Breve pero intenso

Breve pero intenso.

Hermione se encontraba en su habitación, faltaban un par de horas para que tuvieran que llegar hasta el aeropuerto, de nuevo, vuelta a Hogwarts; ella miraba con atención el anillo: le habían depositado en una caja negra, forrada por dentro para que no se deteriorara por nada del mundo. Dio un par de vueltas al objeto en la palma de su mano, sopesándolo. Apenas si pesaba y sin embargo allí estaba la clave para su futuro; ya tenía la piedra, lo único que faltaba era la perspicacia de Severus para terminar ese hechizo o poción o lo que fuese y sería libre.

Como si le hubiese leído el pensamiento, la puerta se abrió y apareció Severus Snape. Hermione sobresaltada cerró el estuche con la joya de repente.

"Severus, ¿qué haces aquí?" preguntó la chica sorprendida.

"Nada… en realidad, solo venía a verte… a preguntarte si necesitas ayuda… con la maleta" Hermione percibió que el profesor de pociones estaba demasiado titubeante para lo que era habitual en él, pero lo atribuyó al nerviosismo por volar en avión.

"No, mi maleta esta bien gracias" Hermione se volvió, decidida, dándole la espalda al profesor. Oyó el ruido de la puerta cerrarse, pero en vez de seguirle el silencio, unos pasos se acercaron hasta ella. Cuando se volvió, se encontró a Severus Snape apenas a unos centímetros de distancia. Una sonrisa de medio lado apareció en el rostro del mago:

"Nunca se me ha dado bien poner excusas" Sin más, sin dejar a Hermione contestar o alegar algo al respecto se inclinó hacia ella y cogiéndola el rostro acarició sus labios con los suyos. Hermione tenía los ojos abiertos como platos, ¡no podía creerlo! Tuvieron que pasar unos instantes hasta que reaccionó y, cerrando los ojos, le devolvió el beso. Severus retiró la mano del rostro de Hermione llevando sus manos hasta su cintura, alzándola hasta sentarla sobre el tocador. La espalda de Hermione, que solo llevaba una camiseta fina se presionaba contra la fría superficie del cristal del espejo, contrastando así con el calor que sentía en su interior. Severus abandonó la boca de la muchacha y bajó hasta su cuello, besándole y agitando la respiración de Hermione. Volvió a su boca con renovadas ansias, mientras ella acariciaba su blanco cuello con los dedos.

De pronto, la puerta se abrió y ambos rompieron el beso. Hermione soltó un pequeño grito de angustia, en la puerta se encontraba Severus Snape. Hermione movió la cabeza mirando a uno y a otro alternativamente. Uno en la puerta que, por supuesto, ya había desenfundado su varita y otro entre las piernas de Hermione con la respiración agitada.

"¿qué esta pasando aquí?" preguntaron Hermione y el Severus de la puerta a la vez.

"¿porqué hay dos…?" preguntó esta vez solo Hermione, desconcertada. El profesor ante ella se inclinó hacia su oído y la susurró:

"Yo soy el verdadero Severus" Hermione volvió los ojos hacia el profesor que se encontraba en la puerta, y después observó los oscuros ojos del profesor que tenía delante. Eran exactamente iguales. La muchacha sacudió la cabeza sorprendida. No comprendía nada. De pronto una idea se pasó por su cabeza. Cogió el brazo izquierdo del hombre que tenía ante sí y con cuidado, pero rapidez, levantó la manga izquierda de su camisa… nada. Instantáneamente, soltó sus piernas, colocadas alrededor de la cintura de él y le propinó un empujón acompañado por una patada en el estómago, mientras Severus le lanzaba un hechizo, que fallaba por un milímetro.

El falso Severus se incorporó como pudo, y se desapareció, mientras Hermione encontraba su varita y le lanzaba otro hechizo.

Hermione se volvió automáticamente hacia la mesa del tocador y abrió la caja negra que contenía el anillo: la joya reposaba tranquila sobre la negra tela. La muchacha soltó un suspiro de alivio y tomando la caja se acercó al profesor.

"Muestrame tu brazo izquierdo". Severus sin hacer ningún reproche, por primera vez en todo el viaje, alzó la manga de su camisa negra, mostrando la serpiente y la calavera, la chica asintió, y le dio la caja.

"Creo que tú la guardarás mejor".

El incidente por supuesto, no quedó en secreto y a los pocos minutos Lupin y Dumbledore ya estaban al corriente, después de recibir la consecuente bronca, Hermione volvió a su habitación para cargar la maleta:

"No puedo entenderlo, como es tan tonta como para dejarse engañar así" le preguntaba Snape a Dumbledore.

"pues es bastante obvio Severus. Porque está enamorada de ti, y ese mago hizo un cupiditas desideratio. El hechizo en el que ves en la otra persona…"

"A aquella que más deseas" Terminó Severus sorprendido.

Horas más tarde, en el avión de vuelta a casa, Hermione no podía dejar de pensar en su metedura de pata, más en eso incluso, que en que solo la faltaban apenas dos semanas para la siguiente luna llena.