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Viktor aún no tenía 21 años la segunda vez que asistió al Tanabata, pero esta vez con Yuuri.

A pesar de haber vivido ya varios años en Japón, Viktor no se había interesado tanto en la cultura tradicional japonesa o sus costumbres más antiguas, mucho menos al punto de seguirlas o asistir a las festividades anuales, sin mencionar que el peliplateado y su familia solían regresar a Rusia durante el verano y el invierno, por lo que se perdían varios festivales importantes.

No obstante, durante su noviazgo con Yuki, ésta le había contado sobre la leyenda de Orihime y Hikoboshi, un par de amantes que sólo se encontraban una vez al año durante el Tanabata en forma de estrellas fugaces...Viktor debió admitir que encontró aquella historia muy trágica y romántica, por lo que pensó que asistir al festival con Yuki haría que su noviazgo con ella se sintiese más real (lo cual obviamente no funcionó).

Sin embargo, él sabía que asistir al Tanabata con Yuuri sería una experiencia mucho mejor que la del año anterior, pues, en primer lugar, Yuuri y él estaban muy enamorados, y el sólo hecho de estar juntos ya era suficiente para que cualquier día fuera especial (Chris lo llamaba cursi debido a esto); y en segundo lugar, su relación sí se sentía como una.

Ese día desde temprano el peliplateado se presentó en Yu-topia para recoger a su novio, pues el festival sería llevado a cabo al otro lado de la ciudad y debían llegar por tren. Toshiya le ofreció a Viktor uno de sus viejos yukatas para que ambos chicos vistieran ropas tradicionales. El peliplateado entonces eligió un yukata color vino con motivos florales y recogió su cabello para evitar que se enredara con el viento, mientras que Yuuri un yukata azul con rayas doradas y peinó su cabello negro hacía atrás.

"No puedo creer que lleves casi cuatro años viviendo en Japón y nunca hayas usado un yukata antes." Comentó el moreno al verlo batallar para atarse la ropa. Hiroko fue la que tuvo que ayudarle a vestirse. "Los yukata del onsen no cuenta." Se apresuró a decir cuando Viktor abrió la boca para replicar.

"Y yo no puedo creer que no peines tu cabello hacia atrás más seguido. ¡Te ves muy guapo!" Dijo con el mismo tono de alarma que su novio como reclamo.

"Me da flojera peinarme." Respondió encogiéndose de hombros para restarle importancia, y le dio una palmadita en la cabeza a Vicchan como despedida.

"Pues a mí me da flojera conseguir yukata." Contestó con una media sonrisa.

"No encuentro fallas en tu lógica." Resolvió en decir para zanjar el tema, y ambos rieron.

A sus siete meses de relación, muchas personas en Hasetsu ya se habían percatado de su manera tan amorosa de actuar, por lo que casi nadie se sorprendió de verlos juntos en el festival. Aunque eso no evitó que hubiese chicas que se acercan a saludar a Viktor y tratar de coquetear con él, algo que hacía que Yuuri se tensara cada vez más conforme más chicas se acercaban. Sin embargo, Viktor solucionó aquello enseguida. Lo único que tuvo que hacer fue tomar un selfie de él besando la mejilla de un ruborizado Yuuri, y rodear su cintura el resto de la velada. Eso evitó que fueran molestados de nuevo, y que Yuuri volviera a sonreír entusiasmado. Pero para frustración de Viktor, el moreno no se dio cuenta que hubo un par de chicas y un chico que también intentaron de coquetear con él, a los cuales el peliplateado tuvo que espantar con miradas desafiantes.

Y antes de terminar la velada, la pareja colgó un papel con bueno deseos escritos en un árbol de bambú sin saber que ambos habían pedido lo mismo, estar juntos para siempre.

