¡¡Hola!! Ya vuelvo con otro capi como tocaba n.n. Tan largito como prometi y con sorpresas n.n Espero que les guste n.n.

Notas;

-Este fic es un Ryo-Saku-Ryo. (no¬¬, no me refiero a Ryoma dos veces, si no una a Ryoga). y demás parejas acompañantes.

-Los personajes estarán en OOC de ese. (lo digo por los típicos que van dejando mensajitos por ello. Leñe, que es diversión escribir¬¬)

-Como todos mis fics: Tendrá lemon, pero en su MOMENTO.

-Los personajes no me pertenecen: Son de Takeshi Konomi.

-NO copien mi historia sin mi permiso, por favor.(que ya me ha pasado una vez TOT).

-Au.

-Me comprometo a intentar hacerlos más largos ;D.a menos que me suceda algo de repente.

-NO ES YAOI.

-COMO YA SABEN YO SIEMPRE, SIEMPRE Y SIEMPRE, CONTINUO MIS HISTORIAS.Quien crea que NO, es que NO ME CONOCE¬¬.

(Esto último me lo he visto obligada a ponerlo, gracias a alguien que dice que no se molesta en poner mi historia en alerta porque seguramente no la continuare¬¬. Eso me molestó sinceramente, puesto que SIEMPRE, cuando es su turno, la sigo. ¿o no es verdad? (A menos que me la borren como pasó con mi querido ginecólogo¬¬). Otra cosa a decir gracias a ese personaje¿Escribir por diversión? Sí. Pero, también me gusta saber qué opinan los lectores de lo que leen. No es tan difícil de entender.

Fic: Resumen:

Ryoma Echizen buscaba una secretaria eficiente, cansado de sus problemas con su familia, empresa y ex-secretaria. Sakuno Ryuzaki, tímida, de aspecto nada sexy, quería un nuevo trabajo como secretaria. Momoshiro Takeshi, abogado, echaba de menos a su antigüa novia, pero eso no impide que ayude a dos de sus mejores amigos. Así es como se conocen estos dos personajes y así, es como empieza su historia

Aviso:

Siempre suelo dejar intriga, así que prepárense. Es drama-romance aviso por las personas sensibles, luego no se me quejenXD.

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Capítulo cinco.

Por: Chia-Uchiha o pervert-chan.

Colgó el teléfono y lo apretó entre sus manos, dejando el cambiador de voz sobre la mesa. Sonrió y se apoyó sobre el escritorio, chasqueando los dedos y golpeando cariñosamente, la espalda del hombre a su lado. Saltó de la mesa y cogió su abrigo, dispuesta a abandonar el lugar. Tenía algo que hacer verdaderamente importante. No dejaría pasar tal oportunidad.

-¿Vas a ir sola?- Preguntó Kirihara apoyada cerca de la entrada- Te acompañaré.

Ann suspiró y recibió una mirada de advertencia por parte de su superior. Mostró su arma, asegurándose de llevarla en perfectas condiciones. Señaló al policía con la culata de esta y arqueo una ceja.

-Te meteré una bala si estás en medio- avisó.

Optó por un ligero andar. Su experto en mecánica había hecho el mejor de los trabajos. Le estaría agradecida. Sabía perfectamente que, con la presa fuera de su alcance, el cazador haría lo que fuera por encontrarla, hasta llamarla. Se quedó con el teléfono de Sakuno y se aseguró de que quien contestara, la imitara perfectamente. Ella la conocía desde hacía demasiado tiempo, como para no saber cómo hablaba y pensaba.

Ahora tenía, una dirección clara a la que ir. Aquel asesino iría. No era con el primero que trataba. Muchos habían robado localizadores de la policía, dispuestos para encontrar exactamente a la presa. Él no sería menos. Aunque, sin conocer el aspecto que tendría, era bastante difícil. Akaya Kirihara ocupó el lugar de el copiloto, gruñendo por su locura. Sonrió satisfecha.

-¿Tienes miedo?

-Estás loca- señaló él negando con la cabeza- Ir sola para encontrarte con un francotirador. No. Un asesino.

-Es mi trabajo.

-Simplemente es un asunto personal- corrió el moreno alzando una mano- Y eso no es bueno. No entiendo por qué el jefe te ha dejado continuar.

Ann sonrió, sin mirarle mientras prestaba atención a la carretera.

-Porque soy la mejor en esto.

Kirihara sonrió, mirando a través de la ventana las muchas casas que se iban quedando atrás. No podía negar algo así, pero el hombre tenía un mal presentimiento. Miró de reojo la silueta de la mujer, concentrada en la conducción y en lo que vendría. Había deseado molestarla tras que ver las notificaciones. Ann le había sobrepasado demasiado y no podía creer que una mujer fuera así. Pero en todos sus encuentros, había perdido notablemente.

Pero no confiaba en que un asesino tuviera intenciones de perder. Había descubierto muchos puntos débiles en ella. Esperaba que no los notara. Esa misma extraña 

preocupación, le hizo ir con ella. Se frotó la sien y suspiró. Tan solo esperaba que su otro "yo" no despertara.

-Se puede saber por qué una persona como tú se hizo policía- Preguntó Kirihara dubitativo. Ann frunció el ceño.

-Es lo que me gusta.

-¿Y a tu novio le parece bien?

-Mi prometido lo acepta. Lo aceptó desde hace mucho más tiempo de el que crees- Objeto la mujer- ¿Se puede saber por qué te interesa?

-Por si te lo pensabas y dabas media vuelta- gruñó hastiado.

Una suave risa inundó el coche. Alzó las cejas negruzcas sin comprender, para mirarla atentamente.

-No me volvería atrás, ni aunque me dieran millones- espetó sinceramente la joven- ahora, a trabajar, o te bajas aquí mismo.

El silencio reinó de nuevo y Ann suspiró, llevando de nuevo su interés a lo que vendría. Sakuno tenía derecho a ser libre. Que nadie quisiera matarla y no lo permitiría. Cierto que se había equivocado de hombre al que amar, pero todas las mujeres cometían errores alguna vez hasta dar con quien deseaban. No estaba de acuerdo con ninguno de los Echizen, pero al menos, el frio y solitario Ryoma, parecía mejor opción que el pervertido Ryoga.

Detuvo el coche dentro de un saliente. El lugar al que el especialista se había encargado de llevarle, no fue otro que una simple playa. El localizador estaba colocado sobre uno de los salientes, donde era obligatorio acercarse para poder ver lo que deseabas, así que el asesino tendría que acercarse. Era bueno en visibilidad, pero no atravesaba las paredes como superman. Esperaron pacientemente dentro del auto. Una figura no tardó en hacerse ver, agazapada y con un gran macuto sobre su espalda.

