Hola a todo el mundo!
Debo admitir que me está costando mucho actualizar Nuestra Historia, la inspiración últimamente no llega para los capítulos que me faltan. Sé lo que quiero escribir, pero al momento de hacerlo... en fin, terminar este capítulo me costó mucho, pero creo que quedó bastante bien. Tal vez mi cerebro se niega a escribir con fluidez a medida que se acerca el final del fic (antes de fin de año).
Ojalá que la espera haya valido la pena.
Ya saben que si les gusta pueden dejar un review :)
Disfruten su lectura :D
Capítulo 46
La prensa
Luego de ese apasionado encuentro en el sofá del taller, Steve decidió que un sofá no era precisamente el mejor lugar para dormir y descansar luego de todo lo que había pasado; incluyendo el viaje que había realizado la pasada semana y todos los hechos ocurridos ese día. Sabía que no había descansado lo suficiente luego de largas semanas con fiebre, y el viaje en barco no había sido de tanta ayuda para su recuperación como él había creído, por lo que necesitaba descansar, y Tony lo necesitaba también. Le preocupaba su pérdida de peso y el cansancio que había visto en él cuando llegó la noche anterior.
―JARVIS, ¿hay alguien en el piso principal? ―Preguntó mientras tomaba al moreno, profundamente dormido, entre sus brazos.
―El resto del equipo se encuentra aún en el hospital con el Sargento Barnes, Capitán. ―Respondió con diligencia.
―Perfecto. ―Susurró.
Afianzó el agarre que mantenía sobre el genio, apegándolo más a su cuerpo, y comenzó a caminar en dirección a las escaleras. Caminó por el pasillo sin importar su desnudez ni la de Tony y se dirigió escaleras arriba, a la habitación del moreno. Una vez allí, se dirigió al cuarto de baño.
El cansancio que se había apoderado del cuerpo del genio era tanto que ni siquiera despertó cuando fue depositado en el agua caliente de la bañera. Steve lo observaba, tranquilo y en paz, y no podía llegar a imaginarse lo que había tenido que pasar todas esas semanas en que él estuvo ausente, lo difícil que debió ser mantener las esperanzas de encontrarlo con vida.
Mientras lavaba esos castaños cabellos que tanto le gustaban no pudo evitar pensar en aquella conversación que tuvieron en la cocina, la primera vez que se dijeron "te amo"; ambos estaban asustados de amar al otro porque habían perdido a todos aquellos que amaron antes y no querían que la historia volviera a repetirse. Pensó en lo que debió sufrir Tony al pensar que pudiera haber muerto en esa misión. Observó su cuerpo y, aunque fuera relativamente poco, podía notar cada gramo que había perdido. Podía decir, con solo mirarlo, que sus contornos se habían vuelto más delgados, que su cuerpo había perdido fuerzas, así como sus ganas de seguir esperando por él.
No podía dejar que algo así pasara otra vez. No podía permitir que Tony pasara por esa experiencia otra vez.
Con cuidado lo sacó del agua y lo llevó a la habitación. Volvió a la ducha para bañarse rápidamente y prepararse para ese merecido descanso que no había notado que tanto ansiaba y necesitaba.
Una vez secos y cómodos bajo las sábanas, Steve se abrazó a la espalda de Tony y ahí, disfrutando de su calidez y escuchando sus suaves ronquidos, se permitió dormir como no lo había hecho en mucho tiempo.
•••
Cuando Tony despertó aún estaba oscuro. No sabía si era de día o de noche, porque sus cortinas siempre estaban cerradas mientras dormía, y en realidad no le interesaba en lo más mínimo. Sentía dolor en todo el cuerpo. Podría jurar que le dolían músculos que había olvidado que tenía, pero debajo de todo ese dolor, tenía la sensación de haber descansado todo lo que necesitaba descansar, pero a la vez se sentía inmensamente cansado. Era una sensación extraña. Se sentía relajado. Sentía que su pesado y adolorido cuerpo flotaba. Casi se sentía como un orgasmo permanente en todo el cuerpo.
Trató de levantarse al tiempo que recordaba lo que había pasado la noche anterior, pero no pudo. Estaba agotado. Emitió un quejido y un cuerpo duro y cálido se movió a su lado.
