VT: HOLA A TODOS, CREANLO O NO NO ESTAMOS MUERTOS.

SF: ANDABAMOS DE PARRANDA.

VT: BUENO FUERA, PERO LA VERDAD ES QUE POR MAS QUE HICIMOS EL INTENTO, NO PUDIMOS PUBLICAR NADA EN LAS VACACIONES PUES TENIAMOS UNA ESPECIE DE BLOQUEO Y HASTA AHORA PUDIMOS TERMINAR ESTE CAPITULO.

SF: SÍ, EN ESTE MOMENTO COMIENZA UNA NUEVA ETAPA DE MI HISTORIA Y ESO FUE LO MAS TRABAJOSO PERO ESPERO YA NO TARDARNOS TANTO.

VT: BUENO, PARA QUE DISTRAERLOS MAS MEJOR CONTINUEN Y LEAN.

SF: UN AGRADECIMIENTO MUY ESPECIAL A K-LA Y POR FAVOR MANDEN REVIEWS.

CAP. 8 – LA DECISIÓN

IDEA ORIGINAL: SHAMAN FAN, ESCRIBE: VIDEL TENSHI O ITAKO ANA TENSHI

El mar abierto era algo que no solía ser mucho de su agrado, después de todo el había crecido rodeado de grandes salones, despachos y edificios y jamás se había imaginado tener que hacer largos viajes de negocios, su vida estaba hecha en una ciudad, en un lugar donde él se encargaba de sus negocios y nada más, pero no podía negar que cuando el mar era tranquilo el lugar era un paraíso.

Por un momento detuvo su vista en la persona que dirigía el timón, desde que se alejaron de la isla, su amigo Yoh no había hecho más que dar unas cuantas ordenes y nada más, ni una palabra, su expresión se veía tranquila pero en sus ojos permanecía una inusitada tristeza¿qué había pasado con el alegre Yoh Asakura? Aquel capitán cuyo único anhelo era navegar y permanecer junto al mar, Manta decidió hablarle, debía ayudarlo a recobrar su carácter alegre, a olvidar a aquella joven, a la pirata de la cual el marino se había enamorado perdidamente.

-El mar se ve muy tranquilo ¿no crees Yoh?– pregunto el muchacho bajito.

-Sí– contestó sin mucho ánimo el castaño.

-Al fin, después de tantos problemas podremos regresar a casa.

-Sí, aunque si lo pienso bien yo no tengo exactamente un hogar al cual regresar– extenuó el muchacho sin perder de vista la inmensidad del mar.

-Que cosas dices, tus familiares deben estar vueltos locos pensando que moriste, Tamao debe ser un mar de lagrimas.

-Tamao– suspiró Yoh –toda mi vida no he hecho más que pensar en esa sentencia, dictada por mis padres¿por qué he de casarme con alguien a quien no amo?

-Bueno – comentó el amigo del marino –¿Pero tú que puedes hacer?

-Lo que debía haber hecho hace mucho, negarme a ese compromiso…

-¿Estas loco? Tu familia te desheredaría, nunca te perdonarían esa si hicieras eso.

-Lo sé y no me importa, ya no hay algo para lo que en verdad quiera encaminar mi vida, me daré de baja en la naval.

-No te entiendo, si no vas a casarte para que darte de baja.

-Es una tortura, ver el mar sólo me hará pensar en la felicidad que deje escapar, ya tome una decisión– ante el tono determinante de su amigo a Manta sólo permaneció en silencio para después dejarlo a solas, el dolor en el corazón de Yoh no lo curaría ninguna palabra, sólo el tiempo y no estaba muy seguro de si así sería.

C – c – C

No podía dejar de pensar en el rostro de ella, en su dolor cuando vio partir aquel pequeño barco, en verdad ella estaba sufriendo amargamente, le dolía pensar que él era en parte culpable de su sufrimiento, que ironías tiene la vida, el que en el lecho de muerte del padre de la joven le había jurado cuidarla de todo dolor, de todo sufrimiento y haberle causado el más grande de todos era una idea insoportable, levantó su dorada mirada de la arena que hasta hace algunos momentos había estado contemplando y se decidió a ir a enfrentar a Ana.

