Hola a todo el mundo!
Sí, sé que me demoré toda una vida (un mes xD) en subir este capítulo. No fue mi intención. Lo siento mucho, pero aquí estoy. Les traje el final de Nuestra Historia. Un fic que me trajo más de un dolor de cabeza durante estos más de dos años publicando, pero al mismo tiempo un fic que amé desde que la idea se formó en mi mente.
Se preguntarán si tenía planeado todo lo que pasó. Pues no. En un principio tenía unas cuantas ideas que fueron cambiando en el camino hasta convertirse en lo que leyeron aquí. Algunos cambios fueron radicales (en serio, algunas ideas ni siquiera terminaron apareciendo en el fic).
Quiero darle las gracias a todos y todas las que leyeron este fic. A todo el mundo por acompañarme durante todo este tiempo, esperando por mis publicaciones, a quienes se unieron ahora y a quienes vayan a leer esto en el futuro. Este fic es el primer gran proyecto que he tenido aquí en FF y ha sido muy importante para mí tener su apoyo, saber que les ha gustado y que lo han disfrutado es mi mejor recompensa. Estoy muy feliz de haber tenido el valor de publicar esta historia y de haber tenido tan buenos lectores a mi lado durante todo el camino.
Ahora se vienen otros proyectos, tal vez me anime a publicar más de uno e ir avanzando de a poco con cada uno; tengo tres fics en proceso (escribí la idea principal y el prólogo de dos de ellos, y el otro es una adaptación). Si quieren tener noticias sobre ellos vean mi instagram: annimo2009. Próximamente daré información.
En fin, espero que les guste el final de Nuestra Historia.
Disfruten su lectura :D
Nos leemos pronto.
Capítulo 50
Nuestra Historia
Steve y Tony caminaban tranquilamente con sus manos unidas, dedos entrelazados, sobre la tibia arena dorada de la playa. Ambos vestían traje de baño, lentes de sol, sus anillos de matrimonio y, la más grande y feliz de las sonrisas en sus rostros.
―Me encanta este lugar. ―Dijo Steve con la mirada perdida en el hermoso azul verdoso del mar.
Tony lo sabía, claro que lo sabía. Cuando amas a alguien de la forma en que Tony amaba a Steve, era normal fijarse en los detalles como ese. En el primer viaje que ambos hicieron a Malibú, el genio había notado lo mucho que a su, en aquel entonces, novio le encantaba el mar. No era algo que entendiera del todo debido a la larga estadía del soldado en el fondo del Atlántico, pero si al rubio le gustaba el mar, Tony no iba a decir nada que arruinara su felicidad. Le encantaba ver esa hermosa mirada llena de gozo al observar el mar, esa sonrisa llena de encanto; a veces pensaba que el soldado por fin tenía todo lo que había soñado cuando era niño: paz y tranquilidad. Y Tony estaba dispuesto a darle precisamente eso.
El lugar era un sueño y Tony estaba feliz de haber seguido sus instintos y haber convertido en realidad aquel proyecto que no parecía tener un origen determinado. Si bien al principio no sabía cuál era el bicho que le había picado para hacer tal cosa, lo había hecho de todas formas porque ¿cuándo había, Tony Stark, ignorado sus instintos y dejar un proyecto sin realizar? Nunca. Y había acertado de lleno al hacerlo. La isla era la más tranquila y paradisiaca en la que había estado en toda su vida, el sol salía temprano en la mañana y se escondía a altas horas de la tarde dando paso a un espectáculo de colores que los había dejado sin aliento la primera vez. Incluso ahora, si lo pensaba bien, era un espectáculo digno de admirar y que cada vez los dejaba pasmados.
El genio recordaba la primera vez que vieron ese hermoso atardecer. Fue el día de la boda; aquel día fue memorable en todo sentido. Sonrió al recordar algunos momentos de aquel día.
•••
― ¡Tony! ―Exclamó sorprendida Pepper cuando entró a la habitación y vio a su mejor amigo. ―Oh, Tony. ―Se acercó a él y le ayudó con la corbata. ―Te ves tan bien con ese traje. Steve se quedará con la boca abierta cuando te vea.
―Exageras, Pepper. ―Respondió el genio con algo de duda en la voz. ― ¿En verdad lo crees?
La pelirroja se sintió conmovida por los nervios del moreno. Bien decían que hay un momento para todo, y aquí estaba ella, viendo al gran Tony Stark con un pequeño ataque de nerviosismo antes de su boda.
