¡Hola!! Nuevo capi n.n.

Ya saben la culpa de la tardanza u.u. En fin. Este capi va cargado con un poco de todo n.n. Espero que sea de su agrado n.n. Abajo nos vemos nOn


Notas; Este fic es un Ryo-Saku-Ryo. (no¬¬, no me refiero a Ryoma dos veces, si no una a Ryoga). y demás parejas acompañantes.

-Los personajes no estarán en OOC de ese. (lo digo por los típicos que van dejando mensajitos por ello. Leñe, que es diversión escribir¬¬)

-Como todos mis fics: Tendrá lemon, pero en su MOMENTO.

-Los personajes no me pertenecen: Son de Takeshi Konomi.

-NO copien mi historia sin mi permiso, por favor.(que ya me ha pasado una vez TOT).

-El tiempo no es el de la serie perdón, no recuerdo como se llama esoXD

-Me comprometo a intentar hacerlos más largos ;D.a menos que me suceda algo de repente.

-NO ES YAOI.

-COMO YA SABEN YO SIEMPRE, SIEMPRE Y SIEMPRE, CONTINUO MIS HISTORIAS.Quien crea que NO, es que NO ME CONOCE¬¬.

(Esto último me lo he visto obligada a ponerlo, gracias a alguien que dice que no se molesta en poner mi historia en alerta porque seguramente no la continuare¬¬. Eso me molestó sinceramente, puesto que SIEMPRE, cuando es su turno, la sigo. ¿o no es verdad? (A menos que me la borren como pasó con mi querido ginecólogo¬¬). Otra cosa a decir gracias a ese personaje¿Escribir por diversión? Sí. Pero, también me gusta saber qué opinan los lectores de lo que leen. No es tan difícil de entender.

Fic: Resumen:

Ryoma Echizen buscaba una secretaria eficiente, cansado de sus problemas con su familia, empresa y ex-secretaria. Sakuno Ryuzaki, tímida, de aspecto nada sexy, quería un nuevo trabajo como secretaria. Momoshiro Takeshi, abogado, echaba de menos a su antigüa novia, pero eso no impide que ayude a dos de sus mejores amigos. Así es como se conocen estos dos personajes y así, es como empieza su historia

Aviso:

Siempre suelo dejar intriga, así que prepárense. Es drama-romance aviso por las personas sensibles, luego no se me quejenXD.Sedúcela, Ryoma.


Capítulo tres.

Por:Chia-Uchiha o Pervert-chan.

Golpeo distraidamente la mesa ante él, con la pluma. Era una frase sencilla de decir, pero dificil de terminar de comprender. Momoshiro estaba realmente obsesionado con que Sakuno dejara a su hermano, y lo comprendía. Maldita sea si no fuera así. Ryoga no era un hombre de buena fé. Lo mirase por donde lo mirase. Que Momoshiro tuviera miedo de que la chica fuera herida, no sería erroneo, pero, que él también la hiriera, no le parecía bien. Ella trabajaba para él.

Enamorar a su secretaria.

Estaba seguro de que si se ponía, lo lograría. Pero tal y como Takeshi la veía frágil, él también. Demonios, no era tan ciego. Y hacerlo, tan solo haría crecer el pánico de Sakuno al trabajar con hombres, puesto que no dudaría aquella misión demasiado. Debería de contar su frialdad e igual lentitud en cuestiones de amor. Cierto que era capaz de seducir a cualquier mujer para doblegar sus instintos carnales, pero no la quería por más tiempo a su lado. Todas terminaban axfisiándole.

-Ryoma.

La voz de su hermano le hizo salir de el trance. No se había dado cuenta de cuantas horas hacía que Momoshiro se había terminado marchando, excusando la futura tardanza de Sakuno hasta la tarde. No le interesó preguntar por qué. Algo le decía que el regreso de Ann, tenía mucho que ver. Hasta aceptó una cena esa misma noche con ellos. Suspiró y giró las ruedas de la silla, hasta quedar espaldas de su hermano.

-¿Y Sakuno?- preguntó el mayor buscando a su alrededor.

¿Es que creía que la habría encerrado en un cuarto para que no la viera? Se encogio de hombros y continuo con su mirar en el cielo y pensamientos. ¿Qué debería hacer?

-Ryoma- repitio en su oido el mayor- ¿qué te has vuelto sordo?

-¿Qué?- Preguntó alzándose.

-¿Qué?- Exclamó Ryoga asombrado-. Mi prometida, tu secretaria, no ha venido a trabajar y tu tan pancho.

-Sí ha venido.

-¿Y dónde está?

-Ni idea.

Ryoga suspiró, frotándose los cabellos y rostro de forma cansada. Las ojeras en su rostro eran visibles y sus labios estaban curvados en preocupación.

-Anoche te defendio demasiado, ¿Sabes? Le dije que te dejara. Vamos, que no trabajara para ti más. Pero se ha empeñado en no dejarte en la estocada.

Digno de Ryoga pensó. Era siempre intolerante a que los demás hicieran las cosas contrarias a las que deseaba. Especialmente, una mujer. Sonrio orgulloso. Sakuno le había dado una buena lección y sin saberlo.

-¿Se puede saber qué te pasa que andas tan distraido?- escupio Ryoga bufando molesto-. Te estoy contando los problemas con mi futura esposa. Pero, ¡oh, usted perdone! El señorito escudo de hielo y frialdad interior, es capaz de comprender que su adorado hermano mayor se halla enamorado. Ryoma...- se frotó la sien con el pulgar y sonrio sastifecho de su discurso- nunca te enamorarás. En fin, si la ves, dile que me llame.

-No soy tu secretario-. Estepó recogiendo su abrigo.

Sin esperar los reproches de su hermano mayor, ignoró el ascensor, para descender los cuatro pisos a pie. ¿Señorito de escudo de hielo y frialdad interior? No era la primera vez que se lo decían. Muchas de sus amantes lo habían clasificado así. Creían que no tenía sangre en las venas y que sus nervios eran de metal helado. Que equivocados. Puede que realmente fuera incapaz de enamorarse. De sentir apego por una persona, pero no era como su hermano. No podía jugar con los sentimientos de una mujer para quedarse con su dinero.

