SF: Antes de que la "¿telenovela?" mexicana PASIÓN (IAT: estúpida telenovela hecha, desgraciadamente, en México y que pronto comenzará a transmitirse, que el cielo nos ampare a todos), acabe con todo el mito de las leyendas marítimas, vamos a continuar con esta historia.
IAT: Sí, porque no hay como el mito del pirata, aclaro, no DE LO PIRATA, bueno…
SF: Nos quedamos en que tienen que salvar a Peperland de …
IAT: No estamos en el fic de Shaman
SF: what? Si ese lo hizo Hiroyuky Takei
IAT: No tonto, tu historia.
SF: Ah si… mi historia… ah ya… sí, COMENZAMOS…
CAP. 17 – UNA PROPUESTA PARA EL DESTINOLa música invadía aquel ambiente, en donde al calor de las copas muchos marinos cantaban, algunos hablaban de sus vidas, otros más lloraban desconsolados en un rincón y había quienes se conformaban con beber sin ocuparse de otra cosa; toda esa escena era la percibida por dos jóvenes desde la entrada de aquella taberna, uno era un muchacho de ojos color oro y la otra una chica de hermosa cabellera rubia, la cual mantenía controlada por una pañoleta de color rojo, ambos se miraron para después entrar al lugar y tomar una mesa al fondo.
-¡Una botella de Ron!– gritó el muchacho al tabernero en tanto tomaban sus sillas –No es lo mismo, pero me siento un poco como en casa– extenuó el oji dorado a la rubia.
-Entiendo ese comentario Len– respondió ella –desde que bajé del barco no había encontrado un lugar donde no me miraran como algo inferior, aquí por lo menos si lo hacen sé que puedo romperles la cara– concluyó en tanto veía al tabernero poner la botella en su mesa junto con dos vasos de vidrio, en los cuales el chico sirvió el contenido de la botella.
-Bueno Ana, me gustaría que ahora sí me contaras todos lo detalles de los estúpidos que tuviste que conocer hoy– pidió él dando el primer gran trago a su vaso.
-Aunque lo más seguro es que te aburras te lo contaré, pero primero brindemos por él, por ese cuya familia me odia, por Yoh– extenuó ella alzando su vaso el cual Len golpeó con el propio y ambos bebieron hasta la última gota de sus recipientes.
Mientras comenzaban a beberse la botella solicitada un hombre ya bastante ebrio empezó a entonar una canción, Len siguió tomando sin prestarle atención, pero Ana no pudo evitar escuchar con interés una de las estrofas que entonaba con su nada melodiosa voz:
…y si el cariño es puro y el deseo sincero
¿por qué me quieren quitar la fe del corazón?
Mi sangre aunque plebeya también tiñe de rojo
el alma en que se anima mi incomparable amor,
ella de noble cuna y yo humilde plebeyo
no es distinta la sangre ni es otro el corazón.
¡Señor! ¿por qué los seres no son de igual valor?
En ese instante la rubia pirata no pudo evitar maldecir el hecho de que aquella canción fuera tan acorde a su situación, prefirió ignorar el canto y continuar bebiendo, cómo deseaba perder la conciencia para ver si así conseguía sólo por un momento olvidar al castaño marino.
Pasaron dos horas, la misma cantidad de botellas que la pareja de piratas ya había vaciado por lo cual sus sentidos no estaban igual que cuando llegaron, ella miraba a su compañero pedir más bebida y en el fondo no se opuso, todavía estaba pensando en él, en el que amaba, en sus amor imposible a pesar de saber lo que él la quiere, lo que había y podría haber entre ellos era… imposible.
-¿Crees que…deberías…tomar tanto?– preguntó Ana pausadamente para no trabarse a causa del alcohol que había consumido –recuerda que…ahora ya tienes a Pilika…para que te regañe– concluyó la pirata poniendo su vacío vaso sobre la mesa.
-No te preocupes, le dije a donde iba, así que conociendo a Horo ya le habrá contado como nos la vamos a pasar, pero a ti parece haberte pegado muy pronto ¿no Ana?
-No digas tonterías…todavía puedo tomarme…un barril yo sola– aseguró tomando la nueva botella traída a la mesa y sirviéndose de nuevo.
-Dime la verdad Ana, ¿de verdad quieres al marinerito o es tu orgullo lo que te duele?– lanzó Len mirándola mientras él también se servía de la nueva botella.
-¿Eres idiota o sordo?– regañó vaciando su vaso de una vez.
-Oye no tienes porque insultarme así– dijo Len para también tomar lo que acababa de servirse.
-Me enfurece tu pregunta…parece que no me escuchaste cuando…estaba sobria– continuó la rubia ya con más efectos de la bebida encima –ojala fuera sólo mi orgullo… hubiera abofeteado a Yoh por no hacer que me respetaran…– explicó mirando a su compañero de frente, por lo cual él pudo ver el llanto que se asomaba en los negros ojos de la rubia, cristalizando su mirada –le hubiera dado una lección a esa…esa…pequeña arrastrada que tiene por prometida…y…y les…les hubiera dicho sus verdades a todos pero…queriéndolo así…así…sólo deseaba salir de ahí…para evitarle más humillaciones…yo soy la que se sintió muy poco para él…por…por- porque lo amo– terminó recostando su cabeza en la mesa.
-Lo siento no quería…
-Ya no me compa…compa…compa- dezcas y pide más bebida porque…por lo… porlo… visto esta no nos va a alcanzar– murmuró sirviéndose más.
-Sí, Ana y si empiezas a planear…no sé, otra forma de vida.
-Eso quería…con Yoh, maldita sea…sino para- pa…¿para crees que vine aquí?…haber…tu deja a a…¿cómo se llama?
-Pilika y mejor nada más toma…ya estamos diciendo inco…no…incon…bueno hablando sin sentido– propuso Len sintiendo al fin el efecto de todo el ron que ya había bebido.
-Sí, ¡otra botella!– gritó Ana –¿qué estará haciendo?
-¿Quién? ¿Pilika?
-No tonto…toda esa bola de…tontos…los de Yoh.
-Pues de seguro…seguro…desean estar igual que…que tu- tu y y y yo…al borde de la inconciencia– concluyó Len en tanto los dos reían para volver a chocar sus vasos repletos de bebida.
C – c – C
Mostrarse furiosa no era algo común en ella, jamás olvidaba lo aprendido en sus largos años de enseñanza en modales, una señorita nunca debía perder la compostura, sin embargo aquella joven de cabellos rosas no podía comportarse de otra forma ante lo que estaba viviendo, su prometido, el hombre con quien había deseado casarse desde que entendió lo que era un compromiso, estaba enamorado de otra, Tamao entró en la gran casa de los Asakura sin lograr asimilar la situación, pero con algo muy claro en su mente: jamás permitiría que Yoh la dejara por otra y mucho menos por "esa otra".
Al entrar se dirigió directamente hasta la gran sala donde todo se había discutido y la cual tanto Yoh como la pirata habían abandonado hacía ya buen rato, desde el marco de la puerta de aquel salón pudo observar a la familia que permanecía reunida en dicho sitio, Mikihisa caminaba de un lado a otro de la habitación, Keiko permanecía silenciosa en un sillón, con su cabeza agachada, Yohmei tomaba un poco de té sentado junto a Kino quien parecía estar muy pensativa.
