¡Hola!

Siento la tardanza. Tengo problemas con mi computadora y tardaré un poco más en actualizar T.T Pero lo haré n.n. Tengo que darle millones de gracias a Jacky por colgarme los capis T.T.

En fin... Al capi que toca n.n. Antes, como siempre, la nota:

Notas; Este fic es un Ryo-Saku-Ryo. (no¬¬, no me refiero a Ryoma dos veces, si no una a Ryoga). y demás parejas acompañantes.

-Los personajes no estarán en OOC de ese. (lo digo por los típicos que van dejando mensajitos por ello. Leñe, que es diversión escribir¬¬)

-Como todos mis fics: Tendrá lemon, pero en su MOMENTO.

-Los personajes no me pertenecen: Son de Takeshi Konomi.

-NO copien mi historia sin mi permiso, por favor.(que ya me ha pasado una vez TOT).

-Es un UA ó AU, Vamos, universo alterno n.n

-Me comprometo a intentar hacerlos más largos ;D.a menos que me suceda algo de repente.

-NO ES YAOI.

-COMO YA SABEN YO SIEMPRE, SIEMPRE Y SIEMPRE, CONTINUO MIS HISTORIAS.Quien crea que NO, es que NO ME CONOCE¬¬.

(Esto último me lo he visto obligada a ponerlo, gracias a alguien que dice que no se molesta en poner mi historia en alerta porque seguramente no la continuare¬¬. Eso me molestó sinceramente, puesto que SIEMPRE, cuando es su turno, la sigo. ¿o no es verdad? (A menos que me la borren como pasó con mi querido ginecólogo¬¬). Otra cosa a decir gracias a ese personaje¿Escribir por diversión? Sí. Pero, también me gusta saber qué opinan los lectores de lo que leen. No es tan difícil de entender.

Fic: Resumen:

Ryoma Echizen buscaba una secretaria eficiente, cansado de sus problemas con su familia, empresa y ex-secretaria. Sakuno Ryuzaki, tímida, de aspecto nada sexy, quería un nuevo trabajo como secretaria. Momoshiro Takeshi, abogado, echaba de menos a su antigüa novia, pero eso no impide que ayude a dos de sus mejores amigos. Así es como se conocen estos dos personajes y así, es como empieza su historia

Aviso:

Siempre suelo dejar intriga, así que prepárense. Es drama-romance aviso por las personas sensibles, luego no se me quejenXD.


Capítulo 2.

Las ojeras debían de ser grandes, pero no fue así. Le dio millones de gracias a su piel que por primera vez parecía agusto con ella y no le había afectado la noche en vela que había pasado. Gold bostezó desde las sábanas y la miró con intriga. Cualquier persona que la conociera, podría decir que estaba totalmente diferente. Y no era de extrañar. ¿Desde cuando ella encendía la radio nada más despertarse y cantaba alguna canción moderna? Nunca.

Tras terminar su acicalamiento, dejó el tazón de constumbre con leche fresca para Gold, el cual no tenía ninguna intención de abandonar la calideza de las sábanas, ni siquiera, cuando su ama protestó para hacer la cama. Entonces sí accedió. Sakuno rió por sus molestos gestos de protesta, pero sabía con precisión que el gato sí la quería. Más que ningún humano.

La puerta centró ahora toda su atención. Tragó saliva y se revisó en espejo. Tras asegurarse que las gafas esta vez no faltaban a su atuendo, se acercó para abrir. La sonrisa de Ryoga Echizen se dejó ver al instante.

-¿Lista?

-Lista-. Afirmó-. Muchas gracias por todo, Señor Echizen.

-Ryoga, te dije que Ryoga-. Bufó este esperándola-. Señor me hace ser más viejo aún. A mi hermano no le importa porque todavía es joven, pero yo ya tengo una edad.

Sakuno rió. Permitió que la masculina mano accediera hasta su cintura mientras caminaban por las anchas calles para encontrar el coche de Echizen y cuando esta se alejó para descansar junto a la contraria sobre el volante, sintió deseos de exiguirle que volviera a tocarla. Aquella mano le quemaba. Igual que la noche anterior había quemado sobre su comisura labial. Suspiro e intento concentrarse en la conversación.

-¿Y bien?-. Preguntó Ryoga sonriendo-. ¿Dónde deseas desayunar? Tenemos dos opciones que son deliciosas: Una cercana a las oficinas Echizen de mi hermano o una cerca de las mias.

-Si no le molesta...

-Sí que me molesta-. Gruñó él frunciendo el ceño-. Deja de llamarme de Usted, Sakuno. O cada vez que lo hagas te besaré-. Rió acto seguido al ver el puchero inocente de su rostro-. ¡Oh, por favor!-. Exclamó-. ¿De verdad me crees capaz de hacerte algo así?

-Discul... Perdón.

Se sentía avergonzada. No era que le viera capaz¡Es que lo había deseado! Hasta sentía la necesidad de volver a llamarlo de Usted. ¡Demonios! Se estaba comportando de forma extraña. Ni siquiera cuando demandó el desayuno logró dejar de pensar en qué sentiría al ser besada por Echizen. Se obligó a sí misma a olvidarlo y se centró en el trabajo que tendría que hacer nada más llegar. Ryoga, que había estado fuera unos instantes, se adentró con su sonrisa electrizante.

-Sakuno, dime¿te apetecería acompañarme?

-¿Dónde?-. Se interesó mirando el reloj-. Tan solo tengo media hora para ir hasta la oficina.

-No, no-. Negó entre risas el hombre-. Me refiero a esta noche. Mi padre regresa y ha decidido celebrar una fiesta. Me gustaría mucho que asistieras.


Arrugó los papeles y los lanzó contra la papelera cercana. Era imposible. Aquel día no podía empezar peor. Se frotó las sienes y clavó sus orbes doradas en la puerta de su despacho. Sakuno no había llegado tan temprano como tenía usual hacerlo. Tampoco podía exiguirle que lo hiciera. Pero desde luego no le gustaba que cambiara sus horarios. Era posible que le hubiera sucedido algo.

-Señor... De verdad que lo siento... Si lo desea, ya vendré cuando su secretaria llege...

-No.

Se alzó y caminó de forma pensativa hasta la ventana. Estaba derepente con la soga en el cuello y aquella noticia no agradaría a nadie. Pero al que más cabreaba, era a él. Arrugó las cejas al ver la imagen de su hermano con Sakuno, despedirse y la castaña subiendo lo más deprisa que el ascensor le permitiera. Y aún llegaba temprano y salva. Se volvió, ignorando la preocupación de el hombre que deseaba asesinar con sus propias manos y esperó en la puerta de el ascensor. Sakuno casi gritó al verle.

-Necesito las hojas de despido-. Exigió-. Ya.

La joven parpadeó confusa, pero no tardó en obedecer. Le entregó la carpeta con los documentos y lo siguió através de la estancia. Se detuvo ante el fichero y cuando él le nombró al hombre que estaba nervioso ante su despacho, no tardó en traerle el expediente que casi se vuelve loco por buscar. Ryuzaki le miraba con claras dudas, puesto que sabía perfectamente que había sido él mismo quien le indicó como colocarlos.