―Buenos días. ―Un beso fue depositado en su hombro.
Murmuró una especie de saludo y volvió a quejarse. Los brazos fuertes de Steve le rodearon y pronto sintió la respiración cálida y húmeda del soldado en su cuello.
―Me duele todo. ―Mencionó en un tono lastimero.
Los brazos del rubio lo dejaron con cuidado sobre el colchón y lentamente se sentó a su lado. Steve lo observó desde su altura y comenzó a retirar las sábanas del cuerpo del adolorido moreno. Estudió su cuerpo desnudo con atención. Con tanta atención que, de no ser el mismísimo Tony Stark, explayboy, ajeno al significado de la palabra vergüenza, se habría sentido cohibido ante aquella escrutadora mirada azul que parecía contar cada una de las células de su piel. Las manos de Steve se acercaron con lentitud a sus caderas y sus dedos rozaron suavemente la piel recientemente marcada. El mecánico contuvo la respiración ante el suave roce.
―Lo siento, Tony. ―El soldado sonaba realmente culpable.
Haciendo un enorme esfuerzo, el millonario se levantó sobre sus codos y miró el mismo lugar que tanto observaba y acariciaba Steve. Marcas violáceas a ambos lados de su cadera. Marcas de dedos. Los dedos de Steve. Vagos recuerdos de lo sucedido la noche anterior llegaron a su cabeza y, por un segundo, pudo experimentar nuevamente el placer que le hizo sentir en aquel apasionado y salvaje encuentro. Cerró los ojos. Por una dolorosamente placentera fracción de segundo sintió esas fuertes manos una vez más aferradas con intensa pasión a su cuerpo. Contuvo un gemido.
―Hey. ―Llamó su atención. ―No te disculpes.
―No controlé mi fuerza. Perdí la noción de ti, de mí, de todo a mi alrededor. ―Trató de alejarse, pero Tony se lo impidió tomando su mano. ―Te hice daño.
Con la poca fuerza que tenía en sus cansados músculos, Tony tiró de su mano y le obligó a acercarse. Posó su mano en la mejilla de su Capitán y lo acarició. Luego lo besó con suavidad.
―Nunca quise que contuvieras tu fuerza conmigo. ―Le guiñó con coquetería; su voz bañada en travesura. ― Siempre quise sentir al súper soldado sin inhibiciones, sin importar nada más.
Steve lo miró extrañado; con confusión. Algo extraño encendiéndose en su interior.
―Pero…
―Te amo, Steve. Amo cada parte de ti, y eso incluye al hombre anticuado, al súper soldado y al honorable Capitán América. No tienes que reprimir una parte de ti para estar conmigo. ―Hizo una pausa pensando y dejando que Steve comprendiera sus palabras. ― Además… si tienes que contener tu fuerza cuando estás conmigo eso quiere decir que estás pensando y no quiero que pienses mientras hacemos el amor, quiero que te dejes llevar al igual que yo. Que disfrutes al igual que yo.
Tony le dedicó una sonrisa y le dio un último beso.
―Ahora vamos a dormir un poco más. Estoy cansado. ―Volteó y cerró los ojos cuando el cuerpo de Steve se amoldó al suyo, dándole calor y seguridad.
•••
Todo el equipo estaba al tanto del regreso de Steve. Eso incluía a la adorablemente aterradora Virginia Pepper Potts y sus altos zapatos de tacón que resonaban por el pasillo a medida que se acercaba a la cocina.
La pareja estaba en la cocina a punto de disfrutar de un más que merecido desayuno después de los últimos eventos. Un delicioso desayuno preparado por el rubio súper soldado que estaba empeñado en que Tony recuperara el aspecto que tenía cuando él desapareció hace varias semanas. El genio no iba a quejarse, le encantaba la comida de Steve y le gustaba aún más sentirse consentido por un hombre que se veía tan atractivo mientras preparaba huevos revueltos. No podía negarlo, su novio estaba para comérselo y ahora no tenía por qué ocultarlo, así que se tomó su tiempo apreciando lo que tenía en frente.
Así lo encontró Pepper cuando entró a la cocina: desvistiendo a Steve con los ojos.
