La isla de las Sirenas

Capítulo 3 : Conociéndonos

InuYasha almorzaba junto a sus marinos y lo hacía en suma calma, aunque sumido en sus pensamientos, aún no podía descartar la imagen de aquella sirena, ni siquiera le había preguntado su nombre y no sabía si volvería a verla, pero estaba seguro que no sería la ultima vez que la vería.

Mientras tanto, la princesa de los mares, lo estaba espiando escondida tras unas enormes rocas y era evidente que quedó cautiva con la guapeza del joven príncipe. Luego de contemplarlo, regresó a las profundidades del mar, donde su enfadado padre la estaba esperando para que den su ceremonia de canto de las sirenas, cuando llegó su padre la regañó un poco, pero la joven pelinegra hizo caso omiso, estaba con una sonrisa boba dibujada en sus labios y su padre no se explicaba por que, aunque había otras 3 que si sabían el secreto de esa pregunta.

Más tarde y cuando la ceremonia había concluido con éxito para todas las sirenas, Kagome se escabulló sin ser vista y fue de nuevo hacia donde estaban los marinos y sin ser vista se asomó y su rostro se puso rojo como un tomate cuando vio a InuYasha sin su camisa y mojándose con agua de mar su fornido y musculoso torso. Se ocultó y no sabía por que estaba tan nerviosa de ver a un ser humano así, se volvió a asomar despacio y no lo vio, pero la voz del joven príncipe a sus espaldas casi le hace dar un respingo al corazón. Lo miró temerosa una vez que volteo y lo tuvo frente a sus ojos, tenía puesta su camisa pero toda desabrochada, lo que hizo sonrojar a la joven sirena.

InuYasha : - ¿Cómo te llamas?-. Preguntó sentándose sobre las rocas.

Kagome se arrinconó sobre una de las rocas, estaba asustada, pero luego dejó su temor de lado.

Kagome : - Me llamo Kagome-. Balbuceó despacio.

InuYasha : - Vaya, con que, así te llamas-. Dijo sonriendo de lado.

Kagome : - Así es, soy hija de Tritón, mi padre es el dios de los mares-. Expresó tímidamente.

InuYasha sintió algo de temor al oír el nombre de Tritón, pues el fue el causante de la muerte de varios piratas y de marinos que quisieron ir a la isla a robar los tesoros y hasta llevarse sirenas sabiendo que son curas para enfermedades graves y que podían dar poderes que no existían o al menos eso era lo que se quería que no se rumoreara.

InuYasha : - Así que eres hija del gran dios de los mares??-. Dijo con ironía.

Kagome : - Si, el es mi padre-. Respondió levantando la ceja, ya que pensó que InuYasha se estaba burlando de ella por el tono en que le respondió.

Inuyasha se puso repentinamente de pie y caminó hasta bajar de la roca y sacar algo de atrás de ella, Kagome lo observaba curiosa y vio que luego se acercó hacia donde estaba antes y se sentó con un pequeño bolso de viaje, de el extrajo una bolsita que contenía unas galletas de sémola, su arma, que la dejó a su lado, y luego se relajó. InuYasha sacó una galleta y la empezó a comer sin percatarse que la sirena seguía allí junto a el, hasta que se dio cuenta cuando la chica se acercó a el y apoyó sus suaves manos en las piernas del príncipe marino y pudo ver en la mirada de la chica mucha curiosidad por lo que el estaba comiendo y su sonrisa de suplicarle por una le dio a entender que quería probar una de esas deliciosas galletas.

InuYasha sonrió y sacó una de la bolsita y se la dio, la joven sirena, la miró medio extrañada, mordió un pedazo y sonrió al sentir su agradable y rico sabor. La devoró toda y luego le dedicó una cálida sonrisa a InuYasha. Mientras tanto, bajo las profundidades del mar, Tritón estaba en su trono de oro, hablando con el pequeño Shippo quien era como un fiel sirviente para el, aunque siempre estaba pegado a Kagome como clavo sobre el imán. Desde que murió su pequeño hermano Sota en manos de unos sanguinarios piratas, Kagome se encariñó mucho con Shippo y lo tomó como su hermano menor, aunque la tristeza de haber perdido a su pequeño hermano nunca se le irá y lo extraña muchísimo y aún no sabe el secreto de cómo murieron esos piratas asesinos y su diabólico capitán, que era el temible Naraku Black.

