~Sonrisas falsas, sonrisas verdaderas~
FanFiction de
Tsubasa Reservoir Chronicle
3. Rechazo~
Kurogane se quedó completamente quieto, helado, e, incapaz de reaccionar, dejó que el otro hiciera. Fye había cerrado los ojos, pero antes de que lo hiciera al hombre le pareció ver un brillo húmedo en ellos, como lágrimas contenidas. Tras unos largos segundos el joven se separó de él, apartando sus labios de los suyos y dando un paso atrás. Volvía a mirarlo y en sus ojos había una pregunta, tratando de controlar los nervios que sentía, dudoso.
Cuando Fye se separó de él, Kurogane tardó aún un segundo en reaccionar. Nunca, en toda su vida, se había quedado paralizado como en aquel instante salvo una vez, aquella noche en que su madre… Cuando recobró el control de su cuerpo y el aturdimiento desapareció, se adelantó, acortando distancias de nuevo con el mago.
Éste fue a decir algo.
El golpe resonó en la sala vacía.
La fuerza de la bofetada mandó al suelo al rubio que, sin levantarse, alzó la mirada interrogante hacia Kurogane. Ahora era él el que no sabía cómo reaccionar, repentinamente asustado.
Kurogane temblaba y, en su rostro hasta ese momento impasible, había una expresión de desagrado y su mirada rojiza estaba fija en Fye, el cual tragó saliva, sin terminar de entender aunque en el fondo sí entendía qué había pasado.
-¿Qué…? –trató de decir Kurogane, pero su voz se extinguió, tratando de buscar la palabra adecuada sin éxito-. ¿En qué estabas pensando, loco? –le espetó entonces. Su voz también temblaba de ira.
En el suelo Fye se encogió un poco. Ya no sonreía, en sus rasgos ya no había ningún rastro de la alegría que normalmente parecía inundarlo, solo tristeza. En otra ocasión tal vez habría llegado a apenarlo, pero, ahora, el ninja estaba fuera de sus casillas, incapaz de creer lo que acababa de suceder, tratando de controlarse pero sin querer hacerlo.
Fye no respondió, entornando los ojos.
-¡¡Respóndeme!! –exigió el otro-. ¿Qué pretendías lograr con eso? –en la última palabra su voz se quebró con desagrado.
-¿No es obvio? –le cortó el mago, mirándolo de nuevo. Era una mirada fría, helada, como se sentía en aquellos instantes, pero en el fondo, triste, inmensamente triste.
Debería haberlo imaginado… Debería. Debería.
Kurogane no respondió, sin saber qué decir, aún con aquella expresión en el rostro.
Con lentitud Fye se puso en pie. ¿Qué sentido tenía quedarse ahí ya? En el fondo tenía ganas de salir corriendo, de alejarse lo más posible de Kurogane, pero se sentía incapaz de moverse más deprisa.
Antes de que pudiera irse, salir de la habitación hacia las escaleras, una mano le agarró el brazo súbitamente. Se detuvo de inmediato, tragando saliva. ¿Podría ser? Casi sentía miedo de girarse y volver a enfrentarse al ninja, temeroso de lo que pudiera ver en sus ojos.
-No vuelvas a hacerlo –dijo Kurogane lentamente, formando cada palabra con tono tajante y amenazante, antes de soltarle el brazo.
Sin decir nada Fye salió de allí. Sólo cuando estaba a punto de entrar en su habitación se pudieron ver aflorar las primeras lágrimas.
Continua en el Capítulo 4~
