Hello people!

Les traigo la continuación de esta trágica (?) situación que están viviendo los personajes de Nuestra Historia. Espero les guste :)

Nos vemos en las notas finales.

Disfruten su lectura :D


Capítulo 42

Steve, ¿Dónde estás?


Las cosas no mejoraban y los gritos constantes y cada vez más fuertes de Tony lo ponían en evidencia.

―Tony, tienes que calmarte. ―Trató de conciliar Pepper.

― ¡¿Cómo me pides que me calme, Pepper?! Steve ha estado desaparecido por ocho malditos días y nadie es capaz de darme una respuesta o una maldita reunión con quien sea del gobierno para ir a buscarlo. ―Su voz pasó de molestos gritos a una llena de desesperación. ―Pepper-

―Ven aquí. ―Dijo la pelirroja y lo atrajo hacia ella en un apretado abrazo.

La delgada mujer lo arrastró hacia un sofá y le obligó a sentarse. Tony escondió su cabeza en el pecho de la mujer, intentando ocultar su rostro. Pensando que pronto vendrían las lágrimas que nunca había visto en el rostro de su mejor amigo, la pelirroja hizo una señal a todos los presentes para que se fueran; no creía que a Tony le gustara que todos lo vieran en un momento de debilidad como ese. Grande fue su sorpresa cuando la cabeza de Tony se elevó y ni una sola lágrima surcaba su rostro. Miró al moreno por un segundo y le dio un beso en la frente.

―Lo encontraremos.

― ¿Y si ya es demasiado tarde?

Pepper lo miró a los ojos y se percató de que en realidad no creía en lo que había dicho. En el fondo, ella tampoco creía que el Capitán estuviera muerto.

―Dime algo, Tony. ¿Qué sientes por el Capitán Rogers?

―Lo amo, Pepper. Lo sabes.

―Lo sé. Así como también sé que no crees que esté muerto.

El mecánico suspiró.

―No lo sé, pero hay algo que me dice que está vivo. Lo siento aquí. ―Dijo poniéndose una mano en el pecho, apretando las placas bajo su camiseta.

―Ustedes dos tienen una conexión especial. ―Sonrió y acarició su mejilla con cariño. ―No puedes darte por vencido y tienes que calmarte, porque gritándonos a todos no vas a solucionar nada.

Iba a replicar, pero una pantalla se abrió frente a ellos y la cara del Coronel Rhodes apareció.

―Mañana por la mañana tendremos la reunión en D.C. Debes prepararte y poner de tu parte, Tones. No puedes tratar a estas personas como si fueran tus enemigos. ―Soltó de corrido el afroamericano. ―Tampoco como si fueran tus amigos. Debes comportarte y mostrar algo de respeto si quieres obtener su ayuda.

―No te preocupes por eso, yo me encargo. ―Dijo la pelirroja.

La conexión se cortó.

Tony se había quedado paralizado cuando supo que al fin tendría la reunión que tanto había esperado. Ni siquiera se dio cuenta cuando la delgada mujer lo llevó arriba y lo metió al baño para que se diera una ducha mientras arreglaba una maleta para el viaje. De hecho, apenas supo algo de lo que hizo hasta que estuvo montado en el quinjet, con todo el equipo y compañía, en dirección a D.C.

•••

Cuando salieron del hotel en dirección al edificio donde se llevaría a cabo la reunión, Tony estaba muy nervioso. Había dormido mal la noche anterior pensando en los resultados de la famosa reunión; esperaba no encontrarse con nadie a quien hubiera insultado en el pasado. Les abrieron las puertas y luego de un par de registros de seguridad en búsqueda de armas, los dejaron pasar a todos. Al adentrarse en la gran sala de reuniones el moreno dio gracias a que ninguno de los hombres allí presentes fuera un antiguo "enemigo" de su tiempo como playboy rebelde; su nerviosismo se esfumó en cuanto puso un pie dentro de la sala, tal como siempre ocurría.

―Siéntense, por favor. ―Dijo un hombre vestido de impecable traje. ―Es una sorpresa tenerlos a todos aquí, solo esperábamos al Señor Stark.

―Como verá, ―habló Natasha con su sexy voz de terciopelo. ―el asunto compete a los Vengadores. Es por eso que estamos todos aquí.

―Claro, claro. ―Dijo un hombre mayor vestido con uniforme militar y lleno de condecoraciones en el pecho. ―Aunque todavía no se nos informa de la gravedad del asunto.