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Un par de semanas más tarde, Yuuri lo invitó quedarse en Yu-topia para que pudieran pasar juntos el verano. El peliplateado aceptó gustoso, aunque tuvo que jurarle a Sergei, a Toshiya, y a Minako, que no obligaría al menor hacer nada que él no quisiera. Viktor estaba consciente de que los mayores no desconfiaban del todo de él, pero era obvio que ellos sabían que él era una persona demasiada impulsiva y que podría llegar a hacer algo de lo que se pudiera arrepentir después.

"¿Sabes? Es posible que Yura venga a Japón." Comentó un día mientras comían sandías en el comedor de Yu-topia. Era un día especialmente caluroso en el que Yuuri, los poodles, y él habían estado en la playa con Phichit, Chris y los Nishigori.

"¿En serio?" Inquirió el moreno. El rubio y él no se hablaban mucho por chat debido a la diferencia de horarios, pero conversaban un par de veces por semana. "Él no me ha dicho nada."

"Es porque sólo es una idea, por ahora." Contestó Viktor encogiéndose de hombros. "Mi tíos piensan que sería bueno para Yura que aprendiera otros idiomas por si acaso, así que mamá les ofreció hospedaje en nuestra casa para que pase un año de intercambio en Japón. Pero Yura apenas tiene 11 años, por lo que mis tíos creen que aún es muy joven para estar fuera de casa. Aunque es posible que lo dejen venir de visita el próximo año."

Los día pasaron junto con el aire veraniego, y se volvió costumbre para la pareja tener citas por todo Hasetsu mientras paseaban a Vicchan y Makkachin, para después ir al Ice Castle a patinar hasta que se sintieran cansados o con hambre, entonces volvían a casa para relajarse un rato en el osen antes de cenar.

Viktor ya había estado dentro de las aguas termales muchas veces con Yuuri, pero la mayoría de esas veces ambos estaban acompañados de extraños o de clientes habituales, jamás ellos dos solos. Pero esa noche en especial hubo poca clientela a causa del calor del verano, al punto que los Katsuki decidieron cerrar el negocio temprano, y a consecuencia, la pareja pudo disfrutar del onsen en privado.

Fue algo difícil, pero Viktor consiguió mantener su vista sobre los ojos de Yuuri y nunca bajarla para ver su cuerpo desnudo, entrenado y torneado por años de ballet y patinaje y que no era tapado por el agua caliente. Es cuando entraron a los casilleros cuando comenzó el problema.

El peliplateado continuó haciendo su mejor esfuerzo para no mirar a su novio mientras se vestían, siempre manteniéndose de espaldas a él. Se volvió a verlo cuando creyó que ya había pasado el tiempo suficiente. Entonces comenzaron a hablar... y una cosa llevó a la otra, terminando con Yuuri sobre su regazo y exhalándole el aroma caliente de las aguas saladas sobre su boca, teniendo Viktor que huir de la habitación por temor a que los señores Katsuki, o peor aún, Mari, entraran a buscarlos.

Yuuri no era un chico inocente ni santurrón como todos parecían creer que era. Viktor lo conocía bien. Además, el peliplateado se recordaba a sí mismo con 16 años; una edad en la que él mismo comenzó a fantasear con mujeres y hombres, pero que debido a sus experiencias amorosas anteriores prefería quedarse al margen de cualquier relación sentimental. Es por eso que no le molestó perder su virginidad con una desconocida, quien desde el principio fue honesta con él y le dijo que lo quería por su cuerpo (eso era mejor a que jugaran con sus sentimientos), y mientras que Yuki, quien lograba excitarlo, no pudo lograr que Viktor sintiera una conexión lo suficientemente fuerte con ella como para querer intimar (enterándose después que la chica sólo lo quería por su dinero).

Mientras tanto, Yuuri... El niño tímido que primero fue su alumno, después su amigo, después mejor amigo, y ahora su novio... Viktor realmente quería tener sexo con Yuuri, mostrar sus sentimientos hacia él por medio de sus cuerpos encontrándose al calor de un dulce vaivén. ¿El problema? Lo mismo de siempre, sus edades.