―Estoy segura. Deberías ver al pobre cada vez que te ve. Tony, Steve babea por ti a diario, hoy lo dejarás sin aliento. Lo prometo. ―Depositó un beso en el filo de su mandíbula. ―Estoy segura de que no hubieras estado tan nervioso si la boda fuera conmigo. ―Bromeó.
El moreno la observó por un momento y la abrazó como si fuera su bien más preciado. Y en cierta forma lo era.
―Supongo que nunca lo sabremos. ―Susurró en su hombro.
Al sentir el cálido aliento del millonario en su piel, la mujer sonrió.
―No. Nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que, de ahora en adelante, Steve Rogers tendrá que hacerse cargo de todas tus locuras. Así que hoy se quita ese peso de mis hombros. ―Bromeó.
―Oh, vamos. Steve ama mis locuras. ―Dijo con despreocupación.
Se observaron por un largo momento, sin soltar el abrazo.
―Sabes que te quiero, ¿verdad?
―Claro que lo sé. También te quiero, Tony. Y no debes preocuparte por mí, porque sé que lo haces, ―le dedicó una mirada de las suyas―además yo también estoy viendo a alguien.
Un suspiro de alivio salió de los labios del millonario.
―Supongo que no creíste que jamás te superaría, ¿o sí, Tony? Eres un buen hombre, pero no eras el hombre para mí ni yo la mujer para ti. ―Se soltó suavemente del abrazo y puso sus manos en el rostro del moreno. ―Tienes al hombre perfecto para ti ahí afuera, esperando por ti. Esperando para poder hacerte feliz el resto de tus días, no deberías preocuparte por nada más.
―Tienes razón. ―Hizo una larga pausa. ― ¿Cómo es eso de que estás viendo a alguien? ―Su ceño se frunció de repente, al analizar las palabras previas de la pelirroja. ―JARVIS, necesito saber si el tipo es de confianza. No puedo permitir que Pepper salga con un delincuente-
―Oh, vamos, Tony. No soy una niña y en el peor de los casos… ya salí contigo, así que puedo lidiar con lo que sea. ―Le guiñó el ojo.
― ¿Qué se supone que significa eso? ―Preguntó con una mueca en el rostro y un auténtico tono de ofensa en la voz.
Tony estaba seguro de que debía sentirse ofendido por sus palabras, así se sentía, de hecho, pero se conocía lo suficiente como para darle la razón a la delgada mujer.
―Olvídalo, Tony. Vine a decirte que todo está listo y que debes salir en―miró su reloj―doce minutos. JARVIS, encárgate de que salga en el momento adecuado.
―Con gusto, Señorita Potts. ―Respondió la armadura desde el rincón.
Con eso dicho, la pelirroja salió de la habitación hondeando su largo y vaporoso vestido de color rosa pastel.
•••
Tony se miró una vez más al espejo y apreció con detalle su vestimenta. Si bien siempre se había visto bien con todo lo que se pusiera, este día era especial y tenía que verse excepcionalmente bien. Su traje estaba bien planchado y sin una mota de polvo, la tela era del color más intenso y sin ningún defecto; Pepper se había encargado de eso. El color negro de la chaqueta y el chaleco contrastaba con el blanco inmaculado de su camisa almidonada; la corbata de color azul cielo destacaba en el centro de su pecho, tal como alguna vez lo hizo el reactor arc. Miró con cuidado su barba: perfectamente recortada y en la forma que a él le gustaba. Consideró volver a ponerse los lentes de sol, pero quería ver los ojos de Steve en el momento en que se encontraran en el altar sin ningún tipo de interferencias; siempre le había gustado ver a Steve a los ojos, sin importar qué.
― ¿Cómo me veo JARVIS? ―Preguntó a la armadura, dándose la vuelta con lentitud y con los brazos abiertos. Mostrándose en todo su esplendor y gloria.
―Como el hombre más feliz del universo, Señor. ―Respondió la I.A.
Sí, Tony se refería a su ropa, pero la I.A tenía razón. No podía verse de otra forma si lo que sentía en este momento se reflejaba en cada una de sus facciones.
En ese momento, Tony pensó en lo rápido que había sido todo después de que ambos se propusieran matrimonio en esa hermosa noche en Malibú.