-¿Es él?- Preguntó Kirihara.

-Esperemos que lo sea- gruñó bajando de el coche- vamos.

Caminaron lentamente, con indiferencia. Rodó sus ojos hacia Kirihara y suspiró, aferrándose de su brazo. La rojez subió al rostro masculino, que la miró incrédulo.

-Si vas tan tenso, se notará- regañó molesta- al menos, finge ser mi novio.

-Tu lo dices fácilmente- gruñó el chico.

-¿Es que no has tenido novia nunca?- él negó mirando al lado contrario- que divertido...



-¿Qué tiene de divertido algo así?- Preguntó molesto el joven, deteniéndose y señalando de forma aburrida el escenario-. No es agradable.

-¿Es por tu lado demoniaco?

La miró incrédulo.

-¿Lo sabes?- Exclamó.

-Sí- respondió Ann suspirando- Lo pone en tus informes. Así como tú has investigado sobre mí, yo lo hice sobre ti- guiñó un ojo y comenzó a estirar- anda, vamos ya.

-Espera- la retuvo de el brazo, haciendo que la mirara- ¿Sabes lo que sucede cuando me transformo en esa cosa?- Preguntó arqueando las cejas y señalando con los ojos su entrepierna- crece demasiado. Las mujeres tienen... cierto miedo al verla tan grande... y terminan por huir.

Ann sonrió y palmeo su torso mientras se liberaba, dándole la espalda.

-No te rindas, cada mujer es un mundo- aconsejó- Puede que haya alguna que realmente le agrades. Tanto demonio, como cuando eres tú mismo. Yo...- señaló la cintura, donde su pistola descansaba- sigo queriendo matarte. Así no te imagines lo que no es.

Él sonrió y caminó a su lado, aferrándola de la cintura. Ann gruñó, pero recordó que ella misma había sido la causante de tal cercanía. Rodeo por igual la cintura y caminaron distraídamente hasta el peñasco. La figura, altiva, cubierta por una gorra oscura, los miró desde lo alto. Alzó su rostro, encontrándose con la altiva y dura mirada. Kirihara la imitó y arrugó el ceño, para alzar la mano y señalarle.

-¡Oye, tú! ¿Qué haces mirando a mi novia?- gritó soltándola.

-¡Kirihara!- Exclamó asombrada y sujetándole de la camiseta- ¿¡Qué demonios!?

El moreno guiñó un ojo y comenzó a trepar por las rocas, hasta llegar ante la altiva figura. Ann chasqueo la lengua. Aquel hombre parecía experto en hacer lo que viniera en gana. Corrió por la carretera, intentando llegar antes de que nada sucediera.

-Ese imbécil...- farfulló agarrando el arma- no tiene ni idea.

Se escondió detrás de uno de los salientes y miró a su alrededor. Kirihara había conseguido doblegar al hombre. Parpadeo. Aquello era imposible. Si era un asesino, también tendría que ser bueno en el cuerpo a cuerpo. Tanto como Takeshi. Aquel no era el hombre que buscaba. ¡Era un cebo!

-¡Kirihara!

-No te preocupes, ya lo tengo- informó este orgulloso.

-¡Cógelo y aléjate!

-¿Eh?

Parpadeo, agudizando la vista. La señal rojiza no tardó en mostrarse. Tal y como creía. Aquello era una trampa. Siguió la indicación, perderse en la espalda curvada de el policía. Apretó los dientes y maldijo en silencio.

-Perdón... Takeshi...

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Estornudó y frotó su nariz, avergonzada. Había roto el silencio que caía entre ellos durante la cena. Ryoga extendió un pañuelo hacia ella y agradeció con un simple gesto en la cabeza. Desde que había regresado de la cocina, Ryoga tenía cara de estar de mal humor y la cercanía de la noche, no ayudaba. De nuevo, tendría que ocupar el lecho con otro hombre y eso, a Ryoga lo mataba. Lo sabía, pero no podía hacer nada.

Suspiró, jugando con el bistec de su plato. Nunca comía tanto. Kawamura, el cocinero, se había pasado con su plato. Cortó un trozo aburrida, mientras miraba el trozo de carne. Su muñeca fue apresada y el tenedor junto a la carne, fue engullido por una boca masculina a su lado. Parpadeo. Echizen había liberado el tenedor de su agarre y arrebatado su plato, comiendo la comida que ella misma no quería.

-Pero... señor...- susurró aún asombrada.

-Déjalo, Sakuno- Interrumpió Ryoga malhumorado- mi hermano es una lima comiendo. Come más que un perro hambriento.

Ryoga lo podría haber visto así, pero ella no. Aquel tenedor había entrado y salido de su boca varias veces mientras comía y ese mismo tenedor, era el que su jefe estaba usando como cubierto. Tragó saliva sin poder apartar la mirada de el cubierto cuando iba hasta la boca del menor de los Echizen, el cual, al verse observado, la miró interrogante, alzando una ceja. Apartó la mirada y la centró en el mar oscuro. Daba gracias que la luz no fuera notable. ¿Se habría sonrojado lo suficiente como para que se notara que el calor había crecido en su rostro? Aquello podía ser malinterpretado como... un beso indirecto.

Pero también cabía la posibilidad de que su jefe no hubiera caído en tal cosa. Seguramente, estaría acostumbrado a tal acto y con sus mujeres, haría lo mismo una y otra vez. Para él no era más que un simple cubierto que guiaría su comida hasta su boca antes de a su estómago. Era cierto que Echizen disfrutaba de las comidas y comía hasta que esta desaparecía de su plato. Sin embargo, Ryoga no tanto. Era más como ella. Sí, comía y comía, no lo negaba, pero no era tan tragón como su hermano menor. Sonrió divertida. Eran tan parecidos y desiguales a la vez. Quizás, esas simples diferencias, hicieron que se enamorara de el mayor y no de el menor.



Observó de reojo a Ryoga. Había cogido uno de los palillos y se distraía en morderlo, mientras que al igual que momentos antes ella, clavaba la mirada en las oscuras olas de el mar. Con las piernas extendidas, una de sus manos sobre estómago descansando, la respiración tranquila. Los labios entre abiertos sobre el palillo y respiración tranquila. Tragó saliva. Era apuesto y atrayente. No había vuelta atrás. Sonrió. Lo amaba.

-¿Terminaron?- Preguntó Kawamura sonriente.

-Sí- afirmó sorprendida. No le había oído acercarse- Le ayudaré.

-Oh, no, por favor- rogó éste obligándola a sentarse- Usted descanse, señora Izumi.