-Estoy de regreso– anunció la peli rosa desde el marco de la puerta.
-¡Tamao!– exclamó Keiko acercándose a ella –¿lograste alcanzarlo?– preguntó desesperada.
-No y…no hay esperanza– murmuró con voz abatida –¡esa mujer lo tiene embrujado! No hay nada que se pueda hacer, saben– dijo con un dramatismo digno de la mejor actriz –cuando iba a alcanzarlo lo encontré con el joven Oyamada e imagínense, él no pudo convencerlo, y si él no pudo ¡ya nadie lo hará!– extenuó comenzando a llorar –¡esa ladrona es un demonio, una bruja o no sé que es!– dijo desesperada tirándose al suelo para comenzar a llorar –¡me robó a mi prometido, cómo puede preferir a esa cualquiera!
Al ver el ataque de nervios que Tamao estaba teniendo Keiko se acercó a ella con el fin de abrazarla para tratar de confortarla, pero Kino ya se le había adelantado y la reconfortó con una fuerte y sonora bofetada que calló los histéricos gritos de la chica quien sólo miraba a la anciana en tanto sobaba su enrojecida mejilla y secaba su llanto.
-¿Por qué?– murmuró Tamao en tanto todos miraban en silencio.
-Ya me tenía harta con su escena trágica– aseveró la anciana –no entiendo cómo pretendes retener a Yoh con ese comportamiento de niña tonta, él necesita una mujer a su lado, no una mocosa insoportable.
-Pero madre, la pobre ha recibido una gran impresión al darse cuenta de que Yoh no quiere acatar nuestras ordenes y…
-¡Silencio!– volvió a irrumpir la anciana –creo que esta noche Yoh nos demostró a todos que no es un niñito, ¡ni un muñeco!– gritó mirando a Mikihisa –así que si no quieren que termine haciendo todo lo contrario a lo que deseamos dejen de pensar en él como un títere porque no lo es, por favor Tamao, déjate de estupideces, sí, lo vas a perder, pero con una digna rival, vieron a esa muchacha, defendiendo lo que quiere con valor, enfrentado a todos y a todo, incluso a mí, jamás había conocido a una persona que me mantuviera la mirada con tanta firmeza.
-Es una ladrona– soltó el padre de Yoh.
-Sí, pero tiene mucho carácter y sabe lo que quiere, no puedo decir lo mismo de este remedo de mujer que planea conquistar a mi nieto con lloriqueos, jamás he querido que ella forme parte de la familia y no es secreto, siempre quise una mujer que le transmitiera su fuerza a Yoh y esa…ladrona, lo ha hecho, si no quieres perderlo o a su fortuna, lo que sea que quieras de él, entonces utiliza todas tus armas, pero empieza por utilizar la cabeza y no tus lagrimitas.
-Esa…mujer de carácter, como tu la llamas– interrumpió Keiko –es una mujerzuela, no sabemos que medios haya utilizado para atrapar a mi hijo, yo entiendo a Tamao, más aun porque Yoh no está haciendo las cosas bien.
-Yo no hablaría de lo correcto, más cuando hay personas que se escapan con un hombre para no acatar la voluntad de sus padres– refirió Kino con sarcasmo.
-Este no es el momento de ventilar los errores del pasado– reclamó la madre de Yoh ofendida.
-Yo no he dicho que hablaba de ti– dijo mirando a Mikihisa quien bebía apresuradamente de una taza de té –y ese no es el punto ahora, Tamao dice ser lo mejor para él, entonces que lo demuestre, todavía no rompemos el compromiso oficialmente y tampoco Yoh se ha casado con esa muchacha así que gánatelo, lucha niña, pero yo pienso darle una oportunidad a esa jovencita– aquellas últimas palabras parecieron petrificar a todos.
-Eso es imposible Kino– detuvo Yohmei levantándose –cómo vamos a aceptar en nuestra familia a una pirata.
-Esa pirata sería la mujer fuerte de la familia, lo que le hace falta a esta casa, mañana mismo iré a verla y le daré una oportunidad para que demuestre que puede ser una persona civilizada, si lo hace yo la aceptaré y saben que en esta familia la última palabra la tengo YO– concluyó saliendo de la sala para dirigirse a su habitación.
C – c – C
La joven de azulados cabellos que permanecía recargada en la borda de aquel barco miraba el oscuro mar y de vez en cuando daba un vistazo al muelle para ver si quien esperaba había regresado, un largo suspiro salió de sus labios.
-Tan tranquilo que se fue a dormir mi hermano– murmuró Pilika mirando al joven que estaba recostado a lado del mástil mayor del barco –pero yo no puedo si quiera pensar en dormir, vaya explicaciones las que me dio Len, "Ana está muy mal y vamos a ir a tomar"– dijo repitiendo las palabras del oji dorado –descarado, ¿cuánto tiempo seguirás siendo un pirata Len?– le preguntó a la oscura nada, de pronto el ruido de alguien que subía al barco la sacó de sus pensamientos –¡¿Len?!– llamó con claridad.
-No– respondió un muchacho poniendo pie en cubierta –soy Yoh.
-¡Yoh!– exclamó la joven mirando la debatida expresión del rostro del marino –¿Qué haces aquí?
-Necesito hablar con Ana– dijo con desesperación acercándose más a Pilika.
-Siento decirte que aquí no la vas a encontrar– refirió ella dándole la espalda para volver a recargarse en la borda –y ahora ¿qué le hiciste?– cuestionó con tristeza.
-Soy un imbecil– aseguró el castaño recargándose igual que la muchacha –la llevé a la boca del lobo, pero ahora necesito verla, dime a donde fue.
-Te diré, pero cuéntame lo que sucedió porque ella no me dijo nada– ante esa respuesta Yoh relató lo sucedido en su casa, ante la incrédula mirada de la joven quien no podía creer que la hubiesen tratado de una forma tan vil.
-¿Cómo pudieron tratarla así?, ¿dudar de ella de esa forma tan insultante? La rebajaron y ¿no la defendiste? Ahora entiendo porque se puso tan mal, imagina como se habrá sentido que ella y Len se largaron a tomar a una taberna y sabes lo que me dijo ese mal agradecido, "Ana está muy mal y vamos a ir a tomar", esa fue su gran explicación y para colmo mi hermano me dice "yo que tu me dormiría porque cuando ellos se ponen a tomar por lo menos se amanecen así", pero con razón, lo que quiere Ana es perder la conciencia, para bloquear todo eso…
-¿Se fue con Len?– preguntó Yoh con molestia –¿por qué con él?– quiso saber tomando de los hombros a Pilika.
-Yoh no me irás a decir que estás celoso porque sería el colmo; primero, se fue con él porque es su mejor amigo; segundo, te pones celoso cuando dejaste que tu familia la moliera a insultos y tercero, con quién esperabas que fuera si Len es el único pirata que puede entenderla, además yo no soy muy afecta a esa forma de vida…a mí también me dan un poco de celos, pero Len me ama, lo que tiene con Ana es muy fuerte, como si fuesen hermanos, confío en él, ¿qué? Para colmo no confías en Ana.
