Hello!

Lo sé, lo sé. Esperaban con ansias este capítulo. También yo. Wow. Estoy emocionada. Solo nos queda un capítulo más y terminamos con este fic que lleva más de dos años en publicación.

Okey, dejaré mis comentarios al final para no spoilearles nada.

Nos leemos en las notas finales.

Disfruten su lectura :D


Capítulo 49

Huir contigo


Cuando Tony vio a Steve salir silenciosamente de la oficina no pudo evitar preguntarse la razón. El millonario sabía perfectamente que, a pesar de poder manejarse relativamente bien con la tecnología más básica de la torre, Steve aún no estaba cómodo con el aterrador aparato tecnológico llamado computador. Tony lo comprendía. Cuando Steve quedó atrapado en el hielo, hace tantas décadas, resulta más que probable que nunca hubiera siquiera visto un computador; sin considerar que en esa época todas las placas principales del aparato utilizaban una habitación completa. Y eso por decir lo menos. Como capitán del ejército lo único que Steve tenía que hacer era estudiar mapas y planear estrategias que ayudaran a los suyos a ganar la guerra.

Ahora, volviendo al asunto de la oficina. Steve nunca la utilizaba porque lo único relevante que había allí era el computador portátil que ocupaba delicadamente el centro del carísimo escritorio de roble. Steve tenía todo lo que necesitaba en la biblioteca y si necesitaba algo más, bien podía preguntarle a JARVIS y ahorrarse la tortura que significaba para él navegar en la web como un ser humano normal del siglo XXI. No era algo que Tony fuera a admitir en voz alta alguna vez, pero esa era una de las cosas que consideraba más adorable de la masa de músculos que tenía por novio. Adoraba ese miedo infantil a lo desconocido. Sobre todo adoraba cuando Steve rompía cosas; el rostro que ponía era muy gracioso. Ahora que lo pensaba mejor, tal vez esa era la verdadera razón de que no quisiera utilizar el computador.

Caminó hacia la cocina para buscar algo de comer mientras consideraba esa idea.

―JARVIS, ¿Steve ha roto algún notebook estando en la torre? ―Preguntó mientras se apoderaba de un delicioso y grasoso paquete de papas fritas.

Eso no ha pasado, Señor. Es difícil que hubiera ocurrido, considerando que la primera vez que el Capitán Rogers ha puesto sus manos sobre uno fue hace menos de una hora. Específicamente el que está en su oficina.

―Gracias, J.

Comenzó a caminar en dirección a la habitación con el paquete de papas en una mano mientras se llevaba las frituras distraídamente a la boca con la otra.

―Hey, Steve. Tengo una pregunta. ―El rubio le dedicó su atención al moreno. ― ¿Sabes navegar por internet, cierto?

Steve lo miró con una ceja alzada y comenzó a reír.

―Por supuesto, Tony. Fue una de las primeras cosas que Natasha me enseñó. Creo que lo hizo para no tener que ponerme al día de todo lo ocurrido en mi ausencia… tal vez para protegerme del fanatismo del Agente Coulson. ―Dijo con una sonrisa triste al recordar al agente.

―Pero nunca usas los computadores de la torre. Incluso, rara vez te he visto utilizar las tablets a menos que sea para recibir una video-llamada, y eso no ocurre con frecuencia. ―Observó.

―No creo que sea necesario teniendo a JARVIS como fuente de información. ―Respondió encogiéndose de hombros y avanzando hacia la cama. ―Ven aquí, es hora de dormir y estás sobrecargando tu mente con tonterías.

El genio dudó un segundo y se adentró en el baño para lavarse los dientes antes de dormir, abandonando el paquete vacío de frituras sobre una mesa.

― ¿Algo interesante que quieras contarme sobre el día de hoy, cariño? ―Preguntó desde la puerta del baño, con el cepillo de dientes en la mano. Se negaba a dejar el asunto completamente.

―No lo creo. Estuve entrenando un poco, pero eso no interesante. ―Reflexionó el rubio. ― ¿Y tú?

―Oh, bueno… encontré la isla perfecta para mi proyecto. ―Luego se adentró en el baño.

Cuando se metió en la cama comenzó a contarle a Steve todo sobre su proyecto y así de fácil olvidó el asunto. Al menos por un rato antes de quedarse dormido.

•••

Steve había terminado su entrenamiento y, en vista de que su novio no estaba alrededor, aprovechó para hacer algo que llevaba pensando por algún tiempo.

―JARVIS, ¿crees que Tony sospeche algo? ―Preguntó el rubio, sentado frente al notebook.

Estoy seguro de que el Señor tendrá una idea de que algo extraño está ocurriendo, pero no creo que llegue a imaginarse algo como esto.

―Recuerda que esto es un secreto y no puedes decirle nada a Tony.

Lo sé, Capitán. Estoy seguro de que el Señor estará más que feliz cuando lo sepa.

Steve sonrió para sí mismo. La idea de hacer la compra en secreto era para sorprender a su novio, pero sabía que no podía esconderle nada a JARVIS, por lo que había decidido involucrarlo. Incluso le había pedido ayuda para la elección de su compra.

―Tal vez debería comprar dos. ¿Tú qué opinas, JARVIS?

A mi parecer solo necesita uno, Capitán.

Reflexionó un poco en silencio hasta que finalmente decidió que la I.A tenía razón. Con uno era más que suficiente. Estaba seguro que Tony se sorprendería. Nunca imaginaría a Steve comprando algo como eso.