Eso mismo, sin dar tantas explicaciones, le respondería a Takeshi. Eran amigos, pero no era un capullo.


Sentada ante ambos, parpadeaba de forma curiosa. Momoshiro había recibido una buena bronca por parte de Ann, que, ya arreglada, la miraba con una sonrisa de oreja a oreja. Le correspondio y miró el reloj sobre la estantería cercana. Ryoma terminaría enfadandose con ella por no haber regresado ya al despacho. El móvil le había sonado ya tres veces, pero se había negado a mirarlo. Sabía quien era. Aún estaba enfadada con Ryoga por su falta de tacto con sus sentimientos y aunque era una tontería, quería estar calmada para hablar con él.

-¿Y bien?- Preguntó Ann- ¿No piensas decirnos nada?

-... Felicidades...

Takeshi y Ann rieron. Ann se alzó, sentándose a su lado, sujetándola de el brazo.

-Acaso te sorprende que sea yo quien se lo pidiera.

-Ah, ¿fuiste tu?- Exclamó la chica asombrada- ¡Ann! ¿Cómo...

-Supongo que las chicas hacemos cosas extrañas cuando estamos...- dudó entre risas- amorosas. Sí, eso. De todas formas, tenemos otra cosa más importante que discutir.

Sabía perfectamente a qué se refería. La noticia de la boda entre Ann y Momoshiro no era más que un escalón para sacar la suya entremedias y ahí estaba. La conversación temida. Buscó el reloj de nuevo y se levantó.

-Creo que tengo que irme a traba...

-Ryoma me ha dado permiso para que te quedaras con nosotros- Interrumpio Momoshiro serio-. Así pon tus redondas posaderas en el hueco de mi sofá.

Obedecio y ahogó una sonrisa. Momoshiro, cuando estaba enfadado, realmente podía decir cosas divertidas. Pero aquello tampoco le agradaba demasiado. Si Ann y Takeshi se ponían de acuerdo, eran capaces de volverla loca. Tragó saliva y se frotó las manos.

-¿Qué?

-¿De verdad quieres casarte con Ryoga?-Preguntó Ann-. Ese hombre...

-Es un mentiroso- Terminó Takeshi arrugando la boca.

-Yo... Creo que sí... Chicos...- se frotó las manos de nuevo, con nerviosismo- sabeis perfectamente que... ningún hombre se ha interesado en mi desde que me visto de este modo...

-Razón de más para que sea extraño, Sakuno- opinó Takeshi sinceramente-. El hombre más mujeriego de el mundo, viene a verme, interesado por tu situación económica, te pide en matrimonio sin consultártelo y tu aceptas. Sakuno, es un calentón.

-Takeshi, te sigues pasando demasiado-. Regañó Ann alzando las cejas-. Hablás como si Sakuno...

-Sakuno es una virginal muchacha que ni reconoce cuando le interesa un hombre sexualmente.

-¡Ryoga no despierta eso en mi!

Ann y Takeshi la miraron asombrada. Sakuno jadeo y sintio humedecer sus ojos. Ann la apremio para sentarse de nuevo y la acogio entre sus brazos. Momoshiro se frotó la sien y negó repetidas veces con la cabeza. Finalmente, se inclinó hacia ellas. Sujetó su mano con delicadeza y la besó.

-Sakuno- Llamó-. Sakuno, mírame-. Obedecio-. Si, en dos meses, no te enamoras de otro hombre, te prometo que no me meteré más. Pero si sucede, dímelo y haré todo lo posible para que no te cases con quien no amas.

-Los Echizen son demasiado poderosos-. Protestó Ann incrédula.

-Por eso mismo.


Suspiró y tumbó sobre sus piernas, permitiéndole acariciar la castaña melena entre sus dedos. Dos minutos antes, Sakuno se había marchado, tras convencerla de que esa noche cenara con ellos. Le era increible creerlo, pero Takeshi tenía absolutamente todo pensado. Quería que Sakuno se enamorara de Ryoma Echizen y olvidara al hermano mayor. Aunque Ryoma después le diera la patada a la chica. Entonces comprendio. Se sentó sobre sus rodillas y apretó las mejillas masculinas entre sus manos.

-Momoshiro... te estás hiriendo por ella injustamente...

-No, Ann-. Negó él abrazándola-. Sakuno... no se merece a un tipo como ese, que no tendrá en cuenta ni cuando la desvirge. Por favor...

-Pero si es su decisión... Ryoma no es mejor, Takeshi.

-Es mejor- contestó cabezón-, Ryoma es mejor.

-¿Por qué?- susurró cansada.

Él se humedecio el labio, buscando dentro de su mente la razón. Ann sabía que la conocía perfectamente, pero no podía explicársela sinceramente y poner la integridad de el frio Echizen en vilo. Negó con la cabeza y le besó.

-Está bien, está bien. Confiaré en ti.

-Ann... no creas en mi, porque le voy a romper el corazón a mi mejor amiga.


Molesto, continuo moviéndose en círculos por el despacho. Su hermano no había regresado y no tenía noticias de Sakuno. Anoche, al marcharse, notó que algo malo había hecho y que la joven se había sentido herida. Por más vueltas que le daba, no lo comprendía. No era por publicar su actual relación. Tampoco por negarle ir a trabajar con su hermano.

¿Qué demonios era entonces? Y, ¿Por qué no le cogia el maldito teléfono?

Su hermano había mentido. Sí sabía donde se encontraba la castaña. Perfectamente. Pero por amargarle más el día no se lo había dicho y aquello le había obligado a decir ciertos pensamientos que se había esforzado por encerrar. Realemte le molestaba la frialdad de su hermano pequeño. Odiaba que fuera tan... perfecto. Tenía de todo sin darse cuenta y había nacido en el seno de una familia adinerada, que, aunque viajaba mucho, siempre estaba más pendiente de él de lo que creía. ¿ Por qué, por una vez, que él se interesaba en algo, sentía que su hermano volvía a estar en medio?

Sonrio. Aquello era como tiempo atrás.

¡Es mi juguete!