Sus pasos eran muy lentos y le pareció que había tardado una eternidad en llegar hasta la cueva donde se encontraba la habitación de la rubia, cerca de la entrada encontró a un peliazul muy conocido por él.

-¿Qué andas haciendo aquí inútil?– intento saludar Len.

-¬¬# ¿cómo te atreves a hablarme así?– reclamó Horo- Horo –estaba esperando ordenes de la capitana pero sólo ha estado llorando.

-¡Cierra la boca!– le ordenó el pirata –no ves que ella ama a ese muchacho tonto… está destrozada– extenuó el de ojos dorados -¿por qué tenía que enamorarse de ese idiota?- preguntó antes de alejarse del otro muchacho para dirigirse a la habitación de la joven, Horo se decidió a retirarse, pero escuchó a Len gritarle que limpiara la cubierta del barco.

-Parece que no sabe dar otra orden ¬¬, nada más se enoja y limpia la cubierta – dijo imitando una chillona voz.

-YA TE ESCUCHE Y SI NO TE APURAS LA LIMPIARE CON TU CABEZA –oyó gritar a Len, lo cual lo impulso a correr a cumplir la orden.

C – c – C

-JA JA JA JA JA JA– sus estridentes carcajadas podían escucharse por todo el barco, lo cual perturbaría a cualquiera, pero sus hombres conocían bien su alegría –vaya dentro de poco podré vengarme de ese maldito– decía el pirata de larga cabellera a un pequeño de alborotado cabello negro.

-¿Les digo que aumenten la velocidad capitán?– preguntó Opacho.

-No– respondió el capitán del "espíritu del fuego" –no quiero arruinar la sorpresa, atacaremos el barquito un poco antes del atardecer y ese desgraciado caerá en mis manos, esta vez haré la más grande fogata que se haya visto, lamentara esta cicatriz más que si se la hubieran hecho a él– dijo mientras colocaba una mano sobre el corte de su ojo.

-Además los espías dijeron…

-Sí, con que esta enamorado de Ana, también lo pagará por eso, nadie pone los ojos sobre ella, es mía y los dos se van a arrepentir, JA JA JA JA JA JA– volvió a reír mientras el día continuaba avanzando.

C – c – C

Toco varias veces la puerta pero sólo escuchaba los sollozos de la rubia, el muchacho se decidió a entrar en la habitación y en cuanto ingreso vio a la joven pirata, ella estaba recostada en su cama llorando, hasta que se percato de la presencia del muchacho y poso su vista en él.

-¿Qué estas haciendo aquí?– cuestionó ella bruscamente mientras veía a Len acercarse.

-Vine a ver como estabas– contestó el muchacho deteniéndose a lado de la cama de la rubia –me dijo Horo- Horo que no has parado de llorar.

-Creo que a ninguno de ustedes les incumbe mi estado de animo y no creo que a ti te preocupe mucho como me siento.

-No digas eso, sabes que siempre me has importado y por eso creo que no puedes sólo quedarte aquí encerrada llorando por él.

-¿TU QUE SABES? Dices que te importo y ni siquiera me entiendes.

-Sé que lo amas pero tendrás que continuar con tu vida, bueno creo que aún necesitas estar sola, vine para darte esto– dijo Len arrojándole un medallón redondo de color dorado, este tenía una letra A en relieve, Ana tomo el objeto y lo miro para después darle la vuela y ver que en el reverso decía "YOH".

-¿De donde rayos sacaste esto?– le cuestionó confundida mientras sostenía el medallón en su mano.

-Se lo robe el marinerito, cuando lo curaron– confirmo Len inclinando la mirada –bueno ahora tienes un recuerdo de …

-¿Cómo te atreviste a robárselo?– reprendió la pirata –no tienes remedio déjame sola– concluyo para después ver salir a su amigo mientras sus lagrimas volvían a derramarse sobre el medallón que acababa de entregarle el pirata de ojos dorados.

