Disclaimer: Pokémon y su trama no me pertenecen, son propiedad Game Freack y de la compañía Nintendo. La historia narrada aquí es completamente de mi autoría, cualquier parecido con otra historia es pura coincidencia.
Notas iniciales de capítulo: ¡Adivinen quién volvió! Ok no.
Antes que nada me disculpo con todos los seguidores de este fanfic que estuvieron esperando este largo año (casi dos años, creo, no he hecho bien las cuentas, perdón), mi excusa no es muy buena, empezó con un bloqueo de inspiración y terminó conmigo en la universidad sin un poquito de tiempo. Había informado que dejaba el fandom de Pokémon, no obstante quiero acabar esta historia primero por todos los lectores (por favor, no me mencionen Infección en Hoenn, ese fic y yo estamos pasando por un proceso (?)) aunque creo que ya nadie queda aquí XD
¡Aun así, espero disfruten de este capítulo! Espero también poder acabar prontamente con la historia, la que constará de un total de 18 memorias. ¡Nos leemos pronto, bendiciones!
Décima Memoria
Huevos Misteriosos
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Era un bello día en Kanto, especialmente en ciudad Verde, lugar donde varios Pokémon, entrenadores y civiles andaban por ahí con tranquilidad, hablando entre ellos, hablando sobre batallas, las próximas llamadas a la liga Pokémon, los chismes de farándula, el lindo clima y…
—Tonta Kris… —murmuró Hibiki deprimido, pateando una roca.
…lo malas que eran las amigas que te abandonaban.
—Yo solamente quería acompañarla a hacer sus compras antes de que tuviera que venir a trabajar —comentó a su Marill mirando al frente haciendo un puchero—. Tienes que llegar temprano, no es bueno dejar a Green-senpai esperando —la imitó haciendo que su voz sonara lo más chillona y creída que podía—, pff, Green-senpai no va a desaparecer de la nada.
—Rill… —contestó su Marill con curiosidad, Hibiki se imaginó su respuesta.
—Ok, puede que no esté mucho en su gimnasio, pero siempre vuelve —apuntó el azabache declarándose victorioso de aquella "conversación".
Hibiki estaba en Kanto con un objetivo: recoger los dos huevos misteriosos que había estado investigando el profesor Oak. Kristal le había acompañado solamente porque tenía asuntos pendientes en Kanto también (como comprarle algunos videojuegos a Kotone y de paso algo de ropa para ella misma) pero había rechazado su compañía, conociendo ya lo entusiasta que era Hibiki cuando se trataba de las compras y sabiendo también que el chico no había llevado dinero y ella terminaría comprándole algún capricho callejero.
Finalmente Hibiki llegó al gimnasio de ciudad Verde, lugar donde Green le entregaría los huevos. Suspiró y sonrió tratando de encontrarle el lado bueno a su aburrido encargo, podría aprovechar para tener una batalla con el líder de gimnasio, hacía mucho no podía luchar por estar haciendo encargos al profesor Elm. Abrió la puerta con eso en mente y entonces un fuerte grito lo congeló.
—¡Hiciste trampa!
—Pruébalo.
—No necesito pruebas para saber qué hiciste trampa… ¡suelta mi dinero, maldición!
—Green, no debes hablar de esa forma, yo no vi a Red-san haciendo trampa.
—Eso es porque es un tramposo experto.
Hibiki observó a las siete personas reunidas, dos de ellos los conocía bien, eran Red y Green quienes se miraban de forma desafiante, a otro jamás lo había visto, era un rubio de sombrero de paja que tenía a Pika sobre su hombro, este chico miraba nervioso a los dos primeros, los otros cuatro eran discípulos de Green, que al parecer habían tenido la desgracia de terminar en un juego de póker entre el campeón y el líder de gimnasio.
—¿Ah? ¡Un aspirante! —dijo el rubio sonriente mirándolo con sorpresa.
—¿Eh? —cuestionó Green mirando a la puerta, todos lo imitaron.
—Eh… hola —saludó Hibiki sonriendo con nerviosismo, moviendo la mano—. Green-senpai… Red-senpai… chicos… y… eh… chico rubio, ¿interrumpo algo?
—Hibiki, ya se te estaba haciendo tarde —comentó Green enarcando una ceja.