¡Papá lo ha comprado para mi, Ryoma!

Coge otro.

-Ryoga, dale la raqueta a tu hermano. No seas egoista.

Definitivamente. Ryoma siempre se había salido con la suya. Sacó el móvil y volvio a marcar. El sonido de llamada llegó hasta sus oidos y un suspiro familiar. Caminó a grandes zancadas hasta la entrada, donde Sakuno miraba el móvil entristecida.

-¿No piensas contestar?- preguntó ronco.

-Ryoga...

Suspiro. Caminó a grandes zancadas hasta ella, apresándola entre sus brazos.

-Demonios, Sakuno. Me tenías preocupado. Tenias que haber cogido el móvil.

-Lo... siento...

Sintio la mejilla rozarle su brazo izquierdo y la apartó, buscando su boca. La besó tiernamente, obligándose a alejarse de ella. Aún no quería asustarla.

-Sakuno... ¿Por qué te enfadas? ¿Qué fue lo que dije que te hizo daño?

Sakuno negó con la cabeza y se apartó.

-No se... te preocupes... no es nada.

Se apartó de él y se acercó hasta el despacho. Miró el interior asombrada y corrio hasta la agenda, frunciendo las cejas.

-Ryoma se enfadó hoy conmigo. Seguramente estará desaparecido por algún lugar.

Sakuno le miró asombrada y fruncio el ceño. Suspiró y se dejó caer en su sillón. Se acercó hasta ella, revisando su rostro. No llevaba las grandes gafas que siempre cubría su rostro. Con lo hermosa que estaba sin ellas. Se inclinó sobre la mesa y rozó el fruncido ceño. La rojez no tardó en acompañarla.

-Cena conmigo.

-No... no puedo.

Alzó las cejas, sorprendido e incrédulo.

-Es que... ya quedé...

-¿Otro hombre?

-¡No!- Exclamó ella alzándose-. Son... Ann y... Momo...

-¿El antipático abogado?

-No es antipático- defendio Sakuno-. Es mi mejor amigo.

-Pues más bien parece que éste enamorado de ti, leches. En fin... está bien. Ves.

-¿Cómo?- Preguntó arqueando una ceja la chica. Suspiró.

-Te digo que vayas. Diviertete con ellos.

Rodó sobre sus pies y alzó una mano como despedida. La puerta de el ascensor se abrio ante él y se cerró cuando todavía sonreía. Golpeo la tecla de bajada con fuerza y apretó los dientes. Aquel maldito abogado se interponía demasiado en sus planes. Sakuno era tan inocente como creía. No se había dado cuenta de que le había dado su consentimiento para que fuera a esa fiesta. Se lo podría haber negado y obligado a no ir, pero sabía que aquello tan solo la alejaría. Demonios. No podía permitirse ese lujo. Buscó el movil y nada más poner un pie en la calle, buscó la mejor solución a todo.

-Te tengo un trabajo...


No tenía la menor de las ganas de llevar traje. Estaba arto. Colocó una camisa amplia, negra y con la mitad de su torso al descubierto. No hacía tanto frio como para cubrirse. El traje daba calor y tenía que soportarlo todos los días. Por una noche que no lo llevara, no se moriría. Colocó sus anchos pantalones, cómodos y frescos. Tenía hambre y su estómago rugio.

Tendría que negarse a cumplir la demanda de su mejor amigo. No podía seducir a su secretaria, aunque fuera por su mejor amigo. Era incapaz de fingir un amor, porque no sabía que era amar. Suspiró y volvio a negarse cuando se adentró en el asiento de su coche. Conduciría él. Aquello no le había gustado al chofer, pero comprándolo con un extra en su paga, fue suficiente para convencerle. Miró el reloj y suspiró de nuevo. Como común en él, llegaba algo temprano. Aparcó lejos de el restaurante, dando así un paseo mientras mataba los minutos y se detuvo al ver una figura familiar.

Es muy poco orientativa.

Pierde la noción de el lugar.

-Ryuzaki.

La chica jadeo, asustada y le buscó con la mirada con atención. Cuando lo reconocio através de las gruesas gafas, suspiró aliviada. Alzó las manos, pero las detuvo ante el deseo de quitar aquellos grandes lentes. Era claro que no los necesitaba y había comenzado a odiarlos. El rostro de la joven mujer era demasiado bello sin ellas. Pero no lo hizo. No era nadie para obligarla. Ya se encargaría el pesado de su hermano en hacerlo. Sakuno estaba demasiado equivocada con él. Le había visto prohibir a sus amantes ir a fiestas y viajes, y todas aquellas que le habían desobedecido, no deseaban vivir un solo día más cerca de Ryoga Echizen.

-Esto... estoy buscando... el restaurante de sushi Kawamura... pero...

Suspiró y se encogio de hombros. No perdía nada por ayudarla, al fin y al cabo, él también iba ahí.

-Por aquí.

Caminó a pasos lentos, sin prisa, mirando a su alrededor. Y ella le siguio, cavizbaja y con la misma silueta que usó en la fiesta. La miró de reojo y una tensión en sus hombros se formó al pensar que, si por un momento extraño, decidiera besarla, tendría que agacharse lo suficiente como para poder llegar a sus labios. Ryoga también era alto y se apostaba lo que fuera que tenía que ejercer el mismo acto. Aunque, con lo liviana que era, no sería un esfuerzo alzarla en brazos.

Finalmente, el letrero se alzó ante ellos y dos figuras esperaban pacientemente ante ellos. Momoshiro se acercó hasta ellos, alzando una mano. Vestido con el traje negro y camisa rojiza, tenía señas de haber estado trabajando y no de vacaciones precisamente. Era el único nada informal. Se excusó por eso y se adentraron. Sakuno parecía perpleja, al igual que él. Tan solo que ella era un libro abierto y no era demasiado difícil comprenderlo.

-¿No sabías que Ryoma también vendría?- Preguntó Ann mirando a su prometido.

-Se me olvidó decirlo...- se excusó este-. Pero no importa. Estamos para cenar y divertirnos.

-Claro- aceptó Sakuno sonriente.

