por el apoyo, por comentar, por leer, por todo. ¡Nos leemos, espero que hayas disfrutado de esta Memoria!~