Los tres hombres y la muchacha se encontraban en un barrio muggle, en una calle oscura, iluminada solo por las luces lejanas de un par de bombillas que se filtraban por las ventanas de las casas.
"¿estas seguro de que vive aquí?" preguntó Hermione insegura arrebujándose en su casa. Una mano fuerte se apoyó en su hombro y ella se volvió al instante, para su sorpresa, Severus Snape la miraba:
"no todo es lo que parece, parece mentira que no lo hayas aprendido después de tanto tiempo en el mundo mágico".
"Por supuesto" dijo Hermione mientras pensaba "el señor Gélido- Snape ha vuelto".
Dumbledore encabezaba la marcha, con la varita en mano, cosa que hacía desconfiar a Hermione; Lupin y ella iban tras el Director y Snape cerraba la marcha. De pronto, Albus se detuvo, mirando a su alrededor algo desconcertado, hasta que de pronto sonrió y dijo: "ah, ahí estabas" se acercó a un buzón destartalado de una de las viviendas y sacando la varita murmuró unas palabras muy conocidas para la muchacha: Alohomora. Los tres acompañantes se acercaron al mago y cruzaron la pequeña y estropeada verja; Hermione miró de nuevo el edificio y sus sorprendidos ojos observaron, como una mansión de cuatro pisos, se levantaba en lo que antes era una destartalada chabola. Albus la guiñó un ojo y juntos recorrieron los metros que les separaban de la puerta. Sobre la misma un pequeño llamador con forma de cabeza humana, en el momento en que Dumbledore posó sobre él su mano, este le pegó un mordisco, haciendo que el profesor soltara un grito:
"se puede saber quien es usted y quien le autoriza a poner su manaza sobre mi rostro, señor" el tono era desagradable y orgulloso y a Hermione la recordaba un poco a Kreacher; todo esto hasta que Albus dijo su nombre y apellido, en ese instante la puerta se abrió mientras el llamador se deshacia en disculpas con el mago.
"pase, oh perdón señor, no sabía quién era usted, por favor, perdóneme, no se lo diga a mi ama, oh por Merlín señor, no se lo diga". El mago le tranquilizó dándole unos pequeños toquecitos en la cabeza.
"no te preocupes pequeño, no diré nada".
Un elfo doméstico, ataviado con un trajecito extraño, les recibió:
"Buenas noches señores y señorita, puedo ayudarles en algo".
"Sí, por favor, querríamos hablar con la señora Rowling". El elfo asintió, les hizo pasar a una amplia sala y después desapareció tras dar una excusa.
Los cuatro se encontraban en una sala amplia y luminosa, por los altos ventanales entraba con claridad la luz de la luna. Cada uno de ellos se dirigió hacia un lugar distinto: Dumbledore se sentó en un alto sillón que daba hacia la puerta; Lupin se dirigió hacia las estanterías llenas de libros para echar un vistazo; Snape hacia una de las ventanas y Granger se desplomó sobre otro sillón. Dumbledore la miró un instante y después se volvió hacia la puerta. Hermione rodó la mirada por toda la habitación hasta llegar a la espalda de Snape. El profesor quedaba de perfil para la muchacha, que le observó paseándose por su cuerpo con la tranquilidad impune del que sabe que no es observado. Detalló su rostro, pasando por su nariz y deteniéndose un instante en sus labios: apenas sin darse cuenta abrió los suyos y en ese momento el profesor se volvió y la observó extrañado mientras ella enrojecía.
El momento fue salvado por que en ese momento entró en la habitación; era bella: alta y rubia, vestía con una túnica sencilla hasta los pies, verde a juego con sus ojos.
"Joanne" Dumbledore se levantó del sillón y abrió los brazos para acoger en ellos a la mujer que le abrazó con una sonrisa.
