Hola! Les dije que iba a continuar pronto! Y aquí estoy :D... Espero que puedan disculpar a Harry después de lo que leyeron antes!
Gracias a todos lo que se siguen molestando en leer mi fic y más aún, en dejarme un Review! Mil gracias!
Cap 30 NO QUIERE SABER NADA DE TI
– ¡Hermione!... ¡Bébé! – la llamaba Harry después de buscarla por toda la planta baja de su casa. Al no recibir respuesta subió a buscarla, pensaba que seguramente estaría enojada por su actitud del día anterior.
Pero luego de buscarla por toda la casa se dio cuenta que ni ella ni sus hijos estaban.
"seguramente los llevó a pasear" pensó Harry mientras bajaba a la cocina para prepararse algo de comer ya que siempre que regresaba de entrenar llegaba muerto de hambre.
Se preparó un emparedado y se sirvió un poco de refresco.
Estaba comiendo tranquilamente cuando vio sobre la mesa El Profeta. Lo tomó sin mucho interés y comenzó a leerlo con calma.
Estaba terminando su refresco cuando, sin proponérselo, escupió todo el líquido que se había llevado a la boca – ?qué es esto! – dijo Harry bastante sorprendido mientras observaba una foto suya en la que besaba a una chica – ?y quién es esta! – preguntó aún más confundido.
Harry, aún confundido comenzó a leer la nota diciendo de vez en cuando "no", "¡mentirosos!", "?jamás le haría eso!" con tono molesto, pero en cuanto terminó de leerla su expresión molesta cambió a preocupada.
– Hermione... – dijo con tono preocupado al relacionar todo – se fue... cree que la engañé – decía aturdido por todo lo que pasaba – ?esta vez Julia Skeeter fue demasiado lejos! – dijo molesto al darse cuenta que ella había escrito la nota.
– Hermione... Hermione... Hermione... – repetía una y otra vez mientras se dirigía, en su auto, a casa de sus papás. Le preocupaba lo que estuviera pensando Hermione en ese momento, lo que estuviera sufriendo por culpa de una mentira.
– ¡vamos, abran! – decía ya que estaba frente a la puerta de la casa de los papás de su aún esposa, tocando desesperadamente.
– ¿quién llama? – preguntó el papá de Hermione, con expresión molesta, abriendo la puerta.
– ¿está Hermione? – preguntó inmediatamente Harry.
Benjamín lo observó por unos segundos y, dándole como única respuesta a Harry, le pegó un puñetazo en la mejilla.
Harry se fue para atrás y al trastabillar con un escalón terminó por rodar los otros cuatro escalones.
– ¡da gracias a Dios que ya estoy grande¡Si no, aquí te mataba¡Dónde se te ocurra acercarte a mi hija, no me va a importar mucho la edad! – le dijo Benjamín con voz potente y molesta a Harry, quien intentaba levantarse del suelo. Y sin más azotó la puerta a la vista de Harry.
Se levantó del suelo un poco adolorido y volvió a subir las escaleras hacia la puerta. No le importaba recibir otro golpe, pero tenía que saber dónde estaba Hermione.
Tocó de nuevo, pero ahora más moderadamente, esperando que ahora le abriera Jacquie.
Y así como lo esperaba, Jacquie le abrió, pero al darse cuenta de quien era estuvo apunto de cerrar.
– ¡Jacquie, por favor! – dijo Harry sosteniendo la puerta con una mano impidiendo que cerrara.
– ?no acostumbro ser grosera, pero lo que le hiciste a mi hija no tiene nombre¿Cómo te atreviste a jugar con ella¡Ella de verdad te ama! – le decía Jacqueline con tono enojado volviendo a abrir la puerta.
– ¡yo también la amo¡Y jamás la engañé¡Lo juro! Jamás le haría algo así... – le explicaba Harry – ayer toda la mañana me la pasé entrenando... ¡hay testigos! – aseguraba mientras entraba a la casa con discreción para que no le pudiera correr.
– mira a mi me puedes decir mil cosas... ¡pero el daño que le hiciste a Hermione jamás lo vas a poder remediar! – decía Jacquie enojada.
– pero yo no la engañé... necesito hablar con ella... aclarar todo esto... por favor déjeme verla... – decía Harry con tono triste.
– aunque aceptara que hablaras con ella, no podrías... no está aquí – le dijo Jacquie indicándole la salida.
– ¿entonces dónde esta? – le preguntó con tono suplicante – ¡de verdad, necesito hablar con ella! –
– lo siento... no me dijo a dónde iba... sólo me dijo que no quería saber nada de ti... – dijo volviendo a indicarle la salida.
Harry la observó con tristeza y dándose por vencido, por el momento, se fue.
Manejó hasta su casa con tristeza y los ánimos por los suelos. No quería perder a Hermione por una mentira, pero ¿cómo iba a solucionar eso si ni siquiera sabía dónde estaba su esposa? Claro, no iba a darse por vencido tan fácil, la buscaría hasta revisar en cada casa de Londres, si fuera necesario.