Para el chico japonés quizás era fácil verlo como a un amante, pero para Viktor... había ocasiones en las que él seguía viendo a Yuuri como a aquel niño pequeño y asustadizo que necesitaba protección. Y aunque ya habían hablado sobre sexo antes, siempre fue para asegurarse uno al otro en que no tenían por qué intentarlo tan pronto. No obstante, en ese momento, Yuuri rompió aquel acuerdo y parecían en verdad querer 'comenzar algo' de lo que el peliplateado aún no estaba seguro de si estaba listo en traspasar.

Cuando entró a la habitación que las mujeres Katsuki le habían habilitado para dormir, el peliplateado tuvo que apresurar a bajar aquella vergonzosa erección. Viktor aún podía sentir sobre su piel el fantasma del aliento caliente de Yuuri sobre su oreja y el delicioso olor de su cabello negro mientras que su mano subía y bajaba hasta que se sintió satisfecho.

Un par de horas más tarde, Viktor soltó un suspiro de frustración, con su espalda pegada al futón y mirando al techo en plena oscuridad mientras Makkachin jugaba a morder una pelota de hule al otro lado de la habitación. Realmente se arrepentía de haber rechazado a Yuuri de esa manera, no obstante, entró en pánico y no supo cómo reaccionar en el momento. Y se sintió aún peor cuando, durante la cena, Yuuri lo ignoró por completo.

¿Acaso Yuuri estaba enojado con él? ¿Le estaba haciendo la ley de hielo para darle una lección, justo como Yuki lo hacía? ¿Acaso ya no lo quería como novio porque no pudo tener sexo con él?

Viktor no podía cerrar los ojos debido a la incertidumbre. Aunque una sonrisa de alivio se formó en sus labios unos minutos más tarde cuando recibió un mensaje de texto de Yuuri el cual le deseaba buenas noches... Eso significaba que no estaban peleados, ¿cierto? O si estaban peleados, al menos no era algo que no pudieran resolver juntos.

Viktor, más tranquilo, trató de dormir.

"Makkachin, no puedo dormir." Dijo al fin alrededor de las tres de la mañana. El poodle abrió pesadamente sus ojos negros y lo miró atentamente, quizás esperando a que su amo dijera algo más. "¿Crees que a Yuuri le moleste si voy a su habitación?..." Makkachin, al escuchar el nombre de quien consideraba 'su segundo amo' se giró sobre sí mismo y se levantó del futón para ir a la puerta. "Tomaré eso como un no." Murmuró con una media sonrisa.

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Tras terminar las vacaciones de verano y de que sus padres volvieran de Rusia, Viktor y Yuuri tuvieron que sufrir el horrible dolor de tener que vivir en casas separadas de nuevo.

"Dejen de llorar. Cuando Yuuri tenga 18 podrán casarse y vivir juntos si quieren." Había dicho Mari con hastío cuando la pareja no quería dejar de abrazarse, pues eso significaría que el ruso tendría que dejar Yu-topia y volver a su mansión. Yuuri obviamente terminó con el rostro ruborizado mientras que Viktor rió y se despidió de él con un beso en la mejilla.

La parte positiva era que Yuuri había decidido tomar otro curso de patinaje para acompañarlo durante su último curso como instructor (Minako lo entendió), así que se seguirían viendo por las tardes, acompañarse a casa, y ayudarse con las tareas (exceptuando cuando tenían tareas de equipo con sus respectivos compañeros de clases).

Viktor pronto cumpliría los 21 años, pronto sería legalmente un adulto en Japón. Tenía la opción de esperar a salir de la universidad para conseguir un trabajo, pero eso ya lo tenía casi resuelto debido que su padre era el Director de una empresa departamental, por lo tanto, su padre le prometió un puesto en el cual debía cubrir al mismo tiempo que continuaba estudiando. Sin embargo, los Nikiforov no era una familia que regalara las cosas a quienes no lo merecían, así que Viktor tendría que empezar desde lo más bajo de la jerarquía dentro de la Empresa y subir por sí mismo en el escalafón para ganarse su sueldo conforme a sus funciones, que sería Ayudante del Gerente. Él no era un hijo de papi.