Habían regresado a la mansión y habían hecho el amor por horas y horas hasta que la luz del alba los recibió. Ese día lo habían dedicado a tocarse, admirarse y besarse con todo el amor que sentían por el otro. Fue un día memorable. Y al día siguiente las cosas se habían vuelto caóticas cuando Tony decidió que la primera persona que debía saberlo era Pepper. Bendita mujer del demonio. No podía pensar en otra cosa cuando recordaba el grito de emoción que pegó en su oído cuando estaban al teléfono. Luego las cosas habían escalado a los planes de la boda.
Steve ya había mencionado que no quería nada muy ostentoso y Tony estaba completamente de acuerdo con su prometido. Habían acordado dejarle los preparativos a Pepper porque ambos sabían que la mujer querría planear hasta el último detalle.
― ¿Estás seguro de esto, Tony? Pepper ya tiene muchas responsabilidades con la empresa…―Había mencionado con un poco de preocupación el soldado en un primer momento.
Steve seguía siendo tan inocente como al principio. Tony había sonreído y Steve se había tragado su preocupación por la delgada mujer en cuanto ella dijo que lo tendría todo listo para la fecha que ellos eligieran. Que no tenían que preocuparse de nada y que la boda sería perfecta. Tony no pudo evitar pensar en el caos que sería cuando la mujer organizara su propia boda. Estaría mil veces más histérica de lo normal. Al menos ese ya no sería su problema.
Dicho y hecho.
Ellos eligieron una fecha de acuerdo a la fecha estimada para la construcción de la mansión en la isla; casi un mes después de que esta estuviera lista, para tener tiempo para las preparaciones. Durante esos meses se dedicaron a amarse y disfrutar del tiempo juntos; hubo una que otra batalla contra algún supuesto súper villano, por supuesto, pero nada que no pudieran manejar. Y en sus ratos libres eligieron la decoración de la mansión. Había algunas excentricidades como los extraños decorados de los pasillos y como olvidar los cuadros de arte moderno con la imagen de Iron Man decorando aquí y allá. Colores sobrios en los lugares adecuados y muebles modernos, funcionales y a tono con cada habitación. Tony había insistido en una cama tamaño King en su habitación y el dosel blanco para evitar a los mosquitos de la tropical isla. La habitación parecía digna de un rey y tenía el toque romántico que el filántropo jamás admitiría que tenía.
La casa era enorme, bella y llena de luz debido a los interminables ventanales que predominaban en la construcción. Era un detalle que al principio había preocupado a Steve, pero había terminado amando cada rayo de luz que bañaba la casa y cada una de sus habitaciones.
Una vez más, Tony miró a su alrededor y observó con cariño el lugar que ahora era su hogar. El lugar que a partir de ese día compartiría con el amor de su vida. Con el que en unos minutos iba a convertirse en su esposo ante la ley y ante sus mejore amigos.
―Señor, ―JARVIS se acercó a él, enfocando la luz azul de sus ojos en su creador―es tiempo de salir. ―Informó.
Tony salió de su ensoñación y asintió.
Su mayordomo guió el camino hacia la parte trasera de la mansión, al lugar donde se efectuaría la boda.
•••
Steve, por su parte, mientras admiraba la tranquilidad del mar, recordó el momento más feliz de su vida: su boda.
Recordaba estar allí, parado frente al hombre que oficiaría la boda. Decir que era extraño tenerlo a él oficiando su matrimonio sería poco. El hombre, extrañamente vestido de blanco, en ropas muy ligeras, mantenía su postura de Director, pero había un pequeño brillo de orgullo en su ojo.
Nick Fury jamás lo admitiría, pero se sentía orgulloso de ser quien casaría a los líderes de los Vengadores.
Observó a su alrededor y sonrió al ver a sus amigos a su alrededor. Frunció un poco el ceño al ver a los Legionarios apostados a ambos costados, en fila, cada uno con una corbata de moño en el cuello. Tony era único, no podía desmentir eso. Al principio no había estado de acuerdo con la idea de tener a los Legionarios apostados como guardias en todos lados, pero tampoco podía negar que había sido un buen detalle, las armaduras parecían pertenecer allí.
Con el estómago hecho un nudo, Steve vio aparecer la armadura de Iron Man al final del pasillo creado con las sillas. Un par de Legionarios hicieron una reverencia antes de permitirle el paso a la armadura de brillante rojo y dorado. JARVIS dio un paso al costado y detrás apareció el hombre de su vida.