"Albus, que placer tan inesperado tenerte aquí". Después de las presentaciones oportunas y de pedir algo de beber y cenar para los invitados, la anfitriona, amable y encantadora como pocas, se recostó en el sillón con una copa en la mano y miró al mago a los ojos, como si el resto de invitados no existiera:
"Y bien querido Albus, dime, ¿qué es lo que te trae hasta mí de nuevo?".
"Querida, que bien me conoces"
"Mejor que nadie, y lo sabes bien, basta de halagos y dímelo ya".
"Veras, vengo porque quiero saber si aún esta en tu poder el anillo que porta la Piedra de la Luna" La sonrisa de la anfitriona se desvaneció en su rostro.
"¿por qué quieres saberlo?". En ese momento Hermione intervino sin poder callarse más.
"Por que yo lo necesito, señora Rowling. Hace un par de semanas que fui mordida por un hombre lobo. Lo necesito para volver a la normalidad." Joanne la estudió con tranquilidad, y después miró a sus acompañantes como si fuera la primera que los viera. "Usted es la única que puede ayudarme" continuó la muchacha. La mujer negó con la cabeza duramente.
"No querida, yo ya no puedo ayudarte. Esa piedra ya no está conmigo; desde hace mucho años". La desesperanza se apoderó de nuevo de Hermione que enterró la cara en las manos, pero de pronto, volvió a alzar la cabeza y la miró:
"¿Qué pasó? ¿Dónde está ahora?".
"Querida, si pudiera decírtelo con seguridad te aseguro que lo haría. Todo lo que puedo hacer es contarte una historia".
"Hágalo".
"Hace unos cuantos años, mi hijo mayor se enamoró de una muchacha, tan profundamente que decidió que se casaría con ella, fuera cual fuese el precio. Hasta ahí, todo fue normal. Mi hijo, mago por supuesto, hizo todo tipo de trucos y regalos a la maravillosa muchacha, pero ella le ignoraba con una deliberación que llevaba a mi hijo a rayar en la desesperación. Una noche, en la que mi marido y yo dábamos una fiesta; por un error de vanidad, permití que mi hija se pusiera el anillo de la luna; la dejé en la habitación mientras bajaba a atender a los invitados y en ese momento mi hijo entró en la misma y le arrebató a su hermana el anillo, tras lanzarla un hechizo paralizador. Después salió corriendo y le regalo el anillo a la muchacha de la que estaba enamorado. Como terminó esa historia es algo que no viene al cuento, lo único que puedo decirles es que la muchacha desapareció con el anillo rumbo hacia Italia o al menos eso me contaron."
"¿Y no hicieron nada por encontrarla?" murmuró la voz de Snape que tan profunda y rota como estaba sobresaltó a Hermione que había olvidado que le tenía al lado.
"Por supuesto señor, me ofende que lo dude. La buscamos hasta la saciedad, pero, era una buena maga y desapareció de la faz de la tierra. Todos sabemos que un buen mago cuando quiere esconderse bien sabe como".
Después de la revelación, los invitados se levantaron y salieron por la puerta, mientras Albus le agradecía a Joanne su amabilidad y el llamador se deshacía en halagos hacia el mago. Mientras salían por la puerta y volvían a la calle muggle, las palabras de la mujer resonaban en la mente de los cuatro "Todos sabemos que un buen mago cuando quiere esconderse bien sabe como" Snape, de nuevo, rompió el silencio, diciendo lo que todos pensaban en ese momento:
"También sabemos todo, que cuando un buen mago busca, sabe bien como encontrar".
"Cierto, Severus, cierto" murmuró Dumbledore.
"Entonces, ¿van a acompañarme a Italia?"
Los tres hombres se volvieron y vieron una determinación en los ojos de la muchachita que pocas veces habían visto antes. Una carcajada de Lupin rompió la tensión:
"Vaya niña, como se nota que eres una Gryffindor. Por supuesto que te acompañaremos"
Y tras abrazarla de un hombro continuaron de camino a Hogwarts.
OPINIONES OPINIONES.
Aura.
