Disclaimer: Tanto el fic como la pelicula no son míos. Esto es una TRADUCCIÓN de un fic inglés. Tengo el CONSENTIMIENTO de la autora para traducirlo. Como siempre, pongo sus notas de autora y lo traduciré tan exacto como pueda. Por tanto, NO me digais qué es lo que he traducido "mal" porque ha sido una adaptación, tal vez, de la palabra para que tenga concordancia.
Copyright: Por favor, no copiar el fic original ni la traducción.
La Autora me ha pedido que os avise de que está basado en la Sra. Lovett del Revival de Sweeney Todd del 2005 y en el Sweeney Todd de la pelicula. Es decir, Patty LuPone y Johnny Depp.
Fantasías de Medianoche
Midnight Fantasies
Autor: EverTheDreamer
Traductora: NellieLovet
Capitulo 2
No llovió otra vez en más de quince días.
La Sra. Lovett había estado tumbándose en su cama desde la tormenta, escuchando los pasos del barbero encima de ella. Cerrando los ojos, concentrándose en los recuerdos, determinada a recordar cada detalle mientras se aliviaba en su mente.
Su cuerpo, cubierto de sudor, contra el mío… Su mano en mi rodilla, acercándome a él… Su caliente aliento sobre mi cuello…
La Sra. Lovett se estremeció, empezaba a costarle respirar.
Cuando al fin volvió a llover, la Sra. Lovett podía prácticamente escuchar a su cuerpo pidiendo a gritos a su querido Sr. Todd más que en todas las otras noches junts.
Esto, se dio cuenta la Sra. Lovett, es lo que debe sentir él, dolido por su "preciosa Lucy."
Casi podía sentir el fantasma de sus labios sobre los suyos, su cuerpo junto al suyo.
El ritmo de la lluvia en la ventana… Ese es su ritmo, nuestro ritmo.
—Oh, Sr. Todd —suspiró, desesperada.
Ciega de deseo, se escurrió entre las sábanas, al aguacero, y subió las escaleras de la barbería.
—¿Sr. T? —susurró, su voz llena de lujuria, mientras abría la puerta. La puerta golpeó la pared, haciendo sonar la campana.
—¿No es Benjamin esta vez? —se mofó, mirando a través de la ventana.
Rápidamente, cruzó la distancia entre ellos y pasó sus brazos alrededor de su cintura. Apoyando su mejilla en su omoplato, pudo respirar el olor a almizcle que había en él.
Sweeney se tensó al contacto, la lluvia, que había empapado su camisón, contrastaba con la piel caliente de ella.
—¿Sr. T? —repitió, habiendo decidido, de hecho, que no estaba muy orgullosa. Le necesitaba, necesitaba abastecer sus sueños hasta la siguiente lluvia torrencial.
Sweeney odiaba admitirlo —jamás lo diría en voz alta— pero él sabía que su cuerpo se moría por ella, también. Y él la odiaba por ello. ¡Se suponía que la lluvia es de Lucy! Lucy amaba la lluvia. Lucy estaba hermosa en ella. ¡Ahora esta maldita ramera se lo ha robado!
La Sra. Lovett deseaba, desesperadamente, que Sweeney dijese algo —¡cualquier cosa! — que le indicase qué estaba pensando.
—Señor-
—¡Cállese, mujer! —gruñó Sweeney, cortándola y girándose sobre su talón para aproximarse y tirarla a la silla de barbero.
La Sra. Lovett le miró, asustada, mientras el comenzaba a andar. Su miedo la mantuvo quieta, sus ojos marrones abiertos.
Deberías haberte conformado con tus fantasías y recuerdos de la última tormenta, regañó la voz de la razón en la cabeza de la Sra. Lovett.
¿Y dónde estabas tú cuando me empujó contra la pared la otra noche? Entonces no me regañaste exactamente, ¿verdad? Tú querías esto tanto como yo, así que cállate, le dijo la Sra. Lovett, enfadada.
¡Ella está justo aquí! Discutió Sweeney consigo mismo. Pero espero que la noche le devuelva a Lucy su lluvia.
Con ira, Sweeney golpeó la pared, dejando en la pared un ligero agujero y la sangre que brotaba de sus nudillos.
Hizo caso omiso de las heridas y volvió a andar otra vez. La Sra. Lovett, sin embargo, vio la sangre que goteaba del puño del barbero.
—¡Sr. T! ¡Se ha herido! —cogió su mano para inspeccionar el daño. Sacudió la cabeza y chascó la lengua en desaprobación. Rompió una tira de su camisón y la usó como venda en la mano de Sweeney—. Debería tener más cuidado, amor —le castigó, mientras intentaba ignorar la razón por la que se había aventurado en la lluvia hasta su tienda.