― ¿Cuánto tiempo crees que tarde en llegar?

Un par de días.

―Perfecto. Gracias, JARVIS. ―Dijo antes de salir de la oficina y dirigirse a la habitación para dormir.

•••

Tony tenía muchas cosas en la cabeza y a veces olvidaba algunas cosas, pero cuando se trataba de su adorado y perfecto súper novio, las cosas no eran tan fáciles de sacar de su cabeza. Todo lo que concernía a Steve tenía un lugar especial en su lista de prioridades: el puesto más alto. Si bien había olvidado momentáneamente el asunto de Steve cuando comenzó a contarle emocionadamente sobre su proyecto, el asunto no se había alejado tanto de su mente como para haberlo olvidado por completo.

―JARVIS, ¿crees que Steve esté planeando algo a mis espaldas? ―Preguntó el genio desde su mesa de trabajo.

La I.A no podía mentirle a su creador y Tony lo sabía, pero había algunos vacíos en sus protocolos de comportamiento, así como también en las órdenes que recibía y de quién las recibía. Tony le había otorgado la capacidad de desarrollar una personalidad y también de tomar sus propias decisiones, ya que en múltiples ocasiones había necesitado la ayuda de JARVIS y éste había tomado las decisiones correctas por él, como salvarle la vida y todo eso. Además, la I.A había aprendido las mañas de su dueño y sabía cómo quitarse de encima las preguntas como aquella.

Me temo que no comprendo, Señor. ¿Se refiere usted a planes como los que el Señor Stane planeó en su contra? Porque de ser ese el caso, estoy seguro de que el Capitán Rogers no planea nada a sus espaldas. ―La respuesta estaba tan bien elaborada que Tony no tuvo más que aceptar que tenía razón.

―Tienes razón, J. Estoy pensando demasiado.

Como siempre, Señor.

Por supuesto que JARVIS tenía razón, Steve jamás planearía algo en su contra y era demasiado bueno como para mentirle. Así que por el momento dejó el asunto y volvió a sus nuevas actualizaciones para la armadura.

•••

Los días pasaron con lentitud y la falta de misiones había llegado a un nivel que sobrepasaba lo absurdo y lo aburrido.

Todos estaban de acuerdo en que era bueno para la ciudad y para ellos el poder tener un descanso de las amenazas que aparecían cada cierto tiempo, pero las cosas habían llegado a un límite que ni el mismísimo Steve podía soportar. La única razón por la que aún no había comenzado a perder la cabeza era la entrega que esperaba con tanta ansiedad.

―Pareces un cachorro esperando ansioso a que llegue su dueño, cariño. ―Le había dicho Tony una mañana cuando un hombre subió la correspondencia y Steve había corrido hacia el elevador para recibirlo. ―Casi puedo ver una cola de cabellos dorados moviéndose ansiosamente. ―Se burló.

Steve había tratado de hacerse el desentendido, pero Tony no había creído su mirada.

―Estoy esperando que llegue un paquete. ―Respondió a la insistente mirada del genio.

El otro solo había asentido y se había adentrado en el taller.

•••

―Steve, tenemos que hablar. ―Soltó Tony una vez se adentró en la habitación.

El rubio lo miró sin comprender desde la cama, con un cuaderno de dibujos en el regazo y un lápiz en la mano.

―Está bien. También creo que deberíamos hablar. ―Respondió con calma.

― ¿En serio? ―La voz de Tony sonaba cómicamente sorprendida.

―Sí. ―Dejó las cosas en la mesa de noche y salió de la cama, acercándose a su novio. ―Tony, me parece imposible que, con toda la seguridad de la que presumes, mis navajas de afeitar sigan desapareciendo.

La seriedad en el rostro de Tony duró mucho menos de lo que hubiera querido, pero la expresión de Steve era tan divertida que no pudo evitarlo. Comenzó a reírse hasta que lágrimas se formaron en las esquinas de sus ojos.

―Oh, vamos, Steve. Eso no tiene nada que ver con un problema de seguridad. Yo las estoy escondiendo para que vuelvas a tener esa barba de nómada salvaje que traías cuando volviste. ―Desestimó con una mano, mientras la otra se dirigía al rostro del rubio para acariciar la incipiente barba. ―Nunca estuve de acuerdo con cortarla, pero Pepper… ya sabes cómo es cuando se trata de apariencias.

―Tony…―Comenzó el soldado, pero fue detenido por un suave beso en los labios.

―En serio, Steve. Tenemos que hablar.

―He aprendido que nada bueno sale de una conversación cuando empieza con esa frase. ―Declaró el rubio.

―Oh, no te preocupes. No es nada malo. ―Caminó por la habitación y sacó un par de maletas del armario. ―Ayúdame a guardar nuestra ropa. Nos vamos.

El soldado lo miró sin comprender mientras el otro guardaba ropa ligera y varios trajes de baño.

― ¿A dónde vamos?

―Steve, ―se detuvo para poner sus manos en las mejillas de su novio―las cosas han estado tan aburridas en Manhattan que ya no puedo soportarlo. Ya terminé todos mis proyectos pendientes y la mansión en la isla está en proceso de construcción, así que no tengo nada más que hacer aquí. Como decía… alguien famoso: "Mi trabajo aquí está hecho". ―Steve lo miraba sin comprender del todo su línea de pensamiento. ―Mi vida, te quiero, te amo y quiero huir contigo. Vámonos lejos por un tiempo. Solos. Tú y yo.

