Hola a todo el mundo!
El de hoy es un capítulo muy largo en comparación a los anteriores (cosas que pasan).
No tengo mucho que decir antes de que lean el capítulo, solo que está listo desde hace dos semanas y en las notas finales tal vez comprendan él porqué de todo lo que escribí.
Advertencias: Meh... debería advertirles algo, pero sé que nunca me harían caso, así que no les advierto nada. Lo que sí reitero es que deberían leer las notas finales si es que no comprenden el porqué de las cosas (solo después de leer el capítulo para que no se spoileen).
Espero les guste y me dejen sus comentarios :)
Lo revisé muchas veces, pero siempre se me termina pasando algo. Desde ya, les digo que lo siento si encuentran errores ortográficos o si me faltan palabras...
Nos vemos en las notas finales.
Disfruten su lectura :D
Capítulo 47
Tony y Bucky
La cantidad de material que había obtenido la prensa luego de la conferencia había dado tanto de qué hablar, que habían llamado desde casi todos los programas de televisión para hacer una entrevista; sin olvidar las revistas del corazón. No solo los habían llamado a ellos, los principales involucrados, sino que los habían llamado a todos. Incluso Pepper había sido convocada un par de veces para hablar del asunto, pero se había negado en cada ocasión.
Decir que habían tenido una semana pacífica sería mentir, de hecho, no habían vuelto a salir de los pisos acostumbrados de la torre para no encontrarse con odiosos periodistas. Aunque, en el fondo, sabían que algo así pasaría.
Barton había desaparecido otra vez, excusándose en que no estaba hecho para soportar a la prensa y que no sería bueno para la imagen del equipo si comenzaba a disparar flechas a los periodistas. Natasha y Banner seguían como siempre, salían cuando querían y trabajaban en el laboratorio del doctor de cuando en cuando. Tony sospechaba que el casi anonimato de Banner y la aterradora idea de enfrentarse a la furia de Black Widow, les ayudaban a vivir en relativa paz y no tener que estar encerrados como Steve y él.
Agradecido de tener un tiempo a solas con Steve, Tony se acercó a él y se sentó a su lado.
― ¿Tu amigo no ha despertado aún? ―Preguntó tratando de sonar despreocupado, fallando miserablemente; la palabra amigo había salido casi con burla de sus labios. Aún no se creía eso de "mejores amigos y nada más".
Mirándolo con algo de diversión, al notar los celos irrefrenables que tenía su novio, Steve sonrió y demoró un poco más de lo necesario en contestar. Solo para molestarlo un poco.
―Sam dijo que no hay noticias. ―Calló un segundo y pensó bien sus siguientes palabras. ―Tú pareces más interesado en si despierta o no. Incluso más interesado de lo que yo debería estar.
El tono que usó casi logró su objetivo. Aunque no podía parecer serio y celoso cuando veía la cara de desagrado que hacía Tony al mencionarle al hombre de cabello largo.
Sorprendido, asqueado y realmente enojado, Tony se levantó y lo miró con dureza.
― ¡Jamás! ―Hizo una pausa. ―Jamás vuelvas a decir algo como eso.
Al ver lo molesto que estaba, el soldado no pudo evitar provocarlo un poco más.
―Tal vez soy yo quien debería preocuparme por su presencia. No debería dejarlos a ustedes dos solos en una habitación. ―Dijo simulando estar muy pensativo al respecto, como si en verdad estuviera considerando algo como eso.
―Se acabó. Me voy al taller.
Tony estaba indignado. Al principio, él era el idiota que sentía celos por los eternos súper mejores amigos, luego las cosas se calman y ahora que pretendía ser un buen novio para Steve, el soldado le soltaba semejantes comentarios. Sabía que estaba jugando con él, se había dado cuenta de que a Steve le gustaba enojarlo y lo hacía en cualquier oportunidad que se le presentaba, pero esto era algo serio.
Caminó en dirección a la entrada del taller ignorando los llamados del soldado.
No podía creer que, justo en el momento en que trataba de ser considerado con alguien más que sí mismo, Steve se hiciera el gracioso y le provocara de esa forma.
Steve le siguió hasta caminar junto a él.
― ¿Qué haremos en el taller? ―Preguntó el rubio con su voz más inocente y suave.
Sin siquiera voltear a verlo, Tony respondió en un tono seco.
―Iré a trabajar. Tú no estás invitado. ―Hizo una pausa. ―JARVIS, el Capitán Rogers no tiene permitido el acceso al taller hasta nuevo aviso.
―Oh, no. Eso sí que no. ―Dijo agarrando fuertemente el brazo del genio, impidiéndole llegar a la entrada del taller. ―JARVIS, ignora esa orden.
―No puedes darle órdenes a JARVIS. ―Tony lo miró enojado.
―Señor, según su última programación, el Capitán Rogers puede, efectivamente, darme órdenes.
Maldito traicionero, pensó el genio.
―Suéltame.
El moreno tironeó su brazo intentando liberarse, pero Steve no le soltó.
―No vas a enojarte por una pequeña broma. Estaba jugando contigo, Tony. ―Se explicó con una sonrisa y voz suave.
Era tan injusto que Steve sonriera de esa forma. El soldado sabía jugar sus cartas y esa sonrisa era una de sus cartas más poderosas. Tony no podía resistirse a esa sonrisa sencilla, tierna y seductora. Trató de mantenerse firme, pero Steve tenía otra carta más bajo la manga. Poco a poco comenzó a avanzar hasta dejarlo atrapado entre su poderoso cuerpo y la pared.
―No puedes hacer esto, Steve. ―Su voz débil al sentir los labios del rubio en su cuello.
