Hola a todo el mundo!

Hoy, finalmente y por desgracia, se me acabaron las vacaciones. Pero eso no es lo que quieren leer, porque no creo que les importe demasiado mi mala fortuna... Les dije la vez pasada que este capitulo no es feliz, que las cosas siguen más o menos mal con nuestros separados protagonistas... y es cierto. Pero por algo dicen que después de la tormenta siempre llega la calma; tal vez en este capítulo termine todo lo malo. Para averiguarlo tienen que leer ;)

PD: ambu780 comentaste algo de que Steve despertó (aunque fuera por un segundo) al mismo tiempo que Tony lloraba y blah, blah, blah, bueh... nunca fue esa mi intención, pero parece que las cosas cursis me salen sin pensarlo y me parece encantador que lo hayas visto de ese modo cuando yo no me di ni cuenta xD; y OJO, Tony no lloraba cuando Pepper lo consoló en el capítulo anterior. Es importante que lo tengan claro porque es algo relevante. TONY NO HA LLORADO POR EL MOMENTO. Recuerden eso para lo que pase en un futuro cercano :)

Nos vemos en las notas finales.

Disfruten su lectura :D


Capítulo 43

Pesadillas


El mal estado de su cuerpo, agotado por el cansancio y la mala alimentación de los últimos días, pareció empeorar ahora que se había encerrado en el piso de Steve. Tony parecía estar atrincherado ahí y lo único que hacía era estar tirado en la cama del rubio, o bien, rodeado de pantallas azules y tecleando desesperadamente con la mano derecha en búsqueda de una solución al problema que tenía frente a él.

Tal vez la Legión de Hierro había cometido un error. Tal vez si usaba su satélite podría encontrar algo mejor. Tal vez era necesario escanear toda Rusia en búsqueda de Steve; ya que era probable que el soldado hubiera estado en malas condiciones, pero no lo suficientemente mal como para quedarse estático. Esa era una buena explicación de porqué no pudieron encontrarlo en la zona especificada. De seguro que Steve había podido moverse y había logrado transportarse a un lugar habitado con la intención de establecer nuevamente comunicación con él y con el resto de equipo. Sí, era posible que Steve Rogers se encontrara en un lugar completamente diferente al que se suponía que debía estar luego de la explosión, más aún después de tantos días.

Con ese pensamiento en mente, Tony siguió con su idea de hackear el satélite ruso para encontrar a Steve. No dejaría de buscarlo, no se dejaría influenciar por la poca fe de sus compañeros.

•••

Natasha daba vueltas por el centro de la sala de un lado a otro, sin parar. Ya estaba mareándolos a todos con tantas vueltas. El arquero la observaba sin estar completamente seguro de si sería buena idea decirle algo; quería mantener su integridad física.

―Natasha. ―Se escuchó la voz suave de Banner.

Gracias al cielo, pensó Clint. Banner le había salvado de enfrentarse a la peligrosa mujer.

La pelirroja se detuvo y lo miró directamente a él, ignorando a todos los otros presentes en la habitación. El doctor se acercó a ella y puso sus manos en los brazos de su pareja, buscando obtener su completa atención.

―Todos estamos conmocionados por lo sucedido. ―Comenzó con voz suave y conciliadora, frotando sus brazos en forma ausente. ―Sabemos que Steve se convirtió en alguien muy importante para ti, para todos nosotros, pero-

―No está muerto. ―Le espetó, sin soltarse de su agarre. ―Y lo que me preocupa no es eso. Sé que eventualmente lo encontraremos y estará en graves problemas por habernos preocupado tanto. ―Se detuvo y les dirigió una significativa mirada a todos. ―Lo que me preocupa es Stark.

Los otros se miraron por un momento, comprendiendo medianamente lo que quería decir. La relación que Tony mantenía con Steve lo había cambiado, Clint lo sabía y se alegraba por ellos; Sam lo había descubierto con una mirada a través de una videollamada meses antes, por lo que asumía que lo suyo se había vuelto más fuerte con el tiempo. La espía sabía lo que pensaban, que Tony Stark se derrumbaría y caería en depresión, pero ellos no sabían lo que ella sabía. No habían visto lo que ella había visto.