Hibiki rio rascándose su nuca, entonces, vio cómo después de que uno de los discípulos de Green repartía las nuevas barajas, Red hacía su apuesta.
—¡¿Ehhhhh?! —cuestionó abriendo los ojos.
—¡Red-san, no puedes apostar los huevos misteriosos! —se quejó el rubio con espanto.
—Los gané justamente —dijo Red con tranquilidad.
El rubio miró a Green con los ojos bien abiertos.
—¿Apostaste los huevos misteriosos en la ronda anterior? —preguntó sin creer sus propias palabras.
—Tsk —Green chasqueó la lengua cruzándose de brazos—, tenía un buen as, no pensé que iba a perder… no, espera un momento, ¡yo no perdí, él hizo trampa!
Y de nuevo la discusión del principio, los discípulos empezaron a mirarse nerviosos entre sí, al parecer, se arrepentían de haber invitado a esos dos a su usual juego de cartas, Hibiki simplemente miró a todos algo confundido, ciertamente no se estaba aburriendo, pero le gustaría saber qué era lo que les pasaba.
—Ah… disculpa —Hibiki miró a su lado, el chico rubio ahora le miraba con una pequeña sonrisa—. Un gusto, soy Yellow, ¿entonces eres tú Hibiki?
—Oh… ¡sí! Un gusto, amigo —saludó Hibiki extendiéndole amistosamente la mano, Yellow aceptó el gesto y Hibiki movió enérgicamente la mano de arriba abajo—. ¿Eres un nuevo discípulo de Green-senpai?
—¿Yo? No, soy amigo de Green y Red-san, eso es todo —explicó Yellow—. ¿Viniste por los huevos misteriosos?
Hibiki asintió mientras miraba los huevos misteriosos sobre la mesa, parecía como si Green y Red fuesen a empezar a forcejear por obtenerlos, los discípulos ya se habían alejado de la mesa temiendo verse envueltos en medio de la discusión.
—¡Ah! ¡Cuidado! —gritó Hibiki sorprendido corriendo hasta donde se encontraba la mesa. Yellow los siguió igual de alarmado, separando a Green y Red
—¡Pueden romper los huevos! —les reprimió Yellow mirándoles con el ceño levemente fruncido.
—No somos bestias salvajes, Yellow, sabemos qué cuidado hay que tener —explicó Green sentándose correctamente, Hibiki por su parte tomó los huevos con delicadeza alejándolo de los dos mayores.
—Aun así, pelear entre amigos está mal —dijo Yellow con seriedad mirándolos a los dos—. Red-san, ¿tú hiciste trampa?
Red miró a Yellow por un momento antes de cruzarse de brazos.
—No —declaró mirando fijamente a Green, el castaño abrió la boca indignado preparándose para desmentirle, pero ahora Yellow lo miró a él con seriedad.
—Green, entonces debes disculparte con Red-san —declaró el chico.
—… tienes que estar bromeando —dijo Green sonriendo de medio lado como si de verdad creyera que era una broma, al ver que Yellow no estaba jugando, se paró con el ceño fruncido—. ¡Estoy seguro que hizo trampa!
—Si hubiese hecho trampa, ni siquiera te habrías dado cuenta —apuntó Red.
—Exactamente por eso estoy diciendo que hiciste trampa —contraatacó Green.
Yellow solamente suspiró con cansancio, esos dos eran muy buenos amigos, pero se la pasaban peleando por nimiedades además de que ninguno de los dos se disculpaba, razón por la que las peleas continuaban y continuaban.
—Sí… los extrañaba —rio Hibiki con nervios viendo cómo las miradas de Green y Red chocaban, Yellow le miró por un momento para preguntarle si esas peleas eran tan comunes, pero algo más llamó su atención.
—¡Ah! ¡Los huevos! —exclamó señalando los dos huevos misteriosos que Hibiki sostenía.
Todos inmediatamente voltearon a mirar, Hibiki abrió los ojos espantado al darse cuenta que los huevos estaban a punto de eclosionar.
—¡No, no de nuevo! —gritó el chico tratando de apretarlos para evitar que dejaran de moverse, pero fue inevitable, dos lindos Pokémon nacieron en sus manos.
