Hola a todo el mundo.

No sé si se dieron cuenta, pero esta vez el capítulo tardó dos semanas más de lo normal. Lo hice por dos razones: nos estamos acercando al final y estoy un tanto justa de tiempo para escribir (los estudios y todo eso) así que me cuesta un poco ir al día, y, porque no he recibido reviews últimamente y eso me tiene un poco desmotivada para continuar, pero queda tan poco para el final que sería injusto dejarlo hasta aquí...

Así que a partir de ahora las actualizaciones serán cada cuatro semanas.

Les tengo una sorpresa en este capítulo, espero que disfruten leyéndolo tanto como yo disfruté escribiéndolo. Después me dicen si les gustó ;)

Así que ya saben...

Disfruten su lectura :D


Capítulo 45

Bucky, Tony y Steve


Al despertar, Steve se encontró con el calor de Tony cubriendo su cuerpo. Sonrió y se removió levemente para quitárselo de encima, intentando no despertarlo. Escuchó algunos gruñidos y balbuceos sin sentido de parte del moreno y le sintió removerse hasta caer a su lado en la cama. Miró al mecánico, buscando su mirada.

― ¿A dónde ibas? ―Murmuró el moreno con voz adormilada y los ojos cerrados.

―A preparar el desayuno.

Tony pudo sentir la sonrisa en la respuesta de su soldado. Abrió un ojo y luego el otro, alzó una ceja y luego volvió a cerrar los ojos. Dejó salir un suspiro cansado y giró sobre su costado para acercarse a Steve, lo besó en los labios y se separó.

―Está bien. Desayuno es una buena idea. ―Contestó después de pensarlo un segundo.

Viendo que Tony parecía no querer salir de la cama, Steve se dispuso a levantarse. Buscó su ropa interior, se la puso y caminó hacia la puerta. Tony se levantó, rebuscó y encontró un bóxer que debía ser suyo y la camiseta de Steve que había utilizado para dormir la noche anterior, se vistió y lo siguió.

Steve sonrió ante aquello. Tony nunca se levantaba cuando tenía tanto sueño, pero parecía no querer perderlo de vista.

A diferencia del soldado, Tony se dejó caer pesadamente sobre una silla, sin energías, y dejó caer su cabeza sobre la mesa. Ahí volvió a adormecerse hasta que Steve puso una taza frente a él. Trató de identificar el aroma a café, pero no pudo.

―No huele a café. ―Se quejó, sin levantar la cabeza de la mesa.

―Porque no es café. Es leche.

Esa frase hizo que el genio despegara su cabeza de la mesa y lo mirara con los ojos entrecerrados.

―Sabes que no hay desayuno sin café. ―Reclamó.

―Necesitas alimentarte, has bajado de peso mientras no estuve. ―Dijo con esa mirada que no dejaba lugar a dudas.

Con una mueca de asco y sin ganas, tomó la taza y bebió el blanco contenido. Steve lo observaba con una sonrisa mientras preparaba algo para ambos.

•••

Natasha, una vez más, daba vueltas de un lado a otro por el salón.

―JARVIS, ¿estás seguro de que el irresponsable de Stark está bien? ―Preguntó con cansancio.

El señor Stark despertó en medio de la noche y estuvo despierto por varias horas. Antes de volver a dormir pidió no ser molestado para poder descansar. ―Respondió la I.A.

JARVIS estaba mintiendo. A medias, pero estaba mintiendo. Aunque su voz sonaba tan convincente que el equipo no dudó ni por un segundo de sus palabras.

•••

Luego de que un malhumorado Tony Stark comiera su abundante y nutritivo desayuno, y bebiera por obligación dos tazas de leche tibia, ambos se dirigieron una vez más a la habitación.

― ¿No tenían máquinas de afeitar en el lugar donde estuviste? ―Preguntó el mecánico mientras buscaba ropa limpia para después de la ducha.

Steve dejó su ropa sobre la cama y se acercó a él para besar su mejilla.

―No lo sé. No pregunté. ―Caminó en dirección al baño. ―Voy a afeitarme ahora.

―Espera. ―Lo detuvo, tomándolo de la mano. Lo miró un poco, evaluándolo. ―Me gusta.