La súplica en los ojos castaños del genio no le daba otra opción más que aceptar. No había nada que pudiera negarle a su amado.

―Está bien. ―Asintió. ―Me gusta la idea de ser solo nosotros por un tiempo.

Tony lo besó profundamente por largos minutos y cuando lo dejó ir, Steve tenía los ojos cerrados y al abrirlos se encontró con la vista nublada por esa lujuriosa pasión que tanto le gustaba.

―Por mucho que quiera saltar sobre ti y meterte en la cama para que me hagas el amor, ―lo besó―debemos irnos ahora para estar a primera hora de la mañana en Malibú.

Se alejaron con reticencia del otro y guardaron la ropa que necesitaban. Steve guardó algunas cosas para poder dibujar y, en secreto, guardó el regalo que tenía para Tony.

•••

La decisión de su destino no había sido tan difícil como había imaginado cuando la mujer del aeropuerto se acercó a él. Consideró sus opciones en los breves momentos en que duró la caminata hacia la oficina de la mujer. Podía volver a Bucarest y quedarse ahí para siempre, después de todo, Steve no lo buscaría allí, pensando que se habría marchado del lugar inmediatamente. Era una buena opción, pero luego recordó a aquellas personas… las únicas personas que lo trataron como un ser humano, casi como un hijo, en esos meses en que huía de todo el mundo. Ahora sabía que Hydra no lo buscaba y estaba seguro de que Steve jamás pensaría que se había quedado en el país.

Considerando las pocas opciones que tenía y que todas sus pertenencias importantes estaban con él…

―Este viaje solo considera un boleto de ida. Puede ir a cualquier parte del mundo, con todos los servicios cubiertos. ―Informó la mujer.

― ¿Alguien sabrá el lugar de destino?

―No. Wilson fue muy específico en que no quería saber nada relacionado con este viaje. Pidió explícitamente que este asunto se olvide apenas usted salga del aeropuerto de destino. Como si nunca hubiera pasado. ―Explicó. ― ¿Ha decidido a dónde ir?

―Washington D.C. ―Contestó con determinación.

La mujer asintió y horas más tarde caminaba por las calles en dirección a la casa de los Miller con una mochila al hombro y el pequeño Stan entre sus brazos.

•••

Steve nunca se cansaba de la hermosa vista que le entregaba la pared de cristal de la habitación principal de la mansión. Le encantaba ver el brillo del sol reflejado en las tranquilas olas de agua turquesa, la espuma blanca y limpia que formaban las pequeñas olas que se formaban casi al llegar a la orilla de la blanca arena que cubría la playa hasta donde alcanzaba la vista y más allá.

Apreció la fresca brisa marina que mecía sus cabellos al salir al balcón. Cerró los ojos y se dejó llevar por la tranquilidad que le inspiraba todo lo referente a este hermoso lugar. Con ambas manos apoyadas en el barandal del balcón, tomó una profunda respiración que fue acompañada por los brazos cálidos de Tony abrazándose a su espalda, cruzando las manos sobre su abdomen.

―Amo este lugar. ―Dijo en un suspiro.

―Y yo te amo a ti, cariño. Me gusta verte así de relajado y feliz.

Steve giró en medio del abrazo y besó suavemente a su moreno favorito.

―Vamos a la cama, Steve. Estoy agotado y la playa no se irá a ningún lado mientras descansamos. ―Susurró el genio.

El soldado asintió y, caminando lentamente hacia el interior, se desnudaron uno al otro hasta llegar a la cama.

•••

Tony despertó con la suave brisa marina refrescándolo después de unas merecidas horas de sueño. Abrió los ojos lentamente, evitando la brillante luz, para encontrarse solo en la cama. Las sábanas blancas estaban desordenadas y el espacio vacío a su lado estaba cálido aún. No alcanzó a hacer ningún movimiento cuando el aroma a beicon y café penetró sus fosas nasales y la hermosa vista de Steve, utilizando nada más que un bóxer de color azul, cargando una bandeja con comida suficiente para alimentar un regimiento, se hizo nítida en sus adormilados ojos.

―Te amo. ¿Lo sabías? ―Preguntó el moreno cuando la bandeja fue depositada en la cama y un beso alcanzó sus labios.

―Lo sé, pero estoy comenzando a creer que solo lo dices para que siga alimentándote. ―Bromeó el soldado.

Tony chasqueó los dedos y dejó salir un ruido de sus labios poniendo una cara culpable.

―Me has descubierto, Capitán. La única razón por la que te quiero cerca es por tu comida. ―Dijo llevándose un trozo de beicon a la boca. ―El hecho de que eres la mejor persona que conozco, seas amable, cálido, inocente, tengas un gran corazón, ayudes a las ancianas a cruzar la calle y otras mil otras características positivas no tiene nada que ver.

Steve rió y comenzó a comer su desayuno junto a su mecánico favorito.

•••

Vivir tan lejos de todo era bueno y también algo malo.

