Disclaimer: Pokémon y su trama no me pertenecen, son propiedad Game Freack y de la compañía Nintendo. La historia narrada aquí es completamente de mi autoría, cualquier parecido con otra historia es pura coincidencia.
Notas iniciales de capítulo: Adivinen quién se está poniendo al día con las actualizaciones (?)
Muchas gracias a todos los que continúan leyendo el fanfic por el apoyo, he decidido actualizar este fic pronto para acabarlo y poder terminar con mis demás pendientes XD
¡Muchas gracias por leer y espero les guste el capítulo!
Onceava Memoria
Enfermo
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Aunque ya se habían vuelto parte de una rutina, los picnic siempre habían sido importantes para Yellow, el simple hecho de poder estar con amigos comiendo y disfrutando de un cálido día le parecía encantador, por eso ese día de picnic (el primero que compartiría con Green) era tan especial para él.
Había dado lo mejor de sí a la hora de preparar los sándwiches y también seleccionando el mantel que pondrían sobre el césped, no obstante, todo lo que hacía de alguna forma era torpe, no era como si hubiese echado a perder la comida, pero estuvo a punto de poner detergente líquido en lugar de mostaza en uno de los sándwiches.
¿La razón? Red. Yellow se dio cuenta con el ceño un poco fruncido que siempre que tenía un debate interno era por culpa del campeón.
No había podido dejar de pensar en los sucesos de la casa de los Tsukusama, en aquella fiesta improvisada donde tuvo su encuentro con unos cuantos adolescentes borrachos; no era como si se hubiese quedado a cuidarlos a todos, apenas llegó, ayudó a Red a llegar a su habitación, conoció a Kristal y luego se marchó a su casa, nada fuera de lo normal. Pero fue lo que ocurrió en la habitación de su amigo lo que le tenía pensando tanto.
Si recordaba la escena, Yellow aún podía sentir como su estómago se revolvía y su corazón empezaba a latir con fuerza, obviamente se sentía nervioso, pero, ¿nervioso de qué? ¿Nervioso de saber que Red estuvo a pocos centímetros de…?
—¡No! ¡Ya basta! —exclamó palmeando sus mejillas, sobresaltando a Doody quien caminaba a su lado— No le des más vueltas al asunto, Red no estaba consciente de sus acciones a-así que no hay razón para seguir pensando en ello… fue… ¡un accidente! ¡Sí!
Con eso buscó motivarse, tratando de apartar de su mente un comentario sobre lo honestos que eran los borrachos que había escuchado una vez de algún marinero. Estaba en camino al lago, el punto de encuentro con Red y Green así que no podía permitirse que pensamientos extraños le arruinaran el día.
Finalmente, llegó a su destino encontrándose con la grata sorpresa de que ya había alguien allí: Red. Yellow al inicio se sintió confundido, Red no era especialmente alguien que esperara, su estilo era más de hacerse esperar pero quizás, pensó el rubio, el chico de la gorra estaba tan emocionado como él por la presencia de su nuevo invitado.
Sonrió un poco y se aproximó, pero su sonrisa empezó a borrarse con cada paso que daba, si conocía a Red tan bien como lo hacía, él habría lanzado a Green de un árbol antes de esperarlo con emoción.
—¿Red-san? —le llamó con un poco de inseguridad.
Red estaba recostado en el suelo con los brazos tras su nuca sirviéndole de almohada, a su lado, Pika se movía casi frenético. El Pokémon en cuanto vio al menor salió corriendo a su encuentro, Yellow se apuró en dejar el canasto con la comida encima de Doody para poder recibirlo con los brazos extendidos, pero a diferencia de las demás veces, Pika no saltó a sus brazos.
—¡Pika pi! —exclamó Pika dando vueltas con angustia.
—¿Qué Red-san qué? —preguntó Yellow con sorpresa corriendo hasta donde el entrenador se encontraba.
Red tenía los ojos cerrados, parecía estar dormido si no fuese por su fuerte respiración y su rostro colorado. Yellow se aproximó a tocarle la frente e inmediatamente con preocupación la apartó. Estaba ardiendo en fiebre.
—¡Doody, ven aquí por favor! —le llamó Yellow de forma apremiada, su Pokémon corrió a su lado junto a Pika.
—¿Yellow? —la voz pausada y débil de Red llamó su atención.
Yellow se preocupó, no había escuchado antes a Red hablar de una forma tan suave, le tomó de un brazo y con fuerza se las arregló para sentarlo.
—Todo estará bien, Red-san, pero necesito que me ayudes… eh… pesas un poco… —dijo con dificultad el chico tratando de hacer que Red pudiese sostenerse del Doduo.
