Disclaimer—La mayoría de los personajes de este fic son propiedad de Inoue y los que no estaban definidos en su obra y otros inventados son todos culpa mía... no me lo tengáis en cuenta xD
Advertencia – Este es un fic yaoi, es decir chico x chico, además puede contener escenas lemon. Si no te gusta este género... ¿qué haces leyendo?
CAPÍTULO 16 - Luchando por lo que quiero.
- Asume tu responsabilidad. -dijo Rukawa. Hanamichi lo miró aún más confundido. Sonaba como una mujer embarazada por accidente- Has dicho que me apoyarías. Voy a ir a hablar con mi padre. Y más te vale que me des un puñetazo si ves que voy a salir corriendo. De otro modo no te lo perdonaré nunca.
No lo había podido evitar, una sonrisa tierna se había instalado en su rostro cuando escuchó aquella frase de Rukawa. Lo iba a intentar. Por él. No podía más que sentirse afortunado por aquellos sentimientos que el moreno tenía hacia él.
- Vale. Si es necesario te daré hasta un cabezazo -dijo Hanamichi con seguridad.
- Tú y los cabezazos... -suspiró Rukawa cogiendo una toalla y empezando a secarse.
- ¿Qué estás insinuando? -dijo Hanamichi con cierto tono de enfado en la voz.
Se giró y comprobó como media sonrisa adornaba el rostro de Kaede y eso le hizo sonreír a él también. Lo tenía claro, ser egoísta a veces tampoco estaba tan mal. Esa era el tipo de relación que tenían y si no querer perderla significaba ser egoísta, lo sería las veces que hiciera falta.
Hanamichi no había podido evitar quedarse embobado unas cuantas veces con Rukawa. Mientras este se estaba secando o cuando la toalla se había deslizado hasta la cintura dejando ver aquella espalda bien formada. O mirando como las gotas de agua del pelo del chico caían sobre sus hombros y se deslizaban cuello abajo. Malditas gotas... ¡Cómo las envidiaba! Se maldijo mentalmente cuando vio que sus pensamientos cada vez se acercaban más a las perversiones de Rukawa. Estaba claro, este hombre lo estaba pervirtiendo. Aunque la verdad es que no le suponía un gran suplicio. Notó como unas manos se deslizaban por su cintura y se entrelazaban en su torso.
- Te veo lento vistiéndote -le susurró la voz de Rukawa al oído, aquello le provocó un escalofrío.
- ¿Qué haces? -gritó a la defensiva- No estoy lento. ¡Si no me entretuvieses!
Vio como un leve atisbo de confusión llegó al rostro de Rukawa, seguramente estaría preguntándose cómo lo había entretenido si hasta hacía un minuto escaso se estaba vistiendo. Hanamichi se había sonrojado ligeramente, ¿por qué demonios le había dicho eso? Si le daba muchas vueltas al asunto acabaría por sacar conclusiones, y ahora, de lo que menos ganas tenía, era de que se creciera pensando que perdía el culo por él. Bueno, en realidad, aquello no era muy falso.
- ¿Me estabas mirando mientras me vestía? -dijo Rukawa repentinamente, Hanamichi casi se atraganta con su propia saliva.
Demasiado inteligente era, a veces. Rukawa dibujó media sonrisa. Para su sorpresa, Rukawa no dijo nada y salió fuera a esperarlo. Se lo quedó mirando durante un leve segundo y luego prosiguió terminándose de vestir. Sólo le faltaba que volviera a entrar para volverle a repetir que estaba siendo lento. Se abrochó la cremallera del pantalón y salió fuera, donde Rukawa le esperaba apoyado en una pared, con la bolsa de deporte de Sakuragi en una mano.
- Está toda llena de hojas -dijo Hanamichi cogiéndola y quitando alguna de encima.
- Eso te pasa por tirarla a los matorrales -dijo Rukawa sonriendo con sorna.