―No creo que ese tipo de mirada sea adecuada a estas horas de la mañana, Tony. Lo que vas a comer en la cocina es tu desayuno. ―Le amonestó con una rojiza y perfectamente perfilada ceja en alto.
―Pareces estar muy segura de eso, querida. ―Le dedicó una de sus sonrisas marca Stark.
Steve parecía no darse cuenta de la conversación a sus espaldas, o simplemente hacía oídos sordos, mientras revolvía el contenido de la sartén.
Pepper bufó.
―No mientras yo esté presente. ―Sentenció sentándose frente al genio. ―Capitán, me alegra que haya regresado sano y salvo. Necesito hablar con ambos, es importante.
El rubio volteó a verla apagando el fuego de la cocina y se sentó junto al genio para escuchar lo que la elegante mujer tenía que decirles.
―Ahora que el Capitán ha regresado no podemos seguir posponiendo el escándalo que generó esta foto. ―Puso sobre la mesa la revista que había comenzado con todo aquel asunto de "los amantes del Capitán América" y el posterior escándalo por la relación entre los líderes de los Vengadores. ―Hay que resolverlo antes de que vuelvan a aparecer en público como equipo. Si bien las revistas han abandonado un poco el asunto, los programas del corazón guardan al menos diez minutos para hablar de ustedes y por qué no han aparecido en público después de tantas semanas. Tienen un montón de teorías que no les gustará saber y antes de que se dejen ver en público como pareja otra vez… deberían aclararlo todo.
Se hizo el silencio entre los tres.
―Básicamente nos estás diciendo… ―Comenzó el moreno.
―La pregunta que todo el mundo se hace, ―le interrumpió― es si la relación es cierta o no.
―… estamos recluidos en la torre hasta que confirmemos o desmintamos esta foto y nuestra relación frente a todo el mundo. ―Gruñó el genio, completando su inicial pensamiento.
La pelirroja asintió.
―Está bien. ―Dijo después de unos minutos de silencio. ―Te hablaremos cuando hayamos tomado una decisión.
La mujer se levantó y se retiró de la cocina dejando a los héroes solos.
Luego de un par de minutos de silencio, Tony se levantó de la silla y se acercó a la sartén con el desayuno, lo sirvió y se sentó junto a Steve sirviendo dos tazas con café. Comenzó a comer mientras el soldado pensaba en las palabras de Pepper.
―Entonces… ―comenzó dubitativo el rubio―debemos decidir si queremos hacer nuestra relación pública o mantenerla en secreto. ―Completó su pensamiento.
El genio asintió con la boca llena de comida. Tomó un trago de amargo café y tomó el rostro de Steve con sus manos, obligándole a mirarlo.
―Dejaremos pasar unos días y luego haremos lo que debimos hacer hace mucho tiempo… le diremos al mundo que estamos juntos y se acabó. ―Steve lo miró sorprendido por la facilidad que tenía el genio para tomar decisiones importantes en tan poco tiempo. ― ¿Qué? ―Sonrió. ―Sabes que te amo y no quiero que sigan hablando mal de ti por estar escondiéndonos. Además, luego de esa foto nunca nos dejarán en paz.
―Bien. ―El capitán golpeó sus muslos con las manos, parecía que había considerado todo y había aceptado la decisión. ―Pero primero solucionaremos algunas cosas.
― ¿Cómo cuál? ―Preguntó el genio con la boca llena.
Pero el soldado no respondió, solo le besó la comisura de la boca.
Sabía que si le mencionaba lo de Bucky le arruinaría el desayuno, por lo que decidió que hablarían de ello más tarde. Decidió que primero se encargaría de la salud de Tony. Tomó su taza de café y le dio un trago largo; hizo un gesto de desagrado ante el amargo sabor y se levantó a buscar un poco de jugo de naranja.
•••
Habían pasado cinco días desde el milagroso regreso de Steve y, en todos esos días, el soldado no había abandonado la torre para ir a ver a su amigo. Sam lo mantenía al tanto del estado del tal Bucky. Tony pensaba que tal vez Steve no había ido a verlo para no tener problemas con él. No podía negar que le agradaba que Steve lo pusiera a él por sobre su amigo medio zombie con lavado de cerebro, pero no le gustaba la idea de ser la causa de que el rubio se distanciara de lo único que le quedaba de su época.
