Hola, de nuevo hemos estado sin actualizar por mucho tiempo, pero bueno, al fin nos dimos un tiempo y a media semana podran tener el siguiente capitulo, esperamos que les guste lo que pasara y esperamos sus reviews y gracias a Vale chan 14 y en especial a Zilia K que siempre nos deja review:

POR- Itako Ana Tenshi (escritora)

Shaman fan (idea original)

CAP. 10 – SOSPECHAS DE UN CORAZÓN DESESPERADO.

Sus ojos negros se quedaron fijos en el mar, ahora casi totalmente cubierto por las tinieblas, esa oscuridad le causo un terrible estremecimiento, poso sus ojos en la bella luna llena pero eso no atenuaba sus miedos, puso sus manos en su rostro con desesperación, deseaba olvidar por un rato al castaño joven de quien estaba enamorada, pero algo le decía que éste no se encontraba bien, gracias a la peli azul visitante se había enterado de todas las atrocidades de las cuales Hao era capaz y a Yoh lo haría sufrir con mayor razón, el malvado pirata deseaba vengarse, intempestivamente Ana se levantó de donde estaba y caminó hacia el grupo que momentos antes había abandonado, los miró con frialdad y ante la sorpresa de todos tomo a Pilika del brazo y se la llevó, prácticamente arrastrándola.

-Ana ¿qué demonios haces?– le gritó Len intentando alcanzarla.

-No me molestes, tengo cosas que hacer con esta niña– exclamó alterada entrando a su habitación, cerró de un portazo la puerta y volvió a ordenar –no quiero que nos molesten, ella y yo tenemos una larga platica y es una orden ¿quedó claro?

-Sí capitán– contestó el oji dorado al otro lado de la puerta y sus otros dos compañeros lo miraron sin palabras.

Ambas entraron en la habitación, la cual se encontraba a oscuras, las tinieblas eran atenuadas únicamente por la leve luz de una vela, Ana miró con crueldad a la jovencita de celestes cabellos y le señaló un sillón, la muchacha sin embargo no le quitaba los ojos de encima y parecía haberse quedado congelada.

-Siéntate– le gritó la pirata, Pilika no lo pensó dos veces y obedeció pero sin perder de vista a la rubia.

-Te lo suplico– dijo Ana hincándose ante la hermana de Horo, la cual pudo notar el llanto en los ojos de la mujer rubia –te lo ruego, dime más sobre el joven que capturaron, dime algo, cualquier cosa– ese comportamiento solo sorprendió más a la aterrada cautiva quien permanecía petrificada –dime algo, necesito saber ¿quién era¿qué planeaba Hao? Lo que sea, cualquier cosa pero… ¡Habla!– gritó la pirata haciendo a la de celeste cabello dar un respingo.

-No sé nada– fue lo único que Pilika pudo pronunciar –no lo sé– dijo sintiendo en el alma no poder informar nada a la desesperada rubia que continuaba en el suelo.

-Puedo torturarte– amenazó Ana –ser tan cruel como Hao, hacer que hables, por las malas vas a sufrir más, soy capaz de hacer cosas terribles.

-¿Por él?– murmuró la cautiva asombrando a Ana.

-Sí– confesó la pirata rubia levantándose –por él soy capaz de cualquier cosa, de morir, de matar, lo que sea pero necesito saber si Hao lo tiene, si Yoh se muere yo ya no podría vivir– concluyó ahogada por su propio llanto.

-Como dije hace rato, yo sólo pude ver cuando lo llevaban a las mazmorras, era un joven delgado, estaba cubierto de sangre y heridas y el sol le había causado grandes quemaduras– comentó con lagrimas de miedo de sólo recordar el hecho que narraba.

-Algo más, alguien comentaba quien era, debes saber algo más, por favor cualquier dato, te lo ruego Pilika, nunca en mi vida le he suplicado nada a nadie– decía Ana con tremenda desesperación.

-Sólo recuerdo que alguien dijo que… si, es cierto, dijeron que era quien le causó la cicatriz a Hao– la rubia salió de la habitación como un relámpago, pero se topo con Len quien permanecía en la puerta.

-¿Adónde vas?– la cuestionó el pirata sosteniéndola del brazo.

-¡No es de tu maldita incumbencia!- le gritó la capitana con desesperación.

-Basta– reclamó él dándole una bofetada tan fuerte que la rubia quedo contra la pared de piedra –creí que dejarías de perder la cabeza de esa absurda forma.

-Hao tiene a Yoh– le indicó con su mano sobre su mejilla –no puedo dejarlo morir.

-No sabes si es él.

-Pilika me lo acaba de decir.

-Sí, lo sé, la verdad es que estaba escuchando pero y que si es él, lo que Hao quiere es vengarse del muchacho ese, pero si para colmo te tiene a ti tendrá doble premio.