Sonrió perdida y entonces recordó. Habían sido cambiados sus nombres durante su estancia en aquel lugar. Ryoga se llamaba Toushiro, mientras que Ryoma, el que era su marido, era Ken Ichitose. Es decir, era ella la "señora" Ichitose y su nombre en clave, Izumi. Se dejó caer sobre la silla aceptó que otros hicieran el trabajo que tan acostumbrada estaba a hacer. Suspiró e intentó relajarse. El olor a tabaco la golpeo de nuevo y se sorprendió, cuando descubrió que no era Ryoma quien fumaba.

-Ryoga...- susurró. Éste la miró-. ¿Fumas?

-Siempre lo hago- respondió el ejecutivo encogiéndose de hombros- Pero suelen ser mentolados... este no me gusta tanto. Se nota que son de Ryoma. Le gusta lo agrio, como él.

-Ryoga- suspiró cansada- Por favor...

Desde que habían llegado, había sido consciente de los piques. Ryoga no dudaba en meterse con el menor, que sorprendentemente, lo ignoraba. Al menos, cuando estaba ella presente. ¿Quién podía prometer que Ryoma Echizen no desearía golpearlo más de una vez? Y no le extrañaba.

-A mi no me gusta el olor- reconoció inclinándose hasta el cartón- y como tampoco fumo... no puedo distinguir el sabor de uno y otro. Pero... el simple olor de cualquier tabaco, ya me hecha hacia atrás. ¿Por qué no lo noté en ti?

-Porque me hecho colonia por todos lados- respondió encogiéndose de hombros- es algo que ya dijeron muchas de mis ex-amantes.

-¿Ex?- Hincó Ryoma divertido.

Ryoga arqueo una ceja, inclinándose para apagar el cigarrillo y mirarlo con el ceño fruncido, a la vez que expulsaba el humo de el cigarro.

-Sí, ex. Tengo mis ex- refunfuñó- a las cuales llevo tiempo sin ver, por cierto- se volvió hacia ella, sonriente- especialmente, porque lo tengo todo aquí mismo.



Le acaricio el brazo con ternura y sonrió tontamente, avergonzándose de aquel gesto y, declaración. Ryoma suspiró, alzándose.

-No me lo creo- espetó para comenzar a alejarse.

Ryoma chasqueo la lengua, recargándose sobre la silla, para mirarla con el ceño fruncido.

-¿Tu tampoco?

Sonrió y acaricio la mano que él mismo había alejado.

-Te creeré... siempre- confesó.

Ryoga enredó sus dedos contra los suyos, acariciándola. No sabía si Ryoma todavía seguía ahí o si ya se había perdido entre la oscuridad de la playa. Lo único consciente, era que sus labios rozaban los masculinos tiernamente. Ryoga presionó su mentón y dejó descansar su frente sobre la suya.

-Sakuno, ¿Por qué nunca abres los labios?- Preguntó molesto- quiero besarte totalmente. Un beso pasional es mucho más allá de esto.

Llevó su mano libre hasta sus labios. Lo había visto en muchas películas. Los dos amantes se besaban con frenesí y hasta en cierto momento, sus lenguas eran demasiado visibles para los espectadores. Entre cerró los ojos y guio su mano, de sus labios, a los contrarios.

-Si lo hiciera... mi corazón estallaría...- Susurró- ya... siento demasiado...

Ryoga sonrió y palmeo su frente cariñosamente.

-Sakuno, eres demasiado inocente- alagó- estoy deseando que sea nuestra noches de bodas para convertirte en una auténtica mujer- Besó su frente y se alzó-. Buenas noches.

-Buenas... noches- deseo mareada.

Ryoga desapareció, sonriente y altivo. Suspiró, intentando por todos los medios detener el replicar de su corazón. Si Ryoga realmente la hubiera besado de aquella manera, ahora estaría desmayada completamente.

-Sakuno.

Se tensó. La voz de Momoshiro le golpe la nuca. Se alzó de la silla y se encontró con el ceño fruncido de los ojos lilas.

-¿Es que quieres echar la misión al garete?-. Exigió señalándola- Tu marido ahora es Ken Ichitose. No su hermano- aclaró- Ahora, ves a por tu marido y no vuelvas a hacer tal escenita.



-Lo... lo siento- se disculpó entristecida- pero...

-¿Es que tienes miedo de que Ryoga se enfade y te vuelva a hacer daño?- Espetó poniendo las manos en sus caderas y obligándola a volverse hacia las escaleras- Ya me cobraré eso algún día.

-Ryoga no...

-Sí, sí- interrumpió Takeshi molesto- todos dicen lo mismo. Luego pasa lo que pasa. Vete con Ryoma, y no te separes de él nunca. Si él se levanta, tú vas tras él. Si se tira por un barranco, también.

-¡Momo!- Exclamó asombrada- ¡Eso fue...!

-Un decir- terminó divertido- Echizen no se tiraría ni por un barranco, aunque hubiera dinero en el fondo- Acaricio la cabeza castaña y besó su mejilla- ves con Ryoma y haz lo que él diga cuando sea peligroso, ¿de acuerdo?

-Momo...- llamó dudosa- ¿Por qué... confías tanto en el señor Echizen?

Takeshi se mordió el labio y rascó su cabeza.

-Eso, Sakuno, es algo que quien tiene que contar, es él- objetó- a nadie nos gusta que remuevan nuestro pasado sin permiso. Entiéndelo.

Afirmó con la cabeza y se alejó de el moreno, que suspiró alejándose. Sus pies quedaban enterrados entre la arena y terminó por quitar sus zapatos. Sonrió divertida al sentir la arena escurriéndole por los dedos de los pies y saltó infantilmente, hasta que tropezó. Alzó las manos para protegerse la cara, pero el golpe no llegó.

-Torpe.

Alzó el rostro. Las fuertes manos la sujetaban de las axilas y sin esfuerzo alguno por parte del hombre, la alzó. Sin dejarla en el suelo, la sujetó con un único brazo. Se inclinó y observó sus desnudos pies, frunciendo el ceño aliviado. Con los zapatos en una única mano, se sujetó de el cuello masculino, pestañeando confusa. La mano que acariciaba sus pies, remontó más allá, perdiéndose en el comienzo de su muslo. Enrojeció al instante y tembló.

-Señor...- rogó temerosa- no...

-Hmf- alzó una pequeña rama de madera ante sus ojos.

-Eso es...

-Una rama- respondió a la vez que la lanzaba lejos- se iba a clavar.

-Por eso... tropecé...