-Satoshi-. Llamó tras revisar el expediente-. Tu contrato y la hoja de despido. Adios.

-¿Qué te ha puesto de mal humor, Echizen?

Alzó la cabeza y suspiró. Momoshiro se acercó hasta Sakuno y la besó en la mejilla faternalmente, mientras que él se dejó caer sobre el sillón tras su escritorio.

-¿Y bien?-. Interrogó el abogado-. ¿Qué te ha hecho ponerte de tan mal agüero que hasta le gritas a Sakuno? Cosa que, por cierto, es muy extraña en ti.

-El eslogan de Kunimitsu-. Explicó en pocas palabras.

Momoshiro pareció comprender. Tomó la taza de café que Sakuno se encargó de entregarles y se adjudicó un puesto cómodo en el despacho. Echizen suspiró antes de tomar aquel líquido marrón caliente.

-El hombre que acaba de marcharse era el encargado de terminar el eslogan¿cierto?-. Él afirmó-. Y como no sirve para nada, te has visto entre la espalda y la pared y lo has tenido que despedir.

-Sí.

-Entonces, ahora, necesitas a alguien que sea capaz de terminar ese eslogan.

-Bingo.

Takeshi buscó la mirada de Sakuno, pero esta ya estaba afanada en su trabajo. Ryoma lo observó por un instante, hasta que le tendió la invitación. Momoshiro la escrutó con cuidado y alzó una ceja sonriente.

-¿De verdad puedo asistir?

-Sí.

Se encogió de hombros. Su madre le había llamado y ofrecido la oportunidad de invitar a algún amigo y Takeshi no le defraudaría. Era un goloso comilón.

-¿Y ella?

-¿Ella?-. Preguntó alzando una ceja.

-Sí, Sakuno. ¿No la invitas?

Negó con la cabeza. Sabía perfectamente que Ryoga se habría encargado de eso. En la mañana no había cesado de tirarle en cara que iría a desayunar con su futura prometida y que era su secretaria. Por lo tanto, Ryoga no dudaría en invitar a la castaña a la celebración de su padre.

-Pues si ella no va...

-Irá-. Sentenció.

-¿Cómo lo sabes?

-Mi hermano.

-¡Tu y tus respuestas sin senti...!-. Takeshi rodó sobre sus nalgas, para mirarle desconcertado-. ¿Ryoga?

Echizen afirmó. Takeshi tardó tan solo dos sengundos en asimilar lo que sucedia. Se levantó y a rápidos pasos salió de su despacho, cerrando la puerta tras él. Echizen sabía perfectamente que Ryuzaki recibiría una charla fraternal bastante dura por parte de Momoshiro. Ahora, a pensar quién podría arreglar su problema. Satoshi era el mejor empresario que había encontrado. ¿Dónde encontraria otro?


Aún rondaba por su mente la invitación de Ryoga y su respuesto de afirmación al ofrecerle que podría llevar una amiga, que no era obligado ir como pareja. Realmente se lo agradecía. Su mejilla izquierda todavía ardia con el contacto de el torpe bes entregado por Echizen al despedirse. Ni siquiera el beso de Momoshiro había borrado esa sensación.

Nada más llegar había tenido que soportar el mal humor de su jefe. Ya comenzaba de nuevo. Al parecer el despido que tenía que ejercer era bastante duro e importante y estaba tan ciego que ni había visto los documentos. Al igual que tampoco le había hecho falta mirar mucho más hallá para darse cuenta de que Echizen había terminado durmiendo en el despacho aquella noche.

-Ryuzaki, café.

-¡Sí, señor!... ¿Takeshi?-. Exclamó poniéndose en pie-. ¡Ay, no seas malo!

-Es que estabas en vabia-. Gruñó el ojos lilas-. ¿Se puede saber en qué estás pensando, enana?

Golpeó su frente y Sakuno casi chilló en molestia. Le miró incrédula.

-¿Qué e hecho?-. Interrogó.

-¿Te para poco juguetear con Echizen? Quiero decir, con Ryoga. Ryoma me ha hablado de lo vuestro... bueno, lo que se dice hablar no, pero...-. Se rascó los negros cabellos con nervios-. Quiero decir...

-Takeshi-. Suspiró Sakuno afligida-. Déjalo. El señor Echizen es bueno conmigo, pero no... sé perfectamente que... él no querría algo más serio conmigo.

Takashi se sentó en el filo de la mesa y apresó su cabeza contra su fuerte pecho. Sakuno se asombró y sintió que si no la soltaba estaría apunto de romperse la sien.

-Momo... estoy bien-. Dijo casi sin aire-. Necesito... respirar.

Takeshi la dejó marchar y Sakuno respiró con alivio. Era claro que Momoshiro estaba preocupado por ella y no dudaba en darle su hombro o pecho para llorar, pero no lo necesitaba. Era consciente de que Ryoga se cansaría de ella. Lo sabía con todas sus fuerzas, pero era tan... extremadamente delicioso tener a un hombre como él fingiendo que estaba interesada en ella.

-¿Irás a la fiesta?-. Preguntó Takeshi sacándola de sus pensamientos. Afirmó-. ¿De verdad? Entonces me asomaré por ahí, para asegurarme de que nadie te hace daño. Es una festevidad para ricos, Sakuno.

-Lo sé-. Suspiró cansada-. Pero me apetece ir... aunque sea solo una vez en la vida.

Momoshiro afirmó pensativo. Se rascó el mentón y volvió a afirmar.

-Supongo que tendrás que cambiar tu atuendo-. Aconsejó-. ¿Necesitarás dinero?

-Tengo suficiente como para comprar un vestido de fiesta que no enseñe demasiado y no muestre mis curvas-. Sentenció.

Él la cogió de los mofletes y los estiró como la plastelina.

-Ni se te ocurra-. Avisó. Sakuno rió.

-Tranquilo, le pediré a Ann que me acompañe a comprar algo. Seguro que te quedarás más tranquilo.

Sakuno se llevó una mano a la boca. Momoshiro había contraido la cara y sonreido con tristeza.

-Lo siento, Momo...-. Se disculpó aterrada-. No pensaba que... Yo creí que vosotros...

-No. Vino a verte a ti. A mi ni me ha llamado. Supongo que estará enfadada conmigo-. Suspiró-. En fin... ya hablaré otro día con ella. Tan solo venía para que me firmaras los papeles de la herencia.

-Claro-. Aceptó sacando un boligrafo-. Lo que quieras.

Tras firmar, Sakuno revisó con su oido que Ryoma no la llamara. Takeshi sonrió divertido.

-No te preocupes, que no ha llamado.

-Está muy enfadado...

-El eslogan es demasiado importante. Kunimitsu es una persona muy respetable y hasta se podría decir que Echizen lo admira. Esta solo en esto-. Explicó-. Ryoga, por mucho que tu lo... ¿ames? Bueno, como sea-. La acalló con rapideza-. No le ayuda. Sakuno. Ryoma es un borde de cuidado, un mandón de palabras frias y que parece que ni siente cuando despide a una persona, pero se esfuerza en tener un plato de comida en su mesa. Ese trabajo era importante para independizarse por total de su padre.