-Tienes razón, pero necesito hablar con ella, verla, pedirle perdón y decirle que no me importa que yo la amo y no quiero renunciar a ella.
-Pues imagino que tendrás que esperar hasta que amanezca, aunque ahora la encontraras no creo que esté todavía en sus cinco sentidos, los dos deben estar ahogados de borrachos, ay Yoh, son piratas y eso va a ser muy difícil de cambiar, lo mejor es esperar a que regresen y entonces hablas con ella– el joven aceptó aquellas palabras aunque en verdad no muy convencido, como sentía no tener la paciencia de la joven y se prometió que si tres horas antes del amanecer no se aparecían por ahí los dos amigos, iría a buscarlos así tuviese que conocer cada taberna de la ciudad, aunque seguramente fueran centenares, y traería a la rubia aunque fuese a la fuerza, en esos momentos se daba cuenta de que para él ya era imposible vivir sin Ana Kyouyama.
C – c – C
Yoh se veía sumamente preocupado a pesar de tratar de ocultarlo, pero sus manos que de vez en cuando golpeteaban la mesa frente a la cual estaba sentado lo delataban, sacó un reloj de bolsillo y miró en él la hora, volvió a golpear la mesa simulando el tic- tac del aparato de nuevo guardado.
-Por lo visto la paciencia no es una de tus virtudes– refirió Horo para después bostezar en tanto bajaba las escaleras que lo llevaban a la bodega donde el marino se encontraba –y mi hermana tampoco la tiene pero por lo menos aceptó irse a recostar un rato, ¿por qué no haces lo mismo?, has estado despierto toda la noche.
-Es que no puedo creer que Len sea tan inconsciente, ¿cómo se le ocurre llevarse a Ana a uno de esos horribles lugares?– exclamó enojado el castaño.
-Mira, no deberías estar tan preocupado, por lo que me dijo Len desde que Ana es la capitana ha frecuentado lugares así, no es una indefensa palomita, una sola vez fui con ellos a la isla donde se reunían los piratas, uno quiso pasarse de listo con ella, debiste ver la tremenda paliza que le puso, ya deberías saber que es una mujer muy distinta a cualquier otra.
-Sí, lo sé perfectamente, por eso estoy enamorado de ella, enamorado como jamás me imaginé y no quiero perderla, por eso…
-¿Por eso?
-Voy a ir a buscarla en este momento, ya no puedo estar un minuto más así– apenas había pronunciado aquel enunciado cuando ya estaba listo para irse sin escuchar más al peli azul.
Cuando salió del barco no tenía una idea real de por dónde empezar, sabía que alrededor del puerto había por lo menos una decena de tabernas para encontrar al par de piratas, no se le ocurría en cual de todas podrían estar así que mejor se dejó de miramientos e inició su búsqueda, Yoh comenzó a recorrer cada lugar, es verdad que ya había estado en algunos de esos sitios, pero jamás había pasado ahí la noche, el marino recorrió tres tabernas en donde ni siquiera encontró un rastro de ellos, tuvieron que pasar cinco de esos lugares para que llegara, casi al amanecer, a donde la rubia y su amigo se encontraban.
El castaño abrió la puerta del sexto local, casi tres horas después de que había bajado del barco y vio al final de ese sitio, que estaba casi vació a excepción de algunos hombres que dormían sobre las mesas, en una de éstas un joven dormitaba y una bella muchacha rubia, bien conocida por él, se encontraba sentada sobre la mesa en tanto bebía a boca de botella el poco líquido que quedaba en dicho recipiente, se acercó velozmente a ella y se paró justo frente a la pirata quien al verlo dejó la botella, ahora sin una gota, en la mesa y se bajó del mueble para mirarlo de frente, a pesar de estarse tambaleando.
-¿Queee? ¿Qué…que rayuos- haces ti aqui?– intentó cuestionar la rubia señalándole con su dedo índice en tanto lo miraba a los ojos.
-Eso mismo iba a preguntarte Ana– contestó Yoh mirándola con seriedad –mira en que como estás.
-No es…– un hipo inoportuno interrumpió sus palabras –no es de- de…tuya incumben… incon- in- incon… no te importa ¿vera Len?– dijo a su amigo quien levantó la cabeza.
-No– murmuró el oji dorado para volverse a recargar en la mesa.
-Como puedes decir eso, en este momento vamos a regresar al barco– exigió Yoh tomando el brazo de Ana.
-N- no…no me was a duar ordenes, vuete con tu novieeee- cita y dejuame en puaz.
-Nada de déjame en paz, ¡vamonos!
-No he paguado– dijo la pirata volviendo a sentarse.
-Yo lo haré pero te vas conmigo.
-No quiero na- nada de tiu, vete…¡VETEEE!– gritó enojada –paga Len– ordenó al pirata.
-Sí yyo paguo– murmuró el muchacho sacando una bolsa llena de monedas de su bolso y colocándolas en la mesa.
-Entonces solucionado el problema de la cuenta tu y yo nos vamos– dijo Yoh y sin previo aviso cargó a la pirata y se la llevó sobre el hombro.
-BAJAMEEEEEE– gritaba la rubia mientras salían de la taberna –BÁJAME LLEJAME IDIOTA– por suerte para ambos la calle estaba vacía pues apenas estaba amaneciendo pero conforme se iban acercando al muelle vieron a varios marinos quienes observaban la escena del joven que llevaba cargando a una chica completamente ebria.
C – c – C
La bruma matutina tenía los muelles cubiertos por completo, apenas y se veía gracias a la tenue luz de algunos faroles que iluminaban a dos ambulantes figuras, la primera parecía algo deforme pues no se trataba de un solo individuo, sino de un alto joven de castaños cabellos quien traía cargando, recargada sobre su hombre, a una muchacha rubia en un estado muy inconveniente, detrás de ellos un chico de negros cabellos caminaba lentamente, tambaleándose y siguiendo a la pareja muy a duras penas en tanto daba tragos a la última botella que había comprado.
La rubia que el castaño llevaba a cuestas canturreaba, de forma poco entendible, una canción, sin embargo algunas palabras llegaban claras a los oídos de su humano transporte:
-Eres rico lleno de orgu- orgullio, yo soy pobre…tiraaa au vicio, te lo igo borracha… borracha y en mi juicio… definitiva- vamente…borracha, Yoh– "cantaba" la pirata en tanto el aludido dejaba escapar un suspiro.
Conforme se iban acercando a donde se encontraba el barco eran más los testigos de la patética escena, el marino no sabía donde meter la cara ante quienes lo miraban con burla, en tanto Ana parecía haberse quedado dormida porque estaba bastante tranquila, con lo cual Yoh se sintió más reconfortado pero en realidad no bien, después de todo era su culpa que la pirata hubiese acudido a aquel lugar, con esos pensamientos llegó al navío y subió a él, vigilando a Len el cual lo tenía sorprendido porque a pesar de estar tan ebrio no sólo podía estar en pie sino que los había seguido desde la taberna.