Las manos del moreno se dirigieron a su rostro y acariciaron su barba por un momento antes de besarlo suavemente en los labios. Volvió a mirarlo con ojo crítico por un rato.

―Te queda bien. ―Sentenció antes soltarle y entrar al baño.

El soldado lo siguió. Se miró al espejo y decidió cumplir el capricho de Tony, al menos por unos días. Luego se metió a la ducha con él.

•••

Eran pasadas las once de la mañana cuando las puertas del elevador se abrieron con el característico ¡Din! y todo el equipo esperó la gran entrada de un demacrado y deprimido Tony. Se llevaron la sorpresa de sus vidas al ver que detrás del genio caminaba Steve. Ambos tomados de la mano.

―Buenos días, equipo. ―Saludó el filántropo con alegría.

Los chicos se quedaron en blanco por un segundo antes de que Sam saltara de su asiento para darle un corto abrazo a Steve, acompañado de un "es bueno verte, viejo". La estancia se llenó de saludos hacia Steve y de frases que demostraban lo felices que estaban de que hubiera vuelto.

Justo cuando Clint iba a comentar algo sobre el nuevo look de Steve, una sonora cachetada le volteó el rostro al Capitán. Todos se quedaron en silencio. Steve parpadeó un par de veces antes de comprender que Natasha lo había golpeado. La miró con sorpresa y antes de que Tony saliera en su defensa, dispuesto a pelear con la exasesina, la pelirroja se abrazó a Steve. Él le devolvió el abrazo con cariño sin preocuparse del golpe.

Minutos después, cuando el abrazo terminó, Tony preguntó enojado el porqué de ese recibimiento.

―Se lo merecía. ―Dijo encogiéndose de hombros. ―Dije que estaría en problemas por habernos preocupado.

Tony la miró con profundo odio y puso una mano cuidadosamente en la mejilla golpeada de su novio, mirándolo preocupado. Steve solo sonrió.

―Bien, ―interrumpió Clint― ahora que ya corrieron los saludos y los golpes, vamos a las preguntas importantes. ¿Por qué la barba, Cap?

Sam rió y chocó los cinco con el arquero, mientras el doctor se llevaba una mano a los ojos en un gesto exasperado que decía claramente "vivo rodeado de niños".

La pareja se sentó en el sofá, muy cerca del otro, y Steve procedió a contar todo lo que Bucky le había contado de su viaje. Omitió el hecho de que fue Bucky quien lo salvó y lo estuvo cuidando, ya se enterarían cuando su amigo llegara a la torre por la tarde.

Les contó que un hombre lo había encontrado bajo la nieve teñida de rojo, creyendo que era un animal herido, y que lo había llevado todo el camino de regreso hasta un frío país de Europa. Que el hombre le había dicho que deliraba llamando a Tony y que había permanecido con fiebre muy alta por varias semanas. También les contó de su brazo fracturado y la herida de su abdomen que tanto había preocupado a Tony la noche anterior. Siguió con su relato, contando que había tenido que tomar un tren y luego un barco para poder volver, debido a que no tenía pasaporte. Relató toda su travesía con lujo de detalles, lo que le llevó casi dos horas.

―… y eso es todo. Para responder a tu pregunta, tal y como le dije a Tony, nunca pensé en afeitarme. Ni siquiera lo noté. Cuando desperté lo único que quería era volver para decirles que estaba vivo, porque pensé que eso era lo que ustedes creían después de tantas semanas. Volver contigo. ―Susurró mirando directamente a Tony, que estaba felizmente abrazado por el soldado, pegado a su costado.

Clint se dio por satisfecho con la respuesta, asombrado con la historia de sobrevivencia de Steve.

El silencio se hizo en el lugar mientras todos trataban de asimilar lo que había ocurrido. Tony dejó caer su cabeza sobre el hombro de Steve y afianzó el agarre que tenía en su mano, transmitiéndole su apoyo y su fuerza. Pero el genio no soportaba mucho el silencio, así que dijo lo primero que se le ocurrió.

―JARVIS, comida para todos. ¿Qué prefieren, china, tailandesa, italiana? ―Todos lo miraron extrañados por un segundo antes de recordar que él era Tony Stark y esa era su forma de enfrentar las situaciones difíciles, para finalmente responder.