Estaba pensando en ello cuando el hombre que ocupaba sus pensamientos salió del baño envuelto en vapor, mientras secaba su cabello con una toalla. Se tomó un momento para observar al súper soldado de arriba abajo; le encantaba que Steve perdiera sus inhibiciones y saliera desnudo de la ducha. Subió la mirada y dijo lo que rondaba por su cabeza.
―No has ido a ver a tu amigo al hospital.
Steve lo miró con el ceño ligeramente fruncido.
―Pepper dijo que no podíamos salir de la torre hasta aclarar el asunto de nuestra relación. ―Se encogió de hombros y comenzó a buscar su ropa.
― ¿Esa es la única razón por la cual no has ido a verlo?
―Claro. ―Respondió el otro sin voltearse, con las manos dentro de un cajón.
Por un momento, Tony se sintió casi dolido de que Steve no considerara su delicada situación con el Soldado del Invierno; todo ese asunto de que había matado a sus padres debía ser importante para el soldado, pero al parecer lo había omitido. O simplemente le tenía tanto aprecio a su amigo que sería capaz de perdonar que haya matado a los padres de su pareja. Los celos volvieron a aparecer cuando consideró la idea de que su Steve sintiera afecto por el Soldado. En realidad sentía celos de cualquiera que ocupara un lugar en el corazón del rubio; cualquiera que no fuera él, por supuesto.
― ¿Pensando tonterías otra vez, Tony? ―El mencionado estaba tan metido en sus pensamientos que no se dio cuenta del momento en que Steve terminó de vestirse y se sentó frente a él.
―Yo no pienso tonterías. ―Se defendió con dignidad, tratando de ocultar la mirada.
―Tal parece que ya olvidaste tu pequeña escena de celos luego de golpear a Bucky. ―Dijo con simpleza, tratando de provocarlo. ―Recuerdo que me echaste en cara que "mi supuesto mejor amigo y yo estuvimos juntos por semanas en Europa" o algo por el estilo. Algo sobre que debía extrañarme luego de pasar una noche separados…
Tony se sintió estúpido por un momento. Había hecho una escena de celos digna de una comedia romántica de los noventa. Si hasta le había tirado lo que se le había cruzado en el camino. Se sentía estúpido y avergonzado, pero eso no implicaba que sus celos desaparecieran. Había mucha historia entre los dos súper soldados como para ignorarla.
―Ni siquiera te importa que haya matado a tu amigo Howard. Mi padre… a mi madre. ―Enfatizó la última parte.
Una de las grandes manos de Steve subió hasta su cuello y lo atrajo hacia él. Sus rostros estaban a menos de cinco centímetros cuando habló.
―Me importa. Claro que me importa, pero no puedo dejar de pensar en lo que le hicieron. No puedo evitar pensar en que si yo… ―suspiró― Tony, si yo lo hubiera buscado luego de aquella misión nada de esto habría pasado. Bucky no habría sido torturado una y otra vez por Hydra para convertirse en un arma…
―Nada de lo que pasó fue tu culpa. ―Se apresuró a asegurar el moreno. No quería que Steve se culpara por algo así.
―Supongo que nunca lo sabremos.
El silencio se hizo entre ellos, pero no se separaron ni un milímetro.
―Soy un idiota. ―Murmuró el mecánico. ―Claro que tengo celos de ese tal Bucky. Lo conoces de toda la vida y fueron los mejores amigos durante tiempos difíciles. ¡Invadiste una guarida de Hydra para rescatarlo! Quién no tendría celos de una relación así…
El moreno bajó la mirada, pero el soldado le instó a mirarlo y besó sus labios son suavidad.
―Bucky es como mi hermano. Tú eres el hombre que amo, Tony. Eres el amor de mi vida. ―Soltó en un suspiro. ―No tienes nada de qué preocuparte.
Tras escuchar esa confesión tan sincera, Tony se lanzó a sus labios para besarlo con hambre y pasión. Cuando se separaron, había tomado una decisión.
―JARVIS, convoca una rueda de prensa. Mañana. 10 AM. Avísale a Pepper.
―De inmediato, Señor.