En cuanto subieron Pilika comenzó a gritarle a Len acerca del estado en el que se encontraba, sin embargo Yoh pasó de largo a los dos y caminó directamente al camarote de Ana, entró y cerró la puerta con fuerza, haciéndolo a propósito para que la pirata despertara, misión en la que tuvo éxito.
-Con…que dere- derecho– la rubia apenas podía hablar –cierras así, lárgate, es- este es mi camaro- ca- ma- ro- te– dijo lentamente para no seguir trabándose además de que un impertinente hipo comenzó a atacarla en tanto el castaño la bajaba.
-Ana, necesito que me escuches– dijo Yoh con seriedad tomándola de sus hombros –siéntate por favor– pidió en tanto ambos se sentaban en la cama de la pirata, él la abrazó y la besó con dulzura.
-No empe- empe- empecemos conbe con besitos– dijo Ana separándose del castaño.
-Entonces…sólo déjame contarte una historia– comentó el muchacho poniéndose de pie para caminar unos pasos hasta un pequeño escritorio que había en el cuarto –la historia de un niño, un niño al que siempre le decían qué hacer y como debía vivir y pensar; cuando creció su vida no fue muy diferente, hasta que conoció algo maravilloso, el mar– se detuvo un momento para contemplar a la joven que lo observaba con interés –en el mar– continuó –descubrió la verdadera vida junto con todo lo que pudiese desear y necesitar, fue en ese sitio donde encontró el más grande de los tesoros, pero ahora quienes lo tenían atrapado desean volver a atarlo, eso significaría perder todo lo que ama, perder incluso el tesoro que hace poco encontró y si lo pierde…si lo pierde a causa de quienes siempre lo están mandando…su vida no tendrá sentido– concluyó para volver a clavar sus ojos de color negro en la bella figura de la rubia.
-Vaya– comenzó la pirata recargando sus brazos en sus piernas –después…de todo…no tiene un un final feliz– dijo con una voz aun afectada por la bebida de toda la noche –y…he oido historias así: encontré tal cosa, perdí lo otro…pero todos creen que encontraron algo en el mar…o en la montaña…y lo pierden– dijo haciendo una pausa para mirarlo clavando su mirada en la de él –no deberías preocuparte– agregó la rubia –ya encontraras otra…de buena posición…a la que le echen el ojo…tu y tu familia y te libres de Tamao…o cásate…con la niña de azúcar y…
-¡NO ANA!– gritó desesperado el marino acercándose hasta ella para tomarla con fuerza de los hombros y ponerla de pie –no– continuó moderando de nuevo su voz –porque desde que llegué a tu isla…no, desde que te vi, comprendí que había algo que mi familia no podía controlar… mi corazón– concluyó poniendo la mano de Ana en su pecho junto con la propia.
-Eso dices ahora– refirió soltando su mano con fuerza –porque no mejor…tomas de mí lo que quieres…y luego me dejas en paz– propuso ella sentándose de nuevo en la cama.
-Por lo visto no lo entiendes, como quieras Ana, pero… aunque no me creas, te amo, TE AMO– gritó con frustración para salir del lugar dando un portazo, la joven se dejó caer en su cama en tanto su llanto se volvía incontrolable y amargo ante el recuerdo de ese rostro, el del marino a quien amó, tal como él lo había dicho, desde que lo vio, cuando calló herido a sus pies y mentalmente rogó porque estuviera vivo, para poder conocerlo, para conocer el amor a lado de él, si había un dios parecía estarla castigando al cumplirle su deseo.
C – c – C
Todo el lugar permanecía en silencio, un reloj colgado en una de las paredes de ese sitio marcaba la llegada del medio día, lo cual seguramente también era anunciado por el sol desde su cenit, en la misma habitación, sobre una cama, una joven dormía profundamente, sus ojos estaban hinchados por el largo rato en el cual había estado llorando, sus rubios cabellos caían desordenados sobre su rostro y en una de sus manos, sostenido con fuerza, se encontraba un dorado medallón.
La puerta de la habitación de la muchacha se abrió lentamente y un intruso escudriñó todo con sus dorados ojos, los cuales observaron a la mujer de dorados cabellos por un rato hasta que se convencieron de su letargo, por un momento la mano de esa persona pensó en sólo cerrar la puerta e irse, pero un sentimiento contradictorio lo mantuvo en el marco hasta que lo empujó a entrar. Una vez ahí, caminó hasta donde la chica y se sentó en la orilla de la cama, mirándola con interés, la rubia se movió un poco en su lecho, pero sin soltar el medallón y al fin abrió sus ojos del color de la noche los cuales parecían desconcertados.
-Tenías muchos años de no hacer esto– murmuró la joven llevando la mano libre de la joya hasta su rostro y tallar sus párpados.
-¿De qué hablas?– cuestionó el muchacho de ojos color oro que permanecía sentado justo a lado de ella.
-Eso de entrar a mi cuarto y quedarte mirándome hasta que despertará, cuando éramos niños lo hacías todo el tiempo– contestó la muchacha sentándose –y sabes que nunca me gustó que lo hicieras.
-¿Cómo te sientes Ana?– preguntó el chico viendo hacia un punto perdido.
-Vaya pregunta tonta Len, me siento molida, creo que había olvidado lo que era ponerse a beber toda la noche, me duele la cabeza.
-Bueno, físicamente también yo me siento muy mal, pero me refería a… tu estado de ánimo.
-Eso no importa, aunque creo que necesito pensar un rato… un largo rato para…
-Estuviste llorando– interrumpió el pirata –tienes los ojos hinchados, nunca fuiste de las personas que demuestran a carcajadas su felicidad, pero desde que conociste a Yoh lloras hasta cuando estás dormida– refirió con preocupación.
-Sabes que no soy una persona débil…
-Pero sé que no eres de roca y él te ha lastimado mucho, ¿por qué no te olvidas de todo esto? Olvídate de él y su estúpida familia y vamonos, podemos navegar y empezar de nuevo, solo Horo- Horo, Pilika, tu y yo, para qué quieres quedarte con alguien cuyo mundo no te admitirá jamás, en el nuestro estábamos muy bien.
-No me vengas con esos consejos absurdos– regañó la pirata –además si mal no recuerdo tu le hiciste una promesa a Pilika, olvidarte de tu antigua vida y forjar una nueva con ella, ¡estoy harta de los hombres que no cumplen sus promesas!– exclamó enojada –ahora por favor déjame sola, necesito dormir un poco más– concluyó mientras se acercaba a la puerta para abrirla e invitarlo a salir, Len caminó con su cabeza agachada, se sentía avergonzado, pues lo dicho por su amiga no podía ser más cierto, estaba casi afuera cuando la rubia lo detuvo agarrándolo del brazo –gracias– murmuró Ana –gracias por estar conmigo siempre que te necesito– terminó para dejarlo ir y cerrar la puerta, en tanto cerraba dejó escapar un en un suspiro –ay Yoh, de todos los barcos con piratas en el mundo tenías que llegar al mío.