Pero al no saber que hacer en esos momentos, y no tener idea de dónde buscar a Hermione, regresó a su casa.
Cuando llegó a su casa deseaba entrar y encontrar a Hermione con sus hijos, esperándolo como lo hacían siempre. Pero ahora por un estúpido reportaje la había perdido. Y su último día juntos lo había desperdiciado por una tonta discusión que había tenido con Alan, en la que no tenía nada que ver Hermione.
Pero ahora no podía hacer otra cosa más que pensar dónde podría estar Hermione.
Caminó por su casa sintiéndose, hasta cierto punto, culpable. Culpable por haber tratado a Hermione con la frialdad con la que lo había hecho el día anterior. Culpable por desquitarse con su esposa de los problemas que tenía en su trabajo. Culpable por no saber valorar el cariño que Hermione le daba, aunque estuviera cansada, cuando regresaba de entrenar. Culpable por no haber esperado a que Hermione se levantara esa mañana y poder disculparse con ella por su actitud del día anterior. Pero ahora estaba solo, en el cuarto de sus hijos, deseando tenerla con él, poder decirle que eso era mentira, que jamás la engañaría, decirle que de verdad la amaba, pero Hermione no quería saber nada de él, y la entendía.
Crookshanks ronroneaba cerca de él, dirigiéndole miradas amenazadoras.
– yo no la engañé... – se defendió Harry ante las miradas fulminantes que le dirigía el gato – ¡tú bien sabes que la amo! – le dijo con el entrecejo fruncido, sabiendo que aquel peculiar gato lo entendía perfectamente. Observó detenidamente el cuarto de sus hijos, aún estaban en el suelo los juguetes con los que habían estado jugando antes de irse con su mam� se acercó a uno de los carritos e intentó tomarlo, pero Crookshanks no tardó en mostrarle los dientes, acercándosele peligrosamente, con las garras listas para darle un zarpazo – ?qué te pasa! – le dijo bastante molesto – ¡jamás le haría daño a mis hijos! – dijo al darse cuenta de la causa del enojo de su gato – nunca le haría daño a mis hijos... ni a Hermione... – dijo con tono decaído y no tardó en sentir el pelaje de Crookshanks acariciar suavemente su mano.
Pasaron tres días desde que la nota del "engaño" de Harry había salido en el Profeta, y en esos tres días, Harry no había sabido nada de Hermione ni de sus hijos.
– ?Ron, ya no lo soporto más¿Por favor, dime dónde esta¡Tengo que hablar con ella¡Aclarar esta mentira que me separa de ella, y que seguramente le está destrozando el corazón así como a mi! – le pedía Harry a su mejor amigo.
– Harry, te aseguro que si supiera dónde esta, te lo diría... pero Hermione no se ha comunicado conmigo... – le decía Ron con tono preocupado al ver el estado de su amigo.
– ?y Sophie¿Ella no sabe nada! – le preguntó con pocas esperanzas, ya que Hermione y Sophie no eran tan amigas y sabía que no le tendría la suficiente confianza como para hablar con ella del asunto.
Ron negó – le he preguntado tantas veces como tu me lo has preguntado, pero no sabe nada... –
Harry lo observó con semblante triste – la estoy perdiendo, Ron... mientras más tiempo pasa... más la pierdo... ¡Ron, de verdad la amo! – le aseguró con tono triste y sincero.
– lo sé amigo... sé que la amas. Pero, si la llegas a encontrar... ?qué le vas a decir¿Crees que te va a creer con que sólo le digas "yo jamás te engañaría" o "eso es mentira"? – le preguntaba Ron con bastante razón.
Harry lo observó por unos segundos y bajó la mirada, triste – pero es que yo no lo hice... –
– ya lo sé... pero si a mi me costó creerte, imagínate cuanto le va a costar a Hermione... ella es la dañada, recuérdalo... – le decía Ron preocupado ahora por su amiga – ?y ya le preguntaste a Ginny! – le preguntó luego de estar unos minutos en silencio.
Harry lo volteó a ver como meditando lo que había dicho y luego sonrió – ¿me prestas tu teléfono? – le preguntó con una sonrisa y Ron asintió. Se levantó del sillón y se dirigió al estudio de Ron y desde ahí marcó a casa de Ginny.
– ¿bueno? – se escuchó una voz masculina al otro lado de la línea.
– ¿Benny?... ¿está Ginny? – preguntó Harry poniéndose un poco nervioso.
Se escuchó un silencio y luego – ¿de parte de quien? – se volvió a escuchar la voz de Benny.
– soy Harry, pero por favor no cuelgues¡necesito hablar con ella, por favor! – dijo Harry rápidamente ya que las últimas veces que hablaba para localizar a Hermione terminaban colgándole.
– sí, ahora te la paso – le aseguró Benny.
