Hey!

Debo admitir que escribí este capítulo hace varias semanas (de hecho la historia otra vez me está alcanzando) y al releerlo me di cuenta de todo lo que había escrito y de lo profundo que puede afectar a alguien la pérdida de la persona amada. En este capítulo por fin termina la espera en la que los he tenido a todos (Tony, perdóname por hacerte sufrir).

Espero les guste.

Nos leemos en las notas finales.

Disfruten su lectura :D


Capítulo 44

Por ti


Steve no podía más consigo mismo. Estaba emocionado y aterrado al mismo tiempo. No podía creer que por fin, luego de cuatro interminables días, en los que había recobrado casi todas sus fuerzas, habían llegado a puerto. Viajaron durante toda la tarde en dirección a Nueva York y cuando llegaron ya se había hecho de noche. El frío del invierno ya había desaparecido y la noche era un tanto oscura, pero agradablemente cálida. Tomaron un autobús en dirección al antiguo departamento del soldado y entraron por la escalera de incendios.

Las cosas estaban tal como él las había dejado tantos meses atrás, el día en que se fue a vivir a la torre Stark. Paseó la mirada por cada una de las superficies y la dejó caer sobre su sofá preferido, luego en el sofá donde tuvo esa amena plática con el millonario aquella mañana en que apareció de improviso para proponer la locura de vivir todos juntos en la torre. La mejor cosa que le había pasado en la vida.

James lo miraba en silencio, observando cada cambio que pasaba por su rostro al mirar al interior de aquel destartalado lugar. De pronto la mirada de Steve se posó en él y por un segundo el pelinegro no supo qué hacer ni adónde mirar.

―Tienes que quedarte aquí esta noche, Buck. ―El pelinegro frunció el ceño ante el apodo, aún no terminaba de acostumbrarse a esa forma tan familiar en que lo trataba Steve. ―Mañana en la tarde, a eso de las seis, tienes que presentarte en la torre Stark. Puedes tomar un taxi a la vuelta de la esquina y pedir que te lleve allí, todos saben dónde está la torre.

― ¿Qué se supone que le diga a Stark? No puedo llegar y disculparme por algo que apenas recuerdo. ―Lo miró con duda.

Aunque habían hablado del asunto en su departamento en Bucarest, el pelinegro seguía sin estar seguro de ello. Sí, había dicho que los recordaba a todos, pero no recordaba el cómo ni el cuándo; esos datos se habían mezclado y luego se habían borrado entre cada uno de los procedimientos para borrar su memoria. No quería que esos recuerdos volvieran a él al hablar con el hijo de dos de las personas que había asesinado.

―No te preocupes por eso. Ya te lo dije antes de venir aquí, tu principal problema será la amenaza de Tony de enviarte al hospital en cuanto te vea. Lo conozco, lo intentará y, probablemente, lo consiga. ―Sonrió tal como lo había hecho la primera vez que se lo dijo. Esa sonrisa que confirmaba que Steve no haría nada para defenderlo de su novio.

―Y yo no me resistiré. ―Suspiró y se sentó en el brazo del sofá. ―Si eso es lo que necesita para perdonarme, lo aceptaré. Será un peso menos sobre mis hombros si consigo algo de perdón por lo que me obligaron a hacer. ―Su mirada se ensombreció.

― ¿No te irás?

El otro negó con la cabeza y extendió su mano hacia él. Se dieron un apretón de manos con la promesa de verse al día siguiente en la torre. Steve dio media vuelta y salió por la misma ventana que habían utilizado para entrar. Necesitaba llegar pronto con Tony.

•••

Steve se bajó del taxi y caminó en medio de la oscuridad en dirección a la entrada del vestíbulo de la torre. Ingresó su clave y entró. La voz de JARVIS lo sobresaltó.

Bienvenido, Capitán. Es grato tenerlo de regreso después de tanto tiempo ausente. Informaré al Señor Stark de su llegada, de inmediato.

―Espera, JARVIS. No informes de mi llegada aún y dime donde está Tony.

Como prefiera, Capitán. El Señor Stark está en su habitación. ―Informó.

Caminó a paso rápido al elevador y entró en él.

Cada piso que subía aumentaba los latidos de su corazón. Había estado tantas semanas inconsciente que no tuvo realmente una correcta percepción del tiempo que estuvo sin Tony, pero esa semana que Bucky le había obligado a permanecer en cama para recuperarse, sumado a esos seis días de viaje, se le habían hecho insufribles y eternamente largos. Extrañaba a Tony de una forma que jamás creyó posible. Nunca había añorado tanto la presencia de alguien a su lado. Extrañaba sus sonrisas, sus ojos brillantes, sus besos, extrañaba todo de él.