Los Vengadores se giraron a ver a Rhodey.

―No podía hablar así como así con cualquier secretaria que pudiera filtrar la información. ―Se defendió mirando directamente a Tony. ―Lo siento.

El moreno dejó salir un largo suspiro y fue interrumpido antes de abrir la boca para hablar.

― ¿No vino el Capitán América con su equipo? ―Preguntó un hombre joven de anteojos.

Tony hizo una mueca.

―Eso es precisamente lo que nos trae aquí. ―Hizo una pausa y se levantó de su silla. No podía permanecer sentado. ―Hace ocho días salimos en una misión de reconocimiento hacia Siberia, bajo las sospechas de actividad de un nuevo grupo de Hydra. Teníamos el permiso correspondiente del gobierno ruso para ingresar al país y realizar nuestra misión, pero algo salió mal. Se nos había condicionado a reconocimiento y espionaje, nada más. Encontramos la base y fuimos atacados por sorpresa. Caímos en una trampa. ―Hizo otra pausa y caminó hacia una de las ventanas. ―Escapamos, pero fuimos perseguidos. Luego fuimos atacados con una bomba.

Se escuchó una pequeña exclamación de sorpresa por parte de los presentes. Debían imaginar que habían perdido al Capitán en la explosión, pensaron los del equipo. El silencio se hizo por un par de segundos.

―La onda expansiva de la bomba nos alejó unos de los otros. ―Siguió esta vez Natasha. ―Estuvimos inconscientes un tiempo indefinido y perdimos la comunicación entre nosotros. Cuando por fin la comunicación se reestableció, el único incapaz de contestar fue el Capitán. Sabemos que está vivo, pero no sabemos dónde está. Ubicamos su escudo y su casco, pero no fuimos capaces de comunicarnos con él.

―Por lo que sabemos, ―continuó Bruce― debe estar en un perímetro acotado en la región centro-sur de Siberia.

― ¿Cómo saben que está vivo luego de tantos días?

El silencio se hizo dentro de la sala y por primera vez Clint decidió tomar la palabra.

―Eso no es lo importante. Lo importante aquí es solicitar un permiso especial para ir a buscarlo. Aquí es donde entran ustedes. Necesitamos que hagan una solicitud al gobierno ruso para dejarnos entrar y buscar al Cap.

―Puedo enviar a la Legión de Hierro y peinarían la zona en menos de cuatro horas. ―Agregó Tony, volviendo a sentarse.

Un nuevo silencio se hizo en la sala. Esta vez fue un silencio pesado y que no auguraba nada bueno para el equipo.

•••

El cuerpo del hombre inconsciente se retorcía y temblaba producto de la alta fiebre. Sudaba copiosamente y de vez en cuando se podían escuchar sus jadeos en busca de aire para sus pulmones.

James estaba preocupado y al parecer Stan también, ya que maullaba con insistencia cada vez que el estado de Steve parecía empeorar, haciéndole parar el vehículo y acudir en su ayuda; aunque era poco lo que podía hacer por él. Había parado en varias ocasiones para humedecer el trozo de tela que ponía en su frente; había secado el sudor de su rostro y cuello también. Le había hecho beber algo de agua fría, pero no bebía lo suficiente cuando empezaba a toser y tenía que dejarlo.

Le preocupaba no poder darle de comer, pero era imposible dado el estado en que se encontraba.

Había pasado una semana ya desde que le había llevado al centro médico en el pequeño pueblito ruso y había pasado por algunos pueblos más recargando sus bidones con combustible.

Miró una vez más a Steve y le vio mover los labios, murmurando algo, pero no logró escuchar nada. Suspiró con pesar y siguió conduciendo; esperando por un milagro.

•••

Luego de ese largo e incómodo silencio que cubrió la sala de conferencias donde se encontraban, el senador Thomas tomó la palabra.

―Personalmente, no estoy de acuerdo en aceptar esta petición. ―Tony se tensó y la mano de Pepper se posó en su hombro. ―No después del escándalo que causó la noticia de que los líderes de los Vengadores tienen una aventura. Esto se prestaría para más especulaciones.

El millonario empuñó su mano, apretando sus dedos hasta que sus nudillos estuvieron blancos, tratando de controlarse. Al verlo, Natasha decidió intervenir.