Lo único que le preocupaba era quién tomaría su lugar como instructor, pero estaba seguro de que su Yuuri haría un buen trabajo.

"Viktor, ¿está bien si trenzo tu cabello?" Preguntó un día una de sus tantas compañeras de clases de las que no recordaba su nombre mientras ésta agitaba sus negras pestañas en un intento de coqueteo. El peliplateado, reteniendo un suspiro de molestia que por poco salía de sus pulmones, levantó la mirada del texto que leía y mostró una sonrisa fingida.

"No. Pero gracias por tu ofrecimiento." Dijo lo más cortés que pudo. Viktor ya estaba harto de que la gente quisiera tocar su cabello. Entendía la fascinación de todos por su exótico cabello plateado (al aparecer nadie más en Hasetsu lo tenía ese color mas que su padre y él), pero las chicas siempre trataban de peinarlo, como si él se tratara de una muñeca viviente. Incluso una tipa había sugerido maquillarlo, y el ruso no supo cómo decirle que se fuera al diablo sin que sonara grosero (no lo hizo). El hecho de ser un hombre bisexual con cabello largo no lo hacía automáticamente querer usar maquillaje, pintarse las uñas, o sentirse mujer.

La chica, aun sonriendo, tuvo que retroceder un poco puesto no esperaba que Viktor la rechazara. No obstante, eso no hizo que ésta desistiera de su intento por captar su atención. Viktor entonces regresó vista al libro. A diferencia de la chica, él sí se esmeraba en sus estudios y consultaba los libros de la biblioteca en lugar de usar la Wikipedia.

"Así que... ¿cómo van las cosas contigo y tu novio?" Dijo la chica en un tono de duda, como si no creyera que Viktor tuviera un hombre de pareja. El peliplateado la habría ignorado pero... cerró el libro. Amaba presumir a su novio.

"¡Genial! Mi novio es un amor." Dijo recalcando la 'o' para reafirmar el género. "Él es el chico más maravilloso y dulce que conozco. Tenemos 10 meses de relación. Nunca había durado tanto con alguien antes, y pasaremos las navidades juntos."

"Entonces es una relación seria..." Inquirió la chica haciendo una mueca de disgusto, pero que pronto cambió a una más amigable. "¿Sabes? Tengo amigos que son como ustedes, quizás pueda presentarlos..."

Ah. Claro. Viktor debió haber sabido que la chica, si no podía conquistarlo, lo haría 'su mejor amigo gay' para saciar su perversa curiosidad de 'fujoshi'. Pero el peliplateado no iba a darle ese gusto.

"Oh. Sí. Quizás algún día. Pero mi novio y yo estaremos muy ocupados estos días." Viktor tomó su mochila y guardó el libro. Entonces se levantó de la banca del jardín y se dirigió a otro lugar para leer mientras esperaba a que comenzara su siguiente clase.

Días después de aquel incidente, Viktor comentó en voz alta:

"Creo que ya es hora de cortarme el cabello." Dijo antes de darle un mordisco a su hamburguesa. Se encontraba dentro de un local de comida rápida americana junto con Chris y Yuuko. Chris por un momento casi escupe el refresco que bebía y mientras que Yuuko lo miró con sorpresa.

"¿Y ya se lo dijiste a tu novio?" Preguntó el rubio después de limpiarse la barbilla con la manga de su ropa. Minako le había pedido ayuda a Yuuri para que le diera una mano con un grupo de novicios en su clase de Ballet, así que el moreno no se encontraba con ellos.

