La isla de las Sirenas

Capítulo 13 : Sufrimiento.

Inuyasha nuevamente se fue donde iba su padre, estaba muy agitado y nervioso.

Inuyasha : - Responde, padre. ¿Por qué hiciste eso?-. Preguntó exasperado.

Su padre dio vuelta hacia el y su mirada sería lo hizo callar, entonces tomó la palabra.

InuTaisho : - Lo hice para preservar la vida de mi pueblo, mi gente y la tuya, hijo. Por eso lo hice -. Replicó. - Y además no puedes casarte con una sirena-. Dijo con desdén.

Inuyasha : - Pues si hubiese sido así, preferiría morir, pero no alejarme de ella-. Gritó fríamente.

Myoga cerró sus ojos y miró para otro lado, pudo ver el gesto colérico en el rey InuTaisho, que caminó hacia su hijo y le dio una bofetada con suma frialdad y sin dudarlo. El joven príncipe no se atrevió a mirarlo, permaneció firme y con su rostro en dirección hacia donde volteó tras la represalia de su padre, su mirada derramaba pena y dolor. Luego de un largo rato, Inuyasha reaccionó, volteó su rostro y sin mirar a su padre, se tomó la mejilla dolorida. InuTaisho quería llorar, gritar, maldecir mil veces al viento y al anubarrado cielo tormentoso, nunca se vio obligado a ta represalia contra su hijo, pero de alguna manera, debía hacerlo reaccionar y abrirle los ojos.

Inuyasha encaminó hacia el palacio real, en silencio y a paso lento, Myoga iba junto a el y su padre delante, escoltados por la guardia de la realeza. Entraron en el e Inuyasha corrió hacia su cuarto y allí se encerró sin mediar palabras. Todos observaron la escena, pero el mayordomo Totosai y la jefa de mucamas, Kaede, no se atrevieron a pronunciar palabra alguna o a preguntar, ya que Myoga les advirtió que mejor era mantener la boca sellada. InuTaisho, se sentó en uno de los sillones y pidió una taza de té, estaba muy angustiado, jamás pensó que en su primer día sano, tendría que pasar por esta situación incomoda y maldijo mil veces a las sirenas por esto.

A la noche, Bankotsu y Miroku, fueron al palacio a visitar a InuTaisho, ya enterados de su gran mejoría, pero supieron también la noticia de lo acontecido en aquel encuentro con Tritón y lo sucedido entre Kagome e Inuyasha.

Bankotsu : - Debería estar feliz, no solo por la gran alegría de que usted esté bien, alteza. Si no por que logró deshacerse de esa sucia y despreciable sirena-. Espetó malhumorado

Miroku : - No digas eso, hermano. Entiéndelo, estaba muy enamorado de ella-. Le dijo enojado.

Bankotsu : - Abre los ojos, quieres. ¿Desde cuando has visto que un humano se case con una sirena,

con un ser sobre natural que ni siquiera sabe convivir con nuestra especie?-. Gruñó colérico.

InuTaisho : - Calma muchachos, dejen de pelear-. Los calmó con parsimonia.

Bankotsu : - Tiene razón, alteza. Lo siento y perdóname, hermano, jamás pensé que termináramos así por unas desagradables fenómenos del mar-. Dijo respirando hondo y calmándose.

Miroku : - No te preocupes, Bankotsu. El que me preocupa es Inuyasha, no sabemos que puede hacer de ahora en adelante-. Formuló con preocupación.

InuTaisho, sabe que Miroku, tiene razón en lo que dice. En su estado, Inuyasha es capaz de cualquier cosa y así fue en efecto, la anciana Kaede, bajó desesperada hasta el gran salón del palacio, anunciando que Inuyasha no estaba en su habitación, que se había fugado del palacio. Miroku y Bankotsu no podían creerlo, InuTaisho estaba muy enfadado y ordenó ir a buscar a su hijo. Ordenó a Bankotsu y a Miroku que lo acompañen que el sabe donde debe haber ido. Les facilitó 2 pistolas iguales a la de Inuyasha y una espada a cada uno, subieron a una embarcación junto a 4 hombres y partieron a la isla de las sirenas, temían por sus vidas, ya que la amenaza de tormenta era inminente y el cielo cada vez más amenazante con desatar su furia.

Inuyasha estaba en viaje a la isla de las sirenas en efecto, quería volver a verla por última vez o no separarse de ella, quería estar junto a su amada y no le importaba si era o no una sirena.