- Te la tiré a ti -dijo Hanamichi tranquilamente- Que acabara en los matorrales fue un error de cálculo.
El pelirrojo se puso de morros cuando escuchó la risilla superior de Rukawa. ¿Siempre tenía que acabar burlándose de él? Lo peor es que ni ya podía enfadarse en condiciones, porque acababa pensando que eso formaba parte de su rutina y sabía que Rukawa no lo decía con mala intención. El camino fue ameno y hasta se le llegó a olvidar hacia dónde se dirigían. Pero el peso de la realidad volvió a estar sobre su espalda cuando estuvieron delante de la casa de Rukawa. Estaba muy nervioso, no podía imaginarse cómo iba a salir esta conversación. Miró a Rukawa de soslayo y lo vio mirando hierático la puerta.
- ¿No estás nervioso? -dijo Hanamichi.
- Estoy aterrado, que es diferente -dijo Rukawa.
Le pegó un puñetazo en el hombro y Rukawa se giró para mirarlo arqueando una ceja. Hanamichi puso una pose victoriosa y Kaede no pudo más que sentirse confundido. Es como si de repente ambos hablaran dos idiomas diferentes y no pudieran establecer una conversación con sentido.
- ¿Qué haces? ¿Por qué me pegas? -dijo Rukawa finalmente
- Por si te querías ir corriendo -dijo Hanamichi triunfalmente.
- Aún no, pero gracias ¿eh? -dijo irónicamente Rukawa
- ¿Tienes llaves? -dijo Hanamichi sin dejar de mirar la puerta
- No. Me las he dejado. -dijo Rukawa.
- Perfecto. -contestó Hanamichi con ironía.
Ambos se callaron de sopetón y se quedaron algo rígidos cuando la puerta de la casa se abrió de golpe y se encontraron frente a la mirada helada de Akito, el padre de Rukawa. Hanamichi empezó a entender un poco más el miedo que le tenía a su padre. Esta vez, el hombre ya no se molestaba en poner una fachada de falsa amistad delante de Hanamichi. Tenían que marcharse y sabía que la presencia allí del pelirrojo no indicaba nada bueno. Además, su hijo había vuelto a desobedecerlo yendo a verlo.
- ¿Podemos hablar dentro? -dijo con una voz totalmente calmada Rukawa. El padre dirigió aquellos ojos fulminantes a su hijo- No me gustaría que los vecinos se enterasen de los problemas de esta familia.
Akito se echó a un lado, y ambos entraron. Avanzaron hasta llegar al comedor. Tanto Hanamichi, como Rukawa se giraron para encararlo de nuevo. Un silencio demasiado tenso se había instalado en el lugar. En serio que le gustaría salir corriendo de allí o le gustaría intentar que su padre creyese que aquello no tenía relevancia de ningún tipo. Pero sabía que aquello no haría feliz a Hanamichi. La verdad era que le importaba poco ser infeliz él mismo. Había estado muchísimos años de su vida sumergido en aquella infelicidad de la que ni había llegado a ser consciente. Pero no quería huir de Hanamichi. En cierto modo se había abierto camino en su vida por la fuerza. Había cambiado su manera de ver las cosas. ¿Acaso era ahora justo dejarlo con un palmo de narices por culpa de su padre? La respuesta era un no rotundo.
- Padre. He decidido que no puedo irme de Japón -dijo Rukawa finalmente. Hanamichi lo miró de reojo.
- ¿Qué? -logró murmurar Akito después de unos segundos.
- No puedo marcharme y dejar el colegio y toda la gente que conozco aquí -dijo Rukawa con un tono respetuoso al cien por cien.
- Kaede, hijo... -empezó Akito. A Hanamichi se le pusieron los pelos de punta ante aquel tono tan calmado. Pero Rukawa empezó a tener auténtico pánico.- Si es por el básquet, no te preocupes. Te buscaré una de las más prestigiosas escuelas allí en Estados Unidos.