C – c – C

Sus azabaches ojos permanecían fijos, perdidos en el horizonte, en realidad no había algo en lo que realmente estuviese pensando, no, su mente no analizaba su futuro y prefería alejarse de su pasado. Le parecía increíble como cambiaba la vida con una sola decisión, el creía que la felicidad y la libertad que añoraba estaban en el mar, pero su familia le había planeado otro destino y él había comenzado a acostumbrarse a la idea cuando la encontró, a la persona que volvió a hacer girar su vida aquella por la cual si lo dejaría todo, ella sola era un mar, el mar que siempre había buscado, aquel en donde no tenía que fingir buenos modales, donde podía hablar abiertamente de sus sueños y anhelos eso era la hermosa pirata que se había cruzado en su camino.

Pero¿para que torturarse? No volvería a verla, y por eso había decidido renunciar a todo, al mar que tanto amaba, a su familia, sí, no les permitiría que le impusieran nada más, pero ya no conservaría las ilusiones que se había hecho pues hasta hace poco creyó tener la felicidad pero la vio escaparse y decidió renunciar a todo, para que planear el futuro si a fin de cuentas el destino ya lo tiene todo decidido, pero sus oscuros y solitarios pensamientos fueron interrumpidos por la sorpresiva aparición de su amigo Manta.

-Yoh, quita ya esa cara, aun te esperan muchas cosas– comento Oyamada intentando reanimar a su amigo.

-Ah– un leve suspiro del castaño capitán le demostró el poco cambio del joven en cuanto su estado de animo.

-Mira, en menos de lo que piensas estaremos en tierra– otro suspiro salió de la boca del castaño –sigues con tu idea de romper tu compromiso– confirmó el pequeño.

-Aja.

-Pero bueno, no deberías pensar en eso ni tener ese humor, menos con este clima.

-Aja.

-Deja de contestar así.

-Aja.

-Ay, Yoh acaso no ves el lindo día que está a tu alrededor, mira el mar, el cielo azul, ese barco enorme en el horizonte, las nubes, los delfines…

-¿Qué dijiste?– preguntó Yoh saliendo des su abstracción.

-De las nubes y…

-No, antes– entonces el capitán se dio la vuelta y vio el enorme barco que los seguía –Vigía!– llamo el muchacho con tono presuroso. Para su desgracia el vigía dormía placidamente, así que Yoh dio un grito mayor –VIGIA!– éste despertó y de un salto se puso de pie, desde el puesto de vigilancia saludó a su capitán.

-Sí capitán, lo siento…

-CALLATE– le ordenó el castaño –dime ¿que tipo de barco es ese?– el tomo su catalejo y miro cuidadosamente, para informar lo que Yoh temía.

-ES UN BARCO PIRATA PERO… TIENE UN CRANEO ROJO EN SU BANDERA– dijo el vigía dejando a todos los que escuchaban paralizados por la sorpresa.

C – c – C

Él disfrutaba mucho haciendo tonterías para hacer reír a otros, pero si de por si sus bromas no hacían mucho efecto, mucho menos en la actual situación, pues nadie parecía tener ganas de sentirse mejor y mucho menos el joven de cabellos negros que ahora estaba sentado en aquella roca donde acostumbraba sentarse a pensar, el moreno lo miro y comenzó a decir tonterías a gritos, pero nada parecía hacer efecto en aquel pirata.

-Vamos mi Len, no estés así, la capitana no estará enojada por siempre contigo– comentó Chocolove con sus manos tras su nuca

-Pues si me odiara para siempre la entendería– comentó Len arrojando una piedra al agua.

-Ay brody pero como crees, porque no mejor te digo uno de mis chistes.

-Mejor cállate y déjame solo– pero su platica fue interrumpida por unos temerosos pasos, ambos muchachos voltearon y se sorprendieron al encontrarse con una hermosa joven de cabello azul, su mirada era audaz pero tranquila y se había quedado paralizada ante la atenta mirada de los jóvenes y no apartaba sus ojos de Len.