― ¿No puedo besarte? ―Preguntó con inocente coquetería.
Un suspiro salió de sus labios y la razón por la que estaba enojado en un principio se esfumó poco a poco de su mente.
―Steve. ―Sus manos lo alejaron de su cuerpo. ―No puedes seducirme para que te perdone cada vez que me haces enojar. No es justo que me digas algo para molestarme y luego te aproveches de mi debilidad por ti para hacerme perdonarte.
Las palabras del genio fueron suaves y salieron de sus labios casi en una súplica.
―Así que… ¿tienes una debilidad por mí? ―Preguntó con diversión el rubio.
―No puede ser que solo hayas rescatado esa parte de todo lo que te dije. ―Suspiró el genio con cansancio.
―Vamos. ―Steve lo tomó de la mano y volvieron al sillón en que habían estado sentados minutos antes. ―Por supuesto que escuché todo lo que dijiste.
Tony se había dejado llevar por el soldado y no había retirado su mano del agarre, ya no estaba enojado. Últimamente no podía enojarse por más que un par de minutos, mucho menos con el hombre que estaba a su lado.
―No entiendo. ―Lo miró directamente. ― ¿Por qué te gusta hacerme enojar? No creo que hayas olvidado nuestros primeros encuentros. Siempre discutíamos y en más de una ocasión casi nos vamos a los golpes.
Steve sonrió y se le escapó una risa que desconcertó al genio. En su cabeza pasaban algunos pensamientos sobre ello. Le gustaba el fuego que veía en sus ojos cada vez que se enojaba, le gustaba a forma en que su ceño se fruncía y sus cejas bajaban en un claro gesto de molestia. Sin olvidar que le encantaba ver su mandíbula apretada cuando trataba de controlar su instinto de ridiculizar a alguien con su mente brillante, sin conseguirlo, por supuesto, o cuando salía con sus comentarios sarcásticos. Adoraba ver cómo, con el tiempo, Tony había madurado y se reservaba sus palabras; ahora tenía ese pequeño tic en la ceja derecha que había empezado a notarse hace poco más de un año. Pero no iba a decirle todo eso. No podía decirle al grandísimo Tony Stark todas esas cosas… no sin alimentar su gran ego.
Sonrió una vez más.
―Me gusta hacerte enojar. Me recuerda los viejos tiempos. ―Respondió con simpleza, omitiendo todo lo que rondaba por su cabeza.
Tony suspiró.
―No tienes remedio.
Se quedaron en silencio un par de minutos. Steve acariciaba ausentemente la mano de Tony que aún estaba entrelazada con la suya.
―Sam dice que Bucky debería despertar pronto. ―Su mirada estaba lejos. ―Le diste un fuerte golpe, han pasado casi tres semanas.
El genio trató de sentirse culpable, pero no pudo. Saber que había noqueado a un súper soldado con un solo golpe le hizo sentir orgulloso de sí mismo.
―Cuando despierte… ¿quieres que hable con él, no es así? ―Preguntó con resignación.
―No tienes que hacerlo. ―Se apresuró a contestar, mirándolo a los ojos. ―No puedo forzarte a hacer algo que no quieres.
Tony podía pensar en un par de cosas que no le molestaría que Steve le forzara a hacer, pero no le convenía irse por esos pensamientos. Estaban hablando de algo delicado.
―Creo que necesito hablar con él. ―Dijo luego de un rato en silencio. ―No volveré a golpearlo, lo prometo.
Steve sonrió y lo atrajo hacia él para besarlo con suavidad.
•••
El silencio reinaba en la sala común del Pent House de la torre.
Steve dormía plácidamente sobre el pecho de Tony, con sus piernas entrelazadas con las del genio, quien dormía tranquilamente, cubierto por el calor del cuerpo del soldado. Ambos se habían quedado dormidos entre besos y caricias inocentes luego de aquella conversación sobre el amigo de Steve.
En esa posición y en medio de esa paz los encontró la espía pelirroja, que los buscaba para informar que se iría por unos días debido a una misión. Todo eso de los sentimientos y cursilerías no eran lo suyo, pero no podía negar que, desde que había decidido abrirle su corazón a Bruce, se había ablandado un poco. Un tiempo atrás los habría despertado, pero decidió que JARVIS podía proporcionarles esa información cuando despertaran. Pasó la vista rápidamente por el lugar buscando la manta que siempre estaba allí por alguna razón que desconocía, los cubrió con ella y se fue en medio de la oscuridad de la recién caída noche en Nueva York.
•••
Steve estaba entrenando en el gimnasio, golpeando un saco de arena, cuando Tony apareció en la puerta como lo hacía al comienzo de todo, hace ya tantos meses, pero sin ocultarse esta vez. El soldado le dedicó una sonrisa y siguió con sus incesantes golpes.
El genio había estado metido toda la mañana en el taller, se había levantado a las cinco con treinta y tres minutos con una idea asombrosa, porque Tony Stark solo tenía ideas asombrosas, y había dejado al rubio completamente solo. Se arrepentía un poco, pero no podía dejar pasar sus grandes ideas por disfrutar un poco más del calor de su amado súper soldado en la cama. Afortunadamente a Steve no le molestaba despertarse solo, pues sabía que las ideas del genio venían en cualquier momento y era común para él saberlo encerrado en el taller, con la cabeza metida de lleno en un proyecto. Tony agradecía eso. Adoraba que Steve fuera tan comprensivo.