C – c – C
La joven de largos cabellos azules se acercó hasta la puerta del camarote con una bandeja llena de agua que colocó en el suelo para después pegar su cabeza y tratar de percibir algún ruido, pero no escuchaba nada así que se decidió a tocar moderadamente en la puerta, esperó un poco y volvió a tocar con más fuerza pues no recibía respuesta, siguió tocando con y decidió también hablar.
-¡Ana!– exclamó la muchacha –¡Anaaa ¿puedo pasar?!– decía una y otra vez, después de un momento la puerta se abrió con rapidez y una malhumorada joven se asomó.
-Pilika– comenzó la rubia que acababa de abrir la puerta –dime una cosa ¿A quién tengo que matar en este barco para poder dormir un día entero sin que nadie me moleste?– cuestionó enojada.
-Ya, sé que tuviste una mala noche, pero después de todo nadie te dijo que te fueras a beber como una desesperada ¿o sí? Además son más de las tres, no quieres comer algo– sugirió la peli azul entrando al camarote de nuevo con la bandeja en sus manos –hace rato que la tripulación comió, si no comes te enfermarás– regañó.
-Ay sólo esto me faltaba, la mujer de mi mejor amigo me dice qué hacer en mi barco, debo estar en una pesadilla, por cierto ¿dónde está el zángano de tu hermano y Len?
-Fueron a buscar trabajo– respondió sentándose en una silla del cuarto de la pirata y dejando la bandeja en una mesa –te traje agua para que te laves– indicó.
-Sí, gracias y… ¿A buscar qué?– quiso saber Ana al pensar que había entendido mal –y ¿de qué se supone que van a buscar trabajo? De corsarios supongo.
-Cómo crees Ana– contestó Pilika riendo con esa alegre y melodiosa forma que tenía de hacerlo –pero si queremos iniciar una nueva vida tarde o temprano tenían que hacerlo, además viviendo en una isla imagino que saben hacer muchas cosas, además no vamos a vivir toda la vida en este barco ¿no crees?
-Eres muy optimista niña, bueno, me alegra que metas en cintura a Len y ojala encuentren algo, está bien que Horo fuera pescador, pero en cambio Len, como no sea robar y asaltar no creo que sepa hacer mucho– comentó suspirando –sabes, ahora que lo dices me estoy muriendo de hambre.
-Entonces te traeré algo de comer, veras como te sentirás mucho mejor– la muchacha se acercó a la puerta y antes de salir refirió –sé que te duele lo que paso con Yoh pero…creo que él te ama de verdad y por eso lo de ustedes no puede acabarse así nada más.
En cuanto salió la pirata se quedó pensando en las palabras dichas por Pilika, tenía razón, a pesar de todo y de todos y por encima de cualquier obstáculo ella amaba a Yoh y eso era, en conclusión, lo verdaderamente importante. Pasaron algunos minutos desde que la hermana de Horo había salido de la habitación cuando ésta volvió a entrar apresuradamente sin siquiera llamar a la puerta.
-Ana– dijo la joven tratando de acomodar sus celestes cabellos –es que… es que…
-Cálmate por favor y dime qué pasa– tranquilizó la rubia con fuerza.
-Veras es que afuera está una persona… bueno está una señora y… bueno creo… no sé… bueno me dijo…
-¡Pilika, por favor ve al maldito grano!– exclamó con fuerza la pirata.
-Dice que es la abuela de Yoh y que viene a hablar contigo– dijo en una sola emisión la desconcertada muchacha con lo cual dejó congelada a Ana.
-No puede ser– murmuró aterrada en tanto pasaba una de sus manos por sus dorado cabello –pero ¿qué hace aquí? Te lo ruego Pilika, dile que me de un minuto, no puede verme así– dijo mirándose de arriba abajo –estoy echa un desastre– se dijo a sí misma cuando la de cabello azul salió cerrando la puerta. En cuanto escuchó el sonido de la madera corrió a donde tenía guardada ropa, pero toda era casi igual, al fin se decidió por un pantalón negro muy parecido al que traía, se colocó una blusa de color azul oscuro pero que también mostraba su abdomen "debo parecerle una descarada", pensó en tanto se colocaba un grueso cinturón con una hebilla de plata en forma de calavera, "con esto creerá que salí de un cuento de miedo, pero es el mejor que tengo", continuó cavilando, por último tomó su mascada, que estaba sobre su cama, y se la acomodó bien en su cabeza, quería verse lo mejor posible, "debe venir a exigirme que deje en paz a Yoh, por el bien de la honorable familia Asakura" fue su último, y sarcástico, pensamiento antes de abrir la puerta.
Tras la puerta estaba esperando una mujer de edad, elegantemente vestida, con un fino chal de seda de color negro sobre sus hombros, su cabello canoso estaba recogido perfectamente, no era muy alta, pero en cambio tenía una personalidad imponente, era Kino Asakura, la abuela de Yoh quien ahora miraba a la pirata de pies a cabeza sin siquiera cambiar su expresión. Ana respiró profundo y al ver que la mujer no decía nada se decidió a hablar primero:
-Pase por favor– dijo la joven rubia dando paso a la anciana.
-Gracias, con permiso– murmuró la mujer al entrar, permaneció de pie en tanto la pirata cerraba la puerta mirando a Pilika quien se quedó afuera, una vez solas Ana le acomodó una silla a Kino y le señaló que tomara asiento lo que ésta agradeció pero sin perder de vista los movimientos de la pirata –veo que conoces lo más elemental de las buenas maneras– comentó la mujer cuando vio a la rubia sentarse en la cama, justo frente a ella.
-Contrario a lo que es libre de pensar de los piratas, no somos unos salvajes de islote– respondió Ana con aire ofendido.
-Sí, me doy cuenta, pero es verdad que en este momento podrías encender un antorcha con tu aliento– extenuó Kino con sarcasmo con respecto al alcohol que aun dejaba su presencia, lógico después de pasar una noche entera tomando como cosaco.
-No creo que haya venido hasta aquí para hablar de mi forma de ser, la cual quedó bastante clara en su casa, por favor vaya al grano y dígame lo que vino a hacer, siento ser grosera, pero debe entender que ahora está en mis terrenos en donde no me dejaré insultar con facilidad.
-Esta bien, como guste señorita Kyouyama, pero antes respóndame algo ¿ama a mi nieto?– ante la cuestión la rubia no esperó un instante para contestar.
-Lo amo, lo amo como no creo que ninguno de ustedes lo entienda, vaya una pregunta idio… lo siento se disculpó ante lo que su boca estuvo a punto de soltar, pero no entendió muy bien el por qué de sentirse culpable por usar su usual idioma ante la mujer –bueno el caso es que lo amo y detesto a su familia– exclamó la pirata.
-Ya veo, entenderás que no eres para nada del agrado de la familia… en cambio yo no esperaba poder encontrar una mujer más indicada para mi nieto– ese último enunciado dejó a Ana desarmada, creía haber escuchado mal y no fue capaz de decir una palabra, sólo pudo escuchar lo que la anciana tenía que decir –, a excepción claro de su antigua vida dedicada a la piratería, es por eso que he venido a hacerle a usted la misma propuesta hecha a Tamao, luche por él, si tanto ama a Yoh, luche, utilice sus mejores armas para estar a su lado, es verdad, ya lo tiene a él, pero debe ganarse a la familia.
