¡Hola! Volví :3 Aunque no muy contenta porque la página donde corrigo mis fics se ha caido y parece que tienen el servidor roto, así que este capítulo estará repleto de fallas. Discúlpenme por favor T.T. Y emm, no me enrrollo más hasta el final :3

-Este fic es un Ryo-Saku-Ryo. (no¬¬, no me refiero a Ryoma dos veces, si no una a Ryoga). y demás parejas acompañantes.

-Los personajes estarán en OOC.

-Como todos mis fics: Tendrá lemon, pero en su MOMENTO.

-Los personajes no me pertenecen: Son de Takeshi Konomi.

-NO copien mi historia sin mi permiso, por favor.(que ya me ha pasado una vez TOT).

-Au.

-Me comprometo a intentar hacerlos más largos ;D.a menos que me suceda algo de repente.

-NO ES YAOI.

-COMO YA SABEN YO SIEMPRE, SIEMPRE Y SIEMPRE, CONTINUO MIS HISTORIAS.Quien crea que NO, es que NO ME CONOCE¬¬.

(Esto último me lo he visto obligada a ponerlo, gracias a alguien que dice que no se molesta en poner mi historia en alerta porque seguramente no la continuare¬¬. Eso me molestó sinceramente, puesto que SIEMPRE, cuando es su turno, la sigo. ¿o no es verdad? (A menos que me la borren como pasó con mi querido ginecólogo¬¬). Otra cosa a decir gracias a ese personaje¿Escribir por diversión? Sí. Pero, también me gusta saber qué opinan los lectores de lo que leen. No es tan difícil de entender.

Fic: Resumen:

Ryoma Echizen buscaba una secretaria eficiente, cansado de sus problemas con su familia, empresa y ex-secretaria. Sakuno Ryuzaki, tímida, de aspecto nada sexy, quería un nuevo trabajo como secretaria. Momoshiro Takeshi, abogado, echaba de menos a su antigüa novia, pero eso no impide que ayude a dos de sus mejores amigos. Así es como se conocen estos dos personajes y así, es como empieza su historia

Aviso:

Siempre suelo dejar intriga, así que prepárense. Es drama-romance aviso por las personas sensibles, luego no se me quejenXD.

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El coche se adentró tambaleante en los jardines de la mansión Echizen. La misma mansión que días atrás fue testigo del compromiso del mayor de los hermanos y ella misma. ¿Qué cara debía de poner cuando viera a la que hubiera sido su suegra? Imposible de imaginárselo. Encima, para martirizar las cosas, las inquietantes palabras de su jefe.

es mi prometida

Ese hombre, definitivamente, cuando tenía otras cosas en su mente, no concedía tiempo a pensar en lo que decía. O quizás, era que no le interesaban lo que causaran sus palabras en otras personas. Acostumbrado a ser frio y seco con los demás, no comprendía cuando decía ese tipo de comentarios ante una persona que todavía vivía de cuentos y horas atrás, había tenido el corazón en un puño.

No había sencillo actuar ante él como si nada hubiera sucedido. Como si nunca hubiera estado amenazada de muerte. Y mucho menos, los sentimientos de Ryoga habían sido reales. Pero Echizen habían optado por una sorprendente reacción que la había empujado a estar en ese instante ante las escaleras de la gran casa de los apellidos más importantes de casi todo el mundo.

Inui había dejado el gato a uno de los mayordomos y guiados por otra de las sirvientas, caminaron hasta el interior del enorme salón. Rinko Echizen terminaba de comer en el mismo momento en que se adentraron. Los ojos de la mujer se posaron sobre ellos con digno roce de investigación preliminar y al verla, esbozó una sonrisa incrédula.

-Debieron de equivocarse de hijo- dedujo, levantándose para caminar hacia ellos- es Ryoga su prometido, no Ryoma.

Y fulminó con la mirada a un inquieto Sadaharu, el cual movió la cabeza negativamente, llevándole la contraria. Rinko frunció el ceño.

-¿Cómo que no?- Cuestionó ronca- ¿Me va a negar lo que vi con mis propios ojos en esta casa?

-Me temo que sí- aseguró Sadaharu rápidamente- creo que mejor será que la ponga al corriente. Mientras tanto, le ruego que Sakuno siga nuestras instrucciones. Riku Kikamura será su guardiana a partir de este momento- explicó, subiéndose las gafas- con permiso.

Riku afirmó ante la excusa de su presencia, guiándola a través de la casa.

-¿La habitación de Ryoma?- Preguntó a uno de los camareros.

-Esa de ahí- informó el joven alejándose a continuación.

-Bien.

-No... no creo que...- intentó huir.

-Es el mejor lugar- interrumpió Riku estirando de ella- entra.

-¡Pero...!

Tarde e incapaz de romper un agarre hecho por una persona de costumbres con delincuentes. Riku era capaz de doblar hasta el mismisimo Ryoga y no sería menos contra ella, que jamás había peleado ni sabía artes marciales. Pero le inquietaba la idea de usurpar la habitación de su jefe.

El aroma masculino salía desprendido por cada lugar y no era difícil de notar sus gustos por lo simple y tranquilo. Algún que otro libro sobre empresas, hojas de trabajo, etc de cosas que cualquier hombre ansiado con irrumpir en lo más alto de un pódium podría tener.

No lograba entender por qué Echizen hacía tantos esfuerzos, jugándose su propia salud con el trabajo. Y, desde luego, ver su habitación repleta de trabajo, no ayudaba demasiado a comprenderle. En esos instantes, se estaba dando cuenta de que desconocía demasiadas cosas de Ryoma Echizen. Eso de que las secretarias les conocen perfectamente, era pura mentira.