Habían pasado un par de horas desde que estaba en el taller cuando Steve entró en silencio y dejó a su lado una taza de café recién hecho y un gran sándwich de tres pisos, le había dado un largo beso y luego se había ido por donde entró. Tony había quedado un poco sorprendido por el silencio del soldado. Por un momento pensó que se había molestado un poco al despertar solo, pero al levantar la taza de café vio una nota pegada a ella: "No te canses demasiado. Te amo". Oh, como adoraba a ese hombre. Comió y bebió su desayuno rápidamente para poder seguir trabajando, pero en algún momento su mente se había ido fuera del proyecto y había desplegado otra pantalla azul, pero en vez de proyectar planos y fórmulas, mostraba la transmisión en vivo del gimnasio de la torre.
Tony sabía que al Capitán le gustaba entrenar. Y a él le encantaba observarlo entrenar. Recordaba bien esas noches en que lo observaba desde una pequeña rendija en la puerta. Ver su escultural cuerpo moviéndose en una violenta danza que lo hipnotizaba, el sudor cayendo por su frente y bajando lentamente por ese delicioso cuello. Oh, cómo amaba verlo en ese estado. Pero en vivo y en directo la imagen era mucho mejor. Dejó todo lo que hacía y caminó escaleras arriba, en dirección a las puertas del gimnasio.
Se quedó ahí, observándolo por un rato. Steve lo había sentido llegar y le había sonreído. Le encantaba esa sonrisa.
―Hey, viejo. ―Saludó Sam, alegremente, poniendo una mano en el hombro del genio.
Tony dio un salto por el susto. Estaba demasiado concentrado viendo a Steve y no había escuchado los pasos del otro.
―Oh, por...
Steve volcó su atención en la puerta y al ver a Sam se acercó.
―No vuelvas a decirme viejo otra vez. ―Reclamó el millonario, poniendo mala cara, luego de recuperarse del susto.
El afroamericano soltó una carcajada y apretó el hombro de Tony con confianza.
―Es una forma de decir, hombre. No es para tanto.
―Haz lo que dice, Sam. Aquí el viejo de la relación soy yo, ¿recuerdas? ―Le guiñó un ojo a Tony.
―Qué hay, hermano. ―Saludó al rubio con un amistoso apretón de manos. ―Tengo algo que decirte, pero no sé si sea buena idea que…
―Si es sobre el tal Bucky, puedes hablar. Ya prometí que no volveré a golpearlo. ―Dijo el genio, forzando una sonrisa.
Steve tomó su mano y le dio un ligero apretón al sentir su tensión.
―Si tú lo dices… ―Sam dudó un momento antes de seguir. ―Nuestro hombre despertó esta mañana. No había dicho ni media palabra hasta que he entrado a la habitación.
Steve tomó una profunda respiración y sintió como el genio se tensaba aún más.
― ¿Qué dijo?
―Quiere hablar contigo, viejo. ―Se dirigió al genio, que puso una mala cara al escuchar la palabra viejo otra vez. ―Dice que no hablará con nadie más hasta que hable contigo.
La respiración de Tony se aceleró y Sam decidió que era momento de irse. Se despidió con un movimiento de su mano y desapareció por el pasillo.
―No tienes que hablar con él si no quieres, Tony. Podemos esperar hasta que te sientas listo.
―No. Iremos ahora. Ve a cambiarte, necesito que estés conmigo.
Steve asintió y le dio un suave beso en la frente antes de soltarle y correr hacia el elevador.
•••
Luego de que Steve desapareciera, Tony se quedó pensando.
James Buchanan Barnes. El Soldado del Invierno. El asesino de sus padres… de su madre.
No sabía qué le diría ni cómo reaccionaría en su presencia. Estaba resentido, eso era cierto, pero le había prometido a Steve no golpear al soldado de cabello negro. Además, no podía golpear a alguien que estaba en una cama de hospital, eso sería totalmente inadecuado y no era algo de lo que pudiera sentirse orgulloso, ni siquiera el mero pensamiento se sentía bien. Era algo incorrecto que se negaba a hacer, pero debía controlar sus emociones, sobre todo su furia para evitarlo. Porque, si era sincero consigo mismo, aún tenía unas horribles ganas de golpearlo hasta el cansancio.
Recordaba lo que le había dicho a Steve hace tanto tiempo, cuando le mostró el video de las cámaras de seguridad. Sabía las verdaderas razones del Soldado para hacer lo que hizo, sabía que todo era producto de un lavado de cerebro y que en realidad no era del todo culpable. Aún pensaba de la misma forma, pero las ganas de desaparecerlo de la faz de la tierra eran poderosas.
Tomó una profunda respiración y se dio media vuelta para bajar al piso que compartía con Steve. No tenía sentido seguir pensando en lo que haría. Conociéndose de la forma en que se conocía… estaba seguro de que no valía la pena planear nada. Tony Stark nunca hacía las cosas de acuerdo a un plan.
•••
Durante todo el camino, Steve pudo sentir la tensión del genio a su lado. Le preocupaba que hubiera decidido conducir en el estado que se encontraba, pero no iba a discutir con el genio.
Al llegar al hospital se encontraron con Sam, que los acompañó hasta la puerta de la habitación de Barnes.
El agarre que mantenía Tony en la mano de Steve se afianzó un poco más mientras tomaba un par de respiraciones profundas, buscando su paz interior. Poco a poco soltó la mano de su novio; le tomó toda su fuerza de voluntad dar el primer paso hacia la puerta y llevar su mano a la perilla para entrar.
―Tengo que hacer esto solo. ―Susurró cuando sintió a Steve acercarse a él.
Steve comprendió perfectamente. Había cosas que era mejor enfrentar solo y no iba a quitarle ese privilegio a Tony. Asintió aunque el genio no podía verlo y dio un paso atrás. Solo pudo relajarse cuando la puerta se cerró y el moreno desapareció de su vista.