Los dorados ojos del muchacho también permanecían en los de la joven, él jamás había visto a una chica como ella, con mirada profunda y traviesa, con su largo cabello celeste moviéndose con el viento, quería saber quien era esa bella muchacha, tal vez era una de esas preciosas sirenas de las cuales hablaban los piratas con quienes había crecido.

-Qui…¿quién diablos eres tú?– termino de cuestionar bruscamente Len.

-Y además ¿Qué haces aquí?– preguntó Chocolove.

-Pues verán…- intentó explicar la joven –yo…

-Habla de una vez– ordenó el pirata de ojos dorados.

-Bueno…yo…mi…mi nombre es Pilika Usui– contestó la joven con un tono que fue del temor a ala decisión –y vengo de la isla de Hao– ante aquella última frase ambos chicos se quedaron sin palabras –sé que no debería estar aquí pero, he venido a …

-Es lógico que a espiarnos– acusó Len.

-Te equivocas– impuso Pilika –todo lo contrario, vine a advertirles– mientras ellos discutían Chocolove permanecía como espectador.

-Por favor– interrumpió el pirata –quieres que le crea a alguien que vienen de la isla de ese loco…

-Siquiera por educación deberías dejarme hablar– regaño la joven acercándose al muchacho –es poco creíble, lo sé, pero en esa isla yo estoy como una cautiva, no como invitada y créeme que no es nada agradable estar siempre bajo la amenaza de morir en una de las fogatas de ese desquiciado y aún así me estoy arriesgando así que mejor cierra la boca– ante aquella tremenda reprimenda Len se quedo sin palabras, nunca había permitido que nadie le hablara con tanta altanería, solo Ana podía ponerlo en su lugar.

-Bueno pues… di lo que sea– termino de decir el de dorados ojos.

-Gracias– contestó ella con una leve sonrisa en sus labios –en realidad no sé exactamente lo que Hao esta planeando pero debe de ser algo terrible, desde hace tiempo, tiene de planta unos espías para este lugar y…anoche sus espías regresaron a la isla y el ordenó preparar su principal barco, salieron mucho antes del amanecer y dijo que su más esperado botín estaba casi en sus manos… yo no sabía que hacer pero quedarme callada no, siento no poderles informar más y si me creen o no es cosa de ustedes, ahora pueden dejarme ir o matarme, a fin de cuentas estoy arriesgándolo todo.

-Yo no estoy acostumbrado a confiar en nada ni en nadie, pero… creo lo que nos has dicho y te lo agradezco– contestó Len con su mirada clavada en la joven.

-Gracias, es bueno saber que no todos los piratas son iguales– contestó la muchacha, en cuanto dijo esto se alejo un poco de ellos –bueno ahora debo retirarme, quizás llegue antes a la isla que el barco de Hao y no sepan que abandone la isla.

-Espera– la detuvo Len –dime ¿cómo fue que llegaste aquí?

-Veras, para nadie que viva en la isla de Hao es difícil conocer el camino a este lugar así que vine en un pequeño bote, por eso debo irme, el regreso es duro, sabes que no está muy cerca.

-Pero ni siquiera te vimos llegar– le insistió el amigo de Ana.

-Claro, porque deje el bote en aquella roca que se ve y nade hasta aquí.

-¿Tu hiciste eso?

-Ay, si supieras las cosas tan arriesgadas que he hecho para seguir con vida, pero por favor no me entretengas más, debo irme– extenuó la peliazul alejándose de los piratas –antes de irme ¿cuál es tu nombre?

-Soy Len y…ten cuidado Pilika– dijo para después verla adentrarse en el mar y contemplarla desaparecer.

C – c – C

El barco estaba prácticamente sobre ellos, asechándolos, Yoh no podría olvidar jamás ese enorme barco, en su último encuentro casi había perdido la vida pero además había conocido a Ana, el amor de su vida, presentía que esta vez no tendría tanta suerte, de seguro moriría, pero de algo estaba seguro, no le daría a Hao el gusto de vencerlo con facilidad, pelearía y renunciaría a su vida, pero con valor. De pronto un pensamiento lo golpeo, su tripulación, todos sus acompañantes ¿también morirían? No, eso era lo peor, su mejor amigo y todos a quienes creía a salvo en ese barco morirían, se sintió culpable y apretó con fuerza el mango de su espada ya desenvainada.