Tras ocupar una mesa apartada, todos hicieron su pedido. Momoshiro conocía perfectamente el local y no tardó en guiarles en raciones realmente deliciosas.

-Eres un glotón- estepó Ann entre risas-. Creo que Takeshi será mejor guía culinario que callejero.

-Ey, no te metas conmigo.

Sakuno tosio, al momento en que la pareja se volvio demasiado cariñosa. Momoshiro sonrio y se rascó la nuca avergonzado, mientras que Ann le dejaba un codazo como regalo. Ryoma suspiró. Estaba claro que lo hacía aposta. Esperó pacientemente, hasta que, en uno de los viajes femeninos al servicio, encontró el tiempo para decirlo, nada más que el ojos lilas indicara el inicio de la conversación.

-¿Y bien, Ryoma?

-No.

Takeshi suspiró cansado y se froto los oscuros cabellos.

-¿Por qué?- preguntó- ¿es por que no es tu tipo?

Se encogio de hombros. Era posible que no lo fuera. Aunque tampoco conocía sus gustos reales. Todas sus amantes eran fervientes mujeronas, de senos grandes, caderas extrechas y costillas visibles que tiempo atrás le habían producido arcadas. Pero el sexo era el sexo y la necesidad de sastifacerse era grande. Ryuzaki no era ninguna de estas. La poca carne que había tenido posibilidad de ver, no era ni en demasia, ni menor. Podría decir que era justo. Los homoplatos no eran tan evidentes como en muchas de aquellas barbies. Y su rostro era lleno y bastante vivaracho. Para su gusto, sin necesidad de maquillaje.

-Escucha... le he dicho que si en dos meses se enamora de otro hombre... que no la dejaría casar con tu hermano...- explicó avergonzado-. Ryoma... Tu necesitas a una mujer como ella a tu lado.

Arqueo una ceja y bebido de la lata de ponta ante él. Takeshi estaba realmente serio y se inclinó hacia él.

-No sientes nada por ninguna de las mujeres con las que te acuestas. Sakuno es una joven cargada de sorpresas y te vendría bien. Es capaz de llevarte la contraria, de molestarte, de hacerte reir, y pensar. Necesitas ese quebradero de cabeza.

-¿Por qué?

-Porque estás solo.

Interrumpio el camino de la lata hasta sus labios, pensativo. No podía negárselo. Estaba solo. Y la clase de soledad a la que se refería su amigo, no era familiar. Aunque ésta tampoco la hubiera tenido como debía. Necesitaba una mujer. Lo sabía. Tenía ya veinticinco años y al paso en el que iba, se convertiría en su hermano. Pero, no se había interesado más que para sexo en las mujeres. Ellas también lo adoraban por su coraza y no se fijaban dentro. Eran vanas. Sus fans también. Estaba cansado de frases falsas y de adoramientos erroneos. Pero liarse con su secretaria... no. Por más que Momoshiro insistiera.


Arregló su cabello, mientras que Ann se entretenía en arreglarse los labios. No se inmutó para preguntarle por qué. Ya lo sabía. Ann le explicó, que los hombres preferían besar unos labios bien cuidados y no unos extraños y arrugados. Suspiró.

-Lo siento-. Se disculpó Ann mirándola-. Takeshi invitó a Ryoma sin más... creo que ni lo pensaba. ¿Te ha molestado?

-No... solo... me ha shokeado...

Ann sonrio.

-Debe de ser duro, trabajar con Ryoma.

Negó con la cabeza. No lo era. Realmente era agradable. Dentro de lo que cabía, Ryoma era bueno con ella. Mejor incluso que Kaidoh. Frio, tal y como le había dicho Momoshiro, pero bueno. El suceso con la herida aún daba vueltas por sus pensamientos y al recordar la vergonzosa postura que había optado con él, sintio deseos de morirse de la vergüenza. Ryoma no había dicho nada, pero la había visto vulnerable. No tanto como Ryoga, eso sí, pero... Dejar al descubierto sus rodillas no había sido lo más inteligente, así como abrirse de piernas para permitir que el musculado torso encajara entre estas y curarle. Lo había hecho como curandera, pero aquella escena podría ser realmente mal interpretada.

Si Ryoga lo hubiera visto... No quería ni pensarlo. Aún tenía la mosca tras la oreja, pensando en qué había querido decir Ryoga con que la dejaba ir a la cena. ¿Acaso se lo hubiera prohibido? No. Era imposible. Ryoga no podría actuar de esa forma. Debían de ser imaginaciones suyas. Cierto que se había molestado al no cogerle la llamada y la había descubierto ignorándole. Pero aquello realmente le molestaba. Ryoma sabía de su pasado y su prometido no. Era algo raro y tonto, pero le había dolido.

-¿Vamos?

Se volvio hacia Ann y negó con la cabeza, apresando la mano cercana con temor.

-¿Ryoga es... malo?

-Sakuno...

-No, por favor, Ann...-. Rogó- Yo...

-Sakuno, escúchame bien. Busca a alguien cercano que te pueda amar mejor que él. Es lo único que te digo.

-¿Tu también?- preguntó suspirando.

Ann sonrio y estiró de ella hasta el exterior. Cuando llegaron, Momoshiro firmaba la cuenta, mientras que Ryoma terminaba, con palideza en su rostro, la ponta. Pestañeo.

-Esto...

-¿Hm?- Preguntó el hombre mirándola.

-Esa... era ... mi ponta.

Ryoma arqueo una ceja, desviando sus dorados ojos de la lata hasta ella. Se encogio de hombros y terminó por vaciar la lata, para entregársela vacia. Sakuno abrio la boca incrédula, mientras que Momoshiro rio por lo bajo. Al ponerse de acuerdo, abandonaron el local. Sakuno caminó junto a Ann, hasta llegar a la esquina cercana.

-¿Cómo te vas, Sakuno?- Preguntó Momoshiro.

-Unm, en taxi- respondio encogiéndose de hombros. El coche no era algo recomendable para una persona como ella. Se perdía hasta en su casa- es lo mejor.