―Saldrá bien. Tal vez no parezca algo bueno cuando estén gritándose y rompan un florero, pero las cosas estarán bien, Steve. ―Sam le apretó un hombro confortándolo y se sentó a su lado.
•••
No había cosa que Tony Stark odiara más que los hospitales. No le gustaba el color blanco de las paredes, el piso y el cielo; odiaba las brillantes luces fluorescentes que encandilaban sus ojos y le hacían sentir expuesto ante la mirada de todo el mundo. Era una sensación diferente a los flashes de las cámaras. No le gustaba entrar a un hospital por la simple razón de que siempre que lo hacía era porque alguien estaba enfermo; a veces él, a veces su madre o un familiar lejano que no conocía del todo bien. Odiaba los hospitales porque le hacían sentir débil y enfermo, incluso cuando no era él quien estaba recostado en la incómoda camilla.
Su antipatía por los hospitales comenzó cuando era joven y tuvieron que llevarlo de urgencia al hospital porque se había intoxicado con una sustancia en el laboratorio del instituto. Cables conectados a su pecho, puntiagudas agujas clavadas a sus venas, máquinas pitando a cada segundo… no le gustaba para nada.
Pero las cosas empeoraron cuando los hospitales se asociaron con la muerte. Primero Edwin Jarvis, que era más un padre para él de lo que Howard nunca fue. El hombre tenía sus años, pero Tony siempre pensó que se había ido demasiado pronto. Luego sus padres. Tony sabía que no murieron en el hospital, pero tuvo que reconocerlos en la morgue de uno y ese era uno de los recuerdos más dolorosos y sombríos de toda su vida.
Su aversión a los hospitales solo había crecido con los años; sobredosis de alcohol, accidentes de auto… el reactor.
Los hospitales no eran buenos y, ahora que estaba aquí por el hombre que lo miraba con incredulidad desde la cama, los aborrecía aún más. Dio un paso tentativo hacia la cama, pero se decidió por la ventana y caminó hacia ella.
―No pensé que vendrías tan pronto, Stark. ―Dijo el asesino en voz baja, su voz neutra.
Tony no estaba seguro de qué hacer o decir. Ni siquiera estaba seguro de por qué le había dicho a Steve que se quedara afuera, lo necesitaba más que nunca en ese momento. Pero debía afrontar este momento solo, lo sabía. Si el soldado hubiera estado junto a él en ese momento… no sería capaz de decirle nada al hombre que tenía frente a él y había muchas cosas que quería decirle, pero no sabía por dónde empezar.
Se giró en dirección a la cama, pero no avanzó ni un centímetro. La distancia impediría que rompiera su promesa de no golpear al asesino de sus padres.
―Tengo muchas cosas que decir, pero no sé por dónde empezar. ―Soltó, conteniendo sus ganas de avanzar y golpearlo.
Barnes guardó silencio por un momento.
―Conocí a tu padre en la guerra. ―Comenzó el soldado. ―Cuando me rescataron de la prisión de Hydra y volví al campamento, Howard Stark, el hombre más brillante que el ejército pudo encontrar, se encargó personalmente de mis exámenes. En ese entonces ya habían experimentado conmigo y ningún doctor ni enfermera quería tratarme. La Agente Carter y él tomaron mis muestras de sangre y se encargaron de todo hasta que decidieron que no era peligroso para los demás.
Tony no sabía eso, pero no dijo nada.
―He pensado mucho en ellos desde que comencé a recordar. ―Hizo una mueca. ―Si no hubieran experimentado conmigo en la base de Hydra, habría muerto en la caída del tren y mi historia habría terminado ahí. Las cosas hubieran pasado de una forma u otra, pero no sería yo el causante de todas esas muertes.
―No puedo creer que estemos de acuerdo en algo. ―Murmuró. Barnes lo miró sin comprender. ―No importa.
―Consideraba a Howard como un amigo y me reconoció esa noche… pero no fue suficiente para interferir con mi programación. ―Se lamentó.
El genio volvió a darse la vuelta para mirar por la ventana.
―Cuando encontré la grabación de las cámaras de seguridad de esa noche no le dije a nadie lo que sabía. Tiempo después Steve me confesó que creía saber quién era el asesino de mis padres. ―Rió sin ganas. ― Le mostré el video y le dije que… ―suspiró con cansancio― dije que aunque sé que Hydra es culpable de lo que pasó y tú no eras responsable… la mano que le quitó la vida a mi madre fue tuya, maldita sea.
Tony se giró enojado para enfrentar la mirada de Barnes. Sus puños apretados y su mandíbula temblando por la rabia.
―Sé que no eras consciente de lo que hacías. Que no tenías razones para matar a Howard o a mi madre, pero fuiste tú. ―Reclamó, subiendo un poco la voz con cada palabra. ―Un "no era consciente de lo que hacía" no será suficiente para olvidar los gritos de mi madre y la cara de mi padre cuando acabaste con sus vidas.
El volumen de su voz había subido, pero no estaba gritando. Tony se prometió no armar un escándalo y estaba conteniéndose.
―Sé que no hay nada que pueda decir para que me perdones. Ni tú ni nadie, pero quiero hacerlo. ―Miró sus manos y apretó los puños, lleno de frustración. ―Nunca quise matar a nadie. Sé que un lo siento no es suficiente, pero realmente lo siento con todo mi ser. Howard era mi amigo y su esposa parecía ser una mujer encantadora… ahora sus rostros, junto a otros cientos de rostros desconocidos, me persiguen cada vez que cierro los ojos. Los veo una y otra vez.