Sí, podía ser que le llevara al pie de la letra su agenda, pero nada privado. Únicamente, de trabajo. Echizen había demostrado ser otra persona en cuanto salía del trabajo. Lo había visto vestido con ropa normal y no en traje mientras cenaba en un restaurante cualquiera. En pantalones y camiseta mientras dormía. Ser cariñoso con el felino y palidecer ante recuerdos pasados.

Definitivamente, eran dos personas diferentes en un mismo cuerpo, pero, a la vez, sin dejar de ser el mismo carácter.

Inquieta, miró nuevamente a la figura femenina que se encargaba de asegurar la estancia. Riku y Sadaharu se habían tomado muy a pecho las órdenes de Ryoma y nuevamente, la curiosidad comenzó a vencerla. ¿Tan importantes eran las órdenes de Ryoma que debían de seguirlas igual que si hubieran salido de la mismísima boca de Momoshiro?

Momoshiro...

-Momoshiro... despertó- anunció mientras miraba la espalda de la muchacha.

-Sí- afirmó ella sonriendo- Kaidoh me llamó para decírmelo. Al parecer, Ann fue quien necesitaba para despertar.

-¿Ann apareció?- Exclamó asombrada- ¿de verdad?

Riku afirmó nuevamente, asegurando con la mirada que no mentía. Dejó escapar un grito de felicidad de su garganta antes de abrazarse a la policía y hacer esfuerzos por no llorar. Ann vivía. Momoshiro también. Valía la pena tener esa clase de noticias.

-Con permiso.

La voz de Rinko Echizen la hizo tensarse nuevamente y sentir su corazón a punto de estallar en su pecho. Si sabía la realidad, Rinko sería capaz de hacer cualquier cosa. O al menos, eso creía ella. No la conocía lo suficiente como para señalar claramente lo que haría.

-Ya me han puesto al corriente- informó la mujer mientras cerraba la puerta tras ella- creo que ya conoces los requisitos de toda familia que tenga buenos medios económicos. Especialmente, tras unirte con nosotros. Deberias de saber que los Echizen somos una familia bastante perseguida. Pero- añadió, tomándola de las manos con ternura- conmigo estarás a salvo. Aunque ahora tengamos que fingir que eres la prometida de Ryoma.

Suspiró con alivio. Era claro que Rinko no creería aquellas palabras dichas por la boca de su hijo. Ryoma sería incapaz de decirlas seriamente y al parecer, todavía creía que continuaba con Ryoga.

-Señora... Ryoga...

-Oh, eso también me lo han explicado- interrumpió rápidamente Echizen- realmente... si no hubieran mostrado en video, no me lo creería... Pero bueno, no te preocupes- tranquilizó- estaré contigo. No me pareces mala persona y si Ryoma ha decidido protegerte... es porque no lo eres.

Agachó la cabeza confusa. Rinko no podía estar sinceramente contenta con lo que había visto ni con ella. Ryoga se había comportado de una forma indecorosa hasta con su propio hermano pero seguía siendo su hijo. Para Rinko, ella solo era una desconocida en aquellos momentos. Una desconocida por la cual su hijo pequeño podría llegar a morir incluso. El solo pensarlo, su piel se tensó.

-Señora...- murmura- quiero... que convenza a Ryoma para que... olvide todo esto... no quiero que...

-Lo siento, pero me temo que no podré.

-¿¡Qué..?!- Exclamó incrédula- Usted es... su madre.

-Sí- reconoció Rinko sonriendo divertida- al menos, tengo la seguridad al cien por cien de que yo lo tuve en esta misma casa- señaló- pero no hace caso absolutamente a nadie. No es por la edad que tenga o deje de tener. Es simplemente que está en su carácter no obedecer los consejos, ruegos o peticiones de los demás cuando se le mete algo en la cabeza. Por otro lado...- murmuró, mirándola con atención- creo que a estas horas deberías de saber que mi hijo no es un simple empresario.

-Creo... que algo escuché. Pero... no sé nada.

-Ya veo. Mis hijos no son de contar cosas de su pasado. O mejor dicho: Ryoma no habla absolutamente nada.

-Pero... es lógico- dedujo- solo soy su secretaria... No tengo derecho a saber más de lo que son documentos, fechas, citas...

-Siempre y cuando, su secretaria no esté vinculada a su familia y no esté en grave peligro- corrigió la mujer frunciendo el ceño- al menos debería de haberte dicho que tiempo atrás fue militar. Te sentirías mejor.

Humedeció sus labios intranquila. Conocer esa noticia no la hacía sentirse mejor. Que fuera un militar no quitaba el por ciento de muerte que podría tener su jefe. De tan solo pensarlo, el estómago se le hacía un nudo. ¿Cómo podía estar Rinko tan tranquila? Era extraño. Quizás, llevaba la preocupación por dentro.

-Señora...- valvuceó- de verdad que siento tener... que darles tantos problemas y quedarme... aquí.

-Nada- ignoró Rinko su preocupación- Ryoma así lo ordenó así que... ¿Qué importa? Tan solo, disfruta de nuestra casa. Creo que esta joven será tu sirvienta personal, así que le dejo todo a ella. Estaré en mi despacho, por si me necesitan.

-Gracias- agradeció con una reverencia.

Rinko sonrió afablemente antes de salir. Riku había estado callada y alejada de todo durante todo ese momento y le guiñó un ojo animosamente.

-¿ves? No es tan malo. Rinko-san entiende la situación. Sadaharu no es tan malo convenciendo a las personas- opinó- espero que no usará su jugo especial para hacerlo.