- Padre. No puedo abandonarlo. No puedo abandonar a Sakuragi -dijo Kaede- Yo me metí en su vida y la destrocé toda. La puse patas arriba. Lo quiero, padre. Por eso, no puedo abandonarlo.
Las palabras de Rukawa le estaban llegando directamente al corazón. Él, en realidad, no consideraba que le hubiese destrozado la vida. Sólo le había hecho ver la verdad antes de que fuera demasiado tarde y hubiese cometido un error con Haruko. Él también lo quería. Por eso, no podía permitir que se marchara. No era tan difícil de comprender, ni tan loco. Vio como Rukawa retrocedía un paso ante el avance imparable de su padre, que lo asió por la camiseta y lo empujó hasta hacerlo chocar contra una pared.
- ¿Te estás oyendo, maldito criajo? -gritó Akito- No sabes lo que quieres, NUNCA lo has sabido. ¡Y ahora vienes diciendo que quieres a este chico! ¡A un chico! ¿Te has golpeado la cabeza? -volvió a atraerlo y a volverlo a empujar con fuerza contra la pared- No voy a permitirlo, ¿me entiendes? ¡Te lo haré comprender a la fuerza si es necesario!
- ¡Ya basta! ¡Deténgase! -dijo Hanamichi avanzándose hacia ellos e intentando apartar el agarre del padre de Rukawa.- ¡No puede hacer esto!
La mirada verde de Akito se posó en Hanamichi, furiosa. Aquello hizo que, por un momento, Hanamichi sintiese un escalofrío. Igualmente no se arrepentía de haber detenido a aquel hombre. No podía seguir tratando a Kaede como si fuera un muñeco cuya voluntad puede manipular. No soportaría ver como lo vapuleaba. Aún menos sabiendo que él pintaba algo en aquel asunto.
- ¡Tú! -dijo Akito apuntando el dedo acusador y empujando con él levemente a Hanamichi- Tú tienes la culpa, ¿verdad? Le has comido la olla. Desde siempre ha estado falto de personalidad pero esto...
- ¡Él no ha tenido nada que ver, padre! -dijo Rukawa acercándose ahora a Hanamichi- Te lo he dicho. Desde un principio he sido yo. Me gusta. Lo he querido. Siempre lo he deseado. Acéptalo, padre. Soy homosexual. Me gustan los hombres.
La última frase fue acompañada de un sonoro golpe. El sonido de la bofetada que Akito había plantado en la mejilla de Rukawa.
- ¿Cómo te atreves? -dijo Akito preparando la mano de nuevo para volver a golpearlo.
- ¡Ni se le ocurra volverlo a golpear! -dijo Hanamichi intentando apartar a Rukawa del alcance de su padre- Esto es maltrato, ¿sabe? La ley lo pena.
- ¿Me estás diciendo cómo educar a mi hijo? -dijo Akito - ¿TÚ? No eres más que un mocoso que no comprende que lo que hace no es más que una blasfemia.
- ¡Me parece que es usted el que no comprende! -dijo Hanamichi ahora algo ofendido por el comportamiento que estaba teniendo Akito.
- ¿Este era tu plan, no? -dijo Akito mirando a Rukawa- Este es tu ideal de una charla familiar. Cuando alguien que no es de la familia y que no pinta nada está por medio.
- ¿Qué no pinto nada? ¡Estoy saliendo con su hijo! ¡Que le entre en la sesera! -dijo Hanamichi cada vez más enfadado.
- ¡No oses hablarme así en mi propia casa! -dijo Akito señalando acusadoramente a Hanamichi.
- Hanamichi -dijo Rukawa repentinamente, llamando la atención de ambos- ¿puedes dejarnos a solas? Quizás no lo abarqué como debiera.
- Kaede -empezó a protestar el pelirrojo.
- No me voy a echar atrás. No hace falta que te preocupes. No necesitaré tu cabezazo -dijo intentando sonar tranquilizador.