Momoshiro negó con la cabeza y ella retrocedio varios pasos atrás. Conocía esa mirada brillante y llena de malicia. Ya la había visto otras veces, como cuando le dio por llevarla a un campamento en medio de la zona nevada más helada de el mundo, rodeados de osos. Había decidido no fiarse de aquella mirada nunca más. Tragó saliva, esperando la carga que vendría de aquellos finos y sensuales labios. Retrocedio al notar las manos masculinas sobre sus brazos.

-Ryoma, te llevará.

Sakuno rodó los ojos hasta su jefe, que había clavado sus dorados ojos en el rostro sonriente de su mejor amigo.

-No, no es necesario... el taxi me deja en la puerta y subo...

-No.

Esta vez, la negativa vino por parte de el empresario. Echizen se encogio de hombros y rodó sobre sus pies. Sakuno parpadeo un instante y centró sus ojos en el circular movimiento sobre el pecho de el hombre. Lamio sus labios, apretó los puños y de forma improvista, saltó hacia él. El sonido fuerte y seco llegó hasta ellos, al tiempo en que Momoshiro agachó el cuerpo de Ann contra él, la cual optó por guiar su mano izquierda hasta su muslo y no hicieron faltas las preguntas al ver la pistola en su mano.

Sakuno trepo por el cuerpo masculino, buscando, palpando sobre la ropa, hasta que algo húmedo y realmente pegajoso rozó sus dedos. Un quejido escapó de los labios apretados masculinos. Los dorados ojos, la miraron entrecerrados bajo la mueca de dolor. Sin pensarlo dos veces, se sentó sobre las caderas masculinas, apresando el brazo herido en su mano, arrancando la manga de la camisa. Deslizó las medias de su pierna derecha y la aferró en la herida.

-Vamos- Ordenó Ann adentrándolos en el primer portal que hallaron- ¿Cómo está?

-Herido, pero no de grabedad si llamamos ya a una ambulancia- sentenció Sakuno.

Ann le lanzó el móvil y fue entonces cuando se percató de que había dejado caer su bolso al lanzarse contra el grande cuerpo de su jefe. Volvio a asegurarse que la herida era bien sujeta por la media. Buscó el rostro de el hombre. Con la cabeza apoyada en la pared cercana, mordía su labio inferior. Buscó el pañuelo diminuto azul que siempre llevaba dentro de su abrio y limpio el sudor que se había formado en la frente. Buscó a tientas el movil y llamó. Momoshiro miraba a su alrededor, imitado por Ann.

-No volverá a disparar- sentencio ésta- creo que no estaba en sus planes que Sakuno se interpusiera entre la bala y Ryoma.

-¿Quien demonios le ha disparado?- Gruñó Momoshiro acercándose hasta su amigo.

-Ha saber. Los Echizen son famosos por sus ribales- Protestó Ann guardando la pistola- Desde luego... Sakuno eres una maldita cabeza hueca. Esa bala te podría haber dado a ti. Niña tonta.

-No importa.

Ann abrio la boca incrédula, mientras que Momoshiro la sujetó para que no la golpeara. Había actuado por puro instinto y que la colgaran si se arrepentía. Echizen había sido amable con ella y se había ofrecido a llevarla. La guio cuando se había perdido y se preocupó por sus desayunos. No podía dejar que muriera de una forma tan estúpida. Arrugó las cejas con firmeza y volvio a cubrir la herida.

-La ambulancia tarda- Protestó.

-¡Sakuno!- Gritó Ann forcejeando- ¡Eres una inconsciente!

-Sí, puede ser...- aceptó- pero... El señor Echizen también... es una persona. No puedo dejar que muera.


Cinco horas después.

Abrio los ojos, cansado. Le habían tenido que intervenir y sacarle la bala. Ésta había impactado en su brazo izquierdo y justo, no salio de el hueso. Había alzado el brazo para retener el empuje improvisto de la chica y estaba seguro de que si no hubiera alzado la extremidad, los sesos de Sakuno estarían esparcidos por toda la calle y un cadaver en el tanatorio. Maldita sea. Le debía una a aquella mujer loca. Había visto el punto en su ropa, pero estaba seguro de que no se lo pensó dos veces y saltó sobre él. Ni siquiera Ann, que era policía de la secreta, se había dado cuenta. No. Tenía que ser la tímida y eficiente secretaria.

La había visto quitarse las medias para apretar su herida e impedir que la hemorragia fuera a más. Cuidarle en atención hasta que vino la ambulancia. Se adentró con él en esta, sujetando su mano libre y mirando con atención todo lo que los enfermeros hacían en él. Hasta que la morfina pudo con él y terminó perdiendo la conciencia. Y ahora había despertado en aquella blanca habitación y la única compañía era ella. Suspiró.

-Pesas- gruñó.

Ella se alzó, frotándose los ojos soñolientos. Cuando le miró, sonrio ampliamente.

-Despertó.

-Hm... ¿y qué?

-Pues... que me alegra.

Cerró los ojos y acomodó sus hombros sobre la mullida almohada. ¿Qué le alegraba? Seguramente a la persona que quería matarlo no. Lo que había dicho Ann era cierto. Tenían demasiado enemigos como para que no desearan matarle. Pero de forma tan cobarde, le parecía asquerosamente cobarde. Hubiera preferido que le apuntara en la cara y disparara a bocajarro que hacerlo como francotirador. Sin meter en medio a otras personas. Unos rápidos pasos sacaron de su cabeza los pensamientos que continuaban debatiéndose en su interior.

-¡Ryoma!

Aquello tan solo incrementó su dolor de cabeza. Cerró los ojos con fuerza y los abrio, para ver el rostro pálido de su hermano mayor, apoyado sobre el piecero de la cama, jadeante y tragando necesariamente para no ahogarse. Sakuno palidecio al instante.

-Ryoga...

-¿Cómo está?- Preguntó mirándola con atención- ¿qué han dicho los médicos?

-Tan solo está un poco dañado el hueso, pero sanará. Tardará un tiempo en cicatrizar y en volver a tener movilidad en ese brazo, pero no ha sido arriesgado. La bala salio sin problemas y...

-¡Demonios, Sakuno!- Interrumpio exhasperado Ryoga- ¡No me hagas una biblia de cosas que no comprenderé al cabo de un minuto! ¿Eres secretaria o médica?