De repente, Yellow sintió cómo el peso que cargaba se volvía más liviano, Red se mantenía de pie mirando a su alrededor con lo que bien podía ser irritación, pero Yellow supo bien que en realidad trataba de enfocar de vista.
—¡Déjame ayudarte!
—Estoy bien —le detuvo Red con una mano, poniéndose la otra en la frente haciendo una mueca—. Llévame a tu casa, puedo caminar.
—Estás ardiendo en fiebre, será mejor que vayas a tu casa, tu mamá…
—Va a llover, no llegaré a casa a tiempo —corrigió Red de forma tajante mientras se tambaleaba un poco empezando a caminar—. Vamos.
Yellow frunció el ceño, era claro que Red apenas podía ponerse de pie y caminar, necesitaba descansar y estaba negando su ayuda de forma muy seca. Pero estaba enfermo, de alguna forma tenía derecho a ser caprichoso (al menos al fin tenía una excusa para ello), así que, tragándose su sermón, Yellow se aproximó hasta él.
—Al menos acepta el soporte de Doody —le pidió con voz suave y calmada. El Pokémon estaba listo para ayudar.
—No —negó el chico rotundamente antes de casi tropezar, Yellow corrió a agarrarle de un brazo pero para cuando lo hizo él ya había recuperado el equilibrio.
—No seas así, lo digo por tu bien —insistió Yellow más severamente.
Red le miró por un momento casi jadeando pero el chico no apartó la mirada ni lo soltó, finalmente, exhalando lo que parecía un bufido se enderezó como pudo y buscó el soporte del Doduo. Yellow se apresuró para tomar el canasto de los lomos de éste para permitirle un mejor agarre a su amigo, acto seguido extendió sus brazos a Pika para que se subiera a sus hombros.
Así, con Pika encima de los hombros de Yellow y Doody sosteniendo a Red, consiguieron abrirse paso hasta la casa del guardián del bosque.
.-
—En serio llovió —comentó Yellow observando las gotas de agua desde su ventana—, el pronóstico del clima había dicho lo contrario…
—Los del clima sólo se preocupan por verse bien, no saben nada —dijo Red de forma monótona desde la cama de Yellow.
—No gastes energías —pidió Yellow acercándose a él y quitándole el trapo que tenía en su frente, estaba caliente ahora, cosa que preocupó a Yellow—, la fiebre no está bajando…
Red chasqueó la lengua mirando a otro lado.
—Bajará —aseguró.
Yellow buscó el termostato que había dejado en su mesa de noche y se lo puso debajo de la axila con una expresión de inconformidad.
—¿Ya te habías enfermado así, Red-san? —preguntó, quizás si había enfermado así antes entonces sabría qué hacer para bajar la fiebre.
—Un par de veces —respondió sin comentar más al respecto.
—¿Y quién te cuidaba? —volvió a preguntar Yellow humedeciendo el trapo en agua fría y poniéndolo nuevamente sobre su frente. Red no respondió y Yellow interpretó su silencio— No me digas que nadie te cuidaba…
—Pika —dijo Red. Yellow sabía que de estar en mejores condiciones, el azabache se habría encogido de hombros y habría cambiado de tema sin darle demasiada importancia.
—¡Pika no puede cuidarte de una fiebre como esta! —exclamó Yellow con sorpresa.
De una esquina de la habitación del chico donde el Pikachu en cuestión descansaba en una cama improvisada, se escuchó cómo este gruñía un poco apoyando a Yellow, Red no necesitaba el Viridian Mind para saber lo que le estaba diciendo: "te lo dije, tonto".
—Está bien —dijo Red tranquilo.
—No, no está nada bien —negó Yellow con firmeza—. Si estás enfermo debes llamar a alguien, Red-san, ¡si no te cuidas bien puedes morir! Sé que eres muy fuerte, pero hay veces en las que debes pedir ayuda a los demás.
—¿Qué veces? —preguntó Red casi aburrido, Yellow sabía que ese tono también decía "todos son unos tontos, prefiero cuidarme sólo".
—¡Veces como esta, Red-san! —exclamó Yellow levantando las manos y luego señalándolo como si tratara de darle a entender su punto— ¿Por qué viniste al bosque sabiendo que estabas enfermo? Pudiste haberle pedido a tu mamá que te cuidara.
—Mi madre estaba ocupada —respondió Red con tranquilidad.
—¿Haciendo qué? —preguntó Yellow enarcando una ceja, esperando que fuese una muy buena excusa como para…
—El almuerzo.