—… felicidades, Hibiki, acabas de arruinar la investigación de los dos huevos misteriosos que no eclosionaban —suspiró Green rodando los ojos.
No era la primera vez que ocurría aquello, en la guardería de sus abuelos un par de veces había tomado los huevos misteriosos de los Pokémon de algunos entrenadores y éstos eclosionaban al instante, Hibiki había tenido que llevar más de una vez guantes por ese mismo problema.
—… lo siento mucho —dijo Hibiki genuinamente arrepentido, dejando deprimido encima de la mesa a los dos Pokémon—, yo hablaré con el profesor y…
—¡Red-san, son muy lindos! —exclamó Yellow admirando a los Pokémon recién nacidos, los dos bebés le miraron con curiosidad, hasta que uno de ellos se le lanzó encima, enroscándose en su brazo y acomodándose en sus hombros, Yellow rio— ¿Qué son?
Red abrió la boca para responder, pero Green se le adelantó.
—Ese de ahí es un Poliwag —dijo el líder de gimnasio señalando al pequeño de la mesa—. Y ese un Dratini —señalo el que estaba en su cuello.
—¡Ah! ¡Entonces pueden llamarse Poli y Draty! —dijo Yellow felizmente.
Green sonrió con suficiencia, antes de sentir un frío subirse por su columna vertebral, miró a su lado, encontrándose con Red mirándolo fijamente con ansias asesinas, ¿por qué se había enojado ahora?
—Hibiki-san, ¿cómo hiciste eso? —preguntó Yellow mirándolo expectante y asombrado.
—Es menor que tú, llámalo solamente Hibiki —dijo Red mientras se acomodaba la gorra y recibía a Pika, quien había saltado de la cabeza de Yellow a sus brazos, el Pikachu había querido darle espacio a Yellow para conocer a los dos nuevos Pokémon.
—Eso mismo iba a decir, Hibiki-san es algo… —y antes de que Hibiki pudiese terminar su oración, miró a Yellow con asombro— ¡¿eres mayor que yo?!
Y era normal su sorpresa, él mismo era un par de centímetros mayor que el chico.
—Eh… sí… soy de baja estatura —explicó Yellow riendo con nerviosismo—, pero seguro ya creceré… ja, ja, ja…
—Bueno… —Hibiki se rascó la nuca sonriendo un poco, retomando el hilo de la conversación anterior— no sé cómo pasa, solamente los sostuve en manos…
—Deberías ir al médico antes de que termines tocando una embarazada y te conviertas en obstetra —bromeó Green, haciendo que Hibiki frunciera el ceño sonrojado.
—¡No funciona así!
Yellow sonrió ante la graciosa expresión de Hibiki, Red por su parte sintió como si estuviese siendo observado, el Poliwag se había quedado mirándolo con un extraño brillo en sus ojos, un brillo incómodo que recordó haber visto el día en el que tomó a Venusaur en su equipo cuando apenas era un Bulbasaur.
—Bueno… ahora, ¿qué haremos? —preguntó Green rascándose la cabeza— Tendré que decirle a mi abuelo que la investigación se cancela y tú tendrás que responder, Hibiki.
—Pero no lo hice con intención… —susurró el chico asintiendo resignado— está bien, está bien… ¿a dónde llevarán a los Pokémon?
—Supongo que se quedarán en el PC del laboratorio hasta que encontremos un entrenador que los quiera —comentó Green restándole importancia.
Yellow inmediatamente saltó.
—No pretenderás dejarlos en la PC, Green —dijo como si no creyera lo que había escuchado.
—No hay donde más dejarlos —dijo Green—, no tienen madre y si los dejamos salvajes quién sabe cómo sobrevivirían, ¿acaso estás ofreciéndote a cuidarlos?
—¡Sí! —asintió el rubio con seriedad, Green se mostró confundido, solamente estaba bromeando— Incluso se lo dije a Red-san, podemos liberar los Pokémon que tienen en la PC en el bosque, hay mucho espacio de sobra.
—No —dijo Red—, ya te lo dije, algunos son peligrosos… pero puedes quedarte con estos.
