Capítulo 8 : Transformación.
InuYasha se quedó perplejo, acaso ¿había oído bien lo que dijo Myoga?.
Inuyasha : - ¡¿Qué estas diciendo, Myoga?!. Es imposible que una sirena pueda llegar hasta aquí, oye ¿no estarás ebrio?-. Preguntó con desconfianza.
Myoga : - No, mi señor. Se lo juro, he visto a una sirena secuestrar a la señora sacerdotisa, fue en los muelles de cargas, dos de nuestros hombres dicen que oyeron ruidos y escucharon a una mujer caer al agua, encontraron esto-. Dijo el ancianito enseñándole un medallón de plata con la letra K Tallada en el centro del collar.
InuYasha : - pero,... si este es la medalla que Kikyo tenía en el cuello-. Dijo con desesperación.
InuYasha y Myoga corrieron hacia el muelle donde Kagome secuestró a Kikyo para ver si encontraban más pistas o algo que pudiera dar con la desaparecida sacerdotisa. Mientras tanto, en las profundidades del mar, Shippo había discutido fuertemente con Kagome por su mal acto de haber secuestrado a Kikyo, aún así la siguió hasta la guarida de Urasue. Kagome cargaba en sus brazos a Kikyo, que seguía inconsciente. Al llegar, atravesó la puerta de entrada formada por enormes rocas rodeada de algas como si fueran la decoración de aquellas piedras que formaban un enorme arco.
Urasue : - ¡Oh!, veo que no tuviste problemas, jovencita-. Dijo con sonrisa ruin.
Kagome : - Así es, ahora cumpla con lo que prometió-. Exigió tenazmente.
Urasue : - Tranquila, querida, tendrás tu justa recompensa, pero deberás esperar al anochecer para que el conjuro de resultado-. Dijo con calma desdeña.
Kagome frunció su ceja derecha, empezaba a desconfiar de las palabras de Urasue pero le daría una última chance de que cumpla su promesa. Urasue era consciente de lo que podían llegar a hacer las sirenas cuando se enfurecían y ni sus más fuertes conjuros mágicos podían detener semejante furia. Eri estaba husmeando cerca de por hay y supo lo que quería tramar su hermana Kagome, estaba triste y confundida por ello, pero debía hablar con ella, salió de atrás de aquellas inmensas piedras llenas de algas y huevos de peces y nadó lentamente hasta donde estaba su hermana, que había abandonado el castillo de Urasue y se encontraba junto a un enojado Shippo.
Eri : - Kagome,... ¿Es cierto que planeas convertirte en humana?-. Gimoteó tristemente.
Kagome : - Si, Eri. Es lo que planeo hacer, quiero estar al lado del hombre del que me he enamorado y hacer una vida feliz al lado de el y conocer el mundo que no conozco-. Afirmó convencida
Eri : - Pero,... que hay de nosotras?, de papá?... dejarás a todos por irte con un humano que no sabemos quien es y ni siquiera sabemos si fueron ellos quienes mataron a nuestra hermana-. Protestó de mala manera.
Kagome : - Eri, no digas tonterías, ellos no pueden haber matado a nuestra hermana Muriel, fue esa bruja sacerdotisa que le traje a Urasue-. Masculló con rabia.
Eri : - ¿Secuestraste a una persona para traérsela a Urasue?-. Susurró con horror.
Shippo : - Si, lo hizo y todo por querer ser humana-. Dijo con desdén
Eri no podía creerlo, estaba atónita y sin poder expresar palabra alguna, lo que dijo Shippo era verídico y Kagome le dirigió una punzante mirada al pequeño sirenito.
Kagome : - Lo hice,.. y que??? No es asunto que a ti te importe-. Desdeñó toscamente.
Shippo corrió a los brazos de Eri ante la tajante mirada de Kagome, que se sintió mal por haberle hablado de esa manera tan vulgar, ella nunca había tratado así a nadie. Eri la miró con desprecio y quería alejarse de ella jamás vio tan agresiva a Kagome. La princesa de las sirenas, quiso disculparse con Shippo por haberle tratado mal, pero este no aceptó y se abrazó a Eri. Sin dudarlo 2 veces la joven sirena se alejó del lado de su hermana y del pequeño sirenito. Eri siguió a su hermana y al parecer no le importó que Shippo le dijera lo mal que los trató, a ella no le importaba, era su hermana y le preocupaba mucho, el pequeño ojiverde la siguió después de una larga indecisión.