Yellow no pudo evitar lanzar un quejido de indignación, no podía creer que Red en serio creía que el almuerzo era más importante que su propia salud, estaba más que seguro que si la señora Tsukusama supiese que su hijo estaba ardiendo de fiebre en mitad del bosque lo habría arrastrado hasta su casa de una oreja si fuese necesario.
—¡Esa no es una excusa para nada! —se quejó Yellow levantándose de su lugar.
Antes de que pudiese agregar algo más, el termómetro sonó indicando que era hora de qué tan caliente estaba Red. Antes de que Red pudiese tomar el aparato, Yellow se precipitó a arrebatárselo, por alguna razón el campeón se mostraba recio a que se diese cuenta de qué tan mal estaba.
—E-esto está muy mal —susurró Yellow con angustia, el termómetro marcaba 38,9º C.
Antes de poder detenerlo, Red se sentó en la cama con una muy leve mueca de dolor, tomando el trapo que estaba en su frente y dejándolo a un lado, entonces buscó ponerse de pie.
—¡¿Qué haces?! ¡Debes quedarte en cama! —dijo Yellow con prisa.
—Voy a ducharme —explicó Red un poco torpe pero firme, Yellow se sorprendía de cómo podía mantenerse tan firme si estaba casi muriendo de fiebre—, el frío ayuda.
—Bueno… es una buena forma… pero puede ser peligroso —dijo Yellow inseguro del método de Red.
—Lo hacía en el Monte Plateado… está bien —dijo el azabache tratando de ponerse de pie, pero fallando, Pika se levantó de su lugar al verlo tambalearse. El campeón gruñó un poco disgustado al darse cuenta que su cuerpo empezaba a no responderle, después de unos segundos en los que trató de luchar contra el mareo, miró a su amigo—. Yellow…
—¡Ah! ¡Claro! —asintió el rubio apresurándose a tomarlo de un brazo y pasárselo por encima de los hombros, sirviéndole de soporte para llegar al baño. Le habría gustado haber respondido con mayor rapidez (después de todo, ¡Red le estaba pidiendo ayuda por fin!) pero las palabras de su amigo le habían dejado pensando.
¿Ya había hecho eso en "El Monte Plateado"?
Llegaron al baño y Yellow le dejó sentado encima de la cisterna antes de empezar a llenar la tina con agua fría, seguramente eso iba a bajarle la fiebre. Mientras el agua se llenaba, el chico no podía evitar pensar en aquello, ¿dónde había escuchado ese nombre? Y si Red había dicho que sólo estaba Pika para cuidarlo entonces era obvio que había estado sin la compañía de un humano.
—Red-san, ¿tú te cuidabas sólo? —preguntó Yellow volteándolo a ver con preocupación. Preocupación que fue reemplazada inmediatamente por vergüenza y terror—. ¡¿Red?!
Tal había sido su sorpresa que había olvidado el "san". Red estaba semidesnudo parado justo detrás suyo, justamente había conseguido pescarlo cuando se estaba quitando los pantalones.
—¿Qué? —preguntó Red sin ganas.
Yellow no se molestó en corregirlo esa vez.
—¡¿Qu-Qué haces?! —preguntó sintiéndose tonto por el calor que se subía a sus mejillas y por el (seguramente) fuerte rojo que se estaba empezando a apoderarse de su rostro.
—No puedo ducharme con ropa —respondió Red como si fuera lo más obvio, antes de hacer el ademán de quitarse los calzoncillos.
—¡Espera! —gritó Yellow en pánico, no estaba listo para ver a Red desnudo, ¡ni siquiera se le había cruzado por la cabeza tal imagen!
Antes de que Red pudiese preguntarle qué le pasaba, Yellow salió del baño con rapidez, instantes después Pika había entrado en su lugar y la puerta de cerró.
—¡A-ahora sí! ¡Entra a la tina, si ocurre algo pídele ayuda a Pika! —Red escuchó a Yellow desde el otro lado de la puerta.
Suspirando cansado, se quitó los calzoncillos y entró en la tina sintiendo un escalofrío en cuanto tocó el agua, era una sensación que conocía bien pero que seguía siendo poco placentera.
—Pensé que Pika no podía cuidarme —comentó Red al final con reproche.
—Es que… Uh… —Red lo escuchó tartamudear, ¿cómo podía Yellow explicarle que jamás había visto a un hombre desnudo sin exponer su mentira?— ¡tengo que prepararte un caldo para la fiebre! Ah… ¡cualquier cosa dile a Pika que grite!