Él afirmó con la cabeza dejándola sobre el suelo. Aún con su mano aferrada al cuello masculino, comprobó ligeramente la diferencia de altura. Demasiada. Tanto Ryoga como Echizen la superaban. Se alejó, al darse cuenta que él no se alejaba y había comenzado a jugar inconscientemente con uno de los verdosos cabellos.

-Lo... lo siento- se disculpó- Es que... Momoshiro me dijo... que viniera usted... y... no pensé que en la playa habría ramas... de estas...

-No importa- negó él comenzando a caminar- regresemos.

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Aquello había sido rápido. Si Ryuzaki hubiera caído sobre la arena, su cuerpo por entero habría explotado. Cuando la alzó a tiempo, vio a Momoshiro golpear a uno de sus ayudantes. Habían instalado bombas en algunas zonas y generalmente, las desinstalaban cuando ellos se adentraban en las zonas. Un radar tenía que indicarles el movimiento, junto a los tres objetos que les dieron: los anillos de casados para él y Sakuno, y, una pulsera para Ryoga. Estos, se encargaban de indicar su posición.

Había estado siguiendo los rastros y se sorprendió de el gran trabajo efectuado por todos ellos. Ryuzaki, claro está, no era consciente de tal cosa y creyó que estaba acariciando demasiado cuando le quitó la rama trampa que se había enganchado a su vestido. Aunque no podía negar que fue agradable. Demasiado. Si sus dedos no hubieran hallado el objeto, seguramente, habría subido más. Eran suaves al tacto. Vírgenes. Estaba por asegurar que Ryuzaki era una de esas mujeres que tienen todos los médicos mujeres. Especialmente, los ginecólogos.

La sintió caminar a su lado, despacio y sin separarse. Se había acostumbrado a ello. Demasiadas veces había creído que la perdería, y así fue más de una vez, por esa misma razón, la obligó a agarrarse a alguna prenda. Al menos, esta vez, no tenía gentío para perderse ni calles estrechas donde no puedes diferenciar una de otra. No podía perderse.

Caminaron hasta la habitación que compartirían. Esta vez, la notó más tensa. No estaba dormida esta vez, era consciente de que compartiría la habitación con él. La cama. El aire. La almohada.

Gold saltó de el mueble, acercándose hasta ella. Sakuno lo alzó, sujetándolo en brazos y acariciándolo.

-¿Le molesta... a usted también...?- Preguntó temerosa, señalando con la mirada al felino.

-No- negó estirándose.

-Gracias...- agradeció con una reverencia.



Cerró la puerta tras ellos y corrió las cortinas sobre esta. Sakuno tanteo en el armario que le había sido inculcado y frunció el ceño. Seguramente, su experiencia con los camisones, no fue muy de su agrado. La vio observar de reojo su armario y morderse una uña.

-Coge lo que quieras- respondió, comenzando a quitarse la ropa.

Ryuzaki afirmó, para volver sus ojos hasta el armario. Una sonrisa pícara se dibujó en su rostro. Caminó lentamente hasta ella y apoyó sus manos a cada lado del armario, dejándola entremedias. Ryuzaki se tensó al instante, volviéndose hacia él en un intento de huir, golpeándose la nariz con su pecho.

-Torpe- repitió, cogiendo una de sus camisetas.

Se alejó de ella y colocó la ropa sobre su cuerpo, mientras que como un tomate, ella intentaba encontrar algo que ponerse. Lo suficientemente ancho, seguramente, cómodo y que no mostrara sus curvas de mujer.

-Tsk.

Era imposible ocultar algo así, especialmente, si se colocaba ropa de hombre. Pero, ¿qué iba a saber una persona que nunca había compartido sexualmente una cama? Nada. Era inocente, tanto, que terminaba por seducir inconscientemente. La vio coger varias cosas y correr hasta el baño. Se acomodo entre las sábanas de la cama y acaricio al gato, que decidió usarle como almohada mientras tanto.

Cuando finalmente se abrio la puerta, tubo que morderse la lengua para no reír. Llevaba puesta dos camisetas y unos pantalones de deporte cortos, que le llegaban hasta los tobillos, junto a unos calcetines de deporte. Apagó la luz antes de adentrarse en la cama y nada más hacerlo, le dio la espalda. Apagó su propia luz y acaricio por última vez el lomo de el gato, que ronroneo satisfecho.

-¿Gold?- Preguntó ella volviéndose.

Tanteo el terreno con sus manos, hasta que encontró el pelaje de el felino. Continuo acariciando al animal, hasta que sus dedos se encontraron.

-¡Lo siento!- Exclamó apartándose.

Suspiró cansado y aferró la mano que lograba ver en la oscuridad con sus ojos ya acostumbrados a la penumbra. Ryuzaki tembló e intentó alejar la mano. Tanteo entre los dedos, hasta que halló el objeto que buscaba. El anillo permanecía en el dedo anular, tal y como Ann les había ordenado. Gruñó y la liberó. Sakuno jadeo, asustada. Demasiado jadeante. Encendió la luz, confundido. Guio su mano hasta la mejilla de la castaña, observando su respuesta.

-¿Ryuzaki?- Preguntó alzándose.



La ropa rodó de su cintura y los rojizos ojos encontraron la metálica pistola. Frunció el ceño. Ahora lo comprendía. El miedo la había embargado cuando se desnudó ante ella, sin recordarse del objeto. Lo sacó, dejándolo bajo la almohada.

-¿Por qué...?- susurró ella con miedo- una pistola... ¿Por qué, señor?

-Protección- respondió apretando los dientes- nada más.

La mirada aterrorizada continuaba sin borrarse de aquellos ojos. Ryuzaki estaba demasiado tocada con tal acto. Maldijo entre dientes. Ni él mismo quería volver a usar una pistola. Aquel suceso le golpeaba una y otra vez en la mente desde que la había cogido. Se frotó la sien cansado.

-Momo... ¿se la dio?- Preguntó esperanzada. Afirmó con la cabeza- Ah...- suspiró aliviada- yo... comenzó a creer que usted también... era marine o algo así. Ya me espero cualquier cosa...

-¿Nh?- Enarcó una ceja- Si Momoshiro...

-No lo sabía- le interrumpió- hasta antes de ayer no me enteré. Sabía que Ann era policía de la secreta. Una de las mejores y con permisos especiales... pero... de Momoshiro... no me lo esperaba.

-No te fijaste.

-Es que... creía que como amigos, me lo contaría todo... bueno-, enrojeció notablemente-... no todo..., hay cosas que mejor no me cuente... pero algo así.

-Si lo dejas, ¿Por qué hablar de ello?- Gruñó apartando la mirada.

-Porque es mi amigo- defendió ella agarrándole la mano- Porque me importa... igual que Ann.

