La isla de las Sirenas

Capítulo 4 : Verdades

InuYasha apoyó el farol en la roca ante la mirada intrigante de la sirena que se acercó lentamente y contempló el farol de noche.

InuYasha : - Es un farol de noche, sirve para iluminar en la oscuridad-. Le explicó sonriente.

La joven sirenita miró medio sonriente como brillaba la lámpara nocturna, pero volvió a la realidad y se le acercó al joven marino y le volvió a hacer la misma pregunta

Kagome : - Dime,...¿A que viniste a la isla?-. Preguntó seriamente.

InuYasha la miró fijamente y por el momento de manera medio amenazadora, cosa que asustó a la princesa de los mares, pero se sentó en la roca y miró hacia el lejano horizonte del mar, como le iba a explicar que realmente fue a cazar a una sirena, no sabía como iba a reaccionar, pero fue valiente y le dijo el motivo de su viaje.

InuYasha : - Pues verás, así es, he venido a buscar al cura para mi padre y si efectivamente lo único que puede salvarlo es una de ustedes, su carne-. Afirmó serio.

El rostro de la princesa de los mares, se contrajo de horror y espanto, Shippo tenía razón o de lo contrario, estos viajeros no hubieran ido a la isla si no hubiera una razón. Al notar el temor en la cara de Kagome, InuYasha supo que metió la pata pero le dijo algo que logró calmar un poco los nervios de la joven sirena que se había alejado unos diminutos milímetros de el.

InuYasha : - Tranquila, no voy a matarte, si no, no crees que ya lo hubiera hecho sin dudarlo?? Tengo que salvar a mi padre, pero debo buscar a otra-. Dijo muy amablemente.

Kagome : - No matarás a mis hermanas, te lo prohibiré y si es necesario avisaré a mi padre-. Farfulló muy enfadada y mirándolo seriamente.

InuYasha : - Que no entiendes, mi padre está muriendo y necesito encontrar la solución-. Replicó.

Kagome : - Te repito, no matarás a mis hermanas-. Espetó enojada.

InuYasha : - Estás desafiándome???-. Dijo con desdén.

Kagome : - No me provoques-. Desafió furiosa.

El joven navegante, no le respondió, pero repentinamente se puso de pie y a la penumbra de la luz de su farol, caminó hacia la orilla del cristalino mar, que brillaba con la monótona luz de las estrellas y la de la gigantesca luna. Acomodó su pistola de doble cañón en su pistolera y no desvió la mirada hacia la sirena ni por un instante, pero ella se acercó aunque a muy corta distancia, notó que en el príncipe se notaba cierta tristeza, pero no podía permitir que el matara a sus queridas hermanas solo para salvar a su queridísimo padre, sentía pena y lastima por el y su sufrimiento, pero ¿cómo era que supieron de esa historia que la carne de sirenas es curativa y da vida eterna y juventud?, y si todo eso es una vil mentira?, estaba dispuesta a averiguarlo, ya sea sola o con ayuda.

InuYasha pronto se percató de que la sirena estaba casi cerca de la orilla, apenas se asomaba la mitad de su torso, a la altura de su estomago, y lo observaba detenidamente, pudo ver una mirada triste en ella sabiendo que ese hombre fue a sacrificar a una sirena para crear una cura, de repente, InuYasha escuchó un dulce y armonioso canto que provenía de donde estaban sus hombres y supo que debían estar siendo atacados por una o varias sirenas, escuchó disparos y cuando quiso ir a ver que sucedía, algo perturbó su cabeza, otra dulce y armoniosa voz como el canto de una soprano, empezó a retumbar en su cerebro y en sus oídos, sintió desvanecerse y pudo ver a través de su nublada vista, que quien estaba entonando esa hermosa melodía tarareante venía de Kagome, que al parecer le había tendido una trampa con la intención de saber la verdad.