•••

Habían comido y habían seguido hablando de todo lo que había pasado en esas semanas que Steve se había perdido. Tal como la reunión en Washington, el escándalo por esas fotos de ellos besándose en público, que no habían dejado de aparecer en revistas debido al hermetismo respecto a la situación por parte de Tony. Por supuesto hablaron de la actitud infantil de Tony, que se había encerrado en su habitación por cuatro días hasta que Natasha lo había sacado con una clara amenaza en la mirada. Steve no estuvo muy feliz al escuchar eso, pero no quería discutir con él por esa razón. No ahora que se acercaba cada vez más el momento en que Bucky llegaría a la torre; por un momento, al ver la felicidad en la cara de su amado novio, dudó en si traer al pelinegro sería una buena idea. Ya no había vuelta atrás.

Capitán, su visitante está subiendo en el elevador en este momento. ―Interrumpió la amena charla la I.A.

En ese momento Steve se tensó un poco y miró a Tony con algo de culpa en lo profundo de su mirada azul; Tony le devolvió una mirada llena de confusión.

•••

James había dado vueltas por el departamento durante toda la noche; de un lado a otro, sin parar. Estaba ansioso por la situación a la que tendría que enfrentarse al día siguiente. Por la mañana se cansó de dar vueltas dentro del departamento y salió a recorrer el vecindario. Caminó de un lugar a otro mirando los cambios que había desde que vivió allí unos meses durante su tiempo escapando de Hydra y Steve; no eran muchos.

Había imaginado muchas situaciones para cuando tuviera que encarar a Tony Stark, y sin darse cuenta comenzó a caminar al centro de Manhattan. Sin darse cuenta llegó a la torre Stark y cuando vio la hora se percató de que faltaban un par de minutos para las seis de la tarde. Era momento de subir.

Entró al vestíbulo y se acercó al elevador sin mirar a nadie.

Bienvenido, Sargento Barnes. ¿Desea que informe de su visita al Señor Stark? ―Habló JARVIS antes de que pudiera presionar el botón para llamar al elevador.

Miró a su alrededor y no vio a nadie, pero decidió responder de todas formas.

―Solo informe a Steve Rogers que su visita ya está aquí, por favor.

Las puertas del ascensor se abrieron frente a él y entró. Las puertas se cerraron y comenzó a subir sin siquiera haber presionado un botón. JARVIS se encargó de todo.

Espero que sus intenciones no sean hostiles contra Anthony Stark. ―Volvió a decir la I.A.

Luego de asegurar que su visita era totalmente pacífica, las puertas del elevador se abrieron y dio un paso afuera. Miró a todos lados y se adentró en lo que parecía ser un salón. Apenas puso un pie dentro de la estancia todas las miradas voltearon hacia él. Se sintió intimidado por un momento, pero no retrocedió.

Sam se llevó una mano a la cabeza, desaprobaba su presencia ahí.

―Oh, hermano. Esto es una mala idea. ―Murmuró, negando con la cabeza.

Tony se tensó junto a Steve. El soldado acarició su brazo intentando tranquilizarlo, pero el moreno rechazó su contacto y se puso de pie. Natasha observó la situación, comprendiéndolo todo: Tony sabía.

―JARVIS, despliégalo. ―Ordenó, e inmediatamente se abrió un espacio en la pared del fondo, por donde salió parte de su armadura. Las piezas volaron a su cuerpo y rodearon su pecho y su brazo derecho mientras caminaba en dirección al recién llegado. ―Máxima potencia. ―Pidió con rabia en la voz y odio en la mirada.

Ni bien terminó de hablar, llegó frente al pelinegro y levantó su brazo derecho, cerró su puño y con toda la fuerza que poseía, sumado a la fuerza de su armadura, golpeó el rostro de James. Y ahí se quedó, mirando al hombre inconsciente frente a él, tirado en el piso.

Los otros no habían terminado de reaccionar, excepto Steve. Steve se había levantado un segundo después de que Tony lo hiciera, pero no hizo nada por detenerlo. Se paró tras él y esperó, pero nada pasó.

―JARVIS, ¿está vivo? ―Quiso asegurarse el rubio.

Puedo identificar sus signos vitales, pero recomiendo llevarlo a un hospital. ―Aconsejó la I.A.