Yellow miró a los dos Pokémon, el que estaba encima de la mesa y el que estaba en su hombro, no quería dejarlos solos, eso estaba claro. Al final asintió con la cabeza con determinación y antes de que pudiesen decir algo más se escuchó el Videomisor de Green, éste, miró la pantalla y con una mueca de desagrado contestó.
—¿Qué pasa ahora?
—Ay, no seas amargado Greeny —se quejó Leaf desde la otra línea—. Y yo que vengo a invitarte a una fiesta.
—No voy a hacer ninguna fiesta en mi gimnasio —contestó Green con anticipo, Red frunció el ceño adivinando de quién se trataba, Yellow y Hibiki se mostraron curiosos.
—Bah, ¡no! Es en mi casa, mamá me ha dado permiso, después de todo me he estado portando muy bien en este mes. Ho, ho, ho~—rio al final. Green se preguntó si Hanako (la madre de Red y Leaf) estaba bien de la vista o de la cabeza—. Oh, vamos… ¡Solo es una fiestecita!
Miró a Red, todos estaban escuchándolo todo. Yellow se miraba confundido, Hibiki emocionado y Red serio (como siempre). La mirada del campeón le bastó para responder: —De acuerdo, estaremos allí en diez minutos.
Colgó antes de escuchar a Leaf gritar alegre.
—¡Bien, hay fiesta! —exclamó Hibiki alegre.
Red suspiró y tomó sus cosas, se levantó de las gradas del gimnasio y caminó con Green hacia la salida, junto con un Hibiki entusiasta. Yellow se levantó rápidamente con ambos Pokémon en brazos, dispuesto a seguirlos, pero Red se volteó a verlo con seriedad.
—Tú no vas.
—¿Eh? ¿Por qué? —preguntó Yellow enarcando una ceja.
Había más de mil razones por las que no quería que Yellow no fuera a su casa, entre ellas estaba el que no deseaba que conociera a Leaf, esa muchacha era terrible y de seguro no dejaría de molestar a su amigo, o en el peor de los casos, lo seduciría como siempre lo hace con los pobres chicos que caen tontamente en sus garras.
—Debes ir al Centro Pokémon para asignarles unas Pokéballs a Poliwag y a Dratini —dijo sacando una idea a lazar, que a la larga, no era mentira.
—Pero quiero ir…
—¿Dejarás a esos dos Pokémon sin sus Pokéballs? —preguntó Green con fingido asombro, solo para salvar también al chico.
Yellow abrió los ojos con sorpresa y negó varias veces.
—No, ¡ya voy!
Salió corriendo fuera del gimnasio, los tres chicos vieron como ser perdía en el horizonte, directamente al Centro Pokémon.
—Por cierto… ¿de dónde sacaron a ese chico? —Preguntó Hibiki después de unos minutos— ¿Es bueno entrenando? Apuesto a que puedo ganarle en una batalla.
—Cállate —le ordenó Red con seriedad mientras se iba caminando.
—Deberías dejar de ser tan curioso —le dijo Green con igual seriedad mientras seguía a Red.
Hibiki quedó confundido. ¿Acaso había dicho algo malo?
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En cuanto llegaron a la casa se sorprendieron al encontrar a Leaf acompañada con dos personas más, Hikari Midori y Yuuki Kabayashi, ni Green ni Red sabían si debía sorprenderles la presencia de esos dos o que solamente estuviesen ellos y no medio Kanto allí dentro. Leaf se veía alegre mientras servía en unos vasos de cristal un poco de soda de color dorado y hablaba de cosas a lazar.
—Oh, bienvenidos —saludó sonriente. Los tres se vieron confundidos— Esta es la reunión de la que les hablé.
—Hola Red-senpai, Green-senpai —saludó Yuuki, Hikari sonrió un poco contrariada y casi incómoda, Yuuki se veía igual que ella—, Hibiki… nos dijeron que había una reunión …
Leaf carraspeó antes de decir—: Bueno, bueno. Los saludos para después, siéntense.
—¿Qué es esto? —preguntó Red a la defensiva.
—¿Es esta la fiesta? —preguntó Hibiki algo decepcionado.
—A nosotros nos dijeron que era una reunión de campeones —dijo Yuuki mirando a Leaf de reojo.
—Sí… aunque ya me estaba preguntando por qué nos había tocado pagar el viaje a nosotros —comentó Hikari pensativa.