"Nu, auo nu." Contestó Viktor mientras continuaba masticando la comida. El suizo y japonesa lo miraron con asco fingido, y entonces el ruso tragó. "No, aún no." Repitió antes reír un poco. "Voy a decírselo hoy más tarde."

"¿Vas a regalarle tu cabello?" Preguntó la castaña de pronto. Yuuko tenía ya 7 meses de embarazo y debía guardar reposo, pues esperaba tres niñas y su embarazo era de riesgo, pero cuando escuchó que Viktor y Chris irían a comer comida chatarra, ni siquiera Takeshi pudo detenerla (él confiaba en que el ruso y el suizo cuidarían bien de ella).

"¿Regalarme mi cabello?" Repitió Viktor con perplejidad. "¿Por qué haría eso?"

"¿No lo sabes?" Ahora Chris lo miró con sorpresa. "En Japón, se considera un gesto muy romántico que le regales tu cabello a tu amante. Creí que ya lo sabrías, Señor cursilerías" Dijo burlón.

"Oh..." Los ojos azules de Viktor se abrieron con sorpresa ante tal revelación, y se formó una sonrisa en su boca tan pronto abandonó su hamburguesa. "¡Yuuri siempre dice que le gusta mi cabello! Espero que lo acepte como regalo, entonces." Dijo esperanzado.

No fue sorpresa que al principio Yuuri no estuve muy de acuerdo con la idea de ver a Viktor sin su característica cabellera plateada, pero el moreno sabía que su novio ya estaba harto de cuidar de su cabello y de que otras personas lo tocaran sin su permiso, así que Yuuri le dio todo su apoyo para deshacerse de él. Lo que Viktor no esperaba es que, una semana después, cuando se presentó en la habitación de su novio con su cabello largo cortado y atado impecablemente en una trenza, el chico japonés se llevara las manos a la cara y comenzara a temblar.

"¿Yuuri?" Inquirió preocupado, y se alarmó aún más cuando escuchó un débil gimoteo a través de sus dedos. ¡¿Acaso lo había hecho llorar?! "¡¿Hi-hice algo malo?!"

"¡N-no! ¡Me encanta!" Se quitó las manos de la cara, y, efectivamente, sus ojos estaban crispados y amenazando con llorar. Pero estaba sonriendo. Yuuri se abalanzó sobre el ruso y lo abrazó con fuerza. "No sé qué decir...Yo... ¡Gracias, Viktor! ¡Voy a atesorarlo siempre!" Dicho aquello, lo tomó al ruso de las mejillas e hizo juntar sus labios en un beso largo... el cual continuó en formas de caricias minutos después sobre el colchón, y sólo tras haberse asegurado de sacar a Makkachin y Vicchan de la habitación (quienes comenzaban a acostumbrarse a que sus dueños los dejaran vagar libremente por sus casas en un lapso de alrededor de una hora).

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Viktor tenía 21 años la segunda vez que pasó su cumpleaños (y Navidad) con Yuuri.

A pesar de que sus padres habían propuesto su propia mansión para las festividades, los Katsuki insistieron en hacer la fiesta en Yu-topia como una muestra más de aceptación dentro de su familia. Sergei y Nina estuvieron de acuerdo, y vieron aquello como un merecido descanso, pues normalmente eran ellos los que se encargaban y se estresaban al planear fiestas familiares para tantos invitados.

A diferencia de Rusia y otras partes del mundo, en Japón la Navidad no era realmente una fiesta tan importante (al menos no dentro de las familias más tradicionales). Se consideraba una fiesta más bien para amantes, y no se solían dar regalos a los niños. Pero a Viktor eso no le importaba, le gustaba darles regalos a sus personas favoritas, lo cual incluía a sus primos y a sus amigos en Hasetsu, y por supuesto, a la familia de su novio (incluyendo al novio).