- No es sólo eso. ¿Qué pasará si...? -empezó Hanamichi. Rukawa le puso un dedo en los labios acallándolo y lo miró suplicante. El pelirrojo suspiró- Está bien. En cuanto termines, ven a casa.
Observó como Kaede afirmaba con la cabeza y lo acompañaba hasta la puerta. Antes de que cerrara le rozó levemente la mejilla con la mano. Rukawa dibujó una media sonrisa dulce. Se sintió tranquilo durante medio segundo. El tiempo que tardó en ver la cara roja de ira de Akito y de ver como la puerta se le cerraba en las narices. No tenía más remedio, él se lo había pedido, y confiaba en él.
- Hana-chan, cielo, no dejas de mirar la hora. ¿Estás esperando algo? -dijo la madre de Hanamichi, observando como su hijo dirigía la mirada al reloj por vigésimo-quinta vez.
- Mamá, ¿no ha llamado nadie? Rukawa tiene que venir y pensé que quizás se perdiera -dijo Hanamichi
- Hana-chan, ¿qué te dije de Rukawa? Deberías aleja-- -empezó.
- Mamá, ¿alguna vez has tenido ganas de pegarme? -dijo Hanamichi mirando a su madre tímidamente.
- ¿Una colleja educativa? Muchas veces. -dijo la madre pegándole una leve colleja.
- No me refiero a eso. Me refiero a pegarme con ganas de hacerme daño -dijo Hanamichi. El gesto de su madre se tornó grave.
- ¿Cómo puedes pensar algo así? Yo te quiero mucho, Hiro te quiere mucho y tu padre también te quería mucho. Nunca se nos hubiese pasado por la cabeza el hecho de querer hacerte daño -dijo su madre- Unos padres, querer hacer daño a sus hijos... ¿Qué ocurre Hana-chan?
- A Rukawa. Su padre no tiene reparo alguno en golpearlo -dijo Hanamichi bajando la vista a la mesa. Su madre abrió la boca sorprendida.
- ¿Estás seguro de lo que estás diciendo, Hanamichi? Eso es muy grave. No se pueden hacer bromas sobre algo así... -empezó su madre.
- Después de años su padre quería que se fuera con él a Estados Unidos. No es por su bien, o algo como eso. Sólo quiere tenerlo cerca para vigilarlo. -dijo Hanamichi sabiendo que su madre empezaría con el típico: "Es su padre, sólo quiere lo mejor para él" - Él no quería ir y le estaba intentando hacer ver su punto de vista. Mamá, creo que era la persona más educada sobre la faz de la tierra en aquel momento, y le pegó un tortazo. Encima se han quedado allí hablando a solas. Estoy preocupado. Creo que ya tendría que haber vuelto.
La madre de Hanamichi se quedó helada ante la historia de su hijo. ¿Aquel muchacho se había quedado solo en la misma habitación que un hombre que no tenía reparo alguno en pegarlo? El timbre de la casa los sobresaltó a ambos. Hanamichi no tardó más de medio segundo en incorporarse y salir corriendo hasta la puerta. Su madre lo siguió de cerca.
- Lamento llegar tarde -dijo Rukawa con su tono habitual. Seco y sin emoción alguna.
Pero la situación no era normal ni mucho menos. Tenía un leve corte en el labio y lo peor era el corte en la frente, que sangraba. La madre de Hanamichi pegó un grito ahogado mientras exclamaba un "Dios mío..." Hanamichi estaba helado, sin saber cómo reaccionar.
- ¿Qué demonios te ha hecho? -acabó por espetar.
- Me empujó hacia el espejo que hay en el comedor y bueno... Se rompió. Fue un accidente.
- ¡No lo defiendas! No ha sido un accidente. ¿¡Por qué no te defiendes?! -dijo Hanamichi iracundo.