-Entiendo-. Comprendió la joven pensativa-. Si se pudiera hacer algo...

-¿Me permites entregarle algo sobre ti?

-¿Sobre mi?-. Preguntó extrañada.

-Sí. Quiere informes para conocerte mejor. Desea hacerte fija y hará lo contrario a lo que todos hicieron. Asegurarte.

El rostro femenino se iluminó y afirmó repetidas veces.

-Gracias por todo, Momo.


Tenía un nudo en el estómago. Que Sakuno le recordase a Ann le había producido hasta jaqueca, pero al menos, había encontrado la solución al problema de Ryoma. ¡Ese tonto lo tenía ante sus narices y no se daba cuenta! Tras acariciar cariñosamente la mejilla de Ryuzaki, se adentró de nuevo en el despacho de su amigo, que colgaba el teléfono en ese instante.

-¿Tu amante?-. Preguntó burlón. Echizen arqueó una ceja en molestia-. Vale, no es el día para hacerte bromas-. Tosió y se recargó con sus manos sobre la mesa-. Tengo la solución.

-¿De qué se trata?

-Tu se-cre-ta-ria.

-¿Ryuzaki?

Los dorados ojos de Echizen le miraron asombrados y hasta con incredulidad. ¿De verdad no se había dado cuenta? Ese chico era más despistado de lo que Ann decía. ¡Era un bobo andante! Tenía a la inteligente Sakuno Ryuzaki, heredera de millones y no se había dado cuenta de nada. Sin embargo, Ryoga Echizen sí. Y eso lo mataba. Tras dar vueltas y vueltas, había comprendido el gran interés de Ryoga y no permitiría que se saliera con la suya. Lo peor de todo, es que Sakuno estaba hasta los huesos por Echizen.

-Haber, Ryoma Echizen-. Llamó frotándose el ceño con los dedos-. Mira esto.

Buscó dentro de su maletín y agradeció haber metido por completo todos los documentos de Sakuno por la firma. Entregó el papel que buscaba y Ryoma casi dio un brinco de la silla cuando lo leyó.

-Imposible¿verdad?-. Le picó-. Pero es totalmente cierto. Ryuzaki es increiblemente inteligente. Tiene el doble de inteligencia que tu y yo juntos. Formó parte de los concursos intelectuales y su equipó quedó el primero. ¿Necesitas más explicaciones?

-No. Es suficiente.

Tomó el papel entregado por Echizen, que se frotó los cabellos y el rostro con ambas manos. Se inclinó sobre el sillón.

-¿Podría llevar algo así?

-¿Por qué no la observas en la fiesta? Te propongo un plan...


Ann no tardó en aplaudir la idea. Sakuno la llamó para avisarla de una cita para ir de compras y aceptó en seguida. Sakuno cambiando de ropa de la mañana a la noche. ¡Aprovecharía para renovarle con urgencia el armario! Se deslizó de la cálida agua y se envolvió en el albornoz cercano. No tardaría demasiado en terminar de arreglarse. Cuando terminaba de colocar el carmín, el timbre sonó.

-¡Sakuno!-. Exclamó abrazándola-. ¡Qué bien!

-An... Ann-. Respondió esta avergonzada-. Gracias por querer ayudarme...

-¡No es nada, mujer! Espera, cogo el bolso y nos vamos.

Sakuno caminó como constumbre tras ellas por las largas galerías de tiendas. Ann la miraba de reojo, aconstumbrada a sus perdidas. Sonrió al recordar el día en que ella y Momoshiro se apartaron de el camino para besarse, dejándola algo rezagada. Sakuno apareció en la sección de objetos perdidos, con lágrimas en los ojos y con temblor de miedo. Momoshiro y ella casi se murieron de el susto y desde entonces, dejaban sus retoces para otro momento y la proteguían a cualquier perdida.

-¿Qué buscamos exactamente?-. Preguntó.

-Un... un vestido de fiesta... bueno, dos-. Rectificó.

-¿Vas a cambiarte entre medias de la fiesta?

Sakuno negó con la cabeza y Ann no necesitó un diccionario para comprender aquella mriada. Suspiró y aceptó.

-Iré. Te acompañaré.

Faltaron segundos para que los delgados brazos la apresaran con fuerza, casi obligándola a caerse.

-En fin, pero existe una condición.

-¡Oh, no Ann!-. Exclamó Sakuno intentado huir-. ¡No me pidas eso!

-Lo haces o no voy...


Arregló la camisa nuevamente y miró de soslayo la sonrisa complaciente de el rostro de aquella mujer. Tras cerrarse los pantalones, la besó en la mejilla.

-Las visitas a mi ginecóloga favorita son las mejores de el mundo-. Alagó.

-Déjate de alagos, Echizen. El día que traigas a tu mujer para las revisiones de el embarazo, me moriré de vergüenza.

-Venga ya, Tomoka-. Exclamó alzando una ceja-. ¿De verdad crees que traería a mi esposa a la ginecóloga que llevo tirándome desde hace años? Ni hablar-. Estepó sentándose-. Estoy demasiado escarmentado como para hacer eso. Además, la mujer que tengo en mente para mi esposa, no soportaría un trauma como ese. ¿Saber que su marido se acostaba con su ginecóloga? Sería cruel para ella.

-Una mujer con sentimientos-. Alagó la mujer.

-No como tu¿cierto?

Echizen sufrió la mirada fria de aquella mujer, la misma mirada que tenía por constumbre mostrarle su hermano menor. Sonrió orgulloso.

-Cierto-. Terminó por decir ella.

-¿Y bien?-. Preguntó-. ¿Cuándo sería la operación?

-Dentro de un mes-. Informó-. Desde luego, tu padre hace tratos realmente crueles.

-Dímelo a mi.


Suspiró. Estaba cansado y decepcionado. Cabreado y hambriento. El sueño se notaba en cada uno de sus músculos tensos, pero tenía que asistir a esa maldita fiesta. Su padre le había dicho que tenía algo importante que anuncíar y que como Echizen que era, tenía que estar pesente. Maldijo interiormente las celebraciones Echizen. Tenía demasiados quebraderos de cabeza como para pensar en festividades en ese momento. Y ya, la gorda. No llevaba acompañante femenina de el brazo.

No había tenido ni tiempo, ni ganas, de buscarse una.

Cerró el único botón que cerraría de el traje y frotó sus cabellos con desgana. Quería dormir. Y las fiestas le aburrían. Bostezó al momento en que recibía un fuerte golpe en su cabeza.

-¿Qué?-. Exclamó volviéndose-. ¿Momoshiro?

-¿Por qué estás tan de capa caida?-. Preguntó este frunciendo las cejas-. Esta noche puedes conseguir un buen as, así que nada de caras frias y tal... Ponte la careta de jefe y sal ahí.

Como constumbre en él desde que se conocían, Ryoma tuvo que soportar el empuje y abrazo para sacarlo al exterior de la fiesta. Momoshiro frunció las cejas mientras buscaba a su alrededor.

-¿Dónde demonios se ha metido Sakuno?-. Preguntó-. ¿No ha llegado todavía?