―Si me lo permite, Senador, creo que estos temas no deben relacionarse. La relación existente entre dos de los miembros de los Vengadores no impide que realicemos bien nuestro trabajo, la ausencia de uno sí lo hace. En este minuto lo importante es solicitar ese permiso y encontrar a Steve Rogers antes de que sea demasiado tarde.

Las palabras de la peligrosa mujer no hicieron mella en los hombres que estaban cómodamente sentados frente a ella. La miraron como si no hubiera dicho nada importante, como si no fuera la peligrosa mujer que era.

―No podemos permitirnos un nuevo escándalo, Señor Stark. La prensa no ha dejado de hablar del amante del Capitán América y de su antiguo, o antiguos amantes. Ahora, teniéndolo a usted, el mujeriego por excelencia del país, seduciendo al honorable Capitán América, corrompiéndolo… ―suspiró con cansancio― no podemos permitir que los Vengadores se vean envueltos en otro escándalo.

―Además, ―tomó la palabra el General Stewart― no podemos hacer una solicitud como esa cuando ustedes desobedecieron órdenes directas de los rusos.

―Si me lo permiten, Caballeros. Tengo algunas cosas que decir. ―Tony volvió a pararse. ―En primer lugar, lo que dicen las revistas amarillistas de este país es mentira. Los supuestos "varios" amantes de Steve no lo son; desde el principio fui yo. Nadie más. ―Observó la molestia en la cara de aquellos hombres tan importantes. ―Y en segundo lugar, nosotros no desobedecimos. Fuimos atacados.

Una risa irónica se escuchó.

―Eso no importa ahora, Stark. Lo importante es que no están en posición de pedir nada. Están envueltos en un escándalo que mancilla la imagen del equipo, del hombre más honorable de toda la historia de América y nosotros no vamos a arriesgarnos a una crisis con los rusos por un solo hombre. Búsquense otro superhéroe. ―Desestimó con un vago gesto de su mano.

La mirada de los vengadores fue tan potente que todos los hombres importantes sintieron algo de miedo, todos excepto el senador Thomas.

―Al parecer ya lo han hecho. ―Continuó echando veneno el senador. Burla bañando sus palabras. ―Ese joven se ve lo suficientemente fuerte, valiente y entrenado para sustituir al Capitán América. ―Dijo apuntando a Sam. ―Incluso podría quedarle bien el uniforme.

El genio millonario estaba enfadado, pero la mano de Pepper había envuelto su brazo y apretaba levemente para que no fuera a decir algo que arruinara aún más sus posibilidades.

―Voy a decir esto una sola vez y espero que les quede claro. ―La voz asesina de Natasha los dejó a todos helados y a Clint con los ojos abiertos, hace años que no escuchaba esa voz. ― Ustedes van a hacer la solicitud correspondiente y todo lo humanamente posible para permitirnos la entrada a territorio ruso, y lo conseguirán, a menos que quieran echarse encima a más de la mitad del país.

― ¿Es eso una amenaza? ―La voz furiosa del General Stewart la confrontó, tratando de intimidarla.

―Efectivamente, lo es. ―Sonrió. El peligro reflejado en lo profundo de sus verdes irises. ―Si no quieren que todo el país se entere de que los hombres más importantes de la nación, ―se burló― aquellos que están encargados de mantener la paz y protegerlos de cualquier amenaza, se niegan a ayudar a encontrar al Capitán América… ―dejó la frase sin terminar.

Dicho esto, volteó y les hizo una señal a los otros; era hora de irse. Volvió a voltear y enfrentó nuevamente a esos desagradables hombres antes de salir de la oficina.

―Espero que nos tengan buenas noticias pronto. ―Sonrió políticamente. ― Un placer, Caballeros.

Y cerró la puerta tras su espalda, siguiendo al equipo, dejándolos a todos, dentro de la oficina, pensativos y helados.

•••

Al llegar esa noche a la torre, Tony estaba con los nervios de punta. No podía creer que los hombres más importantes que había podido conseguir para esa reunión fueran unos malditos. Sabía que no eran blancas palomas, ningún político que hubiera conocido lo era, pero nunca como para negarse a esto. No podía creer que se negaran a brindarle ayuda para encontrar a Steve; todo por culpa de los malditos fotógrafos y las revistas amarillistas. Ya se encargaría de arreglar eso con una conferencia de prensa cuando encontrara a Steve; todo el país se enteraría de que esa relación era real y que estaban enamorados. No le importaba la opinión de los demás, pero no podía permitir que la imagen de Steve fuera mancillada de aquella forma por una vil mentira inventada por gente que pasa todo el día detrás de un escritorio y que odia su trabajo.