A Steve siempre le había gustado mucho caminar entre la gente; ser prácticamente invisible durante más de la mitad de su vida había ayudado a desarrollar ese gusto. Tony era otra historia. Al millonario no le gustaba mucho estar entre la gente porque, desde que era un niño, siempre había sido acosado por la prensa y reconocido por todos a su alrededor. Aunque sabía aparentar muy bien, la realidad era que no le gustaba estar frente a los demás y preocuparse de cómo se veía, lo que decía y lo que hacía… aunque últimamente solo se preocupaba de lo cómo se veía. Por lo que la idea de salir no le resultaba muy atrayente.

―Vamos, Tony. Llevamos cinco días aquí y solo hemos bajado a la playa. ―Insistió Steve mirándolo con esos ojos.

El millonario había aprendido, en los últimos meses, que no era capaz de negarle muchas cosas a Steve. Ver esos ojos azules suavizarse a tal punto de parecer un cachorro necesitado de cariño le hacía decir que sí a todo. Aún no podía descubrir cómo funcionaba tan bien; un hombre alto, fuerte y totalmente autoritario cuando se requería, y de pronto se convertía en un cachorro. No debería ser legal, pensó el millonario.

―Está bien, iremos. ―Comenzó a levantarse de su silla de playa. ―No entiendo tu afán de salir de aquí y ver otras personas. Me tienes a mí. ―Refunfuñó.

Steve le ayudó a levantarse y lo atrajo a su cuerpo en un abrazo, pasando un brazo por su cintura.

―Y me encanta tenerte para mí, pero no podemos pedir comida a domicilio todo el tiempo que estemos aquí y hoy no tengo ganas de cocinar.

―Yo podría-

―No. ―Lo cortó con un beso. ―No podrías, Tony. JARVIS me contó de tu último intento de hacer un omelett. Me mostró el video, de hecho. ―Rió. ―Sin olvidar que hace un tiempo quisiste cocinar y misteriosamente terminamos comienzo sushi.

―Ese JARVIS es un traidor. ―Dijo entrecerrando los ojos. ―Tal vez debería reprogramarlo un poco.

―No harás eso. ―Lo apretó un poco más contra su cuerpo. ―Me agrada JARVIS, y a ti también.

Tony lo miró con fastidio por un segundo antes de subir sus brazos al cuello de Steve y besarlo.

―Vamos. Tenemos que buscar un buen lugar para cenar. ―Dijo al separarse sin muchas ganas.

•••

Mientras Steve estaba en la ducha, el moreno empezó a pensar. Tony sabía que las cosas se había apresurado un poco en su vida durante el último año. Bien, no solo un poco. Se habían apresurado mucho. Tal vez demasiado. Para empezar, había comenzado a vivir con un grupo de desadaptados a los que ahora podía llamar familia. Eso había sido el inicio.

Más o menos.

Si no mal recordaba, todo había comenzado algunos años antes, cuando pelearon por primera ver como un equipo. Las cosas había ido escalando de a poco con el tiempo; y todo comenzaba con Steve. Sin importar cuantas veces lo pensara, siempre comenzaba con su adorado Steve.

En un principio, mucho más atrás, en su niñez, Tony había sido uno más de los pequeños que quería ser como su héroe. Su héroe no era su padre, como la gran mayoría podía pensar; a temprana edad se dio cuenta de que Howard no clasificaba en la categoría de héroe. El héroe del pequeño Anthony Stark era el hombre favorito de América: el famoso y valiente Capitán América. El sujeto del traje ridículo y el frisbee con los colores de la bandera.

Era inevitable recordar su adolescencia, en la primera vez que pensó en un hombre como algo más que un compañero de estudios o un amigo. La primera vez que pensó sexualmente en un hombre fue con él. Con el hombre alto, rubio y con ese cuerpo de gladiador. Sí, Tony había descubierto su bisexualidad a los quince años, aunque luego la había ocultado durante toda su vida. Si bien lo había ocultado porque en ese entonces temía la furia de Howard y le aterraba la idea de ser despreciado por su madre, después de la muerte de ambos, en ese supuesto accidente, no había habido ningún hombre a la altura para despertar su interés, por lo que esa parte de sí mismo se había mantenido en secreto. Ningún hombre llamó su atención hasta que conoció a Steve, objeto de sus fantasías de adolescente.

El hombre era perfecto. Tan perfecto que le causaba molestia. Por eso le hacía enfadar y se burlaba de él una y otra vez. Le molestaba que el hombre favorito de América fuera tan perfecto como su padre y sus historias lo habían relatado, pero a su vez se sentía atraído por él.

Era molesto. Realmente molesto. Y además el sujeto pareció odiarlo a primera vista como si fuera uno de los idiotas de Hydra o algo parecido hasta que le demostró que valía.

Después de demostrar que era digno de la admiración de su héroe de la infancia Tony pensó que eso sería todo, y que podría continuar con su vida sin volver a verlo. Pero no. El hombre no podía quedarse quieto y dejarlo en paz. Tenía que aparecerse frente a él luego del ataque del Mandarín. Tenía que colarse de a poco en su vida hasta convertirse en su amigo. Tenía que meterse en problemas y hacerle preocuparse por él e ir a visitarlo y darle un discurso similar al que él le había dado. Tenía que mantener el contacto y volverse cada vez más cercano, adentrándose en su muy selecto grupo de amigos como si nada, como si siempre hubiera pertenecido allí.