-Sí que ha llegado, pero no consigo sacarla de el vestidor-. Suspiró una voz tras él-. Menos mal que encuentro a alguien.

Ryoma se volvió, seguido por Takeshi. Éste se podía jurar que era una estátua de músculos tensos. Pero sonrió como si nada y se acercó hasta la castaña.

-¿Dónde está el vestidor?-. Preguntó.

-Por aquí, sígeme.

Cuando ambos se alejaron, suspiró aliviado. Por unos instantes creyó que comenzarían la peor gerra mundial ahí. No comprendía a Ann. Se había presentado a la fiesta sin más y se acercaba a ellos como si nunca hubiera sucedido nada. Era horrible. Menos mal que él jamás se vería en las cuadras por una mujer.

-.-.-.-.-.

Caminó tras ella en lentos pasos, admirado las perfectas curvas creadas por aquel maldito vestido que le hacía sentir deseos de arrancárselo. Pero no podía hacerlo. Se había prometido a sí mismo que cuando volvieran a encontrarse, controlaría sus instintos, por muchos deseos que tuviera sobre ella. El nombre de Sakuno había sido la señal de Stop. Haría lo que fuera por la castaña. Así como por Ann.

-Sakuno-. Llamó Ann-. Ya te lo traje.

-¿Sakuno?-. Preguntó acercándose hasta los vestidores-. Déjame entrar.

El pestillo se abrió y permitió a su enorme cuerpo adentrarse en el pequeño cuadrado de el vestidor. Momoshiro tuvo que forzarse para que su boca no cediera al asombro.

-¿Sakuno?-. Preguntó-. ¿De verdad... eres tu?

-Sí...-. Afirmó esta afligida-. Take... sálvame...

-¿Salvarte? Demonios, Sakuno, lo que menos me apetece ahora es salvarte-. Confesó frotándose la frente-. Estás... alucinante.

Sentada sobre una silla, Sakuno intentaba por todos los medios tapar su pequeño cuerpo dentro de el ajustado vestido rojo. Escotado, de cola larga y abierto en ambas piernas. El vientre redondeando y mostrado bajo un cinturón negro que no llegaba a cubrir la piel de el vientre. Los hombros desnudos y escote hasta donde la espalda dejaba de serlo. Los castaños cabellos recogidos sobre su cabeza en un moño alto y con leves mechones sobresaliendo de este y maquillaje acompañante.

-Está preciosa, pero no quiere salir-. Explicó Ann arrodillándose ante ella-. Sakuno, tienes que hacerlo.

-Me da mucha vergüenza-. Protestó alarmada-. ¡Me moriré!

-No digas tonterías-. La cortó Takeshi-. Estás realmente guapa. Además, como tarea de secretaria, tienes que dar una visión para tu jefe. Ryoma te necesita esta noche.

-¿Echizen?-. Preguntó Sakuno extrañada-. ¿Qué sucede?

-Verás, ya debes de saber la pérdida de su trabajador y necesita que Tezuka crea que todo puede salir bien. Tendrás que fingir que eres su nueva ayudante.


El plan de Momoshiro parecía fácil y ella estaba dispuesta a ayudar a Echizen. Era su jefe y un buen hombre. Paciente con ella como no lo había sido ninguno. Respetuoso con su atuendo, amable por su desayuno..., en fin. Que era el mejor de todos los jefes que había tenido hasta ese momento. Y estaba ahora con la soga al cuello. No podía permitirlo. Si Echizen caía, ella iría tras él, puesto que no podría pagarle. ¡Demonios! Tendría que buscarse otro tabajo entonces.

-Está bien-. Aceptó por tercera vez mientras permanecía aferrada al brazo de Momoshiro.

Cuando llegó ante Echizen Ryoma se encontraba de espaldas a ello, recargado sobre una de las ventanas y observando la negra noche. Momoshiro tosió para llamar su atención y cuando los dorados ojos se volvieron hacia ellos, se estaba arrepitiendo. ¡Oh, dios! Estaba rezando con todos sus nervios porque Ryoma Echizen no fuera como sus anteriores jefes.

Y alguien debió de escucharla. Echizen tan solo se volvió hacia Takeshi y comenzó una conversación en la que tan solo el abogado hablaba y hablaba, sin embargo, Ann, se rió.

-¿Ann?

-Demonios, este hombre no tiene sangre en las venas-. Murmuró entre risas-. No te ha reconocido.

Se aseguró un lugar entre los dos hombres y casi pelliscó el hombro de Ryoma al colgarse de su brazo.

-Echizen, por si no te has dado cuenta, la hermosa joven es Ryuzaki, tu secretaria.

Ryoma entonces pestañeó y la observó atentamente. Afirmó y buscó con la mirada un camarero cercano. Momoshiro le golpeó las costillas con el codo y Echizen optó por coger dos copas de champán, tendiéndola otra a Sakuno, la cual la tomó con cuidado de no derramarla.

-Sakuno-. Llamó Momoshiro-. ¿Por qué no le muestras a Echizen lo buena que eres? Recuerda lo que hemos hablado.

Afirmó y se aferró al brazo entregado a fuerzas. Sintió como los músculos de el masculino cuerpo se tensaban ante su contacto y lo buscó con la mirada. Ryoma observaba atentamente frente a ellos, con el ceño fruncido. Sakuno siguió la mirada y no tardó en darse cuenta de quien se trataba. Kunimitsu Tezuka.

Había leido sobre él, hablado con su secretaria alguna que otra vez. Sabía que tenía asuntos con Atobe y bastante difíciles. Keigo siempre terminaba quejándose de él, puesto que Kunimitsu tenía buenos contactos y ahora comprendía cuales eran. Los Echizen.

Y ahora que trabajaba para ellos comprendía el miedo que Keigo les tenía. Eran realmente millonarios y podían hacer cuanto desearan. Era lógico que Atobe les tuviera miedo.

Sujeta de el fuerte brazo, siguió a Echizen através de las demás parejas, que derepente, parecían haber centrado su atención en ellos. No era de extrañar. Ryoma era realmente atractivo, no podía negarlo. Se sentió inferior a su lado. Un hombre como él debería tener una atractiva extranjera de su brazo y no una japonesita vergonzosa como ella.

¡Ya es suficiente Sakuno!

¡Quierete más a ti misma!

Se aferró con fuerza al brazo, sabiendo de sobras que Echizen no sufriría por aquel agarre. Ni siquiera la miró. Continuaba firme en la presencia hacia la que avanzaban. Kunimitsu, al verles, también hizo amago de acercarse y los tres formaron un coro en medio de la pista. Tezuka se inclinó hacia ella como saludo y besó su mano con respeto. Sakuno sonrió avergonzada, pero inclinó la cabeza como agradecimiento.

-Un placer estar en su fiesta, Echizen-. Saludó apresando la mano contraria.

-Igual-. Respondió éste contestando al apretón.

-He oido sobre el despido de el personal que iba a hacer mi eslogan, señor Echizen.