Harry esperó unos segundos en los cuales escuchó un "te hablan" y un "no sé" de Benny.
– ¿Bueno? – escuchó la voz de la mejor amiga de su esposa.
– ¿Ginny?... soy Harry, por favor no cuelgues... necesito hablar con mi esposa... ¡tengo que aclarar esto! Por favor dime dónde esta... ¡de verdad necesito decirle la verdad! – habló Harry, de nuevo, rápidamente.
Se escuchó un largo silencio que era interrumpido por la respiración de ambos, y cuando Harry estaba apunto de hablar de nuevo – no puedo... – dijo Ginny luego de meditar si debía o no.
– Ginny... de verdad quiero hablar con ella... necesito verla... ella tiene que saber que la amo a ella y a nadie más... ¡que jamás la engañaría¡Que estos días sin ella han sido, para mi, como un infierno! – decía Harry con tono suplicante y sin poder ocultar su tristeza.
– ¡eso debiste haberlo pensado antes de engañarla! Antes de hacerla sufrir tanto... no creo que lo sepas, pero ¡todos los días llora preguntándose qué fue lo que hizo mal¡En qué se equivocó para que tu decidieras engañarla! – le regañaba Ginny.
– ¡yo jamás la engañé¡Lo juro! – le aseguró Harry, haciendo que Ginny soltara una risa burlona.
– ?y piensas que te voy a creer¿Que no viste tu foto¡Esa foto dónde te besabas tan placidamente con una golfa! – decía con sarcasmo – Harry, Hermione ya no tiene cinco años como para que la quieras engañar de esta forma... mejor ahórrate tus palabras y no la busques... ella no quiere verte... –
– ?te juro que no la engañe! No sé de dónde se sacaron esa foto, pero yo jamás le haría eso a Hermione... ?tengo testigos de que toda esa mañana me la pasé entrenando! Tengo testigos de que esa mañana me peleé con Alan... ?tengo testigos de que no salí de entrenar hasta las tres de la tarde! – decía Harry comenzando a desesperarse, no con Ginny. Le desesperaba que le fuera tan difícil negar algo cuando él realmente no lo hizo.
– ¡sí, claro! – dijo Ginny repitiendo su tono sarcástico.
– te lo juro... mira, si no me quieres creer no me importa... yo lo que quiero es hablar con Hermione... necesito verla... explicarle que jamás la dañaría de esa forma... decirle que sólo la amo a ella y a nadie más... – decía Harry comenzando a llorar de desesperación, de frustración y de amor.
– Harry... – lo llamó Ginny entre preocupada y sorprendida al darse cuenta del estado de Harry – no estás mintiendo... – afirmó, ya que Harry no acostumbraba llorar por nada.
– lo juro... yo jamás le haría eso... no sé cómo demostrárselo, pero es la verdad... jamás la dañaría de esa forma... – decía intentando controlar sus lágrimas.
– esta bien... Hermione me va a matar por esto, pero... te creo... – decía Ginny – Hermione está... con Anthony y Catherine... en el Caldero Chorreante... – le informó.
– ¡gracias, Ginny! – le agradeció Harry secándose las lágrimas con la manga de su camisa.
– ¡Harry! – lo llamó antes de que colgara – está en el cuarto 17, no le digas a Tom que vas a buscarla porque no te va a dejar pasar... –
– gracias, Ginny... – repitió y colgó.
– ¿qué te dijo? – le preguntó Ron al verlo salir del estudio.
Harry sonrió – ¡está en el Caldero Chorreante! – dijo mientras se dirigía a la salida de la casa de su amigo, con Ron detrás de él.
– ¡suerte! – le gritó Ron cuando Harry arrancó su carro.
Harry manejó hacia el Caldero Chorreante con una amplia sonrisa, vería a Hermione y eso no podía ser mejor. También vería a sus hijos, los extrañaba tanto a los tres.
Después de casi una hora de camino llegó a su destino y en cuanto puso un pie dentro del local, todas las miradas se clavaron en él, miradas de desaprobación, de enojo y de disgusto.
Ignorándolos entró al local y sin siquiera voltear a ver a Tom subió las escaleras en dirección a la habitación indicada por Ginny.
Cuando estuvo frente a la puerta con el número 17 colgado en ella, tocó con calma y segundos después escuchó un "¡ahora voy!" de Hermione.
Harry esperó ansioso a que abriera la puerta, deseaba tanto verla, tenerla entre sus brazos. En ese momento la puerta se abrió dejando a la vista de Harry a sus hijos, quienes estaban durmiendo, e inmediatamente pudo ver a Hermione, quien estaba distraída amarrándose la bata de baño.
– pensé que ibas a llegar más tarde... – dijo sin siquiera voltearlo a ver.
– no hubiera soportado un minuto más sin verte... – le aseguró Harry observándola con una amplia sonrisa.
Al escuchar la voz de su esposo lo volteó a ver sorprendida.