-¿Jugo especial?- Cuestionó asustada- ¿Es... saludable?

-De todo menos eso- expresó Kikamura con rostro de asco- no te lo dejaría probar. En fin- y llevó sus manos hasta las caderas- deberías de relajarte. Un buen baño. Venga- invitó mostrándole una mano- descansa.

-No sé si...

-Adelante- interrumpió más en una orden que en un consejo Riku- entra y báñate.

-Sí.

Obediente, se dejó guiar por el placer que un buen y relajante baño podía proporcionarle. Sin embargo, había algo diferente en aquel baño. El olor era masculino. Las colonias pertenecían todas a hombre. Una maquina de afeitar descansaba junto al lavabo. Crema de afeitar, desodorante para hombre. Claramente, era un baño para hombre. El baño de su jefe. Y lo más curioso de todo, eran las sales de baño.

Echó varias dentro del agua y se dejó acariciar por los aceites que estas desprendían. Su piel comenzó a suavizarse y tomar el olor agradable de estas. Hundió su cabeza hasta lo justo que su nariz le permitiera coger aire y entrecerró los ojos. Acarició una de sus largas piernas, subiéndola en el quicio de la bañera. Realmente era una sensación agradable.

--

Los ojos de Momoshiro estaban abiertos de par en par. Posiblemente, no creería la realidad, al igual que él. Ann había mostrado claramente una abrupta forma de resaltar su error al crear aquella maldita bala y no estaba dispuesto a inculparse. Era la realidad. Él había sido el creador y no iba a echarse atrás.

-¡Deberíamos de hacer algo ahora que ya sabemos quien es!- Exclamó Tachibana- ¡Takeshi!

-No- negó éste sujetándola del brazo-. Ann, te duela o no, nosotros no podemos hacer nada. Este asunto- chasqueó la lengua- es de Echizen. Nosotros hemos sido relegados a quedarnos mirando y ser como último apoyo. Y que me cuelguen si ni siquiera podemos llegar a eso.

-¿Qué... dices?

Momoshiro negó con la cabeza, acariciando con ternura el rostro de su prometida antes de mirarle con severidad y advertimiento.

-Echizen- llamó- este asunto solo tú puedes resolverlo. Sé que te dolerá interiormente, peor debes de hacerlo. Sakuno corre peligro si no lo detienes.

-Lo sé- gruñó.

Con la mirada fija en el exterior que asomaba tras la ventana de la habitación, dedujo que aquel tono de voz era más una advertencia y apoyo, que rogación y orden. Había decidido mostrarle el rostro del asesino a Momoshiro como último recurso. No le hubiera gustado meter en sus asuntos a otro, pero sabía que una vida dependía de ellos y no podía ser tan orgulloso. Lo había aprendido años atrás. Vale más una vida que un maldito orgullo.

-¿Qué harás ahora?- Preguntó Takeshi gimiendo ante el dolor de incorporarse- ¿Irás a informar a Sadaharu?

-Hum- afirmó encogiéndose de hombros.

Más que Sadaharu, quien le preocupaba era su madre. Seguramente, estaría que trinaba. No solo habría descubierto que Ryoga y Ryuzaki no estaban ya enlazados, si no que no se tragaría que ella era su prometida. Movió la cabeza incrédulo. ¿Cómo demonios había podido decir algo así tan a la ligera? No. No debía de darle importancia. Por mucho que ella le hubiera mirado con incredulidad y sorpresa juntas. Era solo una coartada y creía que el cebo serviría para que picara el pez. Claro esta, no le diría absolutamente nada a los dos policías que estaban detrás de él.

-Bye.

Volviéndose sobre sus talones, saludo únicamente de esa manera a la pareja. Tachibana no dejaba de mirarle resentida y no la culparía por ello. De todas maneras, no era la primera persona que la miraba de esa manera en todos sus años de vida. Detuvo sus pasos cuando vio a dos de los hombres de Momoshiro escoltar a su hermano mayor. Ryoga le miró por un instante y sonrió altanero antes de ser introducido en la habitación de Takeshi. Suspiró y guardó sus manos en los bolsillos de su pantalón.

Momoshiro le había puesto al corriente de todo lo sucedido y él mismo había sentido ganas de golpear a su hermano. Los celos podía con él. Era fácil de dominar por el monstruo de los ojos verdes. Estúpido sentimiento de amor que cegaba a las personas.

-A casa- ordenó una vez subido en el coche.

Frotó sus sienes con suavidad entre su índice y pulgar. No las tenía todas consigo. Demasiados malditos recuerdos que había deseado anclar. Pero si solo hubiera estado enlazado él, no le habría costado nada ignorar la situación. Desgraciadamente, no podía hacerlo. Sakuno Ryuzaki era la presa que aquel cazador deseaba y él, se encargaría de dársela. A cambio de su vida.

-¡Ryoma Echizen!

Detuvo sus pasos cuando finalmente había llegado a su casa. La voz de su madre retumbó en su cabeza dolorosamente. Con lo que sabía ella que odiaba que le gritasen. Los zapatos de tacón anunciaron su cercanía y una mano en su brazo le hizo volverse hacia ella.

-¿Qué demonios estás pensando? ¿Convertir mi casa en una batalla campal? Te conozco, Ryoma Echizen. Y esto me huele muy mal. Estás planeando cosas en tu cabeza que luego terminan malamente. Y, ¿dónde está tu hermano?

-Recibiendo su castigo- respondió encogiéndose de hombros.

-Realmente...- murmuró Rinko bajando la mirada- ¿Piensas... quitarle también la mujer a tu hermano?