―Tony Stark era un desastre cuando lo conocí; estaba deshaciéndose de su fortuna, su empresa y sus posesiones porque creía que iba a morir envenenado por el paladio que hacía funcionar el reactor en su pecho. Sin mencionar que se ahogaba en alcohol cuando nadie estaba cerca para vigilarlo, intentando escapar de sus problemas. ―Se soltó del agarre de Bruce y se sentó en uno de los sillones con los codos sobre las rodillas. ―Ese comportamiento autodestructivo es lo que me preocupa. No quiero que Steve regrese y se encuentre con el Tony que conocí hace ocho años. No sería justo que Steve lo vea así. Tampoco sería bueno para Tony, no ahora que ya lo ha superado.

El silencio se hizo en la estancia y una imagen mental de lo que podría pasarle al genio se formó en la mente de todos.

―Bien. Ya que no queremos que Steve se encuentre con esa imagen, tenemos que hacer algo. ―Dijo Sam. ―Supongo que a Stark no le gustará que estemos encima de él todo el tiempo, así que sugiero que ese tal JARVIS nos mantenga informados si el sujeto decide hacer alguna estupidez como ahogar sus penas en una buena botella de licor y así detenerlo.

―Y podemos seguir haciendo que coma cada tantas horas, tal como habíamos estado haciendo estos días. ―Aportó el arquero. ―Solo tendremos que bajar al piso del Cap. ―Terminó con tono desenfadado.

Todos estuvieron de acuerdo y JARVIS les prometió mantenerlos al tanto de todo por el bien de su creador.

•••

Tony estaba cansado de tanto intentar. Luego de una semana ya se había dado cuenta de que no podría hackear el satélite; definitivamente les reconocía eso a los rusos: tenían una buena barrera de seguridad en su sistema. Dejó todo de lado y salió a la sala, donde se encontró con Banner.

―Creí que nunca saldrías de ahí. Vine a revisar tu hombro, ya debería haber sanado y sé lo mucho que te molesta usar el cabestrillo. ―Terminó con una sonrisa de apoyo.

El moreno se dejó atender por su hermano de ciencia y se mantuvo en silencio por un buen rato. El doctor le hizo hacer una serie de movimientos para comprobar su estado y estuvo de acuerdo en que estaba completamente recuperado.

―Me llevaré esto, ya no lo necesitas. Aunque deberías evitar los movimientos bruscos en los próximos días.

Tony asintió y guardó silencio por un rato, mirando a la nada.

―No han informado la muerte del Capitán América en los medios. ―Dijo con voz monótona.

Bruce suspiró y se acomodó los lentes sobre el puente de su nariz.

―No lo han hecho porque es tarea de los Vengadores dar un anuncio como ese. ―La mirada de Tony se dirigió hacia él. ―Ninguno de nosotros piensa que Steve esté muerto, no realmente. Además Natasha nos dejó muy claro que el pobre estará en problemas, cuando aparezca, por habernos preocupado.

El silencio se instaló nuevamente entre ellos.

―He intentado hackear el sistema informático del satélite ruso. No he podido hacerlo; son buenos. ―Cerró los ojos y se dejó caer sobre el respaldo del sofá. ―Quiero ir a buscar a Steve yo mismo, sin importar si me meto en problemas… pero no sabría dónde empezar. Ha pasado un mes y en ese tiempo pudo ir a cualquier parte. Tardaría meses en encontrarlo por mi cuenta. ―La voz de Tony se fue apagando.

―Aparecerá. ―Dijo el doctor con convicción.

Puso una mano en su hombro y dio un apretón antes de levantarse e ir en dirección a la cocina. Tony sabía que no estaba ahí solo por su hombro. Sonrió ante la preocupación de su equipo. Aunque preferiría que Steve fuera el que diera vueltas por la cocina en ese momento.