-Que haga conmigo lo que quiera y que deje en paz a Yoh.

-Ana, no te das cuenta, Hao ya debe imaginar que harás cualquier cosa por él, no tardara en enviarte a alguien, porque no sabe que Pilika está aquí, te pedirán que vayas a su isla y lo más seguro es que ya lo haya matado.

-No, Hao no puede atreverse porque lo matare yo antes– clamó alejándose del oji dorado, apenas salía del túnel que llevaba al pasillo principal cuando sintió un fuerte golpe en su cabeza y cayó al suelo sin sentido. Len la levantó en sus brazos y la miró por un instante.

-Perdóname Ana- le dijo al oído –pero le prometí a tu padre que nunca dejaría que algo malo te pasara, no puedo permitirte hacer una locura para darle ventajas a Hao sobre ti.

Llegó hasta la habitación donde Pilika seguía sentada en el sillón, cuando vio a Len entrar cargando a la pirata se paro como un resorte y lo miro confundida.

-¿Qué le pasó?– preguntó la peli azul.

-La golpee con el puño de mi espada– murmuró Len con seriedad mientras depositaba a Ana en su cama.

-¿Qué hiciste que?– reclamó acercándose al pirata.

-Lo necesario para mantenerla a salvo– explicó el joven de negros cabellos.

-Esa es tu definición de estar a salvo– exclamó Pilika –definitivamente no puedo comprender a los piratas, golpeaste a quien se supone te da ordenes.

-Pretendía ir a la isla de Hao, a arriesgar su vida, de la forma más tonta por una causa perdida, por…

-EL AMOR DE SU VIDA– interrumpió la joven las palabras del pirata –está enamorada del tipo que Hao tiene prisionero y tú la golpeas porque se preocupa por él.

-Ya debe estar muerto y Hao usara a ese tonto para tenerla a ella ¿crees que lo voy a permitir?

-Dices que no quieres verla sufrir ¿verdad? Pero más bien es que ¡no podrías soportar el verla siendo feliz sin ti! Lo único que pasa aquí es que estas enamorado de ella y no aceptas que ya perdiste– concluyó echándose a llorar para después salir corriendo del lugar, Len se había quedado frió con esas palabras, era cierto, en gran parte tenía razón, él también pensaba en sí mismo cuando detuvo a Ana, no quería verla sufrir, pero tampoco podía verla lejos de él, era un maldito egoísta, con ese pensamiento en su mente decidió seguir a Pilika, no sin antes cerrar la puerta de la habitación..

C – c – C

Sentía un terrible aturdimiento, apenas se levantó llevó sus manos hasta su cabeza, dejó la cama donde estaba y se encaminó directamente a la puerta del cuarto en el que se encontraba, se sentía mareada y a causa de la oscuridad estuvo a punto de caer un par de ocasiones al suelo, pero no se tropezó conocía perfectamente esa habitación la cual había sido de ella desde siempre, sacó una pequeña llave y estaba a punto de abrir cuando recordó lo sucedido, acomodó un rubio mechón de su cabello y se le vino a la mente la discusión con Len:

-Maldito traidor– murmuró Ana entre dientes volviendo a guardar la llave, regresó a su cama y se sentó en ella, sacó el medallón que colgaba de su pecho, lo sostuvo entre sus manos y se decidió a salir del lugar, "no puedo salir por donde siempre", pensó volviendo a levantarse para encender una vela, caminó hasta un rincón donde estaba un cofre, lo abrió lentamente y sacó una majestuosa espada junto con una maravillosa pistola –pero no pienso quedarme con los brazos cruzados– murmuró colocándose la espada en la cintura, tomo su roja mascada colocada en el respaldo del sillón, se la colocó en la cabeza y la amarró con fuerza, también para minimizar el dolor de cabeza que sentía.

Una vez preparada para salir se acercó de nuevo a su cama, se agachó para meterse debajo y comenzó a golpear el suelo que se encontraba cubierto por tablas, al fin encontró una de la cual salía un sonido hueco cuando era azotada, enterró un pequeño pero filoso cuchillo en ella y la arrancó de su lugar, así quitó otras tantas dejando al descubierto un oscuro hoyo, una fuerte corriente salía de él, no lo pensó dos veces y se introdujo en éste.

C – c – C

Sus ojos permanecían posados en el fuego de la antorcha que iluminaba su figura, escuchó los lentos pasos a su espalda y volteó para encontrarse con quien estaba detrás de ella.

-Ah, eres tú – dijo muy enfadada la peli azul volviendo a ver la luz dada por la flama.

-Sé que actué como un idiota– comentó el joven que se acercaba a ella, clavando sus dorados ojos en el suelo.

