~ Sonrisas falsas, sonrisas verdaderas~

FanFiction de

Tsubasa Reservoir Chronicle

2. Atrapado ~

Había amanecido un día despejado y de cielo claro, y un agradable calor primaveral se había instalado en el país de Otto trayendo consigo un ambiente relajado y tranquilo. Era uno de aquellos días en los que la pereza se apodera de las cosas, y el tiempo fluía con lentitud dejando un momento de sobra para pensar.

Sakura seguía durmiendo arriba. A pesar de que ya habían recuperado unas cuantas plumas y parecía más despierta, la princesa seguía pasando la mayor parte del tiempo dormida. Seguramente cuando se levantara acudiría abajo a toda prisa para tratar de ayudar en lo que fuera y disculparse por seguir dormida a aquellas horas, pero nadie se lo reprocharía. En especial si seguía sin haber nadie en el Cat's Eye. Hacía mucho que Kurogane debía haberse ido, según Syaoran, al ayuntamiento en busca de más información que pudiera serles útil y hacía apenas media hora Fye había mandado al muchacho a comprar, precisamente, más licor. La cara de éste reflejo una pregunta claramente: "¿Para repetir la noche de ayer?"

-Solo es para los clientes –explicó el mago sonriente, empujándolo hacia la puerta-. Esos licores son muy populares entre los cazadores de demonios y nuestra cafetería también, pero si no los tuviéramos los clientes se irían a otra cafetería.

Sin estar muy convencido Syaoran había salido con la flor electrónica que hacía las veces de monedero y Mokona había corrido a acompañarle.

Ahora el mago se aburría. Solo había entrado un cliente en lo que iba de mañana y hacía rato que se había ido tras tomar un café y uno de los bollos que él y Sakura habían preparado la tarde anterior. Sin la alegre Mokona cerca, sin gente a la que atender y con tanto tiempo libre y aquel clima, Fye tenía tiempo para pensar.

Primero había tratado de rememorar la noche anterior. Normalmente no aguantaba mal el alcohol, pero en aquel mundo los licores debían de ser diferentes por algún motivo pues le costaba recordar las cosas. Había ayudado a irse a la cama a la princesa y a la bolita blanca cuando éstas se durmieron y luego había llegado el equipo perruno. Y luego… Apoyado sobre la barra acudió a su mente el contacto contra el ninja que lo había arrastrado hasta su dormitorio como él mismo había hecho con Sakura poco antes de aquello.

Por alguna razón aquel pensamiento lo azoraba. Se levantó para ordenar las cosas a su alrededor, solo para encontrarse con que todo estaba hecho. Sin duda el aburrimiento era negativo en extremo. No tenía nada que hacer.

El silencio en la cafetería era incluso opresivo y el joven rubio se sentía casi enloquecer. En alguna parte se oía un reloj marcando los segundos, los minutos, que pasaban con extrema lentitud, tortuosos. Quería que volviese ya Syaoran, ¿tanto se tardaba en ir a una tienda, comprar unas botellas y volver? Quizá fuera cosa de Mokona, o a lo mejor les había ocurrido algo por el camino. Casi quería subir y despertar a Sakura pero no podía hacer aquello: la princesa necesitaba descansar y sería sumamente injusto y egoísta despertarla solo por aburrimiento. ¿Tanto tardaba también Kurogane en volver del ayuntamiento? Según le había contado Syaoran allí tampoco les eran nunca de mucha ayuda…

Fye guardó silencio.

Kurogane.

Sus ojos estaban fijos en el techo, pero en realidad no lo veía. Kurorín, Kurotán, Kurowan-wa, Kuro-sama… a cada frase un nuevo apelativo y el ninja se enfurecía más con cada uno. El mago habría dado cualquier cosa por ver su cara cuando se enteró de su nuevo nombre: perrazo. Más o menos la había visto cuando habían vuelto los dos chicos a la cafetería. Sabía que le enfurecía pero era divertido, no tanto por el mote en sí como por la reacción del hombre. Era tan fácil enfadarle y sin embargo no parecía realmente enfadado, al menos no tanto como si ocurriera algo serio.

Se dio cuenta de que se estaba riendo en voz alta, aún mirando al techo. Se calló de inmediato.

Kurogane.

El mago huía. Huía primero de una persona, luego de un mundo, a través de otros muchos. Huía también de interferir, de formar parte plena del grupo de viajeros en busca de las plumas de la princesa. Evitaba relacionarse de los demás, usando su sonrisa para guardar las distancias sin que nadie soliera notarlo. Lo había evitado desde que el grupo se había conocido, tanto que no se había dado cuenta, hasta ahora, de lo que había ocurrido. Porque a veces, mientras corres y miras atrás, es cuando no ves la trampa que tienes justo delante y caes de lleno en ella.

-Ay, Kuro-kuro… ¿qué me has hecho? –preguntó al aire de pronto.

~o~

El primero en aparecer por el local de todos fue, precisamente, Kurogane. Abrió la puerta y entró maldiciendo aún entre dientes. La señorita de la ventanilla del ayuntamiento era exasperante: lo habían mandado a la sección de información que, a saber por qué, estaba separada del propio ayuntamiento en sí. Así que, sin mapa ni nada, el ninja había salido en busca del lugar y, tras dos horas buscando, había desistido y vuelto a la cafetería. Con un poco de suerte el renacuajo estaría allí y podrían salir un poco a ver si encontraban algún demonio. Necesitaba desesperadamente cruzar su espada con alguien, quien fuera, para librarse de la rabia que sentía en el fondo.

Pero cuando llegó descubrió que no había nadie salvo el mago. Ni siquiera estaba Mokona o la princesa.

-¿Y el renacuajo?

Fye estaba sentado en una de las mesas, casi tumbado sobre esta con pinta de aburrido y expresión absorta. De no ser porque no había maullidos el ninja se habría preguntado si había estado bebiendo de nuevo.

-¿Y el mocoso? –repitió, acercándose a él.

De pronto el otro pareció darse cuenta de su presencia, saliendo de sus ensoñaciones. Aún así tardo en responder, tanto que Kurogane iba ya a preguntar por tercera vez.

-Fue a comprar.

-¿Y la princesa? ¿Y el manjuu blanco?

-Sakura está dormida y Mokona se fue con Syaoran –contestó el otro, levantándose con lentitud.

Parecía preocupado por alguna razón, como dudando ante una idea, pues su sonrisa era distraída y distante. Pero aún así sus ojos azules, brillantes y relucientes, estaban fijos en él. Kurogane sospechó de inmediato, ¿qué tramaba el mago? Quiso dar un paso atrás, pero tras él solo estaba la puerta, cuando Fye avanzó hacia él.

-Kurotán –lo llamó con suavidad el mago.

-¿Qué? –quiso saber con tono rudo el otro. Fye sonreía, esta vez más alegremente, parecía haber vuelto al mundo real y, aún así, el ninja no se fiaba.

El joven no respondió. Estaban muy cerca el uno del otro y aquellos ojos azules brillaban intensamente.

-¿Qué pas…? –fue a preguntar Kurogane pero no pudo terminar la pregunta.

Fye lo estaba besando.

Continua en el tercer capítulo: ???~