•••

Cuando James cruzó el umbral de su puerta, con el soldado inconsciente sobre el hombro, tuvo una sensación de completo alivio. No podría creer que luego de casi cinco semanas, finalmente, había vuelto a su pequeño y destartalado apartamento en las afueras de Bucarest.

Lo primero que hizo fue llevar a Steve a su habitación y acomodarlo en su cama. Volvió a revisar su temperatura y suspiró con cansancio al notar que no había bajado ni un poco. Dejó al pequeño Stan sobre la cama, junto al soldado, y salió en busca de las cosas que estaban en la furgoneta: ropa, mantas y el dinero que había guardado.

Volvió a entrar y se encontró con el rubio delirando otra vez. Steve llamaba a Tony con insistencia en medio de la fiebre; su frente cubierta en sudor y su respiración acelerada. Lo único que salía de sus labios era ese nombre. El problema era que Bucky no tenía cómo contactarse con los Vengadores. La única solución sería presentarse ante ellos con el soldado, pero no podría viajar sin llamar la atención con un hombre inconsciente a su lado. Tendría que esperar a que Steve mejorara y pudiera mantenerse en pie antes de viajar.

•••

Una vez que Tony se dio por vencido con el satélite, lo único que hacía era dormir. Pasaba todo el día metido en la cama del soldado y salía solo para comer y bañarse, pero ya ni de eso tenía ganas. Solo lo hacía para evitarse los regaños de la espía rusa y las amenazas de Pepper, que llamaba cada noche.

A veces, cuando no tenía ganas de dormir y sentía que sus esperanzas comenzaban a mermar, sacaba su teléfono celular y daba una vuelta por su galería de fotos; aquellas que había tomado cuando hicieron su escapada a la mansión de Malibú. Le gustaba ver la sonrisa de Steve, con el sol dando de lleno en su rostro y ese brillo en sus ojos. También se tomaba un rato para observar las fotografías que había tomado una mañana mientras el soldado dormía; se veía tan pacífico y tan inocente en aquellos momentos…

Pero tal como había momentos en los que se sentía melancólico y observaba esas fotos, había otros en los que se quedaba ahí, sin hacer nada. Mirando hacia la nada, esperando que el cansancio lo invadiera y así poder dormir. Y la verdad era que Tony no estaba durmiendo bien, estaba cansado todo el tiempo y sus ánimos estaban por los suelos. Ya ni siquiera las fotografías de ellos dos felices en sus vacaciones obligadas le subían el ánimo.

Las pesadillas comenzaron una tarde, cuando cayó inconsciente, por el agotamiento y la falta de comida, sobre la cama de Steve.

•••

Caminaba de un lado a otro por el taller, se llevó las manos a la cara y algo se sintió extraño. Alejó las manos de su rostro y las miró con sorpresa y horror; sus manos estaban pálidas, arrugadas y cubiertas de manchas. Corrió a un espejo y se espantó al ver su reflejo: había envejecido en un abrir y cerrar de ojos. Observó su rostro con atención y pudo ver su barba bien recortada, ahora blanca; su cabello encanecido y las arrugas alrededor de sus ojos. Todo en él había cambiado.

La puerta de vidrio se abrió y una mujer alta, delgada, distinguida y con el cabello recogido en un moño elegante se adentró en el lugar. La mujer se acercó a él y Tony pudo reconocer a Pepper Potts; finos y elegantes mechones de color blanco surcaban su cabello y ligeras arrugas adornaban su rostro en los lugares precisos para darle el aspecto de una mujer que ha envejecido con elegancia. Una de sus manos se posó en su antebrazo y notó las arrugas en ella. Ambos habían envejecido.