-Él intentó quitar otra cosa- masculló apretando los puños.

-¿Qué? ¿Qué intentó arrebatar?- Cuestionó afligida la mujer- no me ocultes cosas.

Apretó los labios en un claro mutismo. Ya había hablado suficiente. Se soltó con cuidado del agarre y esquivó a su madre, caminando hasta su dormitorio. No pensaba decirle a su madre la verdad. No. ¿Decirle que Ryoga había contratado a un asesino para que quitarle la vida a Momoshiro? ¿Qué madre podría soportar algo así? Por mucho que su madre hubiera vivido, eso no lo soportaría.

Suspiró, quitándose la pesada chaqueta y dejándola sobre una de las sillas que adornaban su habitación. Primeramente, descansaría. Si Ryuzaki se encontraba con Sadaharu, todavía estaría segura.

Dejó la camisa sobre el radiador y se desperezó. Sus hombros dolían y su cuerpo comenzaba a acoger la tensión de todo lo que vendría. Cubrió el picaporte con su mano y lo giró. El vapor golpeó contra su rostro y torso al instante. Parpadeó.

-¿Qué demonios...?

Un suspiro lo alertó. Desvió la mirada hasta la bañera, parpadeando repetidas veces para asegurarse que no era una imaginación por culpa del vapor. Desnuda, cubierta únicamente por el jabón y el agua, el delgado cuerpo de la mujer se hundía levemente sobre la bañera. Logró atraparla al tiempo en que su rostro se hundía completamente en el agua y la agitó para despertarla.

-¡Ryuzaki!- Bramó.

Estiró de ella, levantándola sin esfuerzo. El húmedo e inerte cuerpo chocó contra el suyo, sujetándola mientras quitaba el tapón y agarraba una de las toallas, echándola sobre ella. Cargándola como si de un infante se tratara. Empujando la puerta con el pie caminó hasta la cama, abriéndola antes de dejarla caer con suavidad sobre esta y cubrirla.

-Sakuno, no deberías ya de salir del...

Se volvió hacia la voz femenina, fulminándola con la mirada. Riku, al verles, dio un ligero grito, acercándose.

-¡Fue demasiado tiempo!- Exclamó- demonios.

Sujetó la mano que Riku guió hasta el rostro de la castaña, empujándola hacia atrás.

-Vete.

-Pero es...

-Largo- ordenó furioso.

Riku agachó la cabeza para salir con la bandeja que había traido para comer la castaña. No sabía exactamente por qué, pero estaba interiormente furioso por la negligencia de la morena. Nunca había soportado que las cosas que garantizaban la vida de una persona fueran pasadas por alto. No pedía que Riku se hubiera sentado en el servicio para observala mientras se bañaba, pero sí que hubiera pensado un poco en su estado. Él no podía estar en todo ahora.

Buscó una de las toallas de mano y la empapó de agua fria, colocándola sobre la frente de la joven. Las reacciones comenzaron a llegar un rato después. El fuerte calor se alejó del delgado cuerpo y Ryuzaki comenzó a regresar en sí. Los párpados se movieron en leves gestos significantes de ser abiertos.

-¿Dónde...?- masculló alarmada y mareada.

-Mi casa- se obligó a decir.

La joven secretaria parpadeó, enrojeciendo notablemente al cubrirse el rostro con las sábanas y él arqueó una ceja. Definitivamente, no estaba acostumbrado a las reacciones virginales. Normalmente, todas las mujeres que había visto, se hubieran destapado algo más, obviando que un momento antes hubieran podido morir, claro está.

-Discúlpeme... usurpé... su dormitorio y además... me quedé dormida mientras me bañaba... perdone.

Frotó sus cabellos incrédulo. Después de que nada había sido idea suya y no tenía la culpa, Ryuzaki no podía evitar disculparse. Esa extraña inocencia que la hacía sentirse culpable por todo, lo desconcertaba por completo.

-Señor...- llamó a media voz- quiero... pedirle una cosa...

Arqueó una ceja. ¿Qué se marchara para que se vistiera? Bueno, era lo justo. La había metido desnuda dentro de la cama. Una cama en la que jamás antes había metido a una sola mujer y, desconcertantemente, ella estaba dentro.

-Saldré- afirmó.

-No... no es eso- interrumpió rápidamente Ryuzaki- es... otra razón...

¿Razón? Vale. Eso se estaba confundiendo al completo. Si no hubiera sido tan despistado, su mente podría haber barajado la opción de que Ryuzaki le estaba seduciendo torpemente o demandando algo indecoroso. Pero podía dar gracias a que su mente no era así y mucho más, que Ryuzaki fuera totalmente inocente como para pensar en hacer uno de estos actos.

-¿Qué?- Preguntó arto del silencio.

-Dé... déjelo- rogó volviéndose entre las sábanas y cubriéndose- viva... y olvide lo de protegerme. Si continua... usted también podría salir herido. No quiero... que eso pase...

Bufó, sentándose nuevamente y masajeando sus sienes. Las ganas de reir se agolparon en su garganta. ¿Qué demonios creía esa chiquilla que estaba sucediendo? Parecía mentira que tuvieran la misma edad. ¿Todavía vivía en los mundos de Juppie? Era demasiado tarde para pedirle que fingiera no saber nada de lo que estaba ocurriendo. Sobretodo, cuando él mismo estaba totalmente hundido en el tema.

-No- negó finalmente con voz rotunda.

Los rojizos ojos lo miraron con incredibilidad. Alzó el filo de la sábana y la tapó con esta malicioso, volviéndose en busca de una buena ducha. La escuchó protestar levemente, pero no se movería hasta que él no desapareciera tras la puerta del baño. El pudor que sentía aquella mujer había aprendido que era muy poderoso como para permitirle ver algo de carne.