Y como si eso no fuera suficiente, después, en una de sus brillantes ideas a mitad de la madrugada, él había tenido que ir a su departamento y plantearle la idea de que todo el equipo debía vivir en el mismo lugar. Todos juntos. ¿Por qué había ido a contarle a él? De todas las personas en el planeta, de todos los integrantes del equipo, tenía que ir a contarle precisamente a él. Y no solo había ido a contarle su idea, sino que, en su interior, había ido buscando su aprobación. Porque, vamos, el Capitán América. Si el héroe de América aprobaba su idea significaba que lo había hecho bien. Si obtenía la aprobación de Steve Rogers… eso significaría mucho más que haber recibido la aprobación de su propio padre. Y la había obtenido.

Y ahí, realmente, había comenzado todo.

Cuando había pensado que su vida se resumía a morir solo y sin amor, ahí estaba Steve. El soldado le había demostrado que valía la pena estar con él, le había hecho ver el valor de ser Tony Stark más allá de la cara que le mostraba al público. Le había demostrado que su forma de ser podía gustarle a alguien, que no era necesario cambiar para que alguien lo aceptara. Steve lo aceptaba tal y como era. Steve amaba cada parte de él; amaba su pasión por la ciencia y sus locuras, amaba su facilidad para siempre contestar algún comentario inteligente y no le molestaban sus malos hábitos para comer y dormir.

Y aquí estaba ahora, analizando su vida, pero sobre todo los últimos meses. Esos meses que habían tenido altos y bajos. Esos meses en que se había enamorado y había conseguido ganarse el amor del hombre más maravilloso del planeta. Habían vivido muchas cosas en esos meses, pero ya sabía que lo que tenían era importante. Real. Único.

―JARVIS, necesito un favor. ―Dijo con urgencia.

Lo que usted ordene, Señor. ―Respondió la I.A.

―Necesito un anillo. ―La emoción en su voz no dejaba dudas sobre el tipo de anillo que quería.

JARVIS esperó un momento antes de responder.

Señor, si abre el cajón derecho del escritorio de su oficina en la planta baja encontrará una caja de terciopelo con lo que necesita.

Tony no esperó ni dos segundos antes de salir corriendo escaleras abajo en dirección a su oficina. Entró a tropezones y se apresuró hacia su escritorio. Allí, en el segundo cajón derecho del escritorio, tal como había indicado JARVIS, había una cajita de terciopelo rojo. Al abrirla pudo ver un anillo de oro blanco con una banda de dos colores en el interior: rojo y dorado.

―Es perfecto. ―Susurró admirando la joya. ― JARVIS, ¿te he dicho lo mucho que me alegro de haberte creado hace tantos años?

Creo que no lo suficiente, Señor. ―Respondió la I.A con diversión.

•••

Cuando Steve salió de la ducha se encontró solo en la habitación. Se acercó a la mesita de noche donde había guardado su regalo para Tony y lo tomó entre sus manos. Abrió la pequeña caja y la dio vuelta entre sus dedos, observando el contenido con ilusión.

Lo había pensado mucho desde que volvió de Europa. Había estado lejos por dos meses de los cuales no recordaba prácticamente nada, pero la semana que sí recordaba era la que carcomía su mente y su corazón. Esos días sin poder volver con su Tony fueron los peores días que había vivido desde… desde siempre. Ni siquiera aquellos deprimentes días en que lo había perdido todo se comparaban con estar lejos de su amado. Lo había extrañado tanto que había dolido en el fondo de su pecho y le había mantenido con una sensación de pesadez en el cuerpo hasta que había podido volver a su lado.

Si bien le había costado un poco, al principio, aceptar la realidad de que se sentía atraído por un hombre, aunque no tanto como hubiera creído, enamorarse de Tony había sido un proceso rápido y lo había aceptado fácilmente. Amar al genio era fácil. Era algo que no podía negar. Ni siquiera lo había intentado. Enamorarse del moreno fue algo tan espontáneo y tan maravilloso que la idea apareció en su mente de la misma forma.

Había odiado cada momento estando lejos de Tony, sin poder decirle lo mucho que lo amaba y sin poder asegurarle que estaría con él por todo el tiempo que le quedara para vivir. Quería estar con él para siempre y esa realización le hizo pensar en la palabra obvia: matrimonio. Lo único que faltaba era hacer su relación un poco más oficial para que así Tony nunca olvidara lo mucho que lo amaba y lo mucho que quería estar con él.

Sonrió una vez más y cerró la caja, devolviéndola a su lugar.

Si bien había decidido hacer la tan ansiada pregunta, aún no encontraba el momento adecuado. Pero como todo lo relacionado a Tony, sabía que el momento perfecto aparecería en el instante y lugar menos pensado. Lo que sí sabía era que, fuera cual fuera el momento, solo lo sabría y lo haría; supuso que se arrodillaría y las palabras adecuadas saldrían de sus labios sin ser planeadas. Todo sería espontáneo, al igual que el hombre con el que en un par de minutos iría a cenar.

•••

El viaje de vuelta a la mansión era silencioso. No un silencio incómodo, sino uno más bien cómplice. Tony había estado toda la cena provocando al rubio de una u otra forma. Había comenzado molestándolo con cosas pequeñas, como la camarera que los había atendido. Tony debía admitir que la pobre chica, a pesar de sus manos nerviosas y su voz vacilante, se las había arreglado para atenderlos durante toda la velada sin hacer un gran escándalo al respecto.

―En cualquier momento, Steve. ―Aseguró el genio.

―Tony, ―respondió Steve con tono cansado―no pasará.