El sonido de la puerta del elevador le trajo de regreso de sus pensamientos. Se había detenido en su piso. Iba a preguntar el porqué de eso, pero comprendió que JARVIS se refería a su habitación, no a la de Tony.

Dio un paso dentro del piso y respiró profundamente, armándose de valor. No sabía cómo se lo tomaría Tony, tal vez estuviera enojado por no comunicarse antes, pero no tenía como hacerlo; sin contar que había estado inconsciente por semanas. Aunque si Tony estaba dormido en su cama no podía estar muy enojado con él.

Caminó en dirección a la habitación. La puerta estaba abierta y pudo ver a Tony de espaldas a esta, recostado en la cama. Se acercó con lentitud y en completo silencio, con el corazón latiendo con fuerza, tratando de no despertarlo. Rodeó la cama y la imagen que vio le causó un fuerte dolor en el pecho. Tony no estaba enojado con él. El moreno estaba de lado en la cama, cubierto con el edredón hasta la mitad del abdomen, con un brazo extendido sobre su escudo. Sus dedos se aferraban al borde del escudo como si fuera una tabla en medio del mar. Le observó detalladamente gracias a la tenue luz que la luna creciente dejaba entrar por las cortinas mal cerradas; estaba pálido y ojeroso, sus mejillas hundidas y su cabello desordenado. El dolor que sintió en un principio se hizo más fuerte al ver aquella imagen. Lo miró un poco más y se fijó en que llevaba una de sus camisetas. Varias veces le había visto ponerse esa camiseta al salir de la cama y ahora podía notar que le quedaba mucho más grande que la última vez; Tony había adelgazado mientras él no estuvo.

La imagen demacrada y débil del genio le dolió en lo más profundo de su alma porque sabía que era por su causa. Si no hubieran ido a esa misión… No. No podía pensar de esa forma. No era su culpa. Ellos habían cumplido con su deber al ir en aquella misión. Los únicos culpables eran los soldados de Hydra y esa bomba que fue disparada en dirección a Tony.

En parte se alegraba de saber que, dentro de todo, el sentimiento que llenaba su pecho, ese que le decía que Tony estaba vivo, que estaba bien luego de aquella explosión, había sido acertado. Tony había sufrido por su ausencia, pero lo había salvado de la bomba y eso era todo lo que importaba. Tony estaba vivo, estaba bien y estaba durmiendo tranquilamente en su cama.

Sonrió ante aquel último pensamiento.

Con mucho cuidado quitó el escudo de la cama sin despertar a Tony y lo depositó en el piso alfombrado. Se sentó junto a él y lo observó. Detalló una vez más su rostro y comprendió lo mucho que ambos se habían necesitado en esas semanas. Tony probablemente lo creía muerto. Una de sus manos se acercó inconscientemente al rostro del moreno y se posó en su mejilla. Acarició con suavidad. Una arruga apareció en su frente y los ojos del moreno comenzaron a abrirse.

Al abrir los ojos y reconocer a Steve, Tony se abrazó a él con fuerza, sin querer soltarlo jamás, temiendo que desapareciera como cada vez que soñaba con él. Como en todas esas dolorosas pesadillas que lo asaltaban últimamente.

―Steve. ―Susurró con la voz rota y ronca. ―No te vayas. Por favor, no te vayas. ―Murmuraba una y otra vez sin abrir los ojos.

Los brazos del soldado rodearon ese delgado cuerpo con fuerza en un abrazo tan necesitado que casi dejó al moreno sin aliento. Hundió la cabeza en el cuello del genio aspirando su aroma, convenciéndose de que era real. Convenciéndose de que por fin estaba ahí. Que por fin estaba con él, luego de extrañarlo tanto.

―No me iré. ―Murmuró contra su oído, mientras los brazos del genio lo rodeaba con la misma fuerza que él, sin soltarlo ni un poco.

―Siempre dices eso. ―Contestó con tristeza. ―Cada vez que te sueño prometes que no te irás, después desapareces y al despertar no estás aquí.

Esas palabras hicieron mella en el corazón del hombre de los años cuarenta. Su voz le partió un poco más el corazón. No podía permitir que Tony pensara que estaba soñando. Debía hacerle ver que estaba realmente ahí. Tenía que hacer algo para que Tony perdiera el miedo a que desapareciera otra vez.