Para Mila, le había enviado ropa que iba a estar de moda en Japón el próximo año (según los Estudios de mercado de la empresa de su padre), como cada año; mientras que a Georgi un libro de romance sobre Samurais, y a Yura mercancía de Hello Kitty. Viktor no estaba seguro si eso le fuera a gustar al niño, pero Yuri amaba cualquier cosa que sobre gatos. También dio regalos a Chris, Phichit y a los Nishigori, pero lo que le entusiasmaba era que sus padres habían accedido a ayudarle en comprarle a su novio una laptop nueva, pues la que tenía ya no funcionaba tan bien. Yuuri amó su regalo.

Para su sorpresa, Yuuri también le había conseguido algo por su cumpleaños. Un videojuego. Años anteriores el chico japonés sólo había podido conseguirle accesorios para su cabello o collares. A Viktor eso no le molestaba eso en absoluto puesto que sabía lo limitado que era el dinero en la familia Katsuki. Además, en verdad amó el brazalete con ilustraciones de poodles que Yuuri le dio años atrás, aún lo usaba de vez en cuando, inclusive se le había roto un par de veces pero lo arreglaba para no desecharlo.

"¿Final Fantasy?" Inquirió con una ceja alzada y una media sonrisa. "¿Es porque me parezco a Sephiroth?"

"¡Eeeek!" Yuuri dio un grito de impresión, y sus mejillas se sonrojaron de vergüenza. Los padres de ambos los miraron con preocupación un momento hasta que se dieron cuenta que nada malo ocurría, entonces continuaron conversando y riendo mientras bebían sake. "¡¿Quién te lo dijo?!"

"Phichit." Dijo, y el mencionado agitó una mano desde el otro lado de la mesa, donde Chris y él conversaban sobre anime. Yuuri rodó los ojos.

Era cierto, Phichit se le había dicho no hace mucho. Lo que Viktor no podía decirle es que ya sabía que lo comparaba con un personaje de videojuegos a causa de su (ya no) largo cabello plateado debido a que lo había escuchado por accidente un año atrás, durante la misma conversación en la que se enteró sobre su crush hacia él.

"Sephiroth no aparece en todos los Final Fantasy, ¿sabes?" Dijo Yuuri como defensa, cruzado de brazos. "A-además, me gustas más tú..."

"Awww. Yuuri. ¡Eres un encanto! ¡Gracias!" Abrazó al mencionado y le dio un pequeño beso en los labios.

Al terminar la fiesta y caer la noche, Viktor durmió en Yu-topia (en su habitación designada) para al día siguiente festejar su primer aniversario de novios con Yuuri desde el amanecer. Y por supuesto que Hiroko les preparó katsudon por segundo día consecutivo.

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Después de Año Nuevo.

Viktor no se sentía tan nervioso como esperaba sentirse en su primer día de trabajo, al menos no tan nervioso como su primer día de instructor algunos años atrás, y esperaba que Yuuri, también en su primer día de instructor, tampoco estuviese tan nervioso; pero conociendo a su adorable novio lo más seguro es que si lo estuviera. Por lo menos los Nishigori estaban con él.

El peliplateado ya conocía a algunos de sus compañeros de trabajo debido a las veces que había visitado las tiendas departamentales y por las fiestas de trabajo que Sergei le sugería asistir para hacer 'amistad' con gente de negocios, por lo que el peliplateado pudo encajar en su nuevo entorno sin necesidad de decirle a nadie que era el hijo del jefe.

Lo único malo de su nuevo empleo es que ahora tenía que idear una manera amable de rechazar los coqueteos de sus compañeras de trabajo sin que éstas se ofendieran, pues la mayoría eran extranjeras sin cohibiciones y no tímidas japonesas. Sergei le había advertido no hablar sobre su relación con Yuuri siendo que éste todavía era menor edad, pero al menos era libre de mencionar que tenía pareja en caso de que alguien le insistiera mucho.

Viktor no tuvo que esperar mucho para que eso sucediera, pues tan sólo un par de semanas después de iniciar su nuevo empleo, ya había algunos compañeros tratando de invitarlo a salir...


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