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Carraspeó ante la acusación. El aire pesado del hospital era demasiado acusador y el sudor indicaba que su culpabilidad era notable. En cierto modo, hubiera deseado que Takeshi no escapara de aquel trance en el que había estado. Al menos, que la hora de ser señalado como culpable, fuera más lento. Sin embargo, parecía que la noticia de quién era el asesino no era tan poderosamente actual. Solo que él lo había contratado días atrás.

Y, para más desastre, sus mejillas dolían. Todos sus años de entrenamiento con el entrenador privado de la familia Echizen, no servíó de nada cuando aquella mujer pequeña le había golpeado. Primeramente, Tachibana lo había ajustado perfectamente a la pared con un simple toque de pie en su garganta y hasta que Momoshiro no le dio la orden de dejarle, no recibió la patada en su rostro en un inexperado giro por parte de la castaña. Desde luego, Ann Tachibana era una fiera en cuanto a patadas se trataba y Kikamura, con los puños.

-Je- se jactó Kirihara, el mismo hombre que había ido a buscarle- desde luego, Ann es buena con las piernas. Suerte que a mí solo me empujó y no me golpeó. Qué lástima de hombre.

Fulminó con la mirada al hombre y se frotó nuevamente la mejilla dolorida mientras Tachibana se recargaba contra la pared, alerta para cualquier movimiento inesperado. Momoshiro se mostraba altanero desde aquella cama de hospital mientras se acariciaba el mentón y sonreía divertido.

-Creo que sabes donde te encuentras, ¿verdad?- Preguntó Takeshi- no creo que esta vez la familia Echizen te salve. Sobretodo, si de tu hermano se trata.

Apretó los labios y cerró los ojos. Ryoma. Ryoma. Por cualquier lado tenía que salir el nombre de Ryoma. De la boca de Sakuno. De su padre. De su madre. De todos. Tan desconcertado que estaba, comenzó a reir a carcajada limpia, sorprendiendo a todos.

-¿Qué te hace tanta gracia, necio?- Preguntó Tachibana sorprendida.

-Vosotros- señaló, mirándola con atención- ¿Os creeis que me importa todo esto? Al cuerno. No estás muerto, ¿no? Entonces, no te quejes. ¿Qué más quieres? Mi hermano es un excelente asesino- aseguró sarcásticamente-. Él se encargará de proteger a la que fue su fulana una noche.

-Ya es suficiente, Ryoga.

La voz femenina se alzó sobre todas las demás. Volvió la mirada incrédulo. Osakada mantenía sus manos sobre sus caderas, mirándole amenazadoramente.

-¿Terminaste de jugar, querido?- Preguntó.

-Olvídame- anunció frunciendo el ceño- Osakada, métete en tus asuntos.

-Demasiado tarde, cariño- suspiró la doctora- me has hecho hacer demasiadas locuras.

Parpadeó, levemente confunso. ¿Hacerle hacer locuras? ¿De qué estaba hablando? Antes de que lograra tener momento de preguntarle y destensar su cuerpo, una aguja se clavó en su hombro izquierdo, cayendo al vacio completamente aturdido momentos después.

-Llevarle a la habitación y atarlo- ordenó Osakada con autoridad- que uno de tus hombres- habló hacia Momoshiro- le vigile si así lo deseas. Tengo cosas que hacer.

Ryoga fue acomodado en una de las diversas habitaciones. Sedado y maniatado con firmes cintas de cuero a la cama. Jamás, en toda su vida, había recibido una humillación de ese talante. Ser maniatado a una cama de hospital no era algo agradable y cuando despertara, comprendería perfectamente a aquellos niños que fueron maniatados de esa manera para impedir su huida.

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Momoshiro estaba perplejo e incrédulo. Ann igual. Por más que quisieran averigüar en qué momento exacto Osakada se había plantado en el lugar y calmado al mayor de los hermanos Echizen, no lo lograba. Al parecer, Eiji sí la había visto, pero no le prestó gran atención ni una razón para informar, puesto que era la encargada de asegurarse de los progesos del enfermo.

Precisamente por la agudeza de Eiji a la hora de reaccionar, decidio encargarle la protección de Ryoga. Ann, por su lado, estaba que explotaba.

-No debio de interrumpirnos de esa manera- se quejó la castaña furiosa- tenía muchas cosas que explicarnos.

-Ryoga no tenía intenciones de hablar- dedujo, acomodándose sobre la cama- ya has visto.

-Lo único que veo es que es un rencoroso con Ryoma y que por su culpa, Sakuno está metida en todo esto.

-Te equivocas, Ann- corrigió- según las investigaciones que hice por mi cuenta, Sakuno siempre hubiera estado perseguida por Ryoga. Aunque no hubiera trabajado para Ryoma.

-¿Qué quieres decir?- Preguntó la policia arqueando las cejas en sorpresa- ¿Es que se conocian anteriormente?

-No- negó bostezando- simplemente, Ryoga hubiera investigado sobre una mujer casadera y que tuviera los suficientes billones como para mantenerle. Sakuno sale en las listas de mujeres ricas. Aunque no puedo cobrar un céntimo hasta que se case. Por culpa de que trabajara para Ryoma se la pusismo a huevo. Pero, si Ryoga no hubiera contratado al asesino para intentar matarme... nos lo hubieramos encontrado de todas maneras.

-¿Por qué?- Preguntó Tachibana.