Al día siguiente, Kagome llegó a los astilleros del inmenso castillo de la realeza y asomó su cabeza a la superficie, miró para todos lados y sonrió al verlo. InuYasha estaba sentado en la orilla de un montón de pequeñas rocas apiladas y que formaban una loma de gran tamaño, estaba contemplando el hermoso amanecer, pese a que el sol ya estaba alto y el cielo era totalmente azul sin nubes.
Kagome nadó hasta donde se encontraba InuYasha y para su suerte, el lugar donde estaba la loma de piedras había suficiente profundidad para que ella pueda estar sin problemas al lado de el.
InuYasha estaba tan en otro lado, que cuando oyó que alguien se asomaba por el agua y bien pegado a donde el estaba, se asustó y sacó su pistola de doble cañón y apuntó hacia donde estaba, pero cuando vio que era la joven sirena y que esta se había asustado bastante. Guardó su arma, pero su mirada era de enojo pese a que ella luego de susto le sonrió dulcemente.
InuYasha : - ¿Qué pasó con la sacerdotisa que secuestraron?, dicen que vieron a una sirena secuestrarla ¿Dime para que y por que?-. Exigió firmemente.
La joven sirena tragó fuertemente, ¿cómo iba a explicarle que fue ella?, bajó su delicado rostro y jugueteó con sus dedos, en silencio nadó hacia el y se arrimó bien a la orilla de la loma, asomó un poco más su cuerpo del agua, dejándolo a la altura de su vientre y su cuerpo de pez lo dejó sumergido. Con toda delicadeza tomó las manos del joven príncipe y depositó un beso en ellas.
Kagome : - No quiero que nada te pase-. Susurró sin mirarlo y apretando las manos del joven.
InuYasha estaba confundido y atónito, ¿qué quiso decirle con que no le pase nada?, acaso ella sabe algo que el no?, en eso notó que Kagome elevó su mirada y vio mucha tristeza en ellos, se acercó a ella y Kagome esbozó una leve sonrisa.
Kagome : - Por favor, abrázame, te lo ruego-. Musitó
InuYasha la miró más extrañado que nunca, pero sabía que ella estaba anhelando ese momento y le hizo una seña de que no podía abrazarla si ella estaba en el agua, la joven sirena sonrió y salió del agua y se sentó bien a su lado, su larga cola de pez, brillaba con aquellos rayos del sol y por las gotas de agua que surcaban sus escamas. InuYasha la abrazó y la pelinegra hizo lo mismo, apoyó su rostro en el fornido pecho de Inuyasha y pudo sentir la suavidad de la blanca camisa que llevaba puesta y los músculos de su torso, aparte de los latidos de su corazón y su respirar, estaba tan feliz y contenta de poder abrazarlo que sentía ganas de llorar de emoción, se sentía la sirena más orgullosa de todas. Eri y Shippo observaban escondidos desde una barcaza abandonada cerca de los muelles y Eri suspiró enamorada al ver la romántica escena que había entre el joven príncipe y su hermana, Shippo también parecía gustarle lo que veía y sonrió. De verdad que Kagome estaba sumamente feliz al sentir ese caluroso abrazo del hombre de quien se enamoró perdidamente.
Mientras tanto, en el laboratorio de Urasue, esta terminó la píldora caramelo para que Kagome pueda ser humana y cumplir su sueño, pero algo más estaba tramando, en una larga piedra alisada en su superficie de arriba, había acostado el cuerpo de Kikyo y la había dejado totalmente desnuda, la sacerdotisa seguía inconsciente, en eso la bruja extrae de un frasco de cristal violáceo unas escamas de sirena y rió perversamente mientras miraba a Kikyo.
Urasue : - Pronto, mi joven sacerdotisa, serás igual que todas las sirenas y estas escamas que pertenecían a Muriel, te darán una nueva apariencia, no olvides nuestro tratado, querida-. Dijo con risa despiadada y prosiguió con sus planes malévolos.
Así pronunció unas palabras mágicas mientras colocaba las escamas de Muriel en las piernas de Kikyo y espolvoreó unos polvos mágicos en ella, al rato, las piernas de Kikyo se iban convirtiendo en la cola de un pez, tal cual como son las sirenas, era de un color verde musgo y luego colocó un sostén hecho de la mitad de dos conchas marinas en sus senos, chasqueó dos veces sus dedos y Kikyo resucitó en su nueva apariencia, había cambiado finalmente a como ella quería, pero claro había un problema si ella permanecía como sirena no podía estar con el príncipe Taisho, pero Urasue ya había planificado todo y se lo dio a conocer.