—No es una fiesta y tampoco una reunión de campeones, es una reunión de amigos —dijo Leaf dejando la botella de soda a un lado y ofreciéndoles un vaso a cada uno en una bandeja—. Mamá no volverá hasta mañana por la tarde, así que tenemos mucho tiempo hablar.
Algo inseguros, se sentaron. Red no estaba convencido aún, Leaf sin una fiesta era igual a una Leaf callada o una Leaf prudente: sencillamente imposible. Sin embargo, se sentó, entre Hikari y Green, tomó un poco de la soda que le había servido Leaf y no le pareció tan desagradable.
Por lo menos, ahora sabía que no era veneno.
El resto empezó a pasar en cámara lenta, no distinguía bien las cosas, solo escuchaba la voz de Yuuki diciendo que un amigo suyo estaba en casa haciendo quién-sabe-qué-cosas, pudo ver a Green sosteniendo su cabeza, como si no pudiera ver bien, como si todo diese vueltas.
A él también todo le daba vueltas.
Al final, fue inconsciente de sus actos, solamente, en su último momento de consciencia, escuchó las estruendosas risas de Hibiki y Leaf, la última, parecía victoriosa.
Escuchó música de fondo, y la voz de Leaf diciendo: —La fiesta empieza ya mismo.
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Yellow, se armó con todo el valor que tenía, se llevó al Doduo de su tío y fue en él hasta pueblo Paleta. Era de noche, estaba asustado, pero no podía infundirle el miedo a los dos Pokémon bebés con los que andaba, debía ser valiente, debía…
—¡Yahoo!
—¡Ahhh! —gritó Yellow cayéndose de Doduo asustado, Poli y Draty le miraron preocupados desde sus nuevas Pokéballs.
¿De dónde habría salido ese grito? Se levantó algo adolorido y caminó hasta la única casa que tenía las luces encendidas y tenía música a todo volumen.
—¿Qué es? —vio que la puerta estaba abierta, con delicadeza se asomó y la escena que vio fue una que jamás esperó ver en su vida.
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Hikari estaba en el sofá sentada al lado de Leaf, llorando y quejándose de Jun.
—¡Es un maldito desconsiderado! ¡¿Por qué siempre corre y me deja atrás?! ¡Es porque soy más fuerte que él, ¿verdad?! —gritaba amargamente.
—¡Bah! ¡Los hombres son unos idiotas, jamás se fijan en nosotras! ¡¿Quién los necesita?! —le decía Leaf con seriedad y rabia— ¡NO LOS NECESITAMOS! ¡LOS HOMBRES SON UNOS DESGRACIADOS!
—Cállate… ruidosa… —decía Green sosteniéndose de una pared, parecía que buscaba la manera de salir de la casa, pero no podía ver bien, todo le daba vueltas.
—¡Así se habla senpai! ¡No los necesitamos! —gritó Hikari cambiando radicalmente de ánimo.
Por otro lado, estaban Hibiki y Yuuki, los que discutían enojados, otras veces reían. Pero allí, en el fondo, había solo uno, uno que no hablaba, ni trataba de escapar. Solo estaba allí, tomando de una botella de soda.
Yellow entendió entonces que todos estaban borrachos.
—¡Red-san! —dijo asombrado y con el ceño fruncido—. ¡¿Qué estás haciendo?!
Todos quedaron en silencio y le miraron automáticamente.
—E-eh… —balbuceó nervioso al tener toda la atención encima suyo.
Hubo un incómodo silencio, entonces, se escuchó algo caerse al lado de Yellow.
—¡¿Qué pasó aquí?! —gritó Kristal quién había dejado caer las bolsas con las compras que hizo.
—¡Ahhh! ¡Es Kris, huyan! —gritó Hibiki escondiéndose en la cocina.
Leaf lo siguió empujando a Green en el proceso, el que se sostenía la cabeza adolorido y terminó en el suelo gracias al empujón. Red volvió a tomar ese extraño líquido dorado, Hikari simplemente empezó a discutir con Yuuki por ninguna razón en particular.
—¡Hey! ¡Dejen de discutir! —dijo Kris acercándose a los dos campeones que habían estado a punto de sacar a sus Pokémon para empezar una batalla allí mismo.