Al día siguiente, llegó a la isla, debiendo hacerle frente a una feroz tormenta que azotó el mar y que aún se mantiene en curso y nuevamente al acecho a descargar su ira. Inuyasha aparcó su embarcación en la isla, pero no vio a nadie, no estaban las sirenas, pensó que por la fuerte tormenta se debieron haber escondido, pero recordó que aún con tormentas, ellas salen a la superficie, pues al ser mitad pez no le temen a la lluvia. El joven príncipe caminó y encontró otra embarcación bastante ruinosa y machacada y junto a ella, una anciana mujer, ¿qué estaba haciendo ella ahí?, se acercó a la anciana mujer y esta lo vio y le hizo una leve sonrisa.

Inuyasha : - ¿Qué hace usted acá, señora?. Esta es una isla muy peligrosa-. Dijo pacientemente.

Anciana : - Me llamo Ana, soy una viajera y me extravié y vine a parar a esta isla ya que está muy solitaria-. Dijo la anciana con voz ronca y casi apagada.

Inuyasha : - ¿Cómo que solitaria?, si aquí habitaban seres-. Dijo exasperado.

Anciana : - Si se refiere a las sirenas que habitaban esta isla, pues se han marchado hacia otro destino y quien sabe donde se fueron-. Dijo la anciana con desdén.

Inuyasha : - ¿¿Como que se fueron??, ¡Es imposible!-. Gritó desesperado.

Anciana : - Créalo, joven príncipe. Todas las sirenas, han abandonado esta isla-. Repitió con desgano.

Inuyasha estaba realmente pasmado, ahora no podrá ver nunca más a su amada Kagome y parecía ser cierto, todas las sirenas se habían ido ya que no había ninguna, su tristeza era absoluta y su corazón se oprimió de tanta amargura y dolor, caminó hasta el borde de la isla, donde estaban aquellos enormes corales donde se sentaban las sirenas y lanzó un grito al mar.

Inuyasha : - ¡KAGOOOMEEEEEEEEE!-. Gritó fuertemente.

La anciana se le acercó y le tomó el hombro y negó con su cabeza muy tristemente para avisarle que sus gritos eran inútiles, que ellas no lo oirían. El joven príncipe, cayó arrodillado en aquel verde pasto que bordeaba la isla y son sus manos arrugó esas finas hojas del sembrado y lágrimas comenzaron a salir de sus dorados ojos, pero sin que la viera, la anciana esbozó una sonrisa maligna, pero lo peor era que no estaba mintiendo, las sirenas se habían ido de la isla, al igual que todos sus habitantes y con ellas su gran majestad, el rey Tritón.

En eso, Inuyasha se secó sus lagrimas y notó que la anciana ya no estaba más, tampoco su cascajosa barca, pero pudo ver a lo lejos que una embarcación se estaba acercando y supo que era su padre que fue a buscarlo a la isla, el joven príncipe sabía que debió haber sido Kaede quien lo delató, pues era terriblemente chismosa y alcahueta.

Al llegar, el rey InuTaisho vio a su hijo parado como una estatua cerca de la orilla de la isla, bajó de su embarcación y avanzó a paso firme hacia el hasta estar cara a cara, al principio su mirada era de mucho enojo y enfado, pero cuando vio la tristeza y amargura en su hijo se preocupó mucho y cuando Inuyasha corrió hacia el y lo abrazó llorando con tanta angustia supo que algo malo le había pasado, solo entonces las palabras del príncipe Taisho, le dieron a entender que sucedió.

Inuyasha : - ¡¡Es horrible, padre.!!. ¡¡Se fueron, se fueron para siempre!!-. Sollozó amargamente.

InuTaisho abrazó con fuerza a su hijo y comprendió el por que de su dolor, las sirenas se habían marchado de la isla y eso incluía a Kagome, que también estaba sumamente dolorida y muy angustiada y triste, ella tampoco volverá a ver jamás al su amado y joven príncipe, extrañará enormemente sentir sus labios sobre los de ella, volver a sentir su amor y sus cálidos abrazos, pues nunca se había sentido tan amada y segura en brazos de un humano y eso que tiene el amor de sus hermanas y la protección de su gran padre Tritón. Pero como se dijo, lo que sentía era algo distinto, era el ser amada por alguien que no era como ella y no pertenecer a su familia.