Alejó sus mechones castaños con una sola de sus manos, cayendo sobre sus curvados hombros con delicadeza. Entrecerró sus orbes doradas y suspiró de nuevo. Aquella mujer daba demasiadas oportunidades para enamorarse de ella y él tenía que ir cerrándolas cuanto antes mejor. Pero era hombre. No podía evitar mirar si mostraban tan claramente, o eso creía. ¿Cuántas veces había apartado la vista de las muchas prostitutas que llevaba su hermano a su casa? Demasiadas veces. ¿Por qué no apartarla ahora?

Porque aquellas piernas dobladas, claramente pequeñas y sensuales, con aquel tacto atrayentemente suave, los pequeños senos que se mostraban debajo de la tela., apretados por los brazos de la mujer, que había optado por dejar sus manos entre sus piernas dobladas, con la tela de la ropa tras ella. Se lamio los labios y suspiró, alzándose.

-¿Señor Echizen?- Preguntó alarmada- ¿Dónde...?



-Baño- respondió roncamente.

Cerró la puerta de golpe, dejando que su espalda se ocupara de soportar su cuerpo. Miró la bañera y chasqueo la lengua. Ni loco se daba una ducha fría. No estaba tan tenso y necesitado como para excitarse por ese cuerpo.

-¿Quieres condones, Ryoma?

-Cállate- ordenó al escuchar la voz. Momoshiro rio, mostrando su cabeza por alto de la ventana y lanzó algo contra él, a lo cual no prestó atención.

-Es más bonita de lo que parece, ¿eh? Cuerpo pequeño, ojos grandes, largos cabellos que te acariciaran cuando esté sobre ti, moviéndose- rio pervertidamente- montándote...

-Hmf- apretó los puños y cerró la ventana.

Frotó sus verdosos cabellos y entrecerró los ojos, mordiéndose el labio. Aquel Momoshiro eran claras sus intenciones. Maldición. Si lo excitaba verdaderamente tendría que darse una ducha de agua fría y no le apetecía nada. Por meros momentos se había visto tentado a imaginarse ciertas escenas, pero por suerte, tener la cabeza fría en esas ocasiones, era su mejor arma.

Decidió salir y se sorprendió ante la escena. Ryuzaki dormida totalmente enroscada, igual que Gold, que bostezó entre los brazos de la castaña, para volver a dormirse. Caminó hasta los pies de la cama y alzó la ropa, cubriéndola, para adentrarse también, de espaldas a ella. Lo mejor sería no retar a su cuerpo. Y a menos que se despertara a media noche, no se movería.

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Había sentido ganas de estrangular a Ryoma. Golpearlo o cualquier cosa más.
No era difícil comprender sus intenciones cuando hablaron sobre las ex. Y el caso es que no mentía. Sí que había vuelto a ver a alguna que otra mujer. Demonios. No podía estar en cuarentena tanto tiempo. Esperar a Sakuno se estaba convirtiendo en un suplicio. Él no era como su hermano, que se pasaba meses sin sexo. Para él era algo verdaderamente natural.

Por eso mismo se tuvo que retirar ante Sakuno y ahora, disfrutaba de una ducha cálida, mientras su mano rozaba agitada su sexo. Con tan solo imaginarse de nuevo el rostro avergonzado y jadeante de Sakuno, le hacían querer devorarla entera. No habían pasado más allá de simples besos y se volvía loco por querer ahondar más. La primera vez que lo intentó, terminó mordiéndola y castigándola de ese modo por su cercanía con Ryoma.

-Sa... kuno...- jadeo con fuerza, golpeando con rabia inmensa en el placer la pared ante él- maldición...



Solo de pensar que quien estaría disfrutando ahora de su olor sería su hermano, lo mataba. Se mordió el labio inferior y miró su sexo, aún algo palpitante. Necesitaba una mujer. Ya. Suspiró y entrecerró los ojos. ¿Acaso no había una sirvienta en la casa?

Salió de la ducha, toalla en las caderas y otra en la cabeza, moviéndola para secar sus cabellos. Abrió la puerta de su habitación y caminó en silencio. Lo único que lograba escuchar eran sus pasos desnudos. Abrió la puerta a la habitación ocupada por su hermano y Sakuno. Ryoma dormía boca arriba, con una mano sobre su vientre y otra escondida bajo la almohada, mientras su rostro era dirigirido hacia el lado contrario y Sakuno, era una especie de minino encogido. Dos pequeñas orejas se dejaron ver, seguido de un ligero maullar. Cerró la puerta, jurándose que mataría aquel gato, igual que hizo con el de Ryoma años atrás.

Caminó esta vez por los pasillos interiores de la casa. El silencio reinaba menos en cierto lugar. El salón. Una cantarina voz de mujer le golpeo y su propio cuerpo caminó hasta el lugar. La doncella limpia entretenidamente uno de los relojes sobre la chimenea. Miró atentamente la delgada espalda. La cintura que se zarandeaba en cada movimiento de melodía. Las largas piernas, perfectas en su final.

-¿Desea algo el seño?- Preguntó sin mirarle.

-Sí- afirmó, maldiciendo por eso. Era uno de los hombres de Momoshiro- ¿Por qué una mujer como tú estás con esa panda de matones?

La risa inundó la habitación. La cabellera morena se movió al compás de el cuerpo, mientras unos ojos verdosos lo miraron con atención.

-¿Por qué el interés?

-Porque estoy pensando en llevarte a mi cama- espetó sin miramientos- Deja que te haga el amor.

-No.

Arqueo una ceja incrédulo. ¿Una mujer le había dado calabazas? Se acercó hasta ella, lo suficiente como para ver que la superaba en altura. La única mujer libre en todo aquel lugar y le daba calabazas. Aquello era una clara pesadilla.

-¿Por qué?- Preguntó- te trataré bien.

-Él también te tratará bien- señaló la chica sonriente.

Se volvió. Tras él, una figura masculina le apuntaba con arma, directamente a la cabeza, mientras siseaba en una mirada amenazadora. Tragó saliva.

-Riku- habló el hombre- vamos.



-Sí, Kaidoh- afirmó esta alejándose y permitiendo que el amenazador joven la rodeara de las caderas- Buenas noches, joven señor.

Golpeo la lámpara cercana, tirándola al suelo. El sonido de una risa arrogante se alzó en la sala.

-No deberías de tentar a otras mujeres, cuando tu prometida está en la otra habitación, funesto Echizen.

-Momoshiro- farfulló apretando los dientes- ¿Vas a decírselo?

Momoshiro sonrió, alzando una cinta diminuta entre sus dedos.