Luego de eso, Tony decidió que era muy temprano para levantarse y atrajo al rubio hacia él, besando sus labios y recostándose en la cama. Quería hacerle el amor al hombre de su vida una y otra vez; necesitaría un gran desayuno cuando saliera de la habitación.
•••
Eran las nueve de la mañana y las cosas eran un caos en la torre: periodistas y fotógrafos de todas las revistas, periódicos y canales de televisión se habían apoderado del vestíbulo de la torre esperando poder entrar a la sala de conferencias. Aunque las cosas no estaban mucho mejor en el Pent House de la torre.
―Pepper me estás mareando, ¿podrías dejar de dar vueltas? ―Se quejó el moreno desde la cama, en ropa interior.
La pelirroja buscaba entre los trajes de la pareja. Desde que Tony había mandado trasladar todas sus cosas al piso de Steve las cosas eran más fáciles.
― ¿Sí sabe que puedo elegir un traje por mi cuenta, verdad? ―Le susurró a Steve, sentado a su lado envuelto en sus ropas de deporte. El rubio solo se encogió de hombros.
―Puedo escucharte. Y no, no puedes. Tienes que usar un traje adecuado, igual que usted, Capitán. ―Los miró a ambos. ―Aún no puedo decidir si deben ser trajes que combinen o no. ―Murmuró para sí misma.
Diez minutos después la pelirroja le entregó un traje a cada uno y salía de la habitación.
―Los quiero listos en quince minutos. Nada de retrasos, Tony. ―Le advirtió al moreno, apuntándolo con el dedo. Luego se dirigió a Steve. ― Capitán, ¿no cree que ya es momento de…?―hizo un gesto con su mano sobre su rostro.
Tony la miró con desagrado y Steve asintió al comprender lo que decía: tenía que afeitarse.
―Hay un estilista esperando para recortar su cabello. ―Sentenció antes de salir de la habitación.
El soldado suspiró y comenzó a cambiarse de ropa; ya se había acostumbrado a la barba y al cabello largo, pero si iba a presentarse ante tantos reporteros debía tener un aspecto más… normal. Sabía que parecía una especie de criminal buscado con aquella apariencia.
Observándolo, el mecánico decidió que siempre podría esperar a que pasara la conferencia de prensa para esconder todas las máquinas de afeitar de la torre y las tijeras; le gustaba ese aspecto salvaje que tenía Steve con la barba de hombre peligroso y el cabello largo y desordenado, sobre todo cuando estaban en la cama. Sí, ya lo había decidido. Haría que Steve recuperara su look de exconvicto una vez pasara todo aquel asunto.
Diez minutos más tarde, Tony vio caer los largos mechones de cabello de su soldado al piso de la sala.
•••
La sala de conferencias se abrió diez minutos antes para la entrada de todos los reporteros y paparazzi que había presentes. El lugar era un desastre, todos estaban amontonados y empujándose unos a otros para estar más adelante y capturar las mejores fotografías y las mejores tomas en video de la conferencia, así como también tener más oportunidades de hacer alguna pregunta a los héroes.
Steve estaba nervioso. Su cabello estaba como antes y su traje se veía impecable, pero eso no aminoraba sus nervios. No entendía por qué debían dar una conferencia de prensa para aclarar todo aquel asunto, pero Tony le había explicado que las personas famosas, sobre todo ellos por ser los héroes en que las personas depositaban su seguridad, debían mantener cierto grado de transparencia y, de vez en cuando, dar alguna que otra explicación por sus actos. Bien lo sabía el moreno por experiencia.
―Te prometo que todo saldrá bien. ―Trató de dar ánimos el moreno.
―Si digo alguna tontería…
―No te preocupes por eso, ―el elevador llegó y ambos subieron con Pepper pisándoles los talones―si no te sientes seguro contestando alguna pregunta no tienes que hacerlo. Yo me ocuparé de eso, ya sé cómo tratar con los periodistas.
El rubio asintió y la pelirroja suspiró con resignación. Si Tony contestaba muchas preguntas las cosas acabarían mal.
•••
Faltaba un minuto para comenzar.