Debía limpiar su nombre, pero para ello necesitaba encontrarle. Lo necesitaba con él. Lo necesitaba vivo.

No tenía hambre, pero de todas formas fue obligado a comer algo y a tomarse esas horribles pastillas para el dolor del hombro y para dormir. Pepper no le estaba permitiendo hacer las cosas a su modo y en cierta forma se lo agradecía. A Steve no le gustaría verlo en el taller, trabajando sin descanso, sin preocuparse por su recuperación. Steve. Steve. Steve. Pensaba en su cabeza. Sus pensamientos siempre lo llevaban a Steve. Ni siquiera se había dado cuenta de cuándo había comenzado a aceptar y a disfrutar de sus cuidados. Si bien el rubio le dejaba trabajar hasta altas horas de la noche en el taller, siempre le llevaba comida y café, y cuando ya no podía mantener los ojos abiertos le sacaba de allí para ir a dormir. Eran esas sutilezas lo que más extrañaba.

Con ayuda de Pepper se quitó la ropa casi sin mover el hombro y volvió a ponerse el odioso cabestrillo que, al parecer, estaría allí por tres semanas más. Se puso un pantalón de pijama y cayó rendido por el efecto de las pastillas. Su último pensamiento fue para el soldado: Steve, ¿Dónde estás?

•••

De lo poco que recordaba del pasado, James estaba seguro que, de estar despierto, Steve Rogers le regañaría por conducir la furgoneta a tan alta velocidad y casi sin parar a descansar. Pero estaba ansioso por salir de ese frío país. No le gustaba la mayoría de las personas que lo veía con esa expresión extraña, como si supieran su identidad y todas las cosas malas que había hecho. No le gustaba saber que el rubio estaba en peligro de morir si no lograba bajarle la fiebre y darle algo de comer. La situación en general no le gustaba.

Habían pasado diez días desde que encontró a Steve y la fiebre no había bajado ni un grado. Esa mañana se había comenzado a preocupar: el hombre estaba delirando. Lo más extraño es que podría jurar que le había escuchado llamar a un tal Tony. El único Tony que conocía en el ambiente de Steve era Tony Stark, pero no era posible que en medio de sus delirios estuviera llamándolo precisamente a él. Incluso hubiera esperado que llamara a Peggy; sí, se acordaba de ella.

―No es posible que lo esté llamando a él. ―Le dijo al gato, que lo miraba con la cabeza de lado, sentado en asiento del copiloto.

La noche ya caía, pero no estaba cansado, por lo que siguió conduciendo por la carretera desierta en dirección a la frontera. Cada vez faltaba menos para salir de ahí.

•••

Había pasado una semana desde que Natasha amenazó sin miramientos a los políticos y, por fin, tenían resultados. La reunión con el gobierno ruso sería en un par de días, pero el equipo no podía participar. Eso no le gustó a nadie, mucho menos a Tony.

El moreno cada día estaba más decaído y para colmo todos sus intentos por hackear al satélite ruso que impedía al satélite Stark realizar una revisión del lugar sin causar problemas, no había funcionado. Tenían buenos protocolos de seguridad y les felicitaba por ello, pero no le hacía feliz que se interpusieran entre él y su desesperada búsqueda de Steve.

Cuando salió del laboratorio, Natasha lo arrastró a la cocina y le obligó a comer. Últimamente todos le arrastraban a la cocina para lo mismo o a su habitación para dormir. Está bien que estuvieran preocupados, pero no era necesario utilizar la mirada penetrante de Pepper, la mirada asesina de Natasha o la sutil amenaza de dejar salir al otro sujeto si no comía, sin olvidar la puntiaguda flecha en la mano de Légolas.

―La reunión será en dos días y después de eso será cosa de horas para que podamos introducir a la Legión de Hierro en Siberia. ―le dijo. ―Ahora quita esa cara y come algo.

