HOLA DE NUEVO, ESTAMOS MUY CONTENTOS XQ LES GUESTE EL FIC, COMO AUN LA ESCRITORA VA A ESTAR MUY OCUPADA LES MANDO OTRA PARTE DEL FICI PUES BIEN SOLO NOS QUEDA AGRADECER LOS MENSAJES DE:

HANNA, KLA Y NAXA. ARIGATOU GOZAIMASU!

Cap. 7: LA DESPEDIDA II

Yoh despertó con una sonrisa en su rostro, toda la noche no había hecho más que soñar con su adorada pirata y con vivir a lado de la rubia. Volteó su mirada hacia la cama pero se percató de que Ana no estaba en ella, por lo cual se levantó de la silla y se puso de pie, dándose cuenta de la curación presentada en sus heridas.

Después de un rato de estar sólo, comenzó a preguntarse en donde estaría la pirata, deseaba verla y tenerla entre sus brazos, no le quedaba ninguna duda, estaba enamorado como un tonto y se sentía feliz por ello, ahora esperaría a que ella regresera.

El tiempo siguió transcurriendo, hasta que la puerta se abrió y su sonrisa resplandeció hasta que se dio cuenta de quien franqueaba la puerta era su amigo Manta, cargando una charola con comida.

Buenos días Yoh – saludó alegremente el amigo de Asakura.

Ah, buenos días – respondió con decepción.

Vaya, por lo visto te da mucho gusto verme ¿verdad? – contestó el pequeño con sarcasmo.

No, no es eso, es sólo que esperaba… - no pudo continuar, pues la puerta se abrió dando paso a la rubia joven.

Vete de aquí enano – ordenó ella indicándole la puerta, donde Horo lo esperaba.

Te vere luego Yoh – dijo el muchacho para despedirse.

Sí Manta – respondió el castaño mientras observaba cerrarse la puerta, después se acercó con rapidez a la chica y sin siquiera preguntar la abrazó con fuerza y comenzó a besarla, ella correspondía los apasionados besos del muchacho y de su mente se borraron las palabras de Len, sólo pensaba en estar junto a Yoh, quien ahora la besaba con insistencia, casi con desesperación –te extrañe – dijo el muchacho volviendo a besar los labios de la pirata.

Yo – intentó decir ella pero los labios del joven no le permitian hablar.

No digas nada – pidió Yoh mientras la abrazaba con fuerza y ella rodiaba al muchacho con sus brazos –no quiero que te vayas, no te separes de mí– le suplicó.

Espera un momento Yoh – volvió a decir ella, él la separó un poco para mirarla a los ojos, la pirata intentaba hablar, pero como mentirle, como cuando la miraba de esa forma –no, nada, sólo besame Yoh, besame – terminó de decir para volver a besarlo.

Ana miró a Yoh mientras dormía, se les había hecho de noche entre besos, palabras que habian intercambiado, después de haberse besado ellos habían platicado por un rato, de mucho y de nada al mismo tiempo, hasta que la noche había caído, en tanto lo observaba, no podía quitarse las palabras de Len de su cabeza, eran ciertas, Yoh jamás estaría seguro en aquel lugar, Hao nunca le perdonaría la herida de su cara y de su orgullo y no les permitiría estar juntos, además, aunque el joven amara el mar tanto como ella no podría aprender a vivir como ella, esa vida de eterno exilio no lo haría feliz y terminarían por separarse y de esa forma tal vez sería aún más doloroso.

Si en verdad lo amaba, debia dejar que se fuera, protegerlo de Hao, además, si causaba la ira de el terrible pirata podía poner en peligro no sólo a Yoh sino a ella misma y todo aquel que viviera en la isla que por tanto tiempo había sido su hogar, ella lo amaba y ahora tenía que renunciar a él "piensa Ana" se dijo a si misma, mientras se levantaba, debía prepararse para mentirle, y eso sólo sería posible si dejaba de verlo por un tiempo, no quería pedirle que se fuera con lagrimas en los ojos, si hacía eso sabía que terminaría suplicándole que se quedara y no podía hacer tal cosa.

¿Dónde está Ana? – preguntó Len a Chocolove mientras cerraba la puerta de la habitación de la pirata.

No sé, anoche salió de su habitación y ya no la vi – contestó el moreno pirata mientras balanceaba unos platos sobre su dedo indice, los cuales el pirata de ojos dorados se ocupo de tirar.

Mientras escuchaba los reclamos del moreno se encaminó por el pasillo de antorchas y donde acababa la luz entró por un oscuro agujero, el cual llevaba a un angosto cuarto, completamente oscurecido y sólo iluminado por una pequeña vela, la cual alumbraba una solitaria figura, el sonido de unos sollozos rompían la tranquilidad del lugar, el joven se acercó a la persona que lloraba.

Ana ¿qué haces aqui?– le preguntó el muchacho mientras se acercaba.

Nada – contestó ella –largate quiero estar sola – le ordenó.

No llores – pidió Len –ya veras como pronto lo olvidas, Ana no pierdas la cabeza por alguien que jamás podría vivir en un lugar como este, tal vez suene terrible pero miraste muy alto Ana – dijo abrazandola, y ella dio rienda suelta a su llanto en los brazos de su amigo.

Es que… lo amo Len, lo amo y no podre olvidarlo nunca – dijo para continuar llorando.

La desesperación había comenzado a hacer presa de él, ya habían pasado tres días y ninguno de sus dos guardias le decía nada sobre Ana, la cual sólo se había marchado aquel día cuando se besaron y hablaron, pero porque lo había abandonado sin decir nada, ¿por qué tanta crueldad con él que ya le había demostrado que la amaba?