Urasue : - Escucha, Kikyo. Ahora que tienes esta apariencia podrás llevar a cabo tu venganza, pero recuerda bien que debes darle este caramelo a Kagome, es lo que la convertirá en humana totalmente, y luego tengo otro encargo para ti, deberás decirle donde está escondida su hermana muerta-. Dijo con suma perversidad.
Kikyo sonrió con maldad y entendió a la perfección todo lo que le dijo Urasue que se fregaba sus manos y sonreía maliciosamente. Algo que le dijo Urasue a Kikyo antes de que partiera, es que ese caramelo que convertirá a Kagome en humana, solo tendrá su efecto definitivo si Kagome se casa con InuYasha antes de la medianoche, si pasado ese tiempo el agua llega a tocar su cuerpo, se convertirá nuevamente en sirena y para siempre y eso es una magnifica oportunidad para que Kikyo lleve a cabo su cruel venganza contra las sirenas.
Luego, el joven príncipe, se encontraba desayunando en el gran comedor de su castillo u le comentó a su fiel sirviente Myoga su encuentro con la joven sirena que estaba aún en el mismo lugar donde lo encontró, pero estaba bajo el agua para no ser vista.
Myoga : -¿Cree que sea seguro que permanezca aquí esa sirena, mi señor?-. Dijo preocupado.
InuYasha : - Si Myoga, no habrá problema en que se quede por hoy, supongo que después regresará a su isla cuando se aburra-. Le sonrió para calmarlo
Myoga asintió sonriente ante las palabras de su joven amo, mientras tanto, bajo el agua y cerca de los astilleros, Kagome jugueteaba con unas flores blancas muy bonitas, que habían crecido cerca del jardín que rodeaba la orilla del mar, la profundidad le permitía a Kagome estar allí sin problemas y mantener casi la mitad de su cuerpo sumergido. Arrancó una de las flores blancas y con ella se decoró el pelo colocándosela del lado derecho, una sonrisa boba se había dibujado en sus labios.
Volvió a sumergirse para ir hacia el lugar donde quedó en volver a encontrarse con InuYasha, cuando encontró a alguien desagradable, pero se quedó perpleja al ver su nueva apariencia de sirena.
Kagome : - ¿Tu?... pero... que haces con esa apariencia de sirena??!!-. Gritó levemente.
Kikyo : - No voy a hacerte daño, Kagome, ahora somos hermanas y te he traído esto, que me dio Urasue, es el caramelo que te convertirá en humana-. Dijo entregándole la golosina.
Kagome sonrió y por un momento se olvidó de su furia hacia Kikyo, estaba feliz, por fin tenía la pócima que la convertirá en humana para siempre y podrá estar al lado de su amado príncipe. Pero no notó la sonrisa diabólica en el rostro de Kikyo, que carraspeó para llamar su atención.
Kikyo : - Escucha, Kagome debes tomarla cuando anochezca y casarte pasada la medianoche para que quedes convertida definitivamente en humana si no haces eso en ese lapso, volverás a ser sirena-. Le dijo ganándose su confianza
Kagome se lo agradeció mucho, pero no volvió a notar la sonrisa diabólica y perversa en el rostro de Kikyo, que aprovechando la oportunidad no dudó en volver a desparramar ponzoña.
Kikyo : - Kagome, te tengo otra noticia que creo será de tu agrado saberlo, se trata del cuerpo de tu hermana Muriel, sé donde está-. Dijo ate la asombrada mirada de Kagome.
Continuará
Hola a todas y todos
Y? Se armó la pepona!!!! Se armó la pizza!!! Y ahora?? Como reaccionará Kagome si se entera que su hermana Muriel está en la bóveda del castillo de los Taisho? Y que venganza la de Kikyo, parece que su maldad y sed de venganza no tiene límites y podrá llevar a cabo su venganza de haberle mentido a Kagome respecto a la pócima de Urasue ya que le dijo todo al revés, que pasará??
Averígüenlo en el próximo capítulo.
El 10 de enero, me voy de vacaciones hasta el 24, espero poder terminarlo a tiempo, o si no tendrán que esperar hasta mi regreso.
Arrivederchi
Guille (KITT, el auto fantástico)