-Porque está enlazado al pasado de Ryoma. Ryoga no lo sabía y contrató al primero que encontró, sin saber lo que esto vendría detrás de todo. Cierto es... que alguien tiene que haberle contratado también para matar a Sakuno y todo esto me lleva a que tiene que ser alguien cercano a Ryoga.

Sus deducciones no podían ser erroneas. Estaba seguro de que era así. Sakuno hubiera estado implicada con la familia Echizen aunque no hubiera trabajado para Ryoma. El encuentro entre Sakuno y Ryoma estaba escrito más que por el destino. El haber heredado tantos millones obligaría a Ryoga a pensar en ella como posible candidata. Sobretodo, si con su fortuna podía superar incluso los ingresos de los Echizen. Por eso, la persona que contrató al asesino mucho antes de que RYoga lo hiciera para matarle a él, debía de ser muy cercana a ellos y conocer los deseos de Ryoga por la joven secretaria.

-Por otro lado...- murmuró Ann pensativa- dices que Ryoma tiene algo que ver con ese asesino. He estado aquí cuando te ha enseñado la fotografía y yo misma he buscado en los historiales y no se han encontrado señas de que fuera una persona tan peligrosa. Su trabajo es de un simple trabajador en una gasolinera de veinticuatro horas. ¿Cómo puede ser asesino en su tiempo libre y estar enlazado al pasado de RYoma?- inquirio- claro está, que mentir sobre un pasado es fácil para aquellos que tienen acceso al govierno. Pero si fuera así...

-Le hubiera sido sencillo encontrar a Ryuzaki cuando nos la llevamos a España- terminó Momoshiro siguiéndole el hilo-. Sin embargo, no lo hizo. Cierto que no cayó en el cebo que le preparé, demostrando así que es más inteligente que un simple empleado de turno. Cuando Echizen ha mostrado la ficha real, la ha sacado de sus antiguos contactos, por cierto, me he quedado atónito. No podía creermelo.

-Parece que... el pasado siempre nos termina por perseguir- objetó inquieta- Pero... ahora que Ryoga a regresado... ¿crees que le quitarán la orden de matar a Sakuno?

Momoshiro meneó la cabeza pensativo.

-La verdad, dudo que sea así. Su acuerdo con Ryoga fue roto antes de que me disparase a mí. Recuerdo que dijo algo como que no podía dejar cabos sin atar y me disparó a quema ropa. Dudo que deje a Sakuno en paz, por mucho que su contratante falle.

Ann dejó escpar un gemido de asombro.

-¿Por Echizen?- Exclamó poniéndose en pie- ¿Crees que... ese tio irá a por Sakuno al creer que tiene algo con Ryoma?

-Me temo que sí, Ann- suspiró llevando sus brazos tras su cabeza- y encima, Ryoma ha dejado bien claro que no quiere que nos movamos hasta que uno de los dos caiga. No lo ha dicho, pero creo que ha prometido proteger a Ryuzaki. Temo que... el pasado se repita, pero al contrario.

-¿Al contrario?- Cuestionó Tachibana inclinándose hacia él- ¿Qué quieres decir?

-Que sea él quien vea morir ante sus ojos a Sakuno, por tal de protegerle y, después, reciba la bala de muerte. Eso fue lo que sucedió tiempo atrás y por lo que se le considera asesino. Mató a su mejor amigo y a la novia de este, la cual se interpuso para proteger al hombre que amaba.

-Ya... ya veo- se entristeció la joven- creo que... la comprendo.

Desvió la mirada hacia ella sorprendido. No se esperaba una confesión de ese talante tan abiertamente por parte de ella. Alargó sus brazos, tomándola con cuidado y abrazándola contra él, sintiéndola. Besó la nuca contraria y sonrió.

-Puede que.. hiciera lo mismo también- reconoció.

-¿Eh?- Preguntó ella mirándole- ¿Qué dijiste?

-¡No lo repetiré!- Exclamó soltándola-. Soy un hombre- gruñó.

Ann rió divertida, burlándose de sus comentarios. Momentos distintos, él habría sonreido por igual, pero no era tan sencillo cuando dos de tus mejores amigos estaban en grave peligro y uno de ellos, estaba demasiado trastocado.

¡Echizen!

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Miró el vestido muevamente y meneó con la cabeza. Rinko felicitó su perfecta figura y ella negó nuevamente, tocándose el comienzo de unas arrugitas que mostraban que no era perfecta y sus caderas notables. Rinko rió ante esas acusaciones a su propia persona y la aferró de las caderas con firmeza.

-Estas, queridas, denotan que eres buena para traer hijos al mundo. NO eres estrecha y por lo tanto, no sufrirás demasiado durante el parto y el bebé tampoco. Por otro lado, sirven para marcar tu figura y, además, para que los hombres se agarren a ellas como imanes.

Enrojeció repentinamente. No había superado que momentos antes su jefe la encontrara completamente dormida y a punto de tener una fuerte deshidratación en el baño, además de meterla entre sus sábanas y cubrirla. No era fácil superar algo así, desde luego. Y, cuando la madre del personaje en cuestión le recordaba que sus caderas eran imanes para las manos de los hombres, no pudo evitar hacerse a la idea de cuantas veces habían terminado las manos de Ryoma Echizen en su cintura.

Se detuvo ante esos pensamientos. ¿Desde cuándo no pensaba nada más que en su jefe? ¿Qué había sucedido con el recuerdo de Ryoga? ¿A dónde habían ido a parar sus sentimientos? Unos misterios que nadie nunca podría responderle. Cuando se terminaba el amor, el ser humano tendía a aceptar que se había terminado y no encontraba los sentimientos que tiempo atrás había albergado por la persona en cuestión, pero sí los nuevos hacia otro sujeto.