Tritón : - Shippo, quiero que vayas en busca de Kagome y que venga, ha estado ausente mucho tiempo y temo que haya salido a la superficie, sabe perfectamente que no puede tener contacto con los humanos-. Dijo severamente.

Shippo : - Si señor, iré por ella ahora-. Gimoteó el pequeño temeroso.

El pequeño ojiverde, salió disparado en busca de Kagome, ya que sabía donde estaba y se apuró ya que si el rey de los mares se enteraba que estaba con un humano, todo se desencadenaría en una tragedia para el joven príncipe y su tripulación. Pero alguien más sabía ese secreto y no eran buenos ojos, era la perversa bruja Urasue, esta siniestra mujer, era mitad humana y mitad pulpo, era regordeta de cuerpo y una mirada siniestra y malvada, siempre iba acompañada por sus fieles seguidores, dos anguilas bastante torpes y toscas, pero que le servían muy bien.

El pequeño sirenito, llegó hasta donde estaba la joven princesa de los mares y se asomó, se asustó al ver a InuYasha y Kagome lo calmó diciéndole que no era de temer, cuado se calmó le dio el aviso.

Shippo : - Su majestad te está buscando, Kagome-. Dijo suavemente el pequeño.

Kagome : - Iré enseguida, ah, por cierto, Shippo. El es,... es-. Se quedó pensando.

Vaya paradoja, ella no le había preguntado su nombre, el se rió y le dijo quien era.

InuYasha : - Jaja!, Soy InuYasha Taisho, soy el príncipe de Londres e hijo del rey de Inglaterra, pertenezco a la realeza y excelente marino-. Dijo presentándose ante ambos.

Kagome sonrió ampliamente, ahora sabía mucho más del, incluso su nombre. La sirena se despidió de el y entró en lo profundo del mar y le contó a Shippo de su travesía con el joven príncipe.

Kagome : - Ay, Shippo, creo que me he enamorado más que nunca-. Chilló emocionada.

Shippo : - ¿Te enamoraste de un humano?-. Preguntó asombrado.

Kagome : - ¡Si!, es guapísimo, ¿lo viste?. Ojalá pueda ser humana e irme con el-. Balbuceó feliz.

Shippo : - ¿Pero que dices?, si se entera tu padre, no solo te castigará, si no que hasta podría matar a ese humano ya todos los suyos, además recuerda que han venido a por nosotros-. Dijo con severidad temerosa al oír lo que decía Kagome.

Kagome : - Como que vinieron por nosotras, de que estás hablando???-. Preguntó seria.

Shippo : - Que no lo sabías?, al oír su nombre supe quien es ese Taisho. Es realmente el hijo de aquel rey que se envenenó con la carne de Muriel cuando aquellos pescadores la mataron para comer su carne y brindarle la cura y una vida eterna-. Dijo con desesperación.

Kagome : - Estás diciéndome que el y esos humanos que lo acompañan, vinieron por alguna de nosotras para matarnos?-. Volvió a preguntar apesadumbrada.

Shippo : - Si, Kagome. Han venido por nosotros y temo por ti, quizá esté intentando ganarse tu simpatía para poder matarte y llevarte a su casa para ayudar a su padre-. Dijo exasperado.

Kagome sintió que un escalofrío le recorrió todo el cuerpo y le hizo erizar sus escamas, ¿acaso sería cierto lo que le estaba diciendo el pequeño Shippo?, que solo quiere ganarse su confianza y luego el la mate para descuartizarla y darle su carne curativa a su moribundo padre?,... ¿Claro que no!, eso no iba a permitirlo y si era así, ella misma se encarga de sacarlos de la isla y dar aviso a su padre.

Al anochecer, en un lugar de la isla, InuYasha seguía descansando en aquella zona rocosa junto al mar, con la esperanza de volver a ver a aquella hermosa sirena, pero en todo el día no había aparecido, quizá se asustó o algo le había sucedido. Repentinamente sintió unos pasos en la arena y cuando iba a tomar su pistola de doble cañón, vio que era su fiel ayudante Myoga.