Era tarde cuando la puerta se abrió y dejo ver a una Ana, la cual no llevaba su pañoleta roja atada a su cabeza y la cual se mostraba inexpresiva.

¿Dónde has estado? – le preguntó el que fuera capitán –pensé que ya no vendrías.

Ay, el niño necesita una explicación – dijo ella con una sonrisa sarcastica, lo cual dejo completamente desconcertado al muchacho.

No te entiendo, ¿por qué esa actitud?

¿Aun no lo entiendes Yoh? – preguntó mientras se acercaba a él de forma provocadora –sólo era un juego, en verdad que soy muy buena para jugar ¿no crees?

¿Qué quieres decir?

Quería probar que tan tonto puede ser un niño rico como tú, mira que enamorarte perdidamente de una pirata y creiste que yo estaba tan atontada como tu – comentó la rubia mientras comenzaba a reir.

BASTA! – gritó Yoh –te burlaste de mí – exclamo tomando con fuerza a la chica de los brazos.

¿Apenas te das cuenta? Creo que eres un poco lento – dijo separándose de él.

Manta tenía razón, no vales la pena – le grito perdiendo el control y soltándole una bofetada.

Pero que fuerte – dijo Ana sin cambiar la expresión de su rostro –parece que el rico marinero esta enojado, esto es sólo para que sepas lo que es la realidad, deja de soñar, yo sólo me quiero a mi misma.

Dime que tengo que hacer para irme – murmuró Yoh con furia.

Nada, por suerte para ti me divertiste mucho así que sere buena y te dejare ir niño– contestó la rubia dirigiéndose a la puerta –a fin de cuentas no me eres monetariamente útil, asi que te vere mañana al amanecer Yoh – concluyó mientras cerraba la puerta y escuchaba como el joven se desplomaba en sollozos de dolor, ella sintió una terrible punzada en el pecho, como si una espada acabara de atravesarla y sus lagrimas comenzaron a brotar de sus oscuros ojos, no podía creer lo que acababa de hacer, la clase de mujer que le había mostrado a Yoh era lo peor, no quería seguir viviendo.

Comenzó a caminar reteniendo con problemas su llanto lo cual la hacia respirar con dificultad, el dolor la ahogaba se sentía terrible, quería morir, de pronto choco con Len.

¿Ya se lo dijiste? – cuestionó el joven.

TU QUE CREES! – le grito ella completamente fuera de sí –YA SE LO DIJE Y AHORA EL PIENSA QUE SÓLO JUGUE CON SUS SENTIMIENTOS, TUVISTE UNA MARAVILLO… LLOSA IDEA, AVISAME CUANDO TENGAS OTRA, PARA MATARTE – terminó de decir la rubia para salir corriendo y alejarse del muchacho de cabello oscuro, el cual se sintió desecho por las palabras de su amiga, pero su remordimiento fue peor cuando abrió la puerta del cuarto de Ana y vio al castaño en el suelo, deshecho en llanto y golpeando el suelo, tan fuerte que sus puños se encontraban sangrando, Entonces también Len tuvo ganas de llorar.

Desde la playa podía verse claramente el amanecer, sus oscuros ojos veían el resplandeciente sol que nacía mientras una lagrima era secada de su mejilla por el dorso de su mano, se detuvo un momento en la pequeña embarcación que había sido preparada, varios hombres estaban ya listos para zarpar, sólo faltaban dos por subir al barco, el capitán y su mejor amigo, los cuales ya se acercaban acompañados por Horo- Horo.

Miren todos – grito un hombre de extraño fleco –es don Yoh – de inmediato todos gritaron con alegria y le dieron la bienvenida a su capitán, el pequeño Manta subio a la embarcación y miro a Yoh que le daba la mano al peliazul.

Lastima no haberte conocido antes – comentó Yoh mientras estrechaba la mano del pirata –si un día recuerdas de donde eras y vas a tierra buscame, los Asakura son famosos.

Lo hare, y si sabes de alguien que busque a un Horo- Horo, dile que estoy bien.

Sí – contestó el castaño para voltear a ver a Len –sé que me odias pero tal vez, si nos hubieramos conocido en otra situación habriamos sido amigos – terminó de decir el joven.

No creo, soy muy terco en cuanto a mis juicios – concluyó Len con seriedad pero aceptando la mano que le ofrecía el capitán.

Toma – exclamó Ana acercándose a Yoh y extendiéndole un sobre –Tamao querra ver su carta – dijo ella bajando la mirada.

Mirame, siempre me gusto tu forma de ver a los ojos, por eso no te creí, todo lo que me dijiste ayer fue sin mirarme, tienes tus razones para pedirme que me vaya y yo no te preguntaré nada, adios Ana – dijo abrazandola, mientras la tenía en sus brazos se acercó al oído de la pirata y le dijo en un susurro -¿sabes? Tu me robaste algo más que una carta y eso, aunque quisieras regresármelo no podrías, ya es tuyo y siempre lo sera – apenas terminó sus palabras, se separó de ella y subió al barco para zarpar en cuanto toco la cubierta, el barco se alejó, mientras el sol subia y las lagrimas caían por las mejillas de la pirata.

Adios Yoh – murmuró a la silueta del barco –TE AMO – dijo mientras se alejaba de la playa con sus ojos llenos de lagrimas, de diamantes invaluables que salian de sus azabaches ojos.

Adios Ana, mi corazón siempre te pertenecera, en donde sea que este – dijo Yoh al viento mientras veía alejarse la isla.

Sus corazones se despedían, con una gran herida, una más onda que el fondo del mar pero esta no era la última vez que se verían, aún le quedaban muchas cosas por las cuales luchar.