Estaba seguro de que si no fuera por el suero ya habría sufrido un ataque cardiaco o una crisis asmática al quedarse sin aliento por tan sorprendente vista. Una sonrisa apareció en su rostro. Cuadró sus hombros y esperó a que el moreno se acercara a él.
•••
Tony no podía creer lo que sus ojos veían.
Cuando la armadura salió de su camino su corazón latió aún más rápido de lo normal. No estaba seguro si era un efecto de la luz o simplemente la magnificencia de su futuro esposo, pero Steve se veía resplandeciente en su traje de Capitán. El verde le sentaba como si hubiera nacido para usarlo; las medallas de distinción en el ejército y los distintivos por sus diversos logros por participación brillaban contra la luz del sol y parecían resaltar en su pecho. Steve había nacido para usar hombreras y ese traje era la mejor prueba de todas. Incluso la tonta corbata de color claro le quedaba bien. Debería ser ilegal verse así de bien todo el tiempo, pensó el moreno.
Luego de un par de segundos para admirar a su prometido y otros más para recuperar el aliento, comenzó a avanzar hacia el hombre que lo esperaba y el pirata que los casaría. Ahora que lo pensaba, no había sido tan mala idea realizar el sueño sin nombrar de Steve de esperarlo en el altar. Si bien Steve no lo había mencionado, Tony sabía que su sueño, arrastrado desde sus arraigadas costumbres de los años cuarenta, era esperar a su pareja en el altar mientras lo veía caminar por el pasillo. Y a él no le molestaba particularmente, siempre y cuando no tuviera que usar un vestido ni vestirse de blanco… había sido una magnífica idea caminar hacia él. La vista era estupenda.
―JARVIS, toma una foto del Capitán en este instante. ―Susurró.
La I.A, que estaba grabando todo desde todos los ángulos posibles gracias a su omnipotencia y a los Legionarios, capturó la imagen que su creador deseaba. También se encargaría de capturar el momento en que estuvieran juntos, mirándose a los ojos como los enamorados embobados que eran; ese era un requerimiento especial de la Señorita Potts y la Agente Romanoff. No podía negarse a ninguna de las dos aterradoras mujeres.
Una suave música instrumental comenzó a sonar; no la típica melodía nupcial, él no era la novia caminando hacia el altar, solo había aceptado caminar hacia allí para cumplir los caprichos de Pepper, o eso pensaba la mujer. Y había tenido razón; todo había valido la pena al ver el rostro de Steve iluminarse a cada paso que daba hacia él; al principio no había estado de acuerdo, pero la barba no se hubiera visto bien con el traje de gala del ejército. Cuando llegó frente al soldado le dedicó una sonrisa y en un movimiento sincronizado, ambos tomaron las manos del otro.
La ceremonia fue muy tradicional en todo lo que conlleva una boda. Casi las mismas palabras sobre el amor que diría un cura, pero sin el melodrama religioso que Tony no estaba dispuesto a soportar; la dosis justa para satisfacerlos a ambos, y mientras el tiempo pasaba, el sol se ponía tras ellos. Nick dio la palabra a los novios.
―Cuando imaginé mi boda por primera vez, hace muchos años, ―sonrió, giñándole un ojo al moreno―jamás creí que sería de esta forma. Siempre creí que mi vida sería común y corriente, que me casaría y terminaría viviendo en el campo, una vida monótona y aburrida. Si bien mi vida nunca fue monótona y aburrida, sobre todo después de ingresar al Proyecto Renacimiento, al conocerte me di cuenta de lo diferente que las cosas pueden ser. Enamorarme de ti es lo mejor que me ha pasado y nunca voy a dejar de decirlo. Me enamoré del hombre que hace realidad sus locas ideas cada día y a cada momento, del hombre que no sabe cuándo detenerse a descansar y que necesita que alguien le recuerde cuando necesita comer. ―Risas se escucharon tras ellos. ―Me enamoré de tu pasión por lo que haces, de tus respuestas ingeniosas, de tu incapacidad de seguir una orden, ―Fury frunció el ceño―y también del gran corazón que tratas de ocultar tras tu máscara de indiferencia. Me enamoré de ti y prometo hacer todo lo posible por hacerte feliz por el resto de mis días.
