Antes del capítulo, que es el último quisiera decir unas cosas... La primera: lo siento, siento haber tardado tanto de verdad. He tenido exámenes y nunca encontraba el momento de subirlo. Perdonadme T-T. Además de que cada vez que subo algo me peleo con el html porque por más que lo cambie me sigue centrando todo... y ya me he hartado, si el fic se sube mal pues al menos podéis leerlo aunque sea centrado.

La segunda cosa es agradecer a todos los que habéis seguido el fic desde que empecé a colgarlo hasta el final. No sois muchos pero igualmente vuestro apoyo es muy valioso. Muchas gracias, de verdad.

Y, ahora, disfrutad del final.

~Sonrisas falsas, sonrisas verdaderas~

FanFiction de

Tsubasa Reservoir Chronicle

6. Sonrisas~

El pastel ya estaba terminado. Hacia un rato que había sonado un timbre que provenía del horno y Sakura y Syaoran lo habían sacado. Tal y como auguraban antes el aroma que desprendía era delicioso y les costó varios minutos poder concentrarse para coger la nata y ponerse a decorar el pastel con ella. Tenía un aspecto realmente delicioso y seguramente sabría mejor. Ambos muchachos estaban muy orgullosos.

Viendo sonreír a Sakura, Syaoran pensó que, creando momentos, recuerdos, así, no importaba mucho que Sakura no le recordase de Clow. La bruja había dicho que no podrían tener la relación anterior, pero, con un poco de suerte, podrían tener una relación incluso mejor y Syaoran confiaba en que, con cosas como aquel pastel, no sería muy difícil.

-Os habéis manchado la nariz, Alteza –dijo, señalándola.

-¿Sí?

-Espera, que te lo limpio…

Cogiendo un trapo limpio de la encimera de la cocina se acercó a la princesa para limpiarle la punta de la nariz, manchada de nata montada.

Ante la cercanía de ambos Sakura se sonrojó visiblemente.

-Y-yo… -trató de decir, azorada.

Syaoran, dándose cuenta de la situación, se apartó de inmediato.

-¡Disculpa, princesa! –se excusó, avergonzado. Rojo como un tomate.

-No pasa nada… -musitó ella, apartando la mirada, sin saber qué añadir.

Syaoran tampoco sabía qué decir cuando Mokona apareció en escena de nuevo y ambos pegaron un bote del susto. La bola blanca se acercó al pastel de un salto.

-¡Que bien huele! –dijo, embelesada por el aroma.

-¿A qué sí? Tiene que estar riquísimo.

-¿Y Kurogane? –preguntó Syaoran mirando a Mokona.

Ella contuvo una pícara sonrisa antes de decir.

-Está bien, dejadle solo un rato. Él también está cansado –añadió acudiendo a su habilidad secreta de la interpretación.

-Vale… Pero luego les subimos a los dos, a Kurogane y a Fye, el pastel para que lo prueben. ¡No debe quedarse frío! –aceptó Sakura con otra sonrisa.

Ella y Syaoran intercambiaron una mirada, pero pronto la apartaron, enrojeciendo ambos. Mokona rió para sí misma, divertida.

Qué bonito es el amor.

~o~

La puerta de su habitación se abrió de nuevo y el chico se volvió diciendo:

-Mokona, te he dicho que quería estar so…

Su voz desapareció en el infinito, perdiéndose las palabras cuando vio que quien estaba en el umbral de su habitación no era la pequeña Mokona blanca si no Kurogane. Su aspecto era el de siempre, con aquella expresión seria en la cara y esa penetrante mirada roja que pronto se fijo en él. Olvidándose de qué estaba diciendo, Fye apartó la mirada, notando un ligero calor en las mejillas.

Cuando ya no miraba a Kurogane, dándole la espalda para fijar los ojos azules de nuevo en la calle, pudo preguntar:

-¿Qué haces aquí?

Su voz era fría, sin rastro de la alegría que solía demostrar siempre, e incluso podía calificarse de cortante. Pero aquello no amedrentó en absoluto al ninja que entró en la habitación, cerrando tras de sí la puerta. Observó un segundo al mago, notando que tenía los hombros tensos y estuvo seguro de que le prestaba toda su atención, a pesar de fingir que no, mirando la calle que, en realidad, no le importaba.

Sin responder a la pregunta, ignorándola por completo, se acercó a él. Fye quiso repetir la pregunta, volverse y decirle que se fuera, pero fue incapaz, paralizado, pendiente de cada movimiento que él hacía a pesar de no verle.

Hasta que se detuvo tras él. Su corazón palpitaba con fuerza y tenía los nervios a flor de piel. Una parte de sí mismo se preguntó si volvería a pegarle y con esta pregunta hubo algo en su interior que se quebró. Pero supo guardar la compostura, sin demostrar nada de aquello.

Entonces Kurogane lo abrazó.

Fye se quedó completamente quieto, congelado. No había esperado aquello, empero era lo que sucedía. Kurogane había rodeado sus hombros con sus brazos, apoyando contra su hombro y su cuello la cara. Fye tragó saliva, tratando de no temblar ante aquel contacto, con el corazón desbocado…

-Supongo que antes fui un poco duro –musitó el otro hombre, en su oído.

El joven rubio no reaccionó, sin saber cómo hacerlo, simplemente prestando atención. Toda su atención. ¿Era posible?

-Supongo que no me lo esperaba… -continuó Kurogane en voz baja.

Fye tragó saliva y se volvió con lentitud, apartándose un poco de él. Cuando sus miradas se cruzaron, escarlata y azul celeste, se quedó mirando aquellos profundos ojos, atrapado por ellos. Llevaba atrapado por esos ojos más de lo que sabía decir.

-Yo…

Fue a decir algo, sin saber el qué, pero Kurogane se lo impidió, apoyando sobre sus labios un dedo en señal de silencio. Fye no dijo nada. Tampoco sabía qué decir. ¿Aquello era real?

Con lentitud Kurogane se aproximó más a él y sus labios se juntaron sin que el mago hiciera nada. Se quedó muy quieto durante el beso, sin poder creer aquello. Fue un beso que le supo dulce y, antes de que se diera cuenta, vio que estaba llorando. Pero no de tristeza y desolación como el resto de la mañana, si no de pura alegría.

Ambos se separaron de nuevo y Kurogane observó los ojos del mago.

-No llores –le pidió, secándole las lágrimas. Fye asintió. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?, se preguntó el ninja.

Sonrió un poco y Fye, al ver aquella sonrisa, se la devolvió y, por una vez, al hombre le pareció que era una sonrisa sincera, verdadera.

-¿No vas a decir nada? –preguntó, alzando las cejas, aún sonriendo.

-Kurotán… -musitó de nuevo el mago, aún sorprendido por aquello pero feliz. Inmensamente feliz en el fondo.

-¿Nunca me llamarás por mi nombre?

Fye se rió sinceramente ante aquella pregunta y negó con la cabeza. Kurogane también se rió un poco, abrazando de nuevo al mago.

Podía ser que el destino les hubiera unido sin previsión, y podía ser que el destino los separase un día, pero hasta entonces podían disfrutar.

~Owari~