Los ojos de James se cerraron y una solitaria lágrima cayó por su mejilla.
―No voy a perdonarte porque no lo mereces y porque no puedo. ―Replicó Tony ácidamente.
La mirada de Barnes se dirigió a él y suplicó con la mirada por algo que sabía no encontraría. Steve le había dicho lo mucho que aquellas muertes habían afectado al genio y no iba a insistir por algo que, en el fondo, sabía que no merecía.
―No quiero verte cerca de Steve. ―Dijo con firmeza, después de un minuto en silencio. ―Sé que fueron mejores amigos, pero no soportaría verte cerca de él ni de ninguno de nosotros. Te quiero lo más lejos posible de todos.
James comprendía eso también. Tony tenía miedo de que le hiciera daño a alguno de sus seres queridos nuevamente. Si era sincero consigo mismo, no se sentía seguro de su mente tampoco y no iba a negarle eso.
―No era mi intención quedarme. El hombre que Steve alguna vez consideró su hermano ya no existe. Y aunque algún día recuerde todo, jamás volveré a ser él. Lo que hice durante todos estos años rompió algo dentro de mí y jamás recuperaré la vida que dejé al caer de ese tren. Estar cerca de Steve solo me haría recordar lo que perdí. ―Respondió. ―Me iré en cuanto me dejen salir de aquí.
―Bien.
Diciendo esto salió de la habitación. Sus puños apretados y la mirada sombría.
―Te espero en el auto. ―Dijo al pasar junto a Steve.
•••
Steve había escuchado toda la conversación y no estaba de acuerdo con la idea de no volver a ver a Bucky. Entró a la habitación con la idea de convencerlo de lo contrario, pero al ver su expresión supo que no había vuelta atrás.
―Promete que al menos contactarás conmigo si estás en problemas. ―Dijo al entrar.
―No contigo, Steve. Stark tiene razón al no quererme cerca de ti. Soy peligroso y no sé si podré mantenerme libre de Hydra para siempre. No quiero hacer más daño, ni a ti ni a nadie más.
Steve iba a replicar, pero una mano en su espalda se lo impidió.
―Yo me encargaré de él. ―Interrumpió Sam. ―El sujeto no me agrada, ha pateado mi trasero un par de veces, pero eres mi amigo y por ti puedo soportarlo.
Steve asintió y volvió a mirar a Bucky.
―Entonces esto es el adiós, Bucky.
―Lo siento, Steve. Pero nunca volveré a ser él.
El rubio sabía que tenía razón. Se despidió con un leve movimiento, sabiendo que sería la última vez que lo vería. Al menos sabía que estaba bien y que había encontrado una vida que, si bien no era la que esperaba para su mejor amigo, era la que mejor le acomodaba.
•••
El silencio se apoderó del automóvil una vez más y Tony condujo a toda velocidad de regreso a la torre. Steve no dijo nada, pero estaba preocupado. No era normal que el genio se controlara tanto ante una situación que lo sobrepasaba de tal forma. Había esperado gritos y desorden, algún florero roto como había sugerido Sam, pero no este mutismo. La actitud de Tony lo tenía nervioso y preocupado. El genio era explosivo y si se contenía por mucho tiempo la explosión sería mucho peor.
Al llegar a la torre, Tony bajó del auto y subió sin esperar a Steve. Llegó al Pent House y se encerró en el taller. No sabía que decirle a Steve, no sabía qué decirse a sí mismo, no sabía qué hacer y no podía enfrentarse a Steve de esa forma. No después asegurarse de eliminar la única conexión del rubio con su antigua vida. Le había quitado a su mejor amigo, pero al mismo tiempo lo estaba protegiendo.
Se quitó los anteojos de sol, la chaqueta y la camisa, quedando en jeans y camiseta. Miró a su alrededor en silencio. Sentía la rabia recorrer sus venas e intentó calmarse. Respiró lentamente, diciéndose que todo pasaría, pero no estaba funcionando. De pronto, la inmensa rabia que sentía se apoderó de su mente y su cuerpo, enviando su racionalidad muy lejos, y comenzó a tirar todo lo que estaba en la mesa al piso del taller. Un grito de frustración escapó de su garganta mientras volteaba su mesa de trabajo y todo caía al piso con un escandaloso sonido de metales rebotando aquí y allá. Tomó una enorme llave inglesa y comenzó a golpear todo a su paso hasta que llegó a la armadura.
La música se encendió sin tener que pedirlo y el volumen subió hasta que sus pensamientos se vieron ocultos bajo la estruendosa voz y los potentes instrumentos que hacían retumbar su pecho con cada onda sonora que llenaba el lugar.
Observó por un segundo la forma del poderoso Iron Man, esos colores y esa inexpresiva máscara que desearía poder tener puesta en este preciso momento y no pudo soportarlo más. Se descargó contra la armadura y contra la impotencia de no poder hacer nada contra el asesino de sus padres. Golpeó la armadura con tanta fuerza, una y otra vez, deseando que fuera el Soldado del Invierno.
El sudor comenzó a caer por su frente y todo su rostro.
Los golpes, acallados por la estridente música, cesaron casi una hora después, cuando la armadura estuvo en el piso, abollada y con la máscara totalmente hecha pedazos en un rincón del taller.
Tony cayó al piso, junto a la armadura, agotado. Pero la ira y la rabia aún bullían en su interior.
•••
Preocupación era una palabra que se quedaba corta para describir lo que sentía en ese momento. Habían pasado horas desde que Tony se había encerrado en el taller y había bloqueado su acceso. Si bien JARVIS le dijo que podía revocar esa orden en cualquier momento, quería darle espacio al genio para que pudiera pensar con claridad y calmar sus emociones.