Los héroes llegaron y esperaron afuera de la sala a que Pepper los presentara. La mujer les hizo una señal y Tony, osadamente, tomó la mano de Steve y entrelazó sus dedos con los suyos. La mano del rubio se aferró a ese apoyo sin importar que la primera foto que los reporteros tomaran fuera esa.
Tony le guiñó un ojo y le dedicó una sonrisa dulce que cambió en menos de un segundo por su sonrisa de revista; esa sonrisa de hombre de negocios. Por un momento Steve pensó en lo falsa que era esa sonrisa y en lo ciego que era todo el mundo por no notarlo. Tony les sonreía a todos los presentes como si le encantara estar allí, pero nadie parecía notar que lo único que quería era irse. Steve lo notaba. Podía sentir la tensión en su agarre, la forma obligada de su caminar y la dura contracción de los músculos de su cuello, forzando la postura alta de su cabeza y, por supuesto, forzando también la sonrisa.
Los gritos inentendibles de todo el mundo se acallaron cuando Tony levantó su mano libre y pidió silencio.
―Buenos días, chicos. Hace mucho que no nos vemos, pero prometo que esta vez no es por nada malo. Al menos no que yo sepa. ―Guiñó y el público rió.
Steve solo pudo pensar en lo fácil que le salía a Tony mentir frente a otras personas. Por un momento pensó en si le habría mentido a él en estos siete meses de relación, pero no pudo encontrar ninguna; Tony no podía mentirle porque él veía la verdad en sus ojos. El resto del mundo veía su sonrisa practicada por quien sabe cuánto tiempo frente al espejo, sus chistes y frases audaces, y creían en todo lo que decía. Él no. Steve veía más allá. Ese pensamiento le hizo sentir extrañamente feliz.
―Vamos a ponernos serios por un momento. ―El silencio se hizo otra vez. ―Estamos aquí para comentar un asunto que afectó, no solo a mí, sino al hombre aquí presente. Steve Rogers.
El mencionado hizo un asentimiento a modo de saludo a los presentes. Los flashes de las cámaras se dejaron escuchar.
―No vamos a retrasar el hecho diciendo que las fotos en las portadas de revistar son trucadas, porque no lo son. Tampoco diremos que las personas allí no somos nosotros, porque se ve claramente que sí lo somos. ―Miró a Steve. ―Así que sí. La respuesta a la pregunta que ronda sus cabezas es sí, Steve Rogers y yo estamos juntos en una relación romántica.
Un griterío llenó la sala de conferencias y Steve se tensó. La mano de Tony apretó la suya y Steve lo miró a los ojos. Ver la seguridad en esos pozos de chocolate le calmó un poco y una sonrisa se formó en el rostro de ambos.
Ninguno de los dos pareció darse cuenta de que todo estaba siendo grabado y fotografiado, al tiempo que los presentes iban guardando silencio poco a poco al verlos. Todos observaban la imagen de enamorados que daban los héroes y se quedaban sin palabras al ver al mujeriego por excelencia del país con esa mirada de embobado al ver al Capitán.
Luego de un momento, Tony se percató del silencio y decidió volver a tomar la palabra. Sin ganas, tuvo que apartar la mirada de los hermosos ojos azules de su novio.
―Supongo que tienen preguntas. ―Eligió a una mujer con cara de hacer buenas preguntas y la indicó con el dedo. ―Tú.
La mujer no se lo pensó mucho.
― ¿Por qué ahora? Han pasado dos meses desde el escándalo, ¿qué los mantuvo en silencio por tanto tiempo?
El genio miró a Steve y el soldado asintió, tomando la palabra.
―Nos vimos envueltos en una misión en el extranjero cuando todo esto ocurrió y tuvimos algunas complicaciones que nos mantuvieron ocupados todo este tiempo. Esa es la razón.
―Veamos. ―Dijo el millonario. ―Una pregunta interesante… tú. ―Señaló a un joven que tenía toda la apariencia de estar empezando su carrera. Decidió que iba a darle una oportunidad.
El joven se aclaró la garganta y habló.
―Todos sabemos que se le considera como el playboy americano. ―"Chico osado", pensó Tony. ―Se decía que jamás sentaría cabeza hasta su relación con Virginia Potts, hace algunos años, que tampoco duró mucho… ¿qué es diferente esta vez?