Cuando escuchó eso, Tony se dio media vuelta y pasó junto a Steve sin siquiera mirarlo a la cara.

―Espera, ¿puedes explicarnos qué demonios fue eso? ―Exigió Clint.

―Tú explícales. ―Sentenció Tony, dirigiéndose a Steve, perdiéndose por el pasillo en dirección al taller.

Steve asintió y lo dejó ir sin intentar detenerlo. Sabía que Tony necesitaba un par de minutos a solas.

―Este hombre es James Buchanan Barnes, Bucky, mi mejor amigo en los años cuarenta. ―Comenzó, acercándose al hombre inconsciente. Le sangraba la nariz y tenía un labio partido. ―Lo perdimos en una misión en 1945 y creí que estaba muerto. Hydra lo encontró y lo convirtió en su arma, el Soldado del Invierno.

― ¿Qué tiene que ver todo esto con que Tony lo golpeara? ―Volvió a exigir el arquero.

―El Soldado del Invierno es el asesino de los padres de Tony.

Luego de esas palabras el silencio se hizo en la habitación.

―Sam, ―Steve dirigió su mirada hacia él―necesito que lo lleven al hospital. Ahí puedes poner al resto del equipo al tanto de todo. Ahora tengo que hablar con Tony.

Sam asintió y entre todos comenzaron a levantar a Bucky con cuidado. Natasha se acercó a Steve y depositó un beso en su mejilla, seguido de una sonrisa que decía "todo estará bien".

Steve sabía que todo estaría bien, pero tenía que enfrentarse a la reacción de Tony cuando le contara que había sido Bucky quién salvó su vida allá en Siberia. Los vio marcharse por el ascensor y tomó una gran bocanada de aire antes de caminar hacia el taller.

•••

Apenas entró al taller se quitó la armadura y se quedó estático en medio del lugar. Estaba enojado, enfurecido, pero no sabía si lo estaba con el asesino de sus padres, con Steve por traerlo a la torre o consigo mismo por sentirse aliviado de que el sujeto no estuviera muerto por su causa. Sabía que ahora Steve se enojaría con él y tendrían una fuerte discusión por haber golpeado a su mejor amigo, lo que terminaría con ambos durmiendo en camas separadas por unos días; eso era lo que más le molestaba. Pero no se arrepentía de haberlo golpeado. No, se negaba a arrepentirse.

Desempuñó sus manos al sentir sus uñas clavándose en sus palmas; ni siquiera se había dado cuenta de que estaba apretando las manos. Trató de aclarar su mente para no terminar arruinando aún más su futura discusión con Steve cuando la voz de JARVIS resonó en el silencio del lugar.

Señor, debo informarle que en este momento el equipo está llevando al Sargento Barnes al hospital.

Claro, se había olvidado de ese pequeño detalle. De seguro Steve se iría con su mejor amigo y lo dejaría solo para que se le pasara el enojo y hablar con él cuando el otro hombre despertara. Sería una larga noche esperando por Steve, se lamentó. Al menos tendría tiempo para pensar. Aunque en el fondo esperaba que Steve se quedara con él, que lo prefiriera a él por sobre su mejor amigo, pero no podía pedir tanto…

―Tony. ―La voz de Steve retumbó en sus oídos. Se volteó a verlo con rapidez. Sorprendido.

―Creí que te habías ido con tu mejor amigo al hospital. ―Dijo con los celos y el enojo bañando sus palabras.

Steve lo miró por un momento. No podía creer que Tony estuviera celoso, pero en cierta forma se alegraba por ello.

―Sam puede cuidarlo perfectamente. Además el resto del equipo está con él. ―Respondió con simpleza, acercándose un paso hacia Tony.

― ¿Qué estaba haciendo él aquí? ¿Dónde lo encontraste? ¿Por qué lo trajiste? ―Preguntó con rabia.

El soldado suspiró rendido. Sabía que tendría que contarle esa parte de la historia.

―Él es el hombre que me encontró en Siberia. Bucky me salvó de morir en medio de la nada, cuidó de mí por semanas y me ayudó a volver a Nueva York. A volver contigo, Tony. ―Guardó silencio un momento, esperando alguna reacción por parte del moreno, pero ni siquiera se movió. ―Ambos necesitan enfrentar la situación. Le convencí de venir a hablar contigo y le advertí sobre tu amenaza de mandarlo al hospital. Él lo sabía y aun así aceptó venir.