―Por favor, cariño. La chica no ha parado de mirarte durante toda la noche. Desde aquí puedo verla, está detrás del mostrador, esperando a ser llamada a la mesa y observándote. Insistentemente. ―Alzó una ceja.

Steve se volteó y pudo ver a la joven agacharse detrás del mostrador.

―Tal vez solo está mirándote. ―Contrarrestó el soldado. ―Eres Tony Stark después de todo.

― ¿Qué se supone que significa eso? ―Rió el moreno.

El soldado apartó la mirada un tanto avergonzado.

―Eres tú. ―Aseguró. ―Todas las mujeres corrían tras de ti antes de que lo nuestro se supiera y no dudo que aún lo hagan. Eres exitoso, inteligente, tienes una personalidad chispeante y eres muy atractivo.

Una de las manos de Tony alcanzó la de Steve y entrelazó sus dedos.

― ¿Piensas que soy atractivo? ―Preguntó con coquetería.

El rubio se sonrojó y apartó la mirada. El genio comenzó a reír.

Después de eso, el filántropo se había dedicado a coquetear descaradamente con Steve por el resto de la noche. Incluso se había animado a susurrarle en tono confidente algunas de las cosas que quería hacer con él esa noche. El soldado se había reusado a caer en sus trampas, pero hacia el final de la velada, cuando la muchacha finalmente le pidió un autógrafo y una foto, Steve estaba ansioso por irse y llegar lo más pronto posible a la mansión para poder hacer todo lo que Tony había sugerido y más.

Una de las manos del genio soltó el volante y se dirigió al poderoso muslo de Steve y comenzó a acariciarlo suavemente, de arriba abajo. El dorso de su mano rozando sutilmente la entrepierna semidespierta de su novio. Tentándolo. Steve dirigió su mirada hacia su novio solo para descubrir que la atrevida mano que acariciaba su muslo era lo único que Tony tenía sobre él. El millonario miraba solemnemente el camino por delante de ellos, ignorando la mirada de Steve. En un movimiento un poco más atrevido, la traviesa mano subió hacia su entrepierna y presionó suavemente. El soldado dejó escapar un gemido al sentir la presión y una sonrisa se dibujó en la cara del genio.

Si darse cuenta del tiempo que pasaba ni de nada a su alrededor que no fuera la mano sobre su miembro, Steve disfrutó de las tortuosas caricias. Y, de pronto, se encontró con las insistentes manos del moreno que lo arrastraban hacia la entrada de la mansión.

― ¿Recuerdas lo que te dije en la cena? ―Sonrió con sensual malicia.

El hombre del pasado enfocó su vista en los ojos de su novio y asintió. Tony se aferró a su cuello y en un simple movimiento las manos de Steve estuvieron aferradas a sus glúteos mientras las piernas del genio rodeaban su cadera. Con el moreno entre sus brazos, Steve subió rápidamente a la habitación y se dejó caer de espaldas a la cama.

Poco a poco, Tony comenzó a desvestir al rubio. Comenzó desabotonando lentamente la camisa, disfrutando cada momento y cada centímetro de piel que aparecía frente a él. Con la camisa abierta y el perfectamente bien esculpido torso de Steve ante sus ojos, no pudo resistirse y comenzó a acariciarlo y a besarlo, deleitándose con cada gemido, con cada suspiro que el otro dejaba escapar. Le encantaba escuchar lo que podía provocar con solo un par de roces.

― ¿Alguna vez te dije que pareces esculpido por el mismísimo Miguel Ángel? ―Susurró junto a su oído. ―Eres perfecto.

Sin dejarle responder o siquiera pensar en una respuesta, lo besó en los labios con profundidad. Lo besó como si no lo hubiera besado en demasiado tiempo. Se sacó la camiseta y volvió a besarlo. Estaba tan distraído besándolo que no se dio cuenta cuando el rubio invirtió los papeles, rodando sobre el colchón, quedando encima de él.

―Oh, no, amor. Eso no pasará. ―Sonrió el genio y volvió a rodar en la cama para volver a quedar encima del otro.

Se apartó un momento, solo el tiempo suficiente para terminar de desnudarse y deleitarse quitando las prendas restantes del cuerpo de Steve. El soldado retrocedió al mismo tiempo que Tony gateaba sobre él en la cama, solo para poder acomodarse en el centro del gran colchón y dejarse a merced del hombre que lo miraba con hambre y deseo.

Sin darle tiempo a pensar, Tony se sentó a horcajadas sobre su entrepierna y volvió a besarlo, esta vez de forma lenta y suave mientras mantenía un vaivén constante de sus caderas. Metió la mano debajo de la almohada y sacó el lubricante que había guardado antes de salir y comenzó a preparar la entrada de su novio sin dejar de besarlo en ningún momento.

Steve estaba dispuesto a dejarse hacer esa noche. La cena había sido tan diferente a otras, tan perfecta y tan… normal, a la vez que excitante. Nunca pensó que él, de entre todas las personas, pudiera tener una cena normal. No lo había creído en el pasado y mucho menos lo creyó posible ahora. Cuando Tony se adentró en su cuerpo cualquier pensamiento coherente dejó su mente y se dedicó a disfrutar.