Con dificultad logró que el genio soltara un poco el abrazo y dirigió sus manos al rostro demacrado del hombre frente a él. Lo tomó firmemente y le obligó a mirarlo a la cara. Cuando sus ojos, opacos por la tristeza, se posaron en los del soldado, el brillo pareció volver a ellos. Tony nunca veía claramente los ojos del rubio en sus pesadillas, ahora sí; se quedó prendado de sus ojos por un eterno minuto y después observó su rostro. Ahí fue cuando se dio cuenta de que no era un sueño.

―Steve. ―Soltó en un jadeo. ―Eres tú. En verdad estás aquí.

Sin responder, el soldado se acercó lentamente y posó sus labios sobre los suyos en un beso casto. Fue un toque de labios simple y suave que duró una deliciosa eternidad. Un beso cargado de sentimientos, con un "te extrañé" impreso en la simplicidad del mismo. Cuando se separaron, Tony se abrazó a su cuello y se dejó caer en la cama, arrastrando consigo al súper soldado.

Estuvieron así, simplemente abrazados, por largos minutos que bien pudieron convertirse en horas. No querían alejarse del calor del otro. De ese calor que tanto habían añorado.

―No sabes lo mucho que te extrañé, Steve. ―Dejó salir en un susurro. ―Te busqué. Luché porque me dejaran entrar a Siberia para buscarte y te busqué; envié a la Legión de Hierro por ti, pero no te encontré. Por un momento, llegué a considerar la idea de que estuvieras muerto.

La cabeza de Tony se escondió en su cuello al decir eso último.

―Alguien me encontró y me salvó la vida. Estuve inconsciente por semanas y desperté hace unos días. Tuve que mantenerme en reposo por una semana antes de poder volver a buscarte.

Tony lo miró con confusión por un momento.

―Te contaré todo con detalles cuando estemos todos juntos. Supongo que el equipo tendrá las mismas preguntas que tú.

Con esa aclaración el genio se quedó más tranquilo y volvió a descansar su cabeza en el hombro de Steve.

Sus respiraciones eran tranquilas y acompasadas, pero ninguno de los dos estaba dormido. Era tanta la emoción de volver a estar juntos y tanto el miedo de volver a despertar sin el otro que no podían dormir. Pasado un rato, la mano de Steve acarició su abdomen y se metió debajo de la camiseta buscando un poco más de cercanía para asegurarse de que todo era real. Ninguno de los dos esperaba que de los labios del genio saliera un gemido.

Steve contuvo el aliento.

Para Tony había pasado demasiado tiempo sin sentir las manos de su soldado sobre su piel, demasiado tiempo sin sus besos, sin sus caricias tiernas, sin sus caricias ardientes que encendían su piel con cada toque.

―Estás usando mi camiseta. ―Mencionó mientras seguía acariciando distraídamente la cálida piel, esperando escuchar otro gemido.

El moreno asintió y dejó salir un suspiro pesado. Realmente había pasado demasiado tiempo desde que Steve lo había acariciado y lo necesitaba. Hasta ese momento no se había dado cuenta de lo mucho que necesitaba sentir su calor y sus caricias. Su respiración se volvió irregular y su sangre comenzó a arder dentro de sus venas, su cuerpo empezó a palpitar ante la anticipación y el deseo.

―Por favor. ―Rogó en un gemido lastimero. ―Steve.

Al escuchar esa súplica, sin saber lo mucho que también deseaba aquello, Steve se sentó a horcajadas sobre el mecánico y con ambas manos subiendo por su torso, arrastró su camiseta hacia arriba. Lanzó la camiseta a un lado y descendió a besar el pecho de Tony. Se encontró con sus placas alrededor del cuello del genio y siguió subiendo hasta llegar a sus labios para besarlo profundamente.

Besó con profundidad, con hambre, con deseo y con amor. Sintió los labios del moreno separarse para dejarle paso a su lengua que no tardó en buscar la del otro; sus lenguas se encontraron y sus bocas amortiguaron el sonido de sus gemidos de placer. Sentir el contacto de la lengua del otro por primera vez en tanto tiempo les hizo ver el cielo. Entrelazaron sus lenguas en caricias suaves y dulces, reconociendo el sabor del otro, disfrutando del momento. La lengua de Steve recorrió el interior de la boca del moreno, acarició su paladar con sensualidad arrancándole un jadeo, provocando que Tony tirara de sus cabellos con fuerza.

El beso terminó con un sonido húmedo por la mezcla de saliva. Se miraron a los ojos.

Steve se quitó la chaqueta y la camiseta en un movimiento rápido y las manos de Tony volaron a su torso, luego a su espalda. Acariciando y apretando la suave piel a su paso. Levantó su cabeza de la almohada y depositó húmedos besos en sus pectorales, donde pudo identificar un par de cicatrices recientes. Acarició el marcado abdomen de su soldado y descubrió un pequeño vendaje en uno de sus costados.