Diciendo esto comenzó a acercarse.

―No te me acerques. ―Y le arrojó un destornillador. ―Estuviste semanas con tu mejor amigo, perdido en Europa. ―Escupió las palabras con rabia y en voz baja.

―Tony, estuve inconsciente por semanas en la parte trasera de una furgoneta. ―Intentó razonar.

Más cosas fueron arrojadas en su dirección y Steve tuvo que esquivarlas todas.

― ¡No puedo creer que fui tan estúpido! ―Alzó la voz. ― ¡Estuviste semanas con tu supuesto mejor amigo en Europa, Steve! ¿¡Qué se supone que tengo que pensar ahora?!

Tony estaba realmente enojado. Estaba celoso, imaginándose quién sabe qué situaciones, y eso hizo que algo dentro de Steve se encendiera. Tony lo amaba, lo sabía. También sabía que Tony era posesivo y en ese momento estaba realmente celoso. Se acercó lentamente a él, que ya había dejado de lanzarle cosas; ahora murmuraba tonterías para sí mismo. Se acercó lo suficiente para poder tomarlo de la cintura y atraerlo hacia él.

―Suéltame, Rogers. No estoy de humor para tus tonterías. Será mejor que te vayas con tu amigo, de seguro te necesita y te extraña después de estar separados toda la noche. ―Sus palabras bañadas en celos y rabia. Forcejeó para soltarse, pero no pudo.

―No estás pensando con claridad, Tony. Bucky y yo solo somos amigos, siempre lo hemos sido. ―Trató de volver a razonar mientras aferraba su cuerpo con fuerza, evitando que sus forcejeos lo alejaran de él.

― ¿Pretendes que me crea eso de "solo somos amigos" y que nada pasó entre ustedes entando en Europa? No soy estúpido, Rogers. ―Intentó alejarse de él una vez más. ―De seguro no soy el primer hombre en tu vida.

Steve afianzó su agarre en el cuerpo de Tony. Sus ojos se oscurecieron por un momento, sus pupilas dilatadas y su respiración agitada. Su novio estaba enojado y realmente celoso, y esos celos, inexplicablemente, le hicieron hervir la sangre.

―Tony, eres el único hombre que he amado en toda mi vida. ―Dijo con la voz enronquecida. Tony lo miró con sorpresa al escuchar su voz. Entonces, Steve lo besó con fuerza. ―Y voy a demostrártelo. ―Terminó de decir al separarse del beso.

El mecánico lo miró entre enfadado y confundido.

―Ni siquiera estás negando que algo pasó con el sujeto. ―Le espetó, enojado, poniendo las manos en su pecho, tratando de alejarlo.

―Tony, ―susurró con la voz ronca y profunda―nada pasó con Bucky. No pasó antes, no pasó ahora y no pasará nunca. Ni con él ni con nadie ―Aseguró.

Las defensas de Tony cayeron un poco al escuchar su voz. Y no tuvo tiempo de hacer nada cuando los labios de Steve atacaron nuevamente su boca, buscando profundizar el contacto; mordiendo, lamiendo sus labios e introduciendo su lengua en su boca. No era un beso suave, era un beso hambriento, salvaje y no podía negarse a sí mismo lo mucho que le gustaba sentir toda esa pasión y todo ese salvajismo de parte de Steve.

Sus manos subieron desde el pecho del soldado hasta su cuello y rodearon su nuca, acercándolo a él, correspondiendo al beso con la misma intensidad. Peleando por el dominio de la boca del otro con sus lenguas, mordiendo los labios del otro con sus dientes y apretando sus cuerpos, el uno contra el otro, con sus fuertes manos.

Sin romper el beso, Steve los encaminó en dirección al sofá. Sin dejar de besar a Tony, estiró su mano y rebuscó entre los cojines hasta encontrar lo que sabía que estaría ahí. Sonrió. Bajó sus labios al cuello del genio dejando mordidas y besos húmedos mientras descendía hacia su camiseta. Metió sus manos bajo la ropa del moreno y en un movimiento veloz le quitó la camiseta y siguió besando, bajando por sus pectorales hacia su abdomen. Las manos de Tony se posaron sobre su cabeza, acariciando su cabello, disfrutando de esa boca húmeda y caliente sobre su piel necesitada.