El enorme "espíritu del fuego" se puso a la par de la pequeña embarcación y entonces todos los compañeros de Yoh se decidieron a pelear hasta el final, incluso el pequeño Manta, quien desconocía todo acerca de las peleas.

C – c – C

En verdad le parecía una escena patética, todos esos tontos en aquel pequeño barco¿de verdad planeaban pelear? Perderían o ¿en que estaban pensando? Pero después pensó en lo inútil que, de todas formas, les resultaría el pedir misericordia pues cuando Hao se planteaba un objetivo a exterminar no había nada capaz de detenerlo y menos con los deseos de venganza hacia aquel estúpido marino que no solo se atrevió a retarlo adentrándose en sus aguas, lo había enfrentado, había lastimado su rostro y peor aún se había atrevido a poner sus ojos sobre Ana, la mujer que, según él, le pertenecía.

-AL ABORDAJE– grito el desalmado pirata de largo cabello castaño y ojos negros, viendo como toda su tripulación cumplía su orden para después también él dirigirse hacia la cubierta del barco de Yoh.

Una vez con los piratas en su terreno se lanzaron a la batalla, algunos combatían cuerpo a cuerpo, otros, como Ryu, lo hacian con cuchillos y otros con cualquier otro objeto que sirviera de arma, el fin era defender lo más posible la nave, aunque por lo numeroso de sus contrincantes sabían de antemano cual sería el desenlace, nada favorable para el minúsculo barco.

Junto con sus hombres peleaba Yoh, con hasta cinco contrincantes a la vez, su magistral forma de usar la espada le permitió vencer a más de 20 piratas, pero por cada uno que vencía le aparecían dos más en frente, pero no se dejaría vencer por lo secuaces de Hao, por la verdadera escoria del mar, mientras el peleaba Manta les lanzaba a los contrincantes de su amigo lo que podía, o encontraba propio para utilizarlo como proyectil, esta bien, él no era hombre de peleas pero creía tener la suficiente inteligencia como para poder noquear a mas de un enemigo y así lo hizo.

La encarnecida pelea duro bastante, pero de pronto los piratas se detuvieron y de entre ellos apareció la erguida y altiva figuro de Hao, él se paró justo en frente de Yoh y lo miro como si se tratara de un insecto, se descubrió su rostro cubierto por una capucha y lo miro de frente.

-Creo que me toca combatir con él – exclamó Hao con una malévola sonrisa dibujada en su rostro –cuanto tiempo Yoh.

-Si, aunque esperaba no volver a verte– dijo el capitán con una calmada voz.

-Vaya, te ves demasiado tranquilo a pesar de la situación en la que estas¿no te has dado cuenta? La mitad de tu tripulación esta muerta o herida y la otra mitad no soportara mucho, pero prefiero divertirme un rato, la última vez te escapaste vivo, pero en aquella ocasión no habías mirado lo MÍO.

-¿Lo tuyo?– preguntó enojado el amigo de Manta.

-Sí, también Ana pagara, pero antes te voy a cobrar el regalo que me hiciste, ya veras como te haré perder la calma, te quitare todo lo que te de confianza, ya te quite tu barco, también lo conseguiré con tu tripulación, me desharé de tu valor, de tu orgullo y por supuesto te quitare a Ana, QUE DIMINUTO ERES– concluyo el pirata amenazándolo con la espada.

A pesar de hace poco haber tenido una herida Yoh peleaba con habilidad, pero la destreza de Hao era diferente, el había aprendido a pelear matando, contrarió al marino quien sólo se había defendido en duelos de practica y además no deseaba matar al pirata, lo odiaba como jamás pensó odiar a nadie pero a pesar de ello sentía pena por alguien que no conocía la compasión ni… el verdadero amor.