-Quedó todo grabado. Ahora sí que te he... ¿Cómo se dice esa palabra tan vulgar? ah, sí: Jodido-. Alzó una mano como despedida- La próxima vez, asegúrate que las sirvientas no estén casadas con uno de mis hombres.

-Espera- detuvo- ¿A qué coño juegas?

-¿Yo?- Preguntó señalándose- a nada.

-¿Por qué siempre que estás con Sakuno, mi hermano está con ella?- Interrogó- ¿te divierte ver que me engañe?

-¿Perdón?- Preguntó incrédulo Takeshi apretando un puño- Te lo diré una sola vez, Echizen: Sakuno nunca será tuya mientras yo siga vivo. No la compares contigo ni con todas esas putas con las que te has acostado.

-¿Por qué no?- Gruñó ciegamente- ahora está con mi hermano.

-Te lo advertí una vez, esta es la segunda, Echizen.

Su mejilla quedó herida. Llevó la mano hasta el lugar, tanteando la herida. ¿Qué demonios la había creado si Takeshi estaba tan lejos? Se volvió, encontrándose con un cuchillo de montañismo. Parpadeo.

-Lo próximo, será un balazo en la cabeza.

Momoshiro desapareció, mientras que él chasqueo la lengua. No era mejor morir que quedarse sin sexo. Tendría que haberlo supuesto, conociendo las intenciones del abogado en separarle de Sakuno. Suspiró frustrado y regresó por el camino. Una vez más, se dirigió hasta el dormitorio de los otros dos y apretó los dientes. Ryoma se había deslizado en sueños y cubierto parte de el cuerpo de la castaña con su brazo, mientras esta, se había enroscado contra él.

-Joder- farfulló- que el prometido soy yo...



Cerró la puerta de mala gana, sin importarle si despertaría a los demás o no, cosa que consiguió. La figura de Sakuno se dejó ver a través de la puerta, preocupada, frotándose los adormilados ojos.

-¿Ryoga...?- Preguntó entre sueños- ¿Qué sucede?

-¿Y si hubiera sido quien querría matarte?

Sakuno se frotó las manos nerviosa y miró hacia la puerta de la habitación que compartía con su hermano.

-Él... me dijo que habías venido...- susurró- creía que te sucedía algo...

Suspiro y frotó sus cabellos.

-Sí que me pasa, Sakuno- susurró-. Que estabas abrazada a mi hermano- señaló la puerta- duermes con él. Joder. Es un hombre. Será tu jefe, frio y demás, pero esta- se señaló con descaro su sexo- le funciona perfectamente. Como a mi. Como a cualquier tío que tenga deseos. Dios, eres demasiado inocente.

-El señor Echizen... no me haría nada...

La seguridad con la que decía aquellas palabras... Las odiaba. ¿Cómo podía pensar que Ryoma tan solo era su jefe? Hasta ahora le había visto claramente dar muestras de querer algo más que una simple relación jefe-secretaria. Ryoma nunca comería de el tenedor de otra persona. Ni dejaría de fumar porque una mujer se lo pidiera. Sakuno estaba totalmente engañada.

-Sakuno- rogó abrazándola- duerme esta noche conmigo. No hare nada. Te lo juro.

-Ryoga...- susurró preocupada- no podemos... lo sabes...

La acercó más deseando que no cediera, que deseara acostarse en él como hacía con su hermano. Besó las mejillas impulsivamente, la frente y los labios. Acaricio la forma de estos con su lengua y los sintió tensarse. Sabía que lloraba y que si abría la boca para negarse, se aprovecharía de ella para adentrarse totalmente.

-Ey. Quiero dormir.

Se tensó. Se alejó de ella y clavó su mirada en los ambarinos ojos que tantas veces había visto. Sakuno escapó de sus brazos y corrió a esconderse dentro de la habitación. Ryoma suspiró, apoyado en el quicio de la puerta y bostezó seguidamente.

-Tu- maldijo- Como la toques- amenazó señalándolo- te mataré, Ryoma. A veces... deseo que realmente el tiro te hubiera dado en el corazón de hielo que tienes, en lugar de en el brazo. Me gustaría saber qué puñetas consigues, quitándomela.



Ryoma se volvió, indiferente y él golpeo su frente, frustrado. Era la primera mujer que le hacía perder el juicio de aquella manera. La única que lograba ejercer aquel deseo de posesión irrefrenable. Más que ninguna de las otras mujeres que había tenido. Hasta el punto de desear la muerte de su hermano. Si no la muerte, la desaparición hasta que fuera suya. Ya no le importaban los millones que Sakuno pudiera tener en adelante. La ansiaba por completo. Y el miedo de perderla, se hacía realmente poderoso, cuando veía la sonrisa altiva de Ryoma Echizen.

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Los rayos de el sol inundaron la habitación. Sentada sobre el sofá, había permanecido toda la noche, abrazada a un cojín. Echizen y Gold durmieron por completo la velada, mientras ella no podía quitarse de la cabeza la horrible velada. Se asustó, cuando su jefe la zarandeo, indicándole que Ryoga estaba en la puerta. No comprendía cómo se había dado cuenta él y, ella, que solía tener el sueño ligero, no. Normalmente hubiera despertado con el menor de los ruidos, pero aquella noche no. Se había sentido terriblemente bien, cobijada bajo los brazos de Echizen.

Frotó con las yemas de sus dedos sus labios. Un escalofrio de asco la recorrió por completo. Había sentido pánico y asco. No estaba preparada para dar un beso como aquel. Aunque fuera Ryoga. Pero lo que él hizo, la asustó terriblemente. ¿Acaso tenía pensado forzarla a llegar? Por segunda vez en su vida, su jefe la había salvado. No le había dicho nada cuando entró. Cerró la puerta en silencio y se dejó caer boca abajo en la cama, quedando dormido al poco tiempo.

Suspiró y se alzó, caminando hasta el cuarto de baño. Deslizó las mangas de las dos camisetas y arrugó la boca. Las marcas de los dedos había vuelto a quedarse grabadas en su piel y encima, sus labios estaban rojizos y levemente dañados en un lado. Abrió el grifo de agua fría y mojó los dedos. Guio unas cuantas gotas hasta la herida y jadeo en dolor. Las lágrimas corrieron solas de nuevo por su mejilla y se mordió el labio inferior, olvidando la herida en este. Sin embargo, sus dientes no hallaron su labio.

-¿Señor...? Echizen?...