Yuuki miró a Kris, luego miró a Hikari como prometiéndole patear su trasero luego y salió corriendo a la cocina, a refugiarse con el otro par de borrachos. La chica de cabello azabache lo siguió inmediatamente.
—¡Yuuki, ven aquí! —gritó enojada corriendo a la cocina.
—¡Espera! —Gritó Kris corriendo tras ella, al darse cuenta que se había llevado un jarrón para golpear al muchacho.
De esta manera dejaron a Yellow solo con el borracho Red. El rubio se acercó a mirar uno de los vasos de cristal que estaban vacíos, los olió y confirmó lo que había pensado: alcohol.
—Red-san... ¡deja de tomar eso! —dijo Yellow quitándole la botella que estaba casi terminada.
—Tsk. Que molesto —se quejó el chico cubriendo sus ojos con la gorra.
Yellow frunció el ceño y suspiró.
—Ya mañana me contarás que pasó, ahora ven, te llevaré a tu habitación.
Sorprendentemente, Red se dejó mover por Yellow, el rubio agarró uno de sus brazos y se lo pasó por encima de los hombros con algo de dificultad, su Doduo se acercó para tomarle el otro brazo y servir más de apoyo. El campeón miraba fijamente al chico que se esforzaba por cargarlo. De esta forma, con ayuda de Doody, lo subió por las escaleras, mientras escuchaba como Kristal y Hikari gritaban, posiblemente peleando entre ellas o con los otros chicos, también escuchó los quejidos de Green ante su dolor de cabeza.
—¿Dónde es tu habitación, Red-san? —preguntó Yellow al ver la larga línea de habitaciones que se extendían por el corredor.
—Hmp —fue la única respuesta que obtuvo.
Yellow suspiró un poco molesto.
—No deberías tomar —le dijo con seriedad y caminó hasta una habitación a lazar, la que le pareció la más apartada y oscura.
Sí, de seguro que era esa.
De una patada, abrió la puerta, sonó mal, pero sus brazos estaban ocupados cagando a Red, el que era increíblemente pesado.
—Bien —dijo Yellow victorioso—. Creo que si es esta tu habitación.
De repente, sintió a Red más ligero, lo miró, estaba parado por su propia cuenta con una mirada sombría, Yellow se preguntó que ocurría, pero prefirió llevarlo a la cama para que durmiese, una persona borracha cometía todo tipo de locuras, lo mejor era dejándolo descansando antes de que hiciese algo de lo que se arrepentiría estando sobrio.
—Vamos Red-san, tienes que dormir —dijo Yellow algo desconfiado, no era que no confiara de Red, sino que su actitud no le parecía la más normal.
—Sabes… eres muy molesto —susurró Red sentándose por su propia cuenta en su cama, cubriéndose los ojos con las manos, luego, pasó esas mismas manos por su cabello—. ¿Por qué eres así?
Yellow ahora le miraba con preocupación, Doody se mostraba inquieto, pero con una pequeña caricia en su lomo consiguió tranquilizarlo, acto seguido, dejó a su Pokémon y se acercó a su amigo, no tuvo que inclinarse para poder estar a su altura, Red era bastante alto incluso sentado.
—¿Estás bien, Red-san? —preguntó con sincera preocupación— ¿Hice algo malo?
—No, no —negó Red varias veces con voz ronca, Yellow inclinó la cabeza, Red tenía ahora una mano en su nuca y la otra descansaba en su pierna, quizás hubiese sido por el alcohol, pero su mirada se había ablandado—. Es solo que… eres muy bueno, yo no… —se trababa con sus propias palabras, pero con la primera declaración Yellow ya estaba anonadado—así que… aunque no lo sea, ¿podrías quedarte conmigo?
Sus palabras eran torpes, su mirada parecía avergonzada y Red lo miraba con un cuidado que hizo que el corazón de Yellow se detuviera por un momento, quizás, esa era la primera vez que Red le hablaba de una forma tan dulce, sin ser demandante ni prepotente, prácticamente le estaba pidiendo el favor de que se quedara a su lado.
Por alguna razón, un pequeño sonrojo se apoderó de sus mejillas y su corazón empezó a palpitar un poco más rápido, estaba realmente sorprendido, pero aun así, consiguió tragar y asentir con la cabeza.