Sakuno lo miró desconcertada y hasta casi se golpeó a sí misma al recordar lo directo que era aquel hombre. Tezuka siempre era conocido por ir directamente al grano y con frialdad. Ahora quedaba esperar si Echizen sabría defenderse.

-Sí, es cierto-. Afirmó Ryoma-. Pero me han recomendado una buena ayudante para su eslogan.

-¿La señorita?-. Preguntó Tezuka interesado.

Sakuno, inconscientemente, afirmó. Kunimitsu centró entonces su atención en ella y había comprendido que comenzaba la batalla que Takeshi y Ann esperaban.

-¿Tiene ideas nuevas o usará las de el anterior?

-Nuevas, señor-. Respondió cortesmente.

Por favor... voz, no me falles.

-Espero poder demostrar la valía de las empresas Echizen, señor. Y por supuesto, que usted quede sastifecho. En seguida me pondré a atender sus necesidades.

Tezuka alzó las cejas en sorpresa. Sakuno no había desbelado la idea que tenían sobre el eslogan, pero sí había asegurado su porcentaje. Aquello le gustó y sonrió.

-Dígame una cosa, señorita.

-¿Señor?

-¿Cuánto coeficiente tiene? Porque me parece a mi que usted es más inteligente que muchas de las mujeres que se encuentran en la fiesta-. Confesó inclinándose hacia ellos-. Echizen, hizo una buena compra. ¿Cuál es su nombre?

-Sakuno Ryuzaki-. Respondió éste.

De nuevo, Sakuno pudo ver como el empresario se escandalizaba dentro de sí mismo y se esforzó por mantenerse sujeta al brazo de Ryoma, el cual la miró molesto al sentir las uñas atravesando el traje y camisa. Se disculpó débilmente, al ser interrumpida por un fuerte sonido a música y el chirrido de un micrófono. Todos los invitados centraron su atención en el enorme escenario improvisado, donde Nanjiro Echizen hizo acto de presencia. Takeshi se acercó a grandes pasos hacia ellos y sujetó de el brazo a Sakuno.

-Tenemos que irnos, Sakuno-. Avisó-. Venga.

-Pero...

-Nada de peros-. Interrumpió Ann a su lado-. Sakuno, salgamos de aquí.


Había permanecido apartado de todo. Le permitió a su hermano usarla para que se librara de el embrollo en el que él mismo lo había metido, pero ya era hora de reclamar lo que iba a ser suyo. Si Kunimitsu no hubiera estado presente, Sakuno no se hubiera colgado de el brazo de Ryoma, menos con ese escandaloso y excitante vestido. Ardía en deseos de arrancarselo y aún tenía en su mente la imagen de la castaña en albornoz. Le estaba tentando demasiado.

Dejando a un lado a Sakuno, había cometido el error de borrar todo el trabajo para el eslogan de Kunimitsu y por suerte, logró echarle la culpa al trabajador. No tendría que soportar los cabreos hacia su persona de su hermano menor. Su padre había preparado la fiesta para un acto benéfico y él la usaría para su propio probecho y quería algo que estaba colgando de el brazo de su hermano. Se negaba rotundamente a negarse a ella. Quería a Sakuno.

-Bien-. Anunció Nanjiro sonriente-. Antes de que termine la noche, quisiera comentarles una nueva decisión tomada. Y no es ni nada menos que el casamiento de mi hijo mayor. Ryoga.

Logró ver como Sakuno, que era arrastrada por el abogado y una joven que ni conocía, se detuvo al instante, clavando su mirar cobrizo sobre él. El labio le tembló y fue sujeta por las dos personas. Buscó con la mirada la de su hermano y dio un paso atrás al instante. ¿Por qué demonio le miraba tan atemorizante? Quizás... ¿Había descubierto lo sucedido? No.

No podía ser posible que su hermano... ¿En tan solo una noche cuando la había tenido dos semanas frente a sus ojos? Imposible.

-Ryuzaki Sakuno¿Podrías hacer el favor de subir?

Aquello le volvió a la realidad. Sakuno se había vuelto, de pálida, a tomate y casi fue arrancada de las manos de los demás cuando los guardaespaldas la subieron junto a él. La tomó con delicadeza de las manos y la besó en la mejilla. Buscó el dedo anular y colocó la joya correspondiente en la mano que correspondía. Sakuno le miraba confusa y desconcertada la alianza. La apresó entre sus brazos y besó las lágrimas que escaparon de sus ojos. Obligándose a sí mismo, la sacó de la fiesta. Tomada a su mano, Sakuno caminaba como un zombi perdido.

-Echi... Ryoga... ¿Qué es esto?

-Te dije que tenía una edad y quería una mujer. Te quiero a ti, Sakuno-. Explicó abrazándola-. No puedes ni imaginarte la rabia que me ha dado que fueras de el brazo de mi hermano¿qué hacias con él?

-Trabajando-. Respondió una voz tras ellos.

Sakuno se volvió rápidamente y corrió para detener la figura masculina que se acercaba amenazante hasta ellos. Se frotó la sien y suspiró.

-Momoshiro Takeshi-. Dijo sonriente-. ¿Sucede algo?

-¿Te crees con derecho a hacerle esto?-. Exigió el abogado-. ¡Es una trampa!-. Sujetó con fuerza los brazos de Sakuno y la zarandeó-. Sakuno, no le hagas caso. No aceptes su propuesta. Eres hermosa y conseguirás a quien quieras. Echizen no... ¿Sakuno?

Ryoga sonrió, acercándose hasta ellos rodeó los hombros de Sakuno.

-Creo que ella ya ha eleguido y su elección es estar conmigo. Te llamaremos para que seas el testigo de nuestra boda.

En silencio arrastró a la castaña hasta la puerta cercana, pero de nuevo Takeshi se entrometió.

-Sakuno, tienes que saber algo antes de... de irte con él.

-¿El qué?-. Preguntó alfligida.

-La herencia de tu abuela-. Explicó rápidamente-. No te la he podido dar todavía por una simple razón.

-Takeshi... no creo que sea el momento-. Murmuró Ann preocupada.

-No, lo es-. Rectificó Takeshi con seriedad-. Sakuno tiene derecho a saberlo.

La sujetó con fuerza de la mano, estirando de ella hacia él. Sakuno parpadeó confusa, pero le siguió.

-Sakuno, en el testamento de tu abuela existe una clausura. Su última voluntad era que no te dejara heredar e dinero hasta que no te hubieras casado, pero por amor. No amas a Ryoga. Tan solo... tienes lo que se llama calentón.

-¡Momoshiro!-. Exclamó Ann interrumpiendo-. ¡Te estás pasando!

-No. Sakuno es tan inocente en esto que es incapaz de reconocerlo. Echizen se está aprobechando de eso-. Protestó.

Ryoga rió tras ellos. Sakuno se había quedado pensativa y tenía que jugar antes de que la chica se fuera. La atrajo contra él por las caderas y besó su desnudo cuello, conociendo la reacción que aquello crearía.

-Cariño, no les hagas caso. A mi no me interesa tu dinero.

Buscó el lugar sensible entre el lóbulo y el cuello y dejó un casto beso sobre la suave piel y absorvió el perfume de aquel cuerpo.

