~Sonrisas falsas, sonrisas verdaderas~

FanFiction de

Tsubasa Reservoir Chronicle

5. Soledades~

Había cometido un error.

El joven, sentando junto a la ventana, contemplaba el exterior del edificio. Afuera, en la calle, seguía la vida como si nada hubiera cambiado en las últimas horas. Y es que, en el fondo, ¿qué había cambiado? Para aquella gente nada: su vida seguía como cualquier otro día, sin duda esa mañana se habrían despertado, habrían desayunado y salido a la calle como cualquier otro día. Seguro que aquel hombre que atendía la tienda de enfrente no había tenido una mañana tan diferente a cualquier otra, quizá habría vendido más, quizá habría vendido menos. Seguro que aquella mujer que volvía a casa tras hacer la compra vivía tranquila, ajena a él por completo, a lo mejor habría discutido con su marido, a lo mejor no, o a lo mejor no estaba casada siquiera. Había tantas posibilidades. Y aunque él sufría no podía culpar al mundo de seguir su rumbo como si nada hubiera ocurrido porque él mismo habría seguido igual, ajeno a todo el dolor que le rodeaba y que no percibía. Porque, ¿cómo iban a saber que, a tan solo unos metros de ellos, alguien sufría? Era egoísta querer que tus propios sentimientos influyeran en el mundo, más cuando te mantienes al margen de todo.

Eso no disminuía tampoco el dolor.

Cuando había visto, en la tienda de la Bruja de la Dimensión, que tendría que viajar con aquellos compañeros, decidió que no interferiría más de lo necesario. Así lo mostraba su sonrisa: cordial, alegre pero manteniendo las distancias. Solo eran compañeros unidos por el destino que, cuando el destino quisiera, se separarían de nuevo. ¿Para qué profundizar más en el asunto? Aún así, sin darse cuenta, se había dejado atrapar en una espesa telaraña de la que ya no podía escapar. Se había dado cuenta aquella mañana, pensando en él, de que sus sentimientos lo habían traicionado.

Se había enfrentado entonces a dos posibilidades: ignorar aquello de lo que acababa de darse cuenta, o probar suerte. En contra de lo que habría hecho en otra ocasión, había probado suerte. Había sido algo completamente impulsivo. Precisamente antes de que Kurogane apareciera por al cafetería había querido declinarse por la primera opción y aún así… Había jugado a imaginar que todo saldría bien, que, por azares de destino aquella red podría haber atrapado también al otro y sin embargo no había sido así. Ni por un momento se había parado a pensar aquella posibilidad.

Había cometido un error. Oh, estúpido… que estúpido había sido.

¿Y ahora? ¿Cómo debía actuar ahora? ¿Cómo si nada hubiera ocurrido? Sintió un dolor en el pecho, agobiante, asfixiante. ¿Cómo podía ignorarlo?

Ahora Kurogane le odiaba. Estaba seguro de ello. Lo había visto en sus ojos cuando se habían separado y él le había abofeteado: había sido una mirada asqueada de repulsión.

Tan solo recordarla le llenaba los ojos de lágrimas.

Tragó saliva, sin saber qué hacer.

Llevaba encerrado en su cuarto bastante tiempo, no sabría decir cuánto, con la mirada fija en la calle pero sin ver realmente a los transeúntes con sus pensamientos lejos, muy lejos, pendientes de aquel hombre de ojos rojos y cabellos negros. Eran pensamientos erráticos, que pasaban de una idea a otra sin motivo, súbitamente, empañados todos de una honda tristeza.

Había sido tan ingenuo como su sonrisa daba a entender a veces. ¿Cómo había podido siquiera imaginarse que iría a salir bien? Fye suspiró, apartándose de la ventana, mirando a su alrededor. Todo parecía tan vano y vacío como su estado de ánimo. Inevitablemente se preguntó en qué estaría pensando Kurogane en aquel instante. Le había visto salir de la cafetería hacía un buen rato y se había apartado de la ventana para evitar que le viera. También habían llegado Syaoran y Mokona, debían de estar abajo. Sakura también debía haberse despertado porque había oído ruido en su cuarto y en las escaleras. ¿Les habría contado Kurogane lo ocurrido? Lo dudaba. Él tampoco se sentía con fuerzas para hacerlo, pero tampoco para hacer otra cosa.

Así los minutos pasaban.

~o~

Mokona agitó las orejas enfadada.

-¡No, no, no! –exclamó, interponiéndose entre medias para quitarle el rodillo de las manos a Syaoran y poder salvar la futura existencia del pastel-. ¡Lo estabas haciendo mal!

-Me estaba esforzando –se quejó Syaoran que, por una vez, estaba ayudando a la princesa y a Mokona en la cocina del Cat's Eye ya que Kurogane se había ido sin él y Fye no parecía estar disponible.

La criatura blanca hizo caso omiso de él y se dedicó a pasar ella misma el rodillo sobre la masa.