Los movimientos de su cuerpo eran suaves, lentos y profundos, tal como Steve lo hacía de vez en cuando. Esos movimientos enloquecedoramente lentos que lo desesperaban y lo hacían ver las estrellas. Se adentró en el cálido canal una y otra vez, resistiendo la urgencia de dejarse llevar por la apremiante desesperación que provocaba sentir el apretado interior de Steve contra su miembro necesitado. Besó cada palmo de piel a su alcance hasta llegar a los labios del soldado, que tenía sus manos aferradas a las sábanas y la cabeza enterrada en la almohada, con el rostro contraído por el placer.

Una idea vino a la mente del genio tan rápido como todas sus ideas lo hacían. Tomó una de las manos de Steve y bañó sus dedos en el viscoso y frío líquido, luego llevó su mano a su propia entrada e instó al rubio a adentrarse en su interior. Steve captó la idea y comenzó a adentrar sus dedos en el cuerpo de Tony, imaginando lo que sería poder estar en ese momento disfrutando de ese cálido y apretado interior alrededor de su propio miembro y no sus dedos. Después de un minuto había adecuado el ritmo de su mano al mismo ritmo que el genio llevaba mientras lo penetraba una y otra vez.

Sorpresivamente, Steve se encontró con su interior vacío y sus dedos alejados del calor de su novio. La necesidad de llegar hasta el final y ser interrumpido le hicieron soltar un gruñido de descontento que fue reemplazado por un gemido largo y ronco al sentir el cálido interior de Tony presionar alrededor de su falo duro y caliente. Tal como había imaginado momentos antes.

Con una mano firme sobre el colchón y la otra alrededor del cuello de Steve, Tony le obligó a sentarse. Sus torsos se rozaban. El soldado abrazó al moreno por la cintura y en un movimiento más que practicado, su espalda tocó el cabecero de la cama. Una vez el mecánico tuvo un firme agarre en el cabecero, empezó con un movimiento rápido y constante sobre el miembro de Steve. Sus fuertes manos aferradas a las caderas de Tony, ayudándole a mantener el ritmo.

No pasó mucho tiempo cuando, entre besos, suspiros y jadeos, un último y gutural gemido se dejó escuchar en el silencio de la habitación.

Aún con la respiración agitada, el genio de dejó caer de espaldas sobre el colchón, entre las piernas de su novio.

―Sabía que sería una buena idea. ―Dijo entre jadeos y ligeras risas producto del placentero orgasmo que recorría su cuerpo.

Steve lo observaba con una sonrisa de felicidad pintada en los labios y el sudor cubriendo sensualmente todo su cuerpo.

Tony lo observó largamente antes de decidirse.

―Necesitamos una ducha. Quiero bajar a la playa.

Sin más se levantó de la cama y se adentró en el baño, seguido por el rubio.

•••

Tony se conocía bien a sí mismo. Sabía que era un hombre impulsivo, arrogante, y muchas otras cosas, pero lo que tenía más que claro, después de todo lo que había vivido, es que era un hombre que seguía a su corazón. Que su corazón le hablara poco, muy poco en comparación a su mente… eso ya era otro tema.

Siendo todavía muy joven había escuchado a su corazón por primera vez, cuando descubrió su interés por los circuitos y decidió seguir los pasos de su padre, aprovechar su intelecto y convertirse en una especie de inventor. Cuando conoció a Rhodey en su juventud, también recibió un mensaje de su corazón diciendo que ese sería un amigo que lo acompañaría en los momentos buenos y malos; había decidido hacer caso a su corazón y aquí estaban, después de tantos años, aun siendo los mejores amigos. Otra ocasión en que siguió a su corazón fue cuando le abrió las puertas a Pepper en su vida; nunca se arrepentiría de haberla dejado entrar, después de su madre, Pepper era la mujer más importante de su vida. Tiempo después su corazón le dijo que había cometido un error al seguir al pie de la letra los pasos de su padre y terminó cerrando el área armamentista de la empresa; algo que su madre siempre quiso ver, pero su padre nunca hizo.

Sí, Tony Stark era un hombre que seguía a su corazón. Lo había hecho cuando le dijo a Steve que lo amaba por primera vez y lo había hecho esa misma tarde cuando pidió el anillo a JARVIS. Había pensado que tardaría al menos una semana en tener el objeto en sus manos y que tendría algunos días para planear una cena elegante solo para los dos y que ahí, en la tranquilidad de la noche, en la intimidad que la mansión proveía, diría las palabras y las cosas pasarían. Pero el anillo había estado en sus manos un par de minutos después de pensarlo y a Tony no le gustaba esperar. No era un hombre de mucha paciencia. Si bien no había llevado el anillo a la cena en el pueblo, no quería esperar más.

―Te espero en la habitación, no tardes. ―Depositó un beso en el hombro de Steve y salió rápidamente para vestirse y buscar el anillo. Era una sorpresa.

Minutos después, ya vestido, esperó apoyado en el barandal del balcón. Observando la tranquilidad de la noche y el hermoso reflejo de la luz de la luna en las suaves olas del mar. Un cuerpo cálido se abrazó a él por la espalda y un beso fue depositado en su cuello.

―Estoy listo. ―Susurró Steve en su oído.

El mecánico sonrió y se volteó entre sus brazos. Besó ligeramente sus labios y le tomó de la mano, arrastrándolo lentamente hacia la playa.

•••

―Estás actuando raro. ―Dejó salir, de pronto, Steve.