La sonrisa de Tony bailó por un segundo en sus labios. El chico había hecho una buena pregunta.
―Estoy enamorado. ―Declaró con simpleza. ―No quiere decir que mi relación con Pepper no hubiera tenido amor, ―aclaró―pero la vida da muchas vueltas y nos dimos cuenta de que nuestro amor ya no era del tipo romántico, sino un amor de amistad. Somos los mejores amigos; ella dirige mi empresa y sigue regañándome como si fuera un niño…―Rió. ―Mi relación actual con Steve es diferente, ambos estamos en la misma sintonía, sabemos lo que queremos del futuro y compartimos muchas más experiencias del pasado de lo que hubiéramos creído. Nos hicimos amigos y al conocerlo no pude evitar enamorarme.
Un silencio se hizo en la habitación. Las palabras de Tony sonaban tan sinceras y soñadoras. Steve lo miraba como si hubiera dicho lo mismo que él estaba pensando. Tenía el corazón acelerado y una sonrisa en el rostro.
El millonario eligió a alguien más.
― ¿Quién era el hombre de las primeras fotos?
Tony no pudo evitar reír.
―Buena pregunta, quería aclarar ese tema. Era yo. Todo el tiempo fui yo. No existe tal cosa como "los amantes del Capitán América". Por favor. ―Hizo un gesto de desagrado. ―Casi me siento ofendido al no ser reconocido. ―Bromeó.
Muchos murmullos se escucharon luego de aquella respuesta. Tal parecía que todos trataban de hacer la similitud entre el hombre que tenían en frente y el hombre de las primeras fotografías.
― ¿Alguien más quiere preguntar algo? ―Dijo a los presentes.
Muchas manos se alzaron, pero una delicada mano se alzó por sobre las otras y una hermosa mujer rubia se abrió paso entre los demás.
―Hola, Tony. ―El genio hizo una mueca. No le gustaba ver a esa mujer. ― ¿En serio esperas que nos creamos eso del enamorado?
La sonrisa política de Tony desapareció en cuanto la mujer abrió la boca, pero su pregunta realmente le hizo enfurecer.
―En primer lugar, señorita, ―Steve tomó la palabra. No le había gustado la forma en que esa mujer le habló a su novio― agradecería que no se tome familiaridades con mi pareja. ―La mujer endureció el gesto. ―Y en segundo, no importa lo que ustedes crean. La única opinión que importa es la mía y estoy seguro del amor de Tony.
Steve había sido rudo y directo al responder, Tony se sentía orgulloso de él. Que el soldado le defendiera ante esa arpía le había alegrado la mañana. Aunque podía pensar en otras formas de alegrarse la mañana con el rubio.
―En vista de que se acabaron las preguntas inteligentes, ―dijo mirando a la rubia―damos por finalizada la conferencia. Muchas gracias por su asistencia.
El moreno comenzó a caminar y Steve caminó junto a él, dejando el griterío de protestas olvidado en la sala.
―Siempre he odiado a esa mujer. No entiendo cómo pudo entrar, me encargué personalmente de revisar la lista de asistentes. ―Se apresuró a hablar Pepper.
―No te preocupes, Steve supo encargarse de ella. ―Miró al soldado. ―Bien hecho. ―Lo besó castamente. ― ¿Podemos irnos?
La pelirroja asintió y se apartó del camino. La pareja caminó hacia el elevador, de vuelta al piso de Steve.
―Antes de que lo preguntes, créeme cuando te digo que no quieres saberlo. ―Soltó mientras se quitaba la corbata. Steve lo detuvo.
―Supongo que te refieres a Christine Everhart. ―Tony lo miró extrañado. ―La he visto un par de veces en televisión. No me agrada y tienes razón. No quiero saberlo.
Poco a poco, sin decir más, Steve terminó de quitar la corbata del cuello de su novio. Siguió con la chaqueta, la camisa, hasta dejarlo completamente desnudo. Tony le ayudó a desvestirse y la conferencia de prensa quedó totalmente olvidada. El mecánico tenía razón. Había muchas otras formas de alegrarse la mañana con el rubio. Y eso que Steve estaba haciendo con su boca en ese momento le encantaba y, definitivamente, le alegraba el día completo.
Lunes 28 de Mayo, 2018.