El corazón de Tony se aceleró ante cada palabra. Steve ya había dicho algo parecido la noche en que le propuso matrimonio, pero escucharle decirlo frente a todos sus amigos, su familia, y en su boda… era algo totalmente diferente. Se había prometido no llorar como seguramente lo haría Pepper, así que inhaló profundamente antes de sonreír y comenzar con sus palabras; aunque no sabía muy bien lo que diría. No había practicado un discurso. Nunca lo había hecho.
―Tal vez nunca te he dicho esto, pero en mis peores momentos, mientras crecía te odié. Quería que Howard te encontrara para decirte lo mucho que habías arruinado mi vida. ―Steve levantó una ceja incrédulo, esperada que esas palabras llegaran a algún lugar. ―Con el tiempo me di cuenta que no era tu culpa, pero de todas formas me comporté como un idiota cuando nos conocimos. No podía soportar que el héroe de mi infancia apareciera cuando era mi momento de brillar y mucho menos podía seguir tus órdenes. ―Hizo una mueca. ―Quería tanto ser un héroe y demostrarte que podía ser mejor… cuando nos hicimos amigos a fuerza de costumbre, cuando comenzamos a vivir bajo el mismo techo… me salvaste de mí mismo, Steve. Me salvaste de todo ese resentimiento que había sentido toda mi vida. Me salvaste con tu presencia, con tu amistad, con solo ser tú mismo. Te hiciste un espacio en el corazón que siempre creí no tener y me enamoré de ti sin querer… Tu amor me salvó de mi autodestrucción y jamás voy a dejar de agradecerte por ello, así que pasaré el resto de mi vida amándote e intentando hacerte tan feliz como tú haces conmigo cada día.
Como siempre, Tony Stark era único en cada aspecto. Mientras escuchaba sus palabras, el corazón de Steve se aceleró de la emoción. Llenándose de amor y una tierna calidez en el pecho.
Incluso ahora, al recordarlo, su corazón se aceleraba y parecía saltarse latidos.
Luego de sus palabras de amor y promesas ambos se sonrieron, sus miradas llenas de amor. Las últimas palabras fueron dichas por Fury y el gran momento llegó. El Director hizo la gran pregunta.
―Steven Grant Rogers, ¿Aceptas como tu esposo a Anthony Edward Stark? ―Le dedicó una mirada seria. ―Recuerda que esto es permanente.
―Acepto. ―Escuchó decir a Steve. Inevitablemente un nudo se formó en su garganta.
Las mismas palabras fueron repetidas en su dirección.
―Anthony Edward Stark, ¿Aceptas como tu esposo a Steven Grant Rogers?
―Acepto. ―Dijo el moreno con la emoción a flor de piel y sin dudarlo.
Cuando Fury los declaró esposos, Tony creyó que lloraría de la emoción, pero el beso que Steve le dio robó toda su emoción para convertirla en pura pasión. Cuando se separaron, el sol estaba a punto de esconderse en el horizonte.
―Mira. ―Susurró el rubio sobre a sus labios.
El sol, bajando lentamente, tomándose todo el tiempo del mundo, descendió para esconderse tras el mar. Un espectáculo de colores se formó frente a ellos y pudo escuchar a sus espaldas como sus amigos contenían el aliento ante tan maravilloso espectáculo.
El cielo, decorado con las más bellas tonalidades desde el naranjo al rojo, pasando a un hermoso purpura y luego al más bello azul nocturno que jamás habían visto; ese fue el regalo perfecto de la naturaleza para tan hermosa ceremonia y tan esperada unión. Una bendición de la naturaleza para un amor tan grande como el de ellos.
•••
― ¿En qué piensas? ―Preguntó Steve, sin detener sus lentos pasos por la playa.
Saliendo de sus cavilaciones, el genio le dedicó una mirada brillante y una sonrisa llena de afecto.
―Oh, nada. Solo recordaba el primer atardecer que vimos en la isla. Es el día que me casé con el amor de mi vida, ¿sabes?
Steve soltó una risa.
―Mmm. También pensaba en el día que me casé con el amor de mi vida.
―Suenas muy enamorado, Capitán. ―Bromeó el moreno.
―Lo estoy, Tony. ―Lo detuvo y depositó un beso en sus labios. ―Te amo.
―También te amo. ―Sonrió. ― ¿Sabes qué más recuerdo al pensar en el atardecer de esta isla? ―Preguntó con picardía, alzando una ceja coqueta y sugestiva.
Steve miró hacia otro lado y trató de no sonrojarse, porque sabía exactamente a lo que el genio se refería.