Pero el nuevo contacto de su suave piel sobre la suya hizo que Sweeney se decidiera. Sus ojos se nublaron con lujuria, notando por primera vez como el camisón empapado de la Sra. Lovett se fijaba a cada curva de la mujer.
—Como barbero, no puede ir dañándose las manos —comentó la Sra. Lovett, deseando fervientemente que lo que había despertado entre sus muslos dejase de pulsar.
—Sra. Lovett —gruñó Sweeney.
La diferencia entre éste y el gruñido anterior fue evidente para la Sra. Lovett. Levantando el pecho, subió sus manos por los musculosos brazos de Sweeney para descansarlas en sus amplios hombros.
—¿Sr. Todd?
Sweeney apoyó a la Sra. Lovett en la silla de barbero antes de bajar ávidamente en ella, atrapando su boca en un beso feroz.
Agarrando su grueso pelo, la Sra. Lovett lo empujó más cerca. Gimió ligeramente en su boca, mientras él subía lentamente su mano por el muslo de ella, arrastrando el camisón con él.
Sweeney rompió el beso para quitarle el camisón a la sonrojada Sra. Lovett, cuyo cuerpo lloró inmediatamente la pérdida de contacto.
Perdió el aliento cuando el bajó su cabeza para dejar un rastro de besos a través de su cuello, hasta llegar a sus pechos. Se preguntó cuándo se había arrodillado y por qué ella no lo había notado.
—¡Sr. Todd! —jadeó, arqueando la espalda cuando él tomó uno de sus pezones entre sus dientes.
Sweeney sintió a la Sra. Lovett retorcerse bajo su toque y no pudo sino reír ligeramente. Agarrando sus muslos, fue bajando con los besos más abajo.
—¡Sr. Todd! —jadeó de nuevo, agarrando los apoyabrazos mientras elevaba sus caderas para encontrar su toque.
—¡Oh! ¡Fo-Oh-Lle-Me! ¡Oh, Se-Ñor- To- Ah-Odd! ¡Ah! —gimió mientras Sweeney chascó la lengua en su apertura húmeda antes de chupar su clítoris, ella tenía los nudillos blancos de tanto apretar la madera oscura del apoyabrazos.
La Sra. Lovett gritaba de placer, cuando él entró en ella de improviso, y echó la cabeza hacia atrás.
—¡Má-Más rápido! ¡Más fuerte! —gimió en su oído mientras él mordía su clavícula.
Clavando las uñas en la madera, pasó sus piernas alrededor de su cintura para tenerlo —si era posible— más cerca.
—Gime para mí, Nellie —gruñó Sweeney en su pelo negro—. Alto y claro, corazón. ¡Para que todo Londres te oiga!
—¡Señor Todd! ¡Señor –Jo-Der! ¡-Oh! ¡To-Odd! ¡Oh, dios! ¡Oh-oh! ¡Oh! —gimió la Sra. Lovett, temblando violentamente llegando al clímax.
Sus paredes se estrecharon alrededor de él y le hicieron sentir en el borde.
—Sólo un poco más, Nel —jadeó él, montando el orgasmo de ella y gritando de placer.
—¡Oh- joder-dios-mío! ¡Señor Todd!
Un profundo gemido escapó de los labios de Sweeney al liberarse en, haciendo que ella gritase de placer.
—Le amo —susurró la Sra. Lovett en el pelo, mojado por el sudor, de Sweeney antes de besarle ligeramente en la parte superior de su cabeza, jugando con su pelo con un dedo.
Le hubiese oído o no, la Sra. Lovett no podía decirlo. Cuando salió de ella, lo hizo con cuidado.
¿Casi con amor?
No te excites. Él no te quiere. ¿Cómo podrías compararte con su perfecta Lucy? Él no te ama. Ni ahora, ni nunca.
Él puede. ¡Él podría! Algún día,le dijo la Sra. Lovett a esa repugnante voz de la lógica.
Sweeney se puso el pantalón antes de alcanzarle a la Sra. Lovett su camisón.
—Si… ejem… usted quiere, puede tomar prestada una de mis camisas. Ese camisón está rasgado y empapado —le ofreció, señalándole donde él se cambiaba sin girarse a mirarla.
La Sra. Lovett casi se desmalla —¡Él se preocupa! — antes de apresurarse a seguirle de cerca.
Antes de ponerse una de sus camisas por la cabeza —¡Oh! ¡Incluso huele como él!— hizo una pausa.
—Gracias, amor. Duerma bien.
Le besó con amor antes de volver a la lluvia y bajar las escaleras a su habitación, dejando a un atontado Sweeney detrás.
Puso los dedos sobre sus labios y tocó donde ella acababa de besarlo mientras la veía marchar.
No pensé en Lucy…
Para nada.