-Todavía estás inquieta, ¿verdad?- Preguntó Rinko terminando de ajustar el sencillo vestido a su cuerpo- lo comprendo. Pero mi hijo ya ha regresado. Ahora, estarás segura.

Parpadeó incrédula, mirando de reojo al hombre que terminaba de tomar una tostada huntada con mantequilla y una botella de leche mediana, con clara cara de disgusto e impasible a lo que su progenitora decía.

-No... bueno...- tartamudeó, sin saber qué decir.

-Nada, nada, chiquilla. No digas nada- interrumpió Rinko sonriente- venga, os dejaré solos finalmente. Este es el último que veo que te queda perfecto y me gusta. Además de suficientemente movible como para que te puedas mover en un apuro.

Se atragantó con su propia saliva y tosió, ante la mirada asombrada de Riku y una carcajada de despedida por parte de Rinko Echizen. No era imposible, hasta para ella, leer entre aquellas palabras. No se refería a una situación peligrosa por amenaza de muerte si no otra bien contraria y placentera para quienes lo practican.

Una sirivienta apareció al tiempo que se apoyaba sobre Riku para no caer como plomo sobre el suelo, entregándole un sobre a Ryoma en una bandeja. Ryoma la miró curiosamente interesado.

-Su madre acaba de decir que se marcha de regreso- informó la mujer- dijo estas palabras textuales: " Que Ryoma se encargue de sus asuntos privados y vuele de una vez". Señor, ¿Desea que le de algún mensaje?

-No- negó Echizen gruñón- vete.

-Como desee.

-De casa- aclaró Ryoma alzándose mientras abría la carta- todo el servicio tienen vacaciones pagadas. Largo. Ahora mismo.

La sirvienta pareció tan confundida como ellas. Ryoma abrio la hoja cuadricular y sonrió altanero mientras la dejaba sobre la mesa y guiaba su mano izquierda hasta sus cabellos, mirándola atentamente.

-Que comience el juego- susurró Riku a su lado, inclinándose afirmativamente.

Sakuno no pudo evitar mirarla sin comprender. Todo se le estaba escapando de las manos. Horas antes Echizen había indicado que la llevaran con su madre. Después, Riku parecía estar totamente ausente y no la había vuelto a ver hasta que Rinko comenzó a vestirla y, derepente, Echizen volvía a hacer otra jugada, despidiendo a todo su comensal. Algo extraño. Muy difícil para una persona que no lograba pensar más allá de lo que podría esperar. Sobretodo, cuando de amenazas o tratos con asesinos se trataba.

Seguramente, todo aquello sería una estrategía. ¿Acaso... pensaba utilizar su casa como campo de batalla?

La respuesta llegaría cuando el brazo masculino rodeó su nuca, empujándola contra el suelo rápidamente. Kikamura salió disparada de la habitación y no logró ver si estaba herida o no. El estallido de uno de los jarrones justo a su derecha, le pareció más aterrador que cualquier otra cosa. Nuevamente, estaba encajonada.

Desvió la mirada hacia la figura masculina a su lado que la mantenía fírmemente sujeta contra el suelo. Tanto, que sus pequeños senos dolían y su vientre al sentir el helado y duro marmol chocar contra su piel.

-Repta- ordenó brusco.

Estiró de ella, empujándola para que le siguiera. Alzó levemente la cabeza y nuevamente, el sordo sonido de la bala rozó sus cabellos. Una maldición escapó de la boca contraria.

-No te alces- recordó sujetándola de la cintura.

En un rápido movimiento, incierto para ella, rodó por encima del musculado cuerpo, cayendo al exterior de la otra habitación. Con una simple seña, la orden llegó clara y concisa. Su cuerpo obedeció rápidamente y buscó cobijo la mesa de madera. Cerró los ojos y los abrió, jadeante, nerviosa y con un miedo electrizante que la recorría por completo. Los firmes pasos de Ryoma la hicieron volver a prestar atención a lo que sucedía, tragando incrédula al ver lo que su jefe había dado a descubrir al abrir aquel armario falso.

-¿Sabes usar armas?- Preguntó mirándola de reojo.

-Por... supuesto que no- negó inquieta- Nunca utilizaría...

-Ahora sí- interrumpió de mala gana antes de caminar hacia ella y arrodillarse-. Toma.

Intentó negarse, apartó bruscamente la mano que él había obligado a levantar y posarse sobre la culata del arma. Cabezona e inquieta por tener que utilizar tal objeto.

-Solo... soy una secretaria... no un marine- se defendió.

-Y un cadáver si no la cojes- masculló, rabioso por tener que hablar demasiado.

Sabía de sobras que su jefe no soportaba hablar demasiado y ella le estaba obligando con su terror cuando lo estaba haciendo para protegerla. Pero el miedo era el miedo y su cuerpo reaccionaba como nunca otras veces lo habría hecho. Jamás se hubiera tomado en serio la idea de protestar ante una orden por parte de su superior. Pero en esos momentos, no eran secretaria y empresario.

Optó por obedecerle y apretó entre sus delgados dedos la fuerte empresa metálica. El objeto que él aseguraba que la salvaría. En un breve comentario, le explicó como funcionaba. Era fácil. Bien, pero ahora se preguntaba, ¿cómo aguantaría la fuerza del disparo? ¿Apuntaría correctamente?

Unas extrañas voces la alertaron, tensándose y agudizando el oido. Él llevó su mano hasta su oido izquierdo y entonces, comprendió.

-Las salas están todas aseguradas. A partir de ahora, si quiere mataros, tendrá que hacerlo desde dentro. Un cuerpo a cuerpo.