-Pero ¿qué diablos está diciendo? Yo no tengo ninguna oportunidad ante su familia, míreme, soy una pirata completamente, nunca he sabido de otra forma de vida, yo no sé nada de lo que…
-Lo sé, Tamao tiene sobre usted una sola ventaja, su esmerada educación y eso es en lo que deseo ayudarle, yo le daré los medios para que se convierta en una persona decente, sin embargo no cuenta con años para aprender todo esto, tan sólo tiene dos semanas, para probarle a la familia que su valor y su carácter son más que suficientes para transformarse en la esposa que Yoh necesita y la que la imagen familiar desea.
-Eso es imposible… yo no podría…
-Bueno, esa es mi propuesta para ti, la decisión es tuya así que piénsalo y respóndeme.
-¿En este instante?– cuestionó la rubia escandalizada en tanto se ponía de pie.
-Por supuesto, acaso piensas que tengo todo el tiempo del mundo, necesito una resolución inmediata, porque por lo visto es urgente iniciar tu preparación, o hacer que Yoh se olvide de ti– la joven se sintió cohibida por la espontánea familiaridad con la cual de repente le hablaba, pero ante lo último Ana miró a la anciana con enojo.
-¿Por qué debo empezar de inmediato?, ¿por qué sólo dos semanas?, es muy poco tiempo.
-En dos semanas realizaremos una fiesta a la que asistirán las más honorables familias, de hecho desde ayer empezaron a repartirse las invitaciones, en ella se anunciará el compromiso de Yoh con… bueno, si lo logras tu serás su prometida…
-Sino, se casará con esa per… con la tal Tamao ¿verdad?
-Así es, así que dímelo de una vez.
-Acepto, haré lo que sea necesario para estar con él, haré todo lo que esté en mis manos para que no nos separen– exclamó la pirata con firmeza en tanto la canosa mujer dejaba escapar una, casi imperceptible, sonrisa de complacencia.
-En ese caso no hay nada más que decir, acompáñame– dijo Kino poniéndose de pie para comenzar a caminar hacia la puerta.
-¿A dónde se supone que quiere que vaya?– cuestionó Ana acercándose a la abuela del marino.
-Con la persona que te ayudará a cambiar– contestó la mujer poniéndose frente a la puerta, la cual la pirata abrió aunque un tanto desconcertada.
-Pero… ¿nos vamos en este momento?– preguntó la rubia con duda en su voz.
-Claro, como ya te dije no contamos con tiempo de sobra, además no deberías dudar ahora, si quieres puedes decirle a la señorita que está contigo que venga con nosotras y que deje una nota con la tripulación, para que no se preocupen por ustedes, yo me encargaré de informar de mi decisión a mi nieto.
-Sí, está bien– contestó la muchacha abriendo la puerta, ante aquella férrea anciana sentía que nada podía negársele, solo había conocido en toda su vida a una persona con tal autoridad sobre los demás, a su padre, era un poco tonto que comparara a su añorado padre con la abuela del hombre que amaba pero en verdad parecían tener un carácter muy parecido, en el fondo su padre había sido un hombre amable y cariñoso, Ana comenzó a preguntarse si con Kino Asakura sucedía lo mismo.
La pirata prefirió dejar aquel tema por la paz, con rapidez le explicó lo sucedido a Pilika y la peli azul accedió a acompañarla, no sin antes dejarle un pequeño recado a su hermano y a Len, tal y como lo había sugerido la señora Asakura, así después de algunos minutos las tres bajaron del barco y caminaron para alejarse del muelle, hasta la calle empedrada donde los esperaba un lujoso carruaje, el cochero bajó para abrir la puerta y ayudó a subir a la anciana y a Pilika, pero Ana quien fue la última en subir no lo permitió.
Cuando la chica de cabellos dorados se encontró dentro del transporte se topó con la anciana quien estaba ya sentada a lado de una alta y esbelta joven de verdes cabellos, los cuales llevaba recogidos en un elaborado peinado retocado por un magnifico sombrero de color hueso, mismo color del precioso vestido que portaba, un traje ceñido a su figura por la parte superior, con un delicado escote y una falda con mucho vuelo, la mujer era madura, pero bellísima lo cual dejó asombrada a la rubia quien la observaba algo apenada, cuando la peli verde se percató de la mirada de Ana sobre ella le hizo un ligero saludo con una educada inclinación de cabeza lo cual la hizo lucir aún con más clase.
-Jun Asakura, es una parienta lejana, se puede decir que prima de Yoh– refirió Kino a la joven pirata presentando a la mujer que le acompañaba –ella es Ana Kyouyama– dijo volteando hacia Jun –la jovencita de quien te hable.
-Es un placer conocerla señorita Kyouyama– dijo Jun con una voz clara y amable.
-Sí, gracias– respondió la amiga de Pilika sin saber como comportarse ante una joven educada que no le parecía ser tan tonta como Tamao, ni estarla insultando como lo habían hecho muchas otras personas de su posición –ah, es Pilika– dijo indicándoles a la de cabello celeste.
-Pilika Usui, es un placer– completó la aludida bastante nerviosa para después inclinar la cabeza, después de aquellas explicaciones en el carruaje nadie volvió a hacer ningún comentario, Ana se dedicó a mirar por la ventana del transporte, en realidad deseaba evitar la atenta mirada que tenía encima de ella la joven de pelo verde, parecía estarla observando y la rubia no se explicaba que tanto le veía, así que prefirió disimular.
C – c – C
Una abandonada taza permanecía sobre una mesa de blanco mantel, ante ella un joven trataba de concentrarse en la única actividad de beber un poco de té, pero en realidad no tenía muchos ánimos, es verdad, aquel muchacho de buena presencia y cabellos castaños había entrado a ese bonito restaurante con el fin de comer algo, porque no sólo había pasado una horrenda noche pensando en sus problemas personales, también dedicó la madrugada a recorrer las tabernas de mala muerte que rodeaban el puerto, además terminó de arruinar su día peleando con la mujer que amaba en un camarote de un barco en donde no la había podido convencer de lo poco importante que era la opinión de los demás ante el amor que se profesaban y sabía que el hecho de que ella no se encontrara en sus cinco sentidos no tenía mucho que ver, sino más bien su actitud ante su familia, entonces además de no haber dormido tampoco tuvo tiempo de probar bocado, pero ahora simplemente no deseaba hacerlo, quizá lo único que lo impulso a pedir aquel alimento líquido era el haber entrado al local donde ahora se encontraba.
-Debí defender a Ana con la misma fiereza con la que luché contra Hao– murmuró como si se lo dijera a un invisible acompañante –no la apoyé lo suficiente y ese fue mi error– dijo dando otra vuelta a la cuchara de plata dentro de la taza de té, el cual debía estar ya helado por el tiempo que él llevaba repitiendo aquella operación.