―Tenemos que salir, Tony. ―Se escuchó la voz de la mujer. ―Tienes que dar el discurso. No quiero obligarte, pero hoy se cumplen veinticinco años desde que Steve desapareció y-

Sus ojos se abrieron con horror y se levantó de la cama con un horrible dolor de espalda. Las palabras de la Pepper de su sueño resonando en su cabeza. Su respiración agitada, el sudor en su frente. Se sentó en la cama y trató de calmarse. No pudo, por lo que partió al baño para lavarse la cara con agua fría y tratar de recobrar la compostura.

―Fue una pesadilla, solo una pesadilla. ―Le dijo a su yo del espejo, asegurándose de que su reflejo fuera igual que el de esa mañana.

•••

James ya no sabía qué hacer con Steve. Habían pasado tres días desde que llegaron a Bucarest y no había reaccionado, así que optó por la idea más descabelladamente simple que pudo acudir a su mente. Llenó la tina con agua fría, vertió todo el hielo que pudo conseguir en la tienda en ella y dejó al rubio en ropa interior antes de dejarlo caer dentro. Los minutos pasaron y lo único diferente eran los gestos que se mostraban en el rostro del enfermo.

Cuando comenzaba a pensar que tal vez esa había sido una pésima idea, Steve abrió los ojos. Por primera vez, desde que lo había encontrado, sus ojos no estaban brillantes y desenfocados a causa de la fiebre. Sostuvo al hombre que fue su mejor amigo un poco más hasta que fue capaz de sentarse por sí mismo. La mirada de Steve se clavó en su rostro y sus ojos se entrecerraron en reconocimiento.

― ¿Bucky? ―Dijo al tiempo que temblaba de frío.

•••

Tony se quitó la máscara de Iron Man y caminó hacia el Capitán América, que también se había deshecho de su casco. Se miraron por un minuto, la mirada del soldado tenía algo diferente en ella. Entonces Steve dijo algo que no tenía sentido. Algo que había dicho hace mucho tiempo en un contexto muy diferente.

―No eres un héroe, Stark, así que deja de pretender ser uno. Eres solo un hombre en una armadura de metal.

Tony no entendía lo que estaba pasando, pero escuchar esas palabras después de tanto tiempo le cayó como un duro golpe en el estómago. Miró a los demás, todo el equipo estaba ahí, pero ellos no hicieron nada. Lo miraban con desaprobación. Dio una vuelta sobre sus pies hasta volver a mirar a Steve, esta vez se veía diferente, su mirada oscurecida. Miró alrededor una vez más y se encontró solo con Steve frente a él.

Steve se preparó para atacar. Para atacarlo a él. No quería luchar con Steve, era el amor de su vida, pero no podía dejar que le hiciera daño. Se llevó la mano derecha con la armadura a la cara, pero la máscara y la armadura habían desaparecido de su cuerpo. Estaba indefenso. El Capitán lo atacó y Tony cayó pesadamente al suelo. Todo su cuerpo dolía, pero su corazón dolía aún más; el hombre que amaba y que decía amarlo estaba atacándolo. De un momento a otro tuvo al soldado sobre él y vio con horror como el escudo bajaba con rapidez sobre su pecho. Lo último que vio antes de cerrar los ojos fue la expresión vacía de Steve, luego el odio en su mirada. Sintió el escudo caer, partiendo el reactor que estaba incrustado en su pecho.

Despertó gritando y completamente sudado. Aterrado.

Con la respiración acelerada y su corazón apretado por el dolor, se llevó las manos desesperadamente al pecho; buscando la herida, buscando el reactor destrozado, pero no encontró nada de eso. Sus manos se encontraron con las placas de Steve. Se aferró a ellas y trató de calmar su respiración. Solo fue otra pesadilla, se dijo cerrando los ojos y dejándose caer sobre la cama una vez más.

•••

―Así que me encontraste cuando venías de vuelta de Siberia. ―Repitió Steve, asimilando la historia.

Luego de reaccionar, James lo mantuvo un par de minutos más dentro de la tina con agua fría, solo para asegurarse. Lo dejó salir y le prestó algo de ropa para que pudiera estar cómodo. Bucky le había contado su misión autoimpuesta y que cuando salía de allí lo había encontrado, así como todo su viaje de regreso a Bucarest.