Y aunque Red sabía que esa era una muy pobre excusa, no iba a recriminarle nada ni a sacarle la información, no se sentía con los ánimos para ello, así que simplemente se dedicó a mirar el techo, esperando a que el frío abrazara su cuerpo en búsqueda de que la fiebre bajara.
Si debía ser sincero, no sabía por qué había ido al bosque sabiendo que estaba enfermo; en ocasiones anteriores cuando se enfermaba y estaba en Kanto, procuraba quedarse encerrado en su habitación, no sabía por qué pero había adquirido ese mal hábito de esconderse cuando empezaba a arder en fiebre, quizás, una costumbre de su soledad en el Monte Plateado.
Abrió un poco los ojos. No iba a negarlo, le irritaba que Yellow anduviera de un lado para otro cuidándolo, no porque le disgustar la actitud de Yellow sino porque no estaba acostumbrado a ese tipo de cuidados, siempre habían sido él y sus Pokémon.
Pero por otro lado… debía admitir que no estaba tan mal.
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Dejó caer la cuchara al suelo e inmediatamente saltó a recogerla, estuvo a punto de usarla nuevamente para revolver el caldo, pero se detuvo.
—¿Qué estoy haciendo? —susurró para sí mismo un poco harto, dejando la cuchara en el fregadero y cubriéndose los ojos con las manos.
Bien, aquello había sido por mucho humillante.
No solamente había actuado como una tonta, si no que había dejado a Red a su suerte en el baño con casi 38,9º de fiebre en un acto de irresponsabilidad total y el pensar que lo había dejado con Pika no le hacía sentir mejor, por más confiable que fuese el Pikachu. Pero es que no había podido evitarlo, una cosa era ver a un chico sin camisa, otra en paños menores y otra totalmente desnudo.
Lanzó un quejido lastimero al pensar en lo cerca que estuvo de violar de esa forma la privacidad de Red, posiblemente él no lo viese como algo tan transcendental como Yellow estaba viéndolo ene se momento, pero era porque Red creía que él era… bueno, un él, si hubiese sabido que era una chica seguramente no habría estado tan tranquilo.
—Bueno… catástrofe evitada, ¿no? —se dijo a sí mismo tratando de recuperar los ánimos, tomando un cucharón esta vez (¿porque había usado una cuchara en primer lugar?) empezando a revolver el caldo—. Acabaré esto rápido y seguramente Red ya estará bien.
Una vez terminó de cocinar apagó el fogón y buscó entre la ropa limpia una toalla que pudiese darle a su amigo después de la ducha, también se aseguró de buscar mantas en caso de que estuviese congelado. Afuera llovía y su tío había salido a hacer sus rondas de patrullaje, seguramente estaba en ese momento en la caseta de entrada al bosque esperando a que escampara.
En eso, sonó el teléfono de la casa.
Dejando de lado la toalla y las cobijas, Yellow se aproximó al aparato para contestar, seguramente era su tío esperando saber que todo estaba bien.
—Buenas tardes. Yellow al habla, ¿en qué puedo ayudarle?
—Eres demasiado cortés con las llamadas, ¿no es así? —una voz burlesca y familiar salió de la otra línea.
Yellow abrió los ojos al identificar a Green, sintiendo vergüenza al haberlo olvidado totalmente.
—Green… hola, lamento mucho no haberte llamado —inicio con voz suave y arrepentida.
—No te preocupes, no pasó nada, simplemente llamaba para decirte que sería mejor posponer el picnic, dudo mucho que sea agradable comer bajo la lluvia —comentó Green restándole importancia—. ¿Red está contigo?
—Oh, sí —asintió Yellow—. Está arriba tomando una ducha fría, llegó enfermo así que estoy tratando de cuidarlo.
—… Red… ¿enfermo? Wow, no había escuchado eso hace tanto tiempo —comentó Green con sorpresa, cosa que interesó a Yellow—. Tómale una foto y mándamela, ¿sí?
—No creo que sea bueno si vas a usar esto para molestarlo —dijo Yellow frunciendo levemente el ceño, conociendo de antemano las intenciones del azabache.
—Oh y yo pensaba que eras mi aliado, que pena —Green suspiró con un aire casi dramático antes de continuar—, cualquier cosa, llámame, ¿de acuerdo? Yo le avisaré a su madre si las cosas se ponen feas.
—¡Oh! ¡Eso sería muy útil! Gracias Green —respondió Yellow de buen humor, alegre por encontrar apoyo en el líder de gimnasio—, te llamaré.
—Bien. Hasta más tarde Yellow.
Y sin esperar a que pudiese responderle, Green colgó. Yellow no se sentía satisfecho con los modales de Green a la hora de llamar por teléfono, pero al menos era más amable que Red así que no iba a reprocharle por el momento.