Ambos habían caminado unos doscientos metros, tomados de la mano, por la playa. Iban descalzos y con ropa ligera. La noche era algo tibia, pero el mar ayudaba a refrescar el ambiente con las pequeñas gotas que flotaban en el aire debido al oleaje nocturno.

Tony estaba nervioso y había mantenido un silencio tan tenso que Steve no había podido seguir pasándolo por alto más tiempo.

―Imaginaciones tuyas. ―Replicó el otro.

Quiso seguir avanzando, pero la mano de Steve lo detuvo. El soldado le hizo voltear y enfrentar su mirada alzando su rostro delicadamente con sus dedos.

Le dedicó una sonrisa para tranquilizarlo.

―Sabes, ―comenzó― cuando desperté en este mundo tan moderno y diferente a todo lo que conocía, nunca pensé que encontraría algo que pudiera llamar hogar. Ya en el pasado había dado por hecho que nunca tendría lo que los hombres normales tenían; no tendría alguien a quien amar y que me amara de regreso, que no tendría una familia, no tendría la casa en el campo con la valla blanca y los amigables vecinos. Y estaba bien con eso. Mi país me necesitaba. ―Tony llevó una de sus manos a la mejilla de Steve. ―Incluso ahora hay algo que no ha cambiado: mi país aún me necesita, pero eso comenzó a carecer de importancia. Ahora sé que tengo a alguien que me ama y a quien puedo amar con cada parte de mí, alguien que, con su sola presencia, me hace sentir que pertenezco a un lugar. Contigo aprendí lo que significa amar a alguien, Tony. Contigo me siento en el hogar que nunca creí poder llegar a tener. Has cambiado mi mundo, Anthony Stark. Te has vuelto alguien indispensable en mi vida y no hay nada más importante para mí que tú. Ni siquiera mi rol como Capitán está por encima de ti.

―Steve…

Las manos de Steve atrajeron el rostro de Tony hacia el suyo y se apoderó de sus labios en un beso más que necesitado. Cuando se separaron, el soldado metió la mano en su bolsillo y sacó el anillo. No había caja, ni se arrodilló, ninguna de esas cosas parecían adecuadas en ese momento.

―Tony, eres el amor de mi vida y nada me haría más feliz que estar contigo por el resto de mis días. ―Sonrió. ― ¿Quieres casarte conmigo?

El silencio que había entre ellos solo era roto por el suave ir y venir de las olas al reventar en la orilla. De pronto, los ojos brillantes de Tony se entrecerraron un poco y una risa nerviosa escapó de sus labios. Steve lo observó nervioso, tal vez había sido un error pedirle matrimonio.

El genio metió una mano en su bolsillo y sacó la cajita de terciopelo, la abrió y se la enseñó a Steve.

― ¿Cuál es la probabilidad de que ambos hayamos pensado en hacer esto en el mismo momento? ―Sonrió, aun dejando escapar un par de risas. ―Steve, estamos tan conectados que decidimos proponernos matrimonio en el mismo momento y lugar.

Un poco más tranquilo, Steve se permitió dejar salir un par de risas junto a su novio.

―No has respondido a mi pregunta. ―Recordó el rubio.

Tomando una profunda respiración, Tony se puso serio.

―Solo diré que sí, si tú aceptas casarte conmigo.

Steve se acercó para besarlo.

―Por supuesto que acepto casarme contigo, Tony.

―Entonces acepto. ―Aseguró el mecánico. ―Te amo, Steve. Tú cambiaste mi forma de ver el mundo, no solo ahora. Siempre te admiré y, aunque hemos tenido nuestros desacuerdos, sé que nuestro amor es más fuerte que todo. Sé que te amo y que tú me amas y eso es lo único importante.

Volvieron a besarse y le pusieron el anillo al otro. Volvieron a caminar por la suave arena blanca de la playa y rato después, cuando iban de regreso a la mansión, en medio de la madrugada, bañados por la luz de la luna llena, Tony se dio cuenta de algo.

―Steve, ¿no te parece que estos anillos son extremadamente parecidos?

Steve también lo había notado. El anillo que él había pedido era de oro blanco y por dentro llevaba una banda con los colores blanco, azul y rojo en el centro, y cuando Tony sacó el suyo de la caja notó que era igual, con la excepción de que la franja interna era de color rojo y dorado. No tuvo que pensarlo mucho para saber quién había sido el responsable.

―JARVIS. ―Dijeron al mismo tiempo.

―Oh, bueno. Siempre supe que JARVIS era un romántico. ―Rió Tony.

Así, con el nuevo ambiente de amor, felicidad y diversión, caminaron de vuelta a la mansión.


Nunca pensé que llegaría el día en que escribiría lo que acontece en este capítulo, pero el momento llegó y debo decir que nada es lo que creí que sería. Tenía tantas ideas para este momento, en serio eran demasiadas, pero al final terminó quedando así. En serio espero que les haya gustado tanto como a mí, porque soñaba con escribir esto y por fin lo hice.

Ni siquiera sé cómo escribir lo que sigue. Tengo una idea, pero estoy segura de que terminaré escribiendo algo totalmente distinto. Lo que sí les prometo es que será un final digno para Nuestra Historia.

Sí, quise darle un cierre al asunto de Bucky, espero que les haya gustado lo que pasó con él (y sí, sé que fue muy poco lo que escribí de él).

Ya saben que si les gustó pueden dejar un review.

Nos leemos pronto.

Besos.

Bye :D


Lunes 27 de Agosto, 2018.