Ahora ambos estaban sentados frente a frente con una taza de café en las manos.

―Así es. Eliminé a los soldados y cuando venía de vuelta te encontré. ―Confirmó el pelinegro. Dubitativo decidió preguntar aquello que rondaba por su cabeza. ― ¿Qué pasó?

La mirada de Steve se quedó fija en un punto lejano de la pared tras el Soldado del Invierno, pensando. Recordando.

―Estábamos en una misión de reconocimiento; un nuevo grupo de Hydra apareció. Nos tendieron una trampa y escapamos, pero fuimos perseguidos. En un momento de la batalla lanzaron una bomba en dirección a Iron Man y me metí en medio. ―Negó con la cabeza. ―En el instante en que la bomba tocó mi escudo explotó y no recuerdo nada más.

―Iron Man. Tony Stark. ―Dijo.

Steve asintió.

―Llamabas a Tony en sueños, cuando delirabas por la fiebre.

El rubio desvió la mirada y no dijo nada al respecto. Trató de levantarse para emprender el viaje de vuelta a Estados Unidos, pero estaba débil y trastabilló. James alcanzó a sostenerlo y lo volvió a sentar.

―No estás en condiciones de hacer nada. La herida en tu abdomen no ha cerrado aún y no sabemos el estado de tu brazo. ―Se levantó y despareció tras una puerta. Después volvió con un plato en la mano. ―Es lo único que tengo, más tarde traeré comida de verdad. Necesitas recobrar fuerzas. ―Sentenció.

Steve comió en silencio y luego dejó que su amigo lo llevara a la habitación y lo metiera dentro de la cama.

―Gracias, Bucky. ―Dijo en el momento en que el otro estaba a punto de desaparecer por la puerta.

El mencionado solo asintió y salió del departamento.

•••

Otra semana pasó y lo único diferente era que Tony ya no quería dormir. Las pesadillas llenaban sus sueños y lo hacían despertar con el rostro cubierto en sudor y el corazón latiendo desbocado, tratando de escapar de su pecho. Había tenido toda clase de pesadillas, todas relacionadas con Steve. En algunas se iba, lo abandonaba, en otras lo atacaba y luego desaparecía; en otras, lo encontraba congelado enterrado en la nieve. Pero algunas, como la que había tenido hace unos minutos, dolían más que otras.

Estaban los dos, sentados en el sofá rojo del taller. Steve leía un libro en voz alta y Tony estaba recostado sobre su costado, con uno de los fuertes brazos del soldado alrededor de sus hombros. Escuchaba la fuerte voz de Steve, cada palabra de aquella novela de misterio, sintiendo el calor de su cuerpo contra el suyo. Todo era perfecto, tal como algunos de los momentos que compartieron en el taller en esos meses de relación. Todo iba bien hasta que la voz de Steve se silenció y el calor de su cuerpo desapareció; su cuerpo cayó hacia atrás y terminó recostado sobre el sofá. Solo.

Steve se había esfumado frente a él y ahora no sabía qué hacer.

Secó el sudor de su frente y de dio media vuelta en la cama. Su corazón se estrujó una vez más al pensar en Steve. Se deslizó por la orilla de la cama hasta quedar sentado en el piso, con la espalda apoyada en el colchón. Se llevó las manos a la cabeza y trató de pensar en los buenos momentos que pasó con Steve antes de que desapareciera, pero todos sus recuerdos se torcían y algunos se mezclaban con sus pesadillas. De pronto, simplemente, dejó de pensar.

•••

Steve se negaba a esperar más tiempo para volver a Nueva York y buscar a Tony, pero su cuerpo de súper soldado aún estaba recuperándose y el proceso estaba tomando más tiempo del que debería; de seguro era a causa de las muchas semanas que pasó inconsciente y con una fiebre demasiado alta.