-Auxiliar de veterinaria, Ryoga.

Sakuno se alzó, apretando sus puños con fuerza. Le miró, sonriendo fálsamente.

-Dijeron que podía beber cualquier cosa, señor, así que le traeré alguna Ponta y algo de comer.

-Wiz.

Era notable el enfado en ella y el tonto de Ryoga continuo maldiciendo cuando se había perdido de vista a la mujer, ignorando el favor de cortar una disputa al alejarse. Ahora comprendía porque tenía algunos conocimientos médicos y logró apañárselas cuando todo sucedio. Aunque le hubiera gustado más saber que era de personas y no de animales. De todas formas, eso no quitaba que le había ayudado. Hasta el punto de desnudarse para ayudarle. Seguramente, horas después, Sakuno se moriría de la vergüenza y osadía de lo que había hecho.

Su hermano se dejó caer en el asiento que la joven había abandonado. Suspiró repetidas veces, como si el aire no consiguiera llegar hata sus pulmones. Hasta que finalmente, se inclinó hacia él, frotándose el mentón.

-Dame una buena razón para comprender por qué estabas con Sakuno, Ryoma.

Apretó los dientes al sentir el agarre de la manaza de su hermano sobre la herida y ahogó un insulto.

-Es mi mujer, Ryoma. Es mia. No te acerques a ella. Durante toda mi vida te he dado mis juguetes, este no te lo daré.

-No es un juguete.

Ryoga alzó una ceja y su rostro se tornó en la risa.

-Imposible. Debes de estar demasiado drogado por los anastésicos. Tu no puedes defender a una mujer así.

Apretó los labios de nuevo. Era cierto. Nunca había defendido a nadie. Menos a una mujer. No era tan frio como creían de dejar caer a una joven, o ser golpeada, pero no se entrometía. Ryoga había recordado una escena de su pasado y aquello le hizo sonreir con amargura. Quitarle las cosas a Ryoga era el único modo de llamar la atención de sus padres. Ryoga había quedado dañado con ello y resentido a más no poder.

Cuando Sakuno regresó, Ryoga se aseguró llevársela en el momento justo en que Takeshi llegaba. Sakuno dejó la bebida y algo de comida a su lado y casi gruño cuando Ryoga la obligó a marcharse. Momoshiro había arrugado el ceño y apretado la mandíbula, en rabiado. Cerró los ojos y pensó atentamente la frase que iba a escapar de sus labios.

-Momo...

-¿Sí?

-Lo haré.


La arrastro, sujetándola con fuerza de el brazo. Los nervios por el error cometido habían estado apunto de volverlo loco, pero los celos de conocer que Sakuno estaba con Ryoma... Lo atormentaba.

-Me... me haces daño...- se quejó ella.

Apretó la mandíbula y la hizo sentarse en el asiento de el copiloto, cerrando la puerta bruscamente. Sakuno se encogio ante el ruido y tartamudeo algo que no llegó a escuchar. Apretó con fuerza el volante.

-Sakuno, ya se lo he preguntado a Ryoma y no me ha respondido. ¿Qué hacías con Ryoma?

-La cena... él también... estaba invitado...

-¿Lo sabías?

-¡No!

Ella le miró desconcertada y asustada y él suspiró. La rodeo con cuidado de los delgados brazos y la apegó contra su cuerpo. Besó el frontal de la chica y axpiró su olor. Arrugó la nariz y la apartó.

-Hueles a él- espetó.

-Me lanzé contra él... para... que no le dispararan... La persona que lo haya hecho... es...

-¿Es?

-Ruin, horrible... todas las cosas malas de el mundo. No entiendo por qué tendrían que dispararle...

Apretó los dientes y la abrazó con más fuerza.

-Sakuno... deja de trabajar para él.

-¿Crees que... será peligroso?- Preguntó inocentemente.

-No. Pero no quiero que te acerques a mi hermano.

-Ryoga, ya lo hemos hablado.

-Y no me gusta como terminó. Obedéceme.

-¡No puedo!- Exclamó ella apartándose- Tu hermano me necesita... tenemos que hacer... el eslogan...

-Ese maldito eslogan... ¿No será una excusa para estar con él?

Sakuno negó repetidas veces con la cabeza, pero aquello no le bastaba. Continuaba desovediente. La apresó por los hombros y la acercó, besándola. Sus labios se movieron sobre los delicados expuestos a él. Era normal. Sakuno no sabía besar. Seguramente, si su hermano había hecho el acto, habría sentido lo mismo.

-¡Ah!

Se apartó y llevó una mano hasta sus labios. La sangre se mezcló con su saliva y tragó, lamiéndolos. Sakuno se aferró los labios con sus dedos y le miró aterrorizada.

-Perdona... se me escapó la fuerza. No lo hize queriendo.

Suspiró y encendio el coche.

-Te llevaré a casa, cariño.


Al día siguiente...

No había podido dormir en toda la noche y estar sola en el despacho, no la ayudaba a dejar sus pensamientos quietos. El labio le dolía y había sentido tanto miedo, que no se había despedido de Ryoga, le cual se volvio a disculpar repetidas veces. Pero no le contestó. No era tan tonta, inocente sí, pero tonta no. Ryoga le había prohibido acercarse a Ryoma. Pero éste era su jefe, no podía hacerlo. El eslogan se había convertido en algo importante para ella. Veía una, aunque solo sea una, de comprobar hasta cuanto puede llegar después de no haber terminado su carrera veterinaria. Ryoma y Momoshiro le estaban dando la oportunidad de su vida.

No había ido al hospital. Decidio ir directamente al despacho e interrumpir todas las visitas que su jefe debía de tener ese día. Era lo mejor. Echizen no podría ir a ninguna. Después de tener todo apunto, había decidido ir e informarle. Sabía que la herida no había sido grave, pero eso no evitaba que se preocupara. El susto no se lo quitaba nadie. Había esperado hasta que salio de el quirófano y había llamado a Ryoga nada más que Ryoma entrara. ¡Y se enfadaba con ella! Había reaccionado por propia inercia y le pagaba así.

-Ryuzaki.