Pero Yoh Asakura no pudo continuar más con sus tormentosos pensamientos, porque en la calle un gran alboroto llamó su atención, el joven dirigió sus ojos de negras pupilas al gran ventanal que estaba cerca de él y vio como dos muchachos corrían desesperados en tanto el sonido de unos disparos lejanos resonaba, pronto los dos fugitivos se acercaron al vidrio del local, observados por las indignadas miradas de los comensales del lugar, uno de los chicos era alto y de cabellos color celeste, este miró hacia adentro del lugar con preocupación y después de poner cara de asombro entró corriendo junto con su compañero, sin embargo en su carrera tropezó con una mesa y se fue encima de otra lo cual causó gritos y confusión por todo el lugar.
-Eres un imbecil Horo- Horo mira todo lo que hiciste y ¿para qué te metiste en este lugar?– gritó el acompañante del peli azul a éste quien se encontraba debajo de un mantel.
-Oye no me insultes Len– dijo el atacado en tanto intentaba ponerse de pie y desenredarse del mantel –y me metí por él– dijo señalando al castaño que los observaba tratando de no reír con esa absurda escena, no pudieron acercarse a Yoh porque el dueño de lugar estaba gritándoles enfurecido.
-No se preocupe– interrumpió el marino al dueño –yo le pagaré todo, por favor dígame cuanto es por los daños y en seguida le daré el dinero– dijo Asakura tranquilizando la situación –y díganme muchachos que fue lo que les pasó a ustedes, ¿por qué tenían tanta prisa?– preguntó soltando una ligera risa en tanto el hombre del restaurante le daba un papel con la cuenta de todo lo que debía, Yoh sacó dinero de una cartera que portaba y se lo dio para después salir junto con los recién llegados en tanto las personas de ese sitio los miraban asombradas de que un joven como aquel siquiera dirigiera la palabra a unos desarrapados como los que acaban de entrar.
Los tres muchachos caminaban por la calle, pero Yoh no podía parar de reír recordando la escena del restaurante –Vaya que si tienen estilo para entrar a un lugar– dijo el castaño aun entre carcajadas –que forma de causar alboroto.
-Oye no te estés riendo de nosotros que lo que nos pasó hoy no es gracioso– refunfuñó Horo.
-Sí, jamás imaginé que la gente de aquí pudiera ser tan poco tolerante– refirió Len con la misma seriedad de siempre.
-Esta bien, lo siento, por qué no mejor me cuentan ¿qué fue lo que pasó?– pidió el joven Asakura.
-Ay– suspiró el de azules cabellos con desilusión –es que encontrar trabajo en este lugar es más difícil que robar un barco de la armada.
-¿Ustedes fueron a buscar trabajo?– preguntó sorprendido el castaño.
-Oye tampoco lo digas en ese tono porque no somos ningunos inútiles, o por lo menos yo no lo soy– reclamó Len.
-Ay cállate que tampoco eres ningún santo– lo contradijo su compañero –yo por lo menos la pude haber echo de pescador, pero no, el gran pirata Len quería trabajar en algo mejor.
-Bueno ya, no se peleen, mejor cuéntenme, ¿qué problemas tuvieron?
-Muchos Yoh– contestó el peli azul –primero fuimos a un taller de carpintería, bueno no creímos que sería difícil aprender el oficio…
-Y ¿sí lo fue?– cuestionó el joven de ojos negros.
-Nunca lo pudimos averiguar por culpa de alguien que es un mañoso– respondió el mejor amigo de Ana, lo cual hizo a Yoh fijar su atención en el chico de azul cabello.
-Bueno, es que el tipo con el que hablamos tenía su almuerzo sobre la mesa y como yo no había comido nada me lo comí cuando se descuido…
-Sí, pero el tipo se dio cuenta y claro nos corrió a patadas, además yo tampoco he probado bocado desde anoche y no por eso ando robando comida– regañó Len.
-No, tu te llenaste el estómago de alcohol así que no te quejes, borracho.
-Cierra la boca por que del siguiente trabajo también nos corrieron por tu culpa.
-¿Mi culpa? Estás enfermo, ahí tu fuiste el ratero– discutían los dos en tanto Yoh sólo los escuchaba con atención y sorpresa.
-Bueno, sí, me iba a robar ese bonito reloj dorado que tenía el hombre de la constructora de barcos, pero sino hubieras preguntado "¿qué hora es?"– dijo imitando una tonta voz –él jamás se habría percatado de nada, vaya momento inoportuno para preocuparse por el tiempo.
-Y en el siguiente empleo ¿qué?, ¿vas a decir que tampoco fue tu culpa? Fue un gran momento para volverse coleccionista de tinteros– reprendió el hermano de Pilika –¿sabes lo que hizo?– cuestionó al castaño señalando con desprecio al de dorados ojos –tomó el tintero de oro que tenía un tabernero que nos iba a dar trabajo.
-Sí, me atrapó justo cuando lo estaba guardando, pero fácilmente me hubiera echado a correr, pero no te quedaste ahí paradote y ¿sabes por qué?– gritaba el aludido al marino –porque se acababa de robar una botella.
-¿Como iba a saber yo que se enojaría tanto porque rompí la botella cuando chocaste conmigo?– se defendió Horo.
-Y crees que yo sabía que tenía pistola.
-Entonces te hubieras traído tu arma, si lo que querías era robar a la gente.
-Eso iba a hacer pero tu hermana no me dejó, ya no te acuerdas que me dijo que "¿para qué quieres un arma si vas a buscar trabajo?"– dijo remedando a la joven.
-Oye más respeto con mi hermana, el hecho de que está tan loca como para querer casarse contigo no te da derecho de decir eso.
-El loco lo serás tú, pobre de Pilika, ¿qué habrá hecho para merecer un hermano como tu?
-Tranquilos amigos, miren, vamos a buscar un lugar adonde coman algo, es más yo invitó– calmó Yoh en tanto continuaban caminando –después los ayudaré a buscar trabajo– comentó riendo a carcajadas en tanto los dos piratas lo miraban aún enfadados.
C – c – C
Los tres jóvenes pasaron en un pequeño mesón casi toda la tarde, platicando de temas de poca importancia, en realidad todos querían evitar el dilema principal que los preocupaba, el de uno de ellos quien en realidad no había dejado de pensar un solo instante en cierta pirata de cabellos de color de oro, cuando los tres se levantaron de la mesa en donde habían comido, aunque el castaño que acompañaba a los dos piratas casi no lo había hecho, salieron del lugar y se preguntaban qué debían hacer ahora.
-Mañana los acompañaré a buscar trabajo, así también vigilaré que sus piratezcas mañas no los traicionen– dijo alegre el castaño.
-Está bien Yoh, ahora ¿por qué no nos vamos al barco?– sugirió Horo- Horo.
-No, en casa deben estar preocupados y…
-Sé que no quieres encontrarte con Ana para evitar más desentendimientos entre ustedes– dijo Len con aquel tranquilo y calculador tono que lo caracterizará –pero no debes preocuparte ella debe estar encerrada en su camarote sin querer hablar con nadie o quizá siga dormida, además no vamos a llegar anunciándote con una campana, ahí podremos platicar mejor.