―JARVIS, iré a mi habitación. Cuando Tony salga del taller dile que lo esperaré allí.
―Con mucho gusto, Capitán.
Steve bajó a la habitación, tomó una ducha y esperó sentado en la cama, pero más horas pasaron y el genio no aparecía. Poco a poco el sueño lo venció y se quedó dormido.
•••
Cuando su mente se despejó y se dio cuenta de lo que había hecho, Tony se sintió contrariado. No podía creer el nivel de violencia que había alcanzado sin siquiera notarlo. La ira lo había cegado y había destruido su armadura, y el taller estaba hecho un desastre.
―Jarvis, ¿cuánto tiempo llevo aquí?
―Ha estado encerrado en el taller por aproximadamente cuatro horas, Señor. Le tomó alrededor de una hora destrozar el MARK 10 y ha permanecido en el piso el resto del tiempo en un estado casi catatónico. He estado pendiente de sus constantes vitales y no he considerado necesario llamar al Capitán Rogers aún. ―Informó la I.A.
Steve. Lo había dejado solo y le había negado la entrada al taller, recordaba eso.
― ¿Dónde está Steve?
―Está esperándolo en su habitación, me pidió que le informara de su ubicación en cuanto saliera del taller.
Siempre tan considerado, pensó. Steve le había dado espacio para que pesara las cosas y no había querido molestarlo, pero Tony sabía que el soldado debía estar preocupado luego de tantas horas. Pero no podía salir del taller todavía. No hasta que su mente se aclarase por completo. No quería perder la cabeza y pelear con Steve. Debía calmarse un poco. Serenar su mente y aceptar que todo había terminado.
Se sentó en el sofá rojo, en el que compartió tantos buenos momentos con Steve, para pensar las cosas con claridad. Así estuvo durante horas. Sentado, pensando y respirando.
Cuando supo que había vuelto a esconder las cosas en el fondo de su mente, recién ahí se sintió listo para ir con Steve. Subió a su propia habitación y se dio una ducha antes de bajar al piso que compartía con su novio. Pero había pasado tanto tiempo que el hombre del pasado se había quedado dormido. No sabía si eso era bueno o malo, así que decidió considerarlo como algo bueno. Se acostó a su lado, se abrazó a su espalda y poco después de quedó dormido arrullado por su tranquila respiración y el calor de su piel desnuda.
•••
El asesinato de sus padres se revivió una vez más en sus pesadillas y el inexpresivo rostro del Soldado del Invierno fue lo último que vio antes de despertar. Tenía la respiración agitada y una gruesa capa de sudor cubría su cuerpo. Le tomó un par de segundos recordar que eso ya había pasado y que estaba en su cama, con Steve a su lado, no en aquella solitaria y oscura carretera.
En un segundo la ira volvió a apoderarse de él y, por primera vez en mucho tiempo, sintió miedo de sí mismo. Siempre supo que muchas personas lo consideraban un monstruo y nunca le tomó importancia, pero ahora, sintiendo esa rabia hervir en su sangre, le aterraba la idea de haber llegado al punto en que ya no hay vuelta atrás. Temió en esta ocasión no poder volver a ser él mismo y perder todo lo que tanto le había costado ganar: amigos, su familia… a Steve.
Una vez más intenta calmarse y tras profundas respiraciones busca el cuerpo de Steve, busca su calor y esa paz que siempre le da. Besando castamente y con suavidad el pecho del soldado, una de sus piernas pasa sobre el bien trabajado abdomen, atrapando el cuerpo del dormido Capitán entre sus piernas. Sus besos suben lentamente en dirección a su cuello. Besos calculados y controlados para ser suaves y no las dolorosas mordidas que su interior pide a gritos. Necesita controlar cada movimiento para asegurarse de que el monstruo que tiene dentro se quede allí.
Sus manos acarician con lentitud los costados de su torso, subiendo a sus pectorales, buscando los latidos de su corazón. Las manos de Steve lo sorprenden cuando se posan en su rostro, atrayéndolo a un beso, pero el pánico se apodera del genio y aparta las manos del soldado con rapidez. No puede soportar las manos de Steve sobre su piel. Esas suaves caricias que tanto ama son algo con lo que no puede lidiar en ese momento; su frágil estado emocional no lo soportaría. Las caricias de Steve le hacen perder el sentido de la realidad y dejarse llevar, lo que necesita en ese momento es control de la situación. Necesita controlarse a sí mismo y las manos del rubio son un peligro para él.
Con ambas manos, obliga a Steve a llevar sus brazos sobre su cabeza.
Besa todo el camino hacia abajo desde la muñeca derecha del soldado, pasando por su antebrazo y su brazo, hasta llegar a su cuello.
Steve intenta bajar sus brazos, pero Tony se lo impide, negando con su cabeza. Es ahí cuando comprende lo que quiere, y lo acepta, porque la mirada del genio está tan atormentada que no se siente capaz de negarle nada.
Tony se encarga de adorar el cuerpo de Steve con sus manos y sus labios por lo que parecen horas. Tal vez lo sean. Nunca había sido tan minucioso al estudiar su cuerpo y encuentra una inmensa paz mientras descubre alguna que otra vieja cicatriz en el cuerpo perfecto del hombre de los años cuarenta; con sus labios dibuja los recorridos de aquel mapa de lunares y tenues pecas que recubren esa perfecta piel dorada.