Una tercera figura entró en la cocina a toda prisa y les dio el pedido. Rápidamente, a una orden de Mokona, Syaoran le pasó a Sakura una bandejita llena de pastelitos de varios tipos y la chica salió disparada de nuevo afuera. El muchacho, mareado, se preguntaba como podían aguantar aquel ritmo todo el día. Cuando se lo había preguntado a Sakura ésta le había respondido que no había tanta prisa normalmente. Lo que pasaba es que el Cat's Eye iba cobrando fama entre los cazadores de demonios a pasos agigantados.

-¿Puedo ayudarte? –preguntó a Mokona.

-Sí –accedió ella-. Puedes poner la masa en el molde y rellenarlo con mermelada.

Syaoran asintió y buscó un tarro de mermelada.

De un par de saltos Mokona fue a reunirse con Sakura. Afuera, en las mesas, había un par de clientes. No eran muchos pero al parecer estaban hambrientos y les habían gustado los pasteles.

-¡Parece que están teniendo éxito! –soltó la chica entusiasmada.

-Claro que sí, son receta del ayudante de Yuko.

-¿El ayudante de Yuko? –inquirió ella, sin comprender. Todo el tiempo que había estado en la tienda de la bruja había permanecido dormida en brazos de Syaoran.

Pero el muchacho si se acordaba.

-¿Era ese chico alto de pelo negro? –preguntó, asomando la cabeza por encima del molde del pastel.

-¡Premio! -gritó Mokona saltando a su cabeza-. Sí. Cocina muy bien. Yuko me dijo que un día de estos quizá nos manda algo hecho por él.

-Seguro que es muy rico.

-¿Y ahora qué hago? –preguntó Syaoran, tratando de descifrar los símbolos de la hoja en la que, según Mokona, estaba la receta que les había dado el ayudante de la bruja dimensional.

La criatura dio un par de saltos hasta llegar a la hoja de papel y leyó.

-"A continuación cubrir la mermelada con más masa y meter al horno".

-Eso es fácil.

-Pues manos a la obra.

Sin poder replicar nada Syaoran se puso a ello, cogiendo un poco más de la masa que Mokona había amasado antes con el rodillo para cubrir la mermelada. Mientras la pequeña se había acercado a la princesa que había vuelto a salir para ver si algún cliente quería algo más.

-Mokona –la llamó la muchacha.

-¿Sí? –inquirió ella, acomodándose sobre uno de los taburetes.

-¿Dónde está Fye?

Llevaba preguntándoselo desde que se había levantado. Normalmente el mago estaba en la cafetería y más si esta estaba abierta, pero cuando había bajado, tras vestirse y lavarse, se había encontrado con que abajo sólo estaban Mokona y el muchacho.

Su interlocutora se quedó callada. Aún no sabía qué debía haber ocurrido mientras no estaban, pero Kurogane parecía verdaderamente enfadado cuando se había ido y Fye no había aparecido. ¿Tendría relación?

-Quizá esté en su cuarto –comentó-. ¡Voy a subir a buscarle!

Sakura fue a replicar. Si Fye estaba durmiendo era injusto que lo despertasen y más cuando él la dejaba dormir hasta tarde sin recriminárselo. Pero Mokona escapó de sus manos y se fue a las escaleras. Quiso perseguirla pero Syaoran gritó algo de temperaturas dentro de la cocina y tuvo que ir a ayudarle.

La pequeña aventurera salvó de un salto el último escalón que separaba la planta baja del primer piso y miró en derredor el pasillo. Todo estaba en completo silencio. Veloz, se acercó a la puerta de la habitación de Fye y de un saltó subió a la manilla y la puerta se abrió con un suave crujido casi inaudible.

-¿Fye? –preguntó Mokona. Tenía una intuición.

Entró en la habitación y vio al mago que estaba sentado cerca de la ventana. Éste se volvió hacia ella. Por un segundo su rostro expresó tristeza y soledad, pero apenas un segundo después sonreía como siempre y Mokona se preguntó si habían sido imaginaciones suyas. Pero no. Estaba segura de lo que había visto. La observadora criatura se acercó.

-Mokona, ¿qué haces aquí? –preguntó inocentemente el rubio, sonriendo aún. Esta vez era una sonrisa que ni siquiera llegaba a sus ojos.

-Fye… -musitó ésta, acercándose hasta subirse a sus rodillas y acercarse más a él-. ¿Qué ha ocurrido?

Fye se quedó en silencio cuando la bolita blanca se abrazó a él. En la voz de la pequeña había una nota de tristeza y empatía que no se había esperado y su sonrisa desapareció como por arte de magia para ser sustituida por la expresión triste y desolada que Mokona había atisbado al entrar a su cuarto.

La abrazó con suavidad, acercándola a su rostro, movido por un gesto instintivo y Mokona le devolvió el abrazo, notando las mejillas del mago húmedas.

-Mokona… -susurró él, simplemente, abrazándola.

Un instinto de ser querido, nada más.

Próximo capítulo 6. ¡Mokona, entrometida!~