-No– contestó ella sin mirarlo –sólo como un salvaje golpeador, creí que no todos los piratas eran iguales, pero me equivoque, ahora veo que todos tienen las venas llenas de hielo, mejor voy a buscar a mi hermano para llevármelo de aquí antes que se convierta en un desalmado como todos ustedes– reclamó poniéndose de pie para alejarse del pirata.

-Espera– la detuvo tomando su brazo –no puedes irte así nada más.

-¿Qué harás si no te obedezco?– lo retó mirándolo furiosa –me golpearas con tu espada, supongo.

-Bueno, me porte como un salvaje y lo acepto, pero tu mejor que nadie puede saber a las cosas que esta dispuesto a hacer Hao con tal de tener a Ana, nada va a detenerlo, siempre ha estado obsesionado con ella.

-Lo sé– aceptó Pilika bajando la mirada –en todo el tiempo que estuve en su isla no hizo más que hablar de ella, siempre planeando algo para que Ana cayera, eternamente enojado por no poder ser su dueño, es un maldito, él de verdad no parece tener sentimientos, sólo es un demonio sanguinario.

-Por eso no deje ir a Ana– refirió Len –fue cruel mi forma de tratarla, pero entiéndeme, hice una promesa, cuidarla de todo mal y llegue a apreciarla tanto, que me enamore de ella, yo me conformaba con estar a su lado, sin decir nada, que me considerara su amigo, su hermano, que importaba todo mientras pudiera estar a su lado, ella sólo tenía ojos para su adorado mar y así estábamos bien, pero llegó Yoh, ese capitán le salvo la vida y le robo el corazón con una mirada.

-Ese muchacho… ¿no es un pirata?– preguntó extrañada la chica.

-No, es un marinero muy rico, capitán de un barco que abordamos, por desgracia Hao abordó el mismo barco, peleamos contra él y estuvo a punto de matar a Ana, Yoh la salvo pero el desgraciado de Hao lo hirió, así llegó a la isla y él y Ana se fueron enamorando.

-Para protegerlo de Hao Ana lo dejó ir – supuso la recién llegada en voz alta.

-Así es, durante días me negué a aceptar que se le acercará a ella, estaba loco de celos, pero ellos se amaban de verdad, nunca vi a Ana mirar a alguien como a ese muchacho, nunca la había visto tan feliz como cuando estaba con él, ni tan destrozada como cuando Yoh se fue, me dolió en el alma verla sufrir pero… me di cuenta que eran celos de hermano y no otra cosa, ya no quiero verla sufrir Pilika, ya no– concluyó tirandose en la arena mientras la peli azul se acercaba a él.

C – c – C

Ana al fin logró salir del laberinto de cuevas donde había estado errando, una vez fuera se dio cuenta de su estadía frente a la costa, las tinieblas ya no eran tan tupidas por lo cual supo de la cercanía del alba, respiró el aroma de la brisa de la madrugada y comenzó a caminar por la playa aún muy oscura, el dolor de cabeza había desaparecido por completo pero la opresión que sentía en el pecho no la había dejado en paz ni un instante, al fin reconoció el lugar donde se encontraba, justo donde había encontrado a parte de su tripulación platicando con Pilika.

La verdad no estaba muy segura del paso a seguir, no tenía un plan y no podía regresar a su habitación, sabía de la premura con la cual debería actuar para evitar ser retenida por Len, de pronto algo se le ocurrió, Pilika no podía haber llegado hasta su isla nada más a nado, la de Hao se encontraba bastante lejos y se necesitaba de alguna embarcación, subió hasta una de las rocas del lugar y con ayuda de su catalejo intentaba encontrar algo, busco varias veces sin encontrar nada, las tinieblas comenzaban a disiparse cada vez más y las tonalidades del horizonte ya anunciaban la próxima aparición del Sol.

La rubia pirata se sintió desamparada, se sentó en la roca y tuvo muchas ganas de echarse a llorar como una niña, cuando de pronto vio algo a lo lejos, a lado de un lejano islote se observaba algo que se movía, la muchacha se levantó, en realidad no estaba segura de lo que era, aún no había la suficiente luz para saberlo, pero no podía esperar, si era lo que imaginaba podría cumplir con su objetivo, lo analizó un instante para después tirarse al mar, una vez dentro de la marea comenzó a nadar ágilmente hasta el pequeño islote, una vez junto a él pudo sentir la primera razón para alegrarse en muchas horas, un viejo bote estaba amarrado al islote, sin pensarlo subió en el, corto la cuerda y dijo en voz alta –espérame Yoh, no tardare mucho en estar contigo– su voz se la llevó el viento cuando los primeros rayos de sol iluminaron su silueta sobre la barca, era increíble lo que podían hacer las SOSPECHAS DE UN CORAZÓN DESESPERADO.

CONTINUARA...