Mientras tanto, en un lugar muy lejano a la isla, todas las sirenas se estaban alejando de la zona, escoltadas por el rey Tritón, las nereidas y los seres que habitaban con ellas, no se sabe si iban o no a regresar a su amado hogar, sabiendo que Inuyasha no iba a rendirse en cuanto a querer volver y aunque el rey InuTaisho le dio su palabra de que su hijo no volverá a esa isla, quedó demostrado que le fue imposible poder mantenerla, por esa razón, decidieron irse de allí. Kagome estaba verdaderamente triste y muy desconsolada al no poder volver a experimentar ese amor que tanto anheló por siglos y aunque su padre la haya castigado con no poder abandonar el castillo ni poder ir a la superficie a entonar sus cantos, no se rendirá en cuanto a encontrar de nuevo a su amor.

En tanto, La familia Taisho regresaba a su palacio. Inuyasha dormía en uno de los camarotes, ya que estaba muy cansado y había sufrido mucho ese día, su padre estaba en la cabina de control junto a los navegante y parte de la guardia que llevó para ir a la isla. Mientras, Bankotsu y Miroku, estaban en la popa del barco, mirando como la isla, se alejaba de sus ojos.

Miroku : - Quien iba a decir que en esta zona existiría una isla que fue habitada por sirenas-.

Bankotsu : - Tienes razón, yo jamás creí que existieran hasta que vi a esa sirena y supe lo que le sucedió al rey InuTaisho-. Le respondió.

Miroku : - Sabes, creo que realmente ellas son amistosas en el fondo, si fueran lo contrario, ya hubieran matado a Inuyasha cuando lo tuvieron cautivo, sin embargo ya ves lo que pasó-. Fomentó.

Bankotsu : - Tienes razón, esas sirenas me han dejado anonadado, aunque sienta mucho odio hacia ellas, creo que tus palabras son francas. Quizá debamos agradecer que no le hayan hecho nada a Inuyasha, pero también agradecer que se hayan ido para siempre-. Dijo con alivio.

Miroku : - La verdad, nunca vas a cambiar tu carácter, hermano-. Dijo con enfado.

Bankotsu hizo una mueca sonriente y siguió mirando hacia donde estaba la isla que ya era un diminuto punto en el horizonte del mar, siguieron navegando hacia el palacio real, mientras tanto, allí, la sacerdotisa Kikyo, ya que había vuelto a ser humana gracias a la magia de Urasue y al comer el caramelo que era para Kagome, ya que la malvada bruja revirtió el hechizo para convertir a Kikyo de nuevo en humana. Ella estaba reunida con la criada Kaede.

Kaede : - Realmente joven Kikyo, le agradecemos mucho lo que hizo por mi gran amo el rey InuTaisho, será muy bien recompensada-. Dijo emocionada.

Kikyo : - No fue nada, venerable señora. Fue un placer y ojalá mi recompensa sea otra-. Dijo fingiendo timidez y mostrándose vergonzosa.

Kaede : - ¿Otro tipo de recompensa?-. Preguntó extrañada.

Kikyo : - Si, la verdad es que me gustaría pedirle a su majestad, la mano de su hijo-. Gimoteó con timidez e inocencia pícara.

Las palabras de la joven sacerdotisa, dejaron sin palabras a la criada, pero en el fondo se notaba que estaba enamorada de el o eso aparentaba ya que tenía un diabólico plan. Kaede le sonrió y estaba segura de que el rey no se opondría a que ella sea la prometida de su hijo, lo malo era que podía llegar a pasar si Kagome se enteraba de esto, Shippo aún no le dijo todo lo que había planeado Kikyo y la malvada bruja Urasue y si no lo hacía, este podía ser el final de todos sus sueños y de poder estar al lado del hombre que realmente ama, ¿se atreverá Shippo a contarle todo?.

Continuará

Hola a todos.

Aquí les dejo un nuevo capítulo de esta historia y perdón por la demora. Y? Se atreverá Shippo a contarle todo aunque Kagome esté castigada y poder evitar un desastre? Que pasará con Inuyasha, ahora que las sirenas se han ido de la isla?, Kikyo parece ir logrando sus objetivos y ahora está por lograr su mayor deseo ¿lo conseguirá? . Averígüenlo en el siguiente capítulo.

Arrivederchi

Guille (KITT, el auto fantástico)

Aclaración : Debido a fallas en mi correo electrónico, es posible que cierre esa cuenta ya que no puedo agregar nuevos contactos o recibir invitaciones de otros, les dejo mi nuevo mail es champcars_18, es de hotmail. Gracias y hasta pronto