―Te amo, Tony. ―Susurró guturalmente Steve contra el abdomen del genio.

Tony tomó la camiseta de Steve y la hizo desaparecer en menos de un segundo de su cuerpo. Acarició sus hombros y sonrió con placer al ver al rubio caer de rodillas frente a él. Con manos rápidas y ansiosas, Steve bajó los pantalones de su novio y lo desvistió, dejándolo casi desnudo frente a él. Siguió su recorrido de besos ardientes hacia el vientre del moreno; sus manos se aferraron al redondo trasero del genio.

Sin querer romper el momento con alguna tontería, Tony optó por recibir las caricias y besos en silencio; el máximo silencio que podía mantener con gemidos, jadeos y suspiros escapando de sus labios.

Cuando las manos de Steve comenzaron a descender por su trasero, arrastrando con ellas su ropa interior, dejó escapar un jadeo de placer ante lo que vendría. Steve besó con suavidad el filoso hueso de su cadera, la hendidura de cada músculo, descendiendo junto a su ropa interior.

―Steve. ―Dejó salir en un suspiro suplicante.

El soldado dejó besos y suaves mordiscos en su piel, disfrutando el oírle suspirar su nombre. Cuando tuvo al mecánico totalmente desnudo, volvió a levantarse y lo besó con fuerza mientras se quitaba la ropa que tanto le estorbaba en ese momento. Se separó del beso y volteó a Tony para besar su nuca y su espalda. Pasó una de sus fuertes manos por su pecho y lo presionó contra sí; la espalda del moreno pegada a su pecho en un contacto cálido y sensual.

Tony pudo sentir como la dura erección de Steve se pegaba a su trasero de forma obscena y caliente. Era un momento puramente ardoroso que lo excitaba como nunca nada lo había excitado en su vida. Sentir a Steve respirar fuerte e irregular contra su cuello mientras lo besaba y mordía era perfecto, era placer puro en su máxima expresión. Piel contra piel, quemando, pero no quería apartarse de lo que Steve le hacía sentir.

―Oh, cariño. ―Jadeó en su oído.

El moreno se sintió derretir al escuchar su sensual y erótica voz.

Una de las manos de Steve se aferró a sus caderas y la otra presionó sobre su espalda, obligándole a inclinarse hacia adelante; Tony se aferró al respaldo del sofá. Se sorprendió por el osado movimiento de su compañero, pero se sintió aún más caliente que antes. El calor de la anticipación.

Un pequeño silencio se hizo entre ellos, roto solamente por el sonido de la ropa del rubio cayendo al piso del taller.

Steve ni siquiera pensó en preparar la apretada entrada de Tony, abrió el lubricante que estaba en el sofá, vertió un poco en su miembro y se preparó para lo que vendría.

Un grito ronco teñido de sorpresa, dolor y placer salió de la garganta de Tony al sentir a Steve. Steve adentrándose en un rápido, profundo y doloroso movimiento en su cuerpo. Su respiración se agitó y su cuerpo intentó expulsar al intruso que había osado profanar su cuerpo, pero el placer que sentía al tener a Steve profundamente enterrado en su interior le impidió escapar de su poderoso agarre, obligándose a acostumbrarse a él.

―Ah, ah, Steve, ah. ―Jadeaba buscando el aire que perdió al sentirle profundo en su interior.

El mencionado aferró fuertemente sus caderas con ambas manos y sin ningún aviso, sin siquiera haber esperado a que se acostumbrara a su poderosa intrusión, salió casi por completo de su cuerpo, volviendo a penetrarlo de forma dura y profunda. Le arrancó un gemido, mezcla de dolor y placer. Sus piernas temblaron. A Steve pareció no importarle su doloroso placer ni su ligero temblor, porque siguió con sus poderosas penetraciones.