Al día siguiente, InuYasha se despertó muy mareado y aturdido, a duras penas pudo ponerse de pie y notó que el cielo estaba nublado y a punto de llover, cuando se reincorporó, pudo ver que la sirena ya no estaba a su lado, pero ¿por qué le dolía tanto la cabeza?, cuando fue a ver donde estaban sus hombres, vio que no había nadie, ni siquiera estaba el barco, ¿qué pasó aquí, donde se habían ido todos?, estaba anonadado ¿acaso sus hombres lo abandonaron? Y donde estaba Myoga?. Comenzó a gritar llamando desesperadamente a sus hombres, cuando la dulce voz de una mujer llamó su atención y cuando giró hacia ese lado vio a otra sirena.

InuYasha : - Maldita, ¿dónde están mis hombres?-. Masculló enojado.

Eri : - Tus hombres se fueron, los mandamos de regreso a casa, estas solo-. Dijo con una sonrisa.

InuYasha : - Estas mintiendo, maldito molusco de los mares-. Gruñó enojado.

Eri : - No señor, gracias a nuestra danza de canto, pudimos espantarlos a todos, escuchamos tus planes tras que seguimos a Kagome y ahora eres nuestro prisionero en esta isla-. Dijo con una sonrisa pero a la vez como mofándose de el.

InuYasha : - Eso lo veremos, desgraciada-. Gruñó, pero cuando iba a sacar su pistola, notó que no a tenía, las sirenas lo habían desarmado.

Furioso se alejó de Eri y fue hasta la zona boscosa playa y luego caminó hasta la zona rocosa donde se encontró por primera con Kagome, la buscó, pero no la encontró por ningún lado hasta que su voz le llamó la atención, era muy evidente que su cara no era de muchos amigos la verla, pero ella se le acercó sin temor alguno e iba acompañada por el pequeño Shippo.

Kagome : - Tranquilo, joven príncipe, solo he venido a hablar, tus hombres están bien, solo los mandamos de regreso a casa-. Dijo temerosa.

InuYasha : - Me di cuenta de eso, debí matarte el primer día que te vi-. Espetó bruscamente.

Kagome : - Cálmate, necesito que hablemos-. Le dijo tratando de calmar al alterado príncipe.

InuYasha : - De acuerdo,... ¿de que quieres hablar?-. Respondió titubeando.

Kagome : - Ven, acércate y siéntate-. Le pidió.

InuYasha : - Prefiero estar acá, me es más cómodo y lejos de ti, no vaya a ser cosa que pretendas volver a cantar y desmayarme-. Dijo en tono sarcástico.

Kagome : - Tranquilo, no volveré a hacerlo, solo quiero saber acerca de lo que vi, tu sufrimiento, la verdad acerca de tu padre y el por que quisieron asesinar a mis hermanas-. Dijo con angustia.

InuYasha la miró dubitativo durante unos instantes y luego se acercó a ella desconfiadamente y se sentó en una de las enormes rocas, la sirenita se le acercó y lo miró vacilante como esperando su respuesta a lo que ella quería saber, entonces el joven príncipe, accedió a contarle todo.

InuYasha : - Fue hace mucho tiempo, mi fiel ayudante Myoga me contó todo ya que el fue testigo de ello, un grupo de navegadores, entre los que estaba mi padre, habían oído rumores de que en una isla misteriosa había un secreto que nadie se atrevió a revelar jamás ni a creerlo y esa historia era esta, que en esta isla habitaban sirenas y que su carne sería beneficiosa para el que la probara, le daría mucha vida y fuerza, además de juventud eterna y curas casi inimaginables. Mi padre no creyó mucho esa historia, pero hace pocos días el viajó ya que sintió curiosidad y volvió muy enfermo y fue cuando supe que había comido carne de una sirena junto a su grupo y todo por que creyó que una rejuvenecida mujer que había dicho comer carne de sirena le dio un rostro juvenil y hermoso y toda una vida eterna al igual que juventud y salud-. Relató con desgano.

Kagome : - ¿Y quien es esa mujer?-. Preguntó extrañada.

InuYasha : - No lo se, solo se que vive en mi pueblo, pero hace días que no sabemos nada de ella, pensamos que se fugó a otro país-. Le respondió con cara de interrogatorio.