―Necesito volver, Bucky. ―Dijo, intentando levantarse una vez más de la cama. ―El equipo debe estar preocupado por mí, deben pensar que estoy muerto. Necesito volver con Tony. ―Murmuró la última frase en voz baja.

La cabeza del pelinegro se giró con rapidez hacia él y su mirada se quedó fija en su rostro.

―Primero lo llamas en sueños y ahora quieres volver a su lado. ―Reflexionó. ―Hay algo de lo que no estoy al tanto.

Steve estaba bastante sorprendido por el cambio que su amigo había tenido desde la última vez que lo vio. Ahora parecía más en paz consigo mismo, más en paz con sus recuerdos y más en paz con él; tal parecía que había retomado viejos hábitos, como preguntarle por cosas privadas. Se alegraba por ello, pues quería decir que el hombre que tenía frente a él tenía muchas posibilidades de volver a ser el hombre que fue en el pasado y tal vez, solo tal vez, volver a ser su mejor amigo en el presente. Lo que le preocupaba era su reacción al saber de lo suyo con Tony, después de todo él también se había criado en los años cuarenta y no había estado descongelado el tiempo suficiente para acostumbrarse al mundo tal y como era. De todas formas decidió contarle la verdad.

―Buck, tengo algo que decirte. ―Se quedó en silencio, buscando las palabras, bajo la atenta mirada de su amigo. ―La verdad es que… Tony y yo estamos en una relación desde hace meses.

El silencio se hizo entre ambos por un eterno minuto, que luego fue roto por un maullido del pequeño Stan. Steve lo tomó entre sus manos y lo acarició con suavidad, esperando por una respuesta o alguna reacción por parte del hombre del cabello largo.

―Entonces… entonces es mejor que te recuperes pronto para que puedas volver a su lado. ―Respondió con un tono de voz natural. Al parecer se había hecho una idea de su relación con Tony al escucharlo delirar llamándolo y ahora solo había recibido una confirmación.

―Tienes que ir conmigo. ―Lo miró con decisión.

―No. No iré. Sabes que no puedo. Te ayudaré a llegar a Nueva York y luego me iré. Nada más.

El rubio suspiró pesadamente y volvió a mirarlo directamente a los ojos.

―Tony perdió a sus padres cuando tenía veintiún años por causa del Soldado del Invierno. ―Bucky desvió la mirada. ―Es algo que nunca pudo superar, sé que no lo ha hecho aunque intenta ocultarlo. Si te enfrentas a él, no solo le ayudarás a cerrar esa dolorosa etapa de su vida, sino que también servirá para aliviar un poco tu conciencia. ―El pelinegro lo miró nuevamente, con una expresión dura. ―Aunque haya pasado lo que pasó en estos años, sigues siendo mi mejor amigo y te conozco. Sé que también sufres por lo que Hydra te obligó a hacerles a todas esas personas, aunque no los recuerdes.

―Los recuerdo a todos, Steve. A todos. ―Susurró. ―Lo haré. Tal vez tengas algo de razón y pueda redimirme un poco.

Ambos se quedaron en silencio otra vez, sin saber exactamente qué decir.

―Debes estar listo. ―Soltó Steve, de repente. Bucky lo miraba sin comprender. ―Tony me prometió que te enviaría al hospital por un par de semanas cuando te tuviera frente a él. ―Explicó con una sonrisa. ―Y yo no voy a detenerlo.

Bucky hizo una mueca ante sus últimas palabras.

•••

Los días pasaron con lentitud hasta que Steve se sintió lo suficientemente bien como para levantarse y caminar un poco por el pobre vecindario en el que vivía Bucky. Habían ido a un doctor que le había asegurado, después de tomarle una radiografía, que su brazo estaba bien, por lo que ya no tenía el yeso. La herida de su abdomen estaba cicatrizando bien y le quitaron los puntos que su amigo, y salvador, había improvisado. Pero aún tenía que irse con cuidado.