-Vamos, Sakuno, tengo muchas cosas que contarte.


Se frotó los negros cabellos desesperado y maldijo varias veces mientras caminaba, con las manos en los bolsillos y a grandes zancadas. Hasta que no llegó ante su vehículo no se dio cuenta de que ella le había seguido.

-Has sido demasiado duro con Sakuno-. Le regañó- . ¡Deberías entender mejor sus sentimientos! Ama a Ryoga y aunque este le haga daño, irá con él.

-Ese es el problema, Ann-. Reprochó-. ¡Qué Echizen quiere hacerle daño! Todos estos años intentando que se enamorara de aguien cuerdo y se enamora de ese gánster. ¡Mira que tiene a Ryoma en mira!

-¡Ajá!-. Exclamó la castaña señalándole-. Así que por eso tanto ahínco para que trabajara en las empresas Echizen. Querías que Sakuno... ¡Oh, dios!-. Suspiró apoyándose en el coche-. Que Sakuno se enamorara de Ryoma. ¿Estás loco, Takeshi?

-No-. Negó cansado-. Ann, te juro que no. Ryoma también es mi amigo y crei que presentándoles les ayudaría a ambos.

-Pues te has equivocado-. Espetó.

-En tantas cosas que ni puedo contarlas.

Sus miradas se econtraron. ¿Cuánto tiempo hacía que deseaba perderse en el mar azulado de esos ojos? Demasiado. La había echado de menos y no podía negarlo. Alzó su mano lentamente, hasta que rozó la suave piel femenina. Sus dedos se deslizaron por las suaves curvas de su cuello y brazos, hasta perderse en el comienzo de su cintura. Ann tembló frente a él, sin apartar sus ojos de los lilas. Frunció el ceño y la miró atentamente.

-¿Sabes lo que pasará si no me quitas la mano de tu cintura?

-Sí, lo sé.

-Continuaré y no me detendré hasta que seas mia. Ya me conoces.

Takeshi esperó pacientemente, una negación, lo que fuera. Sin embargo, Ann alzó la mano de su cadera hasta sus labios, besando sus largos dedos con sumo cuidado.

-Takeshi... no te detengas.

Dos segundos después, se encargó de desatar el nudo de el negro vestido y dejar que se deslizara por las perfectas caderas, en la parte trasera de su coche. La besó con ansias, con deseo y anhelo. La había hechado de menos. Demasiado tiempo. Su sabor, su perfume, su sensación. Atrajo su delgada figura contra él y la besó profundamente. Ann gimió y le dejó completamente el permiso dado para que profundizara cuanto deseara en su boca. Ella metió sus finas manos bajo la removida camisa, acariciando su torso y espalda, pegándolo contra ella. Arrancó los botones y besó su torso, dejando un ligero camino de carmín. La apartó levemente y la observó por un instante antes de arrancar el vestido.

-Dios... sigues... igual de hermosa.

Apresó ambos senos entre sus manos y su boca buscó las erecciones que se alzaron ante el contacto de sus dedos sobre estos. De nuevo, aquella rosada boca se abrio para dejar paso a un sensual y ronco gemido. Sus cabellos quedaron presas de los dedos, que alzaron su rostro con decisión. Con movimientos rápidos, se vio debajo de el atractivo cuerpo y sintió como su erección quedaba atrapada por los suaves muslos. Gimió y endureció sus piernas al sentir leves movimientos por parte de la castaña. Movimientos firmes y cada vez más excesivos sobre sus piernas. Apretó las suaves nalgas y la movió rítmicamente, hasta que la sintió extremecerse. La inclinó, tragándose sus gemidos y buscó a tientas la ropa interior femenina, desaciéndose de ella al instante. Mientras Ann recuperaba el aliento, se aseguró de colocar su protección y antes de que la chica tuviera consciencia de ello, la penetró, besándola fuertemente.

-Dios... Ann...-. Gimió al sentir las uñas contra su piel-. No tan fuerte...

-Perdón-. Se disculpó la joven riendo-. Pero... Por favor..., muévete ya...

-No...-. Negó mordiéndose el labio inferior. Ella gimió en protesta-. Hace demasiado tiempo... que deseo esto... desde que te fuistes.

-Takeshi...-. Suspiró asombrado-. ¿Es que no has estado con otra mujer?

-¿Ocurre algo si no miento?

-Nada...

-Pues no, Ann-. Confesó-. Desde que estuve contigo.

-Entonces...-. Susurró aferrando las caderas masculinas-. Cásate conmigo, Momoshiro Takeshi.


Rozó las sábanas sobre su desnudo cuerpo y cubrió su frente con su fuerte brazo. No podía dormir. Estaba desvelado. La fiesta le había parecido una ruina. Lo único soportable había sido el comportamiento de Sakuno con Kunimitsu, el cual había terminado quedando prendado de la joven. Demonios¿quién no? No era un pervertido, pero sabía reconocer una hermosa mujer cuando la veía. Y Sakuno le había quitado hasta el hipo. Tenía que reconocerlo. Aconstumbrado a verla con grandes ropas...¿dónde demonios escondía aquel cuerpo?

Se volvio boca abajo y apresó la almohada entre sus fuertes brazos. Apretó los dientes y arrugó los ojos entrecerrados. Volvió a otra postura más cómoda. Aquel vestido enseñaba demasiado y con solo una mirada había logrado ver la suficiente carne como para terminar por excitarlo. Bufó y se sentó sobre el colchón. Lo necesario sería una buena ducha. Se frotó los cabellos sudorosos con rabia y maldijo mientras se adentraba bajo el agua fria. ¡Ni una sola mujer había conseguido eso en una sola noche!

Ya había descubierto que Sakuno era demasiado pequeña y cuando la había tenido sujeta de su brazo, pudo comprobar que era demasiado delgada y libiana, eso sí, las uñas las clavaba con ganas.

Una vez de regreso a la cama, se centró al situación. ¿Desde cuando pensaba tanto? O peor¿Por qué había sentido deseos de fulminar a su hermano mayor ante el anuncio de su compromiso? Durante la partida de los invitados había visto a muchas jóvenes llorar y no había tardado demasiado en adjudicarlas como amantes de el mayor.

La maldición de sus secretarias, le llevaba a tener que volver a hacer otra tanda de entrevistas. Seguramente, Sakuno dejaría el trabajo, ya que heredaría los tantos de millones que tenía como herencia, se casaría con el mentiroso de su hermano y dejaría de trabajar para poder vivir cómodamente como una de las típicas mujeres adineradas. Aquella diminuta belleza se convertiría en una sucia mujer rica al lado de su maldito hermano.

Demonios, de repente odiaba a su hermano.


Aparcó el coche ante su apartamento y la miró de reojo. Sakuno permanecía sentada en al asiento, aferrada a la chaqueta de el traje de el mediano de los Echizen y con los ojos semicerrados de cansancio. Suspiró al ver la puerta de su edificio. Aún golpeaba en su mente las palabras de Momoshiro. Pero no le importaba. Había tomado la decisión de seguir a Ryoga. Le gustaba. Y había sido el primer hombre que se había mostrado interesado en ella. ¿Cómo negarse?