Kagome empezó a sacarse muchas dudas que le atormentaban la cabeza, ella sospechaba algo acerca de la desaparición, no solo de su hermana Muriel, que fue asesinada y devorada por los marinos del padre de InuYasha, si no que también sobre una mujer que para volverse como dijo InuYasha, joven y bonita y gozar de buena salud y para ello había matado a otras 3 sirenas y de seguro alimentarse con su carne para realizar ese experimento que era falso según se decía en su mundo. Kagome sabe perfectamente que la carne de ellas es perjudicial para todo aquel que quiera comerla, ya que así lo dispuso el gran rey Tritón para evitar que sus preciadas hijas fueran asesinadas por piratas lujuriosos y que quieran aprovechar a venderlas a un mercado negro para que sean sacrificadas por nada.

Pero pasaba algo más que saber la verdad y había otra verdad y era que al parecer, la joven princesa de los mares se estaba enamorando del joven príncipe inglés, escuchó atentamente su relato, pero a la vez una sonrisa boba se dibujó en sus labios y lo miraba con ojitos cándidos, InuYasha pronto se percató de ello y la miró con una sonrisa extraña y medio asombrado por la tierna mirada de la princesa de los mares, quien se acercó a el sin temor y aunque el joven príncipe tenga deseos de salvar a su padre, el también parece haber despertado sentimientos hacia ella, pese a estar sumamente enfadado por mantenerlo cautivo en la isla.

Mientras tanto, Myoga y los demás marineros ya habían recuperado totalmente el conocimiento y estaban llegando al puerto de la enorme flota de navíos de guerra y comentó lo ocurrido, la anciana Kaede le dijo que InuTaisho estaba descansando ya que tuvieron que sedarlo por los constantes sufrimientos de dolor y que cada vez se agrava más y que si InuYasha no regresaba con la cura moriría. Myoga se preocupó demasiado y tenia que hacer algo, no solo ir a rescatar a su joven amo, si no buscar ayuda y tratar de salvar al rey.

Myoga tuvo una idea, y era ir a buscar a un joven ex-navegante que hace tiempo, su abuelo murió en esa isla, es el herrero del pueblo y gran forjador de armas y espadas, su nombre es Bankotsu Rayden, un joven de 21 años de edad, de ojos color azul zafiro y una larga cabellera negra recogida en una cola trenzada, era apuesto y muy fuerte y valiente, estaba trabajando junto a su hermano Miroku, que lo ayuda bastante en su trabajo.

Myoga entró a la tienda donde trabajan ambos hermanos y estos al verlo lo saludaron con un gran abrazo ya que lo conocen de hace tiempo y ellos fabricaron las armas para la enorme armada de soldados de la realeza y de todo Londres, entonces Myoga les comentó lo que pasó.

Bankotsu : - Vaya, que desastre, ahora InuYasha está solo en esa isla y con esas sirenas-. Dijo preocupado por la noticia.

Miroku : - Es cierto, pobre amigo mío, solo y con esas malditas asesinas del mar-. Bramó enojado.

Myoga : - Así es, temo mucho por mi joven amo, si algo llega a pasarle nunca me lo podré perdonar, es por eso que necesito de su ayuda muchachos, necesito que vengan conmigo a rescatar al amo InuYasha, ustedes saben quehacer y tienen buenas armas para combatir a esas diabólicas mujeres-. Rogó desesperado el ancianito.

Miroku y Bankotsu se quedaron pensando, habían jurado nunca más volver a esa isla endemoniada, pero esta vez se trataba de una emergencia,.. ¿aceptarán el pedido desesperado de Myoga?.

Continuará

Hola a todos.

Aceptarán o no??, tanto Miroku como Bankotsu son excelentes en el manejo de armas y justamente le deben favores a la realeza Taisho, pero por otro lado a Bankotsu tiene temor de ir a esa isla, pero quiere vengar la muerte de su abuelo. Por otro lado parece haber nacido amor entre la joven sirenita hacia el joven príncipe y eso era evidente,... que pasará más adelante? Podrá concretarse este romanticismo o habrá quienes se interpongan???. Averígüenlo pronto en el siguiente capítulo.

Arrivederchi

Guille (KITT, el auto fantástico)