Se cubrió la boca con las manos, mientras que él movió los dedos en molestia. Había evitado que se mordiera con sus propios dedos, hiriéndose en el camino con sus dientes. La miró molesto por aquella acción y sujetó su mentón entre los mismos dedos, mirando con el ceño fruncido la herida. Guio su mano libre hasta el grifo, mojando sus dedos hasta que estos enfriaron y los dirigió hasta sus labios. Se tensó y jadeo una vez más al sentir aquel roce refrescante y el tacto de las yemas. Se sujetó al lavabo, sintiendo que sus piernas cederían. Era demasiado agradable aquel gesto. Y él parecía no darse cuenta.

La liberó del agarre y cerró el grifo secándose las manos a continuación. Gold rodó entre sus piernas y terminó entre las masculinas, se agachó, estirando las manos hacia el felino, sin comprender porque el gato había terminado cogiendo tanto cariño a ese hombre.

-Gold, no molestes-. Regañó temblorosa.

-No molesta.

Echizen acaricio su cabeza con un simple palmeo y rodó sobre sus pies para regresar hasta la habitación. Se tambaleo y terminó cayendo sobre la taza de el servicio. Guio su mano libre hasta su boca y tanteo las mismas zonas que los dedos de aquel hombre habían rozado. Con precisión. Con cuidado. Con sensualidad.

-¿Qué... fue eso...? -susurró, mirando al gato maullante.

La puerta de la habitación se dejó escuchar, dando indicación de que su jefe había salido.

-Sakuno.

La voz de Momoshiro la alertó. Cogió el primer objeto que le vino a mano y lo lanzó contra él.

-¡Eso dolió!- Se quejó el especialista- ¡Qué soy yo!

-¡Pe...!Perdón!- Exclamó acercándose hasta la ventana-. Me asustaste.

Takeshi rozó su dolorida cabeza y la miró con el ceño fruncido.

-¿Se puede saber a qué juegas?- Le preguntó arqueando una ceja- Si te gusta, díselo.

-¿Qué?- exclamó confusa.

-Tu jefe, Sakuno- respondió el muchacho encogiéndose de hombros- Vi lo que sucedió anoche... ¿Por qué no lo dejas y te vas con Ryoma?

Abrió la boca para negar, pero la mano de Momoshiro se lo impidió.

-Sé lo que dirás- suspiró- en fin... el juego continua, así que...

-¿¡El juego!?- Exclamó apartando la mano- ¡Explícate! El señor Echizen también me lo dijo, quiero que me digas de qué se trata...

-¿No recuerdas lo que te dije en mi casa?- Preguntó incrédulo- si logro que te enamores de otro en dos meses, dejarás a Ryoga.

Afirmó con la cabeza. Recordaba la escena. Pero no sabía que Momoshiro jugaría tan fuerte.

-Pero... ¿El señor...? Echizen?- Preguntó preocupada- no puedo... enamorarme de él... amo a Ryoga.



-Amas a un hombre que no duda en engañarte- Bramó el agente pellizcándole una mejilla- Echizen sería incapaz de engañarte como lo hace Ryoga.

-¡Ryoga no me engaña!- Exclamó afligida- Él... está sufriendo mucho con esto... es normal que esté cabreado... yo... estoy durmiendo con su hermano por las noches... cuando mi prometido es él. ¿Qué... pasaría si fueras tú y Ann?

Momoshiro alejó su mano y rascó su cabeza.

-Sakuno- suspiró cansado.

-No, Momo, piénsalo.

-Estaría cabreado a más no poder- gruñó finalmente- Tanto, que desearía matar a Ryoma si fuera mi caso.

Sonrió aliviada y acaricio los negros cabellos con ternura.

-¿Ves...?- Preguntó- Ryoga es igual que tu.

Momoshiro Suspiró una vez más y le acaricio a ella la cabeza.

-Cuando todo pase, te mostraré una cosa, Sakuno- prometió- aunque me odies. Prefiero tu felicidad que otra cosa. Ahora hazme un favor y tan solo dedícate a sentir. A más no poder.

Afirmó sin comprender los misterios que rodeaban a las palabras de su mejor amigo. Cuando éste se alejó, volvió a suspirar preocupada. Gold maulló por hambre y afirmó sonriente.

-Yo también, Gold- confesó frotándose el vientre.

Caminó hasta la puerta, al tiempo en que las puertas se abrieron. Ante sus pies, Ryoma permanecía sentado sobre el suelo, mientras que Ryoga jadeaba, con los puños apretados. La miró con el ceño fruncido, para señalarla acusadoramente.

-Conmigo no, pero con él sí, ¿verdad?

-¿Qué?- Preguntó perdida.

Ryoma se alzó, frotándose la mejilla donde seguramente, había recibido el puño de el mayor. No comprendía que sucedía. Ryoga se acercó de nuevo hasta su hermano, con claras intenciones de seguir golpeándolo. Jadeo incrédula. Aquello no pasó demasiado por su mente. Cuando fue consciente, había recibido el golpe en su rostro y chocado contra el suelo.

-¡Sakuno! ¡Ryuzaki!- Exclamaron ambos hermanos.



Reptó por la alfombra, sujetando su mejilla con ambas manos. Dolorida. Parpadeo, para dejar escapar las lágrimas que quemaban en sus ojos. Ryoga se arrodilló ante ella, apartando los mechones que comenzaban a pegarse contra su rostro, besándola y apartando las manos.

-Sakuno- llamó afligido-. ¿Por qué te has entrometido?... ¿Tanto le... quieres?

-¡No es eso!- Exclamó aferrándole de los hombros- ¡Es que no entiendo... por qué!

-¡Lleva un chupetón en el cuello!- Exclamó a la vez Ryoga- ¡La única que puede hacérselo eres tu!

-Yo no... Haría tal cosa...- jadeo nerviosa- nunca...

Se mordió el labio herido nerviosa y gimió ante el dolor. Ryoga suspiró, rozándole la cabeza con ternura y la alzó en brazos. Parpadeo entre las lágrimas. Su jefe había desaparecido sin que se diera cuenta. ¿En qué momento lo hizo? Miró su cuerpo. Cogida por ambos brazos, Ryoga la guio hasta el baño. Se sorprendió. Ryoma Echizen solo necesitó un brazo para alzarla y una mano para hacerla temblar mientras buscaba el maldito palo, mientras que Ryoga no parecía tener el mismo efecto.

Suspiró. Cuando estuvo en el suelo, mientras él empapaba una toalla para colocarla sobre su mejilla, entrecerró sus ojos, tragando saliva.

-Ryoga...

-Dime- Dijo éste arrodillándose y colocando el húmedo trapo en su rostro.

-¿Por qué... sois tan diferentes... tu y Echizen?... ¿Por qué... a la vez sois tan parecidos?- Exclamó llorosa- ¿¡Por qué... todos quieren que me... quede con uno de vosotros!? - Alzó las manos, cubriéndose los ojos con las manos- ¿¡Por qué... no puedo ser sincera a mis gustos!?...