-¿Estás bien?-. Preguntó Ryoga rozándole el hombro-. ¿Quieres que te carge hasta tu casa?

-¡No!-. Exclamó avergonzada-. Ya puedo andar... sola...

-Está bien-. Aceptó suspirando-. Dime algo, Sakuno-. Murmuró pensativo-. ¿Piensas seguir trabajando?

-Sí-. Afirmó-. Me gusta mi trabajo... tu... hermano se porta bien conmigo... además... Momo fue quien me ayudó y... no quiero fallarles...

-Pero... Yo puedo mantenerte-. Opinó con gesto ofendido-. Mi hermano dejará de tratarte bien, Sakuno-. Explicó impaciente-. Él... creo que está enamorado de ti.

-¿¡Qué dices!?-. Exclamó alarmantemente sonrojada-. ¡Eso es imposible!

Jadeo necesariamente. Sentía miedo. ¡Terror! No le gustaba para nada que sus jefes se enamoraran de ella. Lo odiaba. Le recordaba demasiado a Atobe y sus insinuaciones. Sus miradas lascivas y... aquel beso robado seguido de un fuerte apretón en su seno izquierdo. ¡Ni hablar!

-Mi hermano es un hombre, Sakuno. Igual que yo.

-¡Él no haría algo así!-. Se defendió-. Echizen no...

Negó repetidas veces con la cabeza. Ryoga rozó su nuca lentamente y la acercó hasta él, ofreciéndole su pecho.

-Espero que algún día no tengamos que pelear contra mi hermano porque haga algo indevido.

-Ryoga...-. Suspiró y se apartó-. Buenas noches.

Se había molestado. Ryoga había sido tan poco insensible de no preguntarle qué le había sucedido, si no que continuaba hechando piedras sobre el tejado de su jefe. Se negaba a pensar que el frio hombre se lanzara sobre ella como hizo Atobe. Era demasiado reservado como para acercarse a ella y besarla de improvisto, meterle mano sin permiso y arrinconarla. No. Estaba convencida. Que la mirase por un momento como hombre, igual que había visto en la fiesta, era posible. Tal y como había dicho Ryoga, era un ser vivo con hormonas.

Pero de nuevo volvería a ponerse su atuendo. Sus corazas. Que estuviera prometida con Ryoga, no quería decir que cambiara sus constumbres. Aún cuando tuviera unos cuantos millones en la cartilla. ¿Millones? Demonios... ¿Cuánto era la herencia de su abuela? Buscó entre las carpetas hasta hallar lo que deseaba. Sus piernas cedieron al peso de su cuerpo y sus manos sujetaron su cuerpo sobre el frio suelo.

-Im... imposible... esto es... demasiado... ¿En qué trabajaba la abuela? ... Aca... ¿Acaso era contrabandista o la jefa de la mafia?

Frotó su cabeza nerviosamente y arrugó los labios.

-Soy... demasiado rica...-. Murmuró.

Al día siguiente.

El sol le hacía daño en los ojos. Había estado toda la noche haciendo cuentas y esta vez, no le hizo nada de gracia que su piel no reaccionara. Dos noches seguidas en vela, era demasiado. Cuando entró en el despacho, Ryoma ya estaba sentado tras su escritorio escribiendo algún informe. Se presentó ante él, apretando su bolso entre sus manos. Cuando alzó la mirada hacia ella, se inclinó.

-Por favor... es... espero que no le importe que... siga trabajando para usted.

-Pues tenga-. Dijo entregándole uno de los informes-. Empieze el eslogan.

Parpado y recogió el informe. Echizen no la había mirado para nada.

-Señor... Echizen...-. Llamó-. ¿Le molesta... que quiera seguir trabajando para usted...? Estoy... sé que sabe de mi fortuna.

-Sí-. Afirmó él mirándola. Alzó una ceja y se encogió de hombros-. Eres eficiente.

-Entonces... ¿Realmente quiere que siga adelante con el eslogan?

Echizen suspiró. Se alzó y comenzó a caminar hasta la ventana, dándole la espalda. Sakuno no comprendió aquel gesto. Si realmente trabajaban juntos, significaría estar todo el día codo con codo. Él era necesario y ella también. Estaba segura de que Ryoma lo comprendía. No era sencillo trabajar con alguien que tuviera más dinero que tu, que le tuviera miedo y fuera tan torpe. Un momento. ¿Él... le había dicho que era eficiente? Entonces... Echizen estaba de acuerdo con ella.

-Trabajaré duro, señor-. Dijo finalmente.

Una sonrisa superior escapó de los labios de el peliverde. Apretó los documentos contra su pecho y comprobó que de nuevo, la mirada de Echizen era de duda. Se tocó la cara confusa y descubrió que no llevaba las gafas. Agachó al instante la cara y se apresuró en salir.

-Ryuzaki.

Se detuvo se tensó al notar el aliento de el hombre golpear contra su nuca. Se extremeció al instante y dando un chillido, le golpeó con las hojas en la cabeza.

-¿Qué...?

La voz desconcertada de el hombre la hizo apartar las hojas y mirarle desconcertada y aterrada. Echizen sujetaba en su mano izquierda un gusando de pasionaria. Abrió los ojos de par en par.

-¡Disculpe!-. Exclamó inclinándose-. ¡No era mi intención golpearle!-. Se excusó-. Es que... no es la primera vez que...-. Se calló al sentir un ruido sordo.

Se alzó, encontrándose al Echizen lejos de ella, matando al gusando dentro de una taza de café. Alzó una ceja y caminó lentamente para asegurarse que el animalito indefenso se moría. Él le mostró el café y ella pudo ver perfectamente la rojez por su golpe y una leve mancha de sangre. ¡Le había cortado!

-¡Sangre!-. Exclamó aferrándolo de el brazo-. Permita que le... que le cure. ¡Oh, cielos! Le herí...

Ryoma alzó su brazo y rozó con éste la herida, mirándose la sangre por un instante y suspiró.

-No es nada.

-Pero...

La apartó levemente y negó con la cabeza, centrándose en los documentos de nuevo. Pero la sangre manchó uno de los papeles, indicando que volvía a sangrar. Suspiró molesto e intentó volver a frotarse la herida, pero esta vez, logró ser más rápida que él. Su rodilla se clavó sobre la musculada pierna, su mano izquierda volvió el masculino rostro hacia ella y cubrió la herida con su pañuelo. Fruncio las cejas con seriedad, mientras que él parpadeaba confuso. Llevó el pañuelo hasta sus labios, humedeciéndolo levemente con su saliva y volvió a posicionarlo sobre la herida. Guió la mano diestra de el hombre hasta este y la apretó con firmeza, buscando dentro de su bolso una vez libre las manos.

Cuando finalmente halló lo que deseaba, lo extendió tras apartar los folletos. Sin pensarlo dos veces, se sentó sobre la mesa cara a él y con ambas piernas a cada lado de el cuerpo masculino. Le sintió tensarse al ver la aguja en su mano y se humedeció el labio al comprender lo que quería.

-No se preocupe-. Tranquilizó-. Tengo estudios médicos... Confie en mi.