-Está bien– se rindió el marino –entonces vamos– finalizó no muy convencido para después ponerse en marcha junto con sus amigos.
No tardaron mucho en llegar al barco, cuando lo abordaron se dieron cuenta de que todo lucía muy tranquilo, de pronto uno de los hombres de la tripulación salió de la parte de abajo del navío y saludo a los jóvenes.
-La capitana y tu hermana salieron– dijo a Horo el hombre en tanto se buscaba algo en los bolsillos.
-¿A dónde fueron?– cuestionó Len con extrañeza –no me dijeron que planearan salir– comento el oji dorado tomando la hoja doblada que les extendía el miembro de la tripulación.
-No lo sé– contestó el aludido –cuando ustedes acababan de irse llegó una señora muy bien vestida en un carruaje, entró a hablar con la capitana y después salieron juntas, Pilika escribió esto y me lo dio.
-¿Cómo era esa señora?– quiso saber Yoh.
-Era de edad, todo su cabello era canoso, pero no muy alta y además su expresión daba miedo– contestó el interrogado.
-Mi abuelita– murmuró Yoh, Len lo miró y le dijo.
-Aquí dice que irían para ayudar a Ana a cambiar, no entiendo– refirió Len mostrando el papel al castaño –dice Pilika que regresa pronto.
-A cambiar– repitió el marino pensativo –tal vez fueron a… Len ven conmigo, Horo quédate aquí por si regresan, si averiguamos algo vendremos a decírtelo, vamos Len– dijo corriendo para salir del lugar. El pirata no entendió nada, pero igual lo siguió.
C – c – C
Yoh y Len viajaban en un coche, el primero había indicado una dirección al cochero, pero no explicó nada a su acompañante, el cual se veía exasperado por no saber ni a dónde se dirigían, si el castaño ya sabía el paradero de las dos muchachas por qué tanto misterio.
-Por lo menos dime ¿a dónde diablos vamos?– reclamó el de ojos dorados clavando su mirada con furia.
-Veras, la carta decía que Ana iba a cambiar, mi abuelita vino a verla así que sólo significa una cosa.
-¿Qué? ¿acaso ella si acepta a Ana?
-No lo sé y no me quiero hacer ilusiones tan pronto, tal vez me equivoque, pero solo hay una persona que la podría ayudar a educarse.
-Ana no necesita educarse, no es una niña y su forma de ser me parece bien– señaló enojado el pirata.
-Ya lo sé, ay Len sabes de lo que hablo, mi familia no la quiere porque no les parece su forma de ser, eso es lo que… bueno ya lo sabremos cuando lleguemos.
-¿A dónde Yoh? Eso es lo que quiero que me digas.
-Veras, tengo una prima, ella es una gran institutriz, fue educada en las mejores escuelas…
-¿Institu…qué?
-Institutriz, una maestra, solo que de buenos modales para las señoritas de sociedad.
-Que los demonios me lleven– maldijo Len –solo nos falta que lleguemos y encontremos a Ana igual de remilgosa y modosita que la tal Tamao, me corto la garganta antes de verla así.
-Ser educada no quiere decir ser melosa y tonta como Tamao, además no es correcto hablar de ella así, ni modo, mi familia siempre le dio mucha importancia y su padre la consiente demasiado– sugirió Yoh en tanto los dos volvían a guardar silencio, sólo les quedaba esperar a llegar hasta donde el castaño marino se imaginaba que podía encontrarse la mujer que amaba, esperaba que sus esperanzas estuvieran fundadas en algo más que conjeturas, aunque no estaba seguro de si lo que quería era someter a Ana a la difícil prueba de la sociedad y volver a enfrentarla con su familia.
CONTINUARÁ…
Bueno, en la primera parte de este capitulo, incluimos un párrafo de la canción "El plebeyo", de la cual hay varias versiones, una de ellas con Pedro Infante, su autor es Peruano, no recordamos el nombre, perdonen nuestra ignorancia, si alguien nos pudiera pasar el dato se lo agradeceríamos mucho.
Lo que Ana más tarde va "cantando" (cuando Yoh la lleva cargando) es una pequeñísima línea de la canción "Cuando salgo a los campos" de Luis Pérez Meza.
Y por último, hicimos un muy pequeño homenaje a la película "Casablanca", más que conocida, en el dialogo que sostienen Yoh y Ana, como lo hacen en dicha película Rick (Humphrey Bogart) e Ilsa (Ingrid Bergman) en el Bar del primero.
IAT: Una vez con todos los detalles aclarados…
SF: sólo podemos esperar que les haya agradado el capítulo y…
IAT: vamos a los reviews.
RESPUESTAS A LOS REVIEWS:
DE SHAMAN FAN:
VICKY –Todas tus plegarias han sido escuchadas hija mía y si sufriste mucho con el anterior este no es para personas sensibles y uno puede morir de tristeza al leerlo. Pero ya en serio que bueno que te haya gustado y el que venga también te agrade, con respecto a tu país me gustaría visitarlo alguna vez, espero que nos vuelvas a escribir para el siguiente capitulo hasta luego.
GALIA V –Estamos resignados a escribir otro capitulo de este dignado fic que ahora podrás ver y x favor no pongas tanto dignaron que ya se me pego, con respecto a lo que piensas de Tamao y el animal que representa mi hermana piensa lo mismo. Espero que nos vuelvas a escribir tus reviews muchas gracias.
MISSUME YOSHIKAWA –Me gustó mucho que te agradara la historia y que siga gustando pese a ya ir en el capitulo17 .En todas las épocas desde que las reglas sociales existen la gente ha sido marcado por el valor monetario y no por el que realmente cuenta, lo de adentro, son los peores los que mejor se muestran en sociedad y los mayores tesoros no son de plata y oro como la amistad y el amor eso es lo que vio Yoh en Ana no su aspecto sino su alma. Espero que vuelvas a escribir.
DE ITAKO ANA TENSHI
VICKY – SIPI, perdón por tardarnos tanto pero es que los últimos retoque nos tomaron más tiempo del necesario, como veras la desgraciada esa de Tamao está planeando cosas y ni modo parece estarse preparando para seguir molestando, pero bueno ya lo descubriremos en el siguiente capitulo, créeme que tratamos de no tardar tan psicopatamente, ni modo eso de estudiar un idioma como el japonés no deja muy libre mi cabecita, sin embargo me esforzaré.
GALIA V – Ay no tienes idea de lo de acuerdo que estoy contigo con respecto a Tamao, como la odio, porque estará molestando, ni modo alguien tiene que crear el conflicto en esta historia. En otro tema, créeme que trato de escribir lo más que puedo, creí que al terminar la escuela me sería más fácil sin embargo no contaba con un extraño y difícil examen de japonés que tengo que realizar en diciembre, aun así seguiré haciendo lo posible para publicar en menos tiempo. Nos leemos y muchas gracias.
MISSUME YOSHIKAWA – Que bueno que la historia te guste tanto y tienes razón, tiene muchos mensajes entre ellos que lo más valioso no son las riquezas, pero bueno mejor síguenos leyendo y te agradezco mucho tus reviews, ojala sigamos leyéndonos otro rato. Bye y gracias.