-Sakuno...- susurró el hombre confuso- ¿Qué... sucede? No te entiendo- confesó incrédulo- Ya eres sincera, cariño- cogió sus manos, alejándolas- me amas a mí. Y yo a ti... tanto que soy un maldito celoso que se imagina cosas- acaricio los dedos lentamente, inclinándose hasta besarla suavemente-. Perdóname. Te hice de nuevo daño... Dios... si quieres, pégame.

Le miró incrédula. ¿Golpearle? Nunca haría tal cosa. A nadie. Esa era una de las razones por las que se había metido entre ellos. Odiaba esa clase de violencia. Ryoga había cerrado los ojos y dispuesto su cuerpo para que le golpeara en cualquier lugar. Sonrió tristemente para inclinarse levemente y besarle. Ryoga abrio los ojos, parpadeando confuso.

-Listo...- Dijo avergonzada.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de el peli verde, que la abrazó por las caderas, dejando descansar su rostro sobre su vientre. El calor de la vergüenza aumentó en ella, obligándola 

a tragar nerviosamente y mirar a su alrededor perdida. Sonrió e hizo lo único que deseaba. Abrazarle.

-No pasa nada... Ryoga... está bien...

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Golpeo el rostro pálido con fuerza, sintiendo que la sangre bullía con más fuerza dentro de sus venas. No podía perdonarle. ¿Por qué no había reaccionado a tiempo y la aparto?

-¡Estás entrenado para hacer ese tipo de cosas, Ryoma!- Exclamó mirando al hombre tirado sobre el suelo- ¡Maldita sea!

Se frotó la sien cansadamente y suspiró en un intento de relajarse. El ejecutivo lo miró indiferente, con los labios apretados y las manos enterradas en la arena.

-Hm... ¿Por qué no dices nada?- Preguntó arqueando una ceja- ¡Te han golpeado dos veces! ¿Qué demonios te pasa? Antes hubieras devuelto hasta el primer golpe...- se detuvo, mirándolo sorprendido- ¿Sakuno?...- Rio incrédulo- ¿Te estás tomando esto en serio? ¿Hasta el punto de cambiar... por ella?

-No- negó tras un largo silencio- Olvídalo.

Takeshi estaba a punto de protestar, pero guardó silencio al escuchar el sonido de su móvil. Descolgó molesto y clavó su mirada en la lejanía. La boca se volvió pastosa. No sabría reconocer si tenía saliva o no. Miró el aparato incrédulo, apretando el puño con fuerza.

-¿Ann... qué?

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Maldijo en silencio mientras el taxi rodaba por la autopista. Tendría que haberlo supuesto. Ann Tachibana y Momoshiro Takeshi no eran tan tontos. Cruzó los brazos sobre su pecho y chasqueo la lengua. Al menos, había uno menos. El cebo había hecho su trabajo perfectamente y le había servido para averiguar que era una trampa. Asegurado en un buen lugar, logró, al menos, vengarse por tomarle por un simple incompetente. Lo que no se esperaba, era que el cazador, se convirtiera en presa. ¿Por qué Tachibana había cometido aquel error? No era normal.

-¿A dónde, señor?- Preguntó el conductor que llevaba varias horas girando entre calles y calles.

-¿Dónde iría usted si se estuviera escapando de un asesino?- Preguntó sarcástico.

El conductor rio divertido y suspiró cuando sus risas terminaron, aliviando a su estómago de tantos movimientos.

-La verdad, no pensé que todavía quedaran asesinos de esta clase- Arqueo una ceja. ¿Había dicho lo que dijo?- Pero no sé si alegrarme porque todavía queden personas como yo, o entristecerme. Ser asesino no es el mejor de los trabajos, ¿sabe?

-¿Usted...?

-Lo fui- interrumpió el hombre sonriendo- Un asesino muy conocido. Me cogieron y gracias a buena conducta, me liberaron. Ahora tengo familia y trabajo como taxista. Dejé a un lado la excitación que se siente por querer asesinar la última vez que cogí el arma.

-¿Por qué?- Preguntó desinteresado.

-Porque me enamoré de la mujer a la que tenía que matar. Es una mujer de dinero, mi esposa, por cierto. La llevaron a un lugar aislado de gente. Tan solo un simple pueblo que por estas fechas celebran fiestas. Eran impresionantes las vistas. Tenía una gran playa privada y una casa alucinante- Continúo el taxista- pero todo aquello es una farsa. Los radares para descubrirte están demasiado alejados de la casa y un paso en falso y serás hombre muerto.

El hombre hizo una pausa y él hizo gesto de que continuara, interesado.

-No sé quién demonios estaba detrás de tal espectacular fortaleza, pero, era un adolescente. Recuerdo que investigue sobre él.

-¿Recuerda su nombre?- Preguntó.

-Algo de melocotón...

-¿Takeshi Momoshiro?

-¡Sí!- Exclamó asombrado el taxista- ¡El mismo! ¿No me digas que tú también estás contra él?

-Algo así- farfulló pensativo- Oiga. Lléveme a aquel lugar.

-Está muy lejos- advirtió- Quizás tres días en coche.

-No importa. Le pagaré todo lo que quiera, al fin y al cabo, mi cliente es uno de los nenes ricos de la sociedad.

-Entonces en marcha. Suerte con su trabajo, joven.

-¿No va a llevarme a la policía?- Preguntó rozando con sus dedos la culata de el arma.

-No- negó él- cada uno elige su destino. Tú has decidido ser de esta forma, entonces, no te lo reprocharé. No soy tu padre para hacerlo.

Agradeció el gesto y cerró su abrigo, acomodándose en el asiento. Un golpe de suerte siempre era bien recibido, especialmente, si ese golpe de suerte, te puede guiar hasta tu presa. Sonrió satisfecho. La excitación comenzó a golpearle.

-Ya voy... Ryuzaki.

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Notas autora:

Bueno, como pudieron ver, Ryoga terminó por enamorarse y no pensar en el dineroXD.

Los celos me lo pierden ù.ú.

Sé que a muchos no le gusta su comportamiento, pero tenía que llegar a darse cuenta de que ansia más que una fortuna n.n

No me gusta el maltrato a las mujeres, así que no pienses que es aposta y que tengo algo contra Sakuno, por favor.

Que no es así.

Es la trama n.n.

Muchas gracias a todas las personas que me dejaron rw y que leyeron desde el principio el fic, aunque sea largo n.n

Complaciendo los deseos de que les guste largo, continuaré como prometí n.n

Nos vemos prontó.

Cuídense.