•••
La ceremonia había terminado y luego de recuperar el aliento ante tan bella postal, la fiesta comenzó. La música había sonado, la comida y las bebidas habían aparecido, y todos habían celebrado. A expensas del alcohol, incluso Fury había bailado junto a la insistente Maria Hill.
Thor, que había aparecido de sorpresa, había traído regalos y un extraño alcohol asgardiano que hizo que la cabeza de Steve diera vueltas por un par de minutos antes de que el suero hiciera su trabajo.
El festejo se había alargado hasta tempranas horas de la mañana, pero antes de salir el sol, solo quedaban en la isla los recién casados. Todos habían subido al quinjet que JARVIS pilotó de vuelta a Nueva York mientras todos dormían.
―Fue una buena fiesta. ―Dijo Tony un poco pasado de copas.
―Lo fue, pero creo que es hora de dormir. ―Replicó Steve en modo Capitán.
Tony lo había mirado con cara de pocos amigos en un principio. Él quería celebrar su noche de bodas como era debido, pero el alcohol se le había subido un poco a la cabeza y, muy a su pesar, debía admitir que ya no estada tan joven como para celebrar toda la noche y seguir fresco como una lechuga. Necesitaba unas cuantas horas de sueño y tal vez una ducha antes de poder seguir adelante con sus planes. Y le agradecía a Steve por sugerir dormir.
―Te amo, cariño. ―Dijo con una sonrisa mientras el rubio lo dirigía adentro de la mansión y en dirección a su habitación.
Una vez allí los dirigió a ambos a la cama y en lo que pareció un instante, ambos estuvieron desnudos dentro de la cama, profundamente dormidos.
•••
Las horas pasaron y hacia el final de la tarde ambos hombres seguían dormidos bajo las finas sábanas, recibiendo la fresca brisa marina. El silencio solo era roto por el sonido lejano de las olas.
Steve fue el primero en despertar. Sentía el cuerpo pesado de tanto dormir y sentía la necesidad de darse una ducha. Luego de abrir los ojos observó por largos minutos a su amado esposo; sonrió de solo pensar en la palabra. Tony era su esposo. Su sonrisa creció aún más. Cuidadosamente dejó un beso en el hombro del moreno, se levantó y se encaminó al baño.
Pasados unos cinco minutos salió completamente desnudo y con el cuerpo cubierto por pequeñas gotas de agua. Se sentía fresco y con energía. Caminó en dirección al balcón y apoyó sus antebrazos en el barandal, observando la belleza del paisaje que se presentaba ante él.
Cuando Tony despertó, un gruñido salió de sus labios. Estiró su mano en búsqueda del cuerpo cálido y tonificado de su adorado Steve, pero no encontró nada. Abrió los ojos y tuvo que cerrarlos por la brillante luz que lo encandiló. Lo intentó una vez más y luego de un par de largos segundo intentando enfocar la habitación, pudo ver al hombre de su vida en el balcón. La imagen se le antojó tentadora y peligrosamente sensual. Con rapidez entró al baño a darse una ducha, dándose cuenta de que no había sido el único en pensar en ello. Salió rápidamente al encuentro con el hombre en el balcón.
Steve había escuchado al moreno levantarse de la cama y posteriormente el agua de la ducha, por lo que no se sorprendió cuando lo sintió abrazarse a su espalda.
―Buenos días, Señor Rogers-Stark. ―Saludó el moreno, depositando un beso en medio de su espalda.
El soldado sonrió.
―Buenas tardes, ―corrigió―Señor Stark-Rogers. ―Respondió. ―Hemos dormido todo el día, Tony.
El millonario no respondió con palabras, solo murmuró algo que pareció una afirmación. Poco a poco las manos del mecánico habían encontrado su camino alrededor de la cintura de su esposo, alcanzando su pecho, atacando sus pezones con la punta de sus dedos. El soldado dejó escapar un pequeño quejido de placer al sentir sus manos. El cuerpo de Tony estaba completamente pegado a la espalda del rubio y sus caderas comenzaron a moverse lentamente, encajando su virilidad en el lugar correcto, arrancando un gemido de su amante.
―Tony. ―Se quejó el rubio con un gruñido de satisfacción.