Steve estaba en el departamento, donde Bucky le había dejado para hacer un par de "cosas". Tenía un jugo a medio terminar sobre la mesa y al gato en su pecho, mientras lo acariciaba con cuidado. De pronto, la puerta se abrió con fuerza y su amigo entró al lugar.

―Nos vamos mañana. ―Anunció al cerrar la puerta. ―Debo preparar un par de cosas antes de irnos. ―Mencionó mientras entraba a la habitación.

La idea de volver a ver a Tony se instaló en su mente con rapidez y una gran sonrisa se formó en sus labios. Incluso sus ojos parecieron recuperar algo de brillo ante la noticia.

―Mañana temprano tomaremos un tren en dirección a Francia, una vez allí, dado que ninguno de los dos tiene pasaporte, nos iremos en un barco de carga; me las arreglaré para que podamos irnos pasado mañana. ―Siguió explicando cuando salió de la habitación. ―Desde allí el viaje tomará unos cuatro días.

El rubio soldado se quedó en silencio.

―En una semana estarás con tu adorado Tony, viendo como me da la paliza que merezco. ―Dijo golpeando con fuerza y familiaridad su hombro.

Steve no podía decir nada. Se había quedado en blanco. Lo único que había en su mente en ese momento era Tony. Verlo, abrazarlo, besarlo y decirle lo mucho que lo había extrañado.

Por fin volvería con Tony.

•••

Luego de esa última pesadilla en la que Steve se desvanecía a su lado, Tony cayó en una seria depresión. Si bien se negaba a aceptar el hecho de que Steve pudiera estar muerto, cada vez veía menos esperanzas de encontrarlo. Especialmente desde que habían dejado de buscarlo, debido a que no estaban en buenos términos con el gobierno ruso; ni siquiera estaba seguro de estar en buenos términos con su propio gobierno.

Habían pasado cuatro días y se negaba a abrir la puerta. No había comido y casi no dormía. Su rostro mostraba unas oscuras y marcadas ojeras; su barba, siempre bien recortaba, había crecido un poco y se veía desarreglada y sin su estilo particular; su cabello estaba opaco y sucio, y su cuerpo había perdido peso por la falta de alimento.

En ese estado lo encontraron sus compañeros cuando Natasha tuvo suficiente de tonterías y forzó la puerta para entrar.

Las cortinas estaban cerradas y a la habitación le hacía falta buena ventilación con urgencia; apestaba ahí adentro. Natasha destinó todas las tareas: Clint abrió las cortinas y las ventanas, Bruce sería el encargado de cambiar las sábanas y tirar la ropa sucia en el cesto, Sam debía encargarse de preparar comida decente y apropiada para alguien que no ha comido en cuatro días. Natasha se dirigió a Tony, que estaba sentado en el piso, junto a la cama.

―No vas a seguir lamentándote por tonterías, Stark. Cuando Steve regrese no quiero que vea el desastre en el que te has convertido, así que más te vale colaborar y meterte a la ducha si no quieres problemas. ―Amenazó la pelirroja al tiempo que lo obligaba a levantarse tirando de su brazo, apretando con fuerza para forzarle a moverse.

Tony gruñó algo que no se entendió.

La exasesina lo empujó entro del baño y cerró la puerta.

―Si no has salido en media hora, bañado y afeitado, vendré a buscarte. ―Amenazó una vez más.

A su alrededor, los hombres realizaban sus tareas en silencio. La mujer se dirigió a la cocina y se sentó a la mesa, observando a Sam mientras éste preparaba algo de comer. A los pocos minutos, Bruce y Clint se sentaron junto a ella a esperar por el millonario.

El tiempo pasó y se cumplieron los treinta minutos. La pelirroja iba a levantarse de su lugar, pero fue detenida por Bruce.

―Vamos a darle otros diez minutos, Natasha. Creo que los necesitará.

La peligrosa mujer suspiró y asintió. No podía negarle nada a Bruce, no a él.

Los minutos pasaron y esta vez fue el doctor quien se levantó.

―Iré yo. ―Informó.