Hao lo atacaba con coraje, cada una de sus estocadas estaban preparadas para atravesar el cuerpo de su contrincante, deseaba verlo muerto, a quien se había interpuesto en su camino, era algo imperdonable oponerse a su voluntad, pero a pesar de sus ganas de matarlo repasaba una y otra vez su largamente planeado plan, no debería arruinarlo por estar cegado por la ira, su plan le daría una venganza más dulce que la de ejecutar al joven en ese sitio y además le permitiría obtener lo que más lo obsesionaba, Ana, ella al fin sería de él, todo gracias al castaño que ahora le daba pelea.

Yoh por un momento se sintió confiado, pues le pareció ver que él ritmo de combate del pelilargo bajaba considerablemente pero de inmediato algo lo alerto, había una pequeña sonrisa en los labios del maldito pirata, entonces lo comprendió, su contrincante lo tenía todo planeado y el solo era parte de su juego, entonces sintió un enorme golpe en su nuca y todo se oscureció.

C – c – C

Despertó con una terrible dificultad para respirar, se sentó sobre su cama y trato de recuperar el aire pero algo se lo impedía, una opresión en el pecho no le dejaba respirar sin tener que jalar aire fuertemente por su nariz, después de algunos minutos logro calmarse, pero aún sentía saltar su corazón sin poder tranquilizarlo, la pirata se levantó de su lecho, encontrándose en la completa oscuridad de su habitación, había algo que no la dejaba calmarse.

Una vez de pie miro hacia el suelo y descubrió el medallón que hace algunas horas le había dado su amigo Len, lo tomo de nuevo entre sus manos y volvió a sentir como las lagrimas caían de sus ojos, el pensamiento de que Yoh estuviera en peligro paso por su mente pero de inmediato trato de desecharlo, no, ella había renunciado al castaño para mantenerlo a salvo y no soportaría saber que algo le pasara, incapaz de seguir imaginando alguna desgracia volvió a recostarse mientras a través de las tinieblas miraba el medallón.

C – c – C

A pesar de tener los ojos cerrados podía sentir como todo le daba vueltas, sentía mucho dolor, aunque no estaba seguro de porque, con lentitud comenzó a abrir sus ojos y comenzó a sentir pulsadas de dolor por todo su cuerpo, trato de tocar su cabeza pero entonces se percato de que estaba atado con los brazos separados, esto lo hizo abrir los ojos de golpe y miro el paisaje ante él, el mar, cubierto de tonos rojizos, era el atardecer, pero el sol casi había muerto en el horizonte, entonces los recuerdos se agolparon en su mente, la despedida entre él y Ana, su viaje, el ataque de Hao, su pelea y… aquel golpe, él cual lo había privado del sentido.

Apenas y podía moverse sus brazos estaban amarrados de dos palos paralelos, estaban bastante separados, como si hubieran intentado separarlos de su cuerpo y no dudaba que lo hubieran intentado, su cuerpo colgaba de las fuertes cuerdas que lo apresaban por eso decidió apoyarse en sus pies pero no sentía la suficiente fuerza en sus piernas y se dejo caer.

Se percato de que su ropa estaba desgarrada y las partes descubiertas de su cuerpo llenas de golpes, sangraba de diferentes partes, entonces ante él apareció Hao.

-Vaya, que rápido despertaste– comentó el pirata con una amigable sonrisa –creí que dormirías hasta llegar a mi isla.

-¿T… Tu isla?– cuestionó el joven con dificultad.

-Y todavía tienes fuerzas para hablar, eres fuerte, bueno tal vez otros golpes te dejen mudo– dijo comenzando a golpear a Yoh con gran brutalidad, el sólo soportaba sin dar un solo quejido de dolor, esto sólo hacia enfurecer más y más al pirata el cual continuo golpeando al joven por mucho tiempo más, hasta que la imagen de la luna llena apareció en el horizonte.

-A… Ana– fue lo único que murmuró el castaño antes de volver a quedar inconsciente.

Continuara…