Myoga : - Tranquilo, mi señor, soy yo-. Advirtió parando su marcha.

InuYasha : - Ah, eres tu, Myoga. Que susto me has dado-. Dijo dejando su arma y sonriendo de lado.

Myoga : - Señor, desde el poco tiempo que hemos estado, lo he estado observando muy preocupado y perdido, ¿le sucede algo?, ¿Es por su padre?-. Preguntó preocupado el anciano sentándose al lado de su joven amo.

InuYasha : - Myoga, lo que voy a decirte quiero que quede entre nosotros hasta el momento en que de la orden, ¿de acuerdo?-. Dijo serio.

Myoga : - Confíe en mí, mi señor. De mi boca no saldrá absolutamente ni una sola palabra-. Juró

InuYasha : - Bien, esta mañana y ayer, vi a una sirena y la tuve cara a cara-. Dijo con parsimonia.

Myoga : - ¿Qué?, es en serio? Y que hizo?, señor-. Preguntó asombrado.

InuYasha : - Pues nada, iba a dispararle, pero cuando la vi, era preciosa y de una cara angelical que enamora a cualquiera, no se por que no me atreví a matarla, lo cierto es que parece acercarse a mi sin temor alguno-. Musitó casi con pena.

Myoga : - Pero, amo InuYasha. Esa sirena puede ser la salvación para su padre-. Expresó con desespero y tratando de convencer a su joven amo.

InuYasha : - Lo se Myoga, pero te repito, por alguna extraña razón, no me animé a matarla y te repito que no me preguntes las razones por la que no lo hice, se que tuve ante mis ojos la cura para mi padre, pero tarde o Temprano aparecerán otras, esta isla está infestada de sirenas y alguna caerá-. Dijo tomando su pistola y colocándola en la pistolera de su cinturón.

Myoga : - Lo se, mi amo. Ahora si me permite, debo regresar a ayudar a los demás en cocinar-. Dijo amablemente el anciano poniéndose de pie.

InuYasha : - Claro ve, yo me quedaré un rato más aquí-. Dijo sonriéndole.

El ancianito se marchó sin antes darle una reverencia a su joven amo y una sonrisa, Inuyasha se percató de que ya había oscurecido mucho, sacó de su bolso un farol de noche y lo encendió, la luz era potente e iluminaba bien, solo entonces esa hermosa noche le trajo recuerdos de cuando viaja en algún barco o desde las terrazas de las torres de su mansión, contempla ese negro cielo lleno de blancas estrellas y alguna que otra traviesa nube que lo atraviesa.

Repentinamente, InuYasha escuchó un ruido en el agua y tomó su pistola de doble cañón y apuntó hacia la zona del ruido y cuando vio que era Kagome que se cubría con sus brazos asustada, bajó su arma ya más tranquilo y respiró aliviado.

InuYasha : - Vaya eras tu, que susto me diste, parece que todos se pusieron de acuerdo para asustarme-. Se quejó, pero pudo ver que la sirenita se le acercó con preocupación en su rostro-.

Kagome : - Disculpe, joven príncipe Taisho, es verdad que usted y sus hombres, vinieron a matarme a mi o a alguna de mis hermanas??-. Preguntó tímidamente y acercándose con cautela.

InuYasha la miró unos instantes,... ¿Qué le respondería?.

Continuará

Hola amigos y amigas

Perdón por haber tardado tanto en actualizar este fic,... pero bueno, aquí les dejo un nuevo capítulo.

Que pasará?? Será capaz Inuyasha de decirle a lo que fueron a la isla?? Si es así, que decisión tomará Kagome? Y que planes tendrá la perversa bruja Urasue?? Lo cierto es que si Tritón se entera todo puede correr un gran peligro para el joven viajero y un castigo para su hija.

Averigüen que pasará en el próximo episodio a ver que decisión toma InuYasha ¿Le dirá o no la verdad a lo que fue?.

Arrivederchi

Guille (KITT, el auto fantástco)