No era necesario que se lo dijera dos veces, pero aun así, seguía sin gustarle aquella situación. Sam se había mudado permanentemente a la torre en caso de ser necesaria su ayuda y debido a su preocupación por Steve; Happy llegaba todas las tardes con Pepper para visitarlo y asegurarse de que estaba comiendo bien y durmiendo lo suficiente. Los del equipo se turnaban para obligarle a comer y JARVIS le había dicho que cuando estaba encerrado en el taller por varias horas, el equipo le preguntaba constantemente si estaba bien. Si no había hecho alguna tontería.

Había hecho tonterías en el pasado, lo sabía. Ahogar sus penas en alcohol, por ejemplo. Pero los otros parecían olvidar que ahora, gracias a Steve, era un hombre diferente. No quería que Steve apareciera y él estuviera tan borracho que no pudiera permanecer de pie, o muerto.

Apretó las placas de Steve a través de la camiseta y terminó de comer; esas placas eran lo que más le mantenía cerca del soldado, era lo único que le hacía mantener las esperanzas. Luego se sentó un rato a ver la televisión sin verla realmente y finalmente decidió ir a dormir un poco. Sin la orden de nadie, sin la ayuda de nadie. Quería demostrarles a todos que era un hombre responsable y autosuficiente; se demoró más de lo que pensó en volver a ponerse el cabestrillo, pero luego de un par de maldiciones y quejidos al mover el hombro lo consiguió y se acostó para dormir. Sin ayuda de las malditas pastillas que lo tenían un poco atontado. Cerró los ojos y volvió a preguntarse dónde estaba Steve antes de caer rendido por el cansancio.

•••

La reunión había sido todo un éxito y esa misma tarde, después de que se firmara la solicitud de ingreso, la Legión de Hierro entró en territorio siberiano. Tardaron casi cinco horas en revisar todo el congelado lugar, pero no encontraron nada. Escanearon la superficie y también varios metros por debajo de la nieve en búsqueda de un cuerpo congelado con las medidas corporales del soldado de los cuarenta, pero no registraron nada.

La Legión se retiró y Tony, sin palabras, evitó la mirada de todos y se metió al elevador. No quería ver como los otros lo miraban con pena, con lástima y con las esperanzas perdidas. Bajó al piso de Steve y se encerró en su habitación. Se recostó sobre la cama y cerró los ojos con pesadez, pero se negó a llorar. No había llorado desde la muerte de su madre y no iba a hacerlo ahora. No iba a llorar por la muerte de Steve porque Steve no estaba muerto. Punto. Se negaba a creer lo que los otros pensaban. Podía sentir a Steve. No entendía el por qué ni el cómo, pero sabía que estaba vivo en alguna parte.

Poco a poco, la tristeza y la desesperación hicieron mella en su agotado cuerpo y se quedó dormido abrazado a la almohada del rubio, que todavía conservaba algo de su aroma.

•••

Se había parado en medio de la carretera una vez más para cambiar el vendaje del abdomen de Steve, cuando sorpresivamente el rubio pareció recobrar fuerzas, le agarró de la muñeca con brusquedad y se sentó con rapidez. Miró a todos lados con los ojos aún nublados por la fiebre y llamó una vez más a Tony. De pronto, sin darle tiempo al pelinegro de pensar, cayó hacia atrás con un golpe seco, inconsciente otra vez.

Parpadeó un par de veces y, una vez que se recuperó de la sorpresa, siguió revisando la herida del costado de su abdomen. Ya debería estar por completo curada, gracias al suero, pero la fiebre no lo permitía y eso le preocupaba. No era normal que alguien estuviera tres semanas seguidas con una fiebre tan alta. Si Steve no fuera un súper soldado, estaba seguro de que ya estaría muerdo por la deshidratación. Una vez más intentó darle de comer, pero solo pudo hacerle beber un poco de agua. Se levantó y volvió a escucharle llamar a Tony. Negó con la cabeza y se pasó al asiento del conductor. Si seguía con ese paso, llegaría a Rumania en un par de semanas.


Eso es todo por hoy. Si creen que para el próximo capítulo será mejor y más feliz... pos déjenme decirles que no es así. Aún falta un poco más para solucionar esta situación :(

Los nombres de senadores y blah, blah, blah, son inventados y no sé como funcionan esas cosas políticas, así que vamos a asumir que así funciona la cosa y fin.

Ya saben que si les gustó pueden dejar un review :) Si tienen alguna idea de lo que se viene, me gustaría saberlo, para ver si alguien piensa como yo...

Nos leemos pronto.

Besos.

Bye :D


Lunes 05 de Marzo, 2018.