Rukawa bajó la vista y enseguida entendió el motivo. No podía. Era superior a sus fuerzas. Hanamichi apretó la mandíbula con fuerza. La mujer miró como la ira de su hijo no le permitía analizar la situación fríamente.
- Pasa dentro -dijo Hanamichi con tono aún serio pero ya menos inflexible.
- No, Hana-chan. Será mejor que vayamos al médico para que le miren el corte de la frente. Creo que va a necesitar puntos -dijo su madre- Voy a por mi chaqueta, esperad un momento.
La mujer corrió todo el pasadizo hasta la cocina, cogió un paño y su chaqueta y volvió hasta la entrada. Con cuidado apartó el flequillo de Rukawa, que no se movió ni un milímetro, y le puso el paño en la herida. Le cogió la mano y se la puso en la frente.
- Presiona fuerte, ¿vale? -dijo la madre de Hanamichi sacando las llaves del coche del bolsillo de la chaqueta. Rukawa afirmó- Vamos.
El camino hasta el hospital estuvo sumido en un incómodo y profundo silencio. Cuando llegaron a Urgencias, al ver la herida, los atendieron enseguida, y tal y como pensó le dieron puntos en la frente. Aún así el chico no hizo ningún gesto de estar sufriendo demasiado. Un pellizco de culpabilidad se formó en su estómago. Ella que había querido que su hijo se alejara de aquel chico, y éste estaba pasando por unas penurias que nunca podría haber llegado a adivinar. Aún así el chico no culpaba a su padre, no demostraba ningún tipo de dolor cuando lo estaban cosiendo sin anestesia... Imaginarse qué tendría que haber pasado para estar en ese estado anímico le hacía sentir que se le partía el corazón.
Rukawa había alegado, antes que nadie abriese la boca, que se había caído y se había dado con un cristal. Dijo que la herida del labio había sido con otro cristal. El médico se lo acabó creyendo, pero a Hanamichi aquello le crispaba los nervios. Aquel hombre no se merecía la protección de Rukawa, y menos por aquello. Ya de vuelta en el coche, Hanamichi volvió a sentir que tenía la suficiente calma como para volver a hablar.
- ¿Dónde está tu padre? -preguntó Hanamichi.
- Ha vuelto a Estados Unidos. No quería perder el vuelo. -dijo Kaede
- ¿Y tu madre? -preguntó la madre de Hanamichi.
- No sé. Estuvo por aquí hace poco. Pero no sé dónde estará -dijo Rukawa.
- Por esta noche te quedas en casa, ¿vale? Y si hace falta también puedes quedarte mañana -dijo la madre de Sakuragi.
- No hace falta. Tengo asuntos que atender y no querría molestar -dijo Kaede.
- Aunque sea esta noche -dijo suplicante la madre de Hanamichi. Éste agradecía la insistencia de su madre- Así me quedaré más tranquila.
- Gracias. Lamento las molestias. -dijo educadamente Rukawa.
Cuando llegaron de nuevo al apartamento, el padrastro de Hanamichi los estaba esperando en la puerta. Corrió hasta ellos con aire de preocupado.
- Nana, ¿qué ha ocurrido? Me preocupé cuando volví y no había nadie en casa -dijo Hiroshi.
- Ha surgido un imprevisto con Rukawa-kun -dijo Nana.
Mientras los padres de Hanamichi se adelantaban y entraban charlando en voz baja sobre lo que había ocurrido, Hanamichi empezó a caminar seguido de Rukawa. Una vez dentro el moreno se detuvo totalmente, cosa que hizo que Hanamichi se girase a mirarlo.
- Tengo que hacer una llamada privada, ¿puedo usar el teléfono? -dijo Rukawa.
- Sí, claro. -dijo Hanamichi guiándole hasta el teléfono- Estaré en mi habitación.