Se alzó de la silla inconscientemente y se tensó. Parpadeo.

-¿¡Señor Echizen!?- Gritó alarmada- ¿¡Qué hace aquí!?

-Trabajo aquí.

-Pero tendría que estar en el hospital... y... su herida...

Preocupada, se acercó hasta él. Con el brazo en cabrestillo, traje y el maletín en su mano libre, él también rompio lentamente la distancia, abarcándola con su estatura. Sakuno tuvo que alzar el rostro para poder verle. Todas la veces lo había tenido que hacer, con él y con Ryoga, pero hasta ese momento no se había dado cuenta. Los dorados ojos la observaron con atención, en silencio dentro de su mutismo. Llevó la mano lentamente hasta la herida, sin llegar a rozarla.

-Siento... no haber podido ayudarle más... Soy... de veterinaria y no... no tengo tantos conocimientos médicos... para humanos...

Él sonrio, orgulloso y con su altanero aroma superior. Sakuno retrocedio levemente, al sentir algo cálido bajo su mentón alzarle el rostro. El aroma masculino mezclado con colonia, la golpeo suavemente en la nariz, embriagándola. La suave y cálida respiración de el hombre la hizo herizarse por completo y ahogó un gemido extraño en su boca, cuando la masculina comenzó a hablar.

-Mensaje de Momoshiro: Sakuno, el juego que te dije, a comenzado.

Y tal como se había acercado, se apartó de ella, caminando hasta el despacho. Le siguio, de forma inconsciente.

El juego a comenzado...

¿Qué... quiere decir Momo con eso?

-Señor Echizen- él se detuvo, mirándola de reojo- ¿qué... quiere decir eso?

Una sonrisa misteriosamente conocedora se mostró en los labios masculinos. Echizen se adentró en su despacho y de nuevo, retomó el trabajo, mientras ella se mantenía preocupada y pensativa. Recordando la herida en el brazo de el hombre, se ofrecio a ayudarle de más, pero Ryoma lo negó, señalando que era ambidiestro y podía perfectamente apañárselas con cualquiera de sus manos. Sakuno estaba segura de ello, pero... es que deseaba conocer más de aquella frase. Aunque, buscar respuestas en su jefe, la iba a colmar de un remolino de vacio, puesto que, Echizen, no soltaría prenda alguna.


Se dejó caer sobre el asiento cercano y buscó con la mirada la figura femenina, entretenida en terminar la comida mientras cantaba alguna melodia. Se frotó la sien y sonrio, apoyando su barbilla sobre su mano. Sus alilados ojos rodaron por las semidesnudas piernas, cubiertas únicamente por la camisa que llevaba antes de que le fuera arrebatada por las expertas manos de la policia. Bajo a las faldas, seguramente se encontraba los tesoros más escondidos de los que tanto disfrutaba, perdiéndose por la cadera hasta las dos cumbres más eróticas y terminando en el rostro agradable que tanto le gustaba ver sonreir.

Demonios. La había hechado demasiado de menos y hoy estaba de muy buen humor, tanto, como para gastar por completo la dos cajas enteras de condones. Pero Ann no se dejaría. Tenía sus propias normas y romperlas, significaba algo erroneo para sus hormonas revueltas. No era un adolescente, pero sí un hombre malditamente enamorado. Cuando la mujer regresó hasta su altura, ignorando los platos con comida, la estrechó entre sus brazos, mordiendo uno de los dulces senos bajo la ropa.

-Takeshi- regañó Tachibana con firmeza- Tengo hambre.

-Yo también.

-No de sexo. Demonios, necesito cargar las pilas- rio divertida y llevó hasta su boca una aceituna verdosa- ¿Qué te ha puesto de tan buen humor? Porque cuando me lo ibas a contar, has cambiado de idea y me has hecho el amor... como unas cuatro veces.

-Algo bueno y malo- respondio tras reflexionar- Echizen ha aceptado.

-¿En qué?- Preguntó alzando una ceja- ¡Oh, ya! Lo de Sakuno.

-Sí- suspiró y la sentó sobre sus rodillas, aceptando la comida gustosamente- Me lo dijo en el hospital anoche. Pero como siempre, no me dio explicaciones. Ha aceptado simplemente, con el rostro serio y una voz neutra.

-Siempre es neutro- reprochó Ann molesta- Si realmente quiere seducir a Sakuno, tendrá que tener mucha paciencia. Sakuno... bueno, parece que realmente está atada a Ryoga. Pero confio en que el bueno de Echizen menor haga algo bueno por una vez en su vida- suspiró y negó con la cabeza, besándole- ¿crees que está bien? Estamos haciendo daño a Sakuno.

-Corrección, querida Ann, la estamos salvando de las crueles garras de un machista y pedófilo hombre con problemas con cualquier músculo femenino andante.

-Tu lógica sobre las mujeres es interesante- Espetó ella golpeándole- Ten más respeto.

-No lo comprendes porque eres mujer.

-Y tu un hombre y nadie te dice nada.

-¿Tienes quejas?- Exclamó alzando una ceja. Negó repetidas veces con la cabeza. No era momento de cuestionar su sexualidad- ¿Has descubierto algo sobre el ataque?

Ann negó tristemente con la cabeza.

-Nada. La policía revisó el perimetro, pero no habían señales algunas de el ataquen. Sé que era un maldito francotirador, pero... no dejó ni un solo rastro.

-Eso solo nos lleva a una cosa- continuo preocupado. Ella afirmó.

-Un expecialista. Un asesino.

Ann se alzó y caminó en círculos, con la mano bajo el mentón, hasta detenerse, con los ojos brillantes de rabia.

-Pero... Momoshiro, si lo miramos desde su punto de vista, Ryoma se había girado ya cuando dispararon. Sakuno, según me ha dicho por teléfono, vio la lucecita roja de la mira y estiró de él, para tirarlo contra el suelo. El lugar donde la bala impacto...

-Sí, también me di cuenta- Afirmó apretando los puños.

-Era la cabeza de Sakuno- dijeron ambos a la vez.


Se golpeo la espalda contra la pared, recibiendo el impacto de el puño poderoso contra su barbilla. Gruñó, pero no tardó en incorporarse.