Caminó a paso rápido a la habitación y cerró la puerta tras él. Se acercó a la puerta del baño y golpeó dos veces, suavemente, con sus nudillos. Al no recibir respuesta, decidió entrar. Encontró a Tony sentado en la tina, con el agua cayendo sobre su cabeza desde la regadera; sus rodillas recogidas y sus brazos rodeándolas. Se acercó a él y se agachó junto a la tina para estar a su altura. El moreno giró su rostro y lo miró; al menos se había afeitado y su barba se veía como siempre.

―Sabes, Bruce. ―Dijo de repente. ―Steve disfrutaba mucho de nuestras duchas juntos. Se sentaba tras de mí y yo me recostaba sobre su pecho…

El doctor sonrió con tristeza al escucharlo, aunque un tanto incómodo por lo que Tony pudiera decir a continuación.

―Lo que más disfrutaba era lavar mi cabello, sabes. Masajeaba mi cabeza con el shampoo y luego lo enjuagaba por largos minutos. Siempre terminaba adormecido… creo que lo hacía para que me quedara dormido al meterme a la cama. ―Hizo una pausa. ―Siempre preocupándose de que durmiera lo suficiente…

―Tony, ―dijo con suavidad― es hora de salir del agua.

―No puedo dormir ahora, Bruce. Tengo pesadillas. ―Mencionó ausente, ignorándolo. ―Siempre se va o se desvanece, a veces lo encuentro congelado en el hielo…

El moreno se llevó ambas manos a la cabeza y se encogió aún más en su posición. Luego de un minuto de silencio se removió en el agua e intentó levantarse. El doctor le ayudó a incorporarse y lo envolvió con una bata de baño que le quedaba grande; era de Steve. Salieron del baño y el científico lo ayudó a sentarse en la cama.

―Ahí dejé algo de ropa que encontré por aquí. Es tuya. ―El silencio del moreno le hizo sentir un extraño nudo en el estómago. ―Vístete y ve a la cocina. Nadie quiere ver a Natasha enojada contigo.

Dicho esto salió de la habitación con la esperanza de que el genio le hiciera caso.

Cinco minutos después Tony estaba en la cocina, obligándose a comer lo que tenía frente a él. En completo silencio. Natasha iba a decir algo, pero un gesto de su novio la hizo callar. Cuando el moreno terminó de comer se quedó ahí, sin hacer nada.

―Necesitas dormir, viejo. ―Dijo Sam al ver sus marcadas ojeras.

Todos estuvieron de acuerdo y Tony aceptó. Se levantó de su lugar y se encaminó a la habitación. Cerró la ventana y juntó las cortinas, rebuscó en el armario de Steve y sacó una de sus camisetas, la reemplazó por la suya y se dirigió a la cama. Buscó debajo de la cama y sacó el escudo del Capitán. Lo contempló un momento y se metió a la cama, con el escudo a su lado y una mano sobre él. Eso y las placas era lo que más lo mantenía cerca de Steve.

Una vez más pensó en él y volvió a preguntarse, Steve, ¿dónde estás?, antes de quedarse dormido.


Sí, bueno... acabo de releer esto y debo decir que, sí, incluí algunas cosas de CW en las pesadillas de Tony y en otras situaciones, por si no lo notaron. No podía no hacerlo, es una película que rompió mi corazón y aunque no quise incluirla en la línea temporal de Nuestra Historia, algo de participación tenía que tener.

Ya saben que si les gustó pueden dejar un review con todas sus opiniones, dudas, predicciones (me encanta leer sus predicciones), sus "me gustaría que..." y todo eso. ¿Qué creen? ¿Ya terminó el sufrimiento? ¿Es momento de que nuestros amados protagonistas se vuelvan a ver? De ser así, ¿cómo creen que será ese reencuentro? Díganme lo que piensan, tal vez alguien tenga razón.

Nos leemos pronto.

Besos.

Bye :D


Lunes 19 de Marzo, 2018.