Salió al pasillo y pegó un silencioso puñetazo a la pared. ¿Qué tenía que haber pasado realmente? Rukawa estaba callado, mucho, demasiado. Lo peor es que lo notaba distante y no podía evitar sentirse culpable al respecto. A los minutos de estar esperando en su habitación, Rukawa entró en ella y se quedó mirando a Hanamichi. Un gesto de dolor recorrió el rostro de Hanamichi y se avanzó hasta que lo rodeó con sus brazos.
- Lo siento... Lo siento mucho -dijo Hanamichi.
- ¿Por qué te disculpas? -dijo Rukawa respondiendo al abrazo.
- Si no te hubiese dicho que te quedases, no te hubiese hecho daño. -dijo Hanamichi con la voz medio rota- Lo siento.
- Si me hubiese ido quizás a corto plazo no me hubiese hecho nada, pero quizás a largo plazo hubiera sido peor -dijo Rukawa- No me arrepiento.
- Entonces, ¿por qué actúas tan distante? -dijo Hanamichi con cierta molestia.
- Lo siento. Tengo muchas cosas con la cabeza y no sé cómo reaccionar aún -dijo Rukawa paseando la mano por la mejilla de Hanamichi- Sabes que esto no se me da bien.
- Kitsune tonto... -dijo Hanamichi con un deje de voz, aunque ya más tranquilo- ¿En serio te irás mañana?
- Sí. Tengo cosas que hacer y no podré ir al instituto. -dijo Rukawa. Hanamichi levantó la cabeza con preocupación. Rukawa esbozó una sonrisa dulce- No me voy a ir. Te lo prometo. No me he dejado abrir la cabeza para luego marcharme.
- ¿Me lo prometes? -dijo Hanamichi frunciendo el ceño, aún no muy convencido de lo que le estaba diciendo Rukawa.
- Te lo juro. -dijo Kaede firmemente.
- Más te vale que no faltes a esta promesa -dijo Hanamichi avanzándose y robando un beso de los labios de Rukawa.
AAAAAAAAAAGH!!! LO SIENTOOOO!! NO TENGO PERDÓN DE DIOx! T.T... Joer es que hace casi un año. Lo siento muchísimo, de verdad He tenido una inspiración divina para escribir fanfics de Kingdom Hearts, así que a eso me he dedicado durante todo este tiempo, lo lamento, de verdad Bueno, parece que ya se ha solucionado todo este tema del padre de Rukawa. Más de medio año... aaagh lo siento de verdad, lo siento muchísimo T_T!!!! Juro que no era mi intención tardar tanto. Bueno voy a dejar de poner tantos comentarios sobre lo que he tardado y lo que me arrepiento. Paso a comentar vuestros adorables review.
Elena, jaja lo siento. Es que ahora escribo capítulos algo más cortos que normalmente. Jajaja la manera de convencer a Kaede es la mejor. La próxima guerra ha llegado! XD lo siento de verdad Y que sepas q me encanta ver tu review, que me sigues dsd el principio y estoy feliz que no me abandones ;_;
Nidia,Hola! Me alegra que te gustara. Siempre se hace "extraño" cuando lees el primer fanfic yaoi, pero si no te disgustó, mi amiga, creo que tú eres de las mías. XD El padre de Kaede es un poco bastante mucho muy malo xD Espero que te guste este capítulo también.
Trinity17, Hola! No pasa nada! Más vale tarde que nunca. Además yo tardé también mucho en actualizar, así que estamos empate :P Jajaja me alegra que te gustara el Lemmon ò.ó y espero que también te guste el capítulo. Nos vemos!
Naru-chan, Holaa!!! Claro que lo continuo ò.ó Nah, el viejo asqueroso del padre de Rukawa le pegamos una patada si es necesario. Pues la verdad es que aún no tengo decidido el final, supongo que será feliz XD Gracias por las felicitaciones, me animan mucho n.n me alegra que guste mi fic. Saludos!!!
Ale y esto es todo por esta vez.
Nos vemos en el próximo capítulo.
Miruru.