-Bien- aceptó Echizen.

-Te lo dejamos a ti- informó por último la voz a través del auricular- buena suerte.

El pinganillo terminó aplastado por el puño del hombre al cerrarse con fuerza. Sus ojos se encontraron nuevamente por un instante y los ambarinos recorriendo su cuello para detenerse en el valle de sus senos cubiertos. Inclinándose hacia ella, adentró descaradamente la mano, sacándola cuando ella fue consciente y le golpeó. Avergonzada, cubrió con sus brazos el lugar, pero él ya había encontrado nuevas razones para distraerse de lo que acababa de hacer.

¿Cómo podía ser tan impasible después de haberla manoseado tan descaradamente? ¡Era increible! Aquello, definitivamente, no entraba en su contrato como secretaria. Ya hablarían de eso, cuando todo se solucionara.

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Sonrió irónico. Aquel maldito hombre quería claramente un cara a cara. Repetir la misma historia. Bien. Si era lo que deseaba, se lo daría. Dejó el rifle a un lado y cogió la bolsa azulada, asegurándola en su espalda. Las pistolas en ambas manos y una buena visera que no irrumpiera su visibilidad.

Caminar desde su localización hasta la mansión de los Echizen no iba a ser un corto tiempo. Lo peor de todo, es que le estaba dando tiempo para prepararse. Pero bueno, todo tenía que esperarse con una persona que nuevamente cogía las armas. Detuvo su paso cuando el móvil comenzó a sonar y se cobijó bajo la sombra de uno de los grandes árboles.

-Hable- ordenó.

-Deten el asesinato de Ryuzaki Sakuno- ordenó la voz a través del auricular- te pagaré el precio igualmente, pero no lo mates. ¿Comprendido?

-Sí- afirmó desinteresado- Su contrato ha vencido. Ingrese el dinero en el número de cuenta antes de media hora.

Colgó el teléfono y maldijo a las personas. Últimamente no hacía más que recibir negativas por todos lados. Debían de estar locos. Primero, sí aceptaban su trabajo y después, la persona no debía de morir. Lástima que esta vez no cumpliera parte del trato, sobretodo, porque era algo personal. Ryuzaki, debía de morir.

Guardó el móvil en su bolsillo y retomó su caminó. Sabía que en cualquier momento podría ser descubierto, pero Echizen había aceptado parte del trato tras leer aquella nota de anuncio y despedir a toda la tripulación. Un uno contra uno. Y comenzaba el set. Decidir quien ganaba, era únicamente parte de la suerte y de la habilidad. De nada más.

Y, aunque no le gustara, contaba con cierta ventaja. Echizen llevaba encima un peso. Ryuzaki. No sería fácil moverse con ella detrás o delante para protegerla. Le veía incluso capaz de entrometerse entre la bala y ella, pero no le daría el gusto de matarle primero. Quería ver la cara que ponía cuando la matara antes. Igual que la que había visto él cuando mató a su hermano.

Apretó los puños con fuerza y empuñó nuevamente la pistola. La enorme puerta dejaba paso a cualquier figura que ansiara entrar, pero no caería. No era tan estúpido como hacer algo así. Desvió la mirada hasta la rejilla y se acercó, inclinándose.

-Suficiente grande- señaló antes de arrancarla y adentrarse costosamente.

Maldijo a los constructores y salió del lugar con facilidad. La hornilla sirvió como sujección y descendió de esta, pegándose a la pared, asegurando cualquier posibilidad de no ser un blanco fácil. Ahora, debía de encontrarlos.

La casa constaba de tres pisos. Habitaciones, baños, cocina, jacuzzi y seguramente, muchas más cosas. No quería aprenderse los planos de todas las casas donde vivían las personas a las que debía de matar. Sin embargo, esta vez era completamente diferente. Era un cara a cara.

Cerró los ojos y suspiró.

-Yukimura... guíame...

-Hum, aficionado.

Se tensó y rodó a tiempo de que la bala fuera totalmente introducida donde debiera de estar su cabeza. Se alzó, sujetando el arma con su antebrazo, pero ya había desaparecido.

-Maldición.

Estaba en desventaja. Echizen conocía perfectamente cada recobeco de aquella casa. Era su hogar. Definitivamente, debería de haberse tomado su tiempo y aprenderse los planos. Pero no fue sencillo encontrar parte de ellos. Seguramente, Echizen había hecho sus planes y no dejaría que descubriera cosas que le pusiera en desventaja.

Y eso, estaba comenzando a cabrearle. El chasquido del seguro se dejó escuchar al igual que sus dientes chirríar con furia.

-¿Aficionado?- Gruñó entre dientes- veamos quien es el aficionado. Mocoso. Estar entre papeles debe de haberte hablando. Despídete de todo. El legado Echizen, terminará contigo...

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Notas autora:

Bueno, ya ven como suceden los imprevistos de este fic. La verdad es que no me gustó el capítulo, quitando las fallas que no pude corregir T-T.

Ryoma decidió jugar él mismo y dejar de lado a los protectores que tenían, pero, ¿Será lo correcto? ¿Qué más hay detrás de su pasado con Yukimura? ¿Sakuno lo denunciará por haber sido manoseada? XD.

y la pregunta más importante: ¿Sobrevivirán?

Más adelante tendrán sus respuestas :3. Les recuerdo siempre que deben de prestar atención a la hora de leer, que siempre escondo algunos secretos entre lineas :3

Y por último, decirles que junto a éste capítulo extreno otro fic. Igual no les gusta, pero me hacía mucha ilusión XDD. Cosas locas.

En fin, nos vemos :"3