La sonrisa del filántropo se ensanchó. Siguió con sus caricias en el pecho del rubio mientras sus labios se dirigían a la ancha espalda que se presentaba dura y poderosa frente a su rostro, besando y mordiendo la piel perfecta del soldado. Los pequeños gemidos de placer que dejaba escapar el soldado eran música para los oídos del moreno. Sus caderas se movían lentamente, siguiendo un ritmo preciso para estimular la sensible zona entre sus glúteos.
Steve trató de alejarse del barandal, para participar un poco más y tal vez llevar las cosas de vuelta a la cama, pero el millonario se lo impidió.
―No te muevas. ―Sus manos estaban presionadas sobre sus pectorales, manteniéndolo firmemente pegado a su pecho. ―Me gusta cómo te vez a la luz del sol, con el mar de fondo. ―Dejó un mordisco sensual en su nuca. ―Te vez tan bien. Casi como si pertenecieras a este lugar. Eres una más de las maravillas de este hermoso paisaje.
Mientras esas palabras salían con voz suave de sus labios, sus manos descendieron por el abdomen del rubio hasta alcanzar su miembro totalmente despierto. Gemidos de placer salían de los labios del soldado. Una de sus manos se apoderó de aquel poderoso falo mientras la otra se aferró a su cadera, impidiendo cualquier movimiento.
―Me pregunto…―Murmuró; su mano moviéndose lentamente arriba y abajo a lo largo del erecto miembro. ―Oh, sí. Claro que estás pensando en lo mismo que yo.
Steve pudo sentir la sonrisa triunfal en las palabras de su esposo. Las caricias en su miembro y el sensual roce provocado por el suave vaivén de sus caderas contra su entrada, sumado a sus palabras… fue algo que Steve no pudo resistir.
―Tony. ―Dejó salir su nombre en un gemido necesitado. ―Hazlo ya. ―Pidió dejando caer su cabeza hacia adelante.
La sonrisa casi gatuna en el rostro del mecánico se ensanchó aún más. Le encantaba escuchar a Steve mientras le rogaba; no podía resistirse cuando hacía eso. No esperó ni un momento más e indicó con palabras susurradas en una voz gruesa y profunda por la excitación:
―Pon tus manos en el barandal. ―Sus labios se posaron en el lóbulo de su oreja y mordió juguetonamente.
Steve obedeció. Las manos de Tony presionando con cuidado sobre su espalda le obligaron a inclinarse aún más sobre el barandal, dejándolo completamente expuesto a la vista de su esposo. Si bien en un inicio de su relación se hubiera avergonzado por encontrarse en esa posición, ahora le parecía sumamente excitante.
Tony dio un pequeño apretón a las manos de Steve, indicándole sin palabras que no debía soltarse. Lentamente sus manos viajaron por los antebrazos de Steve hasta sus poderosos bíceps, subiendo hasta sus hombros para luego descender por su espalda. Cuando sus manos llegaron a los glúteos de Steve, le escuchó jadear de anticipación. Poco a poco, al mismo tiempo que sus manos masajeaban con ardor, su boca fue dejando mordiscos por toda su espalda; bajando cada vez más hasta llegar a su objetivo. Un ronco gemido salió de la garganta de Steve cuando pasó su lengua desvergonzada por aquella entrada.
Arrodillado entre sus piernas, poco a poco, jugando con su lengua y llevando al soldado al límite de su excitación, Tony preparó la entrada del súper soldado para recibirlo.
―Tony. ―Rogó el rubio. Sus nudillos blancos de tanto apretar el barandal bajo sus manos.
Sin querer hacerle esperar más, Tony se levantó y alineó su miembro en la entrada húmeda de Steve.
El soldado contuvo la respiración como hacía cada vez que el moreno se adentraba en su cuerpo, disfrutando la sensación, abrazando el miembro de su amado con su calor. No sabía en qué momento había cerrado los ojos y no importaba. Lo único importante en ese momento era sentir las poderosas y placenteras penetraciones de su esposo. Las manos de Tony estaban firmemente aferradas a sus caderas y podía escuchar sus gruñidos y jadeos mezclarse con los suyos.
Cuando la sensación de placer se hizo tan grande e insoportable, Steve sintió una de las manos del mecánico aferrarse a su miembro. Los movimientos casi sincronizados de sus caderas y su mano lo llevaron al límite de su pasión. Sitió ese delicioso acúmulo de sensaciones oprimir vientre y subir por su miembro, haciéndole explotar, obligándole a soltar un gutural rugido que se formó en lo profundo de su garganta. Tony siguió con sus penetraciones un par de veces más antes de acompañarlo en la cima de la excitación con un poderoso orgasmo que le obligó a desplomarse sobre la espalda de su soldado.