-Te dije que al hombre que iría de sport, no a mi hermano.

-No fallé- negó el otro- Disparé al hombre de sport. El de el traje no estaba en medio de mi disparo.

-Pues te equivocastes. Disparáste a mi hermano.

Una sonrisa escapó de los curvados labios. Las gafas de sol impedían ver sus ojos y pese a que el puño de Ryoga le había golpeado con fuerza, no consiguió quitarlas de encima de su nariz. Suspiró cansado.

-Mira, yo hize lo que tenía que hacer y listos. No me pagas, no importa. Pero la próxima vez, asegúrate de cómo va vestida la presa, señorito.

Guardó sus manos en los bolsillos y suspiró cuando el aire libre llegó hasta sus pulmones. Escupio en el suelo cercano y caminó hasta la farola cercana. Se apoyó sobre esta y encendio el cigarrillo que hacía horas le quemaba en el bolsillo. Aquel trabajo era fácil y lo hubiera logrado terminar si no fuera por aquel estúpido brazo que se interpuso entre la bala y la cabeza de Sakuno Ryuzaki. Su cliente no estaría contento. Había fallado. Encima, el trabajo con Echizen también había sido un desastre. Equivocarse de presa por un atuendo. Encima, la presa que no debía había interferido en su segundo trabajo.

Sakuno Ryuzaki. Había estudiado su vida y demás para poder llevar a cabo su trabajo. Era por el que más le habían pagado y no se negó a hacerlo. La joven había estudiado veterinaria, dejándolo a medias, para centrarse en ser secretaria. Tenía un coeficiente realmente alto, pero no lo utilizaba por su caracter vergonzoso. Caracter que sacaba a relucir cuando era necesario. Se había quedado impresionado cuando la vio moverse sobre el hombre que recibio el disparo por error, salvándole la vida.

Aquello lo hacía más interesante todavía. Una presa no valía la pena cazarla si no era buena. Había estudíado aún más su historial. Sakuno Ryuzaki pertenecía a una noble familia heredera de millones y billones. Era sumamente rica. Más que los mismisimos Echizen. Podría hundirlos si quería, pero la nobleza que inspiraba su propio caracter no la dejaba hacerlo. Seguramente, ni lo había pensado. Trabajaba para uno de aquellos Echizen. Ryoma, el menor de ellos. Su relación era de simple jefe y secretaria. Nada especial. Sin embargo, con el mayor de los hermanos, había optado por casarse. Y su relación no era de los perfectos enamorados.

En su descubrimiento había visto lo obsesivo que era el hombre, aprovechándose de la inocencia de la mujer. Aquello la ponía en peligro, pero, ¿Qué le importaba a él si al final iba a matarla? No era necesario preocuparse. Lo único que realmente le molestaba, era que quería matarla él, no que apareciera en titular como otra mujer más maltratada. Aquello heriría su orgullo como asesino profesional. Era dificil encontrarle y cuando alguien lo hacía, creía que esa persona se merecía llevar el ritual hasta el final. Por eso mismo, como Ryoga había roto el pacto y su segundo cliente no, iría a por Ryuzaki.

Tiró la colilla contra el suelo y ocultó su cabeza bajo una gorra. Suspiró y alzó los ojos hacia el cielo. Aquella maldita mujer estaba protegida. Lo había visto. No le había hecho falta demasiado tiempo para pensarlo. La mujer de cabellos corto y vestido negro escotado era policía. Y estaba seguro que uno de los mejores. Si se ponía a pensar, no era la primera vez que la veía. Estuvo presente durante el secuestro de el avión. Apostaría su dedo índice, el que necesitaba para disparar y más apreciaba, porque eran la misma mujer.

Ann Tachibana. Ya había investigado sobre ella. Era buena a rabiar. La mejor de todas las mujeres policias que conocía y había sido capaz, de forma improvista y desconcida por sus acompañantes, de sacarles de ahí. Es más, se movía como una asesina. Se vio obligado a marcharse. Sabía que a los cinco minutos todo estaría lleno de policias y su presa había quedado oculta detrás de los muros de aquel maldito portal.

Por otro lado, el abogado. Takeshi Momoshiro. Aquel hombre había cursado en la armada. Lo había descubierto tras buscar su historial. Estuvo dos años enteros y por poco supera hasta al más alto rango, pero se retiró al no ser su vocación. Amigo íntimo de los Echizen y su anterior presa. Lo había tenido que estudiar para hacerlo, y después, para nada. Para que su cliente se retirara. Se encogio de hombros. Cada cual deseaba asesinar a quien quisiera. Él tan solo cumpliría las órdenes. Por supuesto, asesinar a Takeshi solo hubiera sido posible siendo franco tirador. No se fiaba de un cuerpo a cuerpo con él.

Se había sentido demasiado tentado a herir al primer trabajo, pero Ryuzaki estaba tan expuesta que cuando ladeo la mirilla, todo sucedio rápidamente y no pudo volver a tenerla en mira, o mejor dicho, se había asombrado de el ímpetu mostrado al ver herido a su jefe.

-¿Lo has hecho ya?- Preguntó una voz tras él.

-Aún no. Tengo mucho tiempo por delante. O también te quieres rajar.

-No. Continuaré. Hasta el final. La quiero muerta. Ryuzaki debe de morir.


Notas autora:

Buenas de nuevo!XD.

Ya les dije que venía cargadito de cosas :3.

Espero sus noticiasXD.

Antes de irme, millones de gracias a las personas que me dejaron sus rw n.n.

Feliz, me hacen feliz.

Otra cosa, que me di cuenta gracias a que Conchito me lo recordóXD.

Puse Riku en una de esas de el anterior capítuloXD.

Fue un error porque estaba escribiendo el de la apuesta de el amor y no me di cuentaXD. Perdón.

Conchito, cuando tengas un rato, te explico porque se borró ginecólogo n.n.

cainat06 muchas gracias por seguirme hasta aquí n.n. Ojalá podamos hablar algún día n.n.

Bueno, nos vemos ya, creo que en sabor a músicaXD.

Besitos a todos :3