¿Por qué confesarle que, sí, había estudiado medicina, pero... ¡Animal!? Pero no le dijo nada. Pacientemente, comenzó a coser la herida. Inclinó su cuerpo hacia él, con la idea de ver mejor y sin darse cuenta, se extremeció al sentir el contacto de el cálido aliento sobre su pecho. La postura tampoco era la idónea, pero se tragó la vergüenza y efectuo su mejor trabajo. Una vez listo, enganchó el hilo con sus tijeras y cortó.

-Listo-. Indicó-. Así no... no sangrará.

-Hmph.

Él inclinó la cabeza como agradecimiento y se echó hacia atrás, permitiéndole que uniera sus delgadas piernas. Un nuevo pestañeo por parte de Echizen, la hizo darse cuenta de que la falda había sido alzada hasta sus rodillas y con urgencia, la descendió. Ryoma suspiró y negó con la cabeza.

-Discúlpeme...-. Susurró-. Pero...

-Ryoga.

-No es por Ryoga-. Se apresuró a decir-. Antes... antes de trabajar para usted... me sucedio algo y... me pongo muy nerviosa con mis superiores. Perdón...

-Deberías de contárselo, Sakuno.

-Momoshiro-. Nombró Ryoma alzándose.

Dio un salto y miró al ojos lilas, apoyado en el quicio de la puerta. ¿Cuánto llevaba ahí?

-Sakuno sufrio los deseos carnales de Atobe Keigo y, creo, que cuando te digo ese nombre, Ryoma, sabes por donde voy.

Echizen afirmó y Sakuno les miró perdida. Momoshiro le acarició la cabeza amablemente y sonrió.

-Nosotros tuvimos pleitos con él hace mucho tiempo-. Explicó-. Tu no estabas todavía trabajando para atobe. En aquel tiempo estabas estudiando.

Se dejó caer sobre el sillón, estirándose cuan largo era y aflojó el nudo de su cobarta. Buscó la mirada de Ryoma y sonrió de nuevo.

-Ryoma¿te importa que Riku vaya a un recado por mi?-. Echizen se encogio de hombros-. ¿Podrías llevar esta compra a mi casa?

Sakuno afirmó. Tomó la lista entre sus manos y les dejó tras recoger todo. Por suerte, se había marchado sin contar aquella horrible historia a su jefe. Lo peor de todo es que ella misma había hecho el amago de contárselo sin más y Momoshiro la había apremiado a que lo hiciera.

Compró los árticulos sin nisiquiera mirarlos y se adentró con la llave de repuesto que Takeshi le había dado para esas ocasiones. Caminó hasta la cocina tranquilamente y dejó las bolsas en el suelo.

-¿Ya has...? eh... ¿Sakuno?

-¿Ann?-. Exclamó dando un respingo.


Sonrio de nuevo y señaló la herida de su ceja, mientras que él fruncio las cejas. ¿Qué demonios hacía el abogado en su despacho, tan sonriente y tras haber hecho que Sakuno se fuera?

-¿A que es bonita?-. Preguntó Momoshiro pícaro-. Sabe curar a las personas. Es sexy a su manera, amable, silenciosa. ¿Qué más quieres?

Se encogio de hombros. Cierto. Ryuzaki era buenísima en esas virtudes. No podía negarse. Pero Echizen estaba demasiado lejos de comprender las insinuaciones de su amigo. Se frotó la mejilla y devio la mirada.

-Es perfecta para que sea tu pareja, Ryoma. Ya sé que está prometida con tu hermano pero...-. Takeshi se frotó el rostro y apoyó ambas manos sobre la mesa, apresando el quicio entre sus manos-. Demonios, Ryoma... Hazme el favor de ligártela.

-¿Qué?-. Exclamó alzándose-. ¿Momoshiro?

Desde que lo conocía, nunca había visto tan pálido a su amigo. Ni siquiera cuando Ann se marchó. Las sonrisas que pronosticaban que algo bueno le había sucedido, habían quedado aparcadas y ahora en un completo mar de hielo.

-No quiero... que se case con tu hermano... sé que no le ama... ¡Sakuno no puede amar a alguien como él! Demonios... solo es un caletón, pero como nunca se ha sentido atraida por nadie, no lo comprende...-. Le miró atentamente y frunció la boca en una sonrisa-. Eres suficientemente atractivo como para hacer que se sienta atraida por ti. Luego... le rompes el corazón si quieres... y eso me sabrá mal, pero es mejor que sufra por ti, que por Ryoga. Estoy hablando como un cerdo, lo sé... pero... No quiero que termine peor con Ryoga. Sé que puedes atraerla, pero antes de que tomes una decisión, quiero contarte lo que pasó con Atobe.

Arrugó las cejas. Aquel nombre le ponía de mal humor. Ni siquiera se había molestado en mirar en qué lugares había trabajado anteriormente Sakuno y por eso mismo, no sabía qué referencias tenia. Le había gustado como se mantenía ante su trabajo y era suficiente. Se llevó una mano hasta la frente y recordó el golpe al sentirle quitarle el asqueroso gusano. No era su intención asustarla ni que se volviera agresiva y había notado la pena ante ese acto en los rojizos ojos. Una mera idea circulaba por su mente y cuando descubrio que trabajó con Atobe, todo parecía más claro.

Atobe intentó abusar de ella.

-Al parecer, Atobe se comenzó a sentir atraido por Sakuno. Era la primera vez que trabajaba como secretaria y se esforzó por complacer a su jefe. Realmente era eficiente, pero Atobe tiene ciertos problemas y tu ya los conoces. Es igual que tu hermano. Se siente atraido por cualquier cosa que tenga tetas y... Perdón por la fealdad de la palabra... raja femenina-. Explicó molesto-. Sakuno, en aquel tiempo vestía... uff... como una modelo, para que te hagas a la idea-. Él afirmó-. Bueno, pues Atobe comenzó a atosigarla, que si regalos, que si cenas, que si te toco la cintura, que si... en fin. Tu ya conoces las tácticas de ligue de todo hombre. Cuando creyó que la inocente chica le estaba correspondiendo, le metio mano y la besó. Aquello asqueo completamente a Sakuno y desde entonces, siente pánico al acercamiento con los hombres.

Se dejó caer sobre la silla y suspiró.

-Me apuesto lo que quieras que tu hermano ni la ha podido tocar. Porque es imposible. Sakuno se aterrorizara y Ryoga no tendrá suficiente paciencia con ella. Sé que la lastimará y eso me cabrea más todavía. Por eso-. Le miró rogativamente-. Sedúcela, Ryoma.


Notas autora:

¡Hola de nuevo!XD.

Bueno, desgraciadamente, no puedo correguirlo a miedo de que internet me diga que se acavó al racha u.ù.

Pero espero que se entienda :3.

No tengo mucho qué decir de este capítulo unn... aparte de que espero les guste n.n.

Tiene momoann, como han podido verXD.

Es malo, lo reconozco, porque aunque me gusta la pareja, no sé...

no se me dan los lemons con ellos u,.ù.

Bueno, eso todo :3

¡Nos vemos pronto si puedo:3

Chia