―No es nada. ―Le aseguró el rubio, al sentir que se detenía.

Tony no le creyó del todo, pero siguió con su recorrido hacia el pantalón; ya le preguntaría más adelante por esa herida. Sus manos alcanzaron el borde de sus pantalones y rápidamente los desabrochó. Steve estaba igual de ansioso por ese encuentro, así que se levantó de la cama y se quitó los pantalones y toda la ropa que le quedaba, quedando completamente desnudo ante los ojos del genio. Se acercó a la cama nuevamente y desvistió con agilidad a su novio, y volvió a recostase junto a él.

Se acercó a su cuerpo y comenzó a besarlo con todas las ansias que lo carcomían. Una de las piernas de Steve fue a parar entre las de Tony, pegando su torso al costado del moreno. Una de las manos del genio estaba posada en su cuello y la otra se aferraba a su espalda, impidiendo que se alejara; Steve no deseaba alejarse, todo lo contrario.

El beso se deshizo y, sin palabras, Steve se colocó entre las piernas del genio, que lo recibió con gusto, y comenzó a frotarse contra él.

Sentir nuevamente el cuerpo caliente de Steve contra el suyo fue algo tan abrumador que Tony no supo cómo reaccionar. Sus manos cayeron a sus costados y apretó las sábanas con fuerza. Lo deseaba y lo necesitaba. Sentía algo extraño, como si necesitara que Steve le hiciera el amor para poder, finalmente, convencerse de que estaba ahí en la cama con él. Sintió a Steve estirarse sobre él, buscando el lubricante en el cajón de la mesilla y se quedó ahí. Paralizado y expectante. Su respiración de aceleró y su corazón latía desbocado dentro de su pecho. Cuando los dedos de Steve, cubiertos por el viscoso y frío líquido, se hundieron en su cuerpo no pudo hacer otra cosa que gemir. Dejó salir un gemido tan grave, profundo y necesitado que casi le pareció ajeno. Los dedos del rubio se movían en su interior con expertiz, sabiendo exactamente qué hacer; cuando entrar, cuando salir y a qué velocidad hacerlo, y los jadeos que salían de los labios del genio aumentaban con cada movimiento. Sus ojos cerrados; sus piernas abiertas, dejándolo vulnerable y expuesto. Gimió en protesta cuando los dedos que lo preparaban salieron de su cuerpo demasiado pronto.

Los labios de Steve sellaron los suyos y ahogaron el quejido que salió de su garganta al sentir el duro miembro abrirse paso en su interior. Su beso entorpeció cuando Steve comenzó a penetrarlo con lentos movimientos dentro y fuera de él; movimientos largos y deliciosos. El vaivén que lo enloquecía le obligó a llevar sus manos a la espalda de Steve, donde apretó la piel caliente y sudorosa, dejando ligeras marcas de sus dedos.

Los besos de Steve bajaron por el cuello de Tony hasta llegar a su pecho, sin dejar de moverse en su interior. Mordió con suavidad sus endurecidos pezones y lamió sus pectorales con sensualidad. Sintió las manos de Tony viajar a su espalda y apretar su piel con fuerza, pero no le importó. Las piernas de Tony rodearon sus caderas y le obligaron a hundirse más profundo en su interior. Steve escuchó un largo gemido proveniente de su amante. Aceleró el ritmo solo un poco y cambió ligeramente el ángulo de sus penetraciones, y fue premiado con un jadeo ahogado junto a su oído.

Se tomó un momento para observar el rostro de Tony; sus ojos fuertemente cerrados, su ceño fruncido por el placer, sus labios entreabiertos dejando salir suspiros, gemidos, jadeos y, de vez en cuando, su nombre. Descendió hacia sus labios y los devoró con hambre al tiempo que aceleraba un poco más el ritmo, pero siempre conteniendo su fuerza.

―Steeeve, ―gimió larga y roncamente― voy a…― soltó el moreno en un jadeo.

De pronto, el interior de Tony comenzó a contraerse sobre su erecto miembro, succionándolo cada vez que salía de su cuerpo. Llevó una de sus manos a la erección del genio y masturbó con suavidad, pero firmemente. Eso fue todo lo que el moreno necesitó para dejarse ir y liberar su orgasmo en la mano de Steve. Su canal se apretó aún más e inmediatamente después, Steve eyaculó en su interior con fuerza, dejando salir un ronco gemido de su garganta.

El rubio se dejó caer, cansado, sobre el cuerpo de Tony, que lo abrazó con fuerza. Luego de un rato trató de moverse para no aplastarlo, pero este se negó.