Steve no estaba conteniendo su fuerza. Por primera vez había dejado libre su esencia de súper hombre, Tony podía notarlo por la forma en que lo penetraba, por la forma en que sus manos se aferraban fuertemente a sus caderas causándole dolor allí donde sus dedos presionaban, por la forma en que su voz había cambiado y por los roncos gruñidos y gemidos que dejaba escapar.

Gemía por el placer de esas poderosas embestidas en su interior. Podía escuchar el obsceno sonido de carne chocando contra carne, tan sensual. Eso le excitaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Los ojos de Steve estaban nublados por el placer. Lo único que podía escuchar eran los gemidos de placer que Tony dejaba escapar entre gritos ahogados cada vez que se hundía por completo en su interior. Llevó una de sus manos hacia el pecho de su moreno y le obligó a levantarse, mientras seguía con sus poderosas penetraciones.

Un profundo grito de placer escapó de los labios del moreno y Steve sonrió ante el sonido. Música para sus oídos. Con la nueva posición había alcanzado la próstata del genio sin mayor esfuerzo y lo tenía derritiéndose contra su pecho.

Tony jadeaba, gemía y ahogaba sus gritos de placer mordiendo su labio inferior. Ya no sabía de dónde agarrarse para tener algo de estabilidad, necesitaba aferrarse a algo para no explotar por el placer; las manos de Steve no eran suficiente apoyo. Levantó uno de sus brazos y se agarró fuertemente a la nuca de Steve, tirando de sus cabellos; la otra mano fue a parar a una de sus poderosas nalgas, instándole a ir más fuerte, más profundo, más rápido. Más.

Parado casi en la punta de sus pies, recibió todo lo que el soldado estuviera dispuesto a darle, moviendo sus caderas en su encuentro, disfrutando de sus poderosos embistes. Giró levemente su cabeza y tiró con fuerza del cabello del soldado, instándole a besarlo en los labios. Se besaron con hambre, nada de caricias tiernas, nada de consideración; un beso animal, lleno de mordidas y jadeos en la boca del otro.

Cuando se separaron, un hilo de saliva unía sus bocas. Sus alientos mezclándose por la cercanía.

Tony cayó una vez más hacia adelante, aferrándose al respaldo del sofá. Steve inició un vaivén más profundo, más fuerte, más rápido; el cuerpo de Tony protestó ante la rudeza de sus movimientos e instintivamente trató de huir de él. El genio avanzaba lentamente, huyendo de él, pero Steve no se despegó ni un poco de su cuerpo. Tony supo que estaba perdido cuando sus muslos chocharon con el respaldo del sofá ubicado frente a él. Su torso cayó hacia adelante, su cabeza enterrada en los cojines, sus manos aferradas con fuerza a la orilla del asiento.

―Steve, por favor. ―Rogó. No sabía si le pedía que siguiera o que se detuviera, solo sabía que necesitaba… algo.

La punta de su miembro rozó el tapiz del sofá y se sintió desfallecer. Demasiada estimulación en su sensible anatomía. Una y otra vez, con cada embiste del rubio contra su cuerpo, su glande era estimulado por el roce de la tela. Sabía que no quedaba mucho para que todo acabara. Podía sentir el orgasmo formarse en lo bajo de su vientre y de pronto, sin previo aviso, se vio mordiendo con fuerza el sillón, ahogando su grito de placer al alcanzar su tan ansiado y poderoso orgasmo.

Steve pudo sentir el momento exacto en que Tony alcanzó la cima de su placer cuando el interior de su cuerpo se contrajo con fuerza alrededor de su falo, pero eso no era suficiente para él. No estaba cerca de terminar con ese encuentro, pero de todas formas salió de su cuerpo. Utilizó sus manos para separar los glúteos de su amado y observó lascivamente, mordiendo su labio inferior, como la entrada de Tony, suave, brillante, enrojecida y ultrajada se dilataba y se contraía una y otra vez durante los últimos momentos de su orgasmo.

Acarició suavemente con su pulgar el anillo de músculos sensibilizados y escuchó complacido el jadeo que Tony dejó escapar, acompañado de un suave estremecimiento. Depositó un beso en la base de la espalda de su amado genio y lo sintió temblar contra el sofá.