El control que tanto estaba buscando para sí mismo le permite admirar el cuerpo de Steve de una forma que nunca creyó posible y poco a poco la furiosa rabia que lo consumía se atenúa y es reemplazada por el placer que le hacen sentir los suaves gemidos que salen de los labios del hombre que yace debajo de él.
Sus labios recorren una vez más el largo camino de su poderoso muslo hasta llegar a la poderosa erección suplicante de atención. No puede evitar relamer sus labios antes de rodear el grueso falo con su húmeda boca y acariciarlo con su lengua. Los gemidos de Steve le animan a más e, instándole a abrir las piernas para él, su boca toma un camino diferente.
Steve nunca había sentido algo así.
Tony nunca había hecho algo como eso y aunque la parte más conservadora de su personalidad le decía que no era adecuado, su interior le decía que quería más. Su respiración se cortó cuando la lengua del genio alcanzó el lugar más escondido de su cuerpo y se paseó descaradamente por ahí. Su lengua húmeda y caliente le hizo jadear y gemir, pero no se detuvo ahí.
Los gemidos de Steve se convirtieron en una voz suplicante. Decía su nombre una y otra vez, pidiendo más; sus caderas subían y bajaban al encuentro con su lengua y Tony se sintió listo para el siguiente paso. Cuando su lengua se introdujo en su apretado interior, Steve dejó salir un grito cargado de placer.
―Tony, por favor. ―Rogó una y otra vez al sentirlo dentro de su cuerpo.
El sudor perlaba ambos cuerpos. El pecho de Steve había tomado un ligero rubor debido a la excitación que recorría su interior, y Tony estaba a punto de estallar, pero quería dejarse ir dentro de su soldado. Tomando en un movimiento rápido, y ya conocido, las piernas de Steve, envolvió su cintura con ellas y en menos de un segundo estuvo completamente en su interior.
Sentir el miembro de Tony entrar de una sola estocada le quitó el aliento y le arrancó un gemido desde lo más profundo de su ser. El moreno nunca era extremadamente suave cuando le hacía el amor, pero nunca había hecho algo como eso; siempre preocupándose de no lastimarlo de ninguna forma, a pesar de que le había dicho una y otra vez que su condición de súper soldado le protegía de cualquier daño. Le extrañó sentirlo de esa forma, pero todo cobró sentido cuando comenzó a moverse en su interior. El duro y caliente falo de Tony salió de su cuerpo con lentitud y entró con suavidad un par de veces, pero la tensión en el cuerpo del genio era visible incluso en la oscuridad que había vuelto a reinar en la habitación. Tony temblaba con cada penetración y sus manos apretaban con fuerza sus piernas, allí donde mantenía su agarre. De pronto, la respiración del filántropo se aceleró y sus penetraciones se volvieron violentas y salvajes.
Si antes no lo había entendido, ahora todo tenía sentido. Tony estaba conteniendo sus emociones desde que supo que Bucky había despertado. Había contenido su furia y su ira, y todo eso estaba a punto de desbordarse en su interior. Lo entendía, él había estado en una situación similar. Tony había intentado ser gentil con su cuerpo, pero ya no podía controlarse más y él no iba a apartarlo de su lado.
El ángulo de penetración cambió ligeramente y sus pensamientos se esfumaron. Un gemido salió de su garganta y fue acallado por los labios de Tony, que silenció sus gemidos y quejidos con un beso duro y lleno de mordidas que no hicieron más que elevar la temperatura de su cuerpo. Sus manos instintivamente buscaron aferrarse al cuerpo de su amante, pero las manos de Tony se lo impidieron, entrelazando sus dedos con los suyos y llevando sus manos de vuelta a la almohada, a ambos lados de su cabeza. Mordiendo el lóbulo de su oreja, liberando un gutural gemido, el moreno bajó lentamente por su pecho dejando un rastro de aquellas duras mordidas que su interior le pedía a gritos sin siquiera notar lo que hacía, para luego volver a sus labios y acallar sus jadeos y gemidos.
Esas salvajes acometidas, sus besos y sus ardientes caricias le excitaron como nunca creyó posible. Steve nunca creyó encontrar placer en un acto puramente sexual y tan violento al mismo tiempo, pero tal como Tony había recibido su poderosa pasión aquella vez en el taller, él recibió su impetuoso placer con gemidos y un poderoso orgasmo que se estaba formando en su interior.
Pocos segundos después de que es pensamiento pasara por su mente, sin siquiera una caricia por parte de Tony, su erección se endureció más y un caliente torrente blanco bañó su abdomen y pecho al tiempo que su entrada se contraía alrededor del miembro de su pareja. Tony seguía moviéndose en su interior, su furiosa pasión aún encendida. Los labios del genio descendieron sobre los de Steve, una vez más, buscando callar sus propios gemidos guturales, casi animales, que salían de su garganta. Se movió con aún más fuerza y rapidez al sentir el orgasmo subir por su columna y dejó salir un grito ronco y profundo. Luego se dejó caer sobre el pecho de Steve, que aún trataba de recobrar su respiración.
Ambos se quedaron en silencio durante mucho tiempo, tratando de recuperar sus respiraciones. Los brazos del soldado rodeando la espalda del genio.
De pronto, Steve pudo sentir la humedad en su pecho. Las lágrimas de Tony fueron acompañadas por temblorosos sollozos, mientras el hombre se abrazaba con desesperación a él. Su llanto, lleno de frustración, miedo y arrepentimiento, llenó el silencio de la habitación, hasta que sus palabras se escucharon.
―Lo siento, Steve. Yo… no sé lo que pasó, yo…―Pero no pudo continuar con algo coherente.
