~Sonrisas falsas, sonrisas verdaderas~
FanFiction de
Tsubasa Reservoir Chronicle
4. Una puerta con un gato negro dibujado ~
En la calle había bastante gente a pesar de las últimas noticias que aparecían en el periódico. Según decían, había demonios que habían comenzado a atacar a civiles sin un motivo concreto cuando eso debía ser, en teoría, imposible ya que los demonios solo atacaban a sus enemigos naturales: los cazadores. Mucha gente había reaccionado con escepticismo, diciendo que seguramente habría sido algún caso aislado y que no volvería a ocurrir y que todo había sido exagerado por los medios de comunicación; otros se lo habían creído y estaban asustados pero aún así tenían que salir a la calle en algún momento, aunque tan sólo fuera a comprar el pan. De modo que así estaba todo en conclusión: la calle tan repleta como cualquier otro día en que las noticias no fueran tan alarmantes.
Kivas, de todos modos, era un cazador, así que no estaba más a salvo de aquellas criaturas que un día normal. De hecho ese día era un día normal en su vida. Se había tomado por un demonio Mí hacía un rato, de nivel tres, pero no había tenido demasiado problema para despacharlo. Las nuevas armas que había comprado hacía poco estaban demostrando que la inversión, alta pues el equipamiento de un cazador no era precisamente barato, había merecido la pena.
Aún no había recibido la llamada que estaba esperando de su compañera por lo que estaba dando un paseo a la busca de oro demonio. Ambos se habían propuesto el objetivo de rondar las zonas por las que solía haber civiles, por si acaso a algún demonio se le cruzaban los cables y trataba de atacar a quien no debía. Sin embargo ella había recibido una llamada urgente y se había ido diciendo que volvería en media hora. De eso hacían dos horas.
Kivas suspiró.
-Siempre igual –masculló en voz baja. Pero, por mucho que replicase y fingiera enfadarse con ella, no lo sentía de verdad pues aquella chica que siempre llegaba tarde era la misma que le había robado el corazón.
Sus ojos de color esmeralda recorrieron la calle, deteniéndose en los rincones oscuros, se asomó a un callejón, pero allí no había nada de nada.
Fue entonces cuando la descubrió. Ahí, en medio de la calle, con el dibujo de un gato negro precioso en la puerta. Parecía una cafetería pero debía ser relativamente nueva pues él conocía Otto a la perfección y no le sonaba ningún sitio llamado Cat's Eye.
Su curiosidad nata se disparó de inmediato y se dirigió al sitio para entrar. Para su sorpresa el interior, preciosamente decorado de forma sencilla, y con un dulce olor que abría el apetito flotando en el aire, estaba vacío a excepción de un único hombre. Éste era alto, de hombros anchos y ropa oscura, con una katana de hoja larga cerca, y el cabello negro corto.
-Esto… disculpe –llamó Kivas, entrando con cuidado. El tipo en cuestión se volvió y la mirada que le lanzó le heló la sangre. Quizá no era el mejor día para tomar un bollo.
-Está cerrado –replicó el hombre de inmediato.
Kivas asintió automáticamente, retrocediendo y cerrando la puerta tras él. Una vez en el exterior, apoyándose contra la pared, soltó el aire que había contenido desde que aquel hombre le mirase. Definitivamente no era el mejor momento.
~o~
Kurogane soltó un gruñido por lo bajo, maldiciendo de nuevo a aquel mago y fue hasta la entrada. Aquel curioso había dejado la puerta ligeramente abiertas. Cuando llegó hasta ahí se asomó a la calle, pero ya no había ni rastro del joven de ojos verdes y dos dagas a la cintura. Ahora que lo pensaba quizá fuera otro cazador de demonios. Pero él no era el renacuajo, él podía pasar sin entablar una nueva amistad. En especial en aquel momento. No le apetecía ver a nadie y para evitar más situaciones similares, dio la vuelta al cartelito de la entrada para que mostrase a un gatito durmiendo alrededor de los símbolos que en aquel mundo significaban "cerrado". Luego volvió dentro.
Ahora, minutos después, más relajado, estaba confuso. No terminaba de entender por qué el mago había hecho aquello. Sabía qué debía, en teoría, llevar a aquello, pero prefería pensar que era una extraña broma. Con aquel carácter extravagante quizá aquello entrase en su concepto de broma, mas, en realidad, sabía qué no era así. Lo había visto en los ojos de Fye tras la bofetada que le había propinado.
Precisamente era esa mirada la que lo atormentaba.
Con un nuevo gruñido fue hasta su espada, la cogió y la guardó. Era un burdo sustituto de su Dragón Plateado, pero era mejor que nada sin duda.
Antes de que pudiera volver a embarcarse en sus pensamientos la puerta del Cat's Eye volvió a abrirse. Kurogane se giró para decirle al inoportuno de turno que estaba cerrado, que lo ponía bien claro en el cartel, poco importaba que él mismo no supiese leerlo, cuando se topó con que no era un posible cliente de esos que ponían tan contentos a la bolita blanca, la princesa y el mago precisamente.
Era Syaoran. Y sobre su cabeza estaba el bollo de arroz. El chico llevaba un par de bolsas en las manos. Su contenido entrechocaba entre sí con un sonido como de cristal.
-¿Más licores? –adivinó, enfadado. ¿Aún pretendían emborracharse más tras la noche anterior? Bien pensado quizá aquella actitud de Fye fuera porque había vuelto a darse a la bebida…
-Son para los clientes –contestó Syaoran.
Mokona saltó de su cabeza a la ropa de Kurogane, metiéndose por su cuello.
-¡Arg, sal de ahí, manjuu! –gritó el ninja.
Mokona se rió todavía sin salir de su ropa mientras Syaoran dejaba las bolsas con las botellas en la barra del bar, mirando a su alrededor, preguntándose dónde estaba Fye.
-¡¡Ya basta!! –exclamó Kurogane, cogiendo por las largas orejas a Mokona y tirándola hacia Syaoran, quien la recibió en sus manos, sorprendido.
-Deja los licores en ese armario –indicó a Syaoran, extendiendo una patita. Syaoran asintió y fue a obedecer.
El tercero, sin humor para aquellas tonterías, cogió su espada de nuevo.
-Voy a salir –dijo hoscamente.
-Vale –asintió Syaoran.
-¿Tan pronto se va Kurowan? –se lamentó Mokona.
Si esperaba una reacción especial por parte de Kurogane no la recibió, solo el sonido de la puerta del Cat's Eye al cerrarse con inusitada fuerza.
Mokona y Syaoran intercambiaron una mirada confusa ante aquello. ¿Qué se habrían perdido?
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Continua en el Capítulo 5. Soledades~
Disclaimer especial: Kivas es un personaje mío creado para la ocasión.