―Quiero sentirte cerca. No quiero que te vayas. ―Su voz sonó un tanto alarmada.

―Tony, no quiero aplastarte. ―Trató de razonar con voz suave.

―Está bien. ―Rezongó el otro. ―Pero solo un poco.

El soldado se movió hacia un lado, pero la mitad de su cuerpo siguió cubriendo el del genio. Ambos cómodamente abrazados se quedaron así, en un letargo que duró casi una hora.

― ¿Me buscaste? ―Preguntó el rubio con el rostro hundido en el pecho del mecánico.

―Lo hice. ―Aseguró el filántropo. ―Tuve que solicitar ayuda del gobierno para llevar a la Legión de Hierro a Siberia, pero no pudimos localizarte. Traté de ser diplomático y hablé con muchas personas. Desagradables personas, Steve. Todo para poder buscarte. Incluso la espía rusa amenazó a unos cuantos políticos y militares importantes. ―Contó. ―Cuando la Legión no te encontró, comencé a perder las esperanzas. Pensé que si estabas vivo habrías encontrado la forma de comunicarte conmigo, pero no fue así.

―Estoy aquí ahora.

―Lo sé. Sentía algo en el pecho que me decía que estabas vivo en alguna parte, pero de alguna forma creí que si estabas muerto, sería mi culpa. ―La cabeza de Steve se movió, lo estaba mirando, Tony lo sabía, pero decidió no bajar la mirada. ―Trataste de salvarme de esa bomba. Creí que habrías muerto por mi culpa. Por protegerme. Por mí.

Steve se levantó lentamente, asimilando sus palabras. Dirigió una de sus manos al rostro del otro y le hizo mirarlo.

―No es así, Tony. ―Suspiró. ― Desde que era un chico enclenque y debilucho siempre estuve dispuesto a morir por lo que creía justo: por mi país, por la gente y por mi equipo, pero jamás moriría por ti. ―La respiración de Tony se detuvo y su corazón se apretó al escuchar sus palabras. Tony estaba dispuesto a morir por Steve. Al ver la expresión dolida de Tony, Steve sonrió con una mezcla de preocupación y algo de diversión; Tony siempre se imaginaba los peores escenarios.―Por ti. ―Continuó, captando la mirada de su amor. ―Por ti estoy dispuesto a vivir, Tony. Viviré cada uno de mis días para estar contigo y hacerte feliz. Viviré por ti.

Tony no se esperaba esas palabras. Sus ojos comenzaron a brillar y las lágrimas que había contenido por tanto tiempo comenzaron a bajar por sus mejillas. Se abrazó con fuerza al súper soldado y dejó sus lágrimas caer sobre su cuello. Steve lo abrazó más cerca de su cuerpo y comenzó a acariciar su espalda en silencio.

―Te amo. ―Dijo después de un rato, cuando estuvo seguro que su voz no lo traicionaría.

Steve sonrió y siguió acariciando su espalda y sus castaños cabellos hasta que el moreno se levantó sobresaltado. Las manos de Tony lo obligaron a dejarse caer de espaldas sobre el colchón y posteriormente se sentó a horcajadas sobre su regazo. Se quedó serio por un momento, soportando el escrutinio al que Tony lo sometía.

―No sabía que podías dejarte crecer la barba. ―Dijo con el ceño fruncido por la confusión.

El soldado no pudo hacer otra cosa más que dejar salir una carcajada.

―No tienes la menor idea de lo mucho que te extrañé. ―Dijo divertido y lo besó. ―Te amo, Tony.

Luego de eso dieron la orden a JARVIS de mantener la llegada de Steve en completo secreto y no permitir la entrada a nadie al piso. Querían mantener la burbuja de felicidad en secreto por un poco más de tiempo. Después se quedaron dormidos, fuertemente abrazados, con el mecánico sobre el ancho cuerpo de Steve.


Ojalá les haya gustado este capítulo, lo escribí con mucho cariño.

Al principio no estaba segura de agregar o no la escena de ellos haciendo el amor, pero me pareció adecuado para la ocasión y creo que quedó bastante bien. ¡Tengo una noticia! Ya decidí cuantos capítulos quedan para terminar Nuestra Historia. Creí que era justo que lo supieran. Todos sabíamos que en algún momento terminaría y solo diré que es dentro de este año.

Les tengo una súper sorpresa para el próximo capítulo ;) pero es un secreto xD

Ya saben que si les gustó pueden dejar un review.

Nos leemos pronto.

Besos.

Bye :D


Lunes 02 de Abril, 2018.