Sin decir una sola palabra le ayudó a enderezarse y lo tomó entre sus brazos para dejarlo cómodamente acostado en el sofá. Lo observó por un momento desde su altura: ojos cerrados, labios separados dejando salir ligeras respiraciones, su pecho subiendo y bajando, su brazo derecho por encima de su cabeza, el izquierdo sobre su abdomen, su miembro húmedo y flácido contra su vientre; con el orgasmo pintado en el cuerpo. Sonrió al ver lo que había provocado.

Cuidadosamente se posicionó sobre él, besando su pecho, su cuello, sus labios.

―Te amo, Tony. No hay nadie más, lo sabes. ―Susurró cuando llegó a su oído. ―Soy tuyo y tú eres completamente mío. ―Aseguró mordiendo el lóbulo de su oreja.

Tony dejó salir un gemido.

Los besos de Steve volvieron a bajar por su cuello, buscando excitarlo otra vez. Él aún estaba duro como una roca y el moreno pudo sentirlo contra su abdomen.

―Steve, espera, espera. ―Trató de detenerlo empujando sus hombros con la poca fuerza que le quedaba. ―No puedo hacerlo otra vez…

El soldado ignoró sus palabras y dirigió sus besos hacia abajo, hasta que llegó a su entrepierna. Tony no sabía qué esperar de aquello hasta que sintió el aliento del rubio rozar la punta de su miembro y luego la húmeda y cálida sensación de su boca rodearle. Steve estaba… ¡Oh, por Dios! Miró hacia abajo sabiendo lo que encontraría y sintió su miembro reaccionar ante aquella erótica vista: Steve con sus labios alrededor de su miembro, sus ojos fijos en los suyos; pozos de azul profundo oscurecido por el placer y la lujuria. Gimió. La lengua del súper soldado haciendo maravillas sobre su glande; su cabeza subiendo y bajando sobre su entrepierna, tragando cada vez más profundo su erección.

La vista y las sensaciones lograron ponerlo duro dentro de la boca de Steve. Una de sus fuertes manos atrapó la base de su miembro y acompañó el movimiento; la mano de Tony sobre su cabeza, sin saber si apartarlo o presionarlo para dirigir el movimiento.

Repentinamente la boca del soldado dejó su tarea en su miembro y subió por su abdomen, ignorando las protestas del filántropo. Se posicionó entre sus piernas y con la ayuda de una de sus manos levantó una de las piernas de Tony, exponiéndolo para él. Tony se sentía extasiado. El soldado vertió un poco de lubricante sobre la entrada del moreno y nuevamente, sin previo aviso, se adentró en su interior con fuerza. Tony ahogó un grito de placer. Steve inició un ritmo rápido e implacable de inmediato, disfrutando de los gemidos de su novio. Estaba disfrutando de esas manos que se aferraban con fuerza a su espalda, que presionaban y arañaban sin pudor alguno su piel.

Acalló los gemidos con sus labios en un beso eterno, lleno de ternura, a diferencia de sus implacables penetraciones.

Aumentó la fuerza y la velocidad de sus embistes y sintió esa conocida presión en su interior, la sensación deliciosa del placer recorrer su columna. Se separó de sus labios y gimió con fuerza, casi en un grito ronco, junto al oído de Tony mientras se dejaba ir en su interior con abundancia. El moreno gruñó al sentir el cálido líquido en su interior y bastó escuchar a Steve para terminar sobre su abdomen, con un sollozo de placer y los ojos fuertemente cerrados, aún abrazado a Steve.

Se quedaron así por un par de segundos antes de que el soldado se apartara de él para descender sobre su abdomen. Tony hizo el mayor de sus esfuerzos por abrir los ojos y observarlo; Steve sacó la lengua con una sensual lentitud y lamió el semen de su abdomen.

―Steve. ―Dijo negando con la cabeza. No podía creer que estuviera haciendo eso.

Una vez que Steve liberó su cuerpo de los restos del blanco líquido, volvió a subir. Saboreó sus labios frente a Tony y luego lo besó lascivamente. El sabor de su semen y la saliva de Steve mezclados en su húmedo beso.

―Te amo tanto, Steve. ―Susurró al separarse, con los ojos casi cerrados.

Un segundo después se quedó dormido. Steve lo observó con cariño.


PD: Fui a ver Infinity War este fin de semana. OMFG! No diré nada más.


Lunes 30 de Abril, 2018.