Juntos, frente al océano, sin moverse ni un milímetro, recuperaron el ritmo de sus respiraciones.
Luego de unos cuantos minutos, Tony salió lentamente del cuerpo del hombre del pasado, escuchando un quejido de su amante. Lentamente ambos se enderezaron; Tony dio un paso al lado del soldado y observó el atardecer junto a su esposo. Ambos abrazados por la cintura. Casi como si estuvieran leyéndose le mente, ambos voltearon a verse al mismo tiempo y sus labios se encontraron en un beso suave, lento y profundo.
―Te amo. ―Susurraron al mismo tiempo al separarse, justo sobre los labios del otro.
•••
― ¿Lo recuerdas, Steve? ―Preguntó el moreno.
Si bien Steve no se había sentido avergonzado en el momento, recordarlo era algo muy distinto. Su rostro había enrojecido ligeramente ante el recuerdo, muy a su pesar.
―Lo recuerdo. ―Dijo sin mirarlo a la cara.
Caminaron unos cuantos metros más en silencio.
― ¿En qué piensas? ―Preguntó el rubio.
Tony dirigió su mirada hacia su esposo, conectando sus miradas.
―Solo pensaba en lo increíble de todo esto… mi héroe de la infancia, la persona que juré odiar durante mi adolescencia, el hombre al que quería demostrar que también podía ser un héroe; ―detuvo su caminar―fuiste muchas cosas antes de que siquiera fuéramos amigos. Y ahora eres mi esposo. ―Rió.
―Te amo, Tony. ―Aseguró. ―Sin importar todo lo que pasó antes, ya sea antes de conocernos o después.
―Creo que comencé a enamorarme de ti mucho antes de lo que creí, sabes. Mucho antes de vivir en la torre con los demás, mucho antes de todo. Aún recuerdo como se oprimió mi pecho cuando me enteré de lo que pasó con S.H.I.E.L.D en D.C. Debí darme cuenta entonces que esa sensación de pesar y preocupación no es dedicada solo a un amigo, pero estaba en completa negación contigo.
―Tony, ―llevó una de sus manos al rostro del moreno―yo creo que comencé a amarte en el momento en que te vi arriesgar tu vida por todos nosotros, por todas las personas en Manhattan aquel día en que te adentraste en el portal. ―Su mirada se llenó de algo que Tony no supo identificar completamente, una mezcla de dolor y alivio. ―Cuando te vi caer… fue uno de los momentos más aterradores de mi vida. Cuando puse mi mano en tu pecho y el reactor estaba apagado creí que te había perdido. Creo que en ese entonces no sabía que podía volver a amar a alguien. No sabía que podía amar tanto a alguien. ―Su mirada se suavizó.
Se miraron por un largo momento antes de acercarse y besarse castamente.
―No soy nada sin ti, Steve. ―Confesó el moreno. ―Esos dos meses sin saber nada de ti fueron los peores momentos de mi vida.
El soldado arrastró al millonario en un abrazo protector.
―Y yo jamás había sentido tanto miedo como cuando tuve que verte herido… en el piso del taller bajo tu armadura, al salir de tu armadura bañado en sangre en esa tienda e Afganistán.
―Si… ―Murmuró el moreno con una sonrisa. ―Tengo una tendencia a los accidentes, Steve. Ese es el único defecto del hombre con el que te casaste. El resto de mí es perfecto.
Una risa reverberó en el pecho del soldado, haciendo vibrar al moreno.
―A veces eres un desastre, mi amor.
―No te burles. Amas a este perfecto desastre. ―Dijo en medio de un puchero.
―Es cierto. Te amo.
Se quedaron un momento más en silencio. Pensando en lo que habían hablado momentos antes.
―Han pasado tantas cosas en el último año. ―Murmuró Tony. ―Una historia digna de contar.
―Y vaya que hemos tenido una gran historia, ―respondió el soldado― llena de altos y bajos. ―Mencionó recordando sus peleas iniciales.
―Oh, Steve. ―Dijo el millonario en todo divertido. ―Nuestra historia acaba de comenzar. ―Aseguró mientras caminaban lentamente de regreso a la mansión con el sol desapareciendo tras el mar, allá en el horizonte.
FIN.
Lunes 22 de Octubre, 2017.