Se puso la toalla y la cobija sobre los hombros y con cuidado sirvió el caldo en un plato y subió las escaleras hasta su habitación, esperando encontrar a Red aún en el baño, pero el joven ya estaba esperándole en la cama vestido y con el cabello mojado.
Yellow casi pega un brinco.
—Red-san, ¿con qué te secaste? —preguntó sorprendido.
—Había una toalla allí, me canse de esperar —dijo con sencillez antes de mostrarle el termómetro—. Bajó.
Yellow se acercó a él y le entregó el plato con el caldo, tomando a cambio el termómetro que tenía un 38,5°. El chico suspiró un poco aliviado, seguía teniendo fiebre alta pero había bajado mucho, quizás así era más fácil controlarla.
—Red-san… estaba pensando, ¿tú te cuidabas sólo cuando te enfermabas? —preguntó Yellow mirándolo con un pequeño deje de tristeza.
Red, quién estaba tomando del caldo le tomó desprevenido esa mirada, no obstante, mantuvo la calma y asintió.
—Cuando viajaba lo hacía sólo —dijo encogiéndose de hombros, se veía mucho mejor como para estar tan enfermo—. No me enfermo muy seguido, sólo a veces.
—Entonces es poco frecuente… —dijo Yellow de forma meditabunda— yo… me alegro que sepas cuidarte pero me entristece también —Red se mostró confundido ante su declaración—. Cuando me enfermaba, mi tío me llenaba de caprichos, me cocinaba un rico caldo, me contaba historias, se quedaba a mi lado hasta que me durmiera y me cuidaba hasta que mejorara, pensar en pasar todo eso solo… me entristece.
Red se quedó en silencio por un momento, sin dejar de comer. Entonces cuando iba a mitad del caldo le dijo—: A mí me da igual.
—¿Eh? —Yellow parpadeó un par de veces antes de tratar de comprender a qué se debía tan poca sensibilidad.
—La última vez que mamá cuidó de mí enfermo fue a los seis —explicó Red con tranquilidad—, de resto, me he encargado yo solo.
—Debió ser difícil —comentó Yellow en voz baja, empezando a entender un poco a lo que se refería Red.
El joven de ojos rojos se encogió de hombros.
—Al inicio —admitió antes de acabar el caldo.
—Entonces… no necesitabas que te cuidara —dedujo Yellow con algo de pena, había armado todo un espectáculo de reproches a alguien que no necesitaba su ayuda.
Casi se sentía como un tonto. Red al darse cuenta de la expresión que Yellow estaba haciendo, le entregó el plato en el que había comido llamando su atención y se recostó.
—… no puedo cocinar enfermo —respondió Red con sencillez.
Para cuándo Yellow abrió la boca tratando de decir algo, el campeón ya tenía los ojos cerrados y parecía haberse quedado dormido. Una pequeña sonrisa se asomó por los labios del menor, aunque le hubiese gustado un "gracias" esas palabras significaban bastante viniendo de Red.
Dejó el plato de lado y se sentó a su lado a cuidar de sus sueños, debía admitir que cuando estaba dormido Red resultaba casi indefenso, como si ese aura de prepotencia y poder se apagara para simplemente dejar a un chico cansado.
Eso no le desagradaba para nada.
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Cuando Pika se despertó de su pequeña siesta, se encontró con la espalda de Yellow, el chico estaba durmiendo con medio cuerpo recostado en la cama y con la otra parte sentada en el piso, ahí, a su lado sentado en la cama estaba Red, analizándole.
Pika se acercó para checar si su entrenador estaba bien, cosa que confirmó cuando éste ya sin ningún color de más en la cara le saludó con tranquilidad antes de tomar una de las cobijas que el chico rubio había traído, acto seguido, le cubrió con ésta asegurándose de no despertarlo.
Red se recostó en silencio cerrando los ojos nuevamente, Pika subió a la cama, acurrucándose a los pies de su entrenador.
Aún recordaba a ese solitario chiquillo de once años delirando de fiebre entre sueños llamando a su madre, siempre que Red se enfermaba tenía el rostro contraído de dolor y angustia, posiblemente eran las únicas veces en las que se permitía verse vulnerable, pero esa vez solamente había calma en su rostro. Posiblemente era por la presencia de Yellow, pensó Pika.
Un saludo a Ambar Uchida, HiddenBlackCat, Luka-sama, prietar y. Muchas gracias por continuar leyendo la historia y por los reviews, lamento haberles tenido esperando por tanto, ¡espero les haya gustado el capítulo!