—Por supuesto, Red-san —afirmó sintiendo su voz temblar, ¿qué era eso? ¿Así de nervioso le había puesto?
Red pareció mirarle por un momento, antes de suspirar un poco bajando la mirada, entonces, Yellow escuchó cómo con voz de alivio susurraba un muy suave—: Eso está bien.
Luego de eso, Yellow vio cómo Red se desplomó en la almohada, quedando profundamente dormido. El chico por su parte llevó una de sus manos a su pecho, tragando fuertemente. ¿Qué era ese sentimiento?
.-
—Serán idiotas —se quejó Kristal sentándose exhausta en el sofá. Cuando Leaf le había dejado un mensaje invitándola a una fiesta en su casa había llegado allí esperando divertirse, no detener un intento de asesinato y ayudar a muchos chicos ebrios a hallar camino hasta sus camas.
Escuchó entonces como alguien bajaba por las escaleras, se trataba del chico rubio de sombrero de paja que había llegado casi al mismo tiempo que ella. Cuando lo vio, solo notó el sonrojo en sus mejillas y su mirada meditabunda.
—Hola —saludó Kris.
Yellow le miró automáticamente, saliendo de su trance.
—Eh... Hola.
Así se quedaron hablando un buen rato, en un silencio incómodo.
—Soy Kristal Koizumi… eh, supongo que eres amigo de Leaf, ¿no es así?
—Yellow of Viridian Grove —por primera vez en un tiempo, su nombre le sonó excesivamente largo—. Y no… no conozco a Leaf-san, pero soy amigo de Red-san y Green…
—¡Oh! Entonces eres tú el famoso Yellow, Green habla mucho de ti —dijo Kris sonriendo—. Dice que has domado a Red-senpai.
—Yo no he domado a nadie —contestó Yellow con una sonrisa nerviosa.
Empezaron a hablar de algunos temas, después de unos minutos, se quedaron dormidos. Todas las luces estaban apagadas, esa había sido una noche llena de muchas emociones, Yellow se acomodó en un lado del sillón mientras Kris estaba recostada en el otro extremo, antes de dormir, Yellow se sonrojó levemente, recordando la mirada delicada y penetrante del campeón. No entendía a qué venía su vergüenza, pero por alguna extraña razón, su corazón palpitaba más rápido de lo normal.
.-
—Por Arceus, como la odio —se quejaba Green con el dolor de cabeza de su vida, estaba esperando a que Hikari desocupara el baño.
—Todo suyo Green-senpai —dijo Hikari saliendo mientras se sostenía la cabeza con una mano.
Todos tenían la resaca de su vida. Pero afortunadamente, Hikari y Green se levantaron antes para poder tomar posesión del baño.
—Gracias —dijo suspirando y en cuanto tocó la perilla del baño, alguien lo empujó y le cerró la puerta en la nariz.
Se pudo escuchar que era alguien vomitando.
—¡Leaf-san, abra, es el único baño! —gritó Hibiki, el que llegó unos segundos después de que se cerrara la puerta.
Green se agarró la nariz y la cabeza, el golpe le había dolido y la voz de Hibiki había hecho que su jaqueca aumentara
—¡Green-senpai! ¿Está bien? —preguntó Hikari preocupada, casi en un susurro, ella también se agarraba la cabeza adolorida por el grito de Hibiki.
—En serio… como la odio —fue su nasal respuesta.
—¡Malditos ruidosos, cállense! —se escuchó a Yuuki quejarse desde la habitación de huéspedes.
—¡Cállate tú…! ¡Ay! —gritó Green tomándose la cabeza con ambas manos, Hikari ahora se cubría los oídos con una expresión de dolor.
Después, se vio a Red salir de su habitación, empujar a Hibiki, abrir la puerta de una patada y sacar a Leaf de allí de la misma manera, luego, cerró la puerta en las narices de todos.
—¡Red! —gritó Leaf enfadada.
—¡Ábrenos! —gritó Hibiki empezando a golpear la puerta de nuevo.
—¡QUE SE CÁLLEN! —Les gritaron Green y Yuuki, Hikari y el campeón se lanzaron contra Hibiki para evitar que siguiera golpeando estruendosamente la puerta.