Lo único que se escuchó después de eso fueron disculpas del genio amortiguadas por el pecho de Steve, que no dijo nada. Solo se dedicó a acariciar su espalda y sus cabellos, y a depositar uno que otro beso en su frente cada cierto tiempo. Porque no había nada que pudiera decir para que Tony se sintiera mejor. No podía consolarlo porque no era lo que Tony quería; a él no le gustaba recibir palabras de consuelo. No había nada que pudiera decir sin arruinarlo todo. Sabía que a Tony Stark no le gusta que los demás sintieran lástima de él y Steve, de entre todas las personas, no podía hacerle eso. Steve no podía permitir que su novio se derrumbara aún más, y no podía hacerlo sentir mejor con sus palabras aunque eso le partiera el alma en mil pedazos.
Notas finales.
Bien, esta parte final no estaba en mis planes iniciales para este capítulo (tenía escrito un mini argumento para no olvidar lo que quería de este capítulo). Este mensaje lo escribo casi dos semanas antes de la publicación y quiero decir que fue una idea que vino a mí en el momento menos pensado. No fue algo así como que me hubiera pasado algo que inspiró este momento, sino que la idea me golpeó en la cara en un momento x y me dije: sí, esto es lo más adecuado a una situación tan difícil como la que Tony está viviendo. Sé que la ira y toda esa rabia que a veces se acumula por mucho tiempo tiende a salir de la forma menos pensada; créanme, me ha pasado. Ahora que lo pienso, fue por eso que la idea vino a mí hace un par de días (hoy, que escribo esto, es 08 de junio). Por alguna razón he comenzado a sentir una inmensa rabia en mi interior. Tengo ganas de golpear algo con tanta fuerza que tengo miedo de hacerme daño si lo hago, pero es un sentimiento tan fuerte y tan frustrante… la mayoría de las personas no entendería si lo hago. Todos tendemos a ocultar nuestros sentimientos cuando estos desencajan con el comportamiento que la sociedad considera normal. No sé la razón de mi ira, pero estoy segura de que no es algo reciente, es solo ira acumulada por quién sabe cuánto tiempo. No se preocupen que no voy a hacer nada estúpido como hacerle daño a alguien y mucho menos a mí misma, pero… no sé. Supongo que escribir esto es una buena forma de liberarme un poco de la carga de no poder contarle a alguien cercano que tengo rabia por una razón que desconozco (si le digo a alguien probablemente traten de mandarme al psicólogo o encerrarme en una institución mental, pero sé que no estoy loca). Esta es mi forma de desahogarme un poco y creo que escribir la parte final de este capítulo, representar un poco de mi ira en Tony, es mi mejor forma de liberarme por ahora (además nunca está demás un poco de wild sex por aquí).
Sí, Tony llora de frustración. También yo tengo ganas de llorar de rabia y frustración, y supongo que a más de alguno/a de ustedes le ha pasado. Es horrible sentirse así y no saber el porqué. Probablemente eliminaré toda mi rabia en el gimnasio, el ejercicio es una buena forma de liberar estrés y otras cosas.
Sorry por el testamento. Agradezco a quienes lo hayan leído y, en serio, no estoy loca ni haré alguna tontería. Solo quería contárselo a alguien y que no me juzguen; supongo que FF, un lugar donde la mayoría oculta su nombre y su rostro para escribir todo tipo de historias como esta (coff, coff, slash, coff, coff) es un buen lugar para no ser juzgado por algo tan trivial como el estrés y mil cosas más que las personas ocultan para parecer normales y no resaltar en una sociedad tan cerrada.
PD: Hoy (16 de junio) volví a leer el testamento de arriba y debo decir que el ejercicio sí ayudó, ya no siento rabia ni frustración. Aún no logro descubrir la razón de todo esto, pero me estoy haciendo una idea (creo que tiene que ver con algo acumulado desde hace tiempo y que hace poco vino a revolverme la cabeza otra vez)… en fin, les aseguro que nada malo pasó, solo hice ejercicio y eso me ayudó a liberar tensiones…
PD2: Wow, muchas notas de autor en este capítulo. Lo siento. Hoy (22 de junio), he vuelto a leer esto, es mi última revisión del capítulo antes de subirlo el lunes (hoy para ustedes, dentro de tres días para mí). Me había dado cuenta antes, de que describí a Bucky muy diferente a como lo muestran en las últimas películas, pero creo que me gusta. El Bucky del MCU está tan dañado y necesitado de un salvavidas que se aferra con todas sus fuerzas a toda la ayuda que le están brindando. Se esfuerza por volver a ser Bucky y dejar atrás al Soldado del Invierno, pero después de todo lo que le hicieron no creo que sea tan simple volver a la normalidad tan fácilmente como lo muestran en IW. Sé que pasaron dos años en las películas, pero no creo que un trauma como haber sido torturado y reseteado tantas veces se cure tan rápido (sin importar lo increíblemente genial que sea Shuri para lograr eso). Me gusta la idea del hombre dañado que quiere alejarse de lo que conoció porque le recuerda su pasado que ya no volverá, me parece que el hecho de que quiera alejarse de Steve, no solo por los recuerdos, sino por el miedo a sí mismo es mil veces más adecuado para alguien como él. No me malinterpreten, amo a Bucky, es mi personaje favorito (el actor también) y creo que se merece el universo entero, pero es algo que a mi parecer no es tan simple de superar como ellos nos quieren hacer creer… y como yo escribo la historia, pos así se queda xD. Además, mientras menos personajes tenga en escena, mejor para mi sanidad mental.
Ahora sí, terminé con mis testamentos.
Gracias por leer.
Besos.
Bye :